No somos indios
Publicado: Viernes, 28 Agosto 2015 15:59
No somos indios

Por Silvana Melo   (APe).- “No somos indios”, dijo Beatriz Rojkés de Alperovich. Encendida en ira porque la democracia en Tucumán no es tan sencilla. Ni tan pretenciosamente igualadora como pretenden los pobres que intentan decidir con tanta libertad como los propietarios del mundo. O, en este caso, de la provincia. Que son los tres o cuatro que se la van pasando de mano en mano y a la hora en que quema un poco la pasan, la riegan con hidrantes, la tienden a secar a la vista de todos y la reprimen un poco, como para recordar a quien dejó olvidada la memoria, por dónde pasan los límites de este latifundio. Los tucumanos, dijo, “no somos indios ni salvajes ni ladrones”. Que son más o menos sinónimos en una tierra que olvida a sus orígenes y a sus originarios en un rincón yermo, casi cayéndose del país. Y los ignora ruidosamente cuando se le vienen a plantar en el corazón de este mundo, en el medio de la gran vena, mirando hacia el Obelisco.Desquiciada, Beatriz es peligrosa. Le brota la esencia. Llama vago de miércoles a un cosechero de arándanos inundado, borrachos irremediables a la familia de una chiquita de seis años violada y asesinada, le inicia juicio penal a una mujer de un barrio olvidado que la vio pasar y le gritó ladrona. O le opina en la cara a una legisladora, en plena sesión del Senado, que seguramente “le encanta” el maltrato porque la violencia “es de a dos, como un matrimonio de golpeadores.” Los que queman urnas se comportan como indios. Los que reprimen se comportan como indios. La policía tucumana se comporta como indios. Violentos, salvajes, ladrones. Como Félix Díaz, usurpa, alza su choza y cría tres gallinas en la tierra que les pertenece desde el origen del mundo. Desde cuando Insfran no tiene memoria. Desde cuando llegaron, al borde del 1500, los españoles enfermos, picados por la viruela, hambrientos, sifilíticos, decididos a vengarse con su sexo feroz, sus virus desoladores, sus hojas afiladas en busca de sangre. A vengarse de tanto sol y tierra igualitaria. Beatriz dice “no somos indios”. Y lo dice desde su blondez, desde sus ojos azules, desde la propiedad de una provincia escriturada por el matrimonio y prestada a Juan Manzur ahora, a partir de la fidelidad del Ministro, que supo terminar con la desnutrición: cambió los parámetros para medirla y ajustó las causas de muerte en los certificados de defunción. Magistral: como en Chaco, donde se logró desempleo 0 pero sólo hay un 30% de ocupación, en Tucumán dejó de haber desnutridos. Beatriz dice “no somos indios”. Y tiene razón: ella no lo es. La cuestión de la identidad colectiva en los últimos tiempos ha sembrado las redes sociales de “yo soy”. De Charlie Hebdo a Nisman. Pero nunca Roberto López, muerto por la represión policial del 23 de noviembre de 2010 en la comunidad La Primavera de Formosa. Nunca Mario López, dirigente pilagá que, al otro día, iba por la ruta 86 a solidarizarse con Potae Napocna Navogoh. Lo atropelló un policía. Nunca Alberto Galván, peón qom de Río Bermejito, asesinado y arrojado a las pirañas. Nunca Mártires López, dirigente de la Unión Campesina, muerto dos días después de ser atropellado cuando iba en moto por una ruta del Chaco. Nunca Celestina Jara y su nieta Natalia Lila Coyipe de 11 meses, también de la comunidad Potae Napocna Navogoh. Fueron atropelladas por un gendarme. Que no sólo no las auxilió sino que golpeó a Ricardo, único que quedó vivo. Es verdad. Beatriz no es india. Ni lo es el imaginario social que computa identidades comunes muy lejos del origen. De aquellos que marcan el adn remoto del país más europeo del tercer mundo. Entonces, ¿quiénes son los indios, salvajes y ladrones? ¿Imer Flores, de 12 años, qom de Villa Río Bermejito, muerto a golpes por una patota? ¿Daniel Asijak, 16 años, sobrino del qarashe Félix Díaz de La Primavera, muerto cuando iba en moto por la ruta? Es muy sencillo matar anónimos en las rutas de Chaco y Formosa. Siempre parece un accidente para las instituciones.Si Beatriz no es india ni salvaje, ¿quiénes lo son? ¿Esteban Rolando Medina muerto en la vera de la ruta 86?. ¿Néstor Femenía, niño qom muerto por desnutrición, expuesto y revictimizado por la vidriera mediática? Nunca Beatriz, que tiene “diez mansiones, no una” y sin embargo una vez se ensució los zapatos en el barro. Ella, que fue tercera en la sucesión presidencial. Ella, que con un superior como Boudou tenía grandes probabilidades de ser presidente por un día. O dos. O tres. Ella no es india ni salvaje. No se trasplanta en la 9 de Julio seis meses para que alguien la reciba. Ni se moja ni se enferma cuando llueve por diez días. Ni se aguanta casi sin baños y con neumonía. Con noches heladas cuando les apedrean las carpas. Con bombas molotov de madrugada. Con poca comida y sin remedios. Con una justicia que no repara sino que lastima aun más. Con una condena ancestral sobre las espaldas. Ni india ni salvaje. Beatriz no lo es. Acaso nosotros sí.  Edición: 2991

