Daniel, el suicidio de un obrero
Publicado: Lunes, 23 Abril 2018 13:45
Daniel, el suicidio de un obrero

Por Carlos Del Frade (APe).- -Le dijo a mi hija, su sobrina, que este año no iba a tener plata ni para comprar una torta – Frida Sánchez lo relató a la periodista Paola Cándido, cuñada de Daniel Héctor Fernández, el obrero metalúrgico que no llegó a cumplir 62 años porque se suicidó. La mayoría de los desocupados sienten que desaparecen, adentro y afuera de la casa. Desaparecidos sociales que hay que buscar, al mismo tiempo que hay que denunciar a los desocupadores con nombre y apellidos para que no gocen de una perversa impunidad. El hombre formaba parte del plantel de 170 trabajadores de la fábrica de llantas Mefro Wheels, histórica empresa de la ciudad de Rosario que cerró definitivamente y los dejó en el agujero negro de la desocupación. Las importaciones del gobierno nacional, los manejos empresariales y alguna otra razón, produjeron esa fenomenal agresión a la llamada “paz social” que no se arregla ni con una indemnización ni tampoco con un retiro más involuntario que voluntario. Cuenta la muy buena nota que “Daniel fue uno de los trabajadores más calificados en la única fábrica de llantas que existía en el país. En los últimos años se desempeñó en el área de control de calidad. Vivía en zona sur, en avenida del Rosario al 600 bis, en la parte trasera de la casa de su hermano José y su cuñada Frida. “Era una excelente persona, trabajador. Vivía por sus sobrinos y sus sobrinos nietos. En un principio estaba con sus compañeros en la lucha por la reapertura de la fábrica. Pero hace casi un año entró en un estado depresivo que no pudo salir. Siempre nos decía que no quería ser una carga para nosotros”, detalló la cuñada”, informa el texto. En los últimos días ya no comía. Cuentan que cobraba el sueldo y les hacía pollo a la parrilla a sus sobrinos. Pero eso era antes, cuando tenía trabajo. Hasta le bajaron el subsidio de desempleo, de 8 mil pesos a 3 mil. El lunes 16 de abril de 2018, Daniel decidió terminar en una quebrada del arroyo Saladillo, entre Rosario y Villa Gobernador Gálvez. La Unión Obrera Metalúrgica de la ex ciudad obrera, portuaria y ferroviaria informó el caso. Entre desocupados y subocupados, la geografía rosarina tiene 108 mil personas que no saben bien qué significa la palabra futuro. Hace muchos años, en la Nochebuena de 1977, un telegrama de despido le llegó al padre de este cronista. El entonces Banco Monserrat lo echaba como un perro. En esa Navidad, en una mesa redonda de madera que todavía subsiste, el empleado bancario lloró a mares. Desde entonces empezó a morir de a poco. Se le apagó la mirada, el televisor se encendió los días domingos porque nadie hablaba y fue difícil verlo reír con ganas. Sucede que aquel que deja de hacer lo que hace todos los días, deja de ser. El desocupado no produce explosiones sociales. Al revés. Implosiona. Por dentro de la familia y en un contexto machista, dejar de ser el soporte económico del hogar lo desintegra en su autoestima. Por eso fueron tan valiosas las experiencias de los movimientos piqueteros. Asambleas de desocupados que le devolvían la dignidad al trabajador que ya no se sentía útil para casi nada. Durante los años noventa, en decenas de ciudades y pueblos, este periodista vio la mirada de su padre y reconoció aquella degradación de cientos y cientos de personas. La mayoría de los desocupados sienten que desaparecen, adentro y afuera de la casa. Desaparecidos sociales que hay que buscar, al mismo tiempo que hay que denunciar a los desocupadores con nombre y apellidos para que no gocen de una perversa impunidad. En tiempos de cinismo y profundo individualismo, la historia de Daniel merece contarse porque cuestiona de raíz un sistema que basa su enjundia en el desprecio por los que producen la riqueza: los trabajadores. El suicidio de un trabajador es un cimbronazo emocional, un estridente llamado de atención para los que buscan convertir a esta cápsula espacial, de una buena vez, en un lugar digno de vivir, donde lo humano esté por encima de los intereses de muy pocos. Imágenes: Ricardo Carpani Edición: 3598  

