Una, dos, tres… muchas grietas
Publicado: Viernes, 13 Diciembre 2019 13:42
Una, dos, tres… muchas grietas

Por Alfredo Grande (APe).- La profecía fundadora del Frente para la Victoria, fue “capitalismo serio con derechos humanos”. Muchas veces, aunque ahora pienso que fueron inútiles, señalamos que era una contradicción irresoluble. Porque justamente el capitalismo, especialmente el serio, es el mayor depredador de los derechos humanos. Lo verdadero de este análisis fue corroborado por el macrismo, que directamente habló del “curro de los derechos humanos”. Y ya mencionamos que la parábola que empezó con Menem, termina con Macri. Termina, pero no finaliza. Las largas sombras del neoliberalismo seguirán tapando el sol de la justicia social, la soberanía política y la independencia económica. Haber permitido, por acción, por omisión o por ambas, el arrasamiento económico, cultural y político de un país, no será sin consecuencia hacia lejanos futuros. La profecía del Frente de Todos (obviamente, de todo los que están en el Frente de Todos) es superar la grieta. Cerrarla. Taparla. Tapiarla. Cubrirla. Por lo tanto “la grieta” aparece con el gran analizador de esta etapa. “Tranquilizar la economía”, en palabras del ministro de economía, nos muestra la urgente necesidad de que la economía tome un clonazepan. Lo que no es grave, ya que tres cuartas partes de la población no solamente están intranquilos, sino directamente desesperados. Cerrar la grieta sin beneficio de inventario, es la versión actual de barrer bajo la alfombra. O sea: se cierra la grieta sin tener claro que hay adentro de la grieta. Y muy especialmente, qué originó la grieta. Se quiere cerrar una grieta, sin haber podido entender por qué se originó. Pero como siempre he escrito, el singular y mucho más la mayúscula, es una forma reaccionaria y represora de aludir al tema. “La Grieta” es una forma de encubrir, mistificar y distorsionar la complejidad y el antagonismo de los mecanismos de empobrecimiento lícito y de enriquecimiento ilícito. Los empobrecidos y los enriquecidos saben que están separados por una grieta. Podemos llamarla “nivel de ingresos”. El porcentaje que más tiene es muchísimo menor que el porcentaje de los que de todo carecen. No sé cuántos quedan de los niños que tienen tristeza, pero de los que tienen hambre quedar casi un 50%. Propongo entonces dejar de pensar en “la grieta” y, también, dejar de pensar en cerrarla. Por el contrario: la única forma de intentar políticas rebeldes y emancipatorias es intentar describir la multiplicidad de grietas que se han formado, empezando desde el 10 de diciembre de 1983. Y, muy especialmente, un análisis profundo de que contienen esas grietas. A la multiplicidad de grietas bien le cabe el nombre de “deuda interna”. Polaridad extrema con la “estafa externa”. A la cual siguen llamando “deuda”. Y el empecinamiento de pagarla, con el dudoso estímulo de crecer para lograrlo. Como para el arco opositor el absoluto bien era que Macri terminara su mandato, no importa cuánto daño residual pudiera concretar, queda claro que la supremacía de las formas sobre los contenidos es absoluta. Los saludos afectuosos entre Mauricio y Alberto pueden haber sido formateados, pero quedarán como la marca de una transición constitucional, pero también de una complicidad anti democrática. Y esa es una de las grietas que no cerrarán en décadas. Lo anticipé en algún escrito. La mayor vergüenza será recibir los atributos del mando y los símbolos del poder, manchados del sufrimiento, del dolor, de la tristeza, de los atormentados representados. Tanta prolijidad tiene el aroma de una “democracia curro”, solo apta para mayores de ingresos. La multiplicidad de grietas es, a mi criterio, el equivalente de la propuesta del Che Guevara en la Comisión Trilateral: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. ¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para éste de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo!”. Pero el mandato de amar al enemigo, es más fuerte. Obviamente una de las formas del amor son las transiciones prolijas y los divorcios consensuados. Los progresistas confunden, no inocentemente, el mandato del amor con el deseo del amor. Amar al enemigo es un mandato suicida. Justamente, siguen aumentando los suicidios incluso en adolescentes. Intentaré pensar en todas las grietas que supimos conseguir, y dejarlas abiertas hasta saber que contienen. Cerrar una herida infectada es una septicemia (infección generaliza) a corto plazo. Entonces propongo: pensar la multiplicidad de grietas que nos atraviesas. Y dejarlas abiertas hasta que podamos cerrarlas sin riesgo de infección. Si la tarea parece difícil, hay que tenerlo claro. Es difícil. Pero no imposible. Una ayuda, al menos para mí, es volver a leer “Odio luego existo”, que escribí hace más de 20 años cuando pude ser casi feliz en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. Para poder tener una existencia donde el amor sea sólo deseo y nunca más mandato. Edición: 3902

36 años de democracia
Publicado: Miércoles, 11 Diciembre 2019 14:40
36 años de democracia

