Elogio del repollo
Publicado: Viernes, 23 Junio 2017 14:19
Elogio del repollo

Por Alfredo Grande (APe).- Como psicoanalista tengo la deformación profesional de escuchar. Muchas veces repito textualmente y contextualmente lo que un paciente me dice, y su reacción es asombrosa. “Bueno, no es tan así”. Mi respuesta, en la supuesta que esté en mi juicio más sano es, palabras menos, palabras más: “No sé cómo es, pero sé cómo lo dijiste”. Cuando entre la palabra y la cosa no hay una grieta, si se me perdona el lugar común, la palabra nos lleva de la mano y de la lengua a la cosa. Pero esa “cosa”, esa escencia, ese fundante, debe ser rápidamente sepultado. Los muertos que vos matáis no siempre gozan de buena salud. La ex presidente, Cristina Fernández, funda el espacio político y cultural del “cristinismo”. No del cristianismo, que ya está fundado hace miles de años. El cristinismo debuta (es un decir…) con una frase notable: “No vengo de un repollo”. Nadie en verdad, excepto el repollo. Pero un sujeto humano viene siempre de otros humanos. Sean humanos totales, padre, madre, o humanos parciales. O sea: inseminación artificial. Pero como dijo Pasteur: de la nada, nada viene. La humanidad es resultado de linajes muy antiguos, iniciados al parecer por una mujer negra en algún lugar del África. Los que saben dicen que las pruebas están en el ARN mitocondrial. Bien: no venimos de un repollo. Eso queda claro. Lo que falta aclarar, y es importante hacerlo, es de dónde venimos. O sea: recuperar lo que el análisis institucional denomina la génesis social. Y agrego: la génesis política. Si de cerca nadie es normal, si nadie resiste el archivo, si con un carpetazo podemos torcer voluntades y decisiones…entonces preferimos el cómodo escondite del repollo. Es mucho más fácil decir de dónde no, qué decir de dónde sí. Se me ocurre uno de los lugares de los que viene la fundadora del “cristinismo”. De la década maldita de los 90. Del seguidismo a Menem, ahora condenado por tráfico de armas. El mismo que con Cavallo anunciaron el “costo social del ajuste”. El mismo que con Dromi anunciaron que la “argentina estaba de rodillas”. El Menen que hizo explotar una ciudad, fue acompañada por muchos y muchas, a pesar de haber dicho que “si decía lo que iba a hacer no me votaban”. Y entre esas muchas y muchos, Néstor y Cristina Kirchner. Ningún repollo, por cierto. De la inmundicia del liberalismo que sacó pecho al hundir a la Unión Soviética. Y escupió su pestífera hiel, plagio al himno nacional, al decir que habíamos llegado al fin de la historia. De ahí viene la ex presidenta. Y la verdad… es que me indigna. Porque negar el origen, hundir el pasado, es una coartada que no merecemos. Se espantan porque lo votaron a Macri, pero lo votaron a Menem dos veces. Antes de traicionar y después también. Y tienen la impunidad de criticar a la Alianza Anti Menem cuando ahora se hacen alianzas que apenas son pactos perversos y oportunistas. El sábado estreno una obra de teatro. Yo no vengo de un repollo. Sí de un padre médico y dramaturgo y de una madre que tenía pensamiento crítico. Aunque nunca lo supo. Enrique y Monona. No sé bien adónde voy. Pero si me preguntan, no contestaré que no vengo de un repollo. Y me siguieron pariendo las luchas, las protestas, los combates y no pocas quejas. No creo que me hayan matado muchas veces, quizá por no tener coraje de cigarra. Pero sobreviví a todas. Y seguiré escribiendo, atendiendo, actuando… y viviendo. Pero eso sí: aleja de mí el repollo. Edición: 3380  

