Estadística serás
Publicado: Viernes, 20 Septiembre 2019 13:54
Estadística serás

Por Alfredo Grande      (APe).- Una de las diferencias, a mi criterio, entre izquierdas y derechas, es que las izquierdas desarman lo abstracto para encontrar las materialidades que son su fundante, mientras que las derechas diluyen las materialidades en abstracciones que las encubren. Para muestra basta un botón, si el botón es un analizador. Hay notas sobre el cambio climático. Es una abstracción, porque el cambio climático es consecuencia, no causa. La materialidad del cambio climático es efecto de la necesidad de sobre-productividad del sistema capitalista, que maximiza su insaciable sed de lucro, a través de la denominada obsolescencia programada. El consumismo, o híper consumo, logra que en forma simultánea se consuman mercancías caras, inútiles, incluso tóxicas, y que las necesidades básicas continúen insatisfechas. Ahora mal: decir necesidades básicas insatisfechas, o peor aún, su sigla NBI, deviene abstracto porque queda encubierto que son las consecuencias de políticas públicas de exterminio. De la misma forma, cierta oposición sostiene un antimacrismo abstracto, colocando en una persona la causa de todos los males. Encubriendo todos los males que fueron la causa de que una persona disponga de la “licencia para gobersinar”. Licencia que vence el 10 de diciembre, aunque hasta los organismos internacionales saben que está vencida, y sigue manejando sin registro. La ventaja política de las derechas en plantear toda discusión en abstracto, es que no se puede demostrar su verdad. Apenas necesita ser verosímil. En su máximo nivel de abstracción, habla de “socialismo real”. Mientras sigue mencionando a un “capitalismo abstracto”, ya que el capitalismo real ha fracasado en todo el mundo, y muy especialmente el llamado desarrollado. A menos que el triunfo sean las diversas formas de organizar y anunciar las muertes. Lamentablemente, y lo digo con conocimiento de causa, es cuando esa capacidad de abstracción se apodera de las izquierdas. Por ejemplo: se deplora la pobreza. Se ayuda, y muchas veces con valentía e infinito esfuerzo, a los pobres. Pero vale señalar que “pobre” es una abstracción. Pero tan perfecta que esa abstracción queda materializada. No hay pobres. Lo que hay son personas empobrecidas. O sea: desangradas, estafadas, evisceradas, desangeladas. Y hace décadas. El espanto actual no es por la “cosa” (el hambre”) sino por su exagerada amplificación. Mientras el hambre podía barrerse debajo de las alfombras de los restaurant, al modo del chiquilín de Bachín, la voz del movimiento de los chicos del pueblo, que aullaba que el hambre es un crimen, era oída pero no escuchada. Es lo que las derechas hacen con la contundente materialidad: no la niega, la deplora, la lamenta, se rasga las vestiduras (de trabajo, no las de gala) pero trabaja con prisa y sin pausa para diluir todos los problemas de la realidad, en abstracciones existenciales. Incluso hablan de la “naturaleza humana”, cuando esa “naturaleza natural” ha sido subvertida por una “naturaleza cultural represora”. Que las derechas toman como la única naturaleza posible. Ganadores y Perdedores. El ganador se queda con todo, como canta ABBA. Los derechos humanos han devenido la mayor abstracción en la historia de la humanidad, quizá con la única excepción de las religiones sacerdotales. En abstracto, los tenemos. Materialmente, no podemos ejercerlos. Por lo tanto, es una tenencia en abstracto, que no sirve para organizar la realidad de la vida. Decir (aunque ya no se diga y se haga exactamente lo contrario) que niñas y niños son los únicos privilegiados, implica un hacer. Y el privilegio es una abstracción más, porque en realidad niñas y niños deben ejercer la amplitud de todos los derechos. La niñez condensa un pasado, un presente y un futuro. Y el futuro es la dimensión temporal donde se verifica que se hizo en el pasado y en el presente. Nuestro presente alguna vez fue un futuro a construir. Y las niñas y los niños son la memoria histórica de cómo se ha intoxicado al tiempo. Un titular dice: “nuevos incidentes entre la policía y la UOCRA”. Minimalismo de un conflicto laboral y económico. La policía, brazo armado de las empresas saqueadoras, se enfrenta con un sindicato de trabajadores. Y de paso dispara balas de goma a vecinos. De paso, cañazo. Víctimas civiles como en todas las guerras. Daño colateral para el modelo “exterminio exportador”. La abstracción con careta científica son las estadísticas. El zócalo de los programas de televisión que informa precio del dólar, (venta - compra) riesgo país, temperatura y horario. Estadísticas que informan de la cantidad de femicidios por mes. Aumento de la nafta, precios descuidados, inflación que de tanto trotar ya galopa. Números que no muestran la realidad sino que la encubren. La política de las derechas es hacer estadísticas, de ahí la importancia del Lord Indec. La llamada “deuda externa” es otra abstracción y la abstracción de toda abstracción es decidir pagarla. Primero porque ya sabemos que no es deuda, sino estafa. Y segunda porque no está hecha para pagar, sino para esclavizar vía intereses. La materialidad de la desocupación son personas que lloran de hambre, gritan de frío, aúllan de tristeza. La única forma de revertir esta abstracción encubridora de las derechas, es encerrar a todos sus testaferros y mandarlos a realizar una probation de décadas con los tafareros, a los cuales se les indemnizará por décadas de estafa y robo agravado por el vínculo. Para las tareas comunitarias deben ser inútiles para todo servicio (ITS) según la sigla del resucitado servicio militar obligatorio. Pero todo se aprende, si las maestras y maestros, que por cierto tenemos, deciden dedicar parte de su tiempo a una tarea posiblemente inútil. La otra forma para los que han hecho de las abstracciones máquinas de matar es brindarles la materialidad de las cárceles. La captura internacional de Dujovne es necesaria. Es lo justo. El patrimonio saqueado deberá ser restituido a sus legítimos dueños: nosotres. Como las tierras de los originarios. Si eso no sucede, entonces nuevamente todas las demandas de justicia, todas las invocaciones al cambio real, serán nuevas abstracciones. El análisis de mi propia implicación como escritor me lleva a una aterradora pregunta: ¿serán mis trabajos otra forma de la abstracción? La materialidad de la respuesta no me corresponde. Dependerá de los efectos subjetivos en cada lector. Sin esa verificación, también tengo el riesgo de ser una estadística más. Edición: 3949

