El encierro y los métodos de la crueldad
Publicado: Martes, 24 Mayo 2016 15:26
El encierro y los métodos de la crueldad

Por Claudia Rafael (APe).- Aldo Ramón Zerda y Ramón Antonio Quinteros son celadores, eufemismo de guardiacárceles, en las prisiones para niños. Ellos eran los guardianes en nombre del Estado destinados a celar por la vida de Rodolfo Emanuel Arancibia. Que tenía 18 años. Que había terminado en el instituto Agote en marzo de 2009 a partir de una causa por lesiones. Que estaba medicado. Que tenía una niña que le acababan de avisar que había muerto. Que era de Villa Soldati. Que tenía 15 hermanos. Que había forjado su crónica vital entre los vericuetos más crudos de la pobreza. Donde el mañana tiene sabor ácido y no hay paraíso en la autopista al futuro. Que en mayo de 2009, un mes y pocos días después de su detención, apareció ahorcado en una celda. De un instituto anclado en pleno Palermo, donde caminan gentes con otras preocupaciones ajenas a los dolores puertas adentro de ese lugar anclado en Charcas 4602. A escasas tres cuadras del predio ferial de Palermo o del Botánico. Zerda y Quinteros están sentados en el banquillo de los acusados desde finales de abril. Los acusan de “homicidio imprudente” por considerar que “se habría podido neutralizar la autoagresión” por las señales “de alarma”. En el juicio hablaron de sus “antecedentes depresivos y de adicción, con la consecuente disminución del dominio sobre sí”. Y desentrañaron un extraño ida y vuelta con la medicación: se lee en la página de fiscales.gob.ar que “el 1° de mayo, por ejemplo, se había presentado por la noche en la enfermería ´por la muerte de su hija´. El día anterior se le había retirado la medicación que tenía prescrita ´para lograr que el menor descansara mejor´”. Y también que el día previo a que apareciera colgado en la celda lo habían hecho. El Negrito estaba convencido de que había que poner el mundo patas arriba. Su papá reparaba zapatos. Su mamá hacía y deshacía las costuras de la vida, si era necesario, para que su muchacho llegara a la Universidad, sueño impensable para esa generación de laburantes. Y el Negrito se les hizo contador. Y tenía sueños. Como tantos otros Negritos que querían hacer las cuentas para que la desigualdad no fuera un logaritmo propio de esta vida. Su voz clara y profunda definía que “si hacer política es gestionar para que cada uno tenga un plato de comida en su casa... yo hago política”. El Negrito era Jorge Miguel Toledo y había nacido el 2 de febrero de 1953 en Olavarría. Cuatro días después de cumplir los 25 años un falcon verde lo levantó y los girones de su vida se hundieron en la oscuridad de la tortura, la perversidad, el odio del Estado de unos pocos que lo arrinconó en sus cárceles. Dicen que puede haber estado en el Centro Clandestino de Detención Monte Peloni pero nadie lo vio y su causa nunca termina de llegar a juicio a casi 40 años del secuestro. Sí quedó debidamente registrado su final porque algunos compañeros de cautiverio no olvidan. El Negrito intuía que el tratamiento psiquiátrico al que lo sometían en la nueva cárcel de Caseros, a espaldas del Hospital de Niños Garrahan, era parte de la crueldad del estado terrorista. Hernán Invernizzi, que compartió con él esos últimos tramos, recuerda que “armamos una pequeña red para controlar la medicación y nos dimos cuenta de que un día no le daban y, al otro, le hacían tomar todo junto. Las entrevistas con psicólogas y con el psiquiatra lo violentaban, lo tensionaban, volvía temblando, al borde de la convulsión”. El 29 de junio de 1982 el Negrito Toledo se colgó en lo que fue claramente un suicidio provocado por ese estado perverso, desde la red armada y abonada por psiquiatras, médicos, psicólogos, enfermeros, guardiacárceles, jerarcas. Esa noche a sus compañeros les sirvieron asado con papas al horno que la gran mayoría no pudo deglutir porque sabía al festejo de muerte mientras les hicieron sonar desde los altoparlantes la marcha fúnebre toda la noche. Mónica Cuñarro y José Nebbia, los fiscales de la causa Arancibia, pidieron tres años y seis meses de cárcel para Zerda y Quinteros. Y remarcaron que es la primera vez que una causa como la de Rodolfo Emanuel Arancibia llega a juicio. En el banquillo fueron sentados los dos celadores. Los dos encargados de “celar” en nombre del estado la vida de un chico de 18 años. De vigilar, no de proteger. De controlar, no de abrazar. De demarcar y delimitar, no de acompañar. No hay médicos, ni directivos, ni funcionarios, ni psicólogos, ni psiquiatras frente a un tribunal. Porque el estado sigue siendo un pacto de incluidos en las buenas y en las malas. Cuando sea necesario soltará la mano a un par de brazos útiles a su función porque el fin último sigue siendo sostener un status quo en el que los pibes como Arancibia tienen un rol claramente determinado. Ser parte del afuera que, en definitiva, da sentido al adentro. Incluso, para recordar que es ese lugar al que habrá que repeler y panópticamente custodiar. Porque hay pibes que nacen y crecen en las cárceles a cielo abierto de las que está vedado simbólicamente salir y que mueren o se arrumban en el olvido en las cárceles a techo cerrado como Arancibia y tantos otros. Hay prácticas que trascienden los contextos. Que serpentean por los subsuelos de la historia. Y que vienen desde tiempos centenarios. El instituto en el que atravesó los últimos estertores Rodolfo Emanuel Arancibia lleva el nombre de un médico y diputado que en los primeros años del siglo XIX dijo en su discurso ante la Cámara baja que “¿Cómo es posible transitar por las calles de Buenos Aires viendo esa turba de niños abandonados como pájaros, en contacto con el crimen y el vicio?... Este es un asunto cuya resolución urge porque cerrará las puertas a los futuros criminales del mañana [...] Los señores diputados habrán visto en aquellos días que hoy llamamos semana trágica, que los principales autores de los desórdenes, y los que iban a la cabeza atacando la propiedad privada...eran los chicuelos que viven en los portales, en terrenos baldíos y en los sitios oscuros de la Capital Federal. Si los señores diputados observan quienes venden los diarios hoy en la Capital, se apercibirán que de un tiempo a esta parte ya no son muchachos de corta edad, sino niños de ocho, diez o doce años, que ya podrán figurarse cuál será el fin indudable que van a tener estas criaturas cuando tengan unos años más...” La infancia de los márgenes, la que desde las calles se plantaba con su grito desarrapado ante la inequidad, voceando diarios o prepeando a los incluidos era “un enfermo a tratar, susceptible de curar más que de castigar”. Que, en verdad, significaba encerrar. Perseguir. Vigilar. Poco después del “suicidio” de Rodolfo Arancibia, APe publicó que el Agote fue “alguna vez el Hogar El Alba creado por el reverendo William Morris para acunar, para proteger y alojar a los niños huérfanos y abandonados”. Allí se criaron, por ejemplo, personajes del espectáculo como el actor Osvaldo Miranda o el cómico Juan Carlos Altavista (“Minguito”). En un espacio amoroso que duró hasta 1949, cuando el hogar fue trasladado a Longchamps. Y comenzó en ese “viejo edificio del viejo Palermo, la segunda y más ingrata etapa de su vida. Donde había grandes ventanas y claridad, se pusieron rejas. Lo que era albo devino gris y sombrío”.   El Negrito Toledo y Rodolfo Arancibia tenían orígenes similares en dos países diferentes. El Negrito peleaba contra un sistema que paría desigualdades reguladas por el estado. Rodolfo sobrevivía entre las inequidades a los golpes y como podía irrumpiendo a la vida de los incluidos desde las cárceles sin muros ni rejas. Los dos fueron suicidados por las instituciones del encierro feroz que no perdona la irreverencia. Allí donde –define Foucault- el poder puede manifestarse de forma desnuda, en sus dimensiones más excesivas, y justificarse como poder moral. Con la perpetuación insoslayable de la metodología de la crueldad. Edición: 3160

