La muerte y los lobos
Publicado: Viernes, 23 Octubre 2020 19:51
La muerte y los lobos

Por Silvana Melo  (APe).- La muerte siempre es absurda y solapada. La única certeza de cualquier mortal. Inexorable e igualadora. Pero hay muertes que destronan la naturalidad. Muertes que ruborizan a la crueldad de la misma muerte. Que son las muertes que provocan los asesinos. Los que tienen la azada para arrancar una vida como si fuera una maleza. A Abigail Riquel, una tucumanita de nueve años, la ultrajaron y le extrajeron de un golpe la llama vital. Como si fueran los tiempos pre estatales, salieron los vecinos a buscarla porque nadie la buscaba. Salieron los vecinos a atrapar al asesino (presunto) y como estaban convencidos de que nadie lo buscaba ni nadie le arrojaría los libros de la ley por la cabeza, lo corrieron, lo apresaron, lo molieron a golpes y patadas. Y lo mataron. Con los preceptos legales selváticos de los tiempos cuando los pactos sociales eran una quimera. Hombres lobos del hombre. Un lobo que se devora a una niña en su extrema fragilidad. Una manada de lobos que se devoran al lobo huyente, saciado de niña. Sin instituciones ni estado. Sin ley ni juicio. Un victimario victimizado por las manos y los pies de la gente ordinaria, la que vive en sus casas y se moja los pies cuando va a trabajar y cuida a sus hijos y ama a sus perros y descuelga la ropa tendida cada tardecita. Vecinos de a pie que se llenaron los nudillos de sangre y la punta de sus zapatillas de marcas de una piel. Y se fueron a su casa como si nada. Convencidos de ser la justicia, en los estrados de un barrio de Tucumán. Donde apenas horas después otro grupo de propietarios de la ley atacó brutalmente a un chico de 16 años que había robado un celular. Curiosamente, en los tiempos del pre estado, lo salvó la policía. Los golpes que le asestaron y las piedras que le tiraron son heridas en la propia piel de la humanidad. Soñaba Tejada Gómez con cortar de cuajo /la oscuridad del lobo /y el odio y la amarilla /vejez de los colmillos. Pero ayer mismo al mediodía una disputa entre bandas acabó con un tiro en la cabeza de una bebita de cinco meses. Que iba en brazos de su madre por un barrio de Dock Sud. La muerte es una entidad infame, la condena a la finitud de cada hombre y cada mujer de la tierra. Pero la muerte que imparten los asesinos –desde los seriales hasta los buenos vecinos- es el hierro infalible contra el que lucha el lirio de Tejada. Esta es la lucha, es esta /la suerte de los siglos: /de un lado el jardinero, /del otro el asesino. /El hierro será el hierro. /Pero el lirio es el lirio. Y un día el lirio espantará a los lobos. Y la muerte será otra. Nada más que aquella. La inexorable. Edición: 4105

Una misma muerte
Publicado: Martes, 20 Octubre 2020 12:43
Una misma muerte

Por Claudia Rafael (APe).- Villa Muñecas y San Cayetano están a unos 10 kilómetros de distancia entre sí. Para llegar desde una barriada a la otra, en el Norte y en el Sur de San Miguel de Tucumán, hay que atravesar de punta a punta la ciudad. Las dos nenas, en una zona y otra, se llamaban Abigail. Abigail Riquel tenía nueve. Vivía en ese territorio pequeño con nombre de juego y de infancia. Abigail Luna tenía escasos dos. Ella vivía en otra barriada en las antípodas, con nombre de santo al que se le pide trabajo. Las dos niñas fueron asesinadas este domingo. Hombres con poder para el ejercicio de la crueldad se ensañaron con ellas y acabaron con sus vidas. Hombres sedientos de escriturar en ellas su destreza para la dominación. Abigail Riquel fue buscada por algunas horas y su cuerpo de niña, fue hallado semienterrado en un descampado cercano a su casa. Con las huellas del horror en la piel, sofocada por la perversidad, arrasada impiadosamente. Dicen que por un desclasado con los rastros más cruentos de humanidad en su propia vida. En burocrática connivencia con una comisaría que prefirió esperar para la búsqueda. Los mismos vecinos de Villa Muñecas la buscaron y la encontraron. Y los mismos vecinos, en sociedad cebada, incendiaron la casilla de quien todos apuntan como el lobo devorador de Abigail. Ella tenía apenas un año cuando en 2012 en ese mismo barrio periférico otros crueles estaquearon la vida de Mercedes Figueroa que –escribió esta Agencia entonces- “era tan pequeña que ni siquiera alcanzó a trepar a los cielos en una rayuela de arcoiris. Tan chiquita era que su barriada tenía nombre de juego: Villa Muñecas, se llamaba. Apenas seis años tenía y añoraba saltar y danzar con los brazos en alto como alas desplegadas en una risa sonora. A Mercedes la mataron. La destruyeron diminuta. La devoraron sin piedad”. En su historia fue la senadora y tercera en sucesión presidencial en ese tiempo, Beatriz Rojkés de Alperovich, quien cumplió con el rol de revictimizar a las víctimas: culpó a la familia de Mercedes por permitir a la niña jugar en la vereda. Hace rato que Villa Muñecas parece haber perdido la inocencia que trasunta ese nombre con aroma a niñez. A casi 10 kilómetros de allí, Abigail Luna llegó al centro de salud con los signos de la atrocidad. Dos años tan solo. Su cuerpito golpeado, masacrado, brutalmente arrasado por un hombre, pareja de su mamá, al que su sola existencia molestó y la quiso barrer de la vida como a un polvillo al que hacer desaparecer. Dos niñas menos en el jardín de la república. Dos niñas asoladas por la ferocidad de dos hombres que ejercieron el poder de la adultez y la fuerza. Abigail las dos, como el nombre bíblico hebreo. Abi, mi padre; gail, júbilo. El “gozo de mi padre” se traduce. El júbilo de dos hombres que les asestaron el zarpazo de la muerte. La sangre niña fecundó la tierra tucumana y serpenteó la ciudad de punta a punta. De ese barro rojizo y chocolate deberá por prepotencia de la historia nacer otra tierra. Labrada por la ternura que plante el rumbo a otros amaneceres. Edición: 4101

De la Tierra a la Luna
Publicado: Lunes, 19 Octubre 2020 12:12
De la Tierra a la Luna

