Una bala narco para Andrés
Publicado: Miércoles, 26 Febrero 2020 17:31
Una bala narco para Andrés

Por Silvana Melo(APe).- Roba autos, los corta, vende paco como caramelos, decían todos. El vecino de Andrés tenía un oficio conocido y compartido por un ramillete de secuaces. Y seguramente liberado en la zona por el brazo armado del estado. Andrés agoniza, con las piernitas paralizadas, en el hospital Ramón Carrillo de San Justo. Tiene apenas 13 años y la bala narco que le entró por la axila en la tardecita del 19 de febrero tiene una multiplicidad de responsables que apretaron gatillos. La impunidad que se pasea como patriarca minotauro por las calles del conurbano se calza y se saca uniforme, se sube a un auto de alta gama, construye y destruye una casa en horas, dispara, mata y no paga, aparece y desaparece cuando es necesario. Andrés construía una pared con su papá en la tardecita de un miércoles en Rafael Castillo. Le alcanzaba los ladrillos cuando se escucharon los tiros. Los sicarios apuntaron al vecino. Pero una bala escapó y tomó decisiones en consonancia con la desidia de las instituciones: salió de la riña narco y atrapó a un niño, a un pibe de trece, nacido y criándose en la inmensidad de La Matanza, en una tierra injusta y desigual, donde la infancia está condenada a la pobreza, al anzuelo del transa, a la policía que invita y el que no acepta que se la aguante, a la escuela que hace lo que puede y lo que no se encarga el puntero y la esquina y el faso y la noche baldía que se viene cuando se empieza a crecer. Pero Andrés cayó el 19 con una bala entre narcos que iba para el vecino que al otro día se fue y era como si no hubiera estado nunca en la casa de al lado. La vendió en minutos y en horas estaba ocupada por otros pero Andrés está luchando por su vida pequeña en el Hospital de San Justo. Mientras los caños de donde salieron las balas ya vuelan por otros destinos y los secuaces y los encubridores y los cómplices institucionales como si nada. Andrés perdió un pulmón, el bazo y no puede mover sus piernas. Esta tierra perdió esperanzas hace tiempo. Se derramaron como la sangre de tanta infancia. En esta tierra se anda caminando para recobrarlas. Como a las piernas de Andrés. Como a las alas del piberío anónimo que sobrevive a tanta vecindad atroz. Edición: 3947

Mon Laferte: la “Normita” de Viña
Publicado: Miércoles, 26 Febrero 2020 15:34
Mon Laferte: la “Normita” de Viña

(APe).- Nació en los días en que Augusto Pinochet enfrentaba las primeras movilizaciones en vivo en su contra. Norma Monserrat Bustamante Laferte tenía 6 años apenas cuando el dictador chileno caía. Ella nació y creció en el pueblo Gómez Carreño, sobre los cerros de Viña del Mar. Hija de padre albañil y de madre “dueña de casa” que salía a trabajar mientras ella era criada por su “abuelita” Norma Herrera Fabres. Que le cinceló los sueños y le repetía una y otra vez “mijita, usted tiene que ser famosa, es la única manera de que no pase hambre”. Su nombre fue vivado en el festival de Viña del Mar y le gritaban no estás sola. A ella, que saltaba en el escenario al grito en comunidad con su gente de que “el que no salta es un paco”. Reproducimos la crónica de Dai Alcaino para ANRed. Donde queda plasmada la historia de la inequidad de un país en donde la riqueza más obscena se nutre y se sostiene gracias a la pobreza más aplastante. En días en que las calles hierven de protestas y de lucha.Lo que sigue es su crónica: “Ciudad jardín”, nombre que le ha puesto la burguesía chilena a una comuna que intentan convertir en Miami, pero que choca con la realidad de sus habitantes. De las 164 tomas de tierra que existen la región de Valparaíso, 74 campamentos se encuentran en la comuna de Viña del Mar. En sus faldas se encuentra el campamento Manuel Bustos, el patio trasero de Viña, el más grande de Chile y que hasta 2018 no tenía ni agua potable ni alcantarillado. En estos cerros también subsiste el campamento Naciones Unidas donde la comunidad Inmigrante ha instalado sus precarias viviendas. Aquí conviven peruanos, venezolanos, colombianos, chilenos y haitianos; cerca de 130 familias que aún enfrentan amenazas de desalojo, incendios intencionales y otros debidos a la falta de suministros básicos. La comunidad se ubica en el cerro Miraflores de Viña del Mar y se emplaza como la continuación de otros dos campamentos: Villa Los Aromos y Villa El Dorado. La ciudad Jardín no tiene flores para todos; de las casi 40 mil familias que viven en campamentos a lo largo del país, el 25% se concentra en Viña del Mar. La ciudad bella del “Jet Set” pareciera ser sólo el postre de una diminuta porción de población que compra casas y departamentos de veraneo frente al Mar, mientras el bajo pueblo sobrevive en las quebradas y los altos cerros en el absoluto abandono. El gobierno comunal de Viña del Mar administrado por Virginia Regginato desde hace años no ha sido capaz de poner dentro de sus prioridades la gestión de soluciones reales para la ciudad con más campamentos del país. Sin embargo, sus prioridades han sido destinar millones de pesos en galas para ricos y famosos y en un festival que pareciera ser una verdadera vitrina del despilfarro y del lujo. El balneario se ha convertido en una bomba especulativa e inmobiliaria. Viña del Mar es el ejemplo más concreto de la abismante desigualdad social que hoy existe en Chile y del país imaginario en el que creen vivir las elites en desmedro de la mayoría de la población, que hoy exige el término de los privilegios de una clases parasitaria que se ha alimentado del apartheid social en el que viven miles de chilenos. Por esta razón hemos decidido homenajear a la niña Mon Lafert o la “Normita” como cariñosamente le dicen sus vecinos de la humilde población Gómez Carreño ubicada en los cerros de Viña, porque ella representa la realidad de muchos chilenos/as que han sido burlados y violentados por la elite y el empresariado nacional. Normita nos regaló un sentido y valiente espectáculo que nos llenó de lágrimas al recordarnos que siendo niña “ se cagó de hambre” y que tal como nos confesó en la Población Los Nogales de Santiago (donde se ubica el hogar de Víctor Jara): “Yo no pude ir a la universidad, solamente llegué hasta octavo básico porque no pude estudiar más. No porque yo no quisiera, había que trabajar. Por eso queremos un futuro mejor, por eso estamos en esta lucha, por eso me siento muy feliz. Porque siento que hay esperanza y eso no tiene que parar. Pongo a disposición mi voz para el pueblo”. Normita del pueblo, gracias por preservar nuestra cultura y hablar en nombre de los pobres de nuestro país. Nunca más solos Nunca más sin el pueblo. Foto de Gómez Carreño: Gabriela Soto FerradaNota publicada en ANRed Edición: 3946

La desesperación de Belgrano, la desesperación de millones
Publicado: Lunes, 24 Febrero 2020 14:03
La desesperación de Belgrano, la desesperación de millones