Pichones de transa
Publicado: Martes, 20 Junio 2017 14:33
Pichones de transa

Por Facundo  Barrionuevo (APe).- “Pichones de transa” les gritaban los vecinos del Barrio López de Gomara en la zona norte de Mar del Plata, a los nenes del asentamiento que está en las calles Necochea y Nasser, en medio del griterío, las amenazas y los forcejeos. Desde el sábado 10 de junio hasta el lunes 12 el Barrio López de Gomara vivió escenas de mucha violencia, provocadas luego de un violento allanamiento del grupo GEOF y el intento de un grupo de vecinos de desalojar un asentamiento de unas 14 casillas con el argumento de que “allí se vende droga y viven quienes roban en el barrio”, como si una acción así reclamara un argumento para justificarse. Para ello, los vecinos de las viviendas históricas del barrio, decidieron armar una barricada “para que no pasen quienes vienen a comprar”. La barricada, una semana más tarde, continúa. Algunos militantes sociales que con su presencia y logrando difusión de los hechos, impidieron el desalojo, aseguran que con la evidente anuencia de policías de la Comisaría 6ta, el grupo de vecinos ató una casilla a una camioneta con el fin de derribarla, se arrojaron bombas molotov y saquearon todo el asentamiento. En los momentos de mayor tensión un disparo al aire provocó el desmayo de un niño y un desmadre de forcejeos e insultos. “Hay una liberación de la zona”, contaban vecinos. “Ahora está el patrullero para que no se maten, pero hacen un juego perverso”. “Es el mismo accionar que en el Barrio El Martillo” largan, bajando la voz, los militantes que aseguran que hay en estos hechos un reacomodamiento de la venta de drogas en la ciudad, donde la policía actúa como reguladora del mercado. Los 12 nenes y nenas que grabaron en sus retinas estas tremendas escenas fueron sacados del asentamiento y todavía están protegidos en casas de familiares y vecinos solidarios. Están refugiados del odio y la bronca, del envalentonamiento de algunos pobres títeres a los que varios operan desde la sombra. Refugiados de la desprotección del Estado que se hizo presente 48 hs después, con un “relevamiento” para reubicar un asentamiento que ya tiene 12 años. Disfrazadas de reacciones y justicias colectivas estos linchamientos sociales, en el contexto de verdaderos estados de excepción, ejecutan el rediseño de los mapas del mercadeo y disciplinan a sus geógrafos. “Pichones de transa”, “liendres”, son algunos de los significantes con que inviste esta sociedad de la indiferencia a nuestra infancia empobrecida. Así van acumulando en la mochila del desprecio que reciben al nacer, un relato de identidad que es muy difícil de volver a narrar. Más aún, cuando quienes tienen vocación de abrazar con relatos sanadores sufren el desmantelamiento de los pocos rincones en donde se contaban historias de otra infancia posible. En los imaginarios sociales urbanos, al decir de Ariel Gravano, son necesarios los chivos expiatorios de los “barrios culpa”, manchas negras del espacio urbano frente a la blancura de los acomodados en la lógica de una segregación, que calma la conciencia y da la seguridad de no estar en el último lugar. “Hemos perdido -como recordaba, Alberto Morlachetti de Rodolfo Kusch-, la combinatoria entre esas gentes y nosotros”. Se ha extraviado el lazo de fraternidad previo que nos daba el sentimiento de vivir en el mismo mundo social y es el reaseguro de la búsqueda de la igualdad que plantea François Dubet. En tiempos de profundas inseguridades, impera aún más el miedo al desclasamiento y la caída, la pena por la pérdida del status barrial que el temor a sufrir un daño real. Ese miedo es aún más fuerte que el imperativo a la protección de la infancia. “Son los hijos de los transa”. Los pibes lloran, gritan, se desmayan, piden upa, corren. No importa, “son sus liendres”, merecen la misma suerte. Edición: 3377  

Números y palabras
Publicado: Lunes, 19 Junio 2017 14:09
Números y palabras

Por Carlos Del Frade (APe).- “Hay otros mundos pero están en este”, decía el artista Paul Eluard. Mientras el gobernador de la provincia de Santa Fe, Miguel Lifschitz, y la Ministra de Seguridad de la nación, Patricia Bullrich, saludaban la reducción de la tasa de homicidios en un 36 por ciento en la ciudad de Rosario; en Villa Gobernador Gálvez, vecina a la cuna de la bandera, el asesinato de un pibe por la espalda alumbraba una realidad que amenaza con destruir esas cifras momentáneas. En este caso, el mundo oficial, el de los números, tiene menos espesor que el mundo de las palabras que se abren entre la sangre y el barro. Según las crónicas periodísticas, la ministra Bullrich, el miércoles 14 de junio, sostuvo que Rosario "dejó de ser noticia" en materia de narcotráfico, aunque aclaró que el problema aún no fue erradicado. Por su parte, el gobernador Lifschitz, consideró que los resultados estadísticos "son realmente alentadores" por la disminución de todos los indicadores delictivos en las principales ciudades de la provincia. En el otro mundo, en la cotidiana realidad de los pibes, las palabras ponen un límite poderoso a la fugaz alegría de los números esgrimidos por los funcionarios provinciales y nacionales. Axel Brian “Masita” Romero tenía 16 años cuando lo mataron por la espalda. Fue en el barrio Coronel Aguirre, en la geografía íntima de la tercera ciudad de la provincia, Villa Gobernador Gálvez, vecina de Rosario, con el arroyo Saladillo de por medio. Hay que leer y releer las palabras de los amigos de “Masita”: "A los de la moto los conocemos todos porque antes eran amigos de «Masita». Pero hace un par de meses se terminó porque ellos empezaron a ser soldaditos de los vendedores de drogas del otro lado de Soldado Aguirre. Hubo piñas, quedó la bronca y ayer se la cobraron porque lo agarraron regalado. Ya habían pasado por la placita y no les dio la nafta para disparar ahí porque estábamos todos. No hay mucho más misterio en todo esto". Hace aproximadamente dos meses, el grupo de amigos de "Masita" expulsó a algunos muchachos por trabajar como soldaditos para un vendedor de drogas que tiene su área de influencia en jurisdicción de la subcomisaría 26ª, al sur de la avenida Soldado Aguirre. "Eso fue hace un mes y medio o dos meses. Los echamos porque nosotros no queremos saber nada con ese palo. Ese es un palo que te toca, te mancha y no te la sacas más. Todo viene por eso… Los tenés que ver (a los agresores). Están todo el día tirando estados en Facebook: «Hoy tengo sed de sangre», ponen. Ayer pusieron: «Esta tarde vamos a salir a cazar giles». Son así, son pibes que «soldadean» unos meses y ya se sienten inmortales. Después les quedan los yeites. Andan enfierrados y salen a cazar. Y el martes anduvieron dando vuelta por la plaza. Pasaron dos o tres veces y como estábamos todos no les dio la nafta para tirar", explicó uno de muchachos entrevistados por los medios de comunicación de la región. "Acá el quilombo no viene por una gorra y no se agarraron a trompadas antes de que lo balearan (como inicialmente se propaló desde fuentes de la pesquisa). El tema es que hace un par de meses los sacamos a estos pibes porque no queríamos meternos con el palo de la falopa y ahora vinieron y mataron a este chico", explicó otro amigo de “Masita”. Esa realidad del mundo de “Masita” tiene un mayor espesor que los números de los funcionarios. Ese mundo de las palabras merece ser escuchado, analizado, pensado y transformado. Porque mientras haya pibes dispuestos a “cazar” no habrá ningún número que se sostenga, salvo que la hipocresía intente tapar una realidad cada día más dura a pesar de los livianos y esporádicos números del otro mundo que habitan los funcionarios. Edición: 3376  