La tradicional propiedad de la familia (segunda parte)
Publicado: Miércoles, 26 Agosto 2015 12:42
La tradicional propiedad de la familia (segunda parte)

Por Alfredo Grande (APE) .-Hace varios años, aunque quizá sería mejor decir hace algunas décadas, leí un informe del Banco Mundial. Reconozco que no le di mucha credibilidad, porque era del Banco Mundial. Pero alguna le di, y lo comenté bastante. Lo recordé en una clase hace pocos días. Decía el informe, palabras menos, palabras más, que el lugar más peligroso para una mujer era su propia casa. El informe se refería a Latinoamérica, y quizá por eso no lo acredité en su dimensión de verdad. Muchos años después, el concepto cultural de femicidio permitió su tipificación como delito. A mi criterio, no es un gran avance. El cambio en las palabras no implica necesariamente el cambio en las cosas. Y como agravante, casi siempre el cambio en las palabras  encubre el no cambio en las cosas. La cultura de la propiedad privada de los medios de producción, eso que llaman capitalismo, tiene como su extremo límite mas siniestro el femicidio. La mujer considerada como medio de producción de hijos y de placer es usada, abusada, explotada y destruída por su propietario. Las diferentes formas del patriarca, desde el pater familia hasta el empresario de emoción violenta. Y todo el rascacielos de impunidades construída para justificar y por ende, indultar, los crímenes de lesa sexualidad. El mandato del enamoramiento, la búsqueda alucinatoria de un príncipe azul, el delirio sistematizado del “hogar, dulce hogar”, han dejado indefensas y anestésicas a miles de mujeres que son martirizadas en esa forma de “trata” legal que llaman matrimonio. Veremos si los cambios en el código civil en relación al matrimonio tienen su correlato en la materialidad vincular de las parejas. Las leyes , incluso las que propician, muchas veces son secundarias a los usos, costumbres y mandatos del formato cultural de una época. La cultura represora arma un escenario para que siempre podamos escribir las crónicas de tantas muertes anunciadas, pero necesita siempre tener una hipótesis que intenta dar cuenta de las causales de la catástrofe. La condena automático de los “medios” es la cínica forma de indultar a los orígenes y a los destinos. Nadie piensa de donde vienen las cosas y hacia donde están dirigidas. En otras palabras: quien escribió la carta y para quien está destinada. La derecha sólo piensa en el cartero que debe entregarla y que por eso siempre llama dos veces. Los “medios” son eso: medios. Por supuesto que nada tienen de neutralidad. Tienen una definida posición de clase que ojalá la tuvieran los proletarios del mundo. Pero atacar a los medios no es igual que combatir a los intereses políticos y económicos que sostienen esos medios. Y mucho menos, combatir las políticas de sometimiento y control social que esos intereses necesitan para anestesiar y corromper a las masas. Por eso centrar la lucha en los medios termina y empieza siendo reaccionaria, porque ya sabemos que muerto el perro no se acabó la rabia. Y la rabia reaccionaria siempre encontrará nuevos medios hasta que se pueda subvertir la matriz represora de la cultura. La tradicional propiedad de la familia también era la propiedad de los deseos de los hijos. La sexualidad de niñas, niños, púberes, adolescentes y adultos jóvenes siempre ha estado rigurosamente controlada. El Pater entregaba a su hija a otro hombre, forma nada simbólica de asegurar el control absoluto sobre los placeres de la mujer. Controlada la mujer esposa madre por el corralito del hogar conyugal, el otro frente era saber siempre donde está su hija/hijo ahora. La sexualidad de los niños y niñas fue siempre ignorada, y por eso Sigmund Freud fue expulsado de la sociedad de médicos de Viena. Pero ignorar o abominar de la sexualidad de los niños, no impedía la sexualidad con los niños. La propiedad privada sobre los cuerpos infantiles siempre estuvo garantizada, para maltratarlos, abusarlos, y casi siempre, ambas cosas que no son lo mismo pero son igual. Frente a los frecuentes casos de pedofilia en sus diferentes variantes, la ola conservadora y redentora ha decretado que son los “medios” los responsables de esos desvaríos. Y el nombre actual de la bestia es “redes sociales”. Los modernos torquemadas inventan seducciones vía redes para seducir a púberes y adolescentes y luego entregarlas a los castigos y humillaciones de sus padres. Los modernos cruzados de las virginidades tardías se transforman en censores patéticos de un orden de castidad que ya no pueden controlar. Porque lo que denomino sexualidad represora (prostitución, abuso sexual, violación, trata) está sostenida no solamente por intereses comerciales, sino por la sexualidad reprimida. La amputación de los cuerpos y de las mentes que osaran asomarse al paraíso del placer carnal serán expulsados para siempre del Edén conservador y reaccionario. Recordemos que lo que para la izquierda es un problema, para la derecha es una solución. El tema no es si la niña, púber o adolescente es seducida en las redes sociales. El tema es que la sexualidad de esa niña, púber o adolescente no puede ser satisfecha ni ejercida ni mostrada. Desde el tabú y por lo tanto castigo de la masturbación, hasta el tabú y por lo tanto el castigo de las relaciones llamadas promiscuas, hasta el tabú y por lo tanto el castigo del zapping sexual que algunos llaman adulterio o infidelidad. Aunque no sea causal de divorcio, no deja de ser causal de tremendos despelotes en el seno de la familia, la tradición y por ende, la propiedad. Cuidar no es prohibir. Cuidar no es controlar. El verdadero cuidado es subvertir la culpa asociada al placer. La hipocresía, aliada necesaria de la miseria sexual de las masas, impide que estos temas se hablen como Freud manda. Hasta el propio psicoanálisis fue contaminado por la moralina pacata cuando establecía rígidos criterios sobre lo perverso o definía a la homosexualidad como una enfermedad. La tradicional propiedad de la familia es también sobre los cuerpos deseantes. Las redes sociales son redes de pescadores que pescan en las aguas contaminadas de las formas aggiornadas de la represión sexual. Culpar sólo a los medios, o sea a las redes sociales, es la complicidad de las almas bellas. La cosificación de los cuerpos no es solamente su exhibición para los placeres mundanos. También se los cosifica cuando se los oculta y martiriza en la impunidad legal y legítima de la familia.               Edición:  2989      