Por Carlos del Frade (APe).- César tiene 13 años y trabaja en la zafra de la caña de azúcar y algodón en el norte profundo santafesino. Escribe poesía a la luz de una vela porque la luz eléctrica todavía no está para los barrios de los arrabales de Villa Ocampo. César gana moneditas y sigue escribiendo cada noche, todas las noches. Quizás su nombre era Mario. No tenía treinta años pero parecía que orillaba el medio siglo. Era hachero y dormía en la tierra. Pero soñaba con jugar de nueve en Boca y gritar un gol en la bombonera repleta. En un bosque de eucaliptos en cercanías de Sancti Espíritu, en el sur de Santa Fe, guardaba la pelota descascarada como quien cuida un tesoro de siglos. Con su flequillo cortado a la taza, el pibe estaba en el Hogar Escuela de Granadero Baigorria, la sombra de aquel sueño de Evita. Pero allí estaba él. Soñaba con ser pirata porque su tío que era camionero le hablaba maravillas del mar que no conocía. Pero el tío le decía que los piratas vivían en el mar. Y como era tan lindo, él, aquel pibe de flequillo cortado a la taza, soñaba con ser pirata. Paula soñaba con un futuro distinto. Para ella y sus hijos. Ahora estaba embarazada y quería seguir. Pero la mataron y la desaparecieron. Sus padres hace ocho años que buscan un huesito de Paula, esa muchacha de menos de treinta y cinco años que fue tragada por las redes mafiosas que crecen y reproducen en la zona por donde circula el mayor flujo de dinero de la Argentina, por la ciudad de San Lorenzo, donde San Martín iniciara su proyecto de la Patria Grande. “Yo tengo que jugar al ajedrez de forma permanente. Vos no entendés”, le dijo una ministra a la nena del barrio Las Flores, zona sur de Rosario, que junto a sus compañeras defendía la escuela del lugar a la que la señora funcionaria quería cerrar por los siempre repetidos mandamientos del ajuste permanente. Pero la nena no se quedó callada. Le respondió: “Lo que pasa que usted disfruta matando los peones”, dijo la niña de apenas doce años. La maestra inventa una feria de ciencias que, en realidad, funciona como un gran teatro en la zona oeste rosarina. Y entonces los chicos y las chicas ríen, cantan y respetan las reglas que ponen entre todas y todos. No hay golpes ni insultos porque ellas y ellos quieren jugar hasta el final la invención de ser una reina o un personaje de película. Por el patio de la escuela, entonces, se cruza el maestro Jedi con el Zorro y la Mujer Maravilla baila junto a una princesa de incierto cuento. La maestra sonríe emocionada y ellas y ellos, las chicas y los chicos, se enamoran de la escuela pública. “No me diga lo que está bien o lo que está mal. A mí solamente me interesa un par de buenas llantas y un buen celular. Una sola cosa le pido: que esté a mi lado para saber si lo que dice es verdad o no…porque a mi me van a matar apenas cumpla los 21 años…”, dice el pibe del barrio Emaús. Y aunque su frase tiene el impacto de una pesadilla, hay un ruego que tiene la forma de una receta para la esperanza: cercanía, compromiso y afecto. Estar cerca para saber si lo que se dice con el pico se sostiene con el cuero. La piba viene del barrio con la mejor bandera que tiene. Trae en su cochecito al bebé recién nacido. Busca alimentos y dignidad junto a las doñas y los muchachos del barrio. Piden trabajo. Pelean. No se olvidan de sus sueños y, al mismo tiempo, se juntan y caminan para pelear contra las pesadillas impuestas por pocos, muy pocos. Entran los gendarmes con mira infrarroja en sus fusiles automáticos. El guión, en ese húmedo abril de 2014, ordena sobreactuar el combate contra el narcotráfico enquistado en los barrios rosarinos. Tiran la puerta abajo. Allí estará, seguramente, una copia vernácula de Pablo Escobar Gaviria. Sin embargo hay una mujer. Joven. De menos de treinta años. Tiene un embarazo de casi ocho meses. Intenta vender gramos de cocaína y marihuana porque no consiguió trabajo en ninguna otra parte. Cree que tiene que ganarse el peso como sea para darle una vida mejor a esa niña o ese niño que está gestando. Los gendarmes no saben qué hacer. No está en el guión. La mujer se toma la panza, la protege de esos fusiles con miradas infrarrojas. Los pibes ganan algunos pesos por día. Les llaman los niños bandera. Sus cuerpos son las señales que marcan el lugar exacto para que los aviones fumiguen con los casi dos mil venenos iguales o peores que el glifosato y que tienen venta libre en la provincia de Santa Fe y la Argentina en general. Los niños bandera arriesgan sus vidas para un puñado de productores ganen miles de dólares gracias al veneno democratizado. Formaban parte de la localidad de Las Petacas en el centro oeste santafesino. En una canchita de Arroyo Seco, donde los límites corren por cuenta de la imaginación de las jugadoras, las pibas del barrio estrenan camisetas y buscan detrás de la pelota, un gol que les de algún cachito de alegría. No solamente para esa geografía pequeña sino que le dure ese alborozo para su pelea cotidiana en la cancha grande de la realidad. La arquera está feliz porque por primera vez tiene guantes que alguien le prestó y espera estrenarlos en el primer centro que le tiren… “Nosotros estamos tristes de que lo hayan matado al Pájaro Cantero. Porque nosotros nacimos y crecimos en el barrio Las Flores. Acá, desde chicos, nos enseñan que valemos menos que cualquier pibe o piba que nazca en otro barrio de Rosario porque a fines de los ochenta dicen que acá empezaron los saqueos. Entonces con el Pájaro habíamos ganado algo de respeto. Por eso estamos tristes”, cuenta uno de los pibes de dieciséis años a días, nada más, del 26 de mayo de 2013, cuando fuera asesinado el líder de Los Monos. La nena toca el violín. Durante muchos años le dijeron que la música no era para ella. Sin embargo llegó una profe desgarbada y cabello largo que les contagió el sueño. Cada una de ellas, cada uno de ellos podía tocar cualquier instrumento. Y formaron la orquesta del barrio Ludueña. Ahora, mientras toca, su mamá no puede frenar que la emoción le tome por asalto el cielo de sus ojos. Amasan pan para las pibas y los pibes del barrio que comen salteado. Ellas y ellos crecieron en la parroquia junto a la Mecha que ahora no está porque un balazo la arrancó de su territorio querido. Había venido del norte profundo de la provincia y bancó la transformación del barrio a fuerza de amor y trabajo. Quizás el balazo vino de un arma usada por uno de esos pibes que comieron lo amasado por ella. Pero su ejemplo sigue. Las pibas y los pibes siguen amasando el pan que comerán los habitantes del barrio desangelado. Le dicen la banda del centro. Son cinco chicos de menos de quince años en el nacimiento de la democracia. Duermen en la plaza Sarmiento, a espaldas del Normal 1, en pleno centro rosarino. Los acusan de ser portadores de todos los males. El periodista se acerca y le piden algo a cambio de la entrevista. Cinco café con leche. Y le cuentan que efectivamente se drogan. Aspiran poxiram porque el frío se siente menos en el invierno, el estómago no cruje del hambre y los golpes de la policía no duelen tanto. Gema tiene quince años. El conferencista le habla de los valores de Belgrano. Del desinterés del creador de la bandera por el dinero. Gema no aguanta más. “Ese Belgrano es un estúpido. Lo más importante del mundo es la plata”, dice. Y argumenta que eso le enseña su padre que todas las noches sale a buscar el dinero para que ella tenga todo lo mejor. Cuando el orador le pregunta de qué trabaja su padre, Gema le dice: “Es narcotraficante”. Siguen discutiendo y ella, al final, admite que Belgrano era un buen chabón. Alejandra nació mientras su mamá era torturada. Fue en la Maternidad Martín. Su mamá era militante revolucionaria. Con el tiempo se enterará de que su madre escribía las paredes de la celda con una aspirina a falta de tiza y que cada vez que escribía su nombre, sentía que podía burlar a los proveedores de la muerte. Y así fue. Ahora Alejandra canta y enseña música. Y su madre insiste en la docencia, el pensamiento crítico y la pelea por una sociedad con igualdad y justicia social. En el punto exacto de la geografía de la historia obrera que es Villa Constitución, en el sur de la provincia de Santa Fe, decenas y decenas de pibas y pibes menores de veinte años protagonizan una fenomenal movilización contra la instalación de una multinacional que intenta convertir la zona franca del puerto en un depósito de veneno. Son chicas y chicos que, a su manera, protagonizan el nuevo Villazo del tercer milenio. Quieren aire, tierra y agua limpios, sin basura. Bailan, cantan y se pintan la cara. La muchedumbre adolescente de Villa Constitución, postal de la historia política de la esperanza, se llama “Villa sin veneno”. Y esas chicas y esos chicos, ganan la pelea. “Ni una menos”, dicen las pibas y llenan colectivos para invadir el Congreso de la Nación. Tienen pañuelos verdes en sus muñecas y ya no se callarán jamás. La revolución feminista tiene en esas chicas de catorce años una fenomenal columna vertebral de un futuro mejor para la Argentina. Si en el trono de la vida cotidiana algún día esté la noble igualdad seguramente tendrá el pañuelo verde de estas chicas que salen de todos lados y pelean por una sociedad menos hipócrita y feroz. Son hijas de represores y torturadores. Encuentran la verdad de la historia de sus padres y tienen la fenomenal valentía de rebelarse. Los denuncian y hasta cambian el apellido. Repletas de dolor y también de amor, hacen de la memoria y el compromiso con el pueblo una dupla existencial que contagia admiración. Tienen un poco más de treinta años pero sus vidas sintetizan dignidades antiguas y siempre nuevas. A cien años de las primeras huelgas de La Forestal, las pibas y los pibes de Pueblo Casas, en el mar sojero santafesino, aprenden la historia del saqueo del quebracho colorado, la explotación de los hacheros y la necesidad de la agroecología. Hacen bombas de semillas y siembran árboles en el pueblo. No quieren que las nuevas generaciones se queden sin verde y que no haya más empresas extranjeras que arrasen con el medio ambiente a cambio de traiciones bien pagadas. Son chicas y chicos de no más de quince años. Convierten a la historia en una herramienta para cambiar el presente, no solamente para entenderlo. En Garabato, norte de la provincia de Santa Fe, decenas de pibes y pibas dejan la escuela por la tarde y van a los bañados que pululan, todavía, en esa geografía. Buscan con redes o baldes gran cantidad de barro. Lo llevan a las pelopinchos y entonces buscan hasta encontrar pequeños bichitos que servirán de carnada para los pescadores. Ganan treinta pesos por día y esperan que se les vaya el cansancio para seguir con el oficio que lleva el nombre de moreneros. Ella baila porque le hace bien al alma. Su hermana estudia derecho y es militante política. Ríen juntas y dan la vida por su hermosa madre. En su sangre arrastran la dignidad de varias generaciones de trabajadoras y los sueños de un pueblo que, de a poco, empiezan a conocer. Son parte de una generación que protagoniza la historia y que, seguramente, hará una Argentina mejor para los que son más en estos arrabales del mundo. Fuentes: Entrevistas del autor de la nota a lo largo de los 36 años de democracia argentina en distintos lugares y tiempos de la fenomenal geografía santafesina. Edición: 3902

La farsa de las palabras
Publicado: Viernes, 06 Diciembre 2019 14:52
La farsa de las palabras

Por Silvana Melo Foto: Guadalupe Lombardo (APe).- Aquí es donde se acaba la mascarada de las palabras. Cuatro de cada diez habitantes de esta tierra larga de los pies del mundo es pobre. Dieciséis millones. Y ahí se termina la parodia de la cadena nacional y cuarenta y cinco minutos que sólo oyeron los voceros de la infamia que doblegó a la infancia de este confín de América, para hacerla pobre en seis de cada diez. La mayor parte de los niños de acá están condenados a una pobreza que lejos de aliviarse en las décadas del siglo nuevo se va elevando hasta la asfixia social. Y aquí es donde se acaba la pantomima feliz de la blancura sistémica y los sueños de minoría virreinal con oficina central en el ombligo planetario. Porque los pobres son 40,8% a cinco días del retiro sereno del Gobierno que convoca a la plaza y que celebrará con sus convocados la última lejanía de la morenidad. Porque la niñez arrasada por la pobreza que le quita alimento, vivienda, recursos, camino, futuro y espacio en el anfiteatro central del capitalismo ya es mayoría. Ya es seis de cada diez. Un millón y medio son indigentes, están en la calle y tienen hambre. Y se acaban las comparsas y los discursos vacíos y las especulaciones de los voceros mediáticos y de los forzadores de argumentos y de los enemigos de la Universidad Católica que antes eran sus amigos cuando denunciaba, la UCA, que CFK se retiraba con poco más del 29% de pobreza –una obscenidad, no hay que perderlo de vista- y ahora huelen intencionalidad política cuando denuncia, la UCA, un 40,8 % en el retiro de MM. Once puntos más. Cinco millones más. Que no son barras en un gráfico. Sino cinco millones de historias, de huesos, de rostros, de sangres, de bocas, de gritos, de piernas, de hambres, de dolores, de sueños, de frustraciones. Ante el número escalofriante, que atraviesa el cuerpo del país y lo detona, se acaba la farsa. La fabricación serial de la pobreza, planificada. El endeudamiento como herramienta de dominación a cien años encadena toda salida hacia el futuro de millones de niños que mirarán amanecer desde afuera, desde su noche. Y todas las palabras por cadena nacional, los discursos en las plazas, las despedidas a los convocados, se van, se diluyen, se esfuman. Se acaban. Porque los pibes pobres han pasado a ser mayoría. Ahora son el 60%. Ahora son seis de cada diez. Ahora son la mayor parte de las hormiguitas que corren tras la pelota por los barrios, que van o no van a la escuela, que comen y no comen, que se juntan en las esquinas, que se cortan la ceja, que se calzan la gorra, que ensayan la birra, que prueban, que se anestesian, que se matan, que los matan, que dan miedo, que tienen miedo. Un día se juntarán. Todos. El 60 %. Y ese día se acabará la mascarada de las palabras. Edición: 3.899