Por Carlos del Frade (APe).- Centenares de pibas y centenares de pibes, un día antes del 12 de octubre, marcharon al puente Rosario – Victoria para gritar que paren de incendiar los humedales, que cese el ecocidio y que nadie, de ninguno de los tres poderes, mire para otro lado.Pibas y pibes que a pesar de estar atravesados por mandatos de exacerbación del individualismo y el consumismo, ponen sus cuerpos al servicio de la defensa de los bienes comunes. Una gran noticia: la sensibilidad y la solidaridad gozan de buena salud y el protagonista, una vez más, son las juventudes. Pero hubo algo más. Profundo y bello. Las chicas y los chicos convocaron a integrantes de los pueblos originarios de la provincia de Santa Fe para que hagan una ceremonia especial en homenaje y perdón a la Pachamama. Una postal vinculada a un pasado muy remoto pero que las pibas y los pibes necesitan vivir hoy, 528 años después del inicio del saqueo de la naturaleza y la explotación humana. No es melancolía ni postura artística, se trata de una imprescindible toma de conciencia sobre un sistema de vida que debe ser, indefectiblemente, diferente. Memoria esquina esperanza. En lo que va del año, en nueve meses, la Argentina lleva perdidas 769.732 hectáreas como consecuencia de los incendios intencionales. Los mapas que envían los satélites de la Nasa muestran las geografías provinciales en rojo, salvo un lugar. En la provincia de Santiago del Estero no se ven llamas captadas por los satélites. No parece ser casualidad. En el siglo diecinueve, un proyecto político y económico decidió, después de arrasar con los pueblos originarios y las masas gauchas, poner alambrados en las grandes pampas y praderas y atravesar el territorio de los ferrocarriles diseñados a imagen y semejanza de los intereses del imperio inglés. Se usaron los quebrachos de Santiago del Estero. La misma tierra que tenía el 60 por ciento de la población del último Virreynato creado por los españoles en estos confines del mundo, el del Río de la Plata. La gente vivía y hacía de acuerdo a esos montes de quebracho, a esos vergeles como lo escribieron los cronistas españoles. Aquel proyecto político y económico, entonces, generó el primer gran desmonte, el primer gran ecocidio. Su consecuencia, miles de santiagueños y santiagueñas se quedaron sin trabajo. La consecuencia de aquel primer ecocidio fue la primera oleada de desocupadas y desocupados. Pero el sistema es inteligente y perverso. A las víctimas las convirtió en victimarios. Hasta el día de hoy, muchas personas que viven en Argentina, a la hora de pensar cómo son las nacidas y los nacidos en Santiago del Estero responden desde el sentido común impuesto en forma de chistes. Los acusaron de vagos a los primeros desocupados y eso quedó anidado en el fondo de la cultura popular. Tremenda perversión del sistema que liquidó quebrachales y produjo la primera ola de desocupados. A principios de los años setenta, el Ministerio de Agricultura de Santiago del Estero, cuenta Raúl Dargoltz, informó que con esos quebrachos cortados y arrasados y de acuerdo a la distancia con que se plantaron para sostener los alambres de las estancias, se podía hacer una distancia similar a la que separa la Tierra de la Luna. El propio Dargoltz convirtió aquel dato en una obra de teatro y la llamó, justamente, de la Tierra a la Luna. Aquel primer ecocidio explica la ausencia del fuego en las fotos satelitales de la Nasa y al mismo tiempo revela la profundidad del negocio bestial. Las consecuencias se sufren varias generaciones después. Como dicen los estudiosos de la filosofía del derecho internacional, el ecocidio es, en realidad, un delito económico de lesa humanidad, es decir, que se continúa en el tiempo. Por eso es imprescindible destacar la presencia de miles y miles de pibas y pibes que juntan sus necesidades del tercer milenio con aquellos ritos de los pueblos originarios. Allí hay una respuesta política para estos tiempos. Una plena postal de confianza en lo que vendrán, en los días en los cuales se hará cada vez más difícil tolerar la imposición de intereses particulares sobre los bienes comunes. Fuentes: “Hacha y quebracho”, Raúl Dargoltz; “Página/12”, edición del 12 de octubre de 2020; y entrevistas del autor de esta nota a protagonistas de la Multisectorial por los Humedales. Edición: 4100  

Alucinatorio político social
Publicado: Viernes, 16 Octubre 2020 15:20
Alucinatorio político social

Por Alfredo Grande (APe).- Hace algunos años, quizá demasiados, participé en el Seminario de Formación Teológica. Invitado por Gerardo Duré se realizó en la diócesis de Moreno. Fue una de las experiencias más importantes que tuve. Y he tenido varias. Fue el debut del concepto de “alucinatorio político social”. Algunos llaman a esto “relato”, “fake news”, “clarín miente”. Hay conceptos de la psicología y el psicoanálisis que son necesarios para el análisis político. Ignacio Martin Baró luchó por los Derechos Humanos, la igualdad y la justicia social en El Salvador. Criticó el impacto negativo de la política estadounidense para su país. Fue muy influyente en un amplio rango de académicos, y activistas en los Estados Unidos. Fue seguidor de la Teología de la Liberación, padre de la Psicología social de la liberación y principal referente de la Psicología Social Latinoamericana, especialmente en Psicología comunitaria y Psicología política. Fue asesinado en El Salvador en 1989 junto a su compañera, su pequeña hija y varios sacerdotes. Esta masacre se denominó la de los mártires de UCA. En la Argentina durante la década del 70 se creó Plataforma, una división en la hegemónica Asociación Psicoanalítica Internacional. Algo así como el Vaticano del Inconsciente. Y selló la unión entre pensamiento político, psicológico y social. La alucinación se define como “percepción sin objeto”. Las imágenes y las ideas no reflejan, no interpelan, no interpretan a las cosas. Directamente las reemplazan. Este proceso se denomina restitución. Es la forma de la cosa, pero no es la cosa. Un ejemplo patético es decir Presidente de Facto o directamente Presidente a un asesino que asalta al estado de derecho. Desde ya, el alucinatorio político social es emblema de todas las religiones. Pero no solamente. Un ejemplo muy cercano es celebrar el día de la lealtad junto a Sergio Massa. Hoy el alucinatorio político social tiene al menos tres pilares: la limosna miserable de los billonarios, cuya identidad autopercibida es “aporte solidario”; la recuperación de tierras como forma de revolución agraria en una escala por ahora acotada; la masacre sanitaria y alimentaria cuya identidad autopercibida es “quédate en casa”. Los dueños, aunque no los únicos dueños, del alucinatorio político social son los denominados medios de comunicación, versión hegemónica. La realidad siempre ha tenido un componente virtual. O sea: alucinatorio. Pero no es lo mismo una pizca de sal que el tasajo o la salmuera. En el enamoramiento tenemos un ejemplo habitual del alucinatorio vincular. Freud escribió: “no se enamoró porque es hermoso, sino que lo ve hermoso porque se enamoró”. Cuando te enamorás, sexo afectivamente y/o políticamente, lo ves como no es. Lo ves como te gustaría que fuera. Por eso Winston Churchill, un conservador que pactó con Hitler, pudo decir que “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”. Omitió aclarar que se refería a la democracia representativa, partidaria y bendecida por su graciosa majestad. Elogió la careta pero ocultó su verdadero rostro. En el excelente texto “Sueñan los Nadies” de Cintia Medina, leemos: “Pero en palabras de Eduardo Galeano: “Sueñan los nadies con salir de pobres”. A pesar de todo, la esperanza sigue vigente. Siguen soñando con un pedazo de tierra para vivir. Y esperan (sueñan) que la dirigencia con un poco de empatía les brinde soluciones viables, no para seguir condenándolos a la pobreza sino para hacer práctica lo que predican en los grandes noticieros. (link) Creo que hoy dejaron de soñar. Ponen en acto la recuperación de tierras. Aquellas que desde la masacre colonizadora de España, la de los terratenientes de la provincia de Buenos Aires, han sido robadas por el Estado Terrorista. Y no sólo Roca. Por eso me preocupa mucho cuando leo que, aun apoyando a los valientes trabajadores de Guernica, se escriba “las tierras tomadas”. Eso es lenguaje del enemigo y es otro de los efectos del alucinatorio político social. Los que toman la tierra sesionan en las legislaturas de las ciudades. Por eso en nuestra batalla cultural hay una causa a sostener: pulverizar el alucinatorio político social para volver a inventar un mundo donde las palabras y las cosas vuelvan a ser herramientas para conocer la realidad. Con el ‘único objetivo de transformarla. No solamente para cambiar la historia, como prometió uno de los más inspirados artífices del alucinatorio (estamos en el primer mundo - un peso= un dólar, claro que sólo en la Argentina), sino para subvertir la historia. Para que todas las historias sean para ser contadas y recordadas, menos la historia oficial. Entonces nuestres niñes serán los combatientes de un futuro que hoy tenemos que parir desde este presente alucinado. Edición: 4099