El niño linchado
Publicado: Viernes, 16 Junio 2017 17:35
El niño linchado

Por Bernardo Penoucos (APe).- El niño tiene 10 años y dejó de ser niño porque robó, o al menos así definen este bruto pasaje de la niñez a la adultez los adultos que lo golpean en manada, haciendo que la sangre de la nariz ahogue al niño por la boca hasta casi no lograr el respiro. Así va a aprender, vociferan los grandes, en una suerte de pedagogía de la violencia. El niño -ahora adulto según otros adultos- está en el medio de los gritos y de los puños en una esquina de la ciudad de Córdoba, los mayores que ya definen al niño como adulto le dan la bienvenida al mundo de la madurez, lo reciben a golpes y a insultos, desde un metro más arriba los puños de los transeúntes bajan pesados hacia el cuerpo del pibe temblando, el pibe -llorando como niño- reclama que lo suelten mientras decenas de manos se disputan el cuerpo, va de un lado al otro el niño mientras la remera - manchada en rojo- se le va deshilachando como un harapo cualquiera. Niño era el niño cuando besaba la calle o pedía monedas, niñez era la del niño cuando dormía en los trenes y soñaba de frio; nadie lo veía entonces, nadie lo descubría y así nadie lo nombraba. Pero, como en un pasaje impuesto y aterrador, la adultez lo recibe de mala gana y lo pone en escena. Algunos lo filman y lo describen como el ladrón que se hace el niño; otros lo filman mientras le pegan y lo aturden. Otros, los menos, tratan de arrancarlo de esa política del linchamiento que hemos sabido conseguir. No se lo llevó una ambulancia, sino que se lo llevó el patrullero, así sangrando no más, así temblando de miedo. Qué ha sucedido en estos lados de la tierra para que las niñeces de chapa y cartón sigan siendo arrastradas por el lodo de la adultez embrutecida, qué ha sucedido en estos lados del dolor para que el niño conozca el patrullero antes que la escuela. Cómo construirá ese niño sus lugares posibles, cómo organizará sus recuerdos, cómo deconstruirá ese pasaje impuesto a la adultez temprana. Qué será para el niño, por ejemplo, el amor. Qué adulto será ese niño, qué penas arrastrará, qué broncas y qué país. Edición: 3375