Por Carlos del Frade -En este momento que son las seis y media de la tarde se ha hecho salva en la batería de la Independencia y queda con la dotación competente de los tres cañones que se han colocado, las municiones y las guarniciones. He dispuesto para entusiasmar las tropas y a estos habitantes, que se formen todas aquellas y las hablé en los términos de la copia que acompaño. Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, la mandé hacer celeste y blanca conforme a los colores de la escarapela nacional -escribió Manuel Belgrano, el dirigente político más claro que tuvo aquel momento fundacional. Fue el cura Navarro el que bendijo la bandera: “Venced a los enemigos interiores y exteriores para que América fuera templo de la independencia, la unión y la libertad”, fue el juramento auspiciado por el sacerdote. Junto a él estuvo quien se constituiría en el otro referente popular de los primeros años de la revolución, Emeterio Celedonio Escalada y Palacios, nacido en Rincón de Soto, Logroño, provincia española de La Rioja, el 31 de agosto de 1762. Celedonio había estado desde 1780 en la Banda Oriental y en febrero de 1811 había participado del llamado Grito de Asencio, la proclama de liberación de los uruguayos, como comandante de Blandengues de Soriano. Incluso Escalada se insurreccionó contra el gobierno porteño y en abril de aquel año constituyó el primer cuartel general revolucionario en la “Capilla Nueva” de Mercedes. Celedonio, auténtico pionero de la revolución, como lo llama el investigador Nelson Caula, en su imprescindible “Artigas ñemoñaré”. Belgrano decide que Celedonio Escalada se convierta en comandante militar del Pago de los Arroyos. Lo interesante de estos detalles de la historia rosarina es la adhesión de los pobladores del viejo Pago de los Arroyos a las ideas de Belgrano, Navarro y Escalada. Son los primeros líderes que consiguen convencer a los habitantes de estos arrabales del mundo para que sigan un proyecto colectivo de transformación. “La repartición de las riquezas hace la riqueza real y verdadera de un país, de un estado entero, elevándolo al mayor grado de felicidad, mal podría haberla en nuestras provincias, cuando existiendo el contrabando y con él el infernal monopolio, se reducirán las riquezas a unas cuantas manos que arrancan el jugo de la patria y la reducen a la miseria”, era el pensamiento político económico de Belgrano de toda su vida. La misma idea que propuso a Mariano Moreno a la hora de sintetizar lo que después sería el Plan de Operaciones de agosto de 1810 y la que terminó condenándolo a la miseria y al olvido cuando la revolución fue reemplazada por las relaciones carnales entre la burguesía porteña y los intereses del imperio inglés. Libertad e igualdad para que después haya felicidad y seguridad, eran las consignas del artiguismo que se encarnaban en el cura Navarro y en Celedonio Escalada. Y un sujeto social: “los más infelices serán los privilegiados”. Aquella primera bandera que fue causal de amonestación para el primer triunvirato, en realidad, sintetizaba las otras banderas, independencia, lucha contra la riqueza y destino común con los otros pueblos de América del Sur. Esas banderas fueron abrazadas por el pueblo rosarino y decenas de ellos sangraron por hacerlas realidad. El proyecto colectivo inconcluso del pueblo rosarino está en aquellas banderas. El silencio sobre esas ideas políticas condena a las nuevas generaciones de rosarinos a ignorar el sentido colectivo que alguna vez conmovió esta tierra. Rosario seguía siendo un lugar poblado por rebeldes. Belgrano, Navarro y Escalada expresaron ese espíritu levantisco como lo había calificado el gobernador santafesino puesto a dedo por el virrey. Años más tarde, el Pago de los Arroyos sería incendiado, justamente, por la perdurable adhesión de sus pobladores a las ideas revolucionarias de Artigas. De esto tampoco dio cuenta la historia oficial. Hoy, 208 años después, la pasión del general revolucionario e intelectual extraordinario, sigue despertando en las urgencias actuales de las miles de personas desesperadas en la Argentina del presente. Aquella pasión de enarbolar, en la vida cotidiana, la bandera que no es un trapo ni una tela, la bandera de la noble igualdad. Cuando el 20 de junio se cumplan los dos siglos de la muerte en la pobreza, resultado de la condena política contra Belgrano, es imprescindible pensar en las banderas que no se izan ni son portadas por las manos de chicas y chicos en las escuelas. Pero esa que hoy es celeste y blanca, enarbolada por primera vez el 27 de febrero de 1812, merece ser pensada y sentida como signo de un tiempo que todavía no es.       Fuente: “Los caminos de Belgrano”, del autor de esta nota. Edición: 3945  

Gurisada en la Corte
Publicado: Jueves, 20 Febrero 2020 16:06
Gurisada en la Corte

Por Silvana Melo (APe).- Gran parte de los escaloncitos de esa inaccesible escalinata que es el estado para la infancia, han puesto trabadillas en los pies de los justos. Las niñas y los niños que sobreviven diseminados en el paraíso envenenado de la agroindustria parecen ser los enemigos de la producción y de quienes eligen alinearse con el poder económico. Y es toda una opción: el estado, en su amplitud que abarca la Justicia y el Poder Político, ha decidido pararse en la vereda del agronegocio y desamparar a la gurisada entrerriana víctima de esa voracidad. Ayer el foro ecologista de Paraná y AGMER depositó un recurso de queja sobre la mesa de entradas de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La cúspide de la escalinata. El estado en su poder pleno de admisión o supresión. De aval o revocatoria. La Corte Suprema debe asumir un veredicto después del paso por todas las oficinas del estado que fueron serpenteando hasta sentarse siempre en el sillón de los partícipes necesarios de la desgracia de la niñez. Dentro del expediente que hizo ruido sobre el mostrador de la Justicia están todos. La gurisada que respira mal, la que tiene la piel brotada, la que desarrolla neuropatías, la que sufre de leucemias y cánceres y desembarca en el Garrahan y a veces se muere en sus pueblos o vive como se puede en las vecindades de la transgénesis donde llueve veneno que entra por las manos, los pulmones, el agua y el alimento. Y también están las maestras que fueron y van al frente, las fumigadas y enfermadas, las que denunciaron, las que siguen en la resistencia aun con veneno en la sangre. La lucha del foro ecologista, de los docentes de AGMER, de la Coordinadora por una lucha sin agrotóxicos Basta es Basta ha vivido los altibajos de una disputa que siempre es desigual: los molinos de viento siguen despatarrando al Quijote cada vez que, flaco, debilucho y torrente, se les planta. Pero alguna vez habrá cómo trabarles las aspas. Cómo desactivar esa complicidad férrea entre los brazos político y judicial del estado y el poder económico más concentrado de estos tiempos. La queja que firma, entre otras, la abogada María Fernández Benetti, reclama la voz de la Corte. Porque en octubre de 2019 el Supremo Tribunal de Justicia de Entre Ríos falló a favor de las fumigaciones. Esa sentencia “es arbitraria y sin fundamentos porque omite el tratamiento y consideración de la abundante prueba científica aportada por las organizaciones; omite de manera grosera la evidencia presentada por el daño genético que registran nuestros niños y niñas rurales en investigaciones del Conicet; un asunto previamente avalado ya en cinco oportunidades por el Supremo Tribunal, con otra composición de jueces. Esto contradice un principio fundamental del derecho que es la cosa Juzgada”. (Basta es basta) Ese octubre, el Supremo Tribunal había ratificado el decreto del gobernador que permitía fumigar a metros de las escuelas y rechazado el amparo de las organizaciones. Con un detalle estremecedor: horas antes de resolver, el presidente del tribunal, Emilio Castrillon, se había reunido con los ruralistas. Los niños, mientras tanto, corrían en los recreos de los patios rurales, vecinos y cercados por la eternidad sojera. Respirando el veneno de un modelo de producción que los combate. Unos 500 millones de litros de agrotóxicos utiliza la agroindustria en los campos de todo el país. El arma letal de un modelo que concentra, contamina y no alimenta. No es sólo Entre Ríos. Es la tierra entera. Pero es la gurisada la que está plantada en el mostrador de la Corte. Para que se decida a escuchar. Y defina, de una buena vez, con quién camina la justicia. Con el poder económico o con la infancia a la que se le carga el peso del futuro. Edición: 3943  