Martirio de las pibas
Publicado: Martes, 17 Septiembre 2019 15:12
Martirio de las pibas

Por Claudia Rafael (APe).- En estos crudos tiempos en que el capitalismo busca cambiar de cara, las víctimas se repiten como las piezas de un dominó que van cayendo derramadas sobre el asfalto. Son sistemáticamente las mismas. En un engranaje feroz que las devora y que tiene particular avidez por ellas. Las pibas como Navila o Cielo, de 15 y 18. Pibas a las que se entierra como un perro, se mete en bolsas negras como la basura, se parte en mil pedazos para que el río sea su última y fugaz morada. La mitad de pibes y pibas de la edad de Navila o Cielo son pobres. Y son, las pibas, las nadies para ser victimizadas, abusadas, explotadas, violadas, castigadas, torturadas, olvidadas. Las pibas, como las gotitas de resistencia ante los propietarios de este mundo que se asumen propietarios de sus cuerpos. Las que gritan no o las que no alcanzan a gritar nada porque la vida las fue deshaciendo antes en hilachas de dolor o angustia. Las que se plantan o las que sueñan en plantarse pero no pueden porque hay un aullido helado que se les queda clavado en la garganta para siempre. La maquinaria feroz las sigue devorando. A ellas. A las Navila o las Cielo, de 15 y 18. Las desaparece. Las quita del medio. Y después, en un pase de magia que no es magia sino el ardiente horror de los marioneteros perversos, las reaparece sin latidos. En Plottier o en Chascomús. En la calle, en el río o en el fondo de un patio, donde el fango todo lo tapa. En la gran ciudad o en el pueblo en el que se simula que nunca nada ocurre. Luego la sociedad que aceita la crueldad con el morbo feroz replica los vastos abanicos de múltiples modos de morir y matar. Y sirve en bandeja de plata todo aquello que describe a la mala víctima. Entrega su cabeza a un falso cadalso que ya las toma inertes. Desdibuja sus historias a su antojo. A la piba que iba o no iba a la escuela. A la que se vestía con ropas más o menos cortas. A la que encajaba o no en los estándares construidos desde los medios o desde la cima de la hipocresía que señala con el dedo índice qué es el bien y qué es el mal. Tenían 15 y 18 Navila y Cielo. Como podrían haber tenido 10, 14 ó 17. Hoy son el rostro de una pancarta que ayer estuvo ocupada por otra fisonomía. Más o menos morena. Más o menos rubia. Más o menos adolescente. Más o menos niña. Alguien las vio. Alguien las escuchó. Alguien las estragó. Alguien las desapareció. Alguien las empujó al abismo. Alguien las hizo temblar de miedo. Y las puso al borde de todas las crueldades. Alguien que seguramente las conocía. Que las saludaba. Las atemorizaba. Les sonreía. Hasta que dejó de hacerlo. Alguien, que las transformó en las piezas temblorosas de un puzzle que vienen conformando niñas y mujeres desde hace demasiado tiempo. Niñas que vagan inermes por túneles o cavas, en zanjas o fosos oscuros. Quebradas, enterradas o ahogadas por la perversidad adulta. Una, dos, diez, cien, doscientas. Y las otras. Las niñas hijas dolientes que quedan solas y deambulantes, porque la violencia femicida las dejó sin madre y sin padre porque ya no es padre quien estragó a sus madres. Navila y Cielo tenían 15 y 18. Su tránsito vital fue cortado de cuajo. Y hay una sociedad que reacciona con angustia instantánea, con expresión de asco ante el detalle obsceno que repite una y otra vez desde las páginas o las voces mediáticas cómo fue, de qué manera, con qué herramientas, con cuál objetivo, con qué planificada metodología, con qué celeridad o con qué excitada lentitud. Y fue Navila en Chascomús. Y Cielo en Plottier, en esas aguas que en los veranos se transforman en balnearios para el disfrute de los neuquinos. Pero también fue Angeles en un barrio porteño. Juana, en el barrio Cacique Moreno del interior chaqueño. Melina, en San Martín. Chiara, en Rufino. Candela, en Hurlingham. Lucía, en Mar del Plata. En un mazazo de la cultura atroz que destina pibas a las máquinas picadoras de la condición humana. En estos días en que se discute otro rostro para el capitalismo feroz, ellas están ahí. En el mismo y exacto lugar. Al borde del abismo. Como juguetes que se usan y se tiran. Mientras los sueños se desvanecen. Edición: 3947

Huesitos
Publicado: Martes, 10 Septiembre 2019 00:45
Huesitos

Por Silvana Melo (APe).- Los huesitos estaban en un campo de Villa Angela. Es el Chaco. Fue por el maxilar que pudieron reconocerla. Por los dientes. Con los que habrá tiritado. Con los que se habrá defendido. Con los que habrá mordido en vano la ferocidad de su destino. Maira Benítez estuvo ahí todo el tiempo, dijeron. Pero la encontró un peón. Que no llamó ni a la policía ni a la justicia. Llamó a un periodista. Es que las instituciones no son confiables para los pobres. Que no cuidan a las pibas como Maira, que desapareció a los 18, vaya a saber en qué manos poderosas, para qué tráfico infame. Es que las instituciones cuidan a los otros. A los que saben plantar culpables que los cubran. Y miran desde afuera el espectáculo judicial. Dice Antonia, la madre. Maira Benítez desapareció el 16 de diciembre de 2016. En Villa Angela donde apareció, hecha huesitos, hace tres días. Casi tres años en que Antonia dio vuelta el mundo buscándola. Y tan cerca estaba. Ahí no más del campo donde vivía Rodrigo Silva. El único condenado, a 21 años, por homicidio. Y como para que quede claro que en el Chaco las cosas no son como quieren los peones y las pibas, no son como quieren las madres de las pibas ni las chiquitas de cinco años que las sobreviven, en mayo la Cámara del Crimen de Villa Angela dijo que no a que se considerara el crimen de Maira como femicidio. En el que intervinieron varias personas. Sólo quedó condenado Silva. Por homicidio simple. Los dientes de Maira rechinan todavía de miedo. Y de rabia. Huesitos minados por la lluvia y todos los soles en casi tres años. La hija de Maira tiene cinco años ahora. Maira tendría 21. Andarían las dos de la mano por la calle, dos pibas cantando reggetones y cumbias. Saltando baldosas. Y esquivando los monstruos. Que convidan e invitan y prometen y andan por la calle como cualquiera porque son como cualquiera. Propietarios del cuerpo. Y de la vida. Brisa no tiene madre. Brisa tiene cinco y la tiene a Antonia. Pero fundamentalmente se tiene a sí misma. Tiene una ley que otra Brisa nombró para ella y para todas las brisas arrasadas de madre por la muerte patriarca. Que el estado tiene la obligación de otorgársela para ayudarla a sobrevivir a estos días con un equivalente a la jubilación mínima. Hasta que tenga herramientas y fuerza como para ponerse en pie. A pesar de los huesitos de su madre. Puestos en un campo de Villa Angela. Tres años después. Edición: 3942

