Por Sandra Russo

(APE).- “El bajo peso al nacer, al igual que la mala nutrición durante los primeros años de vida, ha sido asociado con una masa de islotes pancreáticos (productores de insulina) más pequeña y de menor capacidad. Esto genera una situación de desventaja que, al encontrarse más tarde, en el comienzo de la adolescencia, con un aumento de peso causado por una alimentación excesiva o sedentarismo, hace que el páncreas no responda adecuadamente a la necesidad de producir insulina”, explica el doctor César Litvak, jefe de Diabetes del Hospital Italiano de Buenos Aires, para dar cuenta de una novedad científica reportada en la revista The New England Journal of Medicine.

Se trata de un estudio recientemente publicado en el que investigadores de la Universidad de Southampton, Inglaterra, constataron que la forma en la que los niños suben de peso entre los 2 años y los 11 es un factor de riesgo cardiovascular incluso más determinante que el sobrepeso, y que puede ser motivo de infartos en la vida adulta.

El médico David Barker, uno de los investigadores, indicó que “nuestro estudio muestra que es la tasa de aumento de peso, y no el grado de obesidad en un momento dado, el principal factor que predice futuros problemas. Aquellos chicos que tienen el mayor riesgo cardiovascular a futuro son invisibles: uno no los podría detectar en el colegio en forma inmediata, sino que necesita monitorear su peso corporal durante un largo período”.

Esto significa que los niños que más riesgos corren a futuro son aquellos que nacen con bajo peso, que luego de los dos años siguen pesando menos que lo que les correspondería por la edad, y que alrededor de los once años, en la prepubertad, presentan sobrepeso.

Esos datos que dibuja el perfil del niño con riesgo severo y que provienen de una universidad del primer mundo, encajan con dramática perfección con los niños de países periféricos como la Argentina, en los que el bajo peso al nacer es demasiado frecuente en los sectores populares, y las dietas a base de hidratos de carbono de las comidas baratas suele hacerlos tener sobrepeso en la pubertad. Los investigadores británicos advierten en el estudio sobre los riesgos de la comida chatarra, pero en estos otros contextos, los chicos alimentados a base de pastas o harinas no por hábitos sino por pobreza, no tienen posibilidad de regular sus dietas.

Finalmente, el estudio indica que “un desarrollo temprano lento y la subnutrición dentro del útero materno parecen programar un metabolismo ahorrativo que lleva a la resistencia a la insulina, que se vuelve inapropiada ante una nutrición adecuada o incluso excesiva”. Un dato más para concluir que la pobreza atenta contra el derecho a la vida.

Fuente de datos: Diario La Nación 29-10-05

 

 

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