Narqueras
Publicado: Lunes, 17 Febrero 2020 13:42
Narqueras

Por Carlos Del Frade (APe).- Muchos años antes que Rosario fuera noticia a nivel nacional por homicidios vinculados al narcotráfico, una maestra de escuelas primarias de la zona sudoeste advirtió que las chicas ya no querían ser botineras, si no, narqueras. Todavía no era el tiempo de la revolución de las hijas ni la extraordinaria irrupción del feminismo y muchas chicas, entonces, pensaban que no tenía sentido ser novias de futbolistas si no de narcos barriales. Era una señal que surgía de las entrañas más profundas de la sociedad. Un anuncio que hacía una maestra sensible y atenta a lo que dicen, hacen, sueñan y dejan de decir y hacer sus chicas y sus chicos. Ocurrió lo que generalmente sucede. Las autoridades no le prestaron atención. Era el inicio de un proceso histórico diferente que daba cuenta de esos mundos paralelos que existen en el supuestamente único y normal en el que habitamos. Los agujeros negros que inventó el desarrollo capitalista en la ciudad, desapareciendo los talleres textiles y metalúrgicos y amaneciendo los espacios adecuados para la democratización de dos arterias fundamentales de su corazón como el contrabando de armas y el narcotráfico, generaron los cambios en el imaginario colectivo de pibas y pibes. Narqueras, sí; botineras, no. Ahora, casi quince años después de esa lúcida advertencia de la maestra sensible del sudoeste rosarino, las crónicas policiales de la ex ciudad obrera ubicaron dos femicidios en el norte de la geografía, allí donde antes florecían las grandes empresas textiles, los galpones y hasta pequeñas industrias químicas. Dos pibas vinculadas a las bandas que se disputan la comercialización de drogas en esa zona de la ciudad, fueron asesinadas con la diferencia de pocas horas. Dos chicas que necesitaban soñar, desear y vivir, mucho más allá de las imposiciones de las minorías que terminan modificando hasta el paisaje de las grandes ciudades que alguna vez fueron obreras e industriales en la Argentina del siglo veinte. Daiana Paiva tenía solamente veintiséis años y Agustina Thomson tenía solamente veinte años.Mucha vida por delante. Mucha alegría por multiplicar. No las dejaron. Para el fiscal de Homicidios Dolosos, Adrián Spelta, los dos asesinatos ocurridos en la noche del lunes 10 de febrero de 2020 en la zona norte están vinculados. Según los medios de comunicación, esos femicidios tienen el contexto de los grupos que pelean en la zona norte por la supremacía en el negocio narco. Por un lado el que históricamente lideró el joven condenado por el atentado contra el entonces gobernador Antonio Bonfatti, Emanuel Sandoval, alias Ema Pimpi, asesinado en 2019; y el de Olga “Tata” Medina, procesada por narcotráfico. Daiana Paiva, fue atacada por dos personas en moto. Al momento de la agresión estaba acompañada por un joven, quien terminó detenido. -Es confusa la relación. Sería un amigo, según familiares. Sería una persona que hace mucho tiempo estaba con ella, pero él nos dijo que hace meses vive en Rosario. La investigación está en curso. Hoy puedo decir que estaban juntos cuando aparecen dos personas con armas y empiezan a disparar. Tengo la convicción de que esta persona conocía a los agresores. No habría posibilidad de que no reciba un solo disparo – dijo Spelta. En el acaso de Agustina hay pocos testigos. -Estaba en la puerta con el celular. Recibió tres impactos en el pecho – apuntó el funcionario.Daiana y Agustina, como tantas pibas en la Argentina crepuscular del tercer milenio, necesitan vivir de acuerdo a sus sueños como también requieren de maestras atentas que adviertan los ríos profundos de la historia de un pueblo que son alterados por los negocios mafiosos de unos pocos. Daiana y Agustina eran mucho más que narqueras, eran chicas que necesitaban ser felices y pelear por hacer realidad sus sueños. La impunidad de los negocios del capitalismo las convirtió en nombres que rápidamente serán olvidados en las crónicas policiales. Mural: Natalia de la Fuente - Chile Edición: 3941

La democracia de techo bajo
Publicado: Viernes, 21 Febrero 2020 13:19
La democracia de techo bajo