Indemocracia
Publicado: Viernes, 16 Junio 2017 13:49
Indemocracia

Por Alfredo Grande (APe).- Hemos sido derrotados en la batalla cultural. La publicidad, huevo de todas las serpientes, ha clonado nuestro juicio de realidad. La publicidad, que es lo opuesto a la difusión, altera el devenir de las cosas. Genera alucinaciones y anula percepciones. Promueve delirios y corrompe el pensamiento. Un deportista da una conferencia de prensa y hay más avisos que ideas. Las camisetas de los jugadores están llenas de marcas y aparece un poco de color como fondo. La clase política, que ya evolucionó a casta, entiende que lo importante no es serlo, sino parecerlo. Los políticos burgueses son la mujer del César. Los políticos burgueses no gobiernan: reinan aunque parece que gobiernan. Y a eso lo llaman gobernabilidad. El voto es obligatorio, no para asegurar su universalidad, sino para generar la ilusión de mayorías. La pasión de multitudes. Las PASO se han convertido en un vodevil, un grotesco, una pantomima. Los partidos políticos no van a las PASO. Se arman alianzas, que en realidad son pactos perversos, para lograr un per saltum de las PASO. Des PASITO. Curiosamente, las elecciones presidenciales son cada 4 años. Igual que los mundiales de fútbol. Las PASO, la elección de legisladores, vienen a ser las eliminatorias. El deporte pasó de ser amateur, a ser profesional, y finalmente, a ser industrial. Pues mal: la política está organizada a escala industrial. Las empresas más grandes, las pymes, los microemprendimientos, intentan sobrevivir en el parque jurásico que algunos llaman mercado. Yo los conozco. La política industrial necesita generar, como la gaseosa que refresca mejor, o las hamburguesas que envenenan mucho mejor, la certeza que es necesaria. No prescindible. Como dijo Winston Churchill, obviamente no en forma literal. “La democracia es un asco, pero no encuentro nada mejor”. Yo sí. Es cuestión de buscar. Pero para eso es necesario reformular la idea de batalla cultural. La derrota enseña. El fracaso paraliza y melancoliza. Ejemplo: lamentan que regresamos a los 90 aquellos que en los 90 hacían alabanzas al presidente expropiador y privatizador. Lo toleraron a Menem y 25 años después le pusieron la alfombra roja al cartero liberal que llamó dos veces. El gobierno de los ricos, por los ricos, y para los ricos. La batalla cultural la ganó el capitalismo. Una vez más. Su primer éxito fue ser reconocido por su disfraz más popular: neoliberalismo. Ser capitalista y en forma simultánea, anti liberal, es una de las paradojas más contundentes de la cultura represora. Convocar a los derechos humanos y al capitalismo en forma simultánea, otro triunfo de la cultura represora. En la actualidad, sólo se convoca al capitalismo, cuanto más injusto mejor. Un capitalismo puberal, que arrasa con todo, desde la tierra contaminada hasta los discapacitados despojados de lo más elemental. Con el disfraz de no permitir privilegios, arrasan con los derechos. Diagnostican una uña encarnada y cortan las dos piernas. Una forma muy perversa de Cambiar. Todo el carnaval de las alianzas, de las DesPasito, permite que en aras de lo políticamente conveniente, se sostenga lo políticamente incorrecto. Una ola de macartismo recorre las alianzas, incluso las nacionales y populares. ¿Será que volvimos a los 90? Yo creo que nunca nos fuimos de los 90 y que entonces, será necesario volver a los 60. Y a los 70. Propongo una “guerra de guerrillas” cultural y política. Donde nuestras armas sean la pluma y la palabra. Pero con las municiones de los nuevos sentidos que pueden perforar los muros de la cultura represora. “Cartagho delenda est” decía Catón el Viejo. Cartago debe ser destruida. La cultura represora también. Usemos, y abusemos de todas las palabras que la cultura represora abomina. Justicia por mano propia. Venganza. Odio. Autogestión. Autogobierno. Revocación de mandatos. Plebiscito vinculante. Poder Popular. Justicia Popular. Educación Popular. Amor libre. Pedagogía de la ternura. Todo el poder a los trabajadores. Sepultar la dictadura de la burguesía. Luchar la vida. Pienso, luego combato. Las palabras verdaderas son enunciación y son acto. ¿Una imagen vale por mil palabras? Un acto revolucionario vale por mil almuerzos con la Chiquita. Para que todo eso no sólo sea posible, sino que además sea probable, deberemos construir unión de abajo hacia arriba. Pero también decisión de arriba hacia abajo. El liderazgo no debe ser despreciado. Liderazgos libertarios o Ceos reaccionarios. Por eso, porque las palabras son también armas cargadas de presente, propongo que a este sistema de gobierno, que a Churchill le parecía el mejor de todos, empecemos a denominarlo INDEMOCRACIA. O sea: sin democracia. Apenas gerenciamientos, incluso constitucionales. Pero de ninguna manera democráticos. Cuando tengamos la absoluta convicción que estamos en la más profunda indemocracia, entonces Catón el Viejo será nuevamente recordado. La indemocracia debe ser destruída. Edición: 3374

ANSeS y los inviables
Publicado: Jueves, 22 Junio 2017 14:47
ANSeS y los inviables