La selva tan temida
Publicado: Jueves, 05 Septiembre 2019 13:44
La selva tan temida

Por Silvana Melo   (APe).- La vida de Jonatan Sagardoy se acabó en la madrugada, un fin de semana de Villa Ballester, norte profundo del conurbano. Y se acabó de un tiro, que le entró por la axila y lo recorrió devorándole las vísceras. Porque tuvo la desgracia de parecerse a alguien que había intentado robar en la casa de uno de ellos. De uno de los ocho predadores que salió a cazarlo en auto, camioneta y moto. De una de las fieras en que se convierte el ser humano en jauría. Cuando se bajó en la casa de un amigo lo rodearon. Eran ocho. Y tenían la justicia en sus manos. Lista para disparar. Madrugada de Villa Ballester. Cuando la bala entró por la axila pudo subir al auto y manejar hasta el hospital. Agonizó dos días y murió. Los cazadores tuvieron que admitir que no era. ¿Y si hubiera sido? El dueño del supermercado se llama como el supermercado. O en realidad, el supermercado como él. En el local de San Telmo un custodio y un empleado mataron a patadas a un hombre vencido. Que había abandonado el mundo encerrado en el calabozo de su demencia senil. Solo. Ese día se llevaba queso, aceite y chocolate. Sin pagarlo. Los cazadores saborearon su justicia particular. El dueño del supermercado es Alfredo Coto y es de acá. “Nadie mató a nadie, averigüen bien lo que pasó”, dijo a los periodistas en el Hotel Sheraton. Y habló de “versiones tergiversadas”. En el local Coto de Caballito había, dos años atrás, un arsenal. 200 granadas, 27 armas de fuego y 3800 municiones. “La causa judicial ya fue superada”, dijo. Y tiene razón. Pero sus motivos fueron escalofriantes: estaban guardados para los empleados de seguridad (su cuerpo de cazadores) ante eventuales saqueos. “¿Ustedes no se dan cuenta de lo que pasó de 2001 en adelante en el país?” (*), preguntó. El país es un desgarro. Camino a la selva tan temida. Los caídos, inexorablemente, son los frágiles. Los destituidos del mundo. Los que tienen el hambre doliendo acá. Los que acampan en el corazón del poder para que los vean. Los que se llevan el queso. Los que se parecen.Los otros se llevan el gesto de la justicia y la palabra en el Sheraton. (*) Alfredo Coto hizo estas declaraciones ante los periodistas Alejandro Bercovich y Jairo Straccia en el Hotel Sheraton Edición: 3939

 Fascismo fácil
Publicado: Viernes, 30 Agosto 2019 13:52
Fascismo fácil

Por Alfredo Grande     (APe).- En algunos manuales de artefactos domésticos solía decir: es tan fácil que hasta un niño puede hacerlo. Lo fácil es el oasis de la cultura represora. Habituada a impedir todo, a inventar problemas donde debería haber soluciones, a poner el carro delante de los caballos y a matar a los caballos de hambre, a indultar a los victimarios para culpabilizar a las víctimas, a ser dura con el débil y débil con el duro, la cultura represora necesita degradar la complejidad a complicación y la dificultad a la facilidad. Desde el pago fácil hasta el gatillo fácil. Recuerdo una propaganda; “arnet es internet pero muy fácil”. Sucumbí a los cantos de esas sirenas. Era fácil pero muy, muy mala. Como reza un aforismo implicado… bueno en verdad no es un rezo, apenas una invocación: “la derecha siempre tiene razón, pero es una razón represora”; lo fácil termina siendo política de estado. Supongamos que yo quiera devastar un país, masacrar la población definida previamente como excedentaria: niños, niñas y jóvenes de clases empobrecidas, ancianos y ancianas, pueblos originarios, artesanos, vendedores ambulantes, militantes por la justicia, docentes, investigadores, todas las disidencias de género, instituciones médicas, educativas, de capacitación, organizaciones que protegen a la niñez que sobrevive en la intemperie y que padece la “pena de vida”, personas en situación de calle y en situación de vereda, para mencionar solo algunas opciones. Todas son verdaderas. Supongamos que yo quiera hacer todo eso y algo más también, ya que estamos. Contaminar ríos, tierras, aire, intoxicar alimentos, personas, torturar animales, asesinar personas que cometen “hurto famélico”, gobernar por la espalda, y algunos otros excesos que desde ya, no son errores. Estafar sobreendeudando para extender no un pagadiós, sino un pagapueblo, insistir en apagar incendios con nafta súper, dolarizar tarifas para endeudar con gas y electricidad, embargar el presente para prohibir el futuro. Yo quiero hacer todo eso, pero lo quiero hacer fácil. Opción uno: accionar en forma militar utilizando pitbull sde última generación, con asesinos uniformados entrenadas en combate cuerpo a cuerpo con estudiantes, obreros, jubilados, trabajadores, todos desarmados. Nominarme como “presidente de facto” a pesar de que “de facto” insinúa la peste negra de una legitimidad cuestionada. Convocar a la creme de la creme de la derecha reaccionaria, casi cercana al feudalismo triturador. Confiscar todo intento de orden constitucional y vender todo al mejor y al peor postor. Actualmente, los golpes militares no son lo que eran. Los célebres “planteos” a Frondizi que culminaran con su destitución en 1962, ya son antiguallas de museos inquisitoriales. Después de la farsa melodramática de la guerra de Malvinas, el poder militar padeció en carne propia (alguna vez tenía que ser) que de lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso. Y ese paso además, es corto. Si yo quisiera realizar esa magna empresa antes mencionada, debe haber una forma más fácil. Sólo le pido a Google y entonces busco: “fascismo fácil”. Y aparecen 15.365.986 sitios encabezados por www.democracia.org.ar De la misma manera que el femenino de buey es vaca y no bueya, la forma más fácil de fascismo es el orden democrático. Tiene tantas coartadas que no se pueden contar. Además, está exenta de la amenazas de “cordobazos” molestos. La devastación termina el 10 de diciembre a las 10 hs. A la hora señalada, como diría Gary Cooper. Una caterva de críticos oportunistas de este gobierno, que nunca se plantearon que el presidente no llegó porque lo votaron, sino que lo votaron porque llegó, siguen describiendo todas las plagas que nos azotan y azotarán. Pero mantienen el traspaso del Poder (textual) e insisten en que el presidente gobierne y no haga campaña. Ellos (la oposición) también la quieren fácil. Piden con énfasis digno de mejor causa que el presidente gobierne y no haga campaña. Fácil. Yo prefiero que haga campaña y no gobierne más. Y mejor que hacer campaña, que haga champaña, que la pizza la pone Menem. Niñas, niños, ancianos y otros desesperados no podrán aguantar hasta diciembre. Creo que no pueden aguantar ni hasta la semana que viene. A esta oposición fácil les digo aunque no me escuchen: si la siguen buscando fácil, terminarán siendo el mal de muchos. Y recuerden: mal de muchos, consuelo de cómplices. Así de fácil. Edición: 3935  