Yo también acuso
Publicado: Viernes, 06 Diciembre 2019 14:26
Yo también acuso

Por Alfredo Grande Dedicado a Emilia Vasallo y a los familiares de las víctimas del “gatillo fácil” (APe).- El escrito «J’accuse…!» (Yo acuso) ocupa casi un tercio de la superficie útil de la edición del 13 de enero de 1898. Escrito por Emilio Zola, es una apasionada defensa de la inocencia del capitán Dreyfuss. En 1894, el caso sale a la luz y se acusa al capitán Alfred Dreyfus, de treinta y cinco años, judío y alsaciano, de alta traición. Pese a las declaraciones de inocencia del acusado, declaraciones que no se hacen públicas, se lo condena a cumplir cadena perpetua en la isla del Diablo, en la Guayana francesa. El “Yo acuso” trascendió su origen y fue utilizado para realizar diferentes tipos de denuncias. Acusar es atribuir un delito. O varios. Y cuando pienso en delito, no lo restrinjo a un código penal. Pienso que hay una concepción amplificada del delito que es necesaria mencionar. Delitos de lesa humanidad que incluyen la planificación sistemática del exterminio de las culturas del amor, de la creatividad, de la alegría, de la solidaridad, de la igualdad, la libertad, la fraternidad. Delitos de lesa humanidad que incluyen la planificación sistemática del exterminio de la vida, en todas sus formas. Desde antes del nacimiento, por el mandato de los embarazos y partos no deseados. Después del nacimiento, por el imperio letal de todas las necesidades básicas no satisfechas. El cultivo de la frustración cotidiana, de cada hora, cada minuto, cada segundo. Luego vendrá la cosecha de esa forma restitutiva y vengativa de tanto sufrimiento, de tanto dolor, que algunos se empeñan en denominar “problemas de seguridad”. La inseguridad del final, sin que le importe a la canalla gobernante la inseguridad de los comienzos. Eso que llaman desnutrición infantil. Que apenas es la pena de muerte precozmente decretada. Morir en cuotas, día a día, año a año, hasta que la precarización de las formas de bloquear y anestesiar el frío, el hambre, el dolor, la tristeza, la desesperación, logran macerar cerebros. Entonces yo se que vendrán caras extrañas, con su limosna que no alivia ningún tormento. Y entonces sus ojos se cerraron, como en el inolvidable tango que cantaba Gardel. Yo también acuso a los fabricantes, a los industriales, a los financistas de que tantos ojos se cerraron cuando apenas empezaban a abrirse. Comieron democracia y vomitaron dictadura. Con la forma edulcorada de llamarla “mercado”. Construcción artificial, despótica, injusta de toda injusticia, tiránica, que ordena consumir lo inútil pero impide consumir lo necesario. “Mercado” que es otro campo de exterminio con el arma de destrucción masiva que algunos llaman inflación. Con el camuflaje de los “black friday” y el eufemismo del mercado libre. Las ofertas de la segunda te la cobro la mitad, sin decir que la primera te la cobré el doble. Yo también los acuso de haber recibido una pesada herencia y en 4 años dejarnos sin ninguna herencia, con la excepción de deudas que nunca podremos ya pagar. Deudas que son las mismas estafas desde la invasión española, cuando nuestros pueblos originarios se quedaron con la biblia y los españoles se quedaron con las tierras, como nos cuenta Galeano. Yo también acuso a los oportunistas de masilla, que permitieron con su capital electoral y empresarial de los votos que la derecha fascista ganara las elecciones, y ahora con ese mismo capital, se prenden al progresismo vernáculo cuya identidad autopercibida es nacional y popular. Tengamos algo en claro: más no se perdió en la guerra. Más se perdió en la paz romana de la democracia de los muchos nadies y de los muy pocos alguien. Casi todo está clavado en la memoria. En todo caso, el tiempo guardará la memoria de tanto olvido. Como se alfombró el camino para que pudiera triunfar en un balotaje milimétrico, la derecha pro fascista. No fue solamente la maldad de los enemigos de la vida. Es también la cobardía, la complicidad necesaria de los que eructan cuando dicen que son los amigos de la vida. No son los leones los que eligen a los cristianos para masticarlos. Son los emperadores ceos de turno los que eligen a los leones corporativos para que nos mastiquen. Ahora politólogos, comunicadores sociales, economistas, artistas, corporaciones laborales, nos dicen lo horrible que está todo. Pero convalidan los plazos constitucionales del 10 de diciembre, porque no tuvieron el coraje de transformar las Paso en un plebiscito vinculante. Cínicos, cobardes, canallas. Recibirán de manos ensangrentadas los atributos del mando. De manos que deberían ser cortadas para que nunca más firmen decretos de necesidad sin más urgencia que la del Soberano. Espero con una sonrisa la orden de captura internacional para el ministro violador de la soberanía asociado a una empresa multinacional de petróleo y energía. Espero con una sonrisa la orden de detención de una ministra de seguridad que realizó varias apologías del delito, facilitó la impunidad de sus orcos represores y traficó con la vida y sangre de los más débiles, vulnerables e indefensos. Pero sin el ruin mandato de la licencia para gobernar, en realidad gobersinar, o sea, gobernar para asesinar, sostenido por todo el arco mayoritario opositor (AMO) esta masacre consensuada se hubiera terminado antes. El pueblo unido jamás será vencido, pero le ordenaron quedarse en sus casas, en el caso que tuvieran casas. No poblar las calles, no exigir más allá del catecismo constitucional. Anestesiando, paralizando, sobornando, camuflando. Hasta exigir la reforma agraria fue rápidamente neutralizado por declaraciones de funcionarios todo terreno. El MMLPQTP fue apenas un bizarrismo político para que un solo árbol ocultara todo un bosque. Reduccionismo lamentable, pero que sirvió de entretenimiento durante meses. Mientras tanto, la masacre siguió con prisa y sin pausa. Es tan brutal, tan desatinado el diagnóstico con el tratamiento, que ningún médico que ve un paciente con una pierna gangrenada le dice: espere al 10 de diciembre. O un poco más. Quizá bastante más. El nuevo plan económico será un éxito, pero el paciente murió. Yo también acuso a los amarillos radicales no radicalizados que siguen blindando a los heraldos de la muerte. Yo también acuso a los que fueron impotentes, cobardes, cómplices, copartícipes necesarios, de empezar nuevamente a macartear a la izquierda. No sólo porque la desprecian, sino porque también le temen. No sea que la tortilla se vuelva y los pueblos se den cuenta que ningún pesebre puede alojar al niño de la buena nueva, en Recoleta o Puerto Madero. Yo también acuso a los que vuelven sin haber hecho ninguna autocrítica de porque se fueron. De sólo ver la brizna en el ojo ajeno y jamás la viga en el propio. Mientras sigamos pensando que el único enemigo fue la dictadura cívico militar, no podremos vengar a nuestros desaparecidos. La sangre derramada fue democráticamente negociada. Y en la continuidad de la masacre por otros medios, evidenciada por la marcha nacional contra el gatillo fácil, queda en evidencia que seguirán derramando sangre, pero que ahora familiares, sobrevivientes y amigos, muchas organizaciones sociales y de derechos humanos no permitirán que siga siendo negociada. Serán los únicos a los cuales no acuso. Edición: 3898  

Recuerdos del futuro
Publicado: Viernes, 06 Diciembre 2019 12:31
Recuerdos del futuro