Celebrar el genocidio
Publicado: Martes, 13 Octubre 2020 20:11
Celebrar el genocidio

Por Claudia Rafael(APe).- Se hizo la luz y tuvo los colores del imperio. El amarillo y el rojo de la bandera española pincelaron tres grandes símbolos en la ciudad para mostrarlos de rodillas al mundo. Mientras los desarrapados y los vulnerados deambulan con sus pasos por eternas oscuridades, los poderosos eyectaron sus destellos luminosos sobre el monumento a los españoles, la Usina del Arte y la facultad de Ingeniería de la UBA. “En esta fecha tan importante para el pueblo español, desde la ciudad los acompañamos encendiendo las luces de nuestros íconos porteños con los colores que los representan”, señaló el gobierno porteño desnudando su ubicación certera a la diestra de los dioses de la inequidad. “Esta fecha tan importante” es aquella en la que inició la masacre de 60 millones de originarios a manos de los colonizadores. “Esta fecha tan importante para el pueblo español” es la que se ilumina para festejar a los torturadores, los verdugos, los dueños de la vida y de la muerte que a fuerza de la cruz y de la espada, de las enfermedades y las cadenas, del martirio y de la aculturación sometieron a los pueblos del continente. Los condenados de la tierra siguen ajenos a los paraísos iluminados. El único rojo profundo que los señala es el de su propia sangre, derramada por el sistema que les delineó los límites de sus propios territorios. A 528 años se sigue escuchando como ecos de todos los infiernos la voz de Galeano cuando escribe Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”. Los nadies resisten. Sus sombras vagan entre las oscuridades de Guernica, contando las horas y sabiéndose de los descalzos. Resisten, como resistió el Winni, mientras duró, en las puertas del banco Itaú de San Telmo, pero lo encontraron hace unas horas, sin respiros ni aliento, en San Juan y Defensa. Entre las oscuridades de un barrio que hoy, en tiempos pandémicos, rescata los latidos de las negritudes sepultadas en los tiempos de la colonia. Resisten, con el cuero curtido por los fríos que calan la piel gastada y los calores densos que amenazan cuando no hay techo ni agua ni la luminosidad de la vida incluida. Son los hijos y los nietos de otros nadies. Que no saben más que de sombras mientras se les ocultan los gozos en un devenir sistémico construido durante vastos siglos y reafirmado año tras año. Como aquel reconocimiento al rey durante el bicentenario de la independencia: Ellos en ese momento claramente debieron sentir angustia de tomar la decisión, querido Rey, de separarse de España. Aún hoy se escuchan los gritos heredados de los esclavizados y los torturados. Todavía hoy se alzan sus voces desde el fondo de todos los infiernos de la desmemoria. Aquellos cantos de los tiempos en que la propiedad privada no era un atributo de los originarios hoy se despliegan desde los territorios ocupados por los desplazados. Que miran atribulados a los que a fuerza de billetes y operaciones inmobiliarias se quedan con los sueños y las esperanzas de los que sostienen la vida misma con sus manos vacías. Las instituciones se vistieron de luces rojas y amarillas para decir al mundo que los conquistadores siguen ahí. Agazapados. Listos con el billete o con la espada, según sea necesario en cada tiempo. Convencidos de que podrán torcer las resistencias. Entenderán alguna vez que los pueblos no firman el certificado de olvido. Edición: 4098