Chubut. Tan injusto. Tan al sur
Publicado: Miércoles, 18 Septiembre 2019 18:45
Chubut. Tan injusto. Tan al sur

Por Silvana Melo(APe).- Está tan al sur Chubut. Que hace falta frivolidad o muerte para que ascienda a primeras planas. Mientras tanto, los docentes que no cobran sus salarios, la precariedad al palo, el hambre en medio del frío, la ruta cortada, el grupo GEOP de la Federal para reprimir y las patotas encapuchadas para culpabilizar a los trabajadores petroleros incendian la provincia. Pero sólo fue Chubut nombre en la oficina de dios en el sur del mundo cuando Luli Salazar sonó como eventual novia del gobernador Arcioni. Y ayer, cuando la muerte absurda atrapó a dos docentes en la ruta. Viajaban desde Rawson después de participar en una marcha de resistencia a un modelo devastador. Jorgelina Ruiz Díaz y María Cristina Aguilar colocaron el sur en el ombligo del mundo. Tan al sur está Chubut. Pero le duele tanto como duele acá. El hambre, el ajuste, el castigo de la nación a la provincia, la corrupción y el vaciamiento de las cajas públicas, denunciados por la Asamblea Popular y Multisectorial de Esquel, en un hilo que no comienza a desovillarse hoy. Mariano Arcioni asumió en 2017, luego de la muerte de Mario Das Neves. Fue reelecto el año pasado. Es inolvidable la foto de Massa con Arcioni y Alberto Fernández, desde un estudio televisivo, pidiéndole un café. El gobernador arrancó una gestión compleja con el anuncio de que no podría pagar los sueldos. Y escalonó el cronograma de pagos. La obra social tambaleó, en la escalera fatal que envolvía la vida de gran parte de los chubutenses. El sistema previsional de los estatales parece ser la caja chica del gobierno provincial. Y mientras el hambre serpenteaba por las panzas fuera de las escuelas cerradas, mientras no había cómo afrontar la vida con el salario que no llega y si llega no alcanza, el gobernador aparecía en boca de los panelistas del chisme organizado del brazo de Luli Salazar. Chubut en llamas, pero Arcioni accionaba la palanca del conquistador y saltaba al estrellato. Los docentes cortaron las rutas y un día apareció el grupo GEOP de la Federal para amedrentar y por la madrugada, los 200 encapuchados con palos que bajaron de una camioneta y les quemaron los resguardos construidos para no morir de frío. No eran los petroleros, dicen. Tan al sur queda Chubut. Jorgelina y María Cristina morían en una ruta a la edad en que muchas y muchos se jubilan. Ellas volvían de la lucha, volvían de Rawson, volvían de resistir al modelo que les retacea la vida, que descuenta tanta tiza de estos pizarrones, que cesantea tantas canciones de estos patios. Se murieron en la ruta, a la misma hora que el gobernador se duplicaba el sueldo, convencido de su propia pobreza a la hora de compararse con jueces y legisladores. Mientras trabajadores de toda la provincia insisten, en sus acampes, en querer cobrar su salario. Simplemente cobrarlo. Anoche encendían la Legislatura en Rawson. Al mediodía, Camila salía a la ruta, para volver al corte. Y dijo a APe lo que dicen sus compañeras de Chubut: “Tenías derecho a dar clases, a recibir tu sueldo en tiempo y forma, a tener obra social. Tenías derecho y ganas de poner la cuerpa en la lucha. De organizarte y viajar hasta Rawson al encuentro con miles de docentes de toda la provincia. Tenías derecho de salir de la escuela y matear con tu familia, con tu manada. Pero no. El gobierno ausente, sordo e insensible nos obliga a estar en la calle, pensando cómo sigue la lucha. ¿Cuántas muertes más necesitamos para explotar de dolor?” Quién sabe cuántas muertes. Sí hay que contar cuántas vidas habrá que aportar para dar vuelta la tierra patas arriba. Y que Chubut ya no quede tan al sur. Edición: 3948

Pedagogía de la cobardía
Publicado: Lunes, 16 Septiembre 2019 13:16
Pedagogía de la cobardía