25 centavos
Publicado: Lunes, 23 Mayo 2016 14:42
25 centavos

Por Carlos Del Frade (APe).- Ya están en circulación los nuevos billetes de la era del presidente Mauricio Macri. Y continúan, desde 1992, los viejos dibujitos en monedas y los otros billetes. El peso de la historia en los pesos de la vida cotidiana del siglo veintiuno. Los fantasmas de la década que va de 1810 a 1880 conviven con los argentinos en 2016, a doscientos años de la declaración formal de la independencia. En estos días, cuando se recuerde la “revolución” de mayo, sería bueno pensar por qué su recuerdo vale, solamente, veinticinco centavos. La moneda que hoy está casi desaparecida refleja la imagen del Cabildo donde 165 personas, nada más que 165, decidieron inventar una “nueva y gloriosa nación sobre la faz de la Tierra”. 25 centavos vale la memoria de la Revolución según el poder económico que rige la vida cotidiana en estos arrabales del mundo. Por eso es imprescindible apuntar algunos pensamientos que, más allá de su contexto, cuestionan el presente. Decía Manuel Belgrano sobre las herencias del Virreynato: “Inundado de tantos males y abusos, destruido su comercio, arruinada su agricultura, las ciencias y las artes abatidas, su navegación extenuada, sus minerales desquiciados, exhaustos sus erarios, los hombres de talento y mérito desconceptuados por la vil adulación, castigada la virtud y premiados los vicios”. En esos apuntes del futuro creador de la bandera, está la base del Plan de Operaciones de Mariano Moreno, a la sazón nombrado como secretario de la Junta, la plataforma política del 25 de Mayo, esa fecha que hoy vale 25 centavos. En Agosto de 1810, Moreno, entonces, a sugerencia de Belgrano, es el encargado de redactar el programa político y económico que le dará encarnadura al invento de 162 personas que el 25 de mayo decidieron hacer un nuevo país y separarse de España. Moreno escribirá el “Plan de Operaciones. Que el gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe poner en práctica para consolidar la grande obra de nuestra libertad e independencia”. Para la junta era vital el proyecto, el horizonte hacia donde marchar. La situación no podía ser peor: “En el estado de las mayores calamidades y conflictos de estas preciosas provincias; vacilante el gobierno; corrompido del despotismo por la ineptitud de sus providencias, le fue preciso sucumbir, transfiriendo las riendas de él en el nuevo gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, quien haciéndose cargo de la gran máquina de este estado, cuando se halla inundado de tantos males y abusos, destruido su comercio, arruinada su agricultura, las ciencias y las artes abatidas, su navegación extenuada, sus minerales desquiciados, exhaustos sus erarios, los hombres de talento y méritos desconceptuados por la vil adulación, castigada la virtud y premiados los vicios...”, describieron los integrantes del gobierno provisional el 18 de julio de 1810. Moreno define la revolución como un proyecto sudamericano: “El sistema continental de nuestra gloriosa insurrección”. Para el secretario es necesario modificar la estructura social: “tres millones de habitantes que la América del Sud abriga en sus entrañas han sido manejados y subyugados sin más fuerza que la del rigor y capricho de unos pocos hombres”. Moreno sabe que los privilegios deben ser suprimidos si en verdad se quiere crear “una nueva y gloriosa nación”, como dirá más tarde una de las estrofas mutiladas del Himno Nacional. Es la misma idea de Belgrano cuando dice que “las tres quintas partes de la población y territorio del antiguo virreinato, escapan a nuestro control; la plata del Alto Perú, bloqueada por la insurrección del Mariscal Nieto, resulta vital para las finanzas; representan el 80 por ciento de las exportaciones de la capital. Además los españoles europeos siguen conspirando. Nuestro país es inmenso y despoblado; tal es su presente; sólo le queda acechar como un tigre, un futuro que sin duda será de grandeza”. Por ello Moreno quiere insuflar de decisión política al nuevo estado para que sea herramienta de distribución de riquezas: “qué obstáculos deben impedir al gobierno, luego de consolidar el estado sobre bases fijas y estables, para no adoptar unas providencias que aún cuando parecen duras para una pequeña parte de individuos, por la extorsión que pueda causarse a cinco mil o seis mil mineros, aparecen después las ventajas públicas que resultan con la fomentación de las fábricas, artes, ingenios, y demás establecimientos en favor del estado y de los individuos que las ocupan en sus trabajos”. Y agrega que “si bien eso descontentará a cinco mil o seis mil individuos, las ventajas habrán de recaer sobre 80 mil o 100 mil”. Un estado que arbitre lo necesario para cumplir el objetivo de la política, según el propio Moreno, que es “hacer feliz al pueblo”. Un estado que vuelque su poder en favor de las mayorías y en contra de los intereses minoritarios. Con un proyecto de desarrollo del mercado interno y proteccionista de su comercio y su industria: “se pondrá la máquina del estado en un orden de industrias lo que facilitará la subsistencia de miles de individuos”. El futuro del país pensado por Moreno “será producir en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesita para la conservación de sus habitantes”. Durante una década no habrá interés particular por sobre las necesidades del estado revolucionario: “se prohibe absolutamente que ningún particular trabaje minas de plata u oro, quedando al arbitrio de beneficiarla y sacar sus tesoros por cuenta de la nación, y esto por el término de diez años, imponiendo pena capital y confiscación de bienes con perjuicio de acreedores y de cualquier otro que infringiese la citada determinación”. Repite su cuestión de estado a favor de una igualdad garantizada desde el poder: “las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un estado, no solo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un estado”. No era solamente una advertencia sobre aquel presente, sino una profecía para los tiempos que vendrían. El 4 de marzo de 1811 Moreno fue envenenado frente a las costas brasileñas y junto a su cuerpo también desapareció la voluntad política de generar y sostener un estado revolucionario. La metáfora del cuerpo del revolucionario sumergido y desaparecido en el Atlántico es un macabro prólogo de lo que sucedería en los años setenta del siglo XX con aquellos que intentaban un cambio estructural en la sociedad argentina. Fuente: “Los caminos de Belgrano”, libro del autor de esta nota. Edición: 3158

El rayo y la desnudez
Publicado: Jueves, 19 Mayo 2016 12:46
El rayo y la desnudez