Berlusconi y Tinelli
Publicado: Lunes, 24 Agosto 2015 03:00
Berlusconi y Tinelli

Por Carlos del Frade (Ape).- La televisión y el fútbol forman parte del mismo gran negocio: venden entretenimiento a millones de personas que creen en ellos. Quienes manejen la televisión y el fútbol, manejarán gran parte de cualquier país del mundo. La televisión y el fútbol formatean el alma de muchos pueblos. De esto sabe Silvio Berlusconi. Sus biografías sostienen que fue dos veces primer ministro de Italia (1994 – 1995 y 2001 – 2006) y que su origen empresarial se remonta al sector inmobiliario y la construcción cuando apenas tenía veintitrés años. Apuntan esos textos subidos a la web que “en los años setenta se adentró en los medios de comunicación comprando participaciones en varios periódicos italianos, estrategia que culminó en la creación del Canal 5 de televisión (1980). Sus negocios se vieron generalmente favorecidos por el éxito, de tal manera que a comienzos de los años noventa controlaba las tres principales cadenas de la televisión italiana, el grupo editorial Mondadori, varios periódicos y revistas, estudios y salas de cine, la mayor cadena de grandes almacenes de Italia e incluso un club de fútbol (el Milan), al que convirtió en campeón. Un enorme holding llamado Fininvest daba unidad a este heterogéneo grupo de empresas, con prolongaciones en Francia, España, Alemania, la antigua URSS y la antigua Yugoslavia”, agregan los relatos sobre Berlusconi. También apuntan que “su situación de hegemonía sobre los medios de comunicación italianos despertó recelos que llevaron en 1990 a aprobar leyes especiales para ponerle coto. Pero, lejos de resentirse por tales ataques, o por el enfrentamiento empresarial con Carlo de Benedetti (el otro gran magnate de la industria italiana), Berlusconi prefirió la huida hacia adelante: ante la crisis de la República por las acusaciones generalizadas de corrupción (operación «manos limpias»), Berlusconi saltó al ruedo político ocupando el vacío que dejaba el descrédito de los partidos tradicionales. Apoyado en su imperio empresarial y en su control de los medios de comunicación, formó un partido propio con una ambigua ideología ultraliberal (Forza Italia), cuyo máximo aval era la eficacia de la gestión empresarial de Berlusconi; aliado en un «Polo de la Libertad» con los separatistas de la Liga Norte y con los neofascistas de la Alianza Nacional, llegó a ser primer ministro en 1994”, sostienen esas semblanzas. En la Argentina, los que manejan la televisión y el fútbol, sin dudas, podrán aspirar a manejar la Nación. Desde los años noventa hasta el presente, Marcelo Tinelli se ha convertido en el dueño de la televisión abierta y ahora va por el fútbol. A nadie parece importarle el rol de la mujer como objeto a consumir y desechar en sus programas ni tampoco su fervoroso desprecio por la historia ni su endiosamiento del consumismo. Los millones que lo ven todas las noches hacen de Tinelli un potencial Berlusconi criollo, en medio de negocios fenomenales y siempre oscuros, como son la televisión y el fútbol. Si Tinelli, en mediano plazo, termina siendo presidente de la AFA, no habrá nada que impida que los próximos negocios se hagan en la cancha grande de la política. Mientras tanto son pocas las voces que alertan sobre el peligro que entraña subordinar casi todo ante el éxito empresarial, el rating aplastante o las vueltas olímpicas. Quienes manejan el fútbol y la televisión en cualquier país de la Tierra, podrán manejar el alma de las mayorías. Berlusconi y Tinelli lo saben. Edición: 2987

