Por Carlos del Frade

(APe).- La guerra contra el narcotráfico, anunciada por Estados Unidos a principios de los años ochenta, era la continuidad de la dominación militar por otros medios. El impulso de las dictaduras, a partir de los años setenta, sirvió para disciplinar los pueblos del sur. Richard Nixon inventó la DEA para equiparar el peligro del terrorismo al del narcotráfico. Una vez aplastadas las democracias de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil, los bancos hicieron su negocio. Los cordones industriales de cada uno de los países que generaron integración, migraciones internas y el necesario sueño de la igualdad, fueron destrozados, creándose agujeros negros donde el capitalismo plantó dos de sus principales negocios, armas y drogas.

El discurso de la guerra contra el narcotráfico fue denostado, a principio de los años noventa por intelectuales de América latina y Europa y diez años después por las Naciones Unidas.

Sin embargo, Colombia, en 2002; México, en 2006; Brasil, en 2014 y la Argentina, en 2016, replicaron el discurso del imperio: emergencia nacional en seguridad, peligro colectivo del narcotráfico y necesidad de integrar fuerzas de seguridad regionales con las nacionales, incluidas el ejército.

El resultado fueron miles de desaparecidos, por un lado y, por otro, el crecimiento exponencial del negocio.

La identidad de los nuevos desaparecidos era, como en los tiempos de las dictaduras, muchachas y muchachos menores de treinta años y empobrecidos.

Es decir, control social y regulación del negocio por los pliegues corruptos del estado que posa de ser rival del crimen organizado.

La segunda mitad de 2017, reafirma la postal de control social sobre las mayorías de América del Sur y la invicta matriz del negocio narco.

Brasil es el mayor ejemplo de la vigencia del imperialismo y sus recetas a través del relato del combate contra el narcotráfico.

“En la madrugada del domingo 17 de septiembre, un grupo de entre 60 y 90 hombres invadió la Rocinha, la más poblada y famosa favela de Río de Janeiro. Era un intento de retomar el control del muy lucrativo tráfico de drogas de la comunidad implantada en plena zona sur de la ciudad, donde viven los ricos más ricos. Lo que pasó a continuación fue algo muy semejante a una guerra civil en miniatura. Durante seis días con sus seis noches, frente a fuerzas de seguridad absolutamente inertes – hay escenas de grupos armados de fusiles y ametralladoras poderosas desfilando delante de policiales mal armados, mal preparados, mal pagados y frecuentemente corruptos – la Rocinha vivió momentos de horror”, explica el periodista Eric Nepomuceno.

“La violencia urbana de multiplicó por toda la ciudad, y en las favelas el cuadro es de desesperanza. Líderes comunitarios repiten, en unísono, especialmente en las favelas más pobres, que la tendencia es empeorar. Los más destacados estudiosos del cuadro coinciden en el desánimo. Para el sociólogo Ignacio Cano, coordinador del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la universidad provincial de Río, a corto plazo todo lo que se puede esperar son intentos puntuales para parar los tiroteos. La socióloga Julita Lemgruber camina por la misma senda. Ella critica la opción de tratar la venta de drogas por la vía de la violencia, sin ninguna otra preocupación por cambiar la realidad de las comunidades. Cuando la tensión produce tiroteos vienen las Fuerzas Armadas, se quedan un ratito y se van. Y la gente de las favelas vuelve a su cotidiano de opresión y miedo. Si es así, ¿por qué tanto barullo por lo ocurrido en la Rocinha? La conclusión es una y una sola: porque está enclavada entre los ricos más ricos. Los que les tienen pavor a los pobres más pobres”, termina diciendo la crónica.

El “combate” al narcotráfico no es más que la coartada para profundizar el control social sobre la juventud de América del Sur y una forma estatal de colaborar con los delincuentes de guante blanco, los grandes empresarios que multiplican cada día más sus ganancias desde el centro de las grandes ciudades.

Fuente: “Ciudad blanca, crónica negra”, del autor de esta nota – “Vigilancia policial y militar en la Rocinha esta semana”, del periodista Eric Nepomuceno, diario “Página/12”, domingo 1 de octubre de 2017.

Edición: 3453

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