Por Silvana Melo
    (APe).- Entraron al aula “pateando las puertas”. Así relata El Diario de Paraná cómo se quebró, como un cristal tras la pedrada, la serenidad de una clase en la escuelita rural de Colonia Nueva, en el departamento Paraná. Entraron como patrones de esa tierra donde se aprende, como propietarios de lo que hay que saber. Y de lo que no. Porque unos días después Daniel Verzeñassi iba a hablarle al piberío, en esa misma aula, sobre lo que ellos respiran, sufren y soportan todos los días: el veneno que les propina el modelo productivo que los quiere expulsar de su pedacito de campo, de su escuelita, de su mínimo paraíso permitido, porque les incomoda la rentabilidad.

Entraron al aula “pateando las puertas” los productores vecinos de la escuelita de Colonia Nueva. A los gritos entraron amenazando a la seño y ante los pibes paralizados que no comprenden la violencia que brota de la nada, como un volcán que despierta de pronto y vomita su fuego. Impune. Ni el número de la escuela ni el nombre de la docente se dicen. Nada. Porque siembran el terror. Si Verzeñassi “pisa la escuela acá se va a armar”, dijeron hablando alto, con palabras que rebotaban en las paredes. Y la gurisada se hizo chiquita, con los hombritos pegados al cuello, casi invisible. Y la maestra suspendió la charla.

El médico y miembro del Foro Ecologista les iba hablar de fumigaciones con agroquímicos, la base del modelo de agronegocios y transgénesis. El nudo de conflicto entre la justicia, el poder político y el poder económico que se disputan la distancia de la pulverización para que no afecte a los seres vivos en Entre Ríos.

Se está debatiendo sobre la vida. Y ellos entran pateando las puertas.

Edición: 3963

 

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