Por Alfredo Grande(APe).- Hace mucho tiempo, décadas, se acuñó el concepto de “techo de cristal” para dar cuenta del límite que tenían las mujeres en la escala laboral. En el caso de estas democracias, se parece más una situación de identidad autopercibida que una materialidad política, económica y social. Una democracia de techo bajo es un concepto que intenta dar cuenta de la contradicción insalvable entre democracia y constitución. Aunque parezca imposible, y quizá justamente por eso, las democracias en la actualidad de Latinoamérica tienen como plan desvirtuar el espíritu de la constitución. La letra de nuestra constitución deja mucho que desear y deja mucho que detestar. Ya lo hemos escrito. Obviamente, en vano. Pero el tema es que las democracias representativas, partidocráticas, de pactos perversos que se autoperciben “frentes”, de aquellos que se odian y maldicen y se autoperciben “juntos”, empeoran lo bueno y mejoran lo malo del texto constitucional. No gobernar ni deliberar sino a través de los representantes, es malo. Pero que no haya plebiscitos vinculantes ni revocación de mandatos, lo empeora. Por eso el pago de la estafa externa y tomar estafa externa, lo deciden burócratas. Que nunca ajustan sus ingresos, hasta que truene el escarmiento y les ajusten la soga al cuello. El artículo 14 bis es bueno, pero la solidaridad por mandato obliga a los jubilados pobres a darles una limosna a los jubilados más pobres. Versión nacional y popular de “pobres contra pobres”. Ahora la bella palabra “solidaridad” está prostituida y se convierte en un patético reparto de la miseria y de la penuria. Despedir trabajadores por “macristas” es una forma sutil de aceptar tomar trabajadores por “peronistas”. El príncipe que se autopercibe “funcionario” no tiene un fundamento racional, que tiene que ver con el perfil del proyecto productivo. En un reduccionismo caníbal, hace una afirmación racista. “Macristas”. Desde esa perspectiva, no habría mayor macrista que Macri, y por lo tanto más que el abrazo del actual presidente, hubiera tenido que trompearlo. Veremos cuánta impunidad se está negociando en esta democracia de techo bajo. Una afirmación de Laura Taffetani permite pensar: “En ese sentido, no fueron un detalle algunas cuestiones que no se pudieron zanjar en aquel momento pero creo que lo más complejo, en cuanto a que era lo que le iba a dar eficacia, fue decir el “Estado en la medida de lo posible” -que no era la redacción original-, y finalmente lo que termina saliendo es que todos estos derechos están todos muy bien, pero el Estado se hará cargo si puede, no si debe". IDEP Salud-ATE Argentina. Decir si el Estado puede, es exactamente igual que decir que todo dependerá del capricho del Príncipe. Por lo tanto el Estado no está obligado a garantizar derechos civiles, económicos y políticos, sino tan solo “si puede”. Lo intentará, en el mejor de los casos. Pero si hay bonistas, fondo monetario, acreedores en sus madrigueras, entonces no puede. Pero sí puede, obviamente porque quiere, pagar sin auditar, pagar sin preguntar, pagar sin averiguar, pagar sin cualificar el carácter “odioso” de lo que paga. Al establecer como mantra incuestionable “crecer para pagar”, estamos condenados al éxito del modelo consumista (que es el consumo por mandato) la híper productividad de lo inútil y lo perjudicial, el endeudamiento interno. Crecer por crecer sin discutir qué tipo de crecimiento, es una falacia apta para jugar al básquet, pero que nada tiene que ver con el “buen vivir”. Claro que las clases parásitas, usurarias, principescas, no tienen el mismo techo para el buen vivir que las clases trabajadoras, de empresas autogestionadas, de la tierra, de las pequeñas industrias. El “buen vivir” está atravesado por la lucha de clases. Por eso el hecho maldito del país burgués es que hay clases sociales y políticas incompatibles. El consenso y el acuerdo social es la identidad autopercibida que encubre lo estructural de víctimas y victimarios. La tragedia es que los victimarios cada vez más atacan mejor y las víctimas cada vez se defienden peor. O ni siquiera se defienden. Durante tantas generaciones han dormido con el enemigo que ahora no pueden despertarse. Y el techo bajo de estas democracias lo viven como si habitaran en un rascacielos. Para los que nos acostumbramos a arrastrarnos, el caminar de pie es un privilegio. La cultura represora tiene como otra herramienta de dominación establecer la doctrina del “techo bajo”. El tercer tiempo asesino acotado a la influencia de la familia, la educación, las discotecas. El techo bajo no permite interpelar el modo de producción de cultura que estas democracias del lucro generan construyendo un alucinatorio político social. Es una catástrofe que las clases humildes, trabajadoras, dignas, generosas, hayan sido contagiadas por los burguesesvirus de las clases explotadoras. Sólo queda esperar, como escribió Ignacio Silone en su novela Fontamara, que “después de tanto dolor, tanta tristeza, tanta muerte, algo hayamos aprendido”. Yo aprendí que nada bueno y mucho malo se puede esperar de estas democracias de techo bajo. Edición: 3944  

Ofertas de mercado
Publicado: Miércoles, 19 Febrero 2020 14:46
Ofertas de mercado

Por Claudia Rafael (APe).- Cientos de chicas y chicos integran los registros. Asoman publicitados como ofertas en un mundo regido por el mercado. Con palabras que cautivan o conmueven. Sociables, amantes del cine o deseosos de ir por primera vez, amigueros, cariñosos, con dificultades para el aprendizaje en algunos casos o muy buenos alumnos, en otros; en tándem amplio de hermanas y hermanos o solos, “observante de los hábitos de higiene”, “es una adolescente sana” o padece alguna enfermedad congénita; “le gusta participar en actividades religiosas” o bien “es afectuoso, alegre y activo que expresa su deseo de vivir en familia”. Nunca cuentan, las ofertas, de esas rebeldías que estallan por una historia familiar e institucional que los vejó, los castigó e intentó doblegarlos. Los diarios publican avisos pagos en nombre de la justicia que arrancan con un repetido “BÚSQUEDA DE FAMILIA” y concluyen con un “Si DIFUNDÍS esta convocatoria aumenta la posibilidad de encuentro afectivo”. Así, con mayúscula en ambos casos. Chicas y chicos con historia propia. Con un recorrido vital que queda sellado como un tatuaje en el alma. En las venas. Pero que es publicitado como ajeno a las leyes que la biografía, la biología y sus contextos les fueron escribiendo en su adn. La “Búsqueda de familia” ofrece pocos bebés y cientos de adolescentes a los que se muestra ajenos a sus árboles genealógicos, a sus padecimientos, a sus afectos. Sin esa aureola de pasado que nos marca a los seres humanos para bien y para mal. Esa aureola que aparecerá en la nueva familia como un elemento ajeno a los condimentos ofrecidos en los avisos. Como una falla no anunciada –ni siquiera en la letra chica de los contratos- en esa mirada mercantilizada de la vida. Que lleva sistemáticamente a la devolución de los chicos y chicas adoptados con más de 8 años en un 50 por ciento de los casos. Niñas, niños y adolescentes a los que simplemente se les dice: “¿te gustaría vivir en una familia?” omitiendo el doloroso y punzante detalle de un proceso complicadísimo que, en el caso de que una familia los adoptara, podría terminar en la devolución. Los criterios de uniformidad en las descripciones y categorizaciones atraviesan 14 provincias que aparecen en el área “Buscamos familias” del ítem “Adopción” dentro del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. O que, en el caso de la provincia de Buenos Aires se desgrana a lo largo de 183 avisos dentro de la “Convocatoria Pública de Postulantes” de la página de la Suprema Corte de Justicia. Suelen estar detallados el día de sus cumpleaños, las iniciales del nombre y la pertenencia o no a un grupo de hermanos. En ocasiones simplemente delinean que “es impulsivo, logrando controlar sus emociones con acompañamiento”. Cambian, a veces, los marcos teóricos de una u otra gestión. Se modifica el lugar en el que se coloca el acento: en las infinitas familias deseosas de cubrir un hueco producto de historias de infertilidad o dolorosas tragedias o bien, en niñas, niños y adolescentes que “merecen ser adoptados”. Hay quienes, entre los varios centenares de adoptables, tienen 14, 16 ó 17 años. En alguna de las cientos de historias hay chicas adolescentes que ya son madres de niñas o niños de 2, 3 ó 4 años. A todos ellos se les venden mundos de fantasía que tarde o temprano se desharán en espejitos de cartón. Hay –según una extensa nota publicada en La Nación hace algunos días- unos 3800 legajos de personas inscriptas en la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (Dnrua). “El 88,73% están dispuestas a adoptar a niños de hasta un año y el 90% de hasta dos. La contracara es que solo el 6,07% aceptaría a chicos o chicas de hasta 10 años y apenas el 0,26% de hasta 13. Por otro lado, el 46,60% están anotados para solo un niño o niña: únicamente el 3,47% aceptarían hasta tres hermanos y el 0,18% (siete postulantes) a cuatro o más. Con respecto a las condiciones de salud de los niños, niñas y adolescentes, el 82,74% no aceptaría que tuviesen alguna discapacidad o enfermedad”, se lee en el informe. La primera ley de adopción en Argentina data de los tiempos iniciáticos del peronismo. Como la consecuencia casi inevitable de aquel terremoto que en el verano de 1944 dejó 7000 muertos y 12.000 heridos en San Juan. Y selló, como efecto colateral pero a la vez demarcador de la historia argentina, el amor de Perón y Evita. Aquella mujer ganada por las rebeldías a fuerza de opresiones familiares y sociales que intentaría romper con la vieja estructura de las damas de beneficencia con el deseo de que el país de una buena vez y para siempre los únicos privilegiados fueran los niños. Lejos están esos sueños aún de ser una realidad tangible. Una ley de adopción nacida por la excepcionalidad de una catástrofe. Pero que se fue transformando en política de Estado para cientos de niñas y niños y no ya una medida de excepción. Celeste tiene 15 años ya. Tiene una niña de 2 que nació de ese fugaz amor eterno con Kevin, tan solo como ella a los 16. Celeste deambula desde siempre de un sitio a otro. Desde que nació su niña está alojada en una institución para madres adolescentes. De la que volverá a escapar como en tantas otras ocasiones en una búsqueda vana de afectos. Que la llevarán a tropezar como tantas veces con los mismos dolores. Con los mismos abandonos. Con las mismas devoluciones de una, dos, tres familias por ser parte de ese outlet que los que buscan una joven perfecta, sociable, divertida, que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar, no van a encontrar. Porque las cicatrices están. No cierran. No suturan. Son esas cicatrices por las que asomará, con una obcecación férrea, la soledad y la rabia. Los restos vacíos de un rompecabezas desguazado que, hace rato, dejó de ser. Edición: 3942

