Por Alfredo Grande
(APe).- Escribir el último trabajo de un año calendario. ¿Podemos seguir sosteniendo que un año termina y otro empieza? En apenas un año, el 2019 que hace 12 meses joven llegaba, hoy es un viejo decrépito que ni siquiera será despedido. Los brindis llegarán cuando haya sido definitivamente desterrado a los arrabales de los tiempos. Y será uno de los muy pocos que nunca volverán. El 2020, en plena exaltación maníaca, negando su reinado de apenas 365 días, tendrá algunos meses de gracia. Coincidirá con esa forma de delirio parafrénico que algunos llaman vacaciones.

La obsesión por las fechas, por las efemérides, por los aniversarios, le darán al 2020 sus meses de gloria. Para la cultura represora es absolutamente necesario construir un sentido común donde un año termina y otro empieza. “Buen fin y mejor principio”. El alucinatorio social donde que algo termine es necesario para encubrir que aquello que empieza es diferente. Incluso es lo opuesto. Si los Estados sostienen la continuidad de los actos jurídicos, el Tiempo debería sostener la continuidad de los actos afectivos y políticos. O sea: no hay fin y tampoco el principio necesariamente será mejor.

Pensar la continuidad de los tiempos, es también pensar la continuidad de otros flujos, de otros devenires, de otras fugas de los rieles de los mandatos. Descarrilar es forzar la curvatura del espacio tiempo, justamente como forma de subvertir los tiempos lineales. La determinación del antes y el después. De causa efecto. Pero en otras lógicas los efectos anteceden a las causas. Sin ir más cerca: cuando afirmo que “no llegó porque lo votaron, sino que lo votaron porque llegó”, estoy forzando la curvatura del tiempo de tal modo que pongo como causa que llegó y como efecto que lo hayan votado. O sea: hay causalidades necesarias, pero que nunca son suficientes. Ni siquiera en la medicina sostenida en la biología. El filósofo sentenció que “nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”, privilegiando al “ser siendo” y no al “ser es”. Y aunque nos bañemos infinitas veces, serán también infinitos los ríos.

Creo que hay una relación directa entre el devenir del tiempo y el devenir del agua. De hecho, la clepsidra es un reloj que mide el tiempo basándose en lo que tarda el agua en caer de un tubo o vaso a otro. Galileo realizó sus experiencias con materiales muy sencillos: un plano inclinado, una pequeña esfera y una clepsidra. Las aguas y los tiempos fusionados en un devenir que incluso puede ser medida. Contaminar las aguas es también contaminar los tiempos. Y por lo tanto, contaminar todas las formas de las vidas posibles. La contaminación es degradar hasta la desaparición total de lo degradado. La contaminación planificada avanza con prisa y sin pausa, hacia la eterna destrucción de lo contaminado. Será imposible bañarse incluso una vez en el mismo río, porque no habrá agua sino pestilencia líquida. Nuestro riachuelo de la reina de la plata es suficiente testigo de cargo. Subvertir a la cultura represora es arrasar con sus mandatos más consolidados.

“Del polvo vienes y al polvo volverás”. Nada ni nadie viene del polvo. Y no se puede volver a un lugar donde nunca has estado. Una cultura no represora se construirá desde un aforismo implicado y redentor: “del agua vienes y al agua volverás”. La vida nace en el agua y la vida al agua volverá. Somos marineros de la vida.

“A quién puede sorprender la arremetida unánime, sin diferencias partidarias, para derribar las luchas populares de Chubut y Mendoza. Volver a colocar los puentes levadizos que ya parecían verticales para siempre. Y que entren la lixiviación con cianuro, el mercurio, el ácido sulfúrico y otros tóxicos. Si Vaca Muerta es la única zanahoria generadora de divisas, si el litio es la esperanza blanca, si el fracking es la tecnología urgente y el extractivismo minero y agrario es la única matriz productiva, el agua y el aire serán de otros. Y la pacha y la mapu, ya flacas y anémicas, irán a buscar a los pueblos que saben cómo hacer para que no pasen. Los esqueles, los loncopués, los andalgalás y los famatinas lo saben. Pueden bajar una ley. Pero los pueblos seguirán estando de pie. La pluma laser de Silvana Melo lo imprime para siempre. Los pueblos seguirán estando de pie. Pero no solamente. También deberán ser fluidos, deslizarse por los suelos, infiltrarse en cada hendija del sistema represor, ser huracán y ser tsunami, y asegurar para nosotros, para nuestros hijos, y para los hijos de nuestros hijos la eterna continuidad de los tiempos, de las aguas y de las vidas.

Me permito una oración propia para poder sostener el seguir estando de pie que propone Silvana con las luchas que cada vez serán más necesarias.

“Seguirá naciendo. Siempre en un pesebre.Del lujo sólo miseria viene. Nacerá concebido sin pecado, simplemente porque no habrá pecado en el deseo. Agasajadado será por los empobrecidos de la tierra. Por las personas no humanas que lo acompañan y por los pueblos de la tierra que lo harán trascendente… si alguna vez el padre lo abandona, no le importará. Sus hermanos y hermanas estarán cerca suyo y en la espera de un nuevo encuentro inventarán un eterno renacimiento. Los pueblos renacen todos los días, los meses y los años. Por ellos y con ellos luchará hasta que el último ladrillo de la cultura represora sea derribada por justicia y por paz”.

No digo “que así sea” Afirmo: así será.

Edición: 3911

 

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