Por Silvana Melo  (APe).- Para que cierre, el círculo sistémico necesita sacudirse el excedente. Recortar lo inviable. Cerrar los puentes levadizos para que miren desde afuera los que no aportan para sostener el escenario de los vivos, los decididores y los propietarios. En la intemperie urdida hay 5.600.000 chicos pobres, un millón y medio con hambre. Y un 90 % de los viejos sin recursos para la vida. Para colmo todos ellos –niños y viejos- dependen. Son profundamente subordinados a un estado que los incluye en el container del descarte. Un estado que debería asegurarles salud –los dos extremos se enferman más que el resto- subsidiarles la fragilidad –ni unos ni otros están en condiciones de trabajar, de producir para el sistema- garantizarles el alimento –ambos, en su crecimiento-decrecimiento, demandan buenos nutrientes- y tramarles un espacio de disfrute. Pero las pautas del mercado declaran soberanamente la inviabilidad –por caros, por no rentables- de los viejos y los chicos. Y su cesantía de las cosas bellas de la vida. Especialmente para los viejos, porque los niños tienen aún la mínima prerrogativa del futuro, de ser una chispa de porvenir que se puede disciplinar. Los viejos tienen el descaro de ser pasado. Y no más. El estado, que es éste, el que se endeuda a cien años con una tasa altísima, el que pacta con las multinacionales que vuelan los cerros, arrancan las vísceras más valiosas de la tierra y envenenan los restos –sea bajo el gobierno que sea-, el que incluye y el que excluye, el que decide quién sí y quién no, suele ser cíclicamente más compasivo. Por un rato subsidia el abandono para que no parezca abandono. Después arranca cualquier piedad como maleza. O la fumiga con round up. Es ahora ese tiempo. Cuando el estado cachea a jubilados y pensionados para comprobar si esconden un fraude. Y por las dudas les quitan el beneficio como a la campera para revisarla. Y los dejan desnudos en la escarcha. La aparición de una leyenda mínima en los recibos de cobro de [email protected] por viudez es otra herramienta de Economía para recortar un déficit fiscal engordado por los inviables. En un ticket con letra débil, que con los días va languideciendo, se exige revalidar la data histórica del beneficiario y del origen del beneficio. Es decir, documentos que certifiquen que el inviable vivió, sufrió y amó con la persona que ahora está muerta y por la que recibe 6.000 pesos. Y, además, la prueba de que esa persona realmente murió. El plazo son sesenta días y, en algunos recibos, se suma la amenaza de la baja de la pensión. Cuyo cobro sitúa al cesanteado en la indigencia pero la virtual pérdida lo asoma a las puertas de la tragedia. El extremo final del descarte suele no ver bien. Y a veces le cuesta comprender. Le dicen que llame al 130. Donde jamás atiende nadie. Donde le proponen 10 números para digitar según el trámite pero el suyo nunca está incluido. Donde una voz grabada le aconseja que entre en el sitio web. Cuyos mecanismos son cosa de otro mundo y otro tiempo. Entonces va a ANSeS, si le dan las piernas. Le dicen qué papeles tiene que conseguir. Y cuánto cuestan si no los tienen. Entonces en la radio habla un burócrata de un estado impiadoso, que explica que en realidad ANSeS necesita digitalizar sus papeles. Y como da un poco de trabajo buscarlos en el archivo prefieren movilizar a la masa de remanentes de un tiempo mejor. Para que un aporte los vuelva un poco menos deficitarios. Los inviables, justamente por inviables, dejaron de merecer medicamentos al ciento por ciento, cuando se descuidan les reducen el porcentaje del aumento de marzo y setiembre, le recargan las tarifas, les encarecen los alimentos, les quitan las pensiones si son discapacitados o madres de siete hijos, [email protected] hacen movilizar a puro terror si son [email protected] y están [email protected] Como a los chicos, los amontonan en una vida baldía, meros espectadores de lo que sucede, empapados por una lluvia que no deciden. Muertos de frío por un invierno que no eligieron. Inviables.   Edición: 3379  

No es el frío
Publicado: Miércoles, 21 Junio 2017 15:52
No es el frío

Por Bernardo Penoucos (APe).- El viento sopla helado y corta cuerpo adentro. Transpirará la calle esa fría humedad de las largas noches de invierno y ha de transpirar junto a la calle, el cartón mojado y el cuerpo debajo. Cuántos serán los cuerpos, me pregunto, que no pasarán hacia la primavera próxima. Cuántos de estos cuerpos quedarán tiesos en este invierno, en esta desolación y en esa otra parte agrietada que nadie nombra ni mediatiza. La estadística pondrá a disposición los datos en no mucho tiempo; nos explicará objetivamente cuántos pibes y cuántos grandes murieron de frío y se fueron tosiendo en silencio. La estadística de cuadros y mapas conceptuales coloridos nos dirá cuántos argentinos no pudieron con los escollos de las largas noches de invierno. Y mientras nos diga irá despersonalizando la tan mentada cuestión social. Serán números los que murieron de frío y serán porcentajes los que se fueron de olvido. Hay un paisaje urbanístico que impacta. Cientos de viviendas deshabitadas, fastuosos edificios sin estrenar, terrenos cercados desde hace siglos y junto a esta foto de nuestros tiempos, familias enteras contando estrellas y buscando el calor en cualquier plaza del país. En cualquier entrada de edificio con complicidad mediante de un portero amigo. En cualquier puente de autopista, en todo rinconcito que regale, más no sea, un poco de reparo aliviador. Hay un paisaje que nos habla de la violencia primera, de la deuda mayor, de la vida y de la muerte. No será el frío quien congele matando a los pibes y a los grandes que sobreviven la calle, no será el argumento climatológico el que explique las muertes evitables, no serán las estadísticas ni serán los porcentajes. Será un país, y en éste, un proyecto de país que cierra con cuerpos afuera, con hombres y mujeres afuera, con niños y niñas afuera, con un afuera helado y punzante, con un afuera que nos sigue matando de frío y matando de penas. Tarde llegaran los hallazgos periodísticos, tarde los lamentos del Estado. De nada servirán los quiebres emocionales en la pantalla chica, porque habrá pasado el invierno y se habrán ido, junto con éste, rostros, historias, nombres y explicaciones tardías. Edición: 3378  