La calle y el palacio
Publicado: Viernes, 21 Agosto 2015 13:41
La calle y el palacio

Por Carlos del Frade (APe).- En una semana donde las aguas demostraron que el progreso es también propiedad privada de aquellos que lo pueden comprar, donde el frío y la humedad estuvieron presentes en la vida cotidiana de las grandes mayorías de las principales provincias argentinas, dos hechos vividos en los tribunales provinciales de la ciudad de Rosario, volvieron a marcar las distancias entre las calles y los palacios en los que se refugian estas instituciones. El martes 11 de agosto, durante varias horas, Alberto Perassi, papá de Paula, desaparecida el 18 de septiembre de 2011, en la histórica ciudad de San Lorenzo, debió soportar los alegatos de los procesados, la mayoría de ellos procesados, por aquel secuestro y potencial asesinato de una embarazada. Nadie discute la legitimidad de ese hecho ni tampoco las garantías constitucionales, pero la postal de Alberto recubierto con un chaleco antibalas y soportando invenciones sobre la vida de la familia, parecía un nuevo dolor, una fenomenal provocación contra un hombre que no se cansa de repetir que lo único que desea es encontrar “aunque sea un huesito de su hija para hablarles a sus nietos con la verdad acerca de su madre”. Había que ver las caras, especialmente del principal imputado, el empresario Gabriel Strumia, con una permanente mueca de sonrisa en su rostro, mientras los ojos de Alberto, los de su compañera de toda la vida y su otra hija estaban inundados como consecuencia del dolor y la impunidad. Cuatro años se cumplirán antes de la próxima primavera de la desaparición de Paula Perassi en uno de los hechos más significativos dentro de la demencial saga de violencia de género y femicidios que sacude la Argentina del presente. Y el viernes 14 de agosto, frente al edificio del palacio de justicia rosarina, distintas organizaciones sociales, familiares de víctimas de otros asesinatos, se reunieron alrededor de la figura de Mercedes Delgado, la mujer que amasaba panes para darles de comer a la pibada de San Cayetano, en el oeste rosarino, el 8 de enero de 2013. A 31 meses de aquella balacera protagonizada por algunos de aquellos que cuando eran chicos comieron gracias a la generosidad y militancia cristiana de Mercedes, uno de sus hijos, el incansable Juan Delgado, armó una simbólica olla donde intentaba apurar el “guiso de la justicia”. La muchachada de “El Caleidoscopio”, una organización social con una nítida inserción en ese fragmento del mapa rosarino, emitió un documento en el que hablaba de la necesidad de renovar el fuego de la Mecha. “Renovamos este fuego porque creemos que la ternura de Meche debe seguir siendo fuente de nuestra inspiración y fortaleza, creemos que esa ternura es la capacidad de enaltecer eso que nos constituye como seres humanos, esa esencia, esa sustancia que nos da la fuerza para construir colectivamente, y esa capacidad de amar, de creer en otro mundo, de soñar con otra realidad, donde lo que se ofrezca no sea la miseria de la violencia, y lo que resuene no sea el estruendo de las balas, sino el latir fuerte de nuestros renegados corazones. Esta fraternidad con la vida y con la alegría es la disposición al trabajo comunitario, a creer que la gente oprimida es capaz de salir de su opresión y es capaz de gestionar sobre su vida y su propia felicidad planteada en una base de condiciones materiales y afectivas dignas y reales, que la enaltezcan como persona. En cada mujer que se niegue a seguir siendo violentada o esclavizada creemos que se encuentra encendido el fuego de la Mecha. Así como en los y las trabajadoras en huelga o tomando una fábrica, en los pueblos originarios haciendo una carpa de resistencia frente al corazón del poder político, o de los padres y madres que buscan a sus hijos incansablemente, del campesinado que se niega al despojo de sus tierras o de los y las periodistas que encuentran el acoso o incluso la muerte por denunciar la verdad… ahí también está la Mecha encendida”, apuntaban los militantes de “El Caleidoscopio”. -Por eso hoy, frente a la instancia del poder judicial que a veces nos ha mostrado su cara más deshumana decimos que este fuego se va a mantener y va a continuar, porque sostenerlo es sostenernos a nosotros y nosotras mismas como personas, como seres que somos capaces de sentir la rabia de nuestros caídos y nuestras caídas como propia. Sellemos con torta frita esta alianza con lo más profundo que tenemos como seres humanos: la capacidad de amar. Mecha, gracias por enseñarnos el significado del amor fraterno. Compañeras, compañeros, no dejemos de luchar…- terminaron diciendo. Cuando el megáfono de mano se abrió generoso a otras voces, la hermana de Any Rivero, una casi niña asesinada en Capitán Bermúdez en noviembre de 2014, pidió que no se olviden de las chicas y los chicos asesinados por las balas narcos. “Porque a Any la mataron cinco narcotraficantes…”, repitió su hermana. Allí en la calle, por afuera del palacio de justicia de los tribunales provinciales rosarinos, las voces sufrientes del pueblo presionan para que haya algo de reparación ante tanto dolor. Ellos saben que cuanta mayor sea la presencia de la calle, menos indiferencia y complicidad habrá en el palacio. Mientras tanto, en 32 años de democracia, los palacios siguen existiendo. Edición: 2985  