Alan Nahuelmilla
Publicado: Jueves, 19 Abril 2018 16:01
Alan Nahuelmilla

Por Claudia Rafael (APe).- Los arrastraron amarrados con sogas a una camioneta. Los llevaron a una casa y dieron rienda suelta a su furia planificada: hacer sufrir lentamente como destino final. Utilizando cada una de las herramientas de la crueldad para aplicarlas sobre los cuerpos inermes de Alan Nahuelmilla, de 17 años, y de su amigo de 19 (J.G.), que sigue luchando por sobrevivir. Les dieron –según describió la fiscal- “golpes, patadas en diversas partes del cuerpo, golpes en la cabeza con una pala, provocándoles cortes, los desnudaron y les tiraron agua fría con bidones de 20 litros, a J.G le cortaron la oreja en reiteradas oportunidades con un alicate. Les pusieron sogas al cuello para ahorcarlos, tiraban tiros al aire, y a su vez los amenazan con matarlos si no decían dónde estaba el televisor”. Uno de los cuatro hermanos Ibáñez, victimarios de una premeditación aterradora, pedía más y más municiones por teléfono. Algunos de ellos filmaban la sesión de torturas de largas cuatro horas. Vecinos comunes y corrientes que compran el pan, comparten un mate en la vereda o saludan a diario como cachorros de buenas personas. Comodoro Rivadavia fue el escenario. En la zona de Quintas. La excusa fue que Alan y su amigo habían robado un televisor que la justicia, luego desestimó por completo. ¿Importaría acaso en el contexto de lo que ocurrió luego? ¿Puede haber algo más que deseo de torturar, de redoblar una y otra vez la apuesta de la crueldad en ese ser humano que tiene como objetivo primigenio llevar el sufrimiento al sitial del paradigma? Michel Foucault analizaba que “la tortura y los malos tratos son utilizados no tanto para la obtención de un fin (confesión, intimidación, etc.), sino como un hecho rutinario y disciplinario”. Destinado a saciar una sed de depredación, avalada y naturalizada hasta el extremo de la muerte. Quién será la presa codiciada puede pasar por el azar o por alguna anécdota banal. Y probablemente la muerte sea un hecho secundario en todo el proceso construido por los torturadores. Porque ahí, lo que vale no es el final sino la triste y dolorosa construcción del proceso que tiene, seguramente, componentes de goce y satisfacción. Pero Alan Nahuelmilla sufrió cada impronta, cada gota de hiel derramada por sus torturadores. Recibió en su piel joven de 17 años todo el peso de lo peor de la condición humana que va siendo abonada a diario con cada aplauso institucional y social. Como Facundo Agüero, de 22, salvajemente golpeado por la policía neuquina y sobreviviente por puro azar. Acusado de robar un perfume del que tenía el ticket. Justo una semana después del crimen policial de Facundo Ferreira, de 12 años, en Tucumán, que ocupó las primeras planas pero no lo hizo el resultado de toxicología de los policías que lo asesinaron que (al menos uno) tenía cocaína en sangre. Es la condición humana que se está rompiendo a pedazos. Que tiene despedazadas sus fibras fundamentales. Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre se escucha que transita solamente la rabia, escribía Rafael Alberti y decía siento esta noche heridas de muerte las palabras. Habrá que empezar de nuevo, con el espejo del ayer clavado en el centro de la memoria. Edición: 3596

Las mayorías goleadas
Publicado: Lunes, 16 Abril 2018 13:22
Las mayorías goleadas

Por Carlos del Frade (APe).- Cancha chica del fútbol, cancha grande de la realidad. Desde hace casi veinte años que esta columna habla de la dialéctica existente entre el deporte más popular y los factores de poder de la sociedad. Pibes abusados sexualmente en las inferiores de River e Independiente, sospechas y causas que se abren en torno al lavado de dinero, presidentes de clubes que devienen en presidentes de naciones (de Italia a la Argentina, de Africa a otros lugares del globo), barrabravas que desde el paravalancha hacen más negocios afuera que adentro de la cancha con la complicidad policial y dirigencial, por un lado, y, por otro, todavía, increíblemente, el amor por la camiseta de miles y miles y la esperanza, tozudamente, de miles y miles de llegar a primera división. El capitalismo goza de buena salud: las minorías manejan los millones que le deparan los millones de fervorosos devotos de la ilusión futbolera. Muy pocos manejan los cuerpos y las cabezas de millones. Y las reglas de juego, mientras tanto, siguen inalterables. En Rosario, otrora capital nacional del fútbol argentino, Ñuls y Central parecen deambular, tanto dentro como afuera de la cancha. Las identidades y las pasiones parecen invictas pero los negocios del sistema van haciendo cada vez más densa la realidad rojinegra, por ejemplo. Los medios de comunicación escritos de la ciudad cuna de la bandera, informaron que “en un pedido de ampliación de declaración a indagatoria, el ex jefe de la barra de Newell's, Diego "Panadero" Ochoa, sacudió el expediente en el que se lo investiga como presunto instigador del asesinato de Maximiliano "El Quemadito" Rodríguez. Ochoa recolectó escuchas olvidadas en la causa que comprometen a abogados y jueces en la trama de una presunta maniobra para inducir la culpabilidad del crimen de Rodríguez a quien fuera el líder del paraavalancha rojinegro. La declaración tendrá consecuencias directas en el expediente e incluso pueden llevar a revisión su condena de 11 años por instigar el crimen de Roberto "Pimpi" Caminos”, sostienen las notas. El ex jefe de la barra brava de Newell's, declaró durante tres horas ante un sumariante y el fiscal Luis Schiappa Pietra y expuso una nueva interpretación de los delitos por los que se lo acusa: además está a la espera de juicio por el homicidio en 2013 del hincha Maximiliano "Quemadito" Rodríguez. “Valiéndose de escuchas telefónicas y testimonios de ésta y otras causas, como la del triple crimen de villa Moreno, dijo que fue víctima de una confabulación para desviar la atención judicial del clan de Los Monos y camuflar el trasfondo narco del segundo caso. Ochoa responsabilizó por ese complot a Sergio "Quemado" Rodríguez, el padre de Quemadito, condenado a 32 años de prisión por el triple crimen del 1º de enero de 2012 en una canchita de fútbol de villa Moreno. Dijo que Rodríguez y su abogado direccionaron la investigación hacia él para beneficiar a los verdaderos responsables de la muerte de su hijo. Y que, con la misma finalidad, Quemado lo ligó a la muerte de Pimpi al declarar en su contra en el juicio. Si bien jamás utilizó la palabra "Monos" ni acusó directamente a la familia Cantero, Ochoa apuntó con su dedo a la familia originaria del barrio La Granada como parte de esa trama”, indicaron los diarios de la ex ciudad obrera. Planteó que el crimen de Quemadito, el 5 de febrero de 2013, fue por la venta de drogas y no por una disputa por el control de la barra de Newell's que por aquellos días estaba en sus manos. Y advirtió que el Quemado culpaba a Los Monos de esa muerte pero, en connivencia con su abogado, dirigió la investigación hacia él para no confrontar con los Cantero. Para Ochoa, “de acuerdo con la escuchas que expuso, al momento del crimen de Maximiliano Rodríguez su padre tenía como hipótesis que a Quemadito lo habían asesinado en un contexto de venta de drogas; que la orden había partido de la familia Cantero y que Sofía, su novia, lo había entregado para que lo ajustaran en la esquina de Corrientes y Pellegrini la tarde del 5 de febrero de 2013. Sin embargo —advirtió— cuando Quemado declaró acusó a Ochoa y colocó el contexto del crimen en una lucha por el control del paravalanchas leproso”, agregan las noticias. Las nuevas declaraciones del antiguo jefe de la barrabrava de Ñuls muestran hasta qué punto estos grupos hace rato dejaron de ser los hinchas que hacen negocios solamente con la venta de entradas o los puestos afuera y dentro de las canchas. Que la cuestión narco atraviesa cada una de estas asociaciones, mientras miles y miles, todavía, siguen enamorados de los colores. Las grandes barras de los grandes equipos del fútbol argentino, son fenomenales lugares para multiplicar las ganancias de negocios legales e ilegales. Una vez más, fútbol, lavado de dinero, poder y sangre derramada. Las mayorías goleadas. Edición: 3593    