Pago fácil
Publicado: Viernes, 14 Febrero 2020 13:02
Pago fácil

Por Alfredo Grande (APe).- Es necesario siempre hacer el diagnóstico diferencial entre crisis y catástrofe. La crisis es una pérdida de la autonomía. Por ejemplo en estos momentos estoy sin internet por lo tanto deberé buscar un sistema auxiliar que suplante la caída del wifi. Cuando lo logre, las cosas volverán a ser como antes y se logrará un nuevo equilibro en el sistema. Si en cambio colapsa la computadora, se destruye el disco duro, es una catástrofe. Habrá que formatear, pero ya nada volverá a ser como antes. De las crisis uno puede salir fortalecido. De allí el mantra de la cultura represora de que crisis siempre implica peligro y oportunidad. Ocultando que cada vez son más los peligros y menos las oportunidades. De las catástrofes se puede volver, pero solamente si podemos tolerar que las “obscuras golondrinas ya no volverán”. Para el radicalismo “Cambiemos” ha sido una catástrofe y no queda mucho más que la marca. El producto original se ha desintegrado. El hambre, que por motivos estacionales podría ser una crisis, es una catástrofe. Aunque vuelva a comer, nunca recuperará el daño por no haber comido. No es lo mismo tener hambre que ser hambre. No es lo mismo pensar al hambre como un problema que como una solución.El asesinato de los niños wichi es una forma cruel de conquistar nuevamente el desierto. O sea: avanzar en las fronteras de los agronegocios. “En esta época siempre se mueren niños”. Lástima que no se mueran las funcionarias que dicen eso. Qué bueno sería que hubiera épocas donde los funcionarios que han hecho del delito la razón de su vida, empezaran a morirse afectados por un virus clasista y revolucionario. La clase política contribuye a su propia degradación al denunciar la devastación sufrida, pero omitiendo que en los 4 años del “cambiemos para empeorar”, fueron copartícipes necesarios, cómplices o espectadores pasivos. Nunca impidieron que al joven lo asesinaran a patadas. Prefirieron sostener mandatos constitucionales aunque llevaban a la muerte, que profundizar y darle fundamento vital a la democracia. Lograron asesinar la democracia infectándola con el virus del constitucionalismo arrasador. A veces una golondrina hace verano. Sostener a rajatabla la duración del mandato. Sostener a rajatabla que el pueblo no gobierna ni delibera. Ni siquiera a través de sus representantes. Sostener a rajatabla que si le va bien al gobierno, les va bien a todos. Versión atenuada pero no mucho de que “si le va a bien a Hitler, le va a bien a la humanidad”. El antimacrismo imbécil sigue omitiendo el análisis de cómo llegó Cambiemos a gobernar. Casi diría reinar. Sin entender eso, hasta podemos sostener el alucinatorio político de que ahora el Fondo cambió. O sea: otra vez la letanía de Cambiemos. La Kristalina (un cristal K) es la nueva garantía de que nos dejen pagar cuando crezcamos. Lo importante es discutir qué tipo de crecimiento es posible y qué tipo de crecimiento es necesario. Hay formas de crecimiento que nos llevarán a la ruina por arrasamiento de recursos. Naturales y culturales. Podemos crecer, pagar y seguir transitando la catástrofe. Lo que ha logrado cambiar Cambiemos es hacer retroceder el horizonte de lo posible. El mayo francés acuñó “sean realistas, pidan lo imposible”. La restauración conservadora del Pro fue tan exitosa, que hoy estamos discutiendo el tema de los peajes. Otro de los siniestros aspectos del “menemismo mínimo vital y móvil”. El escándalo es la cara visible de la hipocresía. Podemos escandalizarnos por cada arrebato, cada fraude, cada estafa. Pero todavía falta una comprensión de la totalidad de la catástrofe. Pretender la sostenibilidad de la deuda, negando todo intento de auditarla. Desde el 2000 sabemos que la deuda externa es el robo del siglo. Sin embargo, el gobierno actual está desperdiciando la oportunidad de sepultar uno de los tantos mecanismos de la dependencia. Una golondrina más. La ley de entidades financieras que no la aprobó Cambiemos, sino que la impuso Martínez de Hoz. Podemos denunciar la fuga de capitales, en realidad un turismo de capitales, porque fugarse es otra cosa. Pero la ley sigue ahí. Y el negocio financiero sigue siendo de una rentabilidad pornográfica. La necesaria discusión sobre si hay presos políticos, o si hay políticos presos, incluso si hay funcionarios detenidos, no debe omitir que en realidad la cárcel a cielo abierto que es la Argentina para millones de personas, tiene presos económicos. El mercado es también el mercado cautivo de consumidores estafados y saqueados todos los días. La segunda unida vale la mitad porque la primera vale el doble. La mayor inflación es de alimentos, no de palos de golf. Por eso se piensa en un pago fácil con un crecimiento monstruoso. Porque el tema no es crecer en cantidad, sino en calidad de crecimiento. O sea: madurar. Crecer para poder cambiar el teléfono celular todos los años, mientras la deforestación, la frontera sojera, la megaminería, siguen reinando, es la crónica de un suicidio anunciado. Por eso el tema de deuda/estafa es transversal a todos los partidos políticos. Pero no de la misma manera. Los dos votos contrarios de los diputados del Frente de Izquierda hacen la diferencia. Pequeña, pero hacen. Los autoconvocados por el no pago, con una movilización creciente, son la única garantía de poner freno a este delirio de pagar lo que está inventado para no ser pagado. Si la crisis es peligro y oportunidad, la catástrofe también puede serlo. Habrá que educarnos en afrontar los peligros y habrá que entrenarnos en inventar oportunidades. Ninguna solución vendrá de funcionarios, burócratas y frentistas de más de lo mismo. Y los que apostaron al cambio destructivo, ya están maquinando estrategias de resurrección. Varios ya tendrían que estar presos y condenados. Son un peligro para la humanidad. Los autoconvocados impedirán el pago, y mucho más, que sea un pago fácil. Imagen: Matta - Acontecimiento Edición: 3940  