Mamá lealtad
Publicado: Viernes, 23 Octubre 2020 13:37
Mamá lealtad

Por Alfredo Grande   (APe).- En el programa diario “Hasta que vuelvan los abrazos” de Radio La Retaguardia, tengo una columna los días lunes. El título de la última coincide con el de este texto. Habitualmente no sucede, pero como dijo Tu Sam, puede fallar. O puede acertar, ya que el inconsciente tiene razones que la conciencia oficial no entiende. La idea la tomé de un video del talentoso Pedro Saborido en el cual canta “la sonrisa de mamá” porque le recuerda la sonrisa de Perón. Un analizador espontáneo es cualquier circunstancia, devenir, producción, que permite pasar del nivel convencional encubridor, también llamado “sentido común”, al nivel fundante. O sea, la esencia. El núcleo de toda realidad. Desde ya, ese fundante está atravesado por nuestra implicación política, ideológica, afectiva, ética, de género, económica. O sea: no hay un fundante para todes. Decir que la “única verdad es la realidad” omite señalar si es la realidad convencional o es la realidad fundante. En el primer caso, la convencional, es la única falsedad. En el segundo, la fundante, es la única verdad en tanto sea una verdad revolucionaria. Aclaro, con la convicción de que no oscurece, que la política burguesa es el arte de combinatorias infinitas para no salir de lo convencional. El riesgo es cuando lo convencional se toma como lo fundante. Cuando un gobierno se define como capitalista, no es bueno. Pero lo peor es que toma al capitalismo como fundante, cuando es un potente artificio convencional para encubrir el fundante de la explotación del trabajo asalariado. O remunerado, porque el salario fue pulverizado desde la denominada flexibilidad laboral. Retomando que no es poco, Pedro Saborido me permitió pensar en el nivel fundante del día de la lealtad. Para la Argentina, peronismo es la marca registrada del estado de bienestar. Pero hay un bienestar convencional, que llamaría confort. El bienestar a nivel fundante es el amparo. Es salir de la intemperie. Y el peronismo tiene como profecía fundadora una política de amparo para millones que estaban en la intemperie. Condición necesaria y que aún hoy sigue siendo suficiente. Ese amparo es objetivo y es subjetivo. Objetivo porque cambió las condiciones materiales de la existencia de los trabajadores. Subjetivo porque elevó la autoestima de los condenados de la tierra. Y del asfalto. Autoestima es dignidad, es sentirse bien con uno mismo. Es orgullo, aunque no necesariamente es soberbia. Es reflejarse en una mirada que nos mira con amor y que nos valora. El “aluvión zoológico” para la derecha oligarca, fue transformada por el crisol peronista en “los descamisados”. El hambre de comida y el hambre de amor fue saciado. Al menos durante una década. A mi criterio, ese es el nivel fundante del peronismo. Y la palabra que da cuenta de la gratitud por ese fundante es lealtad. Me acuerdo que, en los códigos del barrio, muchos insultos eran tolerados, trompada más, trompada menos. Menos los que involucraban a la madre. Había un mantra en esos tiempos: “más malo que pegarle a una madre”. Y como reza el tango (porque el tango es una forma de rezo musical) “vuelvo vencido a la casita de mis viejos”. Es interesante pensar que el peaje para volver sea estar vencido. Y la profecía fundadora del peronismo fue vencida. La autodenominada revolución libertadora, el golpe de estado contra Frondizi, la proscripción partidaria, la organización desde el aparato del estado de la alianza anticomunista argentina (la triple A), la derrota del candidato Lúder, el menemismo privatizador y traidor, el triunfo de Macri después de una década ganada que no supo, no quiso o no pudo construir su propio legado. Hoy el presidente que fuera ungido, es, en el mejor de los casos, un representante del peronismo stevia. Edulcorado sin azúcar. En un país devastado por el macrismo, el covid 19 y el pago de la estafa (deuda) externa en la proporción que se prefiera, hay dos opciones. La revolucionaria recordando la advertencia de Evita, o la reaccionaria. Volver vencido a la casita de los viejos. Más de la vieja que del viejo, porque como sabemos en el formato tanguero patriarcal, en la casa está la vieja porque el viejo está en otra y con otras. O sea: volver vencido a la profecía fundadora. La casita. El amparo originario. Lo digo y luego seguro que me arrepiento. La lealtad que se invoca en vano, forma parte del alucinatorio social. No habrá confesión de parte, pero tampoco quiero hacer relevo de prueba. Si la lealtad fuera fundante, entonces Menem hubiera sido expulsado del partido justicialista, por el abrazo a Rojas y el pornográfico pacto con los Alsogaray. Hoy que el morbo periodístico está exaltado por las denuncias del pequeño hermano contra el gran hermano, la pelea entre la estanciera social y el estanciero oligarca, no creo que interese mucho reflexionar sobre los devenires de la mamá lealtad. Pero siguiendo a Pedro Saborido, la sonrisa de mamá es la sonrisa de Perón. Hoy no es tiempo de sonrisas ni de risas. Mal que nos pese y nos desespera a los que militamos en el humor como estrategia de resistencia. Con la boca agrietada por el dolor, no hay sonrisa que valga. Ni la de mamá ni la de Perón ante la penuria y el naufragio. Laura Taffetani escribe: “La Convención de los derechos del niño fue ratificada en el año 1991, época en la que se consolidó la entrega más dolorosa de nuestra soberanía económica a los organismos financieros. Más tarde, se incorporó en la Constitución a través de la Reforma del 94, en el marco del famoso pacto de Olivos que terminó de encolumnar a la dirigencia política tras un modelo económico que se sostuvo y se sostiene sin fisuras, siempre con el mismo resultado: el crecimiento incesante de las cifras de náufragos que se alejan de la orilla sin esperanza de ser rescatados, ni futuro en el que creer”. El pasado idealizado en una lealtad invocada en vano, el presente desangelado donde los abrazos nunca llegarán a las y los que necesitan ser abrazados, amparados, salvados del naufragio. Con un pasado capturado por el alucinatorio político social, el presente inundado de un realismo trágico, el futuro del horizonte que se aleja y por eso alentaba al caminante, resulta aplanado. En unión tendremos que pensar y luchar para que otro mundo sea posible. Solamente porque es necesario. Y entonces si lo deseamos, moveremos todas las montañas de la cultura represora. Edición: 4104  

 Guernica lejos de Ginebra
Publicado: Jueves, 22 Octubre 2020 15:04
Guernica lejos de Ginebra