Niños calcinados
Publicado: Martes, 10 Abril 2018 13:06
Niños calcinados

Por Claudia Rafael (APe).- Dos denuncias previas, en 2015 y 2016. Una internación en Salud Mental. Una medida de abrigo para los niños en un hogar de tránsito municipal. Una seguidilla de violencias repetidas con sistematicidad. Nada bastó. Porque hoy el Estado observa horrorizado, como quien mira extrañado una historia que no le pertenece, el triple crimen de una mujer y sus dos niños en la madrugada del viernes en Olavarría, una ciudad del centro bonaerense. La historia volvió a repetirse como lo hace una y otra vez en cada geografía. Y el rompecabezas de la vida quedó roto definitivamente cuando algunas de sus piezas fueron destrozadas. Jazmín tenía 11 y Ezequiel, 7. Su mamá, Verónica Angeles Montenegro, 33. Cinco balazos fueron disparados dentro de la casa de Pelegrino, entre Piedras y Tacuarí, en Olavarría. Y un incendio posterior intentó tapar todo. Edgardo Ríos, el papá de los niños y pareja de Verónica, era un violento al que el Estado pudo parar pero no quiso. Y esa violencia feroz fue la que lo llevó a disparar y luego a quemar la casa y los cuerpos y salir a deambular por las calles hasta morir, horas más tarde, dentro de una sala del hospital de la ciudad con el fuego haciendo estragos también en su interior. ¿Cómo se hace para enumerar hechos que son los mismos cada vez? ¿Que cambian los nombres, las edades, los métodos pero la muerte queda instalada como un atroz engranaje de instituciones que aúnan sus ineficacias y sus crueldades en decisiones que repiten? Hoy la escuela 52 de la ciudad, a pocos metros de la casa, tiene dos bancos vacíos. Y el impacto es el mismo que han vivido los sobrevivientes de holocaustos y guerras impiadosas cuando los alumnos vuelven a un salón de clases y faltan vidas porque una explosión, una bomba cruenta disparada por decisiones milimétricamente establecidas, estalló sobre el puzzle vital y lo dejó inacabado. Las muertes de Jazmín y Ezequiel replican hoy y lo seguirán haciendo en cada uno de los demás niños con los ecos de una violencia incomprendida e inexplicada. Hubo denuncias en 2015 y 2016. La primera la hizo Verónica y luego, junto a un abogado, la retiró con un escrito. La última fue durante diciembre de ese año y la hizo una empleada municipal. “El le gatillaba en la cabeza como costumbre. A los niños, en pleno invierno los obligaba a meterse al agua a buscar lo que cazaba”, dijeron a APe en riguroso off. Verónica, en un tramo del derrotero de 2016, fue derivada al área de Salud Mental. Jazmín y Ezequiel separados del padre y alojados en el hogar municipal de Tránsito Peñihuen. El paso siguiente fue entregar a los niños a una tía paterna bajo la condición de mantener la medida de restricción de acercamiento al padre. Pero los engranajes de la Justicia y de las áreas de decisión estatal avalaron este después. Fueron determinaciones del juez de Familia, Claudio García, a pesar de los informes negativos del servicio local de niñez y del equipo técnico del juzgado. El mismo juez que en febrero de este año fue apartado de su cargo por “acoso sexual y violencia laboral” tomó las decisiones que habrían devuelto los niños al mito y el falso estereotipo de la familia feliz. Esa en la que –como plantea el psiquiatra Alfredo Grande- “cuando se pierde la familiaridad, aparece el huevo de todas las serpientes. Familia y familiaridad tienen que estar juntos. Y cuando la familiaridad ya no está en el marco de la familia, la familia no es la solución, sino el problema”. Porque es ese clásico hogar, refugio de familias sin familiaridad, el que santifica los golpes, las torturas, los empujones al agua helada en pleno invierno, las gatilladas sin balas sobre la sien. Y el que avala, con el santo consentimiento del Estado en cada uno de sus brazos (que ahorcan como boas constrictoras), el triple crimen de una mujer y dos niños. Hay muertes en manos del Estado que gatilla y muertes a las que el Estado consiente, connive a partir de los permisos y los avales. Muertes que determinan que el rompecabezas de la vida quede incompleto y definitivamente inconcluso. Edición: 3589

