Por Claudia Rafael
Foto: Juliana Miceli

(APe).- “Prohibido olvidar”. La bandera con la imagen de los pibes de Monte es tajante: “los mató la policía”. Y veda la desmemoria, desde la palabra escrita, en un país que carga muerte sobre muerte joven en donde los distintos emblemas del Estado descerrajan plomos sobre una vida cada 21 horas. Mientras el poder aplaude y condecora.

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Por Silvana Melo
    (APe).- El conurbano aprieta once millones de personas en apenas el 1% de la piel del país. Todos esperan a dios, que dicen que atiende cerca. Pero la demanda es tan grande que su oficina está detonada de niños que comen mal o no comen. De niños que toman agua impura. De niños con el futuro jugado por ausencia total de nutrientes en su dieta diaria. Porque en los últimos meses uno de cada cinco chicos del Gran Buenos Aires (GBA) pasó hambre. Son una multitud. Capaz de llenar estadios y de extenderse kilómetros en marcha por las rutas destruidas de este lado del mundo. Con hambre.

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Por Carlos Del Frade

(APe).- Benjamín Biñale, de 8 años, fue alcanzado por una bala perdida mientras estaba en el predio del club Pablo VI, en la ciudad de Rosario, el sábado 17 de agosto de 2019. Desde entonces sus familiares llevan adelante una vigilia frente al Hospital de Niños Víctor J. Vilela, donde el pequeño está internado en estado delicado.

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Por Claudia Rafael

“Si ves al futuro, dile que no venga”
Juan José Castelli


“El futuro ya llegó, hace rato…”
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

(APe).- ¿Qué nombre tiene el futuro? ¿Cómo se deletrea ese infierno en tierra que construyó la condición humana como un legado de crueldades? ¿Qué empujó a dos empleados de seguridad de Coto matar a golpes a un hombre, que en su figura de vejeces y carencias, es el espejo de los vulnerables? Vicente Ferrer se llamaba. Vicente Ferrer, que a los 68 años, osó llevarse un botín millonario de dos chocolates, un queso fresco de 500 gramos y una botella de vidrio de aceite de oliva de medio litro.

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Por Alfredo Grande
   (APe).- La herramienta electoral fue vaciada de sentido. En la mayoría de los casos, funcionó como una mega encuesta. Con la ventaja de ser obligatoria. Con la desventaja de ser carísima. En vez de contestar a la monotonía de un encuestador real o electrónico, o el fastidio de cortar bruscamente porque se esperaba otra llamada, en las PASO el senticomún de la gente se amplificó por pertenecer al alucinatorio político social de la “demos gracias” burguesa. No peco de escéptico, simplemente porque no creo en el pecado.

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