Por Angel Fichera

(APe).- Todos quieren ser como Messi. Todos se ponen el diez en la espalda y salen a la calle como si salieran al Monumental para jugar una final del mundo. A nadie le cabe ser un cuatro, o como dice Chicho: “un ignoto tres en defensa”.

A las chicas les gustan los tipos altos, que van al frente, que se lanzan de palomita y cabecean y siempre andan gambeteando cerca del arco, esquivando adversarios y venciéndolos.
Nadie piensa que los de atrás son verdaderos guerreros, que sus pequeñas batallas no lucen, no quedarán en la historia del fútbol, aunque sean el muro del equipo, más duros que ladrillos.
Y eso porque todos quieren ser del Barcelona y listo. Estar arriba esperando el mejor centro. Embocarla justo y levantar la copa, besarla en sueños.
A mí me importa un pito.
No digo que haya que tirarse a menos, o jugarla de patadura cuando uno tiene una gambeta vistosa y le saca lustre a la redonda. Digo que todos somos Messi o ninguno. Que Messi hay uno solo. Y que los demás somos lo que somos y jugamos como podemos.
Pero mi abuelo dice que algún día los de abajo van a meter un gol olímpico, de arco a arco, un gol que cambiará para siempre el curso del partido. Por eso, en la canchita, yo sigo luciendo con orgullo mi tres en la espalda.

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