Por Claudia Rafael

(APe).- “Creo que los argentinos nos alejamos cada vez más de nuestros sueños”, decía a esta agencia de noticias seis años atrás. Osvaldo Bayer, el socialista libertario, el que repartió utopías con sus palabras y mantuvo la coherencia mientras quijoteaba contra molinos crueles y fantasmales. El que puso ahí, delante de los ojos, las luchas obreras de los sures y los arrabales. Dicen –lo anunció su hija desde las redes sociales- que ya no es. Que ya no está. Que “El Tugurio”, su lugar en el mundo en una esquina del barrio de Belgrano, está baldío de su presencia.

Bayer, el hombre barbado que batalló con sus textos contra los Roca de este mundo. Los exterminadores y victimarios que fueron cambiando de nombres según los tiempos pero que siempre están ahí. “Mientras haya villas miseria no va a haber una verdadera democracia”, respondía a APe. Y se indignaba cuando su voz advertía que “desde 1813 cantamos ´ved en trono a la noble igualdad´”.

Osvaldo Bayer ya no estará este 24 de marzo en la plaza ni en ninguna otra plaza. Emblema de luchas y dignidades. Que no perdió nunca la capacidad para sentir la ira de “no haber logrado una sociedad donde no haya niños con hambre ni villas miseria…”

Sus huellas andarán por los mismos caminos que anduvieron Sacco y Vanzetti, Severino Di Giovanni, Simón Radowitzky, el “alemán” Schultz o Antonio Soto (sus dos míticos personajes retratados en La Patagonia trágica). Quijote de un tiempo de incomprendidos.

Edición: 3780

 

Recién editado

Libros de APE