Por Carlos del Frade (APe).- Los nombres de los lugares repiten la trama del saqueo y la dependencia porque tienen riquezas que algunos pocos no quieren que sean del pueblo que vive en esas geografías. El golpe sangriento contra el gobierno de Evo Morales repite nombres y lugares: Potosí, estado ubicado al sudoeste del país, ahora sin la plata y el oro de su cerro luego de la matanza de millones de personas, es la tierra en cuyo subsuelo, en el salar de Uyuni, concentra el mayor yacimiento de litio del mundo. De la plata al litio, Potosí bien vale una nueva masacre, parece ser la conclusión de los gobernantes del imperio y sus empresas supuestamente multinacionales. El vicepresidente boliviano en el exilio, García Linera, acaba de recordar que al litio “lo asumimos enteramente estatal desde el 2008, sabíamos que había un futuro muy grande, teníamos la opción de asociarnos con extranjeras que nos decían que hacían todo, que sólo les autorizáramos entrar. Pero dijimos: este es un buen momento para demostrar como país que podemos comenzar una cadena y metimos dinero… Evo instruyó formación de empresa piloto, comenzamos de cero, para separar el litio… tardamos del 2008 al 2013 con parte piloto, artesanal, luego una industria piloto, para el 2014 ya habíamos encontrado el método boliviano”. Reveló que la tonelada de carbonato de litio costaba 4 mil dólares y ahora el precio ha subido hasta los 18 mil dólares, por lo que “es un negocio muy grande”. Con China se amarró una inversión de 2 mil millones de dólares mientras con Alemania fue de cerca de 2,200 mdd, en la primera fase de industrialización y comercialización de baterías. Ahora, entonces, detrás de la triste utilización de la Biblia y la permanente multiplicación del racismo, el golpe de Bolivia repite la trama de saqueo y dependencia de siglos. Potosí, de la plata al oro blanco. De allí estos necesarios apuntes… El oro blanco (el litio) El litio está presente en los teléfonos celulares y la industria automotriz. La Argentina, Chile y Bolivia tienen el 70% de las reservas mundiales del mineral y semejante riqueza natural despierta entusiasmos de todo tipo. Un entusiasmo que puede derivar en una Nueva Forestal. “La fiebre del litio es real. Pero es un mundo aparte dentro de la minería”, ponen en contexto Sergio Arbeleche y Sebastián Vedoya, socios especializados en la práctica de Bruchou, Fernández Madero & Lombardi. Y explican: “El litio demanda inversiones mucho menores que una explotación metalífera. Un proyecto puede implicar un desembolso de 200 millones de dólares, diez veces menos de uno metalífero. Además, su explotación es diferente: se parece en cierto sentido a la industria del petróleo”. “El litio es la mayor fuente de buenas noticias que ofrece la minería”, comparte Luis Lucero, socio de Marval, O’´Farrell & Mairal, el estudio más grande del país. Para el experto, la elevación de la minería a rango de ministerio representó un valor simbólico que refleja el lugar que el Gobierno quiere darle a la actividad. Un sector plagado de disparidades donde el fenómeno del litio se transforma, hoy, en una isla. “El 90% de las transacciones del último año y medio fueron de litio. Los proyectos están concentrados en Salta, Jujuy y Catamarca, con un incipiente movimiento en San Luis, que no se va a desarrollar hasta que el gobierno provincial dé señales de que quiere promover la minería”, describe Leonardo Rodríguez, el otro socio que conduce la práctica en Marval. El litio cuenta con otra ventaja frente a la minería tradicional, coinciden los abogados: no tiene “mala prensa”. “Es visto como más amigable con el medio ambiente”, apunta Rodríguez. “Las comunidades no lo consideran de alto impacto, como la minería a cielo abierto”, comparte Vedoya. En plena etapa de producción ya hay dos compañías en el país: Orocobre, en Jujuy (opera en Salar de Olaroz) y FMC Lithium Corporation, en Catamarca (Salar del Hombre Muerto). “Salta lidera la expansión sectorial, con 29 emprendimientos en marcha, de los cuales dos se encuentran en construcción, cuatro en exploración avanzada, 16 en exploración y siete en instancia de prospección”, detalla Adolfo Durañona, socio de Baker McKenzie. “El segundo lugar lo comparten Catamarca y Jujuy, con 13 iniciativas en cada provincia”, completa. En mayo de 2018, la minera australiana Galaxy Resources elevó a 474 millones de dólares su inversión en litio argentino. Durañona pone en números el protagonismo ascendente del recurso. Entre 2012 y 2016, según datos del Ministerio de Energía y Minería, la participación argentina en el mercado de derivados de litio creció del 11 al 16%, y la extracción saltó un 58% en 2017. El Gobierno aspira a que el país se convierta en uno de los mayores productores mundiales en los próximos años. “Hoy, el litio es la gran vedette de la minería. Pero el cobre sigue siendo el rey”, matizan Roberto Fortunati y Marcos Moreno Hueyo, socio y asociado de Beccar Varela. “En los autos eléctricos, se utiliza mucho más cobre que litio, para la transmisión y los conectores. De todas formas, es muy bueno que haya un nuevo player dentro de la minería”, agregan. El escenario que se abre para la práctica minera llevó al estudio a reforzar su equipo con la incorporación de Moreno Hueyo, quien se especializó en derecho minero en Chile luego de graduarse en la UBA y trabajó más de tres años en el país trasandino. El boom del litio es dominado por unas pocas empresas a nivel mundial. “Albemarle, FMC (ambas estadounidenses) y SQM (por Sociedad Química y Minera de Chile), conocidas como las Big 3 –con presencia en la Argentina y Chile–, y ahora también dos empresas chinas, Tianqi y Ganfeng”, detalló Federico Nacif, sociólogo e investigador del CONICET especializado en esta temática, durante una jornada de reflexión y debate desarrollada por el Programa de Intervención Socio Ambiental (PIIdISA) de la Universidad de Quilmes (UNQ), en el marco del encuentro “Universidad y desarrollo”. Según Nacif, “las exportaciones de litio no sólo se deciden por mercados y precios, sino que se vinculan con el origen de las empresas extractivas. FMC y Albemarle les venden a sus propias casas matrices; y FMC no produce hidróxido de litio en el país sino en sus plantas de Estados Unidos, pero se abastece 100% de la explotación en la Argentina”, ejemplificó Nacif. Actualmente, el principal consumidor de litio es China, que junto con Japón y Corea del Sur superan el 50% de la demanda global. El gran interés que ha despertado el litio en las últimas décadas se vincula con la fabricación de baterías para dispositivos móviles, el auge de los vehículos eléctricos y la necesidad de contar con sistemas de almacenamiento en la producción de energías renovables. “El problema del litio no es solo de minería sino también de industrialización”, dijo Ernesto Calvo, director del Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (INQUIMAE), de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y advirtió que un auto eléctrico puede ser más limpio o ecológico porque no genera partículas de hollín ni monóxido de carbono, “pero si lo cargo con energía sucia, es sucio”. En este sentido, se refiere a otro potencial que tiene este mineral, especialmente para atender una demanda particular de la región: la electrificación remota. “En Sudamérica hay 30 millones de personas que no tienen acceso a la red eléctrica y cierto tipo de baterías de litio pueden durar 20 años, que es lo que dura un panel solar”, dijo el especialista. “Si nos quedamos con la minería es solo extractivismo. En Bolivia consideramos que la verdadera industrialización del litio está vinculada al campo energético, de lo contrario no se puede hablar de industrialización”, sostuvo Juan Carlos Montenegro, gerente ejecutivo de la empresa estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), y agregó: “Debemos agruparnos para combatir la especulación y el monopolio en torno al litio, por la implicancia que tiene en el tema energético”. Si bien el recurso es el mismo, el modelo de explotación del litio en la Argentina, Chile y Bolivia es diferente. “Cada país tiene regímenes de propiedad diferente: en la Argentina es de concesión libre, mientras que en Chile no se puede concesionar porque es considerado un recurso estratégico, por eso el Estado establece un contrato de explotación. En Bolivia, en cambio, es completamente estatal”, explicó Nacif y destacó que, para avanzar hacia una soberanía del recurso es necesario tener en cuenta las condiciones sociales de cada país. “A diferencia de sus vecinos, en Argentina, ni el sindicato de trabajadores mineros ni ningún otro actor local relevante impulsan la creación de una empresa estatal, pero creemos que hay una necesidad de mayor conocimiento y fiscalización pública. Por eso, proponemos la creación de una Comisión Nacional del Litio integrada por representantes e investigadores, ya que el CONICET y las universidades públicas, por ejemplo, tienen mucho peso en la conciencia social”, sostuvo. A fines de la década del 60 ya había interés por el litio en el mundo, ya que es un insumo necesario en la industria nuclear. Por entonces, en la Argentina se desarrolló el denominado Plan Salares, de la mano de la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM) y de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Sin embargo, la ola privatizadora de los 90 llevó la actividad a manos privadas, como cualquier otra actividad minera. Actualmente, el sector está regulado por tres leyes que se superponen. Una de ellas es la misma Constitución Nacional, en su artículo 124, que establece que los recursos pertenecen a las provincias. La otra es el Código Minero, promulgado en 1887 y reformado en 1997, que incentiva la búsqueda permanente de minas y establece un canon minero. Por último, la Ley de inversiones mineras, sancionada en 1993, que regula la actividad y, entre otras cuestiones, otorga estabilidad fiscal por un período de 30 años a las empresas del sector, permite la deducción de los montos invertidos en prospección, exploración y estudios de factibilidad del impuesto a las ganancias, sumado a otros beneficios impositivos. A estos beneficios se le sumó la quita de retenciones a la actividad minera, dispuesta por el presidente Mauricio Macri poco tiempo después de asumir, mediante el Decreto 349/2016. Bajo estas condiciones, hay dos proyectos en producción, a cargo de las empresas Minera del Altiplano (FMC), en Catamarca, y Sales de Jujuy (Orocobre), en Jujuy, que en total cuentan con una capacidad anual de producción de 46.500 toneladas. “En la Argentina, el litio se ubica en la zona de mayor sol, por eso nos propusimos un método basado en el sol para extraerlo”, dijo Calvo, que recibió el primer premio del concurso internacional Bright Minds Challengepor por desarrollar a escala de laboratorio una técnica de extracción de litio que usa energía solar con la misma tecnología de las baterías. Federico Nacif cuenta que la corporación química norteamericana FMC, que hace 20 años explota el Salar del Hombre Muerto sin generar ningún beneficio palpable para la comunidad, busca duplicar su capacidad productiva para seguir controlando buena parte del mercado mundial del litio en plena expansión. En sintonía con la política de Cambiemos, la gobernadora de Catamarca, Lucía Corpacci, se propone reducir aún más las regalías mineras y eliminar la única regulación pública que le impide a la empresa extractiva especular financieramente con las concesiones adquiridas sobre el subsuelo argentino. Se estima que entre 2014 y 2016 su valor promedio pasó de 5.000 dólares a 7.500 dólares la tonelada, alcanzando en 2017, valores cercanos a los 18.000 dólares. Sin embargo, no muchos argentinos parecen advertir que, hace ya 20 años, una gran corporación química norteamericana llamada FMC Lithium explota el Salar del Hombre Muerto ubicado en la provincia de Catamarca, posicionándose entre las cuatro mayores productoras mundiales de litio (SQM, Albermale, Tianqui y FMC controlan el 80% de las exportaciones mundiales). “En otras palabras, si en los ´90 renunciamos a la propiedad estatal de uno de los mayores proyectos de litio del mundo, ahora pretenden que renunciemos también a regular siquiera el alquiler. Paradójicamente, según los propios contratos de privatización, cualquier nueva modificación deberá ser refrenada por el parlamento provincial. Aunque parezca mentira, una vez más, funcionarios y gerentes buscan convencer a los legisladores y a la sociedad civil de la urgente necesidad de eliminar cualquier vestigio de regulación soberana sobre los bienes naturales de nuestro subsuelo, repitiendo las míseras promesas del pasado: generar 200 empleos e infraestructura básica para la comunidad local. ¿Podrán justificar nuevamente semejante desproporción? Esta vez, al menos algo es seguro: ya nadie podrá alegar ingenuidad”, terminó escribiendo el sociólogo Federico Nacif. Edición: 3897

