Por Alberto Morlachetti

(APE).- Escribí aquí la palabra desocupado y salió en cursiva, como ajena, como ilota: y es académica, nuestra, castellanizada “de larga cepa griega”. La palabra ilota tiene vigencia en el país -o los países del alma- porque hay una infinidad de ilotas. De pobres -sin derechos políticos- muchos de ellos cuasi-esclavos, encadenados a esos planes del tamaño de unos centavos llamados plan jefes o jefas o algún electrodoméstico si es la época del sufragio.

 

Cuando pibe estudiaba historia -en el sur del Gran Buenos Aires- donde el conocimiento -si desbordaba el ámbito capitalino- solía llegar con ciertas quejas, y esta cuestión de los ilotas y los metecos me hacía desconfiar de la democracia griega. Qué clase de democracia era aquélla que había que quitar a los ilotas (esclavos) y metecos (cuasi esclavos) y agregar sólo a los ciudadanos que conocían el trabajo sólo de mentas y eran “fundamentalistas del aire acondicionado”.

El diario Clarín -el 11 de noviembre- informa que el 70 por ciento de la población ocupada gana menos de 809 pesos. Es decir están debajo de la línea de pobreza y millones de ellos sólo alcanzan los 150 pesos.

Sin brújula andan los pobres e indigentes por calles que son “sueños de piedra que reconocen otros pies”, aterrados y aterrando. Los pobres van a oler algún hipermercado -por unas horas- donde no se sueñan ilotas ni metecos. Qué democracia es la nuestra que deja el hambre en nuestras ganas y nos desangramos en la otra orilla contra el pan nuestro de cada día. O como dice el Indio Solari: No quiso besar mi vida.

La historia ha demostrado muchas veces que es una curva diabólica. Quizás estemos volviendo a la lejana o cercana Esparta donde 32 mil hombres libres eran servidos por 330 mil siervos.

En Grecia era considerado pobre quien poseía sólo dos esclavos. Podría citarse como ejemplo de verdadera sencillez a la mujer de Foción, que se hacía acompañar por una sola esclava.

Fuente de datos: Diario Clarín 11-11-05

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