Por Carlos Del Frade (APe).- Cobardía colectiva. La perversa educación del sistema: desquitarse contra el más indefenso y cercano, dejarlo impune al proveedor del dolor, al titiritero del siniestro drama cotidiano, consecuencia del saqueo permanente. David Moreira es la imagen de la pedagogía de la cobardía. Apuntar abajo y a los costados. Nunca hacia arriba. El sistema sabe cómo perpetuarse. El 22 de marzo de 2014, David fue asesinado por una turba enardecida que reaccionó a esa pedagogía de la cobardía. David, como fuera contado en esta columna, había dejado la secundaria para rebuscarse algunos mangos como peón de albañil en la ex ciudad obrera de Rosario. Aquella tarde, alrededor de las 17, el chico bajó de la moto y le arrebató una cartera con pañales a una mujer que iba con su pequeña hija en brazos. En ese momento una chata o camioneta vieja chocó desde atrás la moto, que quedó atascada, y el muchacho que la conducía corrió para escapar. Durante quince minutos lo mataron a puñetazos y patadas. -Me dio mucha angustia porque el cuerpo no fue resguardado en ningún momento. Cualquiera tenía acceso para verlo y escupirlo, putearlo. El chico gritaba «basta loco, por favor». Pero le agarraban la cabeza y se la daban contra el piso. Estaban enardecidos – dijo un testigo que pidió reserva de identidad. Dicen las crónicas periodísticas que David “era el mayor de tres hermanos y tras su muerte su mamá dio a luz a una nena. Su familia, que al dolor le sumó el estigma, emigró a Montevideo al poco tiempo”. El jueves 12 de septiembre de 2019, uno de los tres atacantes del muchacho fue condenado a tres años de prisión condicional. La condena se fijó en un acuerdo entre partes y fue aceptada por el acusado Yamil Nahuel Pérez, un empleado metalúrgico de 28 años. Lo habían detenido junto a un conocido cuatro meses después del hecho y estuvo cinco meses en prisión domiciliaria hasta recuperar la libertad. Ahora fue condenado como autor de un homicidio en riña y cumplirá la pena de manera condicional bajo algunas reglas de conducta. En una audiencia rápida y sin la asistencia de público, el juez Hernán Postma se limitó a aceptar y dar curso al planteo. Para el reconocido abogado defensor de derechos humanos, Norberto Olivares, el cambio de la carátula de homicidio calificado a homicidio en riña expresaba ya “una política judicial. Creo que la Fiscalía estuvo condicionada por una opinión punitivista de una parte de la sociedad… trataron de que el hecho no quede impune pero tampoco castigar a un sector de la sociedad que es su cliente electoral. Tuvieron cuidado con ser duros con los autores del hecho porque hay un sector social que está pidiendo que sean declarados como héroes. Y para nosotros son asesinos", cuestionó el comprometido profesional. En forma paralela, Olivares señaló que el caso “conmovió no solamente a la sociedad rosarina sino que tuvo rebote internacional". Recordó que el Papa Francisco se refirió a David para repudiar el fenómeno de los linchamientos: "Me dolió la escena. Fuenteovejuna, me dije. Sentía las patadas en el alma", escribió en una carta. Del caso también "hablaron jurisconsultos de nivel y habló mucha gente porque fue un hecho que expresó la división de aguas que hay en la sociedad respecto del tratamiento del delito chico. Porque el hecho que ocasiona la muerte de David es un arrebato de cartera". Y añadió, por último, que "todos los días sabemos de casos de linchamientos. A lo mejor esta sentencia puede contribuir a instalar un debate y realizar una labor pedagógica con el sector de la sociedad que los aprueba. No se puede resolver el conflicto de la inseguridad, el conflicto pequeño, de esta cruel manera". David Moreira, de solamente dieciocho años, asesinado a golpes por una cobarde turba no descansa en paz. El servicio público de justicia de la provincia de Santa Fe prefirió respetar la perversa pedagogía de la cobardía. La que enseña a castigar hasta la muerte a los más débiles mientras deja intocables a los responsables del dolor que son, siempre, los más poderosos. La pedagogía de la cobardía goza de buena salud. Los que mataron a golpes a David podrán alegar que ellos, simplemente, cumplieron las órdenes que les enseñaron. Edición: 3946

Democracia Montecristo
Publicado: Viernes, 13 Septiembre 2019 13:56
Democracia Montecristo

Dedicado a Graciela Rosenblum, militante por los derechos humanos Por Alfredo Grande (APe).- Una de las brújulas que tenemos en nuestra lucha contra todas las formas de la cultura represora es utilizar todas las palabras y todas las conductas que la cultura represora abomina. Todo aquello considerado como dis-valor por los mercaderes de todos los templos, incluyendo el templo democrático, es un tesoro de oportunidades, estrategias, tácticas y logísticas libertarias. El poderoso arsenal que he denominado Las Armas del Pueblo. Prohibidos todos los placeres y consagrados todos los mandatos, el placer de la venganza es el más repudiado por las almas bellas que en la actualidad sostienen que “de casa al no trabajo, del no trabajo a casa”.

La calle
Publicado: Jueves, 12 Septiembre 2019 13:43
La calle

Por Silvana MeloFotos: Claudia Rafael    (APe).- Evitemos estar en las calles, dice el candidato opositor. La calle es el escenario de los invisibles. La calle los evidencia. Los hace libres aun con la frontera policial que les planta escudo, casco y garrote disciplinarios. La calle es dormitorio en el colchón que se lleva a cuestas. La calle es abrigo, es mesa en la vereda, son cuatro cajas de cartón para que nadie vea, es la intimidad ante el mundo, es el sueño de día con la frazada hasta la cabeza porque la noche mata. La calle es la indiferencia del otro, es la injusticia que descuida modales.  La calle es territorio a conquistar. Es donde se grita el hambre y la desazón. Es donde se alza el puño al cielo para decir basta. Para que lo vea dios y sus delegados en las casas rosadas y sucursales. Todos ocupados en su propia subsistencia, incluido dios. La calle es donde se planta una olla enorme y crece el guiso. Donde las doñas desdentadas cocinan y comen. Ellas y sus vecinas y los niños de todas y todos. Donde los pibes apuran un faso y disponen su flacura para hacerle fuerza a un futuro en el que nunca creyeron. Y posiblemente nunca creerán. Donde las pibas llevan su niño colgado y se depositan mansamente frente a Desarrollo Social para pedir esa leche que toca los cien pesos y que no puede comprar nadie. La calle es donde se lucha. Es donde se exige. La calle es donde se fastidia. Donde se mortifica la tranquilidad de los que gobiernan. Donde se interrumpe el tránsito de los incluidos. Y se levanta la furia de los ministerios. En la calle se consigue la emergencia alimentaria. En la calle se obliga, se delibera, se determina. En la calle se decide. Y se dispone aquello que el poder no tendrá más remedio que conceder. Por DNU o en el congreso. Por eso dice la ministra ¿Quién puede ir a buscar trabajo si todos los días está en una marcha? Por eso dice la ministra Si pasan hambre tienen los comedores. La calle le responde. La calle le habla con centenares de miles de sueños devastados, de gentes sin espacio en el mundo de este lado, con hambre generacional que heredarán sus hijos, con centenares de miles panzones de hidratos, anémicos y malnutridos, de niños sin fuerza para levantar el vuelo propio de la insurgencia, esa chispita sagrada que trae la infancia en la axila izquierda, tan cerquita del corazón. La calle, deberán saberlo los temerosos y los despreciantes, dice la verdad. Cuando los saqueados se vuelcan a vivir en el afuera es que esta tierra está naufragando. Cuando el hambre se suelta masivamente a apropiarse de las avenidas, los metrobuses y el corazón latente del poder, hay algo que tiembla. Evitemos estar en las calles, dice el candidato opositor. La calle es el único territorio que las mujeres, los hombres y los niños anónimos y cesanteados de esta comarca pueden escriturar. Hacer propio aunque vuelen las balas y los gases. En la calle son evidentes y palpables. Evitarlas es ceder la tierra propia a la voracidad de los conquistadores. Edición:3944

