Por Claudia Rafael

(APe).- “El fuego pa´ calentar debe venir siempre desde abajo”, testimonia una de las hojas quemadas que sobrevivió –quién sabe cómo- al incendio que intentó acallar a la APDH La Matanza. La hoja, que muestra una protesta de trabajadores marchando con sus cascos y su lucha a cuestas, no desnuda, sin embargo, que hay otros fuegos destinados a destruir. La APDH La Matanza subsiste contra viento y marea por esa llama encallada en las convicciones de sus hacedores a pesar de la bolsa con 120 balas de FAL que les plantaron en julio de dos años atrás. A pesar de las amenazas de muerte a cada uno de sus militantes. A pesar de sus automóviles atacados. A pesar de las llamadas telefónicas y los embates de los crueles. De los que creen, convencidos, de que es posible seguir armando causas judiciales contra los desarrapados sin que nadie alce su voz. De los que piensan que el mundo es y será de los poderosos sin que desde las calles olvidadas nazcan y se sostengan voces indomables de rebeldía.

Esta vez el fuego fue más lejos. Sólo cenizas quedaron de aquello que alguna vez fueron libros, archivos, muebles, herramientas, documentación. Sólo cenizas en un espacio nacido para hacer frente a las injusticias de un mundo que no conoce de equidades.

Sea como fuere que nació el incendio no será el silencio lo que continúe la historia. Porque en esa barriada de arrabales con epicentro en Esnaola 3780 de San Justo, La Matanza, pegadito a las vías, con la basura que crece cerca y las paredes viejas que rodean de historia, la APDH no emerge como sinónimo de los silencios. Porque hay voces que siempre están por los Gabriel Blanco, por los Luciano Arruga, por las pibas y pibes rescatadas de la impiedad, por las madres abrazadas cuando la soledad amenaza temible. Y, porque en definitiva, la historia es circular. Porque cuando nadie se jugó por familias como la de Luciano, allá por el verano tórrido de 2009, la APDH La Matanza fue la mano hermana. Y diez años más tarde, la película “Quién mató a mi hermano” se proyectó esta semana para la reconstrucción del espacio derruido.

Hay un país que inventar. Un país que no existe. Un país que intenta modelar desde hace 34 años la APDH La Matanza y que los inviernos perversos se empeñan en estragar.

Tal vez, como escribía Roque Dalton hace más de cincuenta años, tenemos más muerte que ellos pero todos juntos tenemos más vida. Hay demasiado fuego serpenteando lucha para hacer frente a tanta llamarada de destrucción.

Por lo pronto, mañana a partir de las 9 harán falta muchas manos compañeras en Esnaola 3780, de La Matanza, para hacer frente a la reconstrucción.

Edición: 3980

Libros de APE