Gualberto
Publicado: Miércoles, 04 Abril 2018 13:06
Gualberto

(APe).- Gualberto Solano se fue yendo de a poco. De tristeza. De enfermedad que causa la impotencia. De esa soledad que genera la ausencia del hijo que no vuelve ni en carne y hueso ni con el manto de piedad de la justicia. Gualberto Solano, el papá de Daniel, el pibe del norte devorado por el Sur de los poderosos, ayunó, mostró la foto de su muchacho, peleó contra los molinos de viento y, finalmente, se fue al encuentro del hijo. Como Daniel, don Gualberto tenía los ojos rasgados. Portaba el rostro arado por la vida dura. Llegó un día desde Misión Cherenta, en Tartagal, para remover cielo y tierra en Choele Choel, donde un noviembre viejo de hace siete años su niño ya hombre reclamó por el salario ante la empresa Agrocosecha, contratista de la Expofrut. Y Gualberto llegó para quedarse. Para ser esa figura cansina, con el gorrito que le era hermano, con la pancarta de Daniel entre sus manos. Y hacerle frente a los dueños de todo como un nadie que sabe que no tiene nada que perder y la pelea hasta la muerte. Pero la impunidad carcome los cuerpos y desvanece de a poco. La impunidad es una asesina a sueldo de los patrones de las tierras torturadas. Que permitió adulterar el pozo de El Jaguel, donde se cree que se deshicieron del cuerpo del muchachón guaraní de 27 años. Esta viñeta del artista Chelo Candia logró vislumbrar, con años de anticipación, el momento del abrazo entre Gualberto y Daniel. Quién sabe dónde. En algún cielo, en un pedazo de arcoiris, en un territorio inexpugnable donde los hombres del poder ya no podrán hacerles daño.     Edición: 3584

Que no se vayan todos
Publicado: Viernes, 20 Abril 2018 13:32
Que no se vayan todos

Por Alfredo Grande (APe).- El Nunca Más fue una consigna que parecía sintetizar el rechazo a todas las formas de la dictadura. Pero uno de los primeros errores fue ése. Porque no era a todas las formas sino, apenas, a una de sus formas. La encarnada por militares en complicidad con empresarios, iglesia, y algunos dirigentes sindicales. Era un rechazo a las formas mas pornográficas, mas bestiales, más brutales, de sostener un poder exterminador. De buena o mala fe, para el caso es casi lo mismo, el entusiasmo democrático se canalizó por la fórmula “con la democracia se come, se cura, etc…”. Alfonsín el alquimista, padre de la democracia, seguramente lo creyó. Hasta que llegó la economía de guerra sin aclarar, como es habitual, guerra contra quién. Tardamos en darnos cuenta de que era contra nosotros. Luego la obediencia debida, el punto final, el ordenamiento de la casa planificado por el decorador Aldo Rico hizo mucho. El Cavallo de Troya del capitalismo, hizo el resto perpetrando el golpe de estado que algunos llamaron hiperinflación. ¿Nunca más? Los tiempos pasaron, pasaron y en la actualidad de esta cultura represora, hay un gobierno que ha decidido con la pluma, con la espada y la palabra, diferentes políticas de exterminio. La pueblada del 2001 pudo haber terminado en una reforma constitucional para destruir el poder del gran capital sobre la mayoría de una ciudadanía indefensa. Es cierto que permitió que el gobierno fuera eyectado; pero el poder real, el financiero sin ir más cerca, salió indemne. Diría que fortalecido. El corralito y el corralón fueron estrategias de robo planificado agravado por el vínculo, que siguen latiendo en la mente perturbada de los gerentes del poder popular. Hoy la distancia entre el pueblo y aquellos que dicen representarlo es absoluta. Sin vuelta atrás y mucho menos vuelta adelante. Congreso sin quórum, marcha de las velas. Esa es la polaridad que hay que profundizar. Los partidos políticos del gran capital, y también del mediano y pequeño, son los garantes de las mega ganancias empresariales. Incluso de la corporación más poderosa y más oculta que es el Estado Nacional. Que mientras echa en forma cruel a los pequeños empleados, muchos de ellos precarizados, con régimen laboral más cercano a la mita y al yanaconazgo. La Junta Interna del Ministerio de Agro Industria denuncia el posible despido de más de 1000 empleados. Para que el Despótico Poder pueda cumplir sus macabros designios, no puede organizan una noche de sangre y niebla, como en los tiempos del Fürher. “Las "Directivas para la persecución de las infracciones cometidas contra el Reich o las Fuerzas de Ocupación en los Territorios Ocupados" (en idioma alemán: Richtlinien für die Verfolgung von Straftaten gegen das Reich oder die Besatzungsmacht in den besetzten Gebieten) titularon un decreto firmado el 7 de diciembre de 1941 y desarrollado por una serie de directrices aplicadas por las autoridades del Tercer Reich para la represión y eliminación física de oponentes políticos al régimen nazi en los territorios ocupados, así como de combatientes enemigos miembros de la Resistencia y de prisioneros de guerrade las Fuerzas Aliadas durante la Segunda Guerra Mundial” (gentileza de Wikipedia). Como estamos en democracia, entonces el gobierno decreta un asueto para este viernes. O sea: si hay fascismo que no se note, al menos que no se note demasiado. El asueto se convierte en la alquimia siniestra de la cultura represora, en un arma de exterminio. Las armas de destrucción masiva, que los yanquis buscaron donde no estaban, las hemos encontrado. Poder Judicial, Poder Legislativo, Poder Ejecutivo, Poder Empresarial, Poder Clerical, Poder Comunicacional, Poder Alimentario, Poder Energético, Poder Sindical Organizado. Demasiados Poderes y ninguna flor. Aceptar, más o menos tristemente, que hoy toda política libertaria tiene que subvertir a la maquinaria partidaria gerenciadora del capital, es necesario. Combatir al capital, a mi criterio, es abstracto. Hasta la más humilde cooperativa de trabajo necesita capital. El combate es contra la clase predatoria de los capitalistas, con off shore o con on shore, o con ambos. Una de las asignaturas pendientes del 2001. Para nosotros la revolución es un sueño eterno, como sentenció Andrés Rivera. Para los cubanos sigue siendo una realidad cotidiana. Lo revolucionario nos habita, aunque la revolución siga siendo un amor lejano. Y lo revolucionario hoy es, entre tantas otras cuestiones, separar, disociar, alejar, la política de su representación partidaria. Y atreverse a pensar que las elecciones son el asueto legal de la política. La clonación de la política es una partida de poker/votos. Política pensada como el movimiento real de la lucha de clases. Otras formas de pensar la política me son ajenas. Por eso ya no se trata de que se vayan todos. Pero sí es necesario que se vayan muchos. Lo antes posible, sin importar los plazos de una legalidad represora. Porque los daños pueden ser irreparables. Y muchos de ellos ya lo son. Que se vayan muchos, pero que no se vayan todos. Que se queden los trabajadores no organizados por el Estado, los combatientes contra la cultura represora, los maestros y maestras que entienden que la guerra es también, guerra cultural, los profesionales que no hacen de las universidades catedrales del privilegio, los investigadores, los artistas, las mujeres en lucha anti patriarcal, las mujeres en lucha contra la trata, el gatillo fácil, el exterminio de adolescentes, los hombres y mujeres que aborrecen toda crueldad, incluyendo la de género, los militantes y combatientes para que otro mundo sea posible y además cada vez más probable. Que se queden, que se multipliquen, que se conozcan, que se amen, que se unan. Y que se obliguen, dulcemente obliguen, a conocer, a visitar, a compartir el recuerdo de nuestros maestros, de nuestros verdaderos padres y madres que nos parieron luchadores. Hoy, como miles de nosotrxs, recordaremos a Alberto Morlachetti. Que también se quedó para siempre, porque estamos decididos a seguir apretando sus manos. Sus palabras siguen marcando nuestras vidas. “Los niños son de todos, si comen o no comen, si van a la escuela o la abandonan, si lloran más de lo que ríen. La Argentina tiene hoy la responsabilidad moral, cultural y política de dar a cada niño una vida que merezca ser vivida”. En mis días y noches de insomnio yo sigo hablando con “el Morla”, aunque poco lo cuento porque el anatema de un estado alucinatorio y delirante es brutal para un psiquiatra, Y hace poco le dije: “sabés Morla. Nunca habrá mujeres y hombres felices con niñas y niños que no tengan niñez.” El Morla sonrió, con esa sonrisa tierna y a veces fastidiosa y me dijo: “Alfredito, vos hablás y escribís muy bien. Ese es tu pan. Pero no sólo de pan vive el hombre”. Tenés razón Morla. Maldición, casi siempre tenés razón. Quizá tengamos que empezar a hacer lo que hacemos mal. Para seguir aprendiendo. Para intentar que esta vez se vayan muchos, pero que no se vayan todos. Edición: 3597  

