Por Carlos del Frade

(APe).- Hubo un tiempo donde la palabra soberanía remitía al orgullo de formar parte de una historia que conmovía. Una memoria que llegaba al presente y permitía estirar la esperanza de encontrar esa emoción en la vida cotidiana. La sucesión de golpes militares y la vigencia de ciertos mitos del siglo diecinueve, hicieron que muchas fechas y demasiados personajes de la galería argentina tuvieran relación con combates, batalles y hasta escaramuzas que sufrieron fenomenales efectos de la inflación nacionalista.

En esos días, no muy lejanos en los calendarios, el veinte de noviembre remitía a la soberanía por el combate de La Vuelta de Obligado, un lugar muy bello en el norte de la provincia de Buenos Aires, donde el Paraná dibuja terrazas naturales espléndidas.

Desde 1992, el billete de veinte pesos, el rojo, remite a aquella confrontación contra los imperios inglés y francés, nada menos. Fue derrota pero palpitaba el orgullo de una resistencia notable. Por eso fue el día de la soberanía.

Palabra rara en estos días de noviembre de 2018 donde el ministro de Economía sostiene que “nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el gobierno”. La administración de la que Nicolás Dujovne forma parte cambió los dibujos y los motivos de los billetes que circulan en la Argentina del tercer milenio.

Rosas y la imagen del combate de La Vuelta de Obligado fueron reemplazados por un guanaco. La palabra se usa más para bastardear a las personas que para nombrar al animal. Una especie de revancha de ciertos sectores que no quieren saber nada con el nacionalismo ni la soberanía y mucho menos con Rosas.

El guanaco por Rosas, Rosas convertido en un guanaco.

En la Argentina del fenomenal ajuste, sin embargo, poco importan las figuritas de los billetes.

Pero el feriado del veinte de noviembre se mantiene y sigue aludiendo a la soberanía.

Lo cierto es que el país le pertenece cada vez más a los extranjeros que a sus mayorías.

Pero si había un símbolo de soberanía familiar, humana, cercana y concreta eran las pibas y los pibes.

La soberanía solía expresarse con la gran consigna barrial: con las pibas y los pibes, no.
Gran consigna de resistencia, orgullo, vergüenza y soberanía.

La Unicef, también en estos días del ajuste inusual y la dependencia cada vez más brutal, difundió una cifra de espanto: cuatro de cada 10 adolescentes detenidos en el país vivió en la calle y sin familia.

Es la más lacerante de las noticias de la Argentina saqueada.

El informe se llama “Las Voces de las y los Adolescentes Privados de Libertad en Argentina”, un estudio sobre los chicos y las chicas detenidos en Centros Cerrados. La investigación de UNICEF y el Centro de Estudios de Población (CENEP) realizó encuestas al 40 por ciento de las y los adolescentes privados de la libertad. El último relevamiento nacional es de 2015 y dice que son 7200 los chicos que cumple algún tipo de medida penal: 1300 están en Centros Cerrados. La mayoría por delitos menores. Y el 3,8 por ciento tienen menos de 16 años: no deberían estar presos.

-Uno de los temas que más nos preocupan es el de los chicos y chicas privados de su libertad. Y las condiciones en las que están. En algunos casos pueden ser comparadas con la tortura. Hay que poner en duda que el encierro sea la mejor opción, y sus condiciones hacen que sea difícil para los adolescentes responder bien en este período de encierro - aseguró a la prensa Ana de Mendoza, representante Unicef Argentina.

Esa cifra marca el grado de desprotección del país, la inexistencia de la más íntima de las soberanías, el exilio de aquel viejo orgullo que se sentía al pensar en la Argentina las chicas y los chicos siempre serían protegidos porque eran, en realidad, las verdaderas soberanas, los verdaderos soberanos. Quizás por eso, en estos tiempos de ajustes que habrían volteado gobiernos, campean los guanacos en lugar de recuerdos heroicos.

Edición: 3755

 

 

 

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