El olor de la memoria
Publicado: Jueves, 13 Febrero 2020 18:08
El olor de la memoria

Por Claudia Rafael(APe).- Aturden los medios con su cantinela imparable en esa carrera feroz por la multiplicación de videos. En la soledad de la habitación, lejos de la adrenalina de la sangre que vende, ella huele una remera, quizás un pantalón. Probablemente se aferre a esa ropa en un abrazo demasiado flaco, que no tiene devolución. Un abrazo que duele. Pero no como esos abrazos que duelen porque estrujan, porque son de ida y vuelta, porque entrelazan cuerpos cálidos o sudados. Su abrazo duele porque es el abrazo de la soledad. Porque es el abrazo vacío. Graciela Sosa, la mamá de Fernando, contó que esta semana le entregaron la valija de su hijo. “Yo la había cargado con tanto amor, que me devuelvan a mi hijo en un cajón y me traen el bolso. No es fácil sacar cada ropa porque había ropa sin lavarse. Lo olía, la ponía para oler y me tiraba arriba. ¿Por qué le hicieron esto a mi hijo?”. Quizás nunca lave esas prendas en un intento denodado y vano por retener a su niño. Es el olor de los amores. Ese olor intenso al que uno se aferra para retener, para recordar (que no es una palabra simple. Que implica volver a pasar por el corazón).Ese olor al que apelan los exiliados, los sobrevivientes, los migrantes. Los que viven a pesar de que los crueles hayan arrebatado la vida. Los que cantan, como resignificó Víctor Heredia acerca de su hermana María Cristina, que “a veces siento risas y un perfume en el aire como de mandarinas”. No se trata sólo de un aroma el que Fernando dejó en esas ropas. Es su esencia. Es el sudor de su piel. Es la huella de su paso por la vida. Es el olor de ese cuerpo joven, vibrante, amado. Es la prueba concreta, más allá de la infinita colección de anécdotas, instantes, recuerdos, palabras dichas o no dichas, tequieros repetidos hasta el hartazgo, desgarros, mates compartidos, fotografías, rebeldías, besos, risas, llantos acompañados. El olor llegó encerrado en una valija. Entró nuevamente a la casa su olor. Sólo el olor. Sin él. Guardado en esa misma valija que había partido sin ser más que una simple valija casi un mes atrás. Y ahora, esa simple valija llena de ropa limpia y usada desparramó el olor de su niño por toda la casa. Sin pedir permiso y para quedarse. Edición: 3939

Exterminio por goteo
Publicado: Martes, 11 Febrero 2020 18:25
Exterminio por goteo

Por Sibila Camps (APe).- Hace exactamente 36 años murieron por desnutrición dos niños wichí en la comunidad La Puntana, en el Chaco salteño (cerca de Santa Victoria Este y del límite tripartito), y debieron evacuar a varios más, como también a personas adultas, por la misma causa. Nadie aseveraría que eran las primeras muertes por desnutrición, pero hacía apenas dos meses que habíamos recuperado la democracia y fueron las primeras en ese período. Salta estaba gobernada por el peronista Roberto Romero, los fondos nacionales iban hacia las provincias radicales, y el secretario de Salud Pública de Salta –entonces no era Ministerio–, el doctor Enrique Tanoni, tuvo en cuenta aquello de que "el que no llora, no mama", y salió a batir el parche con la intención de conseguir ayuda económica. Me mandaron a cubrirlo, con amplia libertad; justo había estado en esa zona seis meses antes. Total libertad de circulación y apoyo logístico me brindó Tanoni, un gran sanitarista –había sido discípulo de Oñativia y consultor de la OPS, entre muchas otras cosas– de quien me hice amiga y aprendí muchísimo. Hice también otras notas sobre la problemática sociosanitaria de la provincia; una de ellas en el pequeño hospital de Colonia Santa Rosa, a unos 45 km al sur de Orán. Cuando terminé la recorrida tuve que salir a llorar: ninguno de las y los pacientes tenía por qué estar allí. Siguen intactos mis recuerdos de ese hospital y de otras notas que hice en ese viaje, que cambió por completo mi escala de valores. Volví varias veces al Chaco salteño. Cada vez más pelado por la rapiña de maderas nobles y para el cultivo de soja (la aplicación de la Ley de Bosques, te la debo). Por esa razón cada vez más desertificado y por lo tanto, cada vez más vulnerable a inundaciones. Los territorios de las comunidades, cada vez más recortados, más parecidos a isletas, cada vez con menos fauna. Lo único intacto es el racismo. Continuaron muriendo niñas y niños indígenas. Por desnutrición o por deshidratación: ninguna comunidad tiene ni recibe agua potable; y eso no lo resuelve la medicina indígena, ni la alopática, ni la homeopática: sólo la comida y el agua seguras y en cantidad suficiente. En lo que va del año ya murieron 8 niñas y niños por desnutrición, 6 de ellos de la etnia wichí; parece que el goteo se va acelerando. Fotografía: Grete Stern, Chaco Salteño, 1964 Edición: 3937    

Por Alberto Morlachetti y Miguel Angel Semán

(APe).- Caridad y represión. En el siglo XVI Europa se vio asolada por el hambre y las epidemias. Miles de campesinos marchaban hacia las ciudades en busca de alimentos,

porque sólo éstas poseían un sistema organizado de almacenamiento de provisiones.

Ante el avance de los andrajosos, las autoridades urbanas adoptaron medidas destinadas a dominar la situación y bajo el manto de la caridad pública comenzaron a funcionar los aparatos represivos.

En el año 1527 se dicta en Venecia una ordenanza o “primera ley de los pobres“ cuya finalidad esencial era el aislamiento de los menesterosos en hospicios provisionales, prohibiéndose su estacionamiento en las calles y en las plazas, so pena de azotes, prisión o expulsión de la ciudad. Un año más tarde prohiben el acceso a los mendicantes forasteros, a los propios se los obliga a trabajar en la marina por la mitad del salario normal y se recomienda a las comisiones parroquiales que pongan a las mujeres y a los niños a servir.