Por Laura Taffetani (APe).- El 20 de julio miles de familias, durante la inclemente pandemia, tomaron tierras despobladas en la ciudad de Guernica del Partido de Presidente Perón y, en esa utopía inalcanzable de un techo donde guarecerse, 3.000 niños y niñas acompañaron a sus padres con la esperanza de un futuro que siempre tienen vedado. Sin embargo, para ellos y ellas no hubo Convención de los Derechos del Niño, ni leyes de “protección integral” que cobraran vida frente a la implacable orden de desalojo que el juez dispuso para defender los impiadiosos intereses inmobiliarios a los que estaba esa tierra reservada. Un texto dentro de un contexto La propuesta de la Convención comenzó en la década del 70, impulsada por el gobierno polaco, en un período en el que los derechos humanos asumían un rol fuerte en la confrontación Este-Oeste. La discusión de las mesas de trabajo fue avanzando lentamente, las principales polémicas se centraban en la prioridad de los derechos económicos y sociales que sostenían los países socialistas frente a la preeminencia de los derechos civiles y políticos que le otorgaban los países occidentales. Finalmente, la Convención de los Derechos del Niño fue proclamada y adoptada por la Asamblea General de la ONU el 20 de noviembre de 1989, pocos días después de la caída del muro de Berlín que anunciaba la disolución de la Unión Soviética, en un contexto donde las políticas neoliberales comenzaban el período de auge impulsadas por la Escuela de Chicago y los líderes mundiales Ronald Reagan y Margaret Thatcher. La Convención fue ratificada por 197 países. EEUU, si bien firmó la Convención en su momento, nunca la ratificó en la necesidad de preservar el derecho de aplicar la pena de muerte para menores de edad. Sin duda, la violencia de la tremenda desigualdad que se fue abriendo a paso firme y sostenido en el transcurso de estas décadas, borró de un plumazo toda posibilidad de que los artículos de la Convención cobraran vida en los cuerpos inermes de los niños y niñas sedientos de vida digna. Hoy, el mundo es incomparablemente más rico de lo que lo ha sido nunca en su capacidad de producir bienes y servicios y por la infinita variedad de los mismos, pero está claro que entre la Convención y la realidad de los derechos de los niños y las niñas pobres existe un abismo imposible de zanjar. La Convención en Argentina En nuestro país la historia no fue diferente, a pesar de ser el octavo país del mundo en extensión y producir alimentos para 400 millones de personas, casi las tres cuartas partes de los niños y niñas que habitan nuestro suelo no tienen un techo que los abrigue, ni nacen ya con el pan bajo el brazo. La Convención de los derechos del niño fue ratificada en el año 1991, época en la que se consolidó la entrega más dolorosa de nuestra soberanía económica a los organismos financieros. Más tarde, se incorporó en la Constitución a través de la Reforma del 94, en el marco del famoso pacto de Olivos que terminó de encolumnar a la dirigencia política tras un modelo económico que se sostuvo y se sostiene sin fisuras, siempre con el mismo resultado: el crecimiento incesante de las cifras de náufragos que se alejan de la orilla sin esperanza de ser rescatados, ni futuro en el que creer. Este 21 de octubre se cumplieron los quince años de la sanción de la Ley 26061 que crea el Sistema de Protección de Derechos de niños, niñas y adolescentes, por el que comenzamos a conocer términos que recitamos vehementemente como promoción, prevención, protección y restitución de derechos. Sin embargo, las cifras dramáticas que demuestran año a año el crecimiento impúdico de las desigualdades demuestran que la voluntad legisladora se desvanece inexorablemente en los escritos donde se invoca, frente a los millones de niños y niñas que golpean las puertas de un paraíso al que no tienen acceso. En esta ley también se establece que es obligación del Estado asegurar el cumplimiento de sus derechos que son de prioridad y que cuando exista conflicto entre los derechos e intereses de las niñas, niños y adolescentes frentea otros derechos e intereses igualmente legítimos, prevalecerán los primeros. Pero en Guernica, todo esto es letra muerta, para jueces y fiscales, para los funcionarios municipales, provinciales y nacionales. También para la mayoría de los medios de comunicación para quienes el único derecho que está por arriba de todo son los intereses económicos de los grandes negociados que se tejen incansablemente por los más poderosos. Es cierto que esto no sólo sucede en Guernica, pero en ese lugar preciso es donde hoy se está librando una gran batalla donde los rechazados han tenido la osadía de enfrentar al poder de un país donde no hay más biblia que el Registro de la Propiedad. Batalla que está claro, no tiene ley que los ampare: el juez dispuso el desalojo que podrá ser hoy o en los días sucesivos hasta el 30 de octubre. Dicen que ninguna guerra es justa sin previa declaración. En Guernica la “restitución de derechos” no figura en los manuales de los niños y niñas que corren por la “tierra prohibida” buscando el tesoro escondido de un futuro que nos lo deje en desamparo. Porque los derechos de los niños y de las niñas no dejan de ser palabras que se han corrompido en grandes eventos de folletería fina y panelistas bien pagos. Derechos que no se ligan con el verdadero poder que les da cuerpo o los desconoce según el certificado de nacimiento, porque la naturaleza de esos derechos no es de orden legal sino política de quienes detentan el poder. Quizás habrá que comenzar por hackear este mundo virtual para hacerlo sin contraseñas y que la realidad deje de jugar a la escondida tras ilusiones de derechos que jamás se cumplirán. Que la indignación se vuelva un grito incontenible y se convierta en el combustible necesario para prender los nuevos amaneceres que abriguen definitivamente a los niños y las niñas de esta tierra que siempre fue nuestra. Todos y todas tenemos un deber de amor que cumplir, una historia que nacer. Ahora podemos hacer el mundo en que nacerá y crecerá la semilla que trajimos con nosotros. Y esa semilla no podrá germinar en un decálogo de derechos vacíos. El que no tiene ojos para soñar no ve los sueños ni de día, ni de noche. Mientras tanto, los niños y niñas de Guernica siguen soñando, esperando que nuestros corazones se enciendan, en esa “nueva y arrasadora utopía donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de vivir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”. Edición: 4103      