Lluvia mata galán
Publicado: Jueves, 20 Agosto 2015 15:27
Lluvia mata galán

Por Alfredo Grande     (APe).- En la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata dicto un curso cuatrimestral curricular optativo sobre “Psicoanálisis Implicado: la marca social en la clínica actual”. Hace dos años en una clase un alumno me digo: “me quedo hasta que empiece a llover”. Comentario que dentro del contexto que se vivía era una mezcla de prevención y terror. La facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata dio a conocer un informe sobre las causas y consecuencias de la catástrofe ocurrida en La Plata el 2 de abril de 2013: La inundación propiamente dicha, entendiéndose como tal la elevación de niveles líquidos y la generación de escurrimientos de alta velocidad, que tuvo su origen principal en la magnitud de la tormenta que fue de carácter extraordinario. La existencia de zonas altamente urbanizadas emplazadas sobre los propios cauces y zonas aledañas. En esta ocupación de los valles de inundación debe centrarse el origen de los mayores daños registrados durante el evento. La inexistencia de una gestión integral del riesgo de inundaciones debe señalarse como una causa trascendente al momento de analizar las consecuencias del evento, principalmente en lo referente a la pérdida de vidas humanas. La falta de gestión del riesgo de inundaciones fue determinante en la falta de implementación de acciones preventivas, correctivas y de acción durante la emergencia. La respuesta tardía y desorganizada del estado y el déficit en la acción institucional de los funcionarios responsables. La inexistencia de un sistema de alerta que funcionara correctamente. Las acciones de evacuación se desarrollaron caóticamente y no con ayuda institucional sino con la colaboración de los mismos damnificados. A mal entendedor, muchas palabras. La autogestión, el hecho maldito del país burgués, es siempre el único salvavidas que no está pinchado. El Estado Omnipotente que a todos vigila pero que a muchos no controla y menos sanciona, llora con lágrimas de dinosaurio. Cuando se caen las millonarias pautas oficiales destinadas a publicidad, cuando el maquillaje de privilegios, prebendas y fueros se licuan en el desborde de ríos y laguna, la triste verdad de la estafa democrática se hace visible, y parece no tener remedio. Cuando la víctima sigue enamorada de su victimario, lo que a escala individual se llama Síndrome de Estocolmo, siempre habrá más penas y siempre habrá más olvidos. Las penas son de nosotros, los olvidos son ajenos. Y ese enamoramiento a escala social donde los que van a morir saludan, abrazan, aplauden a sus verdugos, termina en las muertes siempre anunciadas en una escala brutal que podemos denominar “pueblocidio”. Desde ya, la cultura represora contabiliza como “muerte” la muerte real, biológica, definitiva. Pero hay muchas formas de morir que la cultura represora no entiende. La muerte de los recuerdos, la de los afectos más entrañables, la muerte de nuestrsa alegrías, la muerte de nuestras esperanzas. La muerte de nuestros deseos y de nuestros anhelos. Incluso la muerte de nuestros muebles, de nuestros cuadros, de nuestras fotos, de nuestra ropa. Porque el agua ahoga todo eso y podemos seguir viviendo, podemos secarnos por fuera, pero también estamos secos por dentro. Y entonces el cinismo atroz de la canalla gobernante hablará de las inclemencias de la naturaleza, mientras disfrutan del confort despiadado de sus residencias palaciegas. Nos explicarán el cambio climático. Saben y disimulan porque son portadores enfermos de la triple C: cobardes, cínicos, crueles. Disimulan que ya hemos aprendido que no es necesario que se hunda un Titanic para pensar que existen los icebergs. Son los grandes oradores chirolitas del día después, la semana después, la inundación después. Son los galanes posmodernos de las democracias de las falsedades. Divino tesoro de la manipulación. Padecen el “mal de Neustadt” que alucinaba con un rubio alto y de ojos celestes cuando lo miraba a Menem. A esto le he llamado el “alucinatorio social”. Puede haber variaciones: ver a un trabajador nacional y popular cuando miramos a un burócrata oportunista. Incluso una alucinación negativa: no ver a los 90 cuando miramos la economía de la década ganada. O no ver la devastación sanitaria y educativa de la ciudad de los malos desaires, cuando miramos las mil caras del metrobús. Los galanes de hoy son tres crueles tigres. Los papables de la democracia tienen más prontuario que antecedentes. Me refiero a prontuarios políticos, ya que lo jurídico me es ajeno en mi identidad asumida de anarcopsicoanalista. Ninguno votable, todos vomitables. Una mesa de los galanes que todo lo saben, que todo lo explican, que todo lo solucionan, que todo lo arreglan. Mezcla nada ingenua de tara-service e Isidoro Cañones. Cualquiera de ellos, y ni que hablar de los tres juntos, superan ampliamente, desmesuradamente, obscenamente, cualquier tropelía del gigoló Bazterrica. De la mesa de los galanes del querido Fontanarrosa a la mesa de los candidatos patrocinada por Durán Barba, Telerman y Spolsky, me quedo sin duda razonable leyendo al “negro” los próximos 4 años. No sé si estamos bien… pero estoy seguro que así vamos mal. Demasiada sangre derramada no podrá ser licuada por el agua de todas las inundaciones. Esa sangre clama justicia, y clama verdad, y clama venganza. Convoca una y otra vez a recordar los versos de José Martí, el héroe y poeta cubano muerto en combate: “El amor, madre, a la patria no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; Es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca”Mi deseo más profundo: que la lluvia mate galán. Edición: 2984  