Niños de pijama a rayas
Publicado: Miércoles, 18 Abril 2018 15:18
Niños de pijama a rayas

Por Facundo Barrionuevo (APe).- “La niñez transcurre entre sonidos, olores e imágenes antes de que llegue la hora oscura de la razón”. Esta frase del poeta británico John Betjeman, es el epígrafe del film “El niño del pijama a rayas”. Puede que esa idea nos aporte una clave de lectura frente a las historias que en el cine han intentado abordar las mayores aberraciones humanitarias bajo la perspectiva de la infancia. Niños que entienden poco y nada de aquello que los rodea y van descubriendo lo real de la bestialidad de la guerra tras los velos de una fantasía que sería propia de la psicología infantil, o bien, inventada por aquellos que les quieren evitar el sufrimiento. *** Ofelia es una niña en la España de guerrillas post Guerra Civil, que retrata El Laberinto del Fauno de Guillermo del Toro. Hijastra de un oficial franquista y sumida en sus lecturas de cuentos de hadas, Ofelia accede a través de un laberinto a un submundo de seres extraños donde un Fauno le da tareas que en definitiva la ayudan a sobrellevar su vida real e incluso una muerte transfigurada en princesa. En la Vida es Bella de Roberto Begnini, Guido y su hijo Josué atraviesan la vida del campo de concentración nazi como participantes de un juego que día a día, en medio del horror, Guido diseña con exquisita ternura para salvar la vida de su hijo y lograr el reencuentro con su esposa. “Duerme, buen muchacho. Tal vez sea todo un sueño.” La novela “Cometas en el cielo” narra la amistad de Hassan y Amir que atraviesa, en sus vaivenes, la historia de un Afganistán asediado por los intereses imperialistas, desde que era un próspero país hasta los años de invasión estadounidense en los años dosmil. Queda en Amir el recuerdo de infancia en medio de certámenes de barriletes, refugio de una memoria que esperanza y un exorizarce por medio de la literatura. “Sueño con que los pimpollos florezcan en las calles de Kabul... y las cometas vuelen en los cielos. Y sueño con que algún día regreses a Kabul a visitar la tierra de nuestra infancia.” *** Los rostros de los niños Sirios envueltos en polvillo y sangre reclaman justicia y paz. No hay quien pueda crear una fantasía que suavice el peso del escombro, el rugido de las bombas o la muerte sofisticada de los ataques químicos. Tal vez sea todo un sueño, una mala pesadilla. En Yemen, Libia, Afganistán, Irak y Siria los niños saben de qué está hecha la muerte. Saben quiénes son sus provocadores. Saben que la guerra desde el 2011 creó quinientos mil huérfanos, más de quincemil niños muertos y miles y miles de mutilados, la dificultad total para acceder a suficiente alimentación, salud y escolarización . Con ellos guardamos la tozuda esperanza de que un día este juego tan raro terminará y la justicia logrará imponerse. Terminará a fuerza de narrar la verdad para vivir, de la manera que sea, más temprano que tarde, y como Josué algún día festejar que “Hemos vencido..., miles de puntos para reventar de risa. Y volver a casa (...). Hemos vencido”. Edición: 3595  