Por Carlos Del Frade (APe).- La muerte suele revelar la forma de vivir. Mientras los libros ya hablan de la desaparición de los pueblos originales que alguna vez poblaron la región del Gran Chaco, hay noticias del norte santafesino que dan cuenta de la vigencia de técnicas de sobrevivencia que vienen de esos orígenes hoy condenados por distintas formas de olvido. “A las 7,20 horas del 13 de enero de 2016, en la zona del camping viejo fue hallado Esteban Martínez, 31; y unos minutos después encontraron a su cuñado, Sergio Gómez, 12, unos 500 metros abajo antes de la boca del Correntoso. También flotaba el pequeño animal que habían cazado pero no había rastros de la piragua. La última comunicación de Esteban con su mujer fue a las 18:00 del martes, cuando avisó que había cazado el borrego de carpincho que había ido a buscar para comer. Nunca más contestó el teléfono ni dieron con ellos. La preocupación de sus familiares era por el temporal del martes y el mal estado de la piragua”, decía la noticia que apareció en la página web de “Reconquista Hoy”, norte profundo de la provincia de Santa Fe. Esteban trabajaba como ayudante de albañil pero su oficio, su orgullo, era ser fijador, el hombre de río que es capaz de atrapar un sábalo a pura paciencia y casi sin mover el agua, a punta de una lanza armada con técnicas ancestrales. A los nueve años, su papá le enseñó la técnica del fijador, según se lo puede escuchar y ver en el vídeo de apenas un poquito más de tres minutos que fuera trabajado por Luciana Margherit y Diego Fernández, para el canal de la provincia, “Señal Santa Fe”. Pero ese martes la tormenta venía densa sobre una de las orillas del Paraná frente al puerto de Reconquista. Su mujer le había pedido que no saliera a cazar. Esteban, “Naka”, como le decían de pibe en relación a una víbora que se mueve muy rápido, le respondió que necesitaban cenar. Que debía cruzar con la piragua hasta la isla y traerse algo rico para la familia. El fijador Naka lo había logrado. Una vez más, como desde hacía siglos, la ancestral técnica de la lanza, la paciencia y los movimientos acompasados al ritmo de la naturaleza le ganaron al carpincho. Pero la tormenta era muy fuerte. No fue la piragua ni el río. Al “Naka” y a Sergio, el pibe de solamente doce años, su cuñado, los mató un rayo. Cuando Luciana cuenta la historia no puede dejar de emocionarse. Allí, en el norte profundo de la provincia de Santa Fe, decenas y decenas de familias viven como los primeros habitantes de estas tierras: de la caza y la pesca. Ni la revolución tecnológica ni el avance de las comunicaciones les pudieron regalar una vida más sencilla a los pobladores de uno de los costados del puerto de la ciudad cabecera del departamento General Obligado. -Hay que saber valorar la naturaleza. Todo lo que nos da. No seríamos nada sin la naturaleza – dice con simpleza, sabiduría y profundidad, Esteban “Naka” Martínez, frente a la cámara que lo registró meses antes de partir hacia otro lugar del universo, víctima de un rayo que se ensañó contra los dos descendientes de los pueblos originarios. El epílogo de “Naka”, en realidad, muestra la existencia de muchos que, como él, todavía gambetean las necesidades y urgencias a fuerza de un conocimiento casi ignorado por la soberbia del tercer milenio. Ese final, ese rayo que les robó la vida, también es una concreta postal de la precariedad con que muchos y muchas viven en una de las provincias más ricas de la Argentina del presente. La naturaleza no mató a “Naka” y su cuñado, sino la impune concentración de riquezas en pocas manos que condena a muchos a sobrevivir con técnicas de caza y pesca que llevan transmitiéndose de generación en generación desde hace siglos. El norte santafesino, una vez más, es testigo del saqueo. Fuentes: Entrevista a la comunicadora Luciana Margherit, el martes 10 de mayo de 2016 en Intiyaco, norte de Santa Fe; “Reconquista Hoy”, miércoles 13 de enero de 2016, sitio web. Edición: 3157  

Campos de refugiados
Publicado: Martes, 17 Mayo 2016 15:08
Campos de refugiados

Por Silvia Carrizo (*) (APe).- “My friend”, “my friend” es el eco multiplicado que se escucha cuando una persona que se adivina “blanca y europea” camina entre las miles de carpas armadas en las vías de la Estación de Idomeni (Grecia). Decenas de niñas y niños buscan atraer la atención de alguien que ayude a su madre y les ayude a ellos a llenar la panza, a tener un calzado que no les cocine los pies. O un jabón que les borre el olor a sudor acumulado de días al sol, mezclado con la basura que se quema para encender un fuego y calentar una lata con algo de comer. Cada vida es una e irrepetible, pero el capitalismo está acostumbrado a entenderse en números. Las estadísticas parciales ofrecidas por Organización Internacional para las Migraciones (OIM), marcan que de las 382.000 personas emigrantes y refugiadas que habían entrado en Macedonia entre junio y diciembre de 2015, el 51,4% eran hombres adultos; el 16,9% eran mujeres adultas y el 29% eran menores (esta cifra no está desagregada por sexo).   Haida: Sus ojos negros nos interrogan, llegó con su padre un maestro de escuela al campo de Eko Station. Vienen de Alepo, Siria. Su mundo de niña de once años se derrumbó junto con la casa que sepultó a sus abuelos y primos en uno de los tantos bombardeos que dinamitan la vida de miles y miles de personas. Su madre y hermana sobreviven en medio de la guerra, a la espera de que ella y su padre lleguen a Alemania y pueden rescatarlas. Cada día su ilusión y la alegría son los dos tildes azules del whatsapp, que le traen la certeza de que su madre vive, mientras ella está perdida en un lugar sin destino, ni horas, donde cada día es igual al otro. Según cifras ofrecidas por ACNUR, del total de personas llegadas a Europa por el Mediterráneo entre enero de 2015 y enero de 2016, el 49% eran hombres; el 19%, mujeres y el 31%, niños (esta cifra no está desagregada por sexo.). En resumen, la mitad de las personas refugiadas son mujeres y menores de edad. Las organizaciones internacionales estiman en 10.000 el número de niños y niñas “desaparecidos”, sin contar los ahogados en el Mediterráneo. En contexto de guerra, marginación social, pobreza extrema las violencias se descargan sobre los cuerpos y la vida de las mujeres y de los infantes. Las niñas y las personas con necesidades especiales son el último eslabón de esta cadena de injusticia y desigualdad. Adina: El shayla (pañuelo rectángular que cubre cabello y el cuello) le recorta su rostro de niña. No habla, apenas comparte momentos con sus vecinas de carpas, pasa el día con la vista muy lejos del campo de Idomeni. Sólo parece descender de sus pensamientos cuando su marido, un hombre que -notoriamente- le duplica la edad, la llama. A él se dirige llamándole  syd ( señor). Camina lento, acarreando los baldes con la ropa lavada, debajo de su túnica se dibuja su avanzado embarazo y en su cara se adivina la  pregunta sin respuesta: “¿dónde nacerá mi niño?”.   Las niñas y los niños que viven en los campos de refugiados de Grecia, además de pasar hambre, de vivir a la intemperie, de soportar las condiciones climáticas, sufren el stress de la guerra, la pérdida de seres queridos, familias rotas y viven una vida que no comprenden. Hasta antes de terminar con su familia en las vías de una estación de tren, iban a la escuela, tenían actividades extra escolares, andaban en bicicleta, tenían un habitación camas, juguetes. Tenían la vida marcada por el calendario de la infancia: cumpleaños, vacaciones, fiestas religiosas, fiestas familiares, amigos, primos, hermanos. Todo desapareció con el estallido de una bomba y nunca volverá. En los campos de refugiados no está Unicef; Save the Children y otras organizaciones atienden los temas de la infancia y alertan que niñas y niños están siendo traficados con fines de explotación sexual, tráfico de órganos y explotación laboral. Esto ocurre a diario a través de las mafias que operan en los campos a plena luz del día, cerrando viajes. Como en todo hay “mafia buena” que cierra un trato cobra y “lo cumple” y “mafia mala” que cierra un trato y a mitad de camino cambia las condiciones. Son miles las personas que no llegaron a los campos de refugiados de Alemania y sus familias han perdido el rastro. Todas las personas que viajan con redes de traficantes, saben que el viaje incluye permanecer encerrado entre 4 y 5 días en un depósito en algún punto incierto de Bulgaria, riesgo que se asume en la búsqueda de un futuro.   Halima: No conoce miedo, no le asusta no ver a su madre. Con sus cuatro años, recorre el campo de refugiados, buscando ayuda para su madre. Halima de ojos negros y rizos morenos enmarañados, descalza, arrastra botellas con agua, hace cola para un pedazo de pan y sabe identificar en la multitud las personas que no son “refugiadas” y corre a ellas para tironear de la ropa y decirles “mam...baby… mam... baby”. Con su manitas pegoteadas y sucias guía a sus invitados entre carpas y vagones hasta la carpa donde está su madre con sus hermanitos bebés. Dos palabras y su sonrisa alcanzan para comprender y entender, algo que en Bruselas no pueden ver.   Las niñas y los niños no desaparecen sólo en los viajes, desaparecen de los campos ante la indiferencia de las autoridades e instituciones que no responden a las denuncias de las madres, porque no hay registros, pasaportes, documentos que digan que esa niña estaba en Grecia. Ninguna institución de gobierno busca a un menor secuestrado en los campos de refugiados, así de cruel es esta realidad. Las niñas están expuestas constantemente a la violencia, el abuso y el acoso sexual. Es común ver adolescentes de 13 y 15 años, emparejadas con hombres adultos. Algunas a través de matrimonios forzados y otras buscando que las protejan de los otros acosadores. Todas vidas rotas cuando empezaban a florecer. La lista de violación a los derechos humanos, los derechos de las mujeres y de la infancia es interminable y cada agravio es una vida que se maltrata. Ninguna sociedad puede desarrollarse en paz, equidad y justicia cuando descarga violencia e indiferencia sobre cientos de miles de personas que buscan paz.   (*) Especial para APe, tras su estadía en el campo de refugiados de Idomeni.     Edición: 3155  

