Por APe

El tiempo nos trae el año 2011, con los ojos cansados de otros años. Es tiempo de apurar las calles, brindemos por eso, y decir una y otra vez con ternura venceremos

Por Alfredo Grande

(APe).- Es importante intentar encontrar el núcleo de verdad de ese delirio sistematizado que es el pensamiento de derecha. Quizá tarea de otros y otras con mas talento y mejor formación. Sin embargo la crítica social no es un tema de especialistas. Y el pensamiento crítico lo tenemos todos y todas, con diferentes niveles de sistematización. Lo que siempre conviene criticar es el discurso del Poder. O discurso del Amo, para algunas vertientes del psicoanálisis. O al decir del psicoanálisis implicado, el imaginario que construye sin prisa y sin pausa la cultura represora.

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Por Oscar Taffetani

(APe).- “Puse el corazón en Dios y salté. Una desagradable impresión de espinas me reveló que había saltado el obstáculo; pero ¡oh dolor! en el trayecto se me había caído la sandía, que yacía entre las aguas cenagosas del foso. Me detuve y observé a mi vasco: ¿daría el salto? Lo deseaba, en la seguridad de que iría a hacer compañia a la sandía. Pero aquel hombre terrible meditó, y plantándose del otro lado de la zanja, apoyado en su tridente, empezó a injuriarme (…) sólo recuerdo que en el momento en que tomaba un cascote, sin duda para darle un destino contrario a los intereses positivos de mi vasco, vi a mis dos compañeros correr en dirección a las casas y al vasco de los melones despuntar por el vado y dirigirse a mí. (…) Eran las tres y media de la tarde y el sol de enero partía la tierra sedienta e inflamada cuando con la cara incandescente, los ojos saltados, sin gorra, las manos ensangrentadas por los zarzales hostiles, saltamos por la ventana del dormitorio”.

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Por Claudia Rafael

(APe).- La mesa es tan larga que las risas no se escuchan de un extremo al otro. Ni siquiera el ruido de los vasos cuando chocan entre sí para el brindis. Es que está llena de pibes y, ya se sabe, los pibes son escandalosos y no se ruborizan ante el grito extemporáneo del otro. En todo caso, lo festejan con una carcajada. Unos cuantos corretean porque para qué quedarse quietos si la adrenalina fluye como ríos huracanados. Si no hay amarras que los retengan y sólo saben que el futuro es hoy aunque se los hayan truncado definitivamente.

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Por Silvana Melo

(APe).- Es como un cuchillo que se le clava en la cintura del lado derecho. Cada vez que se dobla en L para levantar el trapo de piso. O cuando la escoba se le resiste en ese remar en ningún río, que no va a ninguna parte. Es que ya está bordeando los 60 y tiene los huesos gastados. Tenía trece o catorce cuando golpeó por primera vez la puerta de la patrona. Que la miró desde arriba y una de sus razones era incontrastable: ella todavía no había crecido lo suficiente. Después -hasta hoy, cuando las bisagras de sus rodillas ya rechinan de herrumbre- no paró nunca. Salvo cuando parió a sus hijos, vacaciones de prepo donde no entró ni el centavo para el almuerzo. Y tuvo que pedir, con esa mixtura extraña de enojo y tristeza con que se emborracha su dignidad en estos casos.

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