Fuego que mata
Publicado: Miércoles, 14 Junio 2017 16:06
Fuego que mata

Por Claudia Rafael (APe).- Siguen muriendo como pájaros. Derrumbados violentamente en el inicio de un vuelo hacia la magia, que debiera ser la vida. Ninguno de ellos tendría que estar allí. El lugar de la muerte es definitivo. Eluney, de 2 años; Mía, Zoe y Luana, de 7 cada una. Por una vela incendiaria que paliaba en la casilla de Lanús la falta de electricidad. Gabriel, de apenas 2 y los hermanos Kevin, de 1 y Milagros, tan solo de 3. En una aldea guaraní de Misiones que los incineró a la hora de la siesta. Los mismos 3 años de Agustín, asesinado por un balazo en la espalda, en Lomas de Zamora. Las cuatro niñas de Villa Diamante, Lanús, fueron atrapadas por las lenguas de un fuego arrasador. Ya no son. Conforman, juntas, entrelazadas -solitas y arrinconadas por el miedo de los instantes previos- esas piezas inolvidables del rompecabezas de la condición humana. Como Gabriel, Kevin y Milagros, a más de 1100 kilómetros de distancia. En la olvidada aldea Koenjú, de la comunidad Mbya Guaraní. Mientras sus mamás lavaban las ropas en el arroyo cercano. Tan iguales las muertes. Tan abismales los contextos. Las niñas de Lanús, en sus casillas frágiles de miserias olvidadas, amontonadas en ese triangulito que representa el 0,1 % de la geografía argentina junto a otros 11 millones de almas trajinantes. Apiñadas malamente mientras la madrugada olvida a los débiles y una vela no alcanza para ver horizonte alguno detrás del túnel pero sí para transformar en cenizas los sueños. Los niños de Koenjú, con el monte alrededor que cobija del resto del mundo, respiran y cantan otros ritmos. Apenas 35 familias guaraníes en la aldea. Allí donde las casitas de tacuara permiten entrar los hilos de un sol, cuando hay, que abriga apenas en los días fríos. Pero la lluvia obliga al fogón paredes de caña adentro. Para abrigarse, para cocinar. Para pelearle al frío. Esa lluvia que –escribía Horacio Quiroga- persiste “todo el día sin cesar, y al otro, y al siguiente, como si recién comenzara, en la más espantosa humedad de ambiente que sea posible imaginar…” Agustín también tenía 3 años. Tres velitas. Tres sueños. Otra piecita ausente del rompecabezas de la condición humana. El fuego que le estragó la magia a Agustín era otro. No hace llamas pero tiene la misma crueldad. Mata. Quema de un modo diferente. En un escenario de ferocidad que hila en una trenza fatal a otras víctimas. Las que alguna vez tuvieron 3, 5, 9 pero a las que el poder institucional que decide quién sí y quién no, fue cincelando entre constelaciones de atrocidad. Y crecieron hundidas en el entramado de violencias diseñadas finamente por el estado. Connivente con otros estados paralelos que usan y tiran. “Papá, me duele”, cuentan que dijo el nene de 3 años antes de morir, en Lomas de Zamora. La vida de Agustín ya no es ni será. En este desierto de utopías en el que valen más las mercancías impuestas por la lógica de mercado y de estado que la argamasa de la ternura, hay muertes diseñadas. Vidas sobrantes. Como las de los dos pibes de 14 y 16 señalados como responsables. Que –sean o no culpables de tan tremenda atrocidad- serán convenientemente servidos en bandeja de plata para fogonear la punibilidad cada vez más temprana. Fue esa lógica estatal que decidió las fronteras de la pertenencia y la no pertenencia, la que prediseñó las construcciones de vida que pueblan de countries los humedales y apiñan millones en casillas de cartón con iluminación y calefacción a vela o a kerosene. La misma lógica que forjó las llamas en Villa Diamante mientras Edesur, y el estado que connive, había dejado la barriada sin luz desde hacía más de una semana por un transformador nunca reemplazado. “Hay una demanda judicial en curso”, se escudaron los funcionarios del municipio de Lanús. Como si las presentaciones ante la justicia devolvieran respiros. Reanimaran latidos. Esa lógica de mercado es la misma que desmadra los días de pibes que crecen jugando a la vida y a la muerte, como si matar o morir tuviera regreso, con la violencia tóxica que quema el cerebro. Es esa lógica impune. Que sirve únicamente a los poderosos. Que muerde sólo a los descalzos, como diría Galeano. Que enrola para forjar ejércitos de crueles anónimos, a los que irá quitando sentidos y sensaciones simplemente para alistarlos a su servicio. Y de los que luego se desprenderá sin miramientos. Para qué tanto sol, tanta abundancia torrencial, toda la vida planetaria, si nos golpea la injusta repartición, si la muerte baja del cielo a los extremos de la tierra, si la pobreza me aleja de las flores y la fiesta, escribió Adoum. El rompecabezas de la condición humana se está ahuecando de piezas fundamentales. Y los niños se preguntan ¿cuándo es la felicidad? Edición: 3373  