Desigualdad
Publicado: Lunes, 09 Mayo 2016 14:29
Desigualdad

Por Laura Taffetani (APe).- Unicef Argentina ha dado a conocer la semana pasada un estudio realizado durante el 2015 con el nombre de “Bienestar y pobreza de niñas, niños y adolescentes en la Argentina” por el que surgiría que el 30,2% de los niños de entre 0 y 17 años del país era pobre a fines del año pasado, y un 8,4% era extremadamente pobre. Traducido en términos numéricos estamos hablando de 4.000.000 de niños, niñas y adolescentes que se encuentran sumidos en la pobreza. La cifra surge de las propias estadísticas oficiales pero bajo una metodología multidimensional de la pobreza en la que se tiene en cuenta las diferentes privaciones que sufre esta franja etaria de población, desde la nutrición hasta su exposición a la violencia. Desde que la dictadura militar irrumpió a punta de pistola y terror en nuestro país para garantizar el ingreso al nuevo orden mundial dispuesto por los acuerdos de Bretton Woods, el neoliberalismo entró en nuestras comunidades sin freno alguno que pusiera a resguardo la condición humana que, desde entonces, yace aprisionada bajo la pesada mansedumbre de la resignación de una vida sin utopías. Y así fuimos viendo cómo, progresivamente, al compás de democracias hechas de cartón piedra la brecha entre los de adentro y los de afuera se fue abriendo cada vez más. Miles, que en pocos años fueron cientos de miles de madres y padres, cayeron en las aguas profundas del olvido y desde entonces, como náufragos, tratan de mantenerse a flote en un mar que no tiene orillas donde hacer pie, ni guardavidas que los cuiden y cuando los hay, son vigilantes para que no se arrimen a sus costas. No podemos dejar de decir que sorprende el giro súbito de UNICEF Argentina que pasó de la campaña del Buen Trato donde colocaba el problema de la violencia en hábitos malsanos de una sociedad malhumorada a descubrir la verdadera violencia estructural de la miseria que la genera. Pero lo cierto es que el estudio mencionado ocupó la primera plana de los diarios –otorgándonos esos instantes de gloria efímera en los que los intereses del poder en puja nos permiten disfrutar el hecho de que se coloque en el centro de la escena política la desigualdad en su verdadera esencia, indiscutiblemente de carácter político, lejos del orden natural de las cosas. Si hay algo doloroso en esta época que nos toca vivir es la obscena normalidad con la que aceptamos la desigualdad como un hecho natural y para poder sostener un estilo de vida cómodo, adaptado al insaciable mundo del consumo que no dudamos en merecer, enceguecemos nuestra conciencia para no ver el sacrificio de miles de vidas condenadas a la soledad de la exclusión. Tal como ha señalado Francois Dubet, a partir de distintas estrategias se empuja en forma silenciosa y sigilosa a los pobres a vivir en ghettos -verdaderos infiernos jamás imaginados por la pluma de un Dante- convirtiendo la exclusión en una opción de vida que la gente elige por incapacidad o vaya a saber por qué extraña perversión, cargando siempre la culpa en sus espaldas y aliviando a la de los que viven fuera gracias a una supuesta vida exitosa que le ha permitido ser acreedores del derecho a transitar plácidamente dentro del contrato social establecido. Por eso los problemas sociales se plantean como relacionados a la discriminación o a la vulneración de derechos pero no a la desigualdad que constituye su raíz. Claro que al finalizar la fiesta suntuosa de cada día, ahí quedan los platos rotos: millones de niños y niñas que tienen hipotecado su futuro, que es también el nuestro y el de la humanidad toda como errantes espectros de la noche después de la batalla. Quizás deberíamos hacer la prueba de realizar una proyección multidimensional de los efectos de estas privaciones que la estadística recoge que nos permitan visualizar cómo será el país que el día de mañana les tocará vivir a nuestros hijos e hijas y quizás ahí podamos dimensionar el desafío que tenemos por cambiar de aquí en adelante. Las organizaciones sociales que hemos crecido en la resistencia a este sistema económico y social que nos opaca el alma, hace muchos años que sabemos de estas mediciones porque para nosotros cada una de ellas portan sus nombres y sus generaciones, podemos reconocer a los nuestros en cada tabla o gráfico que se publica. Podemos decir además, que hemos vivido ya varias décadas de abusos y saqueos que llevan la firma de otros y otras, que a veces se vuelven a repetir a lo largo de la historia. Pero fundamentalmente lo que nos constituye es lo que soñamos y soñamos fundamentalmente que algún día asumiremos de una vez por todas que el hambre es un verdadero crimen y resolveremos impedirlo. Sin duda el mundo actual nos ha dejado sin muchas certezas –excepto para los ricos que, a decir verdad, nunca dejaron de tenerlas- pero hay una en particular que las teorías llamadas pos modernas nunca lograrán borrar de los libros de historia: la certeza de que no hay instante de felicidad más pleno para el ser humano que aquel que nace cuando se logra vencer al miedo y el alma se sale del cuerpo bailando alrededor nuestro, la esperanza nos rodea y nos declaramos en rebeldía frente a las penas que nos agobian. La memoria milenaria de nuestros ancestros seguramente nos dará el coraje necesario para inscribir esas nuevas hojas en la historia y volver a tener un futuro en el que creer. Mientras tanto, cuidemos nuestra cría de los lobos pero también de los falsos profetas disfrazados de corderos. Edición: 3150