Para torcer destinos
Publicado: Miércoles, 11 Septiembre 2019 14:10
Para torcer destinos

Por Claudia Rafael “He leído libros interesantes, ahora leo niños. No digo: ya sé. Leo una vez, luego una segunda, una tercera y una décima vez el mismo niño. Y no sé mucho, pues el niño es un mundo, un mundo inmenso. Sé lo que ha sido y lo que es, pero, ¿qué será después?”Januz Korczak (APe).- Hubo huracanes oscuros que se llevaron a tantos de los hacedores cotidianos de nuestros sueños. Maestras y maestros que, entre las sombras tantas veces, hacen del dos más dos y del pañal cambiado entre carreras feraces una escuela de la vida. Educadores como Poli, Mari, Luján, Sole, Viky, Ana o Esteban, cansadas y cansados tras horas y horas contradestino junto a los 200 niños que constituyen un mundo inmenso, como decía Korczak, en Casa de los Niños de Avellaneda. Que hacen magia cotidiana para rearmar ese rompecabezas de sueños que el sistema devorador de infancias se empeña en estragar. Como Norma y Alberto que le ponen y le pusieron el alma para esta ardua tarea de construir una nueva sociabilidad humana. Educadores como el maestro Fuentealba que pugnaron por torcer lo que los estados buscan cincelar como destinos inexorables. Y dejaron su sangre en el camino. Como Sandra y Rubén, a quienes la desidia de los poderes hizo volar por los aires en el instante mismo de encender una mecha para preparar la leche tibia de cada mañana. Porque este país ha enseñado vastamente que se puede morir en el aula. Que el estado asesina en una ruta mientras se reclama por los salarios y por otra educación pero también adentro de una escuela misma mientras se abre la llave del gas. Porque, después de todo y como escribía Barret, “pensar es exponerse a ser decapitado, porque es levantar la frente”. Educadoras y educadores que se plantan con sus pies sobre la tierra para frenar los venenos de un avión o un mosquito en el medio de los pastizales que rodean a su escuelita mientras empujan a los niños y niñas a encerrarse en el aula. Como Ana Zabaloy, Estela Lemes, Mariela Leiva y tantas y tantos anónimos. A sabiendas de que se puede dejar la vida en el arduo afán de construir la historia. Hay maestras y maestros que están dispuestos a disparar con su gomera de ternuras un ramillete de ilusiones que vistan la tierra para que el dolor no duela a desgarros. Y son capaces de trasmutar las paredes del aula en un tejido de utopías del que nutrirse junto a niñas y niños. Para leerlos, como escribía el maestro polaco una y otra y otra vez. Son maestras y maestros convencidos de que el destino no es un paradigma estático, impuesto por los oficinistas de la inequidad, y que hay que destrozarlo a dentelladas, con las uñas y las palabras, con el abrigo y la ternura. Pero también con la rabia hecha bandera porque pedagogía significa hondamente que nadie se libera solo, como escribía Freire. Y que los ladrillos de futuro se van tejiendo cotidianamente con la argamasa de coraje desde este presente hecho pedazos. Edición: 3943  

Por Alberto Morlachetti y Miguel Angel Semán

(APe).- Caridad y represión. En el siglo XVI Europa se vio asolada por el hambre y las epidemias. Miles de campesinos marchaban hacia las ciudades en busca de alimentos,

porque sólo éstas poseían un sistema organizado de almacenamiento de provisiones.

Ante el avance de los andrajosos, las autoridades urbanas adoptaron medidas destinadas a dominar la situación y bajo el manto de la caridad pública comenzaron a funcionar los aparatos represivos.

En el año 1527 se dicta en Venecia una ordenanza o “primera ley de los pobres“ cuya finalidad esencial era el aislamiento de los menesterosos en hospicios provisionales, prohibiéndose su estacionamiento en las calles y en las plazas, so pena de azotes, prisión o expulsión de la ciudad. Un año más tarde prohiben el acceso a los mendicantes forasteros, a los propios se los obliga a trabajar en la marina por la mitad del salario normal y se recomienda a las comisiones parroquiales que pongan a las mujeres y a los niños a servir.

En 1534 frente al temor de nuevas epidemias y revueltas de pordioseros, fue creada en Lyon la "Limosna general", institución con facultades jurídico-policiales, encargada de distribuir las limosnas, controlar el orden y, fundamentalmente, combatir la mendicidad, la haraganería y el ocio, para lo cual contaba con seis servidores denominados “atrapa vagabundos“ y una torre enclavada en la muralla de la ciudad que cumplía la función de prisión de mendicantes. Los trabajos forzosos eran el medio educativo y punitivo aplicado en forma permanente a los pobres, a quienes se obligaba a trabajar encadenados por ninguna paga. Cuando en el año 1536 se introduce en la ciudad la manufactura de la seda, los niños e incluseros educados por la Limosna eran colocados en el sector. Lo significativo es que los mismos burgueses, promotores del trabajo forzoso como sistema de ayuda social, fueran los rectores de la Limosna General y, a la vez, los introductores de las nuevas ramas de producción en Lyon.

