Por Carlos Del Frade

(APe).- La primera semana del juicio a Los Monos dejó como resultado un conjunto de palabras y conceptos que van desde “rentabilizar la violencia” al “desprecio por la vida”, pasando por “pactos políticos”, “chivos expiatorios” y cercanías con Colombia.
Pero hay cinco ausencias significativas que, para ser gráficos, pueden reducirse a tres palabras que empiezan con la letra D: dinero, dolor y discurso institucional. Y dos elementos más: la justicia federal rosarina y el miedo.

Porque la historia, la evolución de la banda de Los Monos es también parte de la historia política, social y económica de Rosario, Santa Fe y Argentina.

No hay discurso institucional que explique el origen y crecimiento de la organización. Algo aparece en la causa madre, la 913 del año 2012, pero está lejos de constituirse en un relato homogéneo que sea el asumido por autoridades políticas, legislativas, judiciales y empresariales.

Tampoco aparecieron las voces del dolor, consecuencia de aquel “desprecio por la vida” del que hablaron los fiscales en la audiencia inaugural del pasado martes 21 de noviembre de 2017.

¿Estarán las voces de las familias destrozadas en los últimos diez o quince años?.

Y el principal elemento que no surge con claridad es el dinero. El corazón del capitalismo, el porqué de la violencia y el narcotráfico.
Quizás esta última década y media en Rosario, Santa Fe y la Argentina merezca una crónica de las formas de acumulación de dinero. Un relato que marque y señale a los principales beneficiados. Hace falta una construcción paralela a lo que surge de las audiencias del juicio a Los Monos porque, si no, se corre el riesgo de no explicar ninguno de los elementos nombrados en esa primera semana del proceso.

El cuarto elemento, pesado, ajeno, olvidado, es el triste rol de la justicia federal rosarina.

El narcotráfico, hasta ahora, sigue siendo un delito federal pero la principal organización dedicada al narcotráfico no fue nunca llamada a declarar ante los tribunales federales de la ex ciudad obrera.

Con pocas menciones a los protagonistas del dolor, con escasas referencias a una explicación institucional, con casi ninguna alusión al circuito del dinero y el silencio absoluto de la justicia federal, la primera semana del juicio a Los Monos ratificó que se juzga a algo que va mucho más allá de los 25 acusados.

Se está juzgando, por ahora en ausencia, a las formas que adquirió el capitalismo en los últimos quince años en Rosario, Santa Fe y la Argentina.

Y queda flotando una pregunta atronadora que quizás alguna vez se responda, ¿de qué se ríen los principales integrantes de la banda que ya saben que los quieren condenar hasta con 41 años de cárcel?.

¿Se reirán por los palabras pronunciadas o tal vez por estas ausencias pesadas y significativas?.

O quizás se rían del miedo que todavía infunden en distintos sectores de esas mismas instituciones que no pudieron construir un relato que explique la historia de la última década y media.

El miedo es el quinto elemento presente, dentro y fuera del tribunal, palpable y concreto mientras se desarrollan las audiencias.
En la primera semana del juicio a Los Monos, el factor del miedo está robusto aunque no se lo mencione.

Las cinco ausencias durante estos primeros días de proceso judicial marcan la verdadera estatura de la banda. Una dimensión que no podrá explicarse en profundidad si solamente se la juzga por cinco de los asesinatos cometidos.

Lo pesado de Los Monos, en definitiva, es lo pesado de la evolución de la ciudad de Rosario, de la provincia de Santa Fe y la República Argentina en estos tiempos del tercer milenio.

Fuente: Entrevistas realizadas por el autor de esta nota a diversos actores institucionales de Rosario y la provincia de Santa Fe entre el 21 y el 26 de noviembre de 2017.

Edición: 3495 

 

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