Fulgores de la muerte en el lomo del Bermejo
Publicado: Martes, 24 Mayo 2016 14:36
Fulgores de la muerte en el lomo del Bermejo

Por Roberto Lizárraga Díaz (*) Los pobres mueren, luego existen.Los aborígenes existen en los libros de los vencedores. (APe).- El hambre es un puñal herrumbrado que se introduce en las almas de los niños descalzos perforando las risas de dientes cariados y manos callosas. Adentro de la alambrada que cerca la tierra: el hambre va achicando el estomago que suena con un chirrido ancestral. La panza es un nylon abriéndose en el interior de un niño, plástico silbando en la inmensidad cercada del monte. Invisibilizados, ninguneados, expulsados de su propia tierra orillan la selva pelada de bichos y de agua, venden la fuerza de sus brazos por un vuelto que le sobra al estanciero y mastican acullicos de tristeza y dolor. En el silencio del monte sólo se escucha el llanto suave de madres de pechos secos y almas temblorosas. Un martes seis de enero la muerte rompía con estocadas vacías los ojos de Néstor Femenia1, derramando la luz incandescente de la infancia en el monte chaqueño. Su cuerpo no soportó los dolores del mundo mientras jugaba en la sombra de la muerte y se fue soñando ser un dorado en un río de aguas claras.  Néstor, niño, qom, nadie. Néstor Femenía, hijo de la tierra, bastardo de la patria, murió escuchando los chirridos de su panza como trompetas de un cielo que nunca conoció. 1Néstor Femenía tenía siete años y murió por desnutrición en enero de 2015, en el Chaco. (*) El autor recibió una mención especial en el Concurso de Crónica de Infancia Alberto Morlachetti Edición: 3159 

La risa de los tristes
Publicado: Miércoles, 18 Mayo 2016 13:49
La risa de los tristes

