Por Carlos del Frade

(APe).- -Está muy mal que trabajen los chicos y mucho menos tirando árboles abajo – dice Jonny, un nene de once años de la escuela número 265, “Almafuerte”, de la comuna de Casas, un pueblito que no llega a los mil habitantes en el departamento San Martín, en la provincia de Santa Fe y que, sin embargo, ha parido un proyecto de escuela ampliada basada en el estudio de “La Forestal”, la historia de la multinacional inglesa que arrasó con el quebracho colorado en el norte profundo santafesino y dejó un tendal de obreros muertos y miles de personas desocupadas después de ochenta años de ganancias millonarias en libras y dólares de las que no quedó nada ni en la provincia de Santa Fe ni en la Argentina.

-Estos son saumerios de taninos hechos del arándano – cuenta Valeria, una luminosa niña de diez años, mientras explica las bondades de la agroecología y exhibe una hoja que sintetiza la historia de la empresa y el costo todavía vigente en el territorio santafesino, a cien años de las primeras huelgas en aquel latifundio.

En la fiesta de la escuela, abierta a la comunidad de Pueblo Casas, como también llaman a la localidad que parece ser un punto perdido en el mar verde de la soja que tiene los dueños muy lejos del lugar, presentarán fragmentos de una cantata inolvidable escrita por el notable escritor rosarino Rafael Ielpi e interpretada, al regreso de la democracia, por el extraordinario actor Emilio Lenski, hoy habitante de otros parajes del cosmos.

Las maestras cuentan que, además, durante los últimos meses y en el proceso de la escuela ampliada, las chicas y los chicos sembraron árboles en distintos huecos de Casas, con la idea de cuidar el medio ambiente y especialmente esos seres increíbles que son los algarrobos, los jacarandaes y otras especies autóctonas.

-¿Cómo eran de grandes los quebrachos colorados? -pregunta Agustina, otra alumna de ocho años, al periodista que fue a presentarles su libro sobre la historia de La Forestal y abre grande los ojos inquietos y luminosos cuando el cronista refiere a recuerdos de troncos talados y acostados que medían mucho más que un hachero alto y robusto.

Las chicas y los chicos desde cuarto a séptimo grado de la escuela “Almafuerte” de Pueblo Casas muestran sus dibujos de aquellos árboles que ya no están en el norte saqueado de la provincia.

Y dicen y hasta juran que ellas y ellos cuidarán su pueblo, los árboles de su pueblo y los animales de su pueblo y también el aire y el agua de su pueblo.

Juramento y promesa de niñas y niños de nueve a doce años que preparan bombas de semillas para tirar en espacios verdes que observen en las geografías por conocer. Semillas de distintas especies para que el futuro siga alojando verdes, flores y pájaros.

Uno de los capítulos de la obra de teatro que representarán estas pibitas y estos pibitos de Pueblo Casas se llama “Los patrones del monte”, donde denuncian varios de los abusos que las autoridades de entonces les permitieron a los empresarios de La Forestal.

Y fue decisión de los protagonistas de esta escuela primaria, a partir de la historia del robo del quebracho colorado que soportó el norte profundo santafesino, inaugurar huertas comunitarias en el establecimiento fundado en 1898, año en el que La Forestal estaba en plena expansión.

-Nosotros sembramos y cosechamos lechuga y tomates y no queremos que vuelvan a destruir la naturaleza como hicieron los ingleses – dice Carolina, otra niña de doce años, mientras explica las distintas y variadas formas de conseguir el tanino.

También muestran las monedas de lata que recuerdan las de la multinacional pero que se usarán en la fiesta del pueblo como canjes por algún pancho o gaseosa que acompañará la presentación de la cantata.

Aquí, en la escuela “Almafuerte” de Pueblo Casas, la historia de La Forestal no solamente sirve para tomar conciencia del saqueo sino también para construir esperanzas desde la agroecología y las bombas de semillas que explotarán en distintas y maravillosas formas de vida.

Aquí, en la escuela “Almafuerte” de Pueblo Casas, las chicas y los chicos de cuarto a séptimo grado demuestran que lo importante de la historia es encontrar el camino de un presente mejor.

En medio del mar de la soja ajena, las chicas y los chicos de una escuela pública primaria enseñan que no todo es dinero ni resignación.

Edición: 3986

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