Por Carlos Del Frade

(APe).- Los cuerpos de las mujeres y los pibes parecen ser la geografía exacta en la que se verifica la ferocidad del sistema. La historia en la carne viva de las mujeres y los pibes es consecuencia de una violencia inoculada para que explote con las personas cercanas y nunca contra los titiriteros del mecanismo que multiplica la exclusión.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Hace demasiados años, en una galaxia lejana, aprendí que si algo es verdadero, siempre es transgeneracional y transtemporal. O sea: atraviesa generaciones. Freud escribió que ninguna generación tiene la oportunidad de ocultarle sucesos de importancia a las generaciones siguientes. La producción de verdad si bien es histórica, es atemporal. Como el inconsciente. Dicho en otras palabras: cuando algo sirve, sirve para todo.

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Por Silvana Melo
      Foto: Federico Cosso
      (APe).- Más vale que no hablen. Que no mientan, que no vendan humo de campaña, que no se tapen la ruindad con la bandera, que no se laven las manos con la lágrima de los otros. Porque se murió el domingo. Porque tenía frío y se ocultó en un pasillo del Hospital Pirovano. Y se murió el domingo. Pero el fin de semana largo y la independencia berreta de un estado sometido taparon el cuerpo con diarios y su historia con olvido. Hasta hoy.

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Por Carlos Del Frade

(APe).- En la Argentina crepuscular del tercer milenio, las mujeres y los hombres de la historia fueron reemplazados por animales en vías de extinción en las postales de los billetes que circulan en la vida cotidiana. De próceres a fieras. Quizás una de las tantas síntesis del capitalismo. La ferocidad del sistema que, en la realidad, se hace plural. Por eso hablamos de ferocidades.

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Por Claudia Rafael

(APe).- Las niñeces son acuchilladas en una esquina cualquiera. Las mata el fuego, el agua maldita, la mutilación del odio, el olvido descarnado, las drogas que asfixian y eligen concienzudamente su destinatario. En menos de cuatro días, siete pibes fueron devorados por las garras de la crueldad. 4, 5, 8, 11 y 15 tenían los que atrapó el fuego entre las paredes flacas de una casucha superhabitada y asentada en el barrio Manuel Alberti, de Pilar. 12 años, apenas, contaba Diego Román, del barrio Mocoví de la santafesina Recreo cuando fue hallado desnudo, con los rastros de 30 puñaladas y signos de mutilación. Tan sólo 14 tenía Rubén Darío Mendoza, conocido como Apolo, cuando su cuerpo apareció flotando en las aguas del río Colastiné, también en Santa Fe. Los pies atados y huellas de un fuerte golpe en la cabeza.

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