Contar pobreza
Publicado: Jueves, 08 Junio 2017 16:22
Contar pobreza

Por Silvana Melo (APe).- 5.600.000 son los niños que cubren la infame alfombra de la pobreza en la Argentina. Bien abajo, donde pisan aquellos a cuyo paso se tienden las alfombras. Son números de Unicef, el brazo para la infancia de las Naciones Unidas. Que se extiende para denunciar con imágenes de refugiados sirios o de hambrientos de Somalía o de mutilados sociales por plomo en Fiorito. Como antes alargó al Banco Mundial o al FMI, brazos de la misma hidra. Esta vez para la asfixia. La doble faz global, que aniquila y luego lanza alimentos desde los aviones. En el país que inmoló a las estadísticas confiables, Unicef aporta su propia lectura de pobreza. Contra el 32,4 % de la Universidad Católica (UCA), habla de un 29,7%. Pero de los 4.900.000 chicos UCA saltan a los 5.600.000 en la pobreza. Con 1.300.000 que pasa hambre. Palabra con la que abofetean el concepto eufemístico de “inseguridad alimentaria”. Y permiten, desde la contundencia verbal, volver sobre la criminalidad expresa del hambre en la infancia: si el país produce alimentos para 400 millones de personas, rifa sus materias primas y monocultiva para nutrir a los cerdos chinos, hay quien/es toman decisiones de cómo y hacia dónde se distribuirán los recursos y los alimentos. Esa opción, decididamente dolosa, provoca 1.300.000 hambrientos en la infancia. Lo que implica un desarrollo cognitivo deficiente, huesos débiles, dientes frágiles y desigualdad. Una torrencial desigualdad. Como las hojas que acolchonan la vereda en el otoño, los pibes cubren la alfombra que pisan los poderosos. Desde los épicos de ayer a los ceos de hoy. Desde el Banco Mundial a Angela Merkel. Los 700.000 niños de diferencia entre la UCA y Unicef se vuelve apenas una anécdota. Porque no desmiente a los 5 millones de chicos pobres, al millón y medio con hambre, a la hipoteca del porvenir, endeudado hacia el afuera y hacia el adentro.Nada de esta historia empieza hoy. Tal vez la diferencia pasa por el diario que le concedía tapa ayer. Y el que se la concede hoy. Y por 700.000 chicos que hay que imaginar en caritas, en historias, en chocolatadas y catarros. De a uno hay que imaginarlos para desestructurar la cifra, la línea en suba en el gráfico. Y ponerle vida por unidad. Esos 700.000 son de este presente, desaforado y brutal. Los otros vienen de ayer. Cinco millones pertenecientes a ayeres que son décadas de alimentar marginalidad e intemperie. Donde, de los trece millones de pobres, dos o tres oscilan entre sacar la cabeza del agua y volver a hundirse, pendientes de un beneficio ocasional, de la inflación, de una elección legislativa, de un empleo que cae, de una changa que se cierra. Y seguramente aumentará el grosor de la alfombra que pisan los poderosos con un invierno despiadado, alimentos carísimos, un calor inaccesible, una rebeldía sorda por la mitad del mundo que les tocó, disciplinadores inflexibles y el ajuste cotidiano que acaso respaldará el FMI para que, meses después, llegue Unicef a contar los pobres. Edición: 3366

Constructor de sueños
Publicado: Miércoles, 07 Junio 2017 14:11
Constructor de sueños

