Por Bernardo Penoucos

(APe).- Cómo no entender tu oscuridad.
Niño de lodo, pies ajados de tierra seca y asfalto en fuego.
Cómo no entender la ausencia de tus ojos, tu no piedad, tu desamor redimido entre rejas que ya no se doblan ni se doblegan.
Como no escuchar tu voz de silencio, tu mascar la rabia, la digestión del dolor, los ojos rojos del abandono, el cuero roído, roto el corazón de no caricias, repleto de espantos y abusos y sombras que hacen nacer a los cuervos y a las penas de muerte.
Cómo no saberte desierto, expulsado, exiliado de la tierra que te parió y en el nacimiento te dio la muerte y te negó el abrazo.
Niño de lodo, pibe villero, guachin, cirujita de mi patria de verguenzas
Cómo no entender tu tanto asco, tu tanto espanto y tu tanta mierda acumulada.
Niño ocultado por los reyes democráticos, por los verbos aristócratas, por los dioses de cartón, por los eructadores de turno.
Niño preso, niño engomado, niño torturado.
No les creas nada, ni un carajo les creas. No te cuidan, te encierran, no te aman, te odian.
No te traen, te esconden.
No te abrazan, te ultrajan.
Niño ladrón, cazador de monedas,
trapito desclasado,
desangrado atardecer,
No les creas ni un carajo, no escuches las plegarias que pretenden sumirte en la hoguera publica.
Quieren desmembrarte la breve historia.
Odian tu pobreza, odian lo punzante de tu rabiosa mirada
No saben, no entienden
Temen, te temen, se temen entre ellos mismos
No saben, no entienden
Todo el amor que pediste
Todo el frio que te dieron
No les creas un carajo, pibe
No les creas guachín
Corré como nunca, esquiva la muerte por fin.
No saben, no saben nada
No saben, por ejemplo,
Lo que vos darías por un abrazo sincero en el medio del mundo.

Edición: 3803

Recién editado

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