A fines del siglo en Norwich, Inglaterra, se organiza un sistema asistencial bajo formas represivas que tendrá consecuencias duraderas y prefigurará rasgos de una futura explotación capitalista. En 1570 se llevó a cabo un censo de pobres a fin de determinar quiénes eran aptos para el trabajo, incluyéndose entre ellos a niños entre siete y nueve años. Se creó entonces una casa de trabajos correccionales, con un régimen carcelario, administrada por el propio alcalde. Se trabajaba en ella desde el amanecer hasta el crepúsculo y quien no lo hacía no recibía comida. Para el empleo de las mujeres y los niños se designaban celadoras pagadas por la ciudad, que tenían la facultad de aplicar azotes a los tutelados. Todo este sistema era sufragado por un impuesto a favor de los pobres. Al cabo de un año de costearlo los ciudadanos de Norwich sacaron cuentas y observaron que el trabajo obligatorio de los ociosos había procurado a la ciudad un ahorro de 2.812 libras, un chelín y cuatro peniques. Aunque la evaluación de la miseria en términos de inversión de dinero resultara importante, la verdadera garantía de funcionamiento del sistema era la represión violenta, basada en la legislación regia contra la haraganería y aplicada por las autoridades ciudadanas mediante dispositivos locales de control.


La domesticación de la miseria


Han pasado casi quinientos años y el mundo cuasi virtual no sabe aún qué hacer con los hambrientos de la Plaza de San Marcos ni con los habitantes de la Villa 31. Nadie sabe cómo reducir a cenizas los cadáveres insepultos de la historia. Se le teme tanto a los ociosos del siglo XVI, con sus pestes y tumultos, como a los deportados del neoliberalismo. Los indígenas de Chiapas, el Movimiento de los Sin Tierra del Brasil, los ocupantes de asentamientos en el Gran Buenos Aires son las expresiones de resistencias organizadas ante las políticas de exterminio y domesticación de la miseria.

Los programas asistenciales de hoy, como ayer, proponen, la traza de una geografía domesticada del hambre, una organización represiva de la pobreza para impedir que irrumpa abruptamente con sus pústulas en medio de la bruñida sociedad que ha sustituido la realidad por su imagen. Para ello, desde los organismos de beneficencia se somete a los pobres a un asedio administrativo, humillante y perpetuo. Se les imponen juramentos y declaraciones que acrediten sus indigencias y enfermedades.

El sufrimiento infinito de los pueblos requiere de la firma de un funcionario público para hacerse verdad en los dominios de la burocracia y lograr apenas la excención de un sellado, un poco de leche o apenas un remedio que demore la muerte.

Subsiste, en este afán de hacer confesar al pobre su “maldita“ indigencia, un sedimento de añeja desconfianza, pero su finalidad última es la de obtener una clasificación de los menesterosos en propios y extraños, sanos o enfermos, inofensivos o peligrosos. Primitivo control de las disconformidades, censo de las tristezas, tomografía de lo marginal que permite evaluar a los gobernantes el gasto mínimo necesario, no para evitar muertes por carencia de alimentos, sino el estallido y la revuelta, el tumulto callejero que pueda alterar la calibrada injusticia del mercado y el orden público resguardado por custodias estatales o privados.

Mientras tanto, el hambre, tempestuoso como el mar, se niega a obedecer las disciplinas que pretenden someterlo al turno de los comedores escolares. Se enfurece y rompe los calendarios de la espera, corre por las calles y revuelve la basura, se lleva a la boca los mendrugos ajenos y los mastica “con sentimiento de ladrón“.


I


En el amanecer del siglo XXI la represión no precisa disfrazarse de caridad para salir a las calles vestida con sus mejores galas. La epidemia que traen consigo los desposeídos de nuestro tiempo no es la peste negra venida a Europa en el año mil, por la ruta de la seda y de la mano del progreso ni el mal de los ardientes, capaz de devorar a un hombre en una sola noche. Tiene otro rostro, tal vez menos espantoso, pero igualmente inquietante, y afecta el nervio más sensible de las sociedades contemporáneas. Es el mal de los derrotados, la pandemia que padecen los excluidos del sistema. Miles de enfermos portan el virus de la peligrosidad y el fracaso, constituyen en sí mismos, por el simple encadenamiento causal de sus existencias, un evidente riesgo social.

La queja de esa labil “opinión pública“, traída y llevada de la piedad al miedo y del miedo al odio, sensible a las variaciones bursátiles de los mercados remotos e indiferente a los horrores limítrofes, entonces deviene el reclamo, el encierro de los peligrosos y la segregación de los indeseables. Pero lo cierto es que nuestras sociedades ya han recluido y discriminado hasta el hartazgo y, luego de dos siglos de haber sido depositarios de la peligrosidad humana, las cárceles, los institutos de menores y los manicomios parecen haberse desfondado irremediablemente.

Ante la imposibilidad física de aplicar la prisión indefinida, las sociedades “evolucionadas“ se han cerrado sobre sí mismas, provocando en su repliegue la automática expulsión de los indeseables. Las cárceles están abarrotadas, pero la forma más novedosa y sutil de la prisión es esta condena a permanecer a la intemperie del mundo, del otro lado del espejo, en un calabozo de castigo cuyas paredes lindan con la nada. Tal vez el “remedio-sanción“ ideal para nuestros tiempos sea una vacuna cuya aplicación extirpe de raíz toda reminiscencia de dignidad humana, un anticuerpo que libre a los menesterosos de la tortura de la esperanza, los vuelva estériles e indiferentes a la belleza y los convenza para siempre, a ellos y a los hijos de sus hijos, que sólo han sido dotados para engendrar tristeza y parir desolación.


II


Como decía un personaje de Haroldo Conti: el mundo es grande, pero no tanto. Por eso los del lado de afuera, tarde o temprano, aparecen donde no deben. Entonces suenan las alarmas, las sirenas caen como una red sobre la noche y el Orden se defiende a sí mismo, a los tiros o “a duras penas“. Algunos se encuentran con la desmesurada injusticia de la muerte y otros reciben su cuota en un reparto de condenas que no persigue la punición modulada de ningún culpable sino “la inmunidad de los amenazados“, la protección absoluta “de los otros“, con independencia de toda noción de culpa.

