Por Claudia Rafael

(APe).- Famélica, insaciable, ávida. Mboi, la serpiente guaraní de la leyenda del origen, necesita como a la luz el sacrificio humano. Imperiosamente clama por más y más. Y la tribu de los Caigangues acudirá como siempre, una vez al año, a la entrega mansa e irresistible de otra mujer en una leyenda que persiste a través de los siglos. Puerto Mado, en las tierras de El Dorado misionero, aportará lo suyo a la inmolación. Y María Ramona calzaba a la perfección. No tuvo jamás ningún joven cacique como Tarobá, que la raptase para asirla a la vida y entregarle eternamente su amor. Era por lo tanto, como tantas niñas misioneras ofrendadas a la tragedia o la muerte.

 

Así nació hace cientos y cientos de años la maravilla de aguas multiplicadas y garganta poderosa en tierra misionera. Cuentan que el cacique Tarobá no aceptó que la serpiente Mboi (hija a su vez del dios Tupâ) engullese a su Naipí, una dulce muchacha guaraní. Mboi destiló entonces toda su rabia encorvando su cuerpo salvajemente por sobre las aguas , como una niña sin huesos ni durezas, hasta partir el río Iguazú en dos. Rayos de odio cayeron hechos agua sobre los amantes y Mboi decidió ir más allá. Naipí fue entonces transformada en roca para ser azotada a perpetuidad por los latigazos de agua. Y su amor, Tarobá, fue empujado a los abismos, convertido en palmera y obligado a postrarse con sus ramajes a la garganta del río. Mboi –vigilante y custodio eterno- avizora con sus ojos de fuego que los amantes no se rocen siquiera. Pero no logra vencer, en los días de sol y maravilla, los buenos oficios del arco iris por sobre las Cataratas del Iguazú.

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Mboi no ha muerto. Diseminó su semilla hasta estos días aciagos y crueles. Forjó cuidadosamente sus descendientes y les legó la orden inapelable de engullir, año tras año, la prenda vulnerada del sacrificio. Les heredó sus aguas, sus dones y sus tierras para acrecentar más y más sus arcas.

“El Estado provincial recibe apenas el 3,5 por ciento de la recaudación de las Cataratas del Iguazú. La mayor parte, el 70 por ciento de las ganancias, se queda la empresa privada Carlos E. Enriquez S.A. y otros U.T.E., vinculada al gobernador de Misiones, Maurice Closs”. Así definió Adrián Georgópulos, trabajador de Parques Nacionales, actualmente destinado al Área Cataratas del Parque Nacional Iguazú, miembro de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) en Misiones, en entrevista con la revista misionera Superficie. Del 30 por ciento restante, hay un 23 por ciento que va a las arcas de la Nación, para la administración de Parques Nacionales y un 7 por ciento para la provincia de Misiones. Ese 7 por ciento se divide en partes iguales entre el Municipio de Puerto Iguazú y la provincia.

Es así desde 1995, cuando María Julia Alsogaray, secretaria de Medio Ambiente de Carlos Saúl Menem, otorgó la concesión por treinta años.

Cada año entran un millón doscientos mil turistas, que significan 28 millones de pesos al año para la empresa que –se viene denunciando desde hace largo tiempo- pertenecería a familiares de Maurice Closs; 9 millones para la administración del resto de los Parques Nacionales; 2 millones para el municipio de Puerto Iguazú y otros dos, para la provincia gestionada por Maurice Closs.

Mboi multiplicó su semilla como maná que emergió de las aguas y reclama más y más ofrendas en brutal sacrificio.

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Las mujeres como María Ramona Ovando fueron puestas a la vida como prenda de inmolación ante los Mboi de la historia.

En su casilla de 16 metros cuadrados vivía sin luz ni agua, con una letrina por fuera, en Puerto Mado, el pueblo en el que criaba a sus 12 hijos y sus dos nietos. Allí transpiran sus horas –según el censo 2010- 351 habitantes. Pero María Ramona y los suyos no forman parte de la estadística. No tener documentos es no tener identidad. Es no existir para el Estado. Sólo para los Mboi.

Unicef Argentina midió que en el departamento de El Dorado, al que pertenece Mado, hay entre un 20,4 por ciento y un 30,4 por ciento de niños, niñas y adolescentes que viven en hogares con necesidades básicas insatisfechas.

La tasa oficial de mortalidad infantil en toda Misiones partió de un 17,1 por mil en 2006; un 14,6 por mil, en 2007; un 13,9, en 2008; un 13, en 2009 y un 13,2, en 2010. En El Dorado, sin embargo, la estadística reconocida trepa al 23 por mil en 2010.

Durante todo 2010, murieron en la provincia 432 niños que nunca pudieron atravesar la barrera férrea de los 14 años. A los pocos meses, al año, a los cinco o a los 13 son devorados cruentamente por los abismos de la oscuridad. Como Carolina, de niña de María Ovando.

Lejos, muy lejos de esas casillas, barriales y letrinas, Maurice Closs y su familia invierten millones de dólares en el negocio hotelero: el Hotel Continental de Posadas, el Amerian Portal de Iguazú Hotel.

Lejos, muy lejos de esas casillas, barriales y letrinas, la Carlos E. Enriquez S.A. recoje 28 millones de pesos al año.

Lejos, muy lejos de la maravilla más maravilla la infancia guadañada, el turismo sexual, la pobreza, el olvido se llevan a nuestras dulces Naipí lapidadas y fustigadas por las aguas hechas rayo que nacen de los ojos perversos de todos los Mboi de la humanidad.

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