Lágrimas
Publicado: Martes, 17 Abril 2018 12:24
Lágrimas

Por Bernardo Penoucos (APe).- La Real Academia Española sugiere que la empatía es el sentimiento de identificación con algo o alguien. No dice con quiénes, ni aclara con cuántos. A nuestra merced queda la interpretación o, según nuestro maestro Galeano, la capacidad de sentipensarnos. ¿Vale morir de empatía?¿Puede uno enfermar de sentimiento empático a estas alturas -o bajezas- del mundo? El niño sirio descansa herido en la hamaca que su padre y con sus brazos le guarda. El padre mece al niño sirio y el mundo descubre aterrado la imagen del dolor. No hay análisis internacional que logre detallar argumentativamente momento como ése. El dolor de la muerte entre bombas se nos mete en el hueso, lo astilla y nos derrumba. Lo hablamos, lo discutimos y nos empatizamos. Pero dura un rato y ya. Fugaz dolor que nos venden y nos sacan de un canal al otro. La imagen del niño muerto en las playas de Turquía también generó estupor, quizá aún mas que otros miles de niños que también yacen sobreviviendo o muriendo en cualquier guerra de nuestro mundo. El dolor, también en este caso, se nos metió profundo en la piel de televidentes y lectores. De nuevo la acción de empatizar se esfumó como voluta de humo. Cambiamos de canal, cambiamos de frecuencia y ya. Pero insisto: ¿se puede vivir empatizando cotidianamente?¿tenemos la capacidad de ponernos en el lugar del otro? Y parafraseando al Che: ¿somos o fuimos en algún momento capaces de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo como propia? ¿Podemos vivir, en paz, sintiendo y doliendo como sienten y duelen los más? ¿Podemos vivir, mansamente, una vida llena de nada y repleta de futuro puertas adentro? Se cae el mundo, hace rato y hace ruido. Los despojos llueven como llueve el agua cuando el cielo se encapota y escupe su rabia. El mapa mundial es fuego, es olor a destrato y es desesperación. Por ahora, lo que abunda es la mano que seca la lágrima. Pero sólo la nuestra. La de a ratitos. La fugaz. La que nos emociona frente a la TV en el almuerzo o en el largo letargo del que, por ahora, no podemos, no queremos o no nos dejan despertar. Edición: 3594  