Derecho a nada
Publicado: Jueves, 12 Diciembre 2019 20:44
Derecho a nada

Por Claudia Rafael(APe).- Son apenas la punta de un iceberg. La violencia de las fuerzas de seguridad sobre niñas y niños en la provincia de Buenos Aires aparece retratada por estas horas con tres historias que saltaron a la luz pública, tras una denuncia de la Comisión Provincial por la Memoria. En un triángulo que une las geografías de Ensenada, La Matanza y Lomas de Zamora queda al desnudo una crueldad que no cesa. Que golpea una y otra y otra vez sobre los mismos. Exactamente una semana antes de que el nuevo gobernador asumiera su cargo un pibe de 17 años era introducido en una espiral de perversidades que marcan definitivamente la vida. “Vos no tenés derecho a nada, acá te podemos hacer lo que nosotros queramos”, le gritaban dentro de la Comisaría 2 de Punta Lara. Denuncia el organismo que llegaba a la casa de un amigo “justo antes de que irrumpieran en ese inmueble 10 agentes de la Policía bonaerense. Intentó subirse a su bicicleta y regresar a su casa pero fue aprehendido por los efectivos que le colocaron esposas y comenzaron a golpearlo”. Ordenes contrapuestas: abrí las piernas, cerrá las piernas, abrí las piernas, cerrá las piernas, escuchaba en las voces de dos policías. “Ambos le golpeaban los tobillos y las piernas. Una agente policial femenina de apellido Cerdera, al subirlo a la camioneta, lo tomó de la cabeza haciendo golpear su rostro contra el parante del vehículo policial. Alrededor de las 2 de la madrugada lo trasladan a la Comisaría 2 de Punta Lara donde lo obligan a desnudarse, lo golpean y le exigen que hiciera sentadillas y flexiones de brazos. Siempre mediante amenazas de que sería violado”. En las antípodas, en el caliente conurbano oeste, La Matanza sigue repitiendo historias en una geografía de hostilidades para los pibes. Apenas unos días antes, un pibe de 15 volvía a su casa después de comprar el pan. Cuando –relata la CPM- “repentinamente fue aprehendido, esposado y golpeado por un grupo de entre 8 y 10 gendarmes”. La denuncia penal cuenta que “fue trasladado al puesto de Gendarmería situado en Avenida Crovara donde lo encerraron y golpearon nuevamente”. Mientras lanzaban amenazas de nuevas detenciones. Cuando noviembre iniciaba su rumbo, una chica de 16 volvía de la escuela, en Lomas de Zamora. De un auto sin patente bajó un grupo de policías y –desgrana el organismo- “le exigieron el documento mientras la interrogaban en plena vía pública acerca del lugar al que se dirigía. Luego le pidieron y revisaron su mochila de la escuela hasta que uno de los efectivos le anunció que la requisarían. Fue cuando apareció una persona que pasaba el lugar y que preguntó qué sucedía con la joven, el “procedimiento” terminó”. Esa es la provincia que acaba de recibir en sus manos Axel Kicillof. La que tiene la fuerza de seguridad más grande del país. La que es capaz de torturar, armar causas, liberar zonas, manejar los negocios más turbios y mafiosos, serpentear entre las crueldades más subterráneas y seguir siempre en pie, soltar las piezas que le puedan hacer mella y deshacerse fácilmente de ellas, levantar o bajar el pulgar a funcionarios de su agrado o desagrado, perseguir a cuanta semilla de rebeldía ose intentar interponerse en su camino. La maldita. La que crece y se ofrece –ante la tierra arrasada- como una salida laboral segura para los pibes de los márgenes y los rediseña a su imagen y semejanza. La que uniforma ideas. La misma que no merma su poder ni disminuye su veneno, que no es errático sino sistémico. Y que ahora dependerá directamente de Sergio Berni. El hombre de mirada gélida y mano de hierro. El mismo que recordarán eternamente los trabajadores desobedientes y desesperados que salieron a la Panamericana o a las calles. El que supo ser el funcionario mejor visto en sus días de mano dura más feroz y que representaba ese pensamiento medio de volcar las culpas de todos los males securitarios en la inmigración latinoamericana. La morena. La desarrapada. Mientras, el rompecabezas que conforman los marginados sigue siempre quebrado en los pliegues de su dolor. Edición: 3901

Territorios a descolonizar
Publicado: Martes, 10 Diciembre 2019 22:00
Territorios a descolonizar

Por Silvana Melo(APe).- Ocho millones de niños son pobres, sesenta de cada cien, mientras asume el Presidente. El tiene bigote, lee con anteojos redonditos como Lennon y tiene un hijo que va con pañuelito con los colores de la diversidad. Los que se van lo miran con gesto de desagrado. El Presidente lee una pila de papeles. Ocho millones de niños en la pobreza desconocen los rituales institucionales. Se mueren de calor en las barriadas donde falta la luz y el agua sale caliente de las canillas comunitarias. Hace cuarenta grados y cocina la carne piba que vaga por los alrededores para ver qué pasa y la que anda por los confines sin saber qué pasará. El Presidente dice que hay que derribar tres muros. Uno, el del rencor y el odio. Y ellos piensan en la blanquitud que los mira con recelo, que prefiere no verlos, que no quiere cruzárselos, que los condena por planeros o hijos de planeros o futuros planeros, vagos en suma consuetudinarios y sistémicos. La blanquitud privilegiada y privilegiante que odia. Y legitima a la odiadez oficial, de traje, uniforme, despacho y arma larga. Otro muro, dice el Presidente, es el hambre. Y ellos piensan en el hambre de naranjas y de hamburguesas y de mundos nuevos que nadie les piensa por la mañana y de cuentos por la noche y de sumas y restas con tiza blanca. Y habla el Presidente de quince millones con inseguridad alimentaria en un país productor de alimentos pero no dice el Presidente que el modelo agrario superexportador redujo al 60% de los cultivos a producir commodities para engordar a los animales de los países desarrollados y para llenar tanques de nafta. De alimentos, poco rastro. Tal vez se vuelva a producir comida en la tierra rica, bella y noble desde la vecindad de los trópicos hasta los vientos del sur. Habló el Presidente del ambiente y del agua y el aire y de la encíclica papal Laudato Si y miles de pibes dispersos por las ruralidades extremas y cercanas, con patios escolares mirando al horizonte, ven llegar a las máquinas mosquito por tierra y aplicadores aéreos envenenándoles la vida indiscriminadamente para sostener un modelo productivo puesto en marcha desaforadamente hace más de veinte años con la firma de su canciller. Una lista de niños muertos, con secuelas de malformaciones, marcas cognitivas y trazas en la piel, en el sistema nervioso y en los pulmones son las señales imposibles de esconder en este sistema que sostuvo a las experiencias progresistas de toda América Latina, que se profundizó hasta el horror en la Argentina y que encuentra la resistencia en los confines. Ojalá logre abrir el Presidente ese camino de transición del que habló. Porque sin pan no hay ni democracia ni libertad, dijo.Y sin tierra sana, sin semilla libre y sin soberanía alimentaria, tampoco. Habló el Presidente de romper la lógica del gatillo fácil y matar por la espalda. Hablaba del estado. La lógica del gatillo fácil y matar por la espalda acababa de irse. Había salido por la otra puerta del Congreso donde él daba su discurso. Dejaba la presidencia esa lógica de disponer de las fuerzas del estado. Y él llega e instala otra. Y piensan entonces los pibes de Tucumán que no habrá más Facundo Ferreyra, el niño de 12 años que los policías tucumanos persiguieron y mataron de un tiro en la nuca (su espalda estaba muy abajo) en 2018 aunque el gobernador Manzur sigue siendo el mismo y es tan amigo del Presidente. Y creen los niños mapuche que ya no habrá Rafael Nahuel, asesinado por la espalda en el sur, todavía negado por la lógica asesina que acaba de dejar el estado y sale por la otra puerta, la de atrás, y quieren creer los chicos de Lomas del Mirador que no habrá más Luciano Arruga, desaparecido y asesinado en 2009 y aún negado por el hoy embajador del Presidente, entonces gobernador de Buenos Aires. Y ojalá que no haya más gatillo fácil ni muerte  por la espalda, porque hoy se elige creerle, porque él pide que el odio no nos colonice. Aunque los ratis siguen mirando a los pibes con ojo de 9 milímetros y la gente de bien cruza la vereda o llama al 911 y habrá que ver cómo hace para que el odio no sea colonizador y para que la esperanza no sea una cinta inaugural que sostenga las ganas. Habrá que dejar la esperanza de lado y salir a sembrar lo que se tenga a mano. Ya se ha esperado tanto. Tantas veces. Tantos siglos. Entonces sin esperanza, porque a este sueño tan lejano, tan complejo, se lo conquista desnudo. Para vestirlo de nuevo, de la nada. Descarnado. Y fue el Presidente el que dijo que el país será una mesa común para todos. Esa mesa será el territorio a descolonizar. A la vuelta está la calle. Y en la calle, siempre estará la lucha. Edición: 3901

Recuerdos del futuro (II)
Publicado: Lunes, 09 Diciembre 2019 15:59
Recuerdos del futuro (II)

