Por Carlos del Frade

(APe).- Los departamentos Vera y General Obligado están en el norte profundo de la provincia de Santa Fe. Territorios que fueron de La Forestal y que, desde finales del siglo diecinueve, sufren distintas formas de saqueo, desde los quebrachos colorados que ya no están hasta las pibas que desaparecen como si fueran tragadas por un agujero negro.

El primero de julio se cumplió un año de la desaparición de Rosalía Jara. Fue en Fortín Olmos, ubicado en el departamento Vera, el más grande de la enorme geografía santafesina.

Las investigaciones policial y judicial no avanzaron demasiado.

Rosalía no aparece.

Piba pobre, pobre interés estatal.

Sin embargo, decenas y decenas de personas marcharon el domingo para exigir un poco de justicia en medio del devastado septentrión santafesino.

Contaron los medios de Fortín Olmos que personal de la Policía De Investigaciones y Trata de Personas se comunican con la familia de Rosalía para informarles de los supuestos avances de la causa.

Ahora esperan que se haga la pericia de geolocalización de los celulares, la que por falta de dinero hasta el momento no se la puede hacer.

“Hasta el momento el único imputado que tiene esta causa tampoco habló lo que tiene que hablar, sí manifestó en una de las audiencias que él es inocente y que es perseguido por la justicia, pero nosotros queremos saber qué es lo que habló con Rosalía durante los 14 o 15 llamados antes de su desaparición en 1ro de julio del año pasado”, enfatizaba Mónica Pérez.

-Nosotros pretendemos encontrarla viva o saber qué es lo que paso con ella. La madre está desesperada y quiere tener noticias de su hija. Ve a su nieta que extraña a su mamá y eso la pone muy mal y es una lucha constante. Queremos brindarle apoyo y contención diariamente y mientras tanto seguimos creyendo en la justicia- sostuvo la mujer.

Como si fuera una perversión del almanaque, a casi un año de la desaparición de Rosalía Jara, también en el norte profundo santafesino, en el departamento General Obligado, en la localidad de Malabrigo, otra chica, Ludmila Belén Romero, de solamente dieciséis años, desapareció al salir de la escuela.

"La última noticia que tenemos es que el sábado se la vio en la terminal de Reconquista y a las 16 horas en el hospital de esa ciudad la vio una señora de Malabrigo que logró reconocerla", contó Gladis Cainelli, la mamá de la chica.

-No tenía ningún problema, es más: no tenía contacto con nadie. Nosotros vivimos en el campo. A la escuela la llevamos y la buscábamos nosotros porque vivimos a cuatro kilómetros de la ciudad. Ella no salía a ninguna fiesta sola, solamente salíamos en familia a fiestas familiares…Las autoridades están trabajando en el caso y el fiscal nos da la certeza de que la vamos a encontrar, nos dicen que tenemos que tener paciencia pero nosotros queremos encontrarla hoy si es posible, ya va a ser ocho días que no sabemos nada de ella", agregaba Gladis a los medios de la región.

Mientras tanto, en la siempre extraña jerga policial y judicial, las actuaciones se tramitan bajo el título de “Ludmila Belén Romero s/fuga de hogar”.

“La menor es de contextura robusta, de 1,50 metros de altura aproximadamente, cabellos largos de color negro, tez trigueña. Vistiendo última vez que la vio, un pantalón de jean color azul, una campera de color gris con el logo de su escuela, y zapatillas de color negro”, dice la buocrática nota.

Rosalía, un año después, y Ludmila, hace pocos días, vuelve a mostrar la ferocidad que anida en ciertas partes de la geografía del estragado norte santafesino, donde las mayorías luchan por construir sus esperanzas mientras que minorías mafiosas siempre beneficiadas por ciertos proveedores de impunidad, son capaces de perpetuar otras formas de saqueo, ya no de recursos naturales, sino de niñas y adolescentes.

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