Villa Manuelita
Publicado: Jueves, 27 Agosto 2015 13:27
Villa Manuelita

Por Carlos Del Frade (APe).- “Los gobiernos del mundo reconocen la dictadura de Lonardi. Villa Manuelita no se rinde”, decía el emblemático cartel de la resistencia peronista cuando se produjo el golpe del 16 de setiembre de 1955. En ese punto de la geografía rosarina, las vecinas y los vecinos, las familias obreras, decidían defender al gobierno de Perón. Aquella época donde crecieron los empleos y hubo inclusión desde los salarios. Años en los que la ciudad había adquirido un perfil industrial que se percibía en cada barrio, en cada rincón, y que duraría hasta principios de los años noventa. Aquella sábana escrita con letras de manos nerviosas y clandestinas, pasó a formar parte de la mitología del peronismo y de la propia historia no oficial de Rosario. Seis décadas después, una vez más Villa Manuelita es noticia como consecuencia de la vuelta de campaña de aquella crónica de obreros que querían defender al gobierno que sentían propio. Las urgencias vienen del exacto lugar donde apareció el agujero negro del trabajo arrancado durante los años noventa y siguientes. Es difícil escuchar la palabra “obrero” entre las calles y esquinas del tradicional barrio. -Veo familias resquebrajadas, donde falta mamá o papá, o ambos. Están bastante solos. Como consecuencia, los chicos y adolescentes encuentran su referente en la calle, en el líder que muchas veces lo lleva a la vida fácil: robo, violencia, droga…Tenemos mentalidad de consumo, pero pobreza de bolsillo…Chicos de 12 años que terminaron 5º grado viven en la calle y no van más a la escuela. No tienen futuro sino hay alguien que los acompañe. Llamás a los padres y no vienen, no hay quién les firme la libreta; por eso cuando se habla de droga y violencia las causas hay que buscarlas hacia atrás – dice el sacerdote Darío Rotondo, de la parroquia “Nuestra Señora de Fátima”, en diálogo con los periodistas. La decisión que tomó el cura junto a otros es constituir una pastoral villera que acompañe la vida difícil de las familias que hoy habitan en aquella región rosarina, muy lejos de la otrora superficie donde florecía el trabajo y la perspectiva de futuro a través del trabajo. Esos elementos que estaban en el corazón de la resistencia a la dictadura de Lonardi y Aramburu. La pastoral villera que se anuncia para el año del bicentenario de la independencia oficial de la Argentina parece ser un nuevo capítulo del compromiso que hace casi veinte años tuvieron otros sacerdotes como Joaquín Núñez o Edgardo Montaldo que a principios de los noventa denunciaban, en absoluta soledad, el estrago que comenzaba a producir la economía narco entre los pibes de distintos barrios rosarinos. Nadie los quiso escuchar, decidieron mirar para otro lado. Por lo tanto, los mercaderes siguieron en el templo y los crucificados se multiplicaron en los arrabales. Por eso Villa Manuelita es otra y también, por esa misma razón, otros curas ahora intentan pelear contra los crucificadores cotidianos de las pibas y los pibes. Desde el Centro de Salud, “Rubén Naranjo”, Pablo Stroli comentó que tienen “muchos casos de tuberculosis, pero los pacientes parecieran no preocuparse tanto de esa enfermedad. El miedo acá es morir de un tiro”, dijo con contundencia. Por su parte, María Eva Di Marco, la coordinadora del Centro, apunto que reciben chicos que por consecuencia de los balazos “están en silla de ruedas o con pérdida de visión, y lo toman como una herida de guerra en combate…Hay una población muy considerable complicada por el narcotráfico, las adicciones o el delito”, sostuvo la profesional. Sesenta años después, Villa Manuelita intenta resistir a un nuevo tipo de violencia, aquella que es hija directa del saqueo de las fuentes laborales y el robo del sentido existencial. Porque más allá de los números oficiales y los bellos discursos, los mercaderes siguen en el centro del templo de la vida cotidiana. Edición: 2990        

Hospitalarias realidades
Publicado: Martes, 25 Agosto 2015 13:57
Hospitalarias realidades