Por Carlos del Frade (APe).- “Es fácil decir que el litio es algo bueno, menos contaminante y el futuro de los vehículos que van a ser más sustentables, pero hay que ver lo que deja en el territorio, los impactos ambientales y el tema del agua”, se preocupa Walter Alancay, representante de la comunidad de Aguas Blancas, en las Salinas Grandes y Laguna Gayatayoc, en Jujuy. “Estamos muy preocupados por el agua, porque una empresa estuvo explorando la cuenca entre 2010 y 2011 y pinchó una vena que es la fuente de la cuenca. Después taparon el pozo, pero sigue perdiendo cuatro litros de agua por segundo”, advierte Cemente Flores, representante de otra de las 33 comunidades que habitan en la región de Salinas Grandes y Laguna Guayatayoc. “El Estado debe exigirle más a las empresas. El proceso de evaluación de impacto ambiental no es nuevo y tiene varias falencias, como no tener en cuenta los ecosistemas específicos adonde se desarrollan estos proyectos, que son en cuencas cerradas consideradas ecosistemas frágiles y que están relacionadas entre sí, porque lo que sucede en una de ellas puede afectar a otras, aunque haya kilómetros de distancia”, destaca Marchegiani y asegura que esto también se vincula con el derecho esencial de las comunidades a la consulta previa, libre e informada, que muchas veces es implementado por las mismas empresas mineras, que no buscan comprender cómo funciona la comunidad indígena, sino promover su actividad comercial. “El Gobierno trabaja mucho en territorio pero no para defender a las comunidades sino para dividirlas, dando siempre esa visión de cómo según ellos deberían mejorar. Cuando vinieron estas maquinarias nadie sabía qué era el litio, ni se sentaron a hacer la consulta previa, ni nada”, coincide Alancay, que vive y trabaja en las salinas desde que nació, al igual que su padre y su abuelo, y recuerda que “antes uno andaba por toda la salina sin pedir permiso a nadie, era un lugar abierto. Ahora, las empresas se creen dueñas de nuestra propia casa”. Alicia Chalabe, abogada de las comunidades originarias de Salinas Grandes y Laguna Guayatayoc, afirma que “no se está implementando la consulta previa, libre e informada en Jujuy, porque no hay un proceso de consulta reglamentario. La consulta tiene que ser con determinados estándares de cumplimiento del derecho de acuerdo con una doctrina internacional, que son los estándares que no están dispuestos a cumplir, porque entre ellos hay uno fundamental que indica que la comunidad tiene que estar informada, no solo de la variable ambiental o si va a haber agua o no, sino del proyecto de desarrollo que tiene la minera, además de poder conocer los beneficios y riesgos del proyecto”, explica la especialista. Para el economista Ariel Slipak, autor de uno de los capítulos del libro Geopolítica del Litio. Industria, ciencia y energía en Argentina, el incumplimiento de la consulta libre, previa e informada y de la normativa ambiental se produce debido al esquema de concesión y pertenencia mineras que rige en el país, compuesto por lo que considera “una tríada que obtura las posibilidades de desarrollo y participación popular”, compuesta por tres regulaciones en particular: el artículo 124 de la Constitución Nacional, “que provincializa el recurso en zonas aisladas financieramente, que venden lo que tienen mientras sea negocio”; la Ley 24.196 de Inversiones Mineras; y el Código de Minería, sancionado y reformado en la década del 90, durante los gobiernos de Carlos Menem. Pese a eso, “la autoridad minera (nacional) podría ser un poco más exigente en lo que pide y entender que hay algunos estudios, como los de balance hídrico, que tienen que ser asumidos por el propio Gobierno para poder ejercer el poder de control”, considera Marchegiani y coincide en que la falta de autoridad o capacidad de control de las provincias también se relaciona con “poca capacidad institucional porque piensan que no tienen otra alternativa al desarrollo, están desesperados por atraer inversiones y hacen una carrera hacia abajo en lo que piden como requisitos a las empresas”. El potencial del litio cobró relevancia y difusión en todo el país, en particular luego de que Jujuy lo declarara recurso estratégico de esa provincia, en el año 2011. Sin embargo, la provincia con más trayectoria en extracción litífera es Catamarca, adonde se prevé que en febrero de 2019 empiece a producir el megayacimiento Tres Quebradas, considerado el quinto más grande del mundo de salmuera de litio. “En otros países, si un recurso es estratégico se frenan las concesiones, pero acá no. Es el caso más desregulado de la región. Por eso, siempre digo que en la Argentina el litio es un commodity estratégico”, afirma el sociólogo Federico Nacif, autor del libro ABC del litio sudamericano: Soberanía, ambiente, tecnología e industria, y recuerda que ya durante las décadas del 60 y 70, la extracción de este mineral era realizada por Fabricaciones Militares en Catamarca, puesto que es un insumo de la fabricación de armamento y era considerado un recurso bélico que formaba parte de los programas de desarrollo nacional. “En aquellos años, a nadie se le hubiera ocurrido firmar un pacto binacional con Chile y librar toda una zona de frontera a las inversiones mineras, adonde ni siquiera hay personal de los propios países controlando”, dice el especialista y agrega que fue recién en los años 80 cuando el litio ingresó al Código Minero y pasó a ser un recurso concesionable en la Argentina. La minería del litio como actividad privada se instaló en Catamarca en 1993, de la mano de la compañía FMC Corporation (hoy, FMC-Minera del Altiplano S.A.), de capitales estadounidenses, que comenzó a producir en 1998. “En el proceso histórico de extracción de litio en el país hubo tres factores relevantes: la participación provincial –sugerida por las reformas del Banco Mundial–, la atomización del conflicto social –que de existir debía mantenerse en los límites provinciales o, mejor aún, municipales– y la designación o no de recurso estratégico”, detalla Nacif. Según el especialista, antes de llegar a la Argentina, la FMC había obtenido un contrato de explotación directo con el Estado de Bolivia, donde la participación de los movimientos sociales era “enorme”, pero se retiró de ese país vecino cuando las autoridades decidieron aumentarle el porcentaje del impuesto al valor agregado. “Vinieron a la Argentina porque acá no había una sociedad que estuviera dispuesta a fiscalizar el proyecto de manera tan radical. Además, ese año se produjeron las reformas a las leyes mineras, asistidas por el Banco Mundial, con recomendaciones que, entre otras cosas, decían que era necesaria la participación de una empresa provincial y que los recursos tienen que ser provinciales, algo que no sucedía ni en Chile ni en Bolivia”, aclara el sociólogo. Desde entonces, el esquema de propiedad y las regulaciones mineras continúan siendo las mismas. Lo que sí cambió fueron las promesas en torno a una actividad que se ha presentado como una oportunidad única para el desarrollo local y tecnológico nacional, comenzando por la generación de empleo que la actividad podría generar de poder industrializarse. Sin embargo, según revela Slipak, los datos muestran que el empleo en el sector apenas representa el 0,5% y el 1% del total del empleo privado provincial de Jujuy y Catamarca, respectivamente. “Se dice que, dada la demanda creciente de litio para autos eléctricos y la posibilidad de almacenaje de energía para dispositivos móviles, la región está condenada al éxito, que sería la Arabia Saudita del litio”, suspira Slipak, y concluye: “Somos una especie de estrella del litio, como lo fue el cobre en Chile y el mineral de hierro en Brasil, pero que repite la misma historia de dependencia de siempre”. Edición: 3900  

Por la ventana
Publicado: Miércoles, 04 Diciembre 2019 14:07
Por la ventana

Por Claudia Rafael (APe).- Dónde se para el poder si no es, con una vulgar sistematicidad, del lado de los victimarios. Qué sitial para tatuar su nombre en la Historia –esa que se escribe con mayúsculas- eligió Patricia Bullrich Luro si no es el de los uniformados a sus órdenes. Los que se ceban ante el grito feroz que dictamina perseguir a los ninguneados, a los insurgentes, a las semillas de futuro rebelde. “No voy a hacer la injusticia de querer tirar a un gendarme por la ventana”, leyó, en el acto formal, con esa voz que modula apenas, las letras grabadas en el sable dorado por la gendarmería nacional para su santa y defensora. Frase con la que ella prepeó a la sociedad cuando el cadáver de Santiago Maldonado aún no aparecía. El sable dorado para esa mujer que cada vez que alzó la voz fue para iluminar a las instituciones hacia obediencias debidas. Y que aplaudió golpizas, balazos, persecuciones. Que ofreció abrazos en los hospitales por rasguños recibidos por los verdugos y dio la espalda mientras señaló con el índice del odio de clase a los niños villeros, a los trabajadores en huelga, a los heridos o muertos por el fácil gatillo nuestro de cada día. No es casual la frase grabada en el sable. No lo es tampoco la media sonrisa de Patricia Bullrich Luro a escasos días de dejar su puesto de mando. Para el que incluso se disfrazó ella misma de uniformada a sus propias órdenes. Las órdenes que le vienen de lejos. Que le resuenan como ecos para redoblar apuestas y vencer a como sea a los señalados por su estirpe. La del noble apellido de la oligarquía nacional. La que por vericuetos de la genealogía llega incluso al gran símbolo del asesino de los pueblos originarios que implantó la palabra desierto para reemplazar los nombres y las historias de los habitantes del origen. No es azarozo que ella lleve en sus venas sangre de Julio Argentino Roca. Esa frase, ahora eternizada en el sable, nace de las entrañas mismas de la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado en donde claramente la super ministra de seguridad se paró junto a los gendarmes, señalados por su responsabilidad en el destino del joven anarquista. Como se paró junto a Chocobar, el que asesinó a Juan Pablo Kukoc de un balazo y a pesar de que el policía estaba imputado por homicidio fue llevado por Bullrich y recibido con honores en la Casa Rosada. Como avaló a los gendarmes que reprimieron e hirieron a los pibes integrantes de una murga en la villa 1-11-14 y pronunció: “Vamos a defender a todos los efectivos, no dejaremos que los ataquen con tanta impunidad”. Patricia Bullrich Luro, la misma que cada tanto se hunde en el ostracismo para luego regresar con la impostura de los verdugos y buscar la gloria en el dolor de los desarrapados, se irá con un sable dorado que invoca ese lugar en la Historia que ella se supo construir. Con la provocación en los labios apretados. Con el orgullo que empuñan –como a un sable dorado- los que se sienten dueños del mundo y salen a patear con una sistematicidad obscena el tablero de los eternamente postergados. Hasta que ya no. Edición: 3896

Hambre y olvido wichi
Publicado: Martes, 03 Diciembre 2019 13:37
Hambre y olvido wichi