En 1534 frente al temor de nuevas epidemias y revueltas de pordioseros, fue creada en Lyon la "Limosna general", institución con facultades jurídico-policiales, encargada de distribuir las limosnas, controlar el orden y, fundamentalmente, combatir la mendicidad, la haraganería y el ocio, para lo cual contaba con seis servidores denominados “atrapa vagabundos“ y una torre enclavada en la muralla de la ciudad que cumplía la función de prisión de mendicantes. Los trabajos forzosos eran el medio educativo y punitivo aplicado en forma permanente a los pobres, a quienes se obligaba a trabajar encadenados por ninguna paga. Cuando en el año 1536 se introduce en la ciudad la manufactura de la seda, los niños e incluseros educados por la Limosna eran colocados en el sector. Lo significativo es que los mismos burgueses, promotores del trabajo forzoso como sistema de ayuda social, fueran los rectores de la Limosna General y, a la vez, los introductores de las nuevas ramas de producción en Lyon.

A fines del siglo en Norwich, Inglaterra, se organiza un sistema asistencial bajo formas represivas que tendrá consecuencias duraderas y prefigurará rasgos de una futura explotación capitalista. En 1570 se llevó a cabo un censo de pobres a fin de determinar quiénes eran aptos para el trabajo, incluyéndose entre ellos a niños entre siete y nueve años. Se creó entonces una casa de trabajos correccionales, con un régimen carcelario, administrada por el propio alcalde. Se trabajaba en ella desde el amanecer hasta el crepúsculo y quien no lo hacía no recibía comida. Para el empleo de las mujeres y los niños se designaban celadoras pagadas por la ciudad, que tenían la facultad de aplicar azotes a los tutelados. Todo este sistema era sufragado por un impuesto a favor de los pobres. Al cabo de un año de costearlo los ciudadanos de Norwich sacaron cuentas y observaron que el trabajo obligatorio de los ociosos había procurado a la ciudad un ahorro de 2.812 libras, un chelín y cuatro peniques. Aunque la evaluación de la miseria en términos de inversión de dinero resultara importante, la verdadera garantía de funcionamiento del sistema era la represión violenta, basada en la legislación regia contra la haraganería y aplicada por las autoridades ciudadanas mediante dispositivos locales de control.


La domesticación de la miseria


Han pasado casi quinientos años y el mundo cuasi virtual no sabe aún qué hacer con los hambrientos de la Plaza de San Marcos ni con los habitantes de la Villa 31. Nadie sabe cómo reducir a cenizas los cadáveres insepultos de la historia. Se le teme tanto a los ociosos del siglo XVI, con sus pestes y tumultos, como a los deportados del neoliberalismo. Los indígenas de Chiapas, el Movimiento de los Sin Tierra del Brasil, los ocupantes de asentamientos en el Gran Buenos Aires son las expresiones de resistencias organizadas ante las políticas de exterminio y domesticación de la miseria.

Los programas asistenciales de hoy, como ayer, proponen, la traza de una geografía domesticada del hambre, una organización represiva de la pobreza para impedir que irrumpa abruptamente con sus pústulas en medio de la bruñida sociedad que ha sustituido la realidad por su imagen. Para ello, desde los organismos de beneficencia se somete a los pobres a un asedio administrativo, humillante y perpetuo. Se les imponen juramentos y declaraciones que acrediten sus indigencias y enfermedades.

El sufrimiento infinito de los pueblos requiere de la firma de un funcionario público para hacerse verdad en los dominios de la burocracia y lograr apenas la excención de un sellado, un poco de leche o apenas un remedio que demore la muerte.

Subsiste, en este afán de hacer confesar al pobre su “maldita“ indigencia, un sedimento de añeja desconfianza, pero su finalidad última es la de obtener una clasificación de los menesterosos en propios y extraños, sanos o enfermos, inofensivos o peligrosos. Primitivo control de las disconformidades, censo de las tristezas, tomografía de lo marginal que permite evaluar a los gobernantes el gasto mínimo necesario, no para evitar muertes por carencia de alimentos, sino el estallido y la revuelta, el tumulto callejero que pueda alterar la calibrada injusticia del mercado y el orden público resguardado por custodias estatales o privados.

Mientras tanto, el hambre, tempestuoso como el mar, se niega a obedecer las disciplinas que pretenden someterlo al turno de los comedores escolares. Se enfurece y rompe los calendarios de la espera, corre por las calles y revuelve la basura, se lleva a la boca los mendrugos ajenos y los mastica “con sentimiento de ladrón“.


I


En el amanecer del siglo XXI la represión no precisa disfrazarse de caridad para salir a las calles vestida con sus mejores galas. La epidemia que traen consigo los desposeídos de nuestro tiempo no es la peste negra venida a Europa en el año mil, por la ruta de la seda y de la mano del progreso ni el mal de los ardientes, capaz de devorar a un hombre en una sola noche. Tiene otro rostro, tal vez menos espantoso, pero igualmente inquietante, y afecta el nervio más sensible de las sociedades contemporáneas. Es el mal de los derrotados, la pandemia que padecen los excluidos del sistema. Miles de enfermos portan el virus de la peligrosidad y el fracaso, constituyen en sí mismos, por el simple encadenamiento causal de sus existencias, un evidente riesgo social.

La queja de esa labil “opinión pública“, traída y llevada de la piedad al miedo y del miedo al odio, sensible a las variaciones bursátiles de los mercados remotos e indiferente a los horrores limítrofes, entonces deviene el reclamo, el encierro de los peligrosos y la segregación de los indeseables. Pero lo cierto es que nuestras sociedades ya han recluido y discriminado hasta el hartazgo y, luego de dos siglos de haber sido depositarios de la peligrosidad humana, las cárceles, los institutos de menores y los manicomios parecen haberse desfondado irremediablemente.

Ante la imposibilidad física de aplicar la prisión indefinida, las sociedades “evolucionadas“ se han cerrado sobre sí mismas, provocando en su repliegue la automática expulsión de los indeseables. Las cárceles están abarrotadas, pero la forma más novedosa y sutil de la prisión es esta condena a permanecer a la intemperie del mundo, del otro lado del espejo, en un calabozo de castigo cuyas paredes lindan con la nada. Tal vez el “remedio-sanción“ ideal para nuestros tiempos sea una vacuna cuya aplicación extirpe de raíz toda reminiscencia de dignidad humana, un anticuerpo que libre a los menesterosos de la tortura de la esperanza, los vuelva estériles e indiferentes a la belleza y los convenza para siempre, a ellos y a los hijos de sus hijos, que sólo han sido dotados para engendrar tristeza y parir desolación.


