Por Carlos del Frade

(APE).- Corría el día 2 de marzo del año 1561 de la era del señor cuando el nuevo gobernador de Santiago de Chile, Don García Hurtado de Mendoza, envió al comisionado Pedro del Castillo para fundar la llamada ciudad de Mendoza en el Valle de Nueva Rioja. Fue sobre la margen izquierda del canal Guaymaré. Así dicen las crónicas de los que conquistaron esas tierras que se abren debajo de las montañas nevadas de la cordillera de los Andes.

 

La carta de presentación fue la construcción de un fuerte.

Armas para quedarse con todo aquello de valor que encontraran en esos lugares de belleza plena.

Hacerse fuertes para apropiarse de lo que deseaban.

Sin leyes, sin mayores respetos por los otros.

Armas para hacerse fuertes, un fuerte para hacerse dueños. Armas y fuertes para subordinar a todo lo demás.

Documento de identidad conocido por estos arrabales del mundo.

Repartieron la tierra que no era de ellos entre las autoridades y los principales vecinos que fueron elegidos por ellos. Levantaron el cabildo, la iglesia matriz y algunos otros edificios más.

Y a cada uno de los señores poderosos les entregaron como pertenencia doscientos huarpes, doscientos naturales de esa tierra apropiada por medio de las armas, el fuerte y miedo multiplicado, por la ley no respetada.

Les aplicaron la mita, el turno, por la cual un tercio de los varones nacidos en el seno de aquellos pueblos libres, entre los catorce y cincuenta años, debían entregarse a la voracidad de aquellos señores poderosos que no respetaban leyes ni valores, aunque los exigían de acuerdo a sus caprichos en esos lugares del señor, como ellos siempre acostumbraban llamar.

Los explotadores cobraban sus servicios en oro, plata, vacas, caballos, yeguas o mercaderías.

Los huarpes empezaron a desaparecer del paisaje del que formaban parte.

Las armas, los fuertes, la ley para los otros, eran las columnas del sistema.

A los huarpes les quedó entonces la sobrevivencia y muchos historiadores mendocinos sostienen que más allá de algunas grandes batallas, la pelea consistía en burlarse de los grandes señores robándoles, cuando podían, algunos caballos o un poco de vino.

Los grandes señores, entonces, recurrían al viejo documento de origen: armas, fuertes y el peso de la ley que ellos no cumplían se aplicaba de manera veloz y edificante. Los perseguían y los mataban.

Y hasta el bello milcallac, la lengua parida por esta nación de alfareros y guerreros que supieron ayudar a la muchedumbre que siguió a San Martín, fue eliminado con el paso de las armas, la ley no cumplida y el saqueo permanente.

En una zona vecina en donde comenzó esta historia, en el Valle de Uco, se vienen repitiendo los robos de caballos.

Frente a esta situación, los dueños de las tropillas decidieron hacer justicia a la manera de los primeros conquistadores que asolaron las tierras de los huarpes.

Hace pocos días se escuchó lo siguiente: "Los que nos roban los caballos son cinco o seis, todos los conocemos y la policía y los jueces también saben quiénes son porque más de una vez los han detenido y las leyes vigentes los han obligado a dejarlos libres. Lo que propongo es que los presentes pongamos dinero y contratemos a alguien para que mate a uno de ellos. Los restantes van a entender el mensaje y el robo de caballos se va a frenar porque va a ser un escarmiento para los ladrones", dijeron con tono ejemplificador, pragmático y amenazante.

Armarse y matar. Imponer su orden, despreciar la ley para todos.

Los pocos por encima de los demás.

El viejo código inicial que se impuso sobre las vidas y proyectos de los huarpes.

En tanto, desde el Ministerio de Justicia afirmaron que tenían el dato sobre estas reuniones. “Pero cuando lo confirmamos por varios informantes mandamos una comisión especial de cuatro de nuestros hombres para que investiguen el robo de caballos y esta posible asociación ilícita para matar a un ladrón", confió Omar Pérez Botti, a cargo de la Dirección de Inteligencia Criminal de la provincia.

Los hombres del rifle mendocinos preparan su pedagogía.

La nada original idea del desprecio por la vida y la justicia.

Los fantasmas huarpes están inquietos.


Fuente de datos: Diario Los Andes - Mendoza 03-05-05