Por Ignacio Pizzo (*) (APe).- Al pasar, sólo se oye que nuestros funcionarios atienden sus problemas de salud en prestigiosos sanatorios. En el caso del Gobernador y ahora presidenciable, Europa es el destino elegido donde probablemente apelará a la calidad del viejo mundo, en cuanto a recursos materiales de salud, ya que en nuestra provincia de Buenos Aires el acceso a la prestación, al parecer, está restringido. Es aquí donde los Hospitales y los Centros de Atención Primaria de la Salud en ruinas, hace largos años, se han transformado en monumentos vivientes del desamparo. En el UPA 24 horas, que propagandea el ex motonauta, parece que no se cuenta con la prótesis necesaria ni con la vacuna anti estrés que él precisa. No hablaremos aquí si corresponde que uno de los protagonistas principales del gran teatro electoralista, esté presente o no al momento de una de las más despiadadas inundaciones de la historia de la vasta Buenos Aires. La idea de cuento absurdo va más allá de nuestra imaginación colectiva. El siniestro hecho de injusticia y desigualdad, acorde a la clase a la que pertenecen los tres candidatos a presidente, que los televisores tratan de proyectar por HD, se erige como algo natural, habitual. Ninguno de los conductores de sus respectivos distritos acude a los sistemas de salud que ellos mismos se jactan de administrar. Ninguno de sus hijos, ninguna de sus parejas constituidas en santo o civil matrimonio, o en ambas instituciones. Porque los sistemas de salud ya no son públicos, sino estatales, y vaya diferencia. Son la expresión máxima de lo que la vida de una población olvidada significa para sus funcionarios: una excrecencia social. Así el estado en la larga cadena de mandatos llega a un empleado que cerrará la puerta en la cara, o a un cartel que dirá: “No hay pediatra”. Así, por ejemplo , Victoria, una señora de Gerli, esperará dos años y medio una prótesis de cadera para su artrosis, en el hospital provincial Presidente Perón de Avellaneda, aquel donde Evita, quien manifestó en hechos a la infancia como privilegio, desde su lecho de agonía puso el primer voto femenino en una urna. El mismo hospital que ella pensó, soñó y logró construir, junto al Ministro Carrillo. Allí se internó, coherente, auténtica, indiscutible. Allí se la ve en esa famosa foto votando en su sala de internación, porque no quería perderse aquel acontecimiento, cuando por fin una de las batallas por la igualdad de género era concretada. Capciosamente la paciente se llama Victoria, nombre con el que el inescrupuloso gobernador llama a cada uno de los supuestos laureles conseguidos. Ni las “Victorias” del gobernador, ni el pluralismo hipócrita de “cambiemos”, desde un jefe de gobierno cuya genética reside en privilegios del empresariado de un tercer mundo, que no figura en los mapas de Bill Gates. Tampoco aquel tercero en discordia, que diciendo ser peronista , se cobija en su cámara vigilante de Tigre, y vuelve a pedir las cabezas de los adolescentes de 14 años , insistiendo en su imputabilidad, ignorando seguramente que Eva Duarte de Perón llevó dicha imputabilidad de los 14 a los 16 años. Ella sostenía que a los niños transgresores había que domiciliarlos en un ámbito familiar y de sinceras caricias. Ninguno de los adueñados en estos tiempos, de la pantalla mediática que pretende juntarlos en un debate circense, son capaces -ni lo fueron, ni lo serán-, de acunar la vida de sus habitantes en cajitas de cristal. Ninguna de sus palabras son sueños que se concretarán.  