II


Como decía un personaje de Haroldo Conti: el mundo es grande, pero no tanto. Por eso los del lado de afuera, tarde o temprano, aparecen donde no deben. Entonces suenan las alarmas, las sirenas caen como una red sobre la noche y el Orden se defiende a sí mismo, a los tiros o “a duras penas“. Algunos se encuentran con la desmesurada injusticia de la muerte y otros reciben su cuota en un reparto de condenas que no persigue la punición modulada de ningún culpable sino “la inmunidad de los amenazados“, la protección absoluta “de los otros“, con independencia de toda noción de culpa.

Como medidas “preventivas“ se montan espectaculares operativos de rastrillaje, se inventan inverosímiles figuras como el “predelito“, la tolerancia cero, la mano dura. Es decir: se criminalizan las sospechas y se hace del prejuicio una tipificación penal. Luego se elaboran estadísticas -viejo vicio de los represores- que miden la superficie de la ciudad en metros cuadrados de peligrosidad humana y evalúan la eficiencia policial en horas-hombre de detención sin motivo. Estas cruzadas en la oscuridad son definidas por los funcionarios de la seguridad como procedimientos de rutina y, a decir verdad, conforman una rutina de la violencia que pretende recluir la exclusión dentro de cuarteles determinados, llámense Fuerte Apache, Villa Tranquila o Carlos Gardel, detrás de cuyos límites el homicidio, la violación y el robo no resultan alarmantes, en tanto y en cuanto la miseria y la monstruosidad igualan a los victimarios y a sus víctimas. De alguna manera, las calles, el barro, la droga y el miedo prolongan bajo el cielo abierto el esquema cerrado de las prisiones, adonde el mal debe ser confinado, como en los antiguos Hospitales Generales, dentro de su propia promiscuidad de mendigos, delincuentes, locos, desocupados y huérfanos.

Cuando alguno de los confinados rompe el cerco y mata, roba, secuestra o daña, el gran ojo mediático acude en busca de su presa y enfoca el fenómeno como producto de un encadenamiento de genéticas irreparables. La era digital nos permite ser tranquilos espectadores de estos retazos de realidad porque la pantalla del televisor no hiede como la piel de los humillados. El cerco de 24 pulgadas, como el espejo que guarda los horrores ajenos, conjura las presencias y desactualiza el mal, aunque los hechos estén ocurriendo en ese mismo instante a pocas cuadras de nuestra casa. Contemporáneamente, fuera de los noticieros y en el horario de las telenovelas, los mismos medios se encargan de difundir una versión “light“ de la marginalidad en esos indefinibles programas donde pobres disfrazados de pobres y maquillados de sí mismos representan el papel de héroes o víctimas de sus propios dramas. Así, la televisión logra una vez más sustituir la realidad por su imagen, y lo humano -despojado de su dimensión trágica- aparece exhibido como un simple muestrario de obscenidades. La miseria es visitada como la reserva natural del fracaso en el mundo del éxito excluyente.


III


Así como en la antigüedad, la espectacularidad y desmesura del castigo eran una manifestación del poder absoluto y arbitrario del Príncipe, y la aplicación de la pena buscaba restablecer el pacto jurídico-político que el delincuente con su conducta había dañado, nuestras condenas apuntan a quienes han quedado al margen de una sociedad sólo ensamblada por las leyes y conveniencias del mercado. Se castiga a los marginales, la “no pertenencia“, el desarraigo y el olvido a los que la misma exclusión económica los ha conducido, porque su presencia y sus actos atentan contra el nuevo pacto político de nuestro tiempo. La arbitrariedad de las penas actuales es el reflejo del cruel funcionamiento de un mercado que se alimenta, casi exclusivamente, de la despiadada eliminación del otro.

El neoliberalismo individualista castiga a los delincuentes que ha producido, a los que podría llegar a producir y a los que ya no lo serán jamás. Las víctimas predilectas del sistema penal son los heterogéneos y los vencidos del mundo, se persigue tanto a los “peligrosos“ como a los indefensos. Por eso encierra no sólo a los presuntos delincuentes, sino también a los ancianos y a los niños hambrientos. Cuando abandonamos a nuestros mayores detrás de las paredes de los geriátricos, dejamos con ellos no sólo el estorbo de unos cuerpos vencidos, sino también el sobrepeso de las memorias inútiles, la carga de las miradas que más secretamente nos conocen, las que nos vieron niños, enfermos, débiles o pobres y, al mismo tiempo, retiramos discretamente nuestras propias miradas del cruel espectáculo de sus agonías. Al encerrar a los niños con el pretexto de tutelarlos, lo hacemos porque no nos gusta que nos miren unos ojos ante los cuales siempre seremos culpables. El secuestro de la infancia en Institutos de Menores pretende abolir memorias aún no escritas, pero que presentimos terribles, historias que no deben andar sueltas porque pueden aparecerse mañana y cerrarnos el paso en cualquier esquina del futuro.


Epílogo sin fin


Un racismo bio-económico atraviesa la civilización posmoderna. Como en una imaginaria “Nave de los locos“, los pobres de la Era Digital han sido echados al mar de las ausencias y por allí navegan en busca de un puerto de aguas generosas, pero los vientos de la civilización los expulsan una y otra vez hacia sus patrias de origen: las islas de la desolación y el miedo. En el planeta de la economía global y el mercado sin límites sólo los capitales viajan sin restricción alguna, porque la tierra y el cielo, la dignidad y la brisa han sido vendidos y llevados muy lejos de aquí, a donde no puedan ser contaminados por el mal de la pobreza.

Pero nunca nada es demasiado afuera y nadie jamás ha conseguido ponerse a resguardo de la esperanza humana. Ya es hora de ir sabiendo, entonces, que los pasajeros ilegales, los hambrientos de siempre, los niños vagabundos y las mujeres perdidas, antiguos y eternos leprosos de la tierra, no son únicamente la muestra congelada de unas penas, son la imagen que algún día romperá el espejo y llegará al aquí. Entrarán en el mundo con sus nadas al hombro, los seguirá el aroma milenario de las lluvias y traerán el olor desenterrado de la tierra para enseñarnos de qué lado de la luz está la vida, en qué margen del exilio se ha refugiado el tiempo durante todos estos siglos de tristeza. Mientras tanto, como el viejo Mascaró en su lento carromato de desdichas, "nosotros los ustedes" seguiremos adelante, reclutando poco a poco la esperanza, contando pétalo por pétalo la fe recogida en los caminos.

 

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Galería fotográfica

 

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Hambre

 Son siete los niños wichí que no llegaron a vivir dos años y que se murieron de hambre y de sed en este enero. 


Natalia Melmann

A 19 años de su secuestro, violación y asesinato, la familia de Natalia Melmann sigue reclamando justicia.


Colombia

Enero de 2020 es, hasta el momento, el mes más violento en contra de líderes sociales, políticos y comunales en los últimos cinco años en Colombia.


Lago Escondido

Comenzó la 5º Marcha por la soberanía del lugar que cercó Joe Lewis.Reclaman la apertura de los caminos que conectan la Ruta Nacional Nº40 con el lago.


Luciano

Se cumplieron 11 años desde el secuestro, desaparición y homicidio de Luciano Arruga. El pibe que le dijo que no a la policía.


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