Como medidas “preventivas“ se montan espectaculares operativos de rastrillaje, se inventan inverosímiles figuras como el “predelito“, la tolerancia cero, la mano dura. Es decir: se criminalizan las sospechas y se hace del prejuicio una tipificación penal. Luego se elaboran estadísticas -viejo vicio de los represores- que miden la superficie de la ciudad en metros cuadrados de peligrosidad humana y evalúan la eficiencia policial en horas-hombre de detención sin motivo. Estas cruzadas en la oscuridad son definidas por los funcionarios de la seguridad como procedimientos de rutina y, a decir verdad, conforman una rutina de la violencia que pretende recluir la exclusión dentro de cuarteles determinados, llámense Fuerte Apache, Villa Tranquila o Carlos Gardel, detrás de cuyos límites el homicidio, la violación y el robo no resultan alarmantes, en tanto y en cuanto la miseria y la monstruosidad igualan a los victimarios y a sus víctimas. De alguna manera, las calles, el barro, la droga y el miedo prolongan bajo el cielo abierto el esquema cerrado de las prisiones, adonde el mal debe ser confinado, como en los antiguos Hospitales Generales, dentro de su propia promiscuidad de mendigos, delincuentes, locos, desocupados y huérfanos.

Cuando alguno de los confinados rompe el cerco y mata, roba, secuestra o daña, el gran ojo mediático acude en busca de su presa y enfoca el fenómeno como producto de un encadenamiento de genéticas irreparables. La era digital nos permite ser tranquilos espectadores de estos retazos de realidad porque la pantalla del televisor no hiede como la piel de los humillados. El cerco de 24 pulgadas, como el espejo que guarda los horrores ajenos, conjura las presencias y desactualiza el mal, aunque los hechos estén ocurriendo en ese mismo instante a pocas cuadras de nuestra casa. Contemporáneamente, fuera de los noticieros y en el horario de las telenovelas, los mismos medios se encargan de difundir una versión “light“ de la marginalidad en esos indefinibles programas donde pobres disfrazados de pobres y maquillados de sí mismos representan el papel de héroes o víctimas de sus propios dramas. Así, la televisión logra una vez más sustituir la realidad por su imagen, y lo humano -despojado de su dimensión trágica- aparece exhibido como un simple muestrario de obscenidades. La miseria es visitada como la reserva natural del fracaso en el mundo del éxito excluyente.


III


Así como en la antigüedad, la espectacularidad y desmesura del castigo eran una manifestación del poder absoluto y arbitrario del Príncipe, y la aplicación de la pena buscaba restablecer el pacto jurídico-político que el delincuente con su conducta había dañado, nuestras condenas apuntan a quienes han quedado al margen de una sociedad sólo ensamblada por las leyes y conveniencias del mercado. Se castiga a los marginales, la “no pertenencia“, el desarraigo y el olvido a los que la misma exclusión económica los ha conducido, porque su presencia y sus actos atentan contra el nuevo pacto político de nuestro tiempo. La arbitrariedad de las penas actuales es el reflejo del cruel funcionamiento de un mercado que se alimenta, casi exclusivamente, de la despiadada eliminación del otro.

El neoliberalismo individualista castiga a los delincuentes que ha producido, a los que podría llegar a producir y a los que ya no lo serán jamás. Las víctimas predilectas del sistema penal son los heterogéneos y los vencidos del mundo, se persigue tanto a los “peligrosos“ como a los indefensos. Por eso encierra no sólo a los presuntos delincuentes, sino también a los ancianos y a los niños hambrientos. Cuando abandonamos a nuestros mayores detrás de las paredes de los geriátricos, dejamos con ellos no sólo el estorbo de unos cuerpos vencidos, sino también el sobrepeso de las memorias inútiles, la carga de las miradas que más secretamente nos conocen, las que nos vieron niños, enfermos, débiles o pobres y, al mismo tiempo, retiramos discretamente nuestras propias miradas del cruel espectáculo de sus agonías. Al encerrar a los niños con el pretexto de tutelarlos, lo hacemos porque no nos gusta que nos miren unos ojos ante los cuales siempre seremos culpables. El secuestro de la infancia en Institutos de Menores pretende abolir memorias aún no escritas, pero que presentimos terribles, historias que no deben andar sueltas porque pueden aparecerse mañana y cerrarnos el paso en cualquier esquina del futuro.


Epílogo sin fin


Un racismo bio-económico atraviesa la civilización posmoderna. Como en una imaginaria “Nave de los locos“, los pobres de la Era Digital han sido echados al mar de las ausencias y por allí navegan en busca de un puerto de aguas generosas, pero los vientos de la civilización los expulsan una y otra vez hacia sus patrias de origen: las islas de la desolación y el miedo. En el planeta de la economía global y el mercado sin límites sólo los capitales viajan sin restricción alguna, porque la tierra y el cielo, la dignidad y la brisa han sido vendidos y llevados muy lejos de aquí, a donde no puedan ser contaminados por el mal de la pobreza.

Pero nunca nada es demasiado afuera y nadie jamás ha conseguido ponerse a resguardo de la esperanza humana. Ya es hora de ir sabiendo, entonces, que los pasajeros ilegales, los hambrientos de siempre, los niños vagabundos y las mujeres perdidas, antiguos y eternos leprosos de la tierra, no son únicamente la muestra congelada de unas penas, son la imagen que algún día romperá el espejo y llegará al aquí. Entrarán en el mundo con sus nadas al hombro, los seguirá el aroma milenario de las lluvias y traerán el olor desenterrado de la tierra para enseñarnos de qué lado de la luz está la vida, en qué margen del exilio se ha refugiado el tiempo durante todos estos siglos de tristeza. Mientras tanto, como el viejo Mascaró en su lento carromato de desdichas, "nosotros los ustedes" seguiremos adelante, reclutando poco a poco la esperanza, contando pétalo por pétalo la fe recogida en los caminos.

 

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Galería fotográfica

 

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Hechos en imágenes

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Arsénico

Es un semimetal considerado tóxico. Su concentración es muy alta en el agua que consumen en Chaco, Formosa y Santiago del Estero. 


NN

 5.329 personas fueron enterradas como NN desde el regreso de la democracia. 301 fueron identificadas. Quedan aún 160 sin pistas.


En la calle

 Más de ocho mil personas duermen en la calle en Buenos Aires. Se viven los picos de bajas temperaturas.


Precarizados

Casi el 50% de los trabajadores argentinos están fuera del circuito formal y están precarizados.


Campera

Tiene 22 años, estaba muerto de frío y robó una campera en la capital correntina. Lo llevaron a la comisaría.


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