Pedagogía del sufrimiento

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Por Cintia Medina (*)

(APe).- Aulas heladas, pies fríos, escuelas sin estufas, ventanas abiertas, el cuerpo instintivamente busca cómo subir la temperatura, pero no podés porque te acecha el virus. Es como un callejón sin salida, frío o Covid. No nos dejan más opciones.

El mate cocido caliente ya no existe, años atrás llegaba como una caricia a calentar el cuerpo, era ese momento de abrazo en la distancia, de sentirte acobijado. Tampoco hay un mínimo alimento para llenar la panza. Nada, porque hay que evitar el contacto.

Esa escuela, que antes te abrazaba, te contenía, hoy no existe. La escuela, literalmente es una heladera, el viento corre, la calefacción es nula.

Claro que necesitamos la presencialidad, claro que hay que volver a las aulas, pero no para sufrir. Hay que volver porque estudiar en condiciones dignas es un derecho que no puede aparecer sólo en los papeles.

¿Qué se puede aprender con el sufrimiento?

Es un daño físico sistemático en nombre de sostener la presencialidad.

Los que alguna vez sintieron frío saben que el cuerpo no puede pensar en otra cosa que no sea el malestar que genera la situación. La cabeza no puede concentrarse en incorporar ideas o conceptos.

Con el sufrimiento se aprende a obedecer sin quejarse, el que se queja es vago, no quiere trabajar o no le interesa estudiar. ¿Esa “Construcción Ciudadana” promovemos? ¿Cómo construimos un país con derechos? Parecen discusiones del siglo pasado.

¿Qué nos pasa? ¿Qué ante el sufrimiento, el daño físico sistemático no podemos reaccionar?

Planificación del dolor

Ayer pensaba que los dueños de tomar decisiones eran mediocres o bien trabajaban en la improvisación permanente.

Hoy me pregunto si lo hacen a propósito, para que los niños, niñas y adolescentes sufran, porque no me digan que aprenden. En estas condiciones no se aprende.

Los cuerpos mal nutridos de pibas y pibes del conurbano entran a las escuelas, desabrigados, con bucitos livianos, a mantener la “presencialidad cuidada”.

No nos cuidan, nos someten a sufrir.

Hay que escribir porque el silencio no es salud, en ningún momento histórico.

 

Cintia Medina es docente del partido de Moreno, en el conurbano bonaerense

Edición: 4341

 


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