Por Alfredo Grande

Dedicado a la lucha de las mujeres que sostienen la potencia revolucionaria del deseo

(APe).- La cultura represora demoniza el bien y diviniza el mal. Por eso construye una, dos, tres, muchas grietas y luego exige cerrarlas. O al menos invocar con espanto los mecanismos de su generación.

Para la ideología socialista, la grieta fundante es la lucha de clases. Y el mal es el lucro y la propiedad privada. Es el poder burgués el que nada quiere saber de esa grieta fundante y entonces construye grietas convencionales. La más conocida: macrismo / kirchnerismo. Y la más eficaz. Porque arremete contra todos los efectos e ignora en lo absoluto algunas de sus causas.

Me permito autogestionar mi propia cita bibliográfica. Hace más de 4 años escribí “El macrismo, etapa superior del kirchnerismo”. Donde la mayoría veía una fractura, yo intenté fundamentar una continuidad. Si la opción era Scioli - Macri, las dos estaban del mismo lado de la grieta. Y fue justamente Macri en un gesto de oportunismo canallesco el que envió el proyecto de legalizar el aborto al Congreso.

 Una legisladora en el debate dijo: “soy feminista porque soy peronista”. Debe haber demasiados peronistas no feministas como para que, en la década ganada, donde se aprobó la revolucionaria ley del matrimonio igualitario, esta ley no estuviera en los planes del Ejecutivo. Pues mal: lo que a mi criterio otorga a esta ley un fundamento revolucionario es que fue autogestionada por la denominada “marea verde”. Y “la campaña”

Pero estas nominaciones no deberían omitir la potencia transformadora de la autogestión. Incluso sin esa potencia es más que posible que el Ejecutivo la hubiera cajoneado. A mi criterio, la democracia representativa es el nivel más sofisticado, más encubridor, más edulcorado de la heterogestión. O sea: de la industria de los mandatos. Mandatos celestiales, mandatos terrenales, pero siempre mandatos.

La comunión, jurar la bandera, honrarás a los padres, a los símbolos patrios, a la deuda externa. Uno de los fundantes de las y los celestes, es honrar la vida desde la concepción. “En esta misma línea, Jorge Eduardo Scheinig, arzobispo metropolitano de Mercedes-Luján, les hizo llegar a los senadores una carta, en donde argumentaba para que votasen en contra. ´Junto a Nuestra Señora de Luján, Patrona de nuestra querida Patria, venimos a suplicar que en nuestra Nación las leyes que la rigen, siempre defiendan y cuiden la vida y que, mañana, los Señores Senadores, iluminados en sus conciencias por una gracia especial de Dios, voten en contra de la ley del aborto y a favor de la vida de los niños por nacer´, planteó el sacerdote”. (Infobae)

Si esta ley realmente avanza en el camino de lo justo y no de la Justicia, que no sólo es otra cosa sino que es lo opuesto, entonces lo justo es seguir la centenaria lucha del laicismo por la separación de la Iglesia y el Estado. El arzobispo de Mercedes construye su alucinatorio religioso político social desde un núcleo de verdad. El Estado, eufemismo encubridor, sostiene el culto católico apostólico romano. Casi nada. Como diría Olmedo, hay efectivo. Y mucho. Y el poder del oscurantismo en la “educación” religiosa es absoluto. De allí a poner de ministro de educación a Torquemada, es cuestión de oportunidad. Insisto, luego existo.

La Iglesia Católica tiene su propio Estado: el Vaticano. Casi nada. Uno de mis aforismos felizmente publicados dice: “todos los caminos conducen a Roma. Hay que destruir Roma”. Por lo tanto, sosteniendo el culto, sostenemos a otro Estado. Porque el culto católico debería estar sostenido por el Estado Vaticano.

Como alguna vez planteó la constituyente social, ahora es cuando. Que la ley del aborto legal no aborte centenarias luchas. La marea verde, la campaña, los encuentros nacionales de mujeres, la potencia revolucionaria del deseo, debe arrasar de esta tierra saqueada la cruz y la espada con la cual la hispanidad católica masacró por millones a nuestras originarias y originarios.

Ojalá me digan que lo mío es de un oportunismo lamentable. Así respondo que apenas es no claudicar ante una oportunidad histórica. No se trata que Argentina sea desde ahora un país más justo. De lo que se trata es que sea justo. Y lo justo no tiene alambradas, ni vallas, ni limitación alguna.

Autogestionar lo justo es enfrentar a todas las formas de la cultura represora cuya esencia es heterogestionar nuestra vida. La grieta que me desvela, literalmente, es entre deseos y mandatos. Y como, publicidad mediante, incluyendo noticias basura y chatarra, terminamos deseando los mandatos. Momento de la alienación absoluta.

El miércoles 30 a las 4.12 el mandato reproductor ha sido pulverizado. Ahora sí nacerán niñas, niños y niñes a puro deseo. Estamos en el umbral, para luego de luchas milenarias, poder autogestionar la vida. No pasar ese umbral será otro crimen contra la humanidad deseante. No sería justo.

Edición: 4142

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