Por Alfredo Grande

(APe.-) En una comunicado de los profesionales del Hospital Posadas, leo que se convoca a una marcha por causas totalmente legítimas y necesarias. Sin embargo, un párrafo me alertó. Dice “sin banderas políticas”. Supongo que a pesar de tantas luchas, tantas tristezas, tantas amarguras, la confusión entre “lo político” y “lo partidario” se mantiene. Pero ese desliz del comunicado, puede encubrir una situación aún más grave. Porque garantiza otro éxito de la cultura represora. Despolitizar la política.
Si los agraviados, los martirizados, los humillados, no encuentran sus banderas políticas, la derecha avanzará aún más en su guerra cultural. Porque la bandera política de las derechas es justamente despolitizar las luchas de todas las formas de las izquierdas. (libertarias, socialistas, comunistas, anarquistas, trotskistas).

El denominado “macrismo” es una política inclusiva del sentido común, la banalización del conflicto social, la desaparición de la diferencia entre lo legal y lo delictivo, la supremacía de lo legal sobre lo legítimo, la hegemonía absoluta de las fuerzas de ocupación y exterminio sobre el cuidado policial de la población. Ha logrado sostener hasta ahora un Estado de Derecho sin derechos. Un Estado de Derecho en su abstracción más pura. Una idea impera en forma soberana sobre una cosa. No importa la cosa. Por ejemplo, el hambre. Importa la idea: “pobreza cero”.

Este nuevo Operativo Masacre de los sentidos, especialmente del sentido de las políticas de liberación, es la guerra cultural que las derechas sostienen hace siglos con las masas esclavizadas, explotadas, saqueadas, torturadas. Cuando escribí “Chocobarismo: gobernando por la Espalda” me refería a que el asesinato de Juan Carlos Kukoc, baleado por la espalda, era una política pública. Recibido por el presidente, se ratificó la doctrina de seguridad nacional, segunda parte.

Pero si algo saben las derechas, es que todo es política. Y como alguien dijera… “menos la química inorgánica”. Y tampoco eso es seguro. Por eso realizar una marcha sin banderas políticas es igual a una marcha de antorchas sin fuego. Ese fuego que Prometeo le robó a los Dioses (o sea a las Corporaciones) para entregarlo a los mortales. No lo apaguemos. Porque el tema principal, si bien es táctico, no es que Macri caiga. Sino que nosotros nos levantemos.

Seguir hablando de las elecciones/candidaturas, alianzas electorales para el 2019 es insistir en no desplegar las banderas políticas. Muerto (políticamente) Macri no se acabó la derecha. El denominado “macrismo” es un formidable experimento socio político para establecer qué capacidad de resistencia hay luego de las anestesias socialdemócratas, los planes sociales, la corrupción estatal y privada.

Si el teorema es: “el kirchnerismo es la máxima izquierda que la Argentina puede tolerar”, las derechas seguirán tranquilas. A lo sumo, como dijo la escritora Alicia Jurado, “si viene el comunismo me voy a la estancia”. El kirchnerismo, como antes el menemismo, como antes el peronismo, son experiencias exitosas de cómo se puede controlar y arrinconar a las izquierdas clasistas y combativas. Inoculadas con el antídoto social demócrata y social cristiano del tabú de la lucha de clases, los acuerdos capital y trabajo son factibles. Atrozmente injustos, pero factibles.

Algunos llaman a esto “pacto social”. O “gran acuerdo nacional” como nuestro Marcos “La Anónima” Peña dijo con su docta arrogancia e ignorancia. Pero la realidad cotidiana no se conforma con palabras. Claudia Rafael lo sintetiza en un texto que es aforismo implicado de pleno concepto: “Los inviernos suelen ser perversos ante los pájaros que se visten de primavera”.

El secuestro y tortura de la docente De Bonis es una prueba, al menos a mi criterio, de la crueldad y la cobardía de este gobierno con claras banderas políticas. “Todo el poder al FMI, al Estado de Israel y al Imperio Nor Americano”. Obviamente, su hipótesis de trabajo saqueador es que nosotros no tenemos, ni ejercemos ningún poder. Que nuestras banderas políticas las hemos arriado. Podría decir que el enemigo triunfa no cuando nos vence, sino cuando nos convence. Por ejemplo: de algo llamado cronograma electoral. Que tiene más que ver con un plan de vacunas contra la insurgencia y la vida combativa en las calles, que con un orgasmo de poder popular en los altares de las urnas de la democracia.

Argentina supo ser el granero del mundo. En los años de las buenas cosechas salvadoras ante el hambre de Europa. (Año 50 AM, o sea antes de Monsanto). Ahora los agrotóxicos han cambiado a los graneros en cosechas de muerte. Y fabricamos el pan de la tortura. La harina es el oro blanco. El pan no se multiplica más. Se fragmenta.

Un niño de 9 años, con una discapacidad, está jugando en la verdad con un arma de plástico. Un juguete. Es atacado y golpeado por policías que le dicen a la madre que están actuando protocolarmente. Al igual que los secuestradores y torturadores de la maestra, son profundamente cobardes.

Y la cobardía estructural es muy peligrosa. Son las manadas de violadores, secuestradores, torturadores y asesinos seriales. Que gozan de impunidad cultural y política y jurídica. Por eso, sin vergüenza de haber sido, pero con el dolor de ya no ser, pasamos de ser granero a tener al Granadero del Mundo. “Febo asoma; ya sus rayos iluminan el histórico convento; tras los muros, sordo ruido, oír se deja de corceles y de acero; son las huestes que prepara San Martín para luchar en San Lorenzo; el clarín estridente sonó y a la voz del gran jefe a la carga ordenó”.

Nuestro “Gran Jefe” no ordenó “a la carga contra el enemigo”. Fue a la carga contra nuestra bandera y nuestros granaderos sostenían la bandera española. El vencedor es convencido por el vencido. “Y nuestros granaderos, aliados de la gloria, inscriben en la historia su página mejor.”

Ahora inscriben su página peor. Los granaderos han devenido ganaderos y lo único que importa no es la soberanía sino el comercio exterior. Las commodities. Y el Granadero del Mundo, obviamente del mundo capitalista, rinde su pabellón. Y adopta la bandera del Imperio ante el cual nuestro Padre de la Patria combatiera. Con negros, gauchos, mulatos, pobres, campesinos. El Granadero del Mundo enarbola las banderas de la rendición incondicional. Sin embargo, hay muchos, y muchas, soldados heroicos que seguirán cubriéndose de gloria, ése será su precio a la victoria y rendirán su vida pero nunca se rendirán ante los enemigos de la humanidad. Y por eso nos seguiremos haciendo inmortales.

Edición: 3703

 

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