Por Alfredo Grande
  (APe).- “Buen fin y mejor principio”. Eso lo escuché con frecuencia como salutación ritual. Supongo que el fundante es la idea de progreso. Algo similar al catequismo laico de que el ahorro es la base de la fortuna. Quizá podría tener una enmienda que diga: “si el ahorro es en bit coin”. Pero la cultura represora no sabe de enmiendas ni aclaraciones. La cultura represora inventó la letra chica, la letra microscópica, la letra mentirosa. Ahora algunos y algunas descubrieron las fake news. Por supuesto que no incluyen a la Revolución Productiva y el Salariazo en esa categoría. Pero no es menor.

Un factor de poder es establecer desde cuándo empiezan las cosas. El origen. El significante cero. Si bien es un desviante del tema de la nota, en realidad, no es un desviante. (Esta forma de afirmar y negar en forma simultánea es una estrategia de la cultura represora así que tendré que hacerme un hisopado)

Si yo pregunto: ¿cuándo empezó el neo liberalismo en la Argentina? Yo respondo: con Celestino Rodrigo. Pero es discutible. Lo continuó el Proceso de Destrucción Nacional, forma benévola de designar a una dictadura salvaje cuyas heridas jamás cicatrizarán. Pero el que le dio un estatuto cultural de altísimo nivel fue Menem. Y afirmo, aunque me digan que es una fake news, que sin Menem no hubiera habido Macri.

La historia dice que no es contra fáctica, pero el ficcionalismo histórico si lo es. Lo que se denomina “la grieta” tiene un puente de encuentro: el neoliberalismo. Desde la izquierda de la derecha, a la que hace tiempo denominé “retroprogresismo”, hasta la derecha de la derecha, a la que hace tiempo denominé “fascismo de consorcio”. MI LEY demostró que estuve demasiado optimista.

El ritual del año nuevo está saturado de ideología neoliberal. El año viejo desaparece y en el mismo momento, o sea, simultáneamente, aparece el año nuevo. Ratificado por el brindis de todos, todas y todes. Es decir: ese brindis donde se celebra un cambio de fecha (del 31 al 1), o sea, apenas un cambio en el conteo, se convierte por obra del alucinatorio político, social y deseante, en algo nuevo y proyectado para todo un año. Es demasiado.

Brindis más, brindis menos, la niñez desamparada seguirá desamparada, las viejas y viejos seguirán diezmados por las denominadas leyes previsionales, los originarios serán asesinados por los extraordinarios, y el ecocidio será denunciado y encubierto. El año viejo le hace un guiño cómplice al año nuevo que le responde con una sonrisa saturada de cinismo.

El mito del eterno retorno ha desbordado a nuestros días en la elección infinita de los aristócratas de la provincia de buenos aires. Creo que algunos los llaman intendentes, pero sin duda es mucho más que eso. La asamblea del año XIII abolió los títulos de nobleza, pero faltó la cláusula sobre “intendencias vitalicias”. Otro ejemplo que el año nuevo no cambiará lo que el año viejo deja servido en la bandeja oxidada de nuestra legislatura.

Te acuso año nuevo por mantener la estafa, el fraude, el descomunal vaciamiento de la salud, la educación, la alimentación y la planificación sistemática de la destrucción planetaria. Ya escucho el reproche de una de mis tías locas: “¿! Pero Alfredito: ¡¿entonces no podemos brindar?!”

Si de brindar se trata, que sea por lo nuevo, por lo que se denomina novedad radical. Por lo revolucionario que nos habita y que la cultura represora jamás podrá extinguir. Yo brindaré por un alegre año donde lo nuevo subvierta a lo viejo que se disfraza de nuevo.

Edición: 4043

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