Chocobar
Publicado: Miércoles, 21 Octubre 2020 16:17
Chocobar

Por Claudia Rafael (APe).- Los rostros de los pibes miran desde las pancartas. Pibes que entran de lleno, en su mayoría, en el target de los olvidados. Pero ellos están ahí. Sus imágenes están ordenadas una junto a la otra, dándole las espaldas a la misma justicia que les ha dado la espalda históricamente a ellos. Una justicia opaca. Estructuralmente injusta. Ellos están ahí. Y con ellos está también la figura de Juan Pablo Kukoc, que tenía 18 cuando el policía Luis Chocobar lo persiguió tras un robo y le disparó por la espalda. Balazos que claramente se muestran en el video de un domo de la municipalidad porteña. Hay algunos de todos ellos, los pibes de las pancartas, que llevan años de espera. Se ven los ojos luminosos de Miguel Bru, que ya tendría 50 aunque lo desaparecieron con apenas 23. La mirada niña de Luciano Arruga, que ya rondaría los 27 aunque la policía bonaerense se lo llevó con tan solo 16. Mariano Wittis, el músico asesinado hace dos décadas cuando tenía, como Miguel Bru, los mismos 23 años. Hay otros que llegaron a la pancarta hace menos tiempo. Incluso en tiempos de pandemia. Son más de 7500 todos ellos desde la recuperación de la democracia hasta ahora. 7500 que ponen en jaque la misma filosofía de un estado democrático al ser víctimas del brazo armado de ese mismo estado. No es el de hoy un día más. Luis Chocobar es un símbolo de esas muertes. “Estamos cambiando la doctrina de la culpa de la policía” y los balazos de Luis Chocobar sobre la espalda de Juan Pablo Kukoc no fueron otra cosa que “cumplimiento de deber de funcionario público”, supo decir dos años y medio atrás la entonces ministra securitaria Patricia Bullrich. Y elevó la figura de Chocobar a la categoría de héroe social. Una suerte de justiciero capaz de borrar de la superficie de la tierra a toda semilla del mal que ponga en riesgo el bienestar de los buenos vecinos. Chocobar fue construido como el ariete capaz de aplicar la pena de muerte a los desobedientes, a los desarrapados, a los olvidados, a los sin rumbo. Y, desde ese halo de heroicidad que se le concedió, se rebautizó al gatillo fácil como cumplimiento del deber del funcionario público. Exactamente desde ese sitial es que pretendió que lo juzgara un jurado de hombres y mujeres primero (convencido de que lo tratarán como a ese héroe pretendido) y luego, directamente la suspensión del juicio. Hoy el tribunal de menores que lo lleva al banquillo negó esa posibilidad aunque insiste en juzgarlo por el delito de “homicidio agravado en exceso del cumplimiento del deber”. Algo así como ser muy riguroso con lo que el deber manda y, si es necesario, matar en nombre de ese deber. Afuera de Comodoro Py los rostros de los pibes tatuados sobre una pancarta dan la espalda a los tribunales. Los mismos tribunales que históricamente les dan las espaldas a todos ellos. Edición: 4102

Pan nuestro
Publicado: Martes, 13 Octubre 2020 15:50
Pan nuestro

Por Silvana Melo (APe).- Suele estar solo en la mesa de los pobres. Huérfano de maridajes. Pan, como símbolo de la comida, del alimento como derecho de la humanidad, canasta donde el sol y la tierra pusieron la vida, como semilla para el resto. Para transformar, revolucionar, hacer del estómago lleno un mitin de amaneceres. En estos días el gobierno aprobó el primer trigo transgénico del mundo. Y el pan palidece en su identidad de combustible para alterar lo establecido. El HB4, que no fue producido por Monsanto –para hablar de un demonio ya legendario- sino por Bioceres, llega con su veneno estrella en el paquete tecnológico que infectará las mesas y terminará de destituir la escasa soberanía alimentaria que se sostiene en los platos de esta tierra. Arrasados, hoy, por el hambre. Pero atravesados por la necesidad de generar divisas y de buscar fortaleza en la vecindad de las multinacionales. El flamante trigo transgénico autorizado 24 años después de la entrada triunfal de la soja modificada resiste a la sequía y es tolerante al glufosinato de amonio. Una alianza tecnológica renovadísima entre la genética encaprichada y el veneno: la soja y el glifosato ya son matrimonio antiguo. Ahora es el trigo y el glufosinato de amonio, nombre que hay que comenzar a internalizar en la conciencia del aire, del agua, del alimento. Si el trigo modificado logra llegar a la tierra, generará la multiplicación del uso de agrotóxicos. Porque es tolerante, entonces hay que aumentar y aumentar. Envenenar y envenenar. Y los productores, gastar y gastar en insumos perfectamente evitables. “Por esta razón el uso de agrotóxicos se ha incrementado exponencialmente desde su introducción demostrando la falsedad del discurso con que se impusieron. En Argentina ya se usan más de 525 millones de litros de agrotóxicos por año y esta autorización implicará aumentar aún más esa cantidad de por sí exorbitante”, dice el abogado Marcos Filardi a APe, desde el Museo del Hambre. Esa explanada donde se lucha por el pan libre, transparente, soberano, que alguna vez dejará al hambre reducido a un fósil museario. El pan que comerán los niños en las barriadas donde la comida se reduce a la harina, el agua y la pizca de sal vendrá con un alienígena más tóxico que el mismísimo glifosato. “El glufosinato de amonio está ampliamente cuestionado y prohibido en muchos países por su alta toxicidad aguda y sus efectos cancerígenos, neurotóxicos y genotóxicos”, asegura Filardi. Es tan perfecto que no sólo es herbicida sino también insecticida y siembra la muerte “entre los organismos benéficos incluyendo arañas, ácaros depredadores, mariposas, numerosos microorganismos del suelo, y puede incrementar la susceptibilidad de la planta a enfermedades, con el consecuente aumento en el uso y dependencia de agrotóxicos”. Los catorce millones de personas sometidas a fumigaciones en el largo territorio del país reciben hoy una noticia dramática: serán pulverizados todo el año con venenos a los que los Bioceres, las Syngentas y las corporaciones Aapresid insistirán con llamar fitosanitarios para emparentarlos a la salud (a la buena salud). “El trigo es un cultivo de invierno –explica Marcos Filardi a APe-. Hasta ahora, las fumigaciones masivas con agrotóxicos se circunscribían a las temporadas de primavera y verano”. Pero la llegada del glufosinato al trigo incluirá al invierno, cuando la inmunodepresión generada por los agrotóxicos es una ruta allanada para las enfermedades respiratorias. El agronegocio, como generador de dólares y voraz propietario de la matriz productiva agraria en la Argentina, es el único pegamento que cicatriza la grieta. Es la verdad, en medio de la escena ruidosa donde todos se disputan la pintura de la fachada. Fue en octubre cuando el flamante presidente electo Alberto Fernández visitaba Bioceres en Santa Fe, junto a la opacidad del gobernador Omar Perotti. En esas probetas se delineaba el trigo transgénico. Después, Syngenta en la mesa del hambre, el acuerdo cérdico con China, la cuarentena desmontadora y fumigada y demasiados etcéteras más. A pesar de la soberanía alimentaria cuyo concepto bastardearon para intentar expropiar Vicentín, a pesar del manoseo al ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá –al que nunca terminan de nombrar en la Dirección de Agroecología- a pesar de ciertos discursos de agricultura familiar y popular que nunca van al hueso. Es decir, a la tierra. Y el campo que alimenta es siempre el mismo: el de los pequeños agricultores asociados que reniegan del veneno y se empeñan en pelearle a un sistema goliat. Promovido por el estado en todos sus rostros y colores. “El trigo es la base de la alimentación de las y los argentinos: con él se elabora el pan y gran parte de nuestras comidas que están basadas en sus harinas”, dice Marcos Filardi. “A partir de esta autorización, el trigo tendrá residuos de glufosinato al igual que las harinas y sus derivados, es decir, habrá glufosinato en alimentos básicos de consumo diario, hecho inédito en la historia de nuestro país, con lo cual toda la población estará expuesta a la ingesta de este veneno en su dieta diaria”. Dice el biólogo y filósofo Guillermo Folguera: “Glufosinato de amonio. Impera que aprendamos esos nombres. Tuvimos que hacerlo con el glifosato. También con el cianuro. Todos son químicos para que hagan sus negocios en nombre de un bien común que nunca es tal. Aprender los nombres de lo que nos hace daño parece un buen primer paso. No aceptar que nos hagan más daño parece el inevitable siguiente”. Habrá que resistir, entonces. Montar ejércitos de amarantos masivos que les arrebaten la tierra a los glufosinatos. Y que rescaten al pan como alimento nuestro, bello, solidario. El que modificaron los panaderos franceses con avena, arcilla y restos de molienda por falta de trigo, el pan que llevó al pueblo hambriento a saquear las panaderías. Y que fue una de las causas tiernas y crocantes de la revolución francesa. El que los judíos hicieron sin levadura, ácimo, cocinado sobre las piedras mientras huían de Egipto. El pan que está cuando no hay nada, pellizcado en su miga sagrada. El pan que siempre será nuestro. Edición: 4097