Por Lisandro Amado y Mauro Sequeira (*) (APe).- Con los pies en el álamo y tu niño en el viento. Libre, bien libre, soñó que le decían, con voz acurrucada cerca de un fuego. Él suspiró, y sus latidos lo encontraron. Quería ser otro y ver como otro, y que otro vea lo que él ve. Quería ser libre. Su voz se expandió. Buscó con éxtasis y placeres. Confió en su propio nacimiento. Lucas tiene el pelo castaño, los ojos grandes, y una nariz acaracolada, con formas de tobogán. Hay algo que lo corre y no puede esperar. Lucas cree en las ilusiones y mira a través de un encendedor verde. Ve que las cosas cambian, porque la luz que entra es otra. A Lucas le gusta Dragon Ball Z y ahora está ensayando con la murga del 25 de mayo. Recuerda y le contaron que la primera vez que dijo “papá”, a los cuatro años, fue al novio de su madre, padre de varias de sus hermanitas. Confía en la voz de su sueño y sus ojos nunca caen; por eso duerme hasta tarde, después de salir a correr por las plazas, de madrugada. Libre, bien libre. El otro día narró una secuencia en el barrio Progreso, de unos pibes que ni la piensan, que tiraron a una trava a la zanja cerca de la YPF. Sólo por diversión. Lucas dice que esos que se pasan de vuelo son unos guanacos. El, Lucas. Le cabe comer manzana, banana, bolacear y reírse. Se soguea a muchas pibas por el face. De su padrastro guarda encuentros bonitos, salvo la vez que lo tiró al piso y le dio una patada en la cabeza porque estaba peleando con su hija. Tiene un poco hundido el cráneo. Pocas veces fue al médico. La otra vez le robaron en el Mosconi, fingieron meterle fierro por detrás de la remera y se la comió. Le dieron un arrebato y se quedó mudo. No jugó a dar ningún vuelto porque sabe que el vuelto de ellos es el plomo. Lucas escucha. Su compañero se llama Facundo. Discuten. Fusionan. Expanden su visión. La curtieron los dos de guachines, los mandaban a manguear juntos. Cuando el cáncer comió el cuerpo de su madre, fue a buscar un abrazo de desahogo a las manos de Facu. Lucas viene, y cuando viene da cuatro aplausos en la puerta de la verdulería. Es re pillo y luchador. Me da alta mano en el laburo, cortando frutas, haciendo sopa, ordenando, sacando verduras, baldeando, pasando la escoba, el trapo y poniendo la pava. Se re copa. Comemos galletitas y llevamos laureles a las clientas que lo precisan. Él saluda. Algunas viejas caretas lo sacan matando, y algunos comerciantes agrios no lo pueden ver de su lado del mostrador. Lucas cuenta cuántos patrulleros giran en la cuadra, y nombra a los de la prefectura, la bonaerense, la local, y los insensibles, racistas y buchones. Los vecinos de cerca de la destilería, que ven a los pibes como él y dicen vamos cerrando, que ahí vienen los mutantes. ♦ ◊ ♦ Tiene abdominales marcados, y a su bici se le rompieron los piñones. Cuando habla, entona en sentidos de preguntas, como si anduviera buscando algo, alguna esfera, y continúa narrando. Tiene una memoria que arde. Se vuela, se hace el otro, y las cosas que vio se encienden como rayos en el viento: El Agus y la Maca, con sus pies en el charco, bajo el techito, tras la lluvia. —¿Qué pica con la boca y tira con el culo?—No sé, ¿qué?—¡La aguja!El Agus tiene los ojos saltones, como si una carga de picardía contenida los empujase fuera de la cara. —De chiquito pelado, ahora grandote y peludo ¿Quién es?—¡Me mataste! ¿Quién?—¡El melón! No, pará, si el melón no es peludo...—¿El durazno?—Tampoco. Ahora cuando venga el Rulito le pregunto. Estos nos los cuenta el tío Fernando, ¡nos hace cagar de risa!— ¿Se inundó tu casa?— Sí, se mojaron los colchones ¡brotaba del piso, el agua!— ¿Y tu mamá? ¡Lo que habrá renegado!—No estoy en lo de mi mamá, estoy con mi suegro. Recién ahí Lucas se rescata de los ojos de la Maca, que es sombra tras del Agus.— ¿Y vos, cómo andás?Maca deja escapar una risita y esconde su mirada.— ¡Cómo crece esa pancita! ¿Ya de cuánto estás?Agacha la cabeza. No lo sabe. — ¿Y la Bety?Agus se tensa y tarda en responder.—Se fue.—¿Adónde se fue?—A lo del tío Walter.—¿Cuál es el tío Walter? ¿El que está con la Sonia?—¡No! Ese es el Giménez. El tío Walter, el rubio, el hermano del Polaco.Lucas intenta hilar, renuncia y va al grano.—¿Y por qué se fue?—Le pintó. Lucas pregunta con sus ojos. Fuerte, bien fuerte.—Discutimos —larga el Agus.—Qué se joda ¿para qué se las da de linda? —interviene Maca.—Vos no te metas, mi amor. Aparece el Rulito, con la melena chorreando agua, que le pasea por el cachete, y va a engordar y oscurecer el algodón de la vieja campera. —Contale el chiste del peludo, Ruli.—De chiquito era pelado. ¡Ahora soy grandote y peludo! ¿Quién soy?—¿El durazno?—¡No! ¡El melón! Los pibes se miran cómplices y se aguantan la carcajada.—¡Pero si el melón no es peludo! —dice el Agus, queriendo hacerse el serio.Lucas hace con sus manos un torbellino en los rulos del guachín, y la agita:—¡Pero mirá, si este melón es recontra peludo!Ahora sí, explotan las risas sin sentido.♦ ◊ ♦ El agua, al inundar las varias capas de ropa, acrecienta el olor de los chicos. El olor a pobreza en el medio del centro. —Che, Ruli, ¿vos sabés algo de la Bety?—Ah, ¿la Bety? El tío Fer la re entregó. Ahora la tiene el Walter.Rulito la piensa un rato, mirando atentamente los dedos de sus pies. Alza la cara y exclama:—¡Ya sé! Era: "¡De chiquito peludo, ahora grandote y pelado!" —Che, chiquitín, estás todo mojado. Necesitás ropa. ¿Ustedes se quedan un rato acá?El Agus es quien responde:—Nos quedamos los tres acá hasta que cierre la panadería, después pedimos lo que sobre.—Bueno. Enseguida vengo.—¡No vas a tardar mucho! —pide el guachín. El Lucas agarra unas pilchas de su casa, viene a la verdu y pide permiso para llevar unas frutas. Se lo ve movilizado, consciente. Como un rayo. El asfalto supura vapor aceitoso. Lucas busca. Allá, en la esquina de la obra social, dos hombres escoltan la adolescencia del Agus, que escolta la pubertad de la Maca, que escolta la niñez del Rulito. Lucas reconoce al José y duda si seguir. Pero ya está jugado. Cruza la calle y ni mira al auto que le roza la pierna. En su cara ya no entran sonrisas. —Acá tenés un buzo seco, Rulito. Esperá, no te lo pongas. Antes sacate esa campera mojada. También el pulóver. Ahora el buzo, y, ahora sí, ponete la campera otra vez. Agarrá frutas, llevale a tu hermano y a la Maca. Compartan. Los hombres están divertidos. Chamuyan balbuceos incomprensibles. Lucas mantiene distancia y se pone la capucha. Uno tira a Agus al piso, se le sienta encima y, entre risas, zamarrea y manosea la cara del guacho, que cuando consigue respirar, intenta reírse. Maca y Rulito se meten en el juego. El chiquilín comenta alegremente:—¡Tío Fer, éste estaba preguntando por la Bety!Los hombres ponen ojos de buitre en Lucas. Luego vuelven a reír, y uno pregunta:—¿Qué pasa pibito? ¿La querés? Andá a lo del Walter ¡seguro te la regala!Festeja el chiste el otro:—¡A esa pendeja no hay quien la quiera tener! Lucas mira para abajo. Ve el reflejo de la Maca en un charco. Entonces, mira para arriba. Allá, en el cartel, junto a las siglas de la obra social, se burlan un hombre, una mujer y un niño, hechos ícono de plástico en el centro de un círculo azul. Piensa en romper sobre las cabezas de los tíos sus botellas de cerveza. Su cuerpo no activa. Siente los pies como raíces, pero su niño razona en el viento. Con un acto de violencia no va a resolver una vida de violencia. ♦ ◊ ♦ Ya no llueve. Rulito corta la risa y observa el cuerpo tenso de Lucas.—¿Por qué te vas?—Porque no me gusta ver que los maltraten.—¡Pero si no nos están pegando! El Lucas se sube a la bici. A los dos metros se traba. Algo se enrosca. Lucas marcha, con la bici a rastras. Dentro suyo, un rayo se cortó. (*) Los autores recibieron una mención especial en el concurso de crónicas sobre infancia "Alberto Morlachetti"  Edición: 3156

La dimensión del saqueo
Publicado: Lunes, 16 Mayo 2016 13:51
La dimensión del saqueo

Por Carlos del Frade (APe).- “…en el norte de Santa Fe, ese gran territorio todavía dormido y dotado de una extraordinaria potencialidad, postergado durante muchas décadas, hemos lanzado la iniciativa del Plan Del Norte. Para ello hemos tenido en cuenta todos los proyectos preexistentes y la base establecida por el Plan Estratégico de la Provincia en una perspectiva al 2030. Trabajando de manera participativa con las autoridades locales, con las instituciones de la sociedad civil y con las organizaciones del sector privado hemos arribado a un proyecto común en un breve lapso de 90 días. Tiempo en el cual hemos priorizado un conjunto de proyectos e iniciativas que están en marcha y algunas otras que se irán ejecutando en los próximos años”, sostuvo el ingeniero Miguel Lifschitz, gobernador de la provincia de Santa Fe, en su discurso inaugural ante la Legislatura el pasado primero de mayo. -Pude vender dos pieles de conejos. Una a quinientos pesos y la otra a cuatrocientos. Pero me pagaron doscientos por cada una...a cuenta. La semana que viene termino de cobrar - se escucha en el colectivo "El Norte" que va parando en todos los pueblos de la ruta 11 desde Reconquista hasta Santa Fe, la capital del segundo estado de la Argentina. "Estrategias de sobrevivencia", se llamarían estas formas de gambetear las mishiaduras que tienen los habitantes del norte. Seis horas después, cuando llegamos a destino, el silencio y la noche parecen tragar esas experiencias cotidianas. Alguna vez habrá una gran rebelión, una luminosa llamarada que incendie de una vez y para siempre tanta injusticia acumulada en esta geografía tan especial, tan conmovedora que es el norte santafesino. En esos arrabales del mundo hay realidades solamente concebibles desde la poesía o la literatura en general. Es que ha sido muy grande el saqueo. Por eso, parece que Atahualpa Yupanqui está vivo en el departamento Vera. Hay muchas, muchas vacas pero todas son ajenas. También hay chivos que, según dicen, resultan exquisitos. "Estando en Garabato, uno de los tantos pueblos manejados casi por treinta años por los políticos lugareños, temblaba la tierra de cuando en cuando. Eran los camiones llenos de vacas de los Batistuta que iban cargados de ganado, mientras los que viven en estos lugares hace rato que no comen carne", dice un joven conocedor de estos parajes que, a pesar de los pesares, siguen pariendo tozudos y tozudas esperanzadores. Y por otro lado y como casi siempre, las chicas y los chicos insisten. Sueñan las pibas y los pibes de la Escuela de la Familia Agroforestal de Intiyaco, cuña boscosa, departamento Vera, norte profundo de la provincia de Santa Fe, con seguir estudiando y también dicen y coinciden en tenerle miedo a la separación de sus familias. Están cansados de escuchar hablar del "norte postergado". Entonces es necesario que empiecen a aparecer los postergadores del norte. Los que saquearon esta tierra que todavía es capaz de alimentar a empresas como Vicentín con la energía que viene del carbón vegetal. Son estos pibes, son estas pibas las que merecen una política que sea menos formal y más valiente, que deje de pedirle permiso al poder económico y que enfrente más a los que concentran la riqueza, tal como pedía aquel primer desaparecido de estas tierras, Mariano Moreno. Porque más allá de los anuncios oficiales, el norte santafesino también existe con su realidad solamente perceptible desde los territorios del arte por el tamaño colosal de un saqueo que continúa. Es que la dimensión del saqueo está más allá de lo racional. Y eso se siente en el palpitar cotidiano del norte de Santa Fe. Fuentes: -Discurso del gobernador de la provincia de Santa Fe, Miguel Lifschitz, del primero de mayo de 2016, según la página oficial del gobierno –Entrevistas personales del autor de la nota en su viaje a Intiyaco y Reconquista, el martes 10 de mayo de 2016. Pinturas: La siesta, de Vincent Van Gogh Las espigadoras, de Jean Francois Millet Edición: 3154  