Por Silvana Melo(APe).- El 22 de noviembre se murió Fredi Sánchez. Tenía apenas un año y ocho meses, era wichi y vivía en Misión El Chañar, en la Salta multiétnica. Estaba desnutrido y su cuerpecito mínimo es un punto apenas en la eternidad de la historia originaria confinada al olvido. Donde el estado deposita el residual de la cultura cuando fracasan el Ministerio de Salud, el de Primera Infancia, y el convenio con Conin, del indecible Abel Albino; cuando el monte claudicó ante la topadora del agronegocio y se llevó el almacén, la farmacia y la casa de los espíritus. Fredi Sánchez era vecino de las comunidades de Misión Chaqueña, de Morillo, de Carboncito, donde los niños crecen hasta ahí, hasta que son conscientes de que el futuro tiene techo y después. A veces intentan buscar la fisura y otras fuman lo que encuentran, inhalan nafta o se prenden fuego como hace unos años los chicos partían en Morillo. Rodolfo Franco es médico en Misión Chaqueña. Atiende en una salita a 50 kilómetros del hospital de Embarcación. En el camino de tierra, entre barquinazos, habla con APe y responsabiliza: “el Estado permite que se desmonte; ellos son cazadores y recolectores. Los wichi son una de las etnias más abundantes en Salta”. Entonces enumera la multiplicidad de la provincia más pluriétnica del país: “aquí hay qom, toba, wichi, weenhayek, guaraní, coya, diaguita; como Bolivia, Salta es pluricultural y multiétnica” y “gobierna siempre una minoría blanca que tiene en pésimas condiciones a los originarios”. Los Fredi Sánchez nacen y sobreviven apenas “con servicios básicos de salud, con agua de pozo” que no tienen a mano sino que “a veces tienen que caminar dos o tres cuadras para acarrear bidones de agua de 20 litros; si son dos, pesan 40 kilos y las mujeres tienen que hacer ese trabajo para lavar, cocinar, bañarse, bañar a los chicos, y con agua que no es potable”. Los bidones “generalmente son de glifosato. Lavados, pero de glifosato”. Los Fredi Sánchez que superan el año, los que pueden superar la diarrea, el shock séptico, la neumonía multifocal, la escasa nutrición, la madre a la que no le da el cuerpo, sobreviven con la ausencia del monte “que era como un almacén”, define el médico. “Allí cazaban, pescaban, recolectaban frutos comestibles, encontraban sus medicinas”. Ahora, relata Franco desde el camino, “queda muy poco monte, está desmantelado, se han introducido animales que no son de acá como el chivo o la vaca, que compiten con las personas en comerse las frutas del monte y las medicinas”. Cuando van a buscar el poco alimento que queda “ya han pasado las vacas y los chivos y no han dejado nada”. “Ellos tienen gallinas, patos para consumo pero les cuesta mucho porque no tienen recursos para un emprendimiento. Con eso de vez en cuando se sacan el hambre” porque “lo habitual es que pasen hambre”. El médico sonríe amargamente cuando recuerda al ministro de Salud que se está yendo junto al Gobernador de la bella familia y las fotos de revista Hola: “dijo hace un par de años que los wichis comían una sola vez al día por una cuestión cultural”. A fines de noviembre un decreto de la gobernación habilitó la caza del caraguay o iguana colorada y la venta de sus cueros. Es la época en que esos animales asoman a la vida. El decreto 820, interpretan muchos en la provincia y el doctor Franco es uno de ellos, asoma como las iguanas en el verano, con la intención de aliviar el hambre de los wichis del Chaco salteño. De los Fredis Sánchez que se van muriendo silenciosamente, sin engordar las estadísticas salvo cuando uno de ellos trasciende inexplicablemente y aparece en los medios y obliga a una explicación que siempre es insuficiente y a veces roza la obscenidad. “Es un alimento tradicional de ellos”, explica el doctor Franco. “Usan como medicamento la grasa de iguana”. Pero “tampoco puede ser un plato exclusivo”. Antes “había un ciervito muy bonito que se llama corzuela o guazuncho, que era muy rico y nutritivo pero casi no quedan. Ellos los cazaban con arco y flecha, los blancos, a balazos”. Cuando al consultorio llega un niño con signos de desnutrición, “se deriva a Embarcación, que es el Hospital más cercano, a 50 kilómetros. Y empiezan a darle alimentación especial, vuelve con un plan de más aporte de leche. Y más consejos a la madre y controles del médico”. Pero “hay una desnutrición que no se registra tanto porque a la madre le da mucha vergüenza decir que no tiene para darle de comer a los chicos”. Entonces “evitan venir al médico. Inclusive en personas grandes: hace poco atendí a una chica de 25 años, muy desnutrida, inclusive con tuberculosis, que no quería decir nada, no quería consultar, porque le daba vergüenza contar que no tenía comida en la casa”. Esa dignidad extrema al límite de la vida es la “cuestión cultural” que los dirigentes criollos definen al borde del desprecio. Con 42 años en la medicina Franco ve a los niños crecer “felices” en la comunidad. “Juegan trepando a los árboles, comen pajaritos que cazan y cocinan ellos mismos en una fogatita, van a la escuela como pueden, son felices porque ven poca televisión…” pero hay un momento en que caen las sombras. “Llegan a la adolescencia y tienen el techo de la educación que pueden alcanzar, no pueden salir porque no hay dinero, se dan cuenta de que el futuro es negro. Y empiezan a tomar”. Por eso “estamos tratando de conseguir futuro para los jóvenes. Tenemos un terciario en magisterio, nos reunimos con algunos de ellos y logramos que se anotaran para estudiar en la universidad, conseguimos cupo en un albergue”. Sabe que es mínimo. Que la mayoría quedará en el camino. Pero es una semilla que empieza a sembrarse. Como la red de agua que están tramitando porque de marzo a noviembre no llueve jamás por Misión Chaqueña, por Misión El Chañar. Y cultivar una chacrita en invierto “es imposible” dice el médico que no sólo cura las heridas del cuerpo. Entonces “estamos viendo si podemos lograr que instalen una red para que se puedan alimentar, bañar y tener una chacra y eso cambiaría la salud, la alimentación, la economía”. Cambiaría la vida. Para que arranque de una vez el futuro como en los primeros tiempos de la historia. Para que el fuego deje de consumir a los pibes como en Morillo. Y el agua buena parezca de cristal. Edición: 3895  

Por Alberto Morlachetti y Miguel Angel Semán

(APe).- Caridad y represión. En el siglo XVI Europa se vio asolada por el hambre y las epidemias. Miles de campesinos marchaban hacia las ciudades en busca de alimentos,

porque sólo éstas poseían un sistema organizado de almacenamiento de provisiones.

Ante el avance de los andrajosos, las autoridades urbanas adoptaron medidas destinadas a dominar la situación y bajo el manto de la caridad pública comenzaron a funcionar los aparatos represivos.

En el año 1527 se dicta en Venecia una ordenanza o “primera ley de los pobres“ cuya finalidad esencial era el aislamiento de los menesterosos en hospicios provisionales, prohibiéndose su estacionamiento en las calles y en las plazas, so pena de azotes, prisión o expulsión de la ciudad. Un año más tarde prohiben el acceso a los mendicantes forasteros, a los propios se los obliga a trabajar en la marina por la mitad del salario normal y se recomienda a las comisiones parroquiales que pongan a las mujeres y a los niños a servir.

En 1534 frente al temor de nuevas epidemias y revueltas de pordioseros, fue creada en Lyon la "Limosna general", institución con facultades jurídico-policiales, encargada de distribuir las limosnas, controlar el orden y, fundamentalmente, combatir la mendicidad, la haraganería y el ocio, para lo cual contaba con seis servidores denominados “atrapa vagabundos“ y una torre enclavada en la muralla de la ciudad que cumplía la función de prisión de mendicantes. Los trabajos forzosos eran el medio educativo y punitivo aplicado en forma permanente a los pobres, a quienes se obligaba a trabajar encadenados por ninguna paga. Cuando en el año 1536 se introduce en la ciudad la manufactura de la seda, los niños e incluseros educados por la Limosna eran colocados en el sector. Lo significativo es que los mismos burgueses, promotores del trabajo forzoso como sistema de ayuda social, fueran los rectores de la Limosna General y, a la vez, los introductores de las nuevas ramas de producción en Lyon.

A fines del siglo en Norwich, Inglaterra, se organiza un sistema asistencial bajo formas represivas que tendrá consecuencias duraderas y prefigurará rasgos de una futura explotación capitalista. En 1570 se llevó a cabo un censo de pobres a fin de determinar quiénes eran aptos para el trabajo, incluyéndose entre ellos a niños entre siete y nueve años. Se creó entonces una casa de trabajos correccionales, con un régimen carcelario, administrada por el propio alcalde. Se trabajaba en ella desde el amanecer hasta el crepúsculo y quien no lo hacía no recibía comida. Para el empleo de las mujeres y los niños se designaban celadoras pagadas por la ciudad, que tenían la facultad de aplicar azotes a los tutelados. Todo este sistema era sufragado por un impuesto a favor de los pobres. Al cabo de un año de costearlo los ciudadanos de Norwich sacaron cuentas y observaron que el trabajo obligatorio de los ociosos había procurado a la ciudad un ahorro de 2.812 libras, un chelín y cuatro peniques. Aunque la evaluación de la miseria en términos de inversión de dinero resultara importante, la verdadera garantía de funcionamiento del sistema era la represión violenta, basada en la legislación regia contra la haraganería y aplicada por las autoridades ciudadanas mediante dispositivos locales de control.


La domesticación de la miseria


Han pasado casi quinientos años y el mundo cuasi virtual no sabe aún qué hacer con los hambrientos de la Plaza de San Marcos ni con los habitantes de la Villa 31. Nadie sabe cómo reducir a cenizas los cadáveres insepultos de la historia. Se le teme tanto a los ociosos del siglo XVI, con sus pestes y tumultos, como a los deportados del neoliberalismo. Los indígenas de Chiapas, el Movimiento de los Sin Tierra del Brasil, los ocupantes de asentamientos en el Gran Buenos Aires son las expresiones de resistencias organizadas ante las políticas de exterminio y domesticación de la miseria.

Los programas asistenciales de hoy, como ayer, proponen, la traza de una geografía domesticada del hambre, una organización represiva de la pobreza para impedir que irrumpa abruptamente con sus pústulas en medio de la bruñida sociedad que ha sustituido la realidad por su imagen. Para ello, desde los organismos de beneficencia se somete a los pobres a un asedio administrativo, humillante y perpetuo. Se les imponen juramentos y declaraciones que acrediten sus indigencias y enfermedades.

El sufrimiento infinito de los pueblos requiere de la firma de un funcionario público para hacerse verdad en los dominios de la burocracia y lograr apenas la excención de un sellado, un poco de leche o apenas un remedio que demore la muerte.