Empobrecidos¡Uníos!
Publicado: Viernes, 09 Octubre 2020 14:06
Empobrecidos¡Uníos!

Por Alfredo Grande Dedicado a mi hermano-amigo Oscar Ciancio en su cumple vida (APe).- Acompañados por la pluma bella y penetrante de Silvana Melo, podemos preguntarnos: “¿Cuántas infamias entran en una infamia?”. Parafraseando al tango, la forma más bella de sostener el machismo, puedo decir que “las pruebas de la infamia las tengo en la maleta, las trenzas de mi china y el corazón de él”. El tango es “A la luz del candil” y es política explicita. Hoy la maleta es la memoria histórica. Lamento pensar que no todo está clavado en la memoria, más acá de la hermosa canción plegaria de León Gieco. Silvana escribe y seguramente le tiembla el pulso, pero igual escribe: “El derrumbe que dejó el gobierno anterior y la pandemia que arrasó los harapos de la economía hundieron en la pobreza a poco menos de la mitad de los argentinos y a 6 de cada 10 niños. Y determinó que la clase media, por primera vez en décadas, cayó por debajo de un tercio de la población. Hace apenas 46 años, un segundo en la historia del mundo, se registraron apenas un 8% de pobreza y las tasas de desempleo y desigualdad más bajas de la historia. El país fue otro y no hace tanto. Y la destrucción tiene responsables con rostro, nombres e impunidad. El 40,9 % del INDEC implica 18 millones y medio de argentinos pobres. Y 4.800.000 indigentes. La indigencia, seamos claros, es hambre. Es no llegar a una alimentación suficiente para la vida. Casi 5 millones de personas”. O sea: es llegar a una alimentación suficiente para la muerte. Si los medios, más o menos masivos, más o menos reaccionarios, más o menos retroprogresistas, dieran los índices de mortalidad por indigencia con la misma insistencia que dan las cifras de contagiados por covid, quizá la deconstrucción del sentido común al modo de “siempre habrá pobres entre ustedes” podría ser subvertida. De todos modos, lo único seguro es que no hay nada seguro. En eso se apoya el discurso de la “inseguridad”, que está instalada en las grandes mayorías y en las honestas medianías. No es casual que Chocobar pida ser juzgado por un jurado popular, Sin embargo, dime como caratulas y te diré que piensas: “Los jueces Daniel Morín, Patricia Llerena y Mario Magariños rechazaron por "inadmisible" el recurso presentado por el abogado defensor del policía, quien está imputado por el "homicidio agravado en exceso del cumplimiento del deber". Cumplió su deber pero se excedió. ¿Cuál era su deber? Hay pruebas de esa infamia lo que no impedirá alguna forma de impunidad. Supongo que también podría juzgarse a los gobernantes que gerencian al capitalismo por cumplir su deber en exceso. O sea: garantizar el lucro de las megas corporaciones. El exceso sería, en el mejor de los casos, la sentencia de muerte para millones de personas. El tristemente célebre “costo social del ajuste” que enarbolara el virrey Cavallo, hoy muestra su rostro más feroz. Para cuidarse hay dos recursos no negociables: quedarse en casa y seguir pagando estafa externa. O sea: la fábrica de pobres nunca se acaba. En la década de Menem, prócer liberal nacido en Anillaco, que pronto tendrá su busto en la casa rosada, el periodista Horacio Verbistky acuñó el concepto de “pobres contra pobres”. O sea: la cultura represora logró invertir la lógica de la lucha de clases. La guerra de pobres contra muy pobres es una estrategia central del fascismo económico y político. Pero me interesa remarcar que decir pobres implica cierto grado de cosificación. De un ser cristalizado. La estrategia es sostener el proceso de empobrecimiento lícito y de enriquecimiento ilícito. Los empobrecidos (millones) y los enriquecidos (miles) son la evidencia de la clausura de la lucha de clases y su reemplazo por la tregua de castas. Villa Itatí y Puerto Madero. Una de las pruebas de la infamia que llevo en la maleta es el impuesto a la riqueza, cuya identidad autopercibida es “aporte solidario”. La solidaridad del enriquecido es como el vino malbec de Drácula: la sangre. Lo interesante es que algunos de sus promotores tendrán que pagarlo. Lo que no es justo. Apenas miserable. Porque es un porcentaje raquítico y por única vez. Hay otro impuesto denominado IVA (impuesto al valor agregado). Grava en un 21% incluso a los alimentos de la canasta básica. De tan básica, apenas alimenta. Es el denominado IVA ampliado, otro invento del ministro de economía del prócer de Anillaco. Y se paga todas las veces. Pero la tregua de castas permite hacer gárgaras con la igualdad mientras se mantienen los buches con un ingreso mensual para los trabajadores que es miserable en dólares y también en pesos. Éramos muchos y la abuela sigue pariendo. La cámara de diputados aprobó una ley en la cual el Ministerio de Salud podrá establecer cláusulas o acuerdos de confidencialidad acordes al mercado internacional de las vacunas. Dos palabras estremecen: confidencialidad que me suena a clandestinidad y mercado internacional. Parece que hay un pacto perverso entre covid 19 y neoliberalismo. Lo interesante es que hay vacunas contra el hambre y no requiere clausulas de confidencialidad y mucho menos están sujetas a mercado internacional. Su nombre registrado es: alimentos. Los producimos en escala pero entre 10 y 20 millones no disponen de esas dosis. La sentencia del economista Aldo Ferrer fue invertida. De vivir con lo nuestro a morir con lo nuestro. Incluyendo los incendios como deforestación salvaje. Pero siempre hay una luz al final del túnel. Los empobrecidos declaran la guerra a los enriquecidos y lo justo vencerá a la justicia. Lo verdadero a lo falso. El coraje a la cobardía. La fidelidad a la traición. Entonces las infamias serán arrasadas y una victoria sin final, al decir de Gregorio Baremblitt, será posible. Por la simple razón de que es necesaria. Edición: 4095  