Hoy ya es tarde
Publicado: Viernes, 13 Mayo 2016 13:11
Hoy ya es tarde

Por Alfredo Grande (APe).- Me he puesto a pensar en estas últimas semanas, qué tipo de espacio vacío queda cuando un amigo se va. Más allá de si se puede llenar con la llegada de otro amigo, me interesa evaluar de qué vacío estamos hablando. ¿De afectos? ¿Sentimientos? ¿Ideas? ¿Sueños? Quizá el espacio vacío sea la multiplicidad de vacíos que, justamente por ser tales, no tienen espacio. Mantener el espacio ya es algo. Un espacio vacío nos habla de algo que estuvo, y que ya no está. Ni siquiera está el espacio. La curvatura del tiempo nos hace alucinar con la idea del eterno reencuentro. Alucinación tan necesaria como inútil. Ya lo dijo el poeta: esas golondrinas ya no volverán. Al menos de la misma manera. O de manera parecida. Hay tiempos y espacios que tienen formas tan diferentes a la conciencia cotidiana, que escapa a los molinos de nuestros pensamientos. Y de nuestros sentimientos. En el mito del eterno reencuentro, el pasado está en el por-venir. Construcción imaginaria y deseante. O sea: el espacio vacío sigue siendo eso, un espacio. Si está vacío, podrá ser colmado. Si hay nada, algo hay, aunque sea nada. No creo que estemos condenados al éxito, pero si al menos estamos condenados al minimalismo de la positividad. Yo mismo escribí: “la diferencia entre poco y nada es mucho”. ¿Y si así no fuera? Es decir: ¿si la diferencia entre poco y nada fuera poco, incluso fuera nada? La maza sin cantera. A lo mejor ni siquiera es importante negociar la sangre derramada. La sangre también se seca, los vientos de la historia soplan en todos los sentidos, y lo que ayer fue un juramento, hoy se convierte en una traición. En el “Cyrano de Bergerac”, monumental obra poética de Edmond Rostand, luego de ser herido a traición por un lacayo del Poder, el poeta y espadachín exclama: “no me hirió paladín fuerte, me hirió un rufián por detrás, para no acertar jamás, tampoco acerté con mi muerte”. Mi amado Cyrano lo dijo hace más de cuatro siglos. El dolor y la indignación de ser asesinados por rufianes y a traición. Sin la dignidad de un Héctor y un Aquiles, en un combate por el honor y el amor. Estamos, y no siempre, preparados para que el enemigo nos enfrente. Nos combata. Nos arrase. Preparados porque siempre hemos sabido que hay amigos, adversarios y enemigos. Que no estamos todos en el mismo barco. Si hay naves de los locos, también hay naves de los asesinos. Y que toda lucha es cruel, que toda lucha es mucha, y que solamente podemos soportarla cuando estamos implicados en colectivos. O sea: en grupos con estrategias de poder. Pero cuando los amigos se van, o traicionan, no solamente queda un espacio vacío. Hay un vacío de espacios. Y de tiempos. No podemos pensar el vacío. Quizá nombrarlo. Quizá invocarlo. Pero no pensarlo. Porque el acto de pensamiento es una forma de llenado de ese vacío. El vacío es el horror del origen que tiene todo, pero no tiene origen. ¿Cómo entender el origen de los amores, de las ideas, de las causas, de las entregas? ¿Cuántas razones tiene nuestra vida que en toda nuestra vida no entenderemos? En aquellos días y aquellas noches cuando la constituyente social nos interpelaba con “ahora es cuando”, yo pensaba, tal vez porque quería pensarlo, que otro mundo no sólo era posible, sino que además era probable. “Ahora es cuando” me pareció una respuesta implicada a la eterna pregunta: “¿y para cuándo?”. Ahora es cuando. Pero ahora no es cuando, porque el ahora ya no está entre nosotros. Que amanezca me parece poco. Además, hay amaneceres que solamente continúan el horror de los anocheceres del dolor y del espanto. Cuando el amigo se va, ese espacio queda vacio de palabras. Y de cosas. Las palabras y las cosas. La maza sin la cantera. Frente a la pornografía del puro relato, no nos resignamos a la pornografía de la cosa impura. Ni el oro ni el barro. Solamente la lucha templará el buen metal y entonces no habrá corrosión que degrade las luchas populares. Habrá que buscar otros mazos y otras canteras. Pero sin pagar el peaje ingenuo de que el futuro es nuestro. O que el pueblo unido jamás será vencido. Siempre que llovió paró. Nunca es más oscura la noche que cuando está por salir el sol. Cinco por uno no va a quedar ninguno. Traigamos arcilla para el hombre nuevo. Demasiadas aguas y demasiados cadáveres pasaron bajo los puentes. Pensemos, al menos pensemos, que las generaciones más jóvenes, incluso las que todavía no han nacido, tendrán que pagar por nuestros errores, por nuestras vacilaciones, por nuestras idolatrías, por nuestras incoherencias, cobardías, por nuestros realismos y grotescos mágicos. Hemos sostenido a demasiados anticristos y demasiados falsos profetas. Pero podremos recuperar la desgarradora pregunta del Nazareno: “padre, ¿porque me has abandonado?” Aunque no tuvo respuesta, hago mía el valor de esa pregunta. Porque coloca en el punto límite de la más extrema implicación, una verdad que devora: “sé que me has abandonado”. Y entonces sé, dolorosamente sé, que hoy ya es tarde. Edición: 3153

Pedagogía y compasión
Publicado: Miércoles, 11 Mayo 2016 13:09
Pedagogía y compasión

