Por Carlos Del Frade

(APe).- Norte profundo de la provincia de Santa Fe. Reconquista, cabecera del departamento General Obligado. Hace mucho tiempo que la igualdad está consagrada en la Constitución Nacional, en la provincial y, supuestamente, también garantizada en los tribunales federales y regionales. En el tercer milenio, sin embargo, el enfrentamiento entre empobrecidos, la gran perversión del capitalismo, está cada vez más vigente, a veces, de manera feroz. Los antiguos enfrentamientos entre pueblos originarios y blancos o criollos, aunque parezca mentira, todavía florecen en la vida cotidiana de los que sufren la falta de agua, luz, cloacas y están a varios kilómetros de la escuela y el hospital.

El domingo 23 de julio de 2017, alrededor de las cinco de la mañana, dos móviles, una jaula y otro automóvil de la policía de la provincia de Santa Fe irrumpieron en la geografía estragada del barrio San Francisco de Asís, allí en Reconquista.

Un móvil paró en el ingreso del villorio, “en el sector criollo, donde no hizo nada, pero ingresando a nuestra comunidad comenzaron a tirar tiros”, dice María del Carmen Vázquez, miembro de la comunidad mocoví que, con gran valentía, decidió denunciar el hecho ante el Ministerio Público de la Acusación.

Emanuel Vázquez, su sobrino, salió a mostrarles a los policías los rastros que fueron dejando los perdigones en su cuerpo, algunos de ellos, sostuvo, disparados por los “criollos”. Hubo discusiones y un policía “le pegó un culatazo en la cabeza, le abrió la cabeza y ahí mi hija lo abrazó y lo llevaba a Emanuel”. Hasta que la policía tiró y otro le disparó en la pierna izquierda. “Ahí los policías se asustan y disparan y si se van. Como el policía que vino estaba drogado, borracho, no sé cómo estaban… el policía que le pega el tiro a Emanuel era uno de los que había llegado en la jaula, era un policía alto, era blanco, tenía boina, ya era un hombre de edad, de unos cuarenta y ocho años, aproximadamente…”, cuenta María.

Cuando llamaron a la ambulancia, sintieron que el tiempo se hacía eterno. Les pidieron que lleven a Emanuel hasta la ruta pero los integrantes de la comunidad mocoví tenían miedo de atravesar el sector criollo. Hasta que la policía les dice que hacen entrar la ambulancia si no hacen nada contra el que hirió al muchacho. “Mi sobrino hacía dos horas que estaba tirado, perdía sangre, le tuvimos que atar la pierna. Esta vez vino el móvil y la jaula…los muchachos querían linchar al policía pero yo hablé con ellos, porque ellos me hacen caso y les dije que se calmen, que había que llevar a Emanuel, que se nos iba a morir. También estaban todas las mujeres, que también les querían pegar a la policía y yo les decía que no, que quién iba a llevar a Emanuel. Así la policía lo lleva a Emanuel en el móvil hasta el Hospital, la ambulancia se había ido. El fin de esta denuncia es cuestionar el accionar de la policía porque siempre hacen así”, sostuvo María del Carmen Vázquez, integrante de la comunidad mocoví del barrio San Francisco de Asís, en la ciudad de Reconquista.

La brutalidad policial aparece en primer lugar pero hay otras cosas en las palabras de María del Carmen. La lejanía del estado virtuoso, la distancia de la ambulancia, proporcional a la lejanía del hospital y la escuela. La falta de agua potable, cloacas, luz eléctrica, pavimento, colectivos y trabajo estable y en blanco forman parte de un saqueo que se soporta hace décadas.

Criollos y mocovíes, en un espacio que no tiene una superficie mayor a diez cuadras por otras diez, reviven una batalla de siglos, mientras comparten las consecuencias de una pobreza impuesta por delincuentes de guante blanco que los mira de lejos.

A pesar de tanta ferocidad, en ambos sectores del barrio, las mujeres y los pibes empiezan a organizarse gracias al fenomenal trabajo de agentes sociales que hacen muchísimo más que aquello que les dicen desde las oficinas gubernamentales.

En el norte profundo santafesino, en pleno siglo veintiuno, la construcción del empobrecimiento hace florecer, de manera cotidiana, la vieja pelea entre blancos y originarios.

Mientras algunos deberían sentir vergüenza, otros apuestan por la organización y la conciencia de una sociedad distinta.

Fuentes: entrevistas del autor en el barrio San Francisco de Asís de la ciudad de Reconquista, viernes 28 de julio de 2017.

Edición: 3406

 

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