Por Sergio Alvez (APe).- “Apóstoles es frontera internacional” bromean los lugareños, por aquel antiguo chascarillo que en la región aún retumba, eso de que Corrientes es una república aparte. El fresco y caudaloso arroyo Chimiray, separa la ciudad de Apóstoles, de la correntina Colonia Liebig. Considerada la Capital Nacional de la Yerba Mate –por su gran cantidad de plantaciones-, Apóstoles es un tranquilo poblado del sudeste misionero, donde en albores del siglo XX, colonos galitzianos, polacos y ucranianos de nacionalidad astro-húngara, fueron poblando sus llanuras y serranías, iniciando una andanada demográfica que a la fecha alcanza las 40 mil personas. La yerba y el mate, aquí son emblemas culturales y símbolos omnipresentes. Pero al igual que en el resto de la provincia, la yerba mate también representa -si se dirige la mirada hacia la cadena productiva y la forma de distribución de la riqueza que genera el cultivo- un símbolo de desigualdad y explotación. En Misiones, como advierten el Sindicato de Tareferos de Montecarlo, el placer de tomar mate sigue descansando en la esclavitud de miles de tareferos. En Apóstoles, muchas de las familias que dependen de la tarefa, viven en uno de los asentamientos informales más grandes de toda la zona sur de Misiones: el barrio Chezny. Se trata de una de las villas más pobladas de la la provincia y cuenta en la actualidad con 650 familias distribuidas en sus 22 hectáreas de extensión. Si bien el primer habitante arribó en octubre de 1989 –, la vecindad en su mayoría fue llegando especialmente en los últimos quince años. El vecindario fue creciendo en forma improvisada y sin servicios, configurando un mapa donde entre bañados y olerías, proliferaron las viviendas de madera, casi en su totalidad con pisos de tierra, letrinas, y en un contexto ambiental y sanitariamente muy desfavorable. Hoy, pueblan el barrio familias numerosas, donde los sostenes de hogar mayormente son los hombres que trabajan en la tarefa, en la albañilería o haciendo changas. También, existe una zona donde están enclavadas varias olerías. Todos los días, es frecuente ver entrar al barrio, antes del alba, camiones que vienen a buscar cuadrillas de tareferos o changarines para trasladarlos a los yerbales u otros lugares de trabajo. El Chezny es básicamente, un barrio de trabajadores. En el Chezny, desde hace casi una década late una experiencia comunitaria que empezó con un merendero para paliar el hambre de la gurizada y creció al punto de expandirse a otros barrios apostoleños, conformando en el andar una cooperativa, una huerta comunitaria, un espacio de mujeres, ciclos de formación y otras instancias organizacionales transformadoras. Desde Avellaneda Cuenta la historia que en los primeros meses de 2008, Eduardo García (33) y Andrea Aranda (40) vivían en una fábrica recuperada en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Habían llegado, como otros miles de trabajadores, en son de lucha y apostando a la reconstrucción de la solidaridad laboral y social tras la devastación de fuentes laborales que legó el torbellino neoliberal que azotó Argentina, en su versión más indisimulada, durante la década del noventa. La explosión social —con represión y matanzas incluidas— ocurrida en diciembre de 2001, fue la derivación social de esa coyuntura. Aquellos años de compañerismo, de intercambio de experiencias constructivas, fueron tiempos de profundo aprendizaje para Eduardo, Andrea y sus hijos, donde incorporaron plenamente el sentido de la solidaridad horizontal, esa que enuncia Eduardo Galeano cuando afirma que “la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”.Al mismo tiempo, nació en ellos una necesidad de buscar horizontes más calmos, tomar distancia de esa urbe babilónica que es la llamada “gran ciudad”. “Queríamos vivir en un lugar más tranquilo, salir un poco de la locura que es Buenos Aires. Teníamos familiares en Apóstoles, Misiones. Como no podíamos comprar una casa, nos vinimos a vivir al llamado barrio Chezny, un lugar donde no había agua potable ni luz, y nos levantamos una casita de madera” cuenta Eduardo. “Este es un barrio de obreros, donde los camiones vienen a buscar a los trabajadores a la madrugada. Pero en épocas en que escasea el trabajo se siente mucho la necesidad y los chicos no pueden alimentarse debidamente. Los padres no dan abasto, (hay) chicos que pasan días sin leche, tomando mate cocido solo. Por eso surgió el merendero, por la idea de ayudar” cuenta Andrea. Cooperativa Así fue que el Merendero El Hornero se convirtió en un punto de reunión para muchas familias del barrio. De esos encuentros surgirían decisiones y acciones trascendentales, como la de conformar una cooperativa (El Hornero, de pleno funcionamiento con trabajadores del barrio), y dar rienda a las instancias de formación gratuita gracias a organizaciones y voluntades que se fueron arrimando al fogón. Una de estas alianzas se dio con otra cooperativa, en este caso del rubro comunicacional, La Rastrojera, lazo que derivó en la formación de niños y jóvenes del barrio que hoy realizan sus propios trabajos audiovisuales. Siempre con el apoyo del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), El Hornero expandió sus fronteras, tendiendo puentes a otros asentamientos de la ciudad, donde pese a las necesidades no existía organización entre vecinos. “Hoy en día estamos en 7 barrios de Apóstoles, y comenzando un proyecto en el vecino pueblo de Azara. En todos estos lugares hacemos merienda para la infancia. También hacemos huertas, olería, limpieza, reciclaje, fomentamos la organización” sostienen. Otra impronta que cobró relevancia en los últimos años a partir del fortalecimiento de la organización fue un espacio de mujeres, donde se abordan las cuestiones de género y se participa de encuentros con otros colectivos, incluyendo el Encuentro Nacional de Mujeres. Aspereza del presente El presente, como para todos los espacios de resistencia y contención a la pobreza en el país, es áspero. El rebrote neoliberal ya pasa factura a las familias del Chezny y los demás asentamientos. “Están viniendo muchos más chicos a los merenderos, tenemos familias que se quedaron sin trabajo en estos meses y la mano se está poniendo muy pesada. Esto nos obliga a redoblar la lucha porque el sufrimiento de las familias más humildes se acrecienta” afirman. En esa faena están quienes sostienen la Cooperativa El Hornero y la experiencia social del FOL en Misiones, luchando por sostener lo construido y avanzar por más. Quienes deseen conocer más de este proyecto y porqué no, dar una mano, pueden contactarse a través de [email protected] Edición: 3365    

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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