Por Claudia Rafael (APe).- “Hay que terminar con la pedagogía de la compasión”, pronunció el ministro de Educación de la provincia, Alejandro Finocchiaro. Compasión, del latín, cumpassio. Padecer con el otro. Sentir el sufrimiento de aquel que padece. Abrazarlo en su dolor. Gaíto tiene 13 y sufre la escuela hace demasiado tiempo. La escuela le duele. Porque habla de mundos que él no puebla. Gaíto está cansado de ese edificio vacío que le abre las puertas todos los días para que él ingrese como tantos otros con un guardapolvos que no le otorga equidad, con libros que le llegan como fotocopias borrosas que dibujan garabatos que le son ajenos. Finocchiaro no padece junto a Gaíto. Como no padecieron con él ninguno de los otros que manejan los hilos de estructuras de cemento que abren un paréntesis con la vida para dejarla puertas afuera. Ajena a la mochila de Gaíto, que quieren imperiosamente cargar de corchetes y operaciones combinadas que no combinarán con los colores de su arcoiris ni con la suela gastada de las llantas que le acordonan la carrera de una mancha venenosa. Basta de pedagogía de la compasión dice Finocchiaro que alude a la práctica de hacer pasar de grado de pura “lástima”. Que se parece más a la pedagogía del desprecio que a la pedagogía de la ternura de Alejandro Cussianovich. En una subespecie pedagógica que acepta que el hombre ande suelto de haches por la vida y que no sepa de dignidades erguidas. Porque Gaíto es más ombre que tantos que se dicen hombres porque perdieron mucho más que la hache en la maratón de la condición humana. Esa que abraza y construye sueños colectivos. “No podéis preparar a vuestros alumnos para que construyan mañana el mundo de sus sueños, si vosotros ya no creéis en esos sueños; no podéis prepararlos para la vida, si no creéis en ella; no podríais mostrar el camino, si os habéis sentado, cansados y desalentados en la encrucijada de los caminos”, decía Celestín Freinet. Lejos de Freinet o de Jauretche, Macri insta a la creación de 3000 jardines para que papá y mamá puedan ir a trabajar. En esa deshumanización que lleva a conformar grandes depósitos que bancarizan letras y números. Que hacen de las matemáticas una incomprensible maraña geométrica que impide entender con claridad que si a una pizza se la divide en ocho partes y el que tiene el cuchillo se queda con cuatro y reparte las otras cuatro entre los nueve restantes hay un problema indiscutible de inequidad. Y la maraña envuelve y hunde en la incomprensión y separa, divide, aleja, expulsa. “Si estamos teniendo problemas para que los chicos aprendan no podemos tapar el sol con la mano”, reconoció la gobernadora mientras anunciaba la nueva reforma de la reforma y la contrarreforma educativa. Aunque no dijo dónde está el sol ni cuál es la mano que lo tapa. Y advirtió a los maestros que tienen “toda la libertad para decidir qué nota poner”. Porque “lo que más importa no es que los chicos pasen de grado sino que aprendan porque la escuela incluye de verdad cuando enseña”. Miró a los chicos y les dijo que “entre todos ustedes hay médicos, abogados, arquitectos, artistas, ingenieros, políticos. En cada uno de ustedes hay una semillita y un talento. Nuestro trabajo, de los que gobernamos, y de los papás y las maestras es regar esa semillita y que ustedes sean lo que quieran ser”. Porque en la vida “la meritocracia es un valor, el esfuerzo es un valor, y deben ser aprendidos en la escuela”. En una filosofía en la que el meritócrata –modelo impuesto en boca de todos por una multinacional y tomado amablemente por la gobernadora y el presidente- jamás será ese niño crecido en la villa 20 junto a los jugos químicos de los cementerios de autos; ni la nena amasada para la vida entre los barros de Villa Inflamable. Nunca lo serán esos niños que “están haciendo ahora mismo sus huesos, criando su sangre y ensayando sus sentidos” en las cárceles a cielo abierto o en los fangos que se nutren de la intemperie y el crudo invierno. Gaíto es y será artista de los malabares en una esquina conurbana. Y aprende a contar las monedas a la fuerza para saber cuánto recauda porque por más que la gobernadora asegure que es en tercero de la primaria que “deben estar consolidados todos los procesos de adquisición de la lecto-escritura y de las operaciones básicas matemáticas”, tercero lo vio pasar como a tantos otros. Y él todavía no logra entender qué es lo que el corchete cubre cuando está antes que el paréntesis y más o menos lejos del signo de dividir o de restar. Aunque sabe a la perfección que la pizza se divide en partes iguales o hay alguien que está pasándose de vivo y no respeta el significado profundo de la palabra compañero.Y la Natu será ingeniera del amasado porque entendió sin ambages que cuando coloca la masa dentro de una bolsa de nylon adquiere una plasticidad única. Y sabe que el calorcito que va tomando mientras se infla con la levadura, hará que se multipliquen los panes y se pueda compartir más en la mesa. Pero en química no hay nada de eso porque escriben fórmulas que provienen de algún lenguaje extraño y ajeno a su diccionario vital. “Para nosotros no es lo mismo estudiar que no hacerlo, esforzarse que no hacerlo. El mérito y el esfuerzo en esta escuela como en la vida tiene un valor y queremos que eso sea lo que les enseñe la escuela”, remarcó Vidal. Aunque los Gaítos y las Natus no sean ni médicos ni abogados. Y que, como escribía Ariel Petroccelli, duela saber que la cosa que uno ha querido de niño era piel de ilusión y que el ángel camina con los pies del cansancio que nos trepa a la vida por luchar. Porque el angel no estaba. Ni tampoco estará. Deambula otros territorios. Demarcados crudamente por el origen y la pertenencia. Donde el hambre deja huellas en las carnes de la infancia. Porque no hay guardapolvos que oculten la identidad y los pesados baúles que monta sobre las espaldas la inequidad. Y una nueva “reforma” que no forma ni transforma se pone a rodar por los caminos de la concepción digestiva de la escuela, al decir de Sartre, que sólo sirve para engordar con un alimento que no nutre ni fortalece. Que convoca a jugar al juego de cambiar una piecita de lugar para creer que el rompecabezas entero pinta una nueva aldea. Aunque no haya triunfos de tiempos nuevos. Ni rebeliones entre los dedos que enseñen a compartir la ternura como si fuese un algodón de azúcar que se construye colectivamente en las plazas y en los trenes. Edición: 3152

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Talleres clandestinos

Arranca el juicio por las muertes en un taller clandestino textil de Flores ocurridas 10 años atrás


Raves

Cinco jóvenes murieron en una fiesta electrónica por consumo de drogas de diseño. Otra de las crueles caras del capitalismo


Ayotzinapa

Cierran la investigación sobre los 43 jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa por la negativa del gobierno de prorrogarla.


Atahualpa

El Superior Tribunal de Justicia de Río Negro anuló el fallo absolutorio en el homicidio del joven Atahualpa Martínez Vinaya.


Inundados

Casi 30.000 personas se encuentran afectadas por las inundaciones en el Litoral, Buenos Aires y Córdoba.


Rosario

En cuatro días, cuatro nenes rosarinos resultaron baleados en situaciones de violencia por ajustes entre bandas.


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Alberto en la voz de Jorge Fernández Díaz

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