Subsiste, en este afán de hacer confesar al pobre su “maldita“ indigencia, un sedimento de añeja desconfianza, pero su finalidad última es la de obtener una clasificación de los menesterosos en propios y extraños, sanos o enfermos, inofensivos o peligrosos. Primitivo control de las disconformidades, censo de las tristezas, tomografía de lo marginal que permite evaluar a los gobernantes el gasto mínimo necesario, no para evitar muertes por carencia de alimentos, sino el estallido y la revuelta, el tumulto callejero que pueda alterar la calibrada injusticia del mercado y el orden público resguardado por custodias estatales o privados.

Mientras tanto, el hambre, tempestuoso como el mar, se niega a obedecer las disciplinas que pretenden someterlo al turno de los comedores escolares. Se enfurece y rompe los calendarios de la espera, corre por las calles y revuelve la basura, se lleva a la boca los mendrugos ajenos y los mastica “con sentimiento de ladrón“.


I


En el amanecer del siglo XXI la represión no precisa disfrazarse de caridad para salir a las calles vestida con sus mejores galas. La epidemia que traen consigo los desposeídos de nuestro tiempo no es la peste negra venida a Europa en el año mil, por la ruta de la seda y de la mano del progreso ni el mal de los ardientes, capaz de devorar a un hombre en una sola noche. Tiene otro rostro, tal vez menos espantoso, pero igualmente inquietante, y afecta el nervio más sensible de las sociedades contemporáneas. Es el mal de los derrotados, la pandemia que padecen los excluidos del sistema. Miles de enfermos portan el virus de la peligrosidad y el fracaso, constituyen en sí mismos, por el simple encadenamiento causal de sus existencias, un evidente riesgo social.

La queja de esa labil “opinión pública“, traída y llevada de la piedad al miedo y del miedo al odio, sensible a las variaciones bursátiles de los mercados remotos e indiferente a los horrores limítrofes, entonces deviene el reclamo, el encierro de los peligrosos y la segregación de los indeseables. Pero lo cierto es que nuestras sociedades ya han recluido y discriminado hasta el hartazgo y, luego de dos siglos de haber sido depositarios de la peligrosidad humana, las cárceles, los institutos de menores y los manicomios parecen haberse desfondado irremediablemente.

Ante la imposibilidad física de aplicar la prisión indefinida, las sociedades “evolucionadas“ se han cerrado sobre sí mismas, provocando en su repliegue la automática expulsión de los indeseables. Las cárceles están abarrotadas, pero la forma más novedosa y sutil de la prisión es esta condena a permanecer a la intemperie del mundo, del otro lado del espejo, en un calabozo de castigo cuyas paredes lindan con la nada. Tal vez el “remedio-sanción“ ideal para nuestros tiempos sea una vacuna cuya aplicación extirpe de raíz toda reminiscencia de dignidad humana, un anticuerpo que libre a los menesterosos de la tortura de la esperanza, los vuelva estériles e indiferentes a la belleza y los convenza para siempre, a ellos y a los hijos de sus hijos, que sólo han sido dotados para engendrar tristeza y parir desolación.


II


Como decía un personaje de Haroldo Conti: el mundo es grande, pero no tanto. Por eso los del lado de afuera, tarde o temprano, aparecen donde no deben. Entonces suenan las alarmas, las sirenas caen como una red sobre la noche y el Orden se defiende a sí mismo, a los tiros o “a duras penas“. Algunos se encuentran con la desmesurada injusticia de la muerte y otros reciben su cuota en un reparto de condenas que no persigue la punición modulada de ningún culpable sino “la inmunidad de los amenazados“, la protección absoluta “de los otros“, con independencia de toda noción de culpa.

Como medidas “preventivas“ se montan espectaculares operativos de rastrillaje, se inventan inverosímiles figuras como el “predelito“, la tolerancia cero, la mano dura. Es decir: se criminalizan las sospechas y se hace del prejuicio una tipificación penal. Luego se elaboran estadísticas -viejo vicio de los represores- que miden la superficie de la ciudad en metros cuadrados de peligrosidad humana y evalúan la eficiencia policial en horas-hombre de detención sin motivo. Estas cruzadas en la oscuridad son definidas por los funcionarios de la seguridad como procedimientos de rutina y, a decir verdad, conforman una rutina de la violencia que pretende recluir la exclusión dentro de cuarteles determinados, llámense Fuerte Apache, Villa Tranquila o Carlos Gardel, detrás de cuyos límites el homicidio, la violación y el robo no resultan alarmantes, en tanto y en cuanto la miseria y la monstruosidad igualan a los victimarios y a sus víctimas. De alguna manera, las calles, el barro, la droga y el miedo prolongan bajo el cielo abierto el esquema cerrado de las prisiones, adonde el mal debe ser confinado, como en los antiguos Hospitales Generales, dentro de su propia promiscuidad de mendigos, delincuentes, locos, desocupados y huérfanos.

Cuando alguno de los confinados rompe el cerco y mata, roba, secuestra o daña, el gran ojo mediático acude en busca de su presa y enfoca el fenómeno como producto de un encadenamiento de genéticas irreparables. La era digital nos permite ser tranquilos espectadores de estos retazos de realidad porque la pantalla del televisor no hiede como la piel de los humillados. El cerco de 24 pulgadas, como el espejo que guarda los horrores ajenos, conjura las presencias y desactualiza el mal, aunque los hechos estén ocurriendo en ese mismo instante a pocas cuadras de nuestra casa. Contemporáneamente, fuera de los noticieros y en el horario de las telenovelas, los mismos medios se encargan de difundir una versión “light“ de la marginalidad en esos indefinibles programas donde pobres disfrazados de pobres y maquillados de sí mismos representan el papel de héroes o víctimas de sus propios dramas. Así, la televisión logra una vez más sustituir la realidad por su imagen, y lo humano -despojado de su dimensión trágica- aparece exhibido como un simple muestrario de obscenidades. La miseria es visitada como la reserva natural del fracaso en el mundo del éxito excluyente.


III


Así como en la antigüedad, la espectacularidad y desmesura del castigo eran una manifestación del poder absoluto y arbitrario del Príncipe, y la aplicación de la pena buscaba restablecer el pacto jurídico-político que el delincuente con su conducta había dañado, nuestras condenas apuntan a quienes han quedado al margen de una sociedad sólo ensamblada por las leyes y conveniencias del mercado. Se castiga a los marginales, la “no pertenencia“, el desarraigo y el olvido a los que la misma exclusión económica los ha conducido, porque su presencia y sus actos atentan contra el nuevo pacto político de nuestro tiempo. La arbitrariedad de las penas actuales es el reflejo del cruel funcionamiento de un mercado que se alimenta, casi exclusivamente, de la despiadada eliminación del otro.

El neoliberalismo individualista castiga a los delincuentes que ha producido, a los que podría llegar a producir y a los que ya no lo serán jamás. Las víctimas predilectas del sistema penal son los heterogéneos y los vencidos del mundo, se persigue tanto a los “peligrosos“ como a los indefensos. Por eso encierra no sólo a los presuntos delincuentes, sino también a los ancianos y a los niños hambrientos. Cuando abandonamos a nuestros mayores detrás de las paredes de los geriátricos, dejamos con ellos no sólo el estorbo de unos cuerpos vencidos, sino también el sobrepeso de las memorias inútiles, la carga de las miradas que más secretamente nos conocen, las que nos vieron niños, enfermos, débiles o pobres y, al mismo tiempo, retiramos discretamente nuestras propias miradas del cruel espectáculo de sus agonías. Al encerrar a los niños con el pretexto de tutelarlos, lo hacemos porque no nos gusta que nos miren unos ojos ante los cuales siempre seremos culpables. El secuestro de la infancia en Institutos de Menores pretende abolir memorias aún no escritas, pero que presentimos terribles, historias que no deben andar sueltas porque pueden aparecerse mañana y cerrarnos el paso en cualquier esquina del futuro.


Epílogo sin fin


Un racismo bio-económico atraviesa la civilización posmoderna. Como en una imaginaria “Nave de los locos“, los pobres de la Era Digital han sido echados al mar de las ausencias y por allí navegan en busca de un puerto de aguas generosas, pero los vientos de la civilización los expulsan una y otra vez hacia sus patrias de origen: las islas de la desolación y el miedo. En el planeta de la economía global y el mercado sin límites sólo los capitales viajan sin restricción alguna, porque la tierra y el cielo, la dignidad y la brisa han sido vendidos y llevados muy lejos de aquí, a donde no puedan ser contaminados por el mal de la pobreza.

Pero nunca nada es demasiado afuera y nadie jamás ha conseguido ponerse a resguardo de la esperanza humana. Ya es hora de ir sabiendo, entonces, que los pasajeros ilegales, los hambrientos de siempre, los niños vagabundos y las mujeres perdidas, antiguos y eternos leprosos de la tierra, no son únicamente la muestra congelada de unas penas, son la imagen que algún día romperá el espejo y llegará al aquí. Entrarán en el mundo con sus nadas al hombro, los seguirá el aroma milenario de las lluvias y traerán el olor desenterrado de la tierra para enseñarnos de qué lado de la luz está la vida, en qué margen del exilio se ha refugiado el tiempo durante todos estos siglos de tristeza. Mientras tanto, como el viejo Mascaró en su lento carromato de desdichas, "nosotros los ustedes" seguiremos adelante, reclutando poco a poco la esperanza, contando pétalo por pétalo la fe recogida en los caminos.

 

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Galería fotográfica

 

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Hechos en imágenes

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Arsénico

Es un semimetal considerado tóxico. Su concentración es muy alta en el agua que consumen en Chaco, Formosa y Santiago del Estero. 


NN

 5.329 personas fueron enterradas como NN desde el regreso de la democracia. 301 fueron identificadas. Quedan aún 160 sin pistas.


En la calle

 Más de ocho mil personas duermen en la calle en Buenos Aires. Se viven los picos de bajas temperaturas.


Precarizados

Casi el 50% de los trabajadores argentinos están fuera del circuito formal y están precarizados.


Campera

Tiene 22 años, estaba muerto de frío y robó una campera en la capital correntina. Lo llevaron a la comisaría.


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