Por Alfredo Grande
     (APe).- Hace décadas atrás, quizá en otra encarnación, terminaba siempre mis charlas con este aforismo: “mientras Julio Jorge López no aparezca y Romina Tejerina siga presa, no me hablen de derechos humanos”. Por esas cosas de la vida, preferibles a esas cosas de la muerte, Página 12 publicó un texto mío: “Sus Ojos se Cerraron” donde hice referencia a que más allá de la segunda desaparición de Julio López, el mundo sigue andando. Y pensando en la tragedia de Romina Tejerina escribí: “La maculada concepción de Romina”. Texto del cual se hizo una versión teatralizada.

Como dijo Oscar Wilde, uno da buenos consejos cuando ya no puede dar malos ejemplos. Y mi consejo es intentar, al menos eso, que el hecho en sí no se agote en su propia circunstancia. En ese caso, apenas engrosa el anecdotario individual o grupal. Propongo el hecho para sí. O sea: que cada hecho, circunstancia, acaecer, noticia, sea tomada en su dimensión de analizador. O sea: aquello que permite penetrar el camuflaje de las noticias on line, o sea el nivel convencional encubridor, y poder encontrar el fundante represor de la cultura.

Un hilo conductor siempre invisible, une hechos y circunstancias de diferentes lugares y tiempos. Invisible porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Ni peor tonto que el que no quiere pensar. Un hilo conductor une la quema en la hoguera de mujeres ordenado por la Inquisición de la “Santa” Iglesia con los femicidios. No es lo mismo, pero es igual. No es lo mismo en el nivel convencional encubridor (la fachada, el simulacro, el carnaval) pero es igual en el nivel fundante (la represión política y sexual).

Leo en Cosecha Roja: “Imelda tiene 20 años. Su padrastro la abusó desde los 12. Ella quedó embarazada, pero no lo sabía. Parió una beba en un baño y se desmayó. No recordaba qué había pasado. Cuando la llevaron al hospital, la acusaron de haber querido abortar. Está presa hace un año y siete meses. La acusan de homicidio agravado en grado de tentativa. Podrían condenarla a 20 años de cárcel. El hilo conductor nos guía de Romina a Imelda. No creo que Imelda haya conocido sobre la tragedia de Romina.

La cultura represora tritura cuerpos y memorias. Eso lo enseñó Rodolfo Walsh, aunque lo dijo mejor de lo que yo lo escribo. La perversa cultura patriarcal, uno de los cimientos más sólidos de la cultura represora, solamente entiende del punitivismo al palo. De sembrar y cultivar culpa, para que cada sujeto legitime el castigo. No lapidarán a Imelda. Simplemente quieren enterrarla en una mazmorra que por pura coquetería, se hace llamar cárcel.

La no legalización del aborto tiene importantes efectos secundarios. El delito de abortar se amplifica a cualquier interrupción del embarazo. No importa las circunstancias concretas, ni la edad, ni la sustitución del deseo de ser madre por el mandato violatorio de un hombre. Ninguna mujer se embaraza para abortar. Y tampoco puede denominarse aborto a todo aquello que implique interrupción del embarazo. Algo aprendimos del dolor de Romina. Obviamente, la derecha elegante y la derecha fascista también.

El periodista y legislador Carlos del Frade escribe: “Vivía en una casita muy humilde del barrio “el Arenal”, en la zona del puerto de Reconquista junto a sus ocho hermanos y mamá. Hasta el día de hoy los integrantes del poder judicial hablan de un suicidio. Y si no hay crimen, no hay causa, sostienen con una lógica rayana al cinismo.

Pero muchas vecinas y muchos vecinos de Reconquista siguen preguntando el motivo por el cual una nena de once años decide quitarse la vida. (“Jessica y el Diablo” publicado en APE).

Pienso que en las situaciones límite (Romina, Imelda, Jessica) no hay decisiones. Apenas reflejos desesperados, como nadar estilo perro para llegar hasta alguna orilla salvadora. Pero el océano represor las devora.

En la Argentina, no en ese espejismo encubridor de la ciudad de Buenos Aires, que supuestamente estamos haciendo entre todos y no supuestamente están lucrando algunos pocos, seguimos en el feudalismo racista, xenófobo, abusador, maltratador y asesino. Y no pongo a la reina del plata como excepción. Apenas que, como buena reina, tiene el mejor de los maquillajes posibles.

Imelda presa y una ministra que sugiere la justicia por mano derecha propia, hace una apología del delito sin rendir cuentas a nadie. Y no es por una copa de más, sino por una dignidad de menos.

La mácula de toda mujer sigue siendo el embarazo no sacramental. Los declaro marido y mujer, dice el juez que representa al Estado. O sea: cuando se casa, empieza a ser mujer. No esposa. O marida. Mujer. Si es soltera pareciera que no es mujer. Y como siempre sigo, la derecha siempre tiene razón, aunque es una razón represora. No es una mujer como la cultura represora manda. Implantada en un vínculo conyugal que consagra la simbiosis y el sometimiento.

Romina, Imelda, Jessica son analizadores históricos de la vigencia actual de todas las formas de la cultura represora. No será fácil derrotarla. Pero menos fácil aun será no combatirla.

Edición: 3746

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