El éxodo hacia una lucha compartida

Por Alfredo Grande

(APe).- No estoy seguro de que todo tiempo pasado fue mejor. En todo caso, si lo mejor es enemigo de lo bueno, todo tiempo pasado es más bueno, aunque no necesariamente mejor. Quizá lo bueno sea justamente ser tiempo pasado. O sea: un tiempo que ya pasó y que podamos recordarlo desde este tiempo que está pasando. Pensar en el tiempo pasado es lo mismo que sostener los recuerdos. Y no podemos vivir de recuerdos, pero tampoco podemos vivir sin recuerdos. O sea: sin pensar en el tiempo pasado.

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Por Claudia Rafael

Fotos: Juan José Thomes

(APe).- El cuerpo contraído de Facundo Agüero. El pibe que no fue ícono, memoria y pancarta simplemente porque sobrevivió a la golpiza policial cuando lo acusaron injustamente del robo de un perfume que acababa de comprar. Y una silla de ruedas, una cama ortopédica, una vida atada a voluntades ajenas lo siguen reteniendo a la vida. En la imagen, se revela el instante en que le van presionando cada tramo de su piel. Para distender las manos y los pies que denotan la historia entera de estos más de dos años de una gestualidad congelada. El rostro desnuda una mueca que confunde sufrimiento, falta de comprensión o quizás el deseo de huir quién sabe dónde. Tal vez a un mundo donde ese marzo de 2018 no hubiera formado parte de los calendarios. Donde los policías Pablo Escudero, Lucas Medina y Romualdo Mardónez Vázquez sencillamente no hubiesen existido.

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Por Carlos Del Frade

(APe).- Ocho años, edad para estar en tercer grado, jugar mucho y tomar leche con chocolate. En el sur de la provincia de Santa Fe, en la punta del mapa que muestra el final de la bota, hay una ciudad hermosa y cargada de historias con un nombre particular, Venado Tuerto. Una de las más pobladas en esta geografía inmensa. En el sector pediatría del nuevo hospital regional “Alejandro Gutiérrez”, la noticia de los primeros días de diciembre de 2020 gambeteó los límites y llegó a los medios nacionales. Un chiquito de tan solo ocho años, la edad de un pibe de tercer grado, fue atendido de urgencia por intoxicación de cocaína.

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Por Silvana Melo

(APe).- Tenían razón. Tenía razón Nicolás, con el cuerpito plagado de endosulfán. Tenía razón la familia de Nico y Celeste. Tenían razón los vecinos de Lavalle, Julián Segovia y las organizaciones que los acompañaron. Hoy la justicia reconoció culpable al horticultor Ricardo Prieto y lo condenó a 3 años. Se supo la verdad. Nicolás Arévalo fue asesinado. Trece años tendría Nico si no hubiera sido la primera víctima probada, contundente, estallado su cuerpito de cuatro años del veneno que limpiaba de bichos las tomateras de Lavalle. La primera víctima probada del sistema productivo que intoxica para alimentar y que se transforma en un arma mortífera para la pequeñez de un niño que juega en el barro y chapotea sus patitas en un canal de desagote de venenos en el Paraná. Y se convierte también en una señal categórica de que tantas veces la Justicia se sienta a cenar con el poder y no les abre a los cesanteados de todo banquete. En aquellos días de 2016, cuando el martirio de Nico fue a juicio y Ricardo Prieto, dueño de la tomatera, fue absuelto de culpas y de cargos, la familia de Nicolás y Celeste –la prima que sufre secuelas hasta hoy- supo que la lucha sería complicadísima. Pero lograron un nuevo juicio que empezó hace diez días, entre otras cosas gracias al empecinamiento del abogado Julián Segovia, que murió el año pasado por un tumor cerebral. Hoy hay culpable señalado. Y aunque no haya cárcel, hay -como pide Josefina Arévalo- verdad.

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Por Alfredo Grande
    (APe).- Profunda alegría por la media sanción de la ley que habilita la interrupción legal del embarazo. Alegría que propicia el desarrollo del pensamiento y sentimiento crítico. Si la derrota debe ser pensada, para que la derrota no sea fracaso, el triunfo debe ser pensado para estar advertidos de que cuando se hace una ley, desde antes ya están hechas muchas trampas. Este texto intenta hablar de una esas trampas. Es mejor hablar de las trampas antes de caer en ellas. El nombre de una esas trampas es “la conciencia que objeta”.

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