Por Alfredo Grande

Dedicado a Andrea Viera, asesinada por la policía bonaerense en 22 de mayo 2002.

(APe).- El filósofo León Rozitchner pudo fertilizar el pensamiento de Sigmund Freud con la semilla revolucionaria de Carlos Marx. Su libro “Freud y los límites del individualismo burgués” que pude leer y estudiar junto a él, es una referencia necesaria. Me permito parafrasear el título. Toda escritura es un acto de pensamiento. Y no podemos pensar sin conceptos. Para hablar necesitamos palabras, pero para pensar…no son suficientes. El viento borra las palabras. O sea: las vacía de sentido. Aún la palabra escrita permite varias lecturas. Y las jerarquías determinarán qué lecturas son heréticas y cuáles son permitidas.

La precisión conceptual es necesaria para el pensamiento crítico. O sea: pensar no es un vale todo. Los cambalaches mentales sólo sirven para pelearse para siempre a pesar de estar de acuerdo. O abrazarse tiernamente con enemigos de alta peligrosidad. Dime con quién andas, no te diré quién eres, pero al menos me puedo hacer una idea. Lo que antes se buscaba en el petit Larousse ilustrado, ahora es rápidamente encontrado vía Google. Pero pensar pensamos nosotros, no el buscador digital.

He tratado en textos anteriores de mostrar que el concepto “democracia” ha sido vaciado de contenido. Que aun si la calificamos de “burguesa, restringida, precaria, de baja intensidad, con sabor a poco, demos gracias, recuperada, en terapia intermedia, en terapia intensiva, traicionada, degradada, bastardeada, caricaturizada”, el vaciamiento no tiene retorno. No es del pueblo, ni es para el pueblo, y mucho menos por el pueblo. Quizá sea cierto que el pueblo unido jamás será vencido. No lo será, pero lamentablemente ya lo es. A futuro, más temprano que tarde, quizá podamos decir siempre hasta la victoria.

Vencido es grave, pero lo peor es que el pueblo ha sido convencido. La pregunta del millón…de dólares. ¿De qué ha sido el pueblo convencido? De la polaridad democracia/dictadura. O sea: si el mal absoluto es el terrorismo de estado, la democracia deviene el bien absoluto. Absoluto: no es un concepto, es un dogma. Absoluto: no es un pensamiento, es un delirio. Absoluto: cualquier crítica es destituyente, anarquista, subversiva, intolerable. Por eso he propuesto dejar la palabra democracia para los nostálgicos de los tiempos mejores, cuando podíamos creer que “con la democracia se comía, de educaba, se curaba”.

Cambiemos de receta. Ahora la receta es “cambiemos”. Y algunos piensan, y no pocos, que es democrática. Insisten en apelmazar, o
sea, cambalachear, lo democrático con lo constitucional. Insisto, quizá en la soledad a la cual Ibsen, autor de “Un enemigo del pueblo” atribuyó profunda fortaleza, que no debemos decir “democracia” sino “dictadura de la burguesía”. O sea: la dictadura de los propietarios de todo. Energía, finanzas, puertos, casas, tierras, aguas, cielos, educación, salud, comida. Las propiedades privadas de la elite opresora. Casta de roedores y predadores. El origen de todo lo privado ha sido el saqueo de todo lo público. Todos y todas lo saben. Sin embargo, decimos “desempleado” al que no tiene empleo. Pero nadie dice “desterrado” a pesar que en el mejor de los casos, solo tiene la tierra de alguna maceta. O sea: no hay mayor impunidad que la ostenta la dictadura de la burguesía.

Sin embargo, el 2 x 1 perforó la plataforma de esa impunidad. Estamos congelados en el juicio y castigo a los culpables del terrorismo de estado. No a todos, obviamente. Los empresarios que enterraron obreros en las tumbas de los centros clandestinos, siguen siendo honestos accionistas de empresas a las cuales les interesa el país. Pueden ser encontrados en los coloquios anuales de Idea. El 2 x 1 hace vibrar a los militantes, a los luchadores viscerales, a los rebeldes que nunca bajaron ninguna bandera. Pero también vibran los integrantes de las partidocracias liberales, socialdemócratas, retroprogresistas. A la voluble clase media que teme perder el patrón de consumo obsceno que todavía mantiene.

Por eso hay un solo “nunca más”. Un solo “nunca más” verdadero. El del informe de la CONADEP. En décadas de dictadura de la burguesía, eso que algunos llaman democracia, hay material para varios tomos de “Nunca Más”. Hay uso sistemático de torturas, de desaparición forzada de personas, de causas armadas, de asesinatos impunes, de fuerzas de seguridad con el monopolio de la fuerza pública para vigilar, castigar y destrozar.

Espero con la fe del peregrino: más de 500.000 personas para repudiar los crímenes de lesa humanidad de la dictadura de la burguesía. Pero eso es el límite del terrorismo burgués. Ni el 2 x 1 al turco Julián, ni el abrazo de la madre y el general, movilizaron a las masas. Hoy la dictadura de la burguesía sabe que tiene un límite que no puede perforar: los crímenes de lesa humanidad del terrorismo de estado. Los otros crímenes, el hambre como paradigma, seguirán impunes. Por eso no quiero volver sino intentar ir a un lugar donde nunca estuve. Mis compañeros y compañeras, militantes de la educación, la vivienda, la salud, el medio ambiente, el trabajo, serán los que puedan enseñarme ese camino.

Edición: 3345

 

 

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