Situación de aborto
Publicado: Viernes, 13 Abril 2018 13:42
Situación de aborto

Por Alfredo Grande       (APe).- Como he contado varias veces, incluso creo que ya lo he escrito, tuve una percepción de la cultura represora cuando cursaba la materia Obstetricia. En ese momento el Dr. Leboyer había iniciado los estudios y prácticas que llevaron al denominado “parto sin violencia”. En la mesa de examen, el docente me preguntó sobre el tema. Le contesté bastante bien. Sin embargo, cuando me referí al parto habitual, dije: parto con violencia. Me corrigió amablemente. “No, Grande. El parto tradicional es parto. La innovación de Leboyer es el parto sin violencia. “De acuerdo –intenté argumentar. –Pero si el parto Leboyer es sin violencia, quiere decir que el anterior era con violencia. -Mire, la cosa es así –me dijo con una actitud educativamente correcta-. El parto habitual es parto. El parto Leboyer es sin violencia. -Justamente. Por eso digo que el anterior es con violencia. Me aplazó. Pero aprendí algo importante. La cultura represora odia la cualidad. Por eso familia patriarcal era simplemente familia. O matrimonio era, obviamente, heterosexual. Una madre era, obviamente, una mujer casada. Si no lo era, se aclaraba: madre soltera. Como si la fertilidad dependiera del estado civil. La violencia en el parto ha sido la norma tradicional de la obstetricia. Y la violencia con el recién nacido. Empezando por la nursery, ese campo de concentración de bebés. Las cosas han cambiado. Pero la violentación que la cultura represora ejerce sobre mujeres, niñxs y varones herbívoros, se mantiene y se incrementa en con prisa y sin pausa. La interrupción voluntaria del embarazo es un tema mal planteado y el riesgo es que sea peor resuelto. La única respuesta de la cultura represora frente a las cuestiones que la interpelan, es penalizar. O sea: transformar en delitos las conductas que devienen de las paradojas y contradicciones irresolubles que los mandatos generan cuando no se pueden cumplir. Sin ir más cerca, la abstinencia sexual. Aún la iglesia de Roma no pudo enfrentar el tema del celibato de los sacerdotes. Una de las fuentes, quizá no la única, quizá no la más importante, pero una de las fuentes de la pedofilia endémica. Dicho en otros términos, la cultura represora nunca supo qué hacer con la sexualidad. O mejor dicho: lo único que supo hacer es transformarla en sexualidad represora. El debate sobre la despenalización del aborto es un debate sobre la sexualidad. Si mantenemos el corset de “monogámica, heterosexual, reproductiva” o subvertimos ese mandato represor. Las Iglesias, salvo excepciones que necesariamente no son honrosas, odian toda forma de sexualidad no reproductiva y toda práctica sexual que no contemple aumentar la prole. No es casual que los métodos anticonceptivos tolerados por las jerarquías del Vaticano sean justamente los que no sirven. Incluso algunos son de dudoso buen gusto (sic) Pues mal: el permanente y sistemático saboteo contra todas las formas de anticoncepción racional, han logrado que la epidemia de sida aumente en forma exponencial y los embarazos no deseados terminen en interrupciones traumáticas. Aquellos que rechazan toda forma de legalización del aborto, son los mismos que generan las causales para que aumenten los embarazos no deseados. O sea que la hipocresía, el cinismo y la crueldad de la cultura represora se expresa con trazo grueso en los cuerpos de las mujeres. El embarazo no deseado es un castigo; la ilegalidad del aborto es un castigo suplementario. Porque en nuestro formato subjetivo, lo ilegal es malo, lo ilegal es sucio, lo ilegal es perverso. En el marco de la cultura represora, lo ilegal es vivido como no legítimo. Y entonces el tercer castigo para la mujer que aborta es el aumento de la culpa, tanto individual como vincular. Despenalizar el aborto no es la única solución, pero es la única forma adecuada de poder plantear el problema. Por eso no estoy a favor del aborto, pero si estoy a favor de su absoluta despenalización. La mujer no se embaraza para abortar sino que aborta porque está embarazada. Y no desea estarlo. Pero el deseo no es una prioridad para la cultura represora uno de cuyos fundamentos es reprimir el deseo. Todos los deseos. Desde el parto con violencia hasta la penalización del aborto. Sin embargo, en el marco de un análisis institucional amplificado, es necesario, diría imprescindible, mencionar que la cultura represora que ha encontrado ese disfraz electoral que llaman democracia, tiene legalizados multiplicidad de abortos civiles, políticos y sociales. Se ha pasado de los derechos humanos a los abortos humanos. Producto de que la política de los derechos humanos ha sido reactiva y encubridora. En el mejor de los casos, que tampoco es demasiado buena, ha penalizado la violación de los derechos humanos, pero sin ninguna política adecuada para impedir esa violación. El Estado, la pata secular de la Iglesia, tiene diferentes administraciones, algunas más simpáticas, otras un poco más irritativas. Los socialdemócratas, los retroprogresistas, los keynesianos, y especies similares, reparten las sobras del banquete en forma más generosa. Los liberales, los mercadistas, los monetaristas, reparten las sobras del banquete en forma más miserable. Pero con el banquete nadie se mete. El banquete es la acumulación de riqueza y poder, producto del robo sistemático de los únicos que generan valor, o sea, los trabajadores. El capitalismo es un robo y estafa a escala planetaria. Por eso en vano es pedir por la distribución de la riqueza cuando no hay mecanismos para impedir la acumulación de la riqueza. Cada salario, incluso el más justo y legal, crea el mundo del banquete y el mundo de las sobras del banquete. Pero hay que pasar el invierno. Y el verano. Y pasarlo es sobrevivir. Y sobrevivir es también, sobremorir. Y entonces se legitiman y se legalizan todas las formas de aborto, con la única excepción, hoy al menos interpelada, de aquel que se origina en la sexualidad. Un listado provisorio permite establecer que la cultura represora habilita a: 1) Aborto de la niñez. Niños y niñas sin niñez. Sin abrigos afectivos, sin comida, sin calor cuando hace frío, sin frío cuando hace calor, sin destino, sin presente, sin futuro. 2) Aborto de la vejez: jubilaciones sin privilegios, medicamentos para lucrar, transportes para sufrir, geriátricos de exterminio. 3) Aborto de la educación: docentes en los tres niveles con ingresos en el nivel de pobreza; desprestigio sistemático de la tarea educativa; ruptura del estudio con la capacidad de generar trabajo. 4) Aborto de las mujeres: prostitución por mandato, secuestros, torturas, reducción a servidumbre, violentación y crueldad en los vínculos de pareja, asesinatos por odio de género. 5) Aborto de los trabajadores: desempleo constante; trabajo ilegal y esclavo; despidos masivos; retiros voluntarios sin voluntad de retirarse. 6) Abortos de la ciencia: vaciamiento del Conicet, del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, de los postítulos en educación, de todas las formas de capacitación. 7) Abortos en la defensa nacional: hundimiento, desaparición de un submarino, abandono total de las familias afectadas, indiferencia por los tripulantes sepultados en el mar; fronteras liberadas para todo tipo de contrabando. 8) Abortos de la gesta de los granaderos, que desfilan con la bandera de sus enemigos, aquellos que la letra de nuestro himno, que escribiera Vicente López y Planes, refiere como: “En los fieros tiranos la envidia escupió su pestífera hiel. Su estandarte sangriento levantan provocando a la lid más cruel”. 9) Abortos del arte, de la creatividad, de la felicidad, de la alegría que nunca más tendrá su himno, del bienestar, del buen vivir, de la solidaridad, de la fraternidad y sororidad, de la igualdad, de la libertad. Nuestra democracia, que nació de un parto de nalgas, y que por un acto de alucinación colectiva vimos un rostro cuanto en realidad eran las nalgas, es una democracia en permanente situación de aborto. Bienvenida la despenalización del aborto por embarazos no deseados, no buscados, mal encontrados. Pero solamente subvirtiendo el fundante represor de esta cultura, podremos nuevamente disfrutar de todos los embarazos a término. Que no es otra cosa que disfrutar la vida. Edición: 3592  