Por Alfredo Grande

Dedicado a mi hermano-amigo Oscar Ciancio en su cumple vida

(APe).- Acompañados por la pluma bella y penetrante de Silvana Melo, podemos preguntarnos: “¿Cuántas infamias entran en una infamia?”. Parafraseando al tango, la forma más bella de sostener el machismo, puedo decir que “las pruebas de la infamia las tengo en la maleta, las trenzas de mi china y el corazón de él”. El tango es “A la luz del candil” y es política explicita. Hoy la maleta es la memoria histórica. Lamento pensar que no todo está clavado en la memoria, más acá de la hermosa canción plegaria de León Gieco. Silvana escribe y seguramente le tiembla el pulso, pero igual escribe: “El derrumbe que dejó el gobierno anterior y la pandemia que arrasó los harapos de la economía hundieron en la pobreza a poco menos de la mitad de los argentinos y a 6 de cada 10 niños. Y determinó que la clase media, por primera vez en décadas, cayó por debajo de un tercio de la población. Hace apenas 46 años, un segundo en la historia del mundo, se registraron apenas un 8% de pobreza y las tasas de desempleo y desigualdad más bajas de la historia. El país fue otro y no hace tanto. Y la destrucción tiene responsables con rostro, nombres e impunidad. El 40,9 % del INDEC implica 18 millones y medio de argentinos pobres. Y 4.800.000 indigentes. La indigencia, seamos claros, es hambre. Es no llegar a una alimentación suficiente para la vida. Casi 5 millones de personas”. O sea: es llegar a una alimentación suficiente para la muerte.

Si los medios, más o menos masivos, más o menos reaccionarios, más o menos retroprogresistas, dieran los índices de mortalidad por indigencia con la misma insistencia que dan las cifras de contagiados por covid, quizá la deconstrucción del sentido común al modo de “siempre habrá pobres entre ustedes” podría ser subvertida. De todos modos, lo único seguro es que no hay nada seguro. En eso se apoya el discurso de la “inseguridad”, que está instalada en las grandes mayorías y en las honestas medianías.

No es casual que Chocobar pida ser juzgado por un jurado popular, Sin embargo, dime como caratulas y te diré que piensas: “Los jueces Daniel Morín, Patricia Llerena y Mario Magariños rechazaron por "inadmisible" el recurso presentado por el abogado defensor del policía, quien está imputado por el "homicidio agravado en exceso del cumplimiento del deber". Cumplió su deber pero se excedió. ¿Cuál era su deber? Hay pruebas de esa infamia lo que no impedirá alguna forma de impunidad. Supongo que también podría juzgarse a los gobernantes que gerencian al capitalismo por cumplir su deber en exceso. O sea: garantizar el lucro de las megas corporaciones. El exceso sería, en el mejor de los casos, la sentencia de muerte para millones de personas.

El tristemente célebre “costo social del ajuste” que enarbolara el virrey Cavallo, hoy muestra su rostro más feroz. Para cuidarse hay dos recursos no negociables: quedarse en casa y seguir pagando estafa externa. O sea: la fábrica de pobres nunca se acaba.

En la década de Menem, prócer liberal nacido en Anillaco, que pronto tendrá su busto en la casa rosada, el periodista Horacio Verbistky acuñó el concepto de “pobres contra pobres”. O sea: la cultura represora logró invertir la lógica de la lucha de clases. La guerra de pobres contra muy pobres es una estrategia central del fascismo económico y político. Pero me interesa remarcar que decir pobres implica cierto grado de cosificación. De un ser cristalizado. La estrategia es sostener el proceso de empobrecimiento lícito y de enriquecimiento ilícito. Los empobrecidos (millones) y los enriquecidos (miles) son la evidencia de la clausura de la lucha de clases y su reemplazo por la tregua de castas. Villa Itatí y Puerto Madero.

Una de las pruebas de la infamia que llevo en la maleta es el impuesto a la riqueza, cuya identidad autopercibida es “aporte solidario”. La solidaridad del enriquecido es como el vino malbec de Drácula: la sangre. Lo interesante es que algunos de sus promotores tendrán que pagarlo. Lo que no es justo. Apenas miserable. Porque es un porcentaje raquítico y por única vez. Hay otro impuesto denominado IVA (impuesto al valor agregado). Grava en un 21% incluso a los alimentos de la canasta básica. De tan básica, apenas alimenta. Es el denominado IVA ampliado, otro invento del ministro de economía del prócer de Anillaco. Y se paga todas las veces. Pero la tregua de castas permite hacer gárgaras con la igualdad mientras se mantienen los buches con un ingreso mensual para los trabajadores que es miserable en dólares y también en pesos. Éramos muchos y la abuela sigue pariendo.

La cámara de diputados aprobó una ley en la cual el Ministerio de Salud podrá establecer cláusulas o acuerdos de confidencialidad acordes al mercado internacional de las vacunas. Dos palabras estremecen: confidencialidad que me suena a clandestinidad y mercado internacional. Parece que hay un pacto perverso entre covid 19 y neoliberalismo. Lo interesante es que hay vacunas contra el hambre y no requiere clausulas de confidencialidad y mucho menos están sujetas a mercado internacional. Su nombre registrado es: alimentos. Los producimos en escala pero entre 10 y 20 millones no disponen de esas dosis. La sentencia del economista Aldo Ferrer fue invertida. De vivir con lo nuestro a morir con lo nuestro. Incluyendo los incendios como deforestación salvaje. Pero siempre hay una luz al final del túnel.

Los empobrecidos declaran la guerra a los enriquecidos y lo justo vencerá a la justicia. Lo verdadero a lo falso. El coraje a la cobardía. La fidelidad a la traición.

Entonces las infamias serán arrasadas y una victoria sin final, al decir de Gregorio Baremblitt, será posible. Por la simple razón de que es necesaria.

Edición: 4095

 

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