Por Silvana Melo

(APe).- Una tierra donde la energía pende de un hilo. El lugar en que se vive, se construye y se muere, con una infraestructura que se cae, como el techo sobre las cabezas. La niñez y la adolescencia de estos bordes del mundo tiene que aprender temprana y claramente las condiciones que deberán enfrentar en sus áridas vidas de nacidos en los pies del planeta. Las olas polares en la Argentina ponen todos los sistemas en crisis: el energético, el alimentario, el político. Y el que genera excusas seriales. Hay 300 mil alumnos sólo en escuelas bonaerenses que no tienen clases porque en los edificios no hay calefacción.

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Por Alfredo Grande
   (APe).- Estamos en el umbral del cambio catastrófico. Lo que no es necesariamente una catástrofe. Pero se acerca. Si yo paso del número 1 al 5 contando 2, 3, 4 es un cambio gradual del 1 al 5. En términos políticos, es lo que podemos denominar gradualismo, posibilismo, progresismo de baja intensidad. Si yo paso del 1 al 5 directamente, es un cambio catastrófico. Desde ya, decir cambio catastrófico es más aceptable que decir cambio revolucionario. Pero es lo mismo.

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Por Silvana Melo
   (APe).- Los pibes matan y mueren en estos tiempos desactivados de ternura. Matan y mueren con la misma naturalidad en las villas y en los conurbanos de Buenos Aires, de Rosario, de las ciudades que fueron corazón del trabajo y la esperanza y hoy son ruinas de una vida buena. Rumbos frustrados y descosidos para sus chicos, cárceles periféricas para sus descartes, conchabos de sicario y soldaditos del transa como salida superadora de la escuela y el oficio. Los pibes matan y mueren por pura supervivencia en los territorios suburbiales y populosos que quedan fuera del ajustado privilegio urbano.

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Por Carlos Del Frade

   (APe).- El llamado desesperado de un hijo a la mamá parece ser una página destinada a la psicología. Sin embargo, cuando el pedido se hace público, esa comunicación íntima y familiar se transforma en un hecho político. Lo individual se torna social y cultural. Un presente quebrado, hijo directo de un pasado reciente ni siquiera discutido y mucho menos analizado.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Los días de… lo que sea, siempre me han traído contradicciones. Mejor dicho: ha puesto en la superficie contradicciones insalvables. El día de lo que sea es un fetiche. Y un fetiche es la parte por el todo. El día de lo que sea es un manto de neblina que niega el resto de los días. Y garantiza una idealización que es lo contrario a sostener ideales.

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