El software del desprecio
Publicado: Jueves, 12 Abril 2018 15:48
El software del desprecio

Por Silvana Melo       (APe).- El oscurantismo y la extorsión acechan a las pibas y a sus vientres en todas las ochavas del sistema. Las esperan en emboscadas los objetores de conciencias que no se domicilian en sus cuerpos, los chantajistas de la AUH y el canje de la tragedia por dinero, los gobernadores que se calzan los crucifijos en la mano de gobernar, los que quieren manipular datos, identidad, y genética para que no se embaracen, las legisladoras que quieren fetos de 20 semanas en incubadoras para dar en adopción. Las instituciones manipulan los cuerpos de las chicas y las vidas de sus niños. De los que nacen y de los que no. Las instituciones y sus inquisidores son propietarios de las pibas desérticas, que no tienen más que sus nombres y sus piernas para abrirse camino. Nada más. Las escrituran y las manejan con timones de moralina y softwares de predicción genética. Las manipulan y las condenan después. Cuando las violan y dicen que no fue violación pero más o menos. Cuando se embarazan y dicen que fue para cobrar la AUH. Cuando las violen y las embaracen y dirán que fue para cobrar la AUH más cara. Que pensaron perversamente para evitar que las niñas violadas aborten aquello que no es el fruto de la diosencia de mujer creadora de vida sino de la vida violentada. Que es la muerte. Y ya no se es diosa sino una palomita estragada en la inmensidad de este mundo. Un subsidio hasta los 18 años del niño que no es niño en el cenit de la tragedia sino una semilla de esa tragedia. Y una AUH más abultada para que no aborte. El proyecto tiene 108 firmas. Entre ellas, la de Julián Dindart. Viejo gendarme de los vientres de las pibas. Dindart, que en 2012 era ministro de Salud de Corrientes. Donde aparecían en racimos chiquitas embarazadas a los 10 o a los 11. Con semillas en la panza frutos de violaciones. Pero para él, para Dindart, las niñas especulaban con la asignación. El mismo Dindart que reiteró su teoría en 2016 ya como diputado de Cambiemos (por el ala radical) y presidente de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia. De la que se tuvo que ir. La doctrina Dindart regresa como en un círculo fatal en 2018 bajo el nombre de una ignota diputada de la Coalición Cívica de Santa Fe. Esta vez la letra del desprecio que pretende ser ley sugiere que las pibas, violentadas y profanadas, son capaces de cambiar por dinero la necesidad de borrar de su cuerpo toda huella del estrago. Como antes eran capaces de crear una vida por 1.500 pesos mensuales. Tan especuladoras e indolentes son las chicas que no tienen más que su propia vida para abrirse camino. Tan inconmovibles son que reducen su divinidad a variables de mercado. Por eso a Juan Manuel Urtubey, el bello gobernador de Salta en estética pareja con Isabel Macedo, le preocupa tanto la Educación Sexual Integral. Y la boicotea en cada rincón de su provincia, siempre en punta en violencia de género y despotismo sexual. Dolida, la provincia, porque la Corte falló en contra de la educación religiosa en las escuelas públicas. La doctrina Urtubey, medieval, racista y prejuiciosa, ahora despliega el software del desdén de clase. “Con la tecnología vos podés prever cinco o seis años antes, con nombre, apellido y domicilio, cuál es la niña, futura adolescente, que está en un 86 por ciento predestinada a tener un embarazo adolescente”. Lo dijo públicamente. Urtubey. Es la condena tecnológica para las chicas que no tienen otra cosa que su propio cuerpo para defenderse de la emboscada permanente de las fieras institucionales. Ellos saben quién será presa de un destino prescripto. Saben su nombre y su domicilio. Saben en qué ficha está, en qué perchero cuelga, en qué caja es expediente, en qué casa no tiene baño y en qué documento es apenas un número. Saben qué vertedero será su fatal disposición social. Mientras tanto, el oscurantismo y la extorsión acechan a las pibas y a sus vientres en todas las ochavas del sistema. Las señalan, las condenan, las humillan. Les proponen sacarles el feto al quinto mes para depositarlo en la incubadora y forzar “una adopción pre natal”. Las quieren obligar a que la semilla se transforme en niño y corran peligro ella y él. A determinar una prematurez forzada y una fragilidad que no estaba en los planes. Es la letra del desprecio, el software del desdén de clase, la hipocresía institucional ante las pibas que no tienen más que su nombre y sus piernas para hacerse camino en esta selva. Y es la emboscada feroz de los defensores de la vida que marcan el rumbo de millones de niños hacia el hambre, el veneno y las balas estatales. Sin aturdir confesionarios ni azotarse las espaldas. Edición: 3591  

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla sobre pobreza con Reynaldo Sietecase. Era 2009

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Galería fotográfica

 

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Linchamiento

En Rawson, San Juan, los vecinos lincharon a un joven de 18 años al acusarlo de robar un celular.


Marielle Franco

La líder feminista y afroamericana Marielle Franco fue asesinada de cuatro balazos por presuntos paramilitares en Brasil.


Cárceles

En los últimos 15 años se duplicó el número de detenidos en las cárceles.


Alfredo Olmedo

El diputado y empresario sojero salteño Alfredo Olmedo dijo que "si un delincuente no quiere ser abatido por la espalda, simple, que no salga a delinquir"


Facundo

La ministra Patricia Bullrich reivindicó la versión policial en el crimen de Facundo Ferreira, un nene tucumano de 12 años. 


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