Por poner otro de tantos ejemplos, la vida de Milagros, una bella niña de Moreno no sería vida si no fuera por la organización social del barrio que la esperó para jugar, sin pedirle votos, que la abrigó sin cautivarla con clientelismo, que la alimentó sin solicitarle carnet de afiliación. Poniendo comienzo del fin a una desnutrición evitable, que ningún organismo estatal, Hospital, Servicio Zonal o Juzgado, quiso, supo o se atrevió a tratar. Ese mundo de casas del niño, centros comunitarios, comedores, centros de desarrollo infantil, plazas de nuestros barrios, donde la integralidad adquiere forma a través de educadores , trabajadores y trabajadoras de salud, matronas de sentido común, artistas callejeros y poetas anónimos, son el retoño renaciente de los escombros de los privilegiados tiempos de la infancia en Argentina. De Evita y sus largos brazos, sus escuelas hogares y sus hospitales dignos. De los anarquistas que daban al niño autonomía política y a la mujer igualdad de género en el principio del siglo XX. Desfinanciadas, ninguneadas y desafiliadas de cualquier gobernador, jefe de gobierno o intendente, las organizaciones sociales sobrevivientes que han soportado hasta hoy el embate de los falsos nuevos paradigmas, hacen fundir sus cenizas con las de un pasado al que intentaron acallar o en el mejor de los casos saltear párrafos. Niños, niñas, adolescentes y ancianos, que sin salud o con ella serán los actores sociales que saldrán a la puerta a mirar la derrota de quienes nunca conocieron sus caras, ni por visita ni por asomo a la realidad. Interrumpirán el vértigo de la hegemonía que nos hace creer que dependemos de un representante que se haga dueño de nuestro buen vivir. (*) Médico generalista, Casa del Niño. Pelota de Trapo – Avellaneda Edición: 2988

Tévez
Publicado: Lunes, 24 Agosto 2015 03:05
Tévez

Por Carlos Del Frade (APe).- -Me estoy juntando con mis amigos una o dos veces por semana. Ahí en el barrio. Son como cinco y solamente tres tienen trabajo. Y no me dejan pagar nada. Ahí me doy cuenta dónde vivimos. Siempre fuimos así. Nunca cambió nada. Mis viejos me inculcaron todo esto… el barrio me enseñó a caminar la calle… el otro día en Formosa… un paredón grande y entramos al hotel… Las Vegas… Las Vegas, con casino y todo. Pero del otro lado del paredón la gente se estaba cagando de hambre… y la gente te da la vida, se desvive por vos, te miraba y lloraban, señoras de ochenta años a nenes de cinco. Y entonces me digo, en qué mundo estamos. No se puede vivir así. Nos tenemos que dar cuenta de estas cosas. Porque los pibes no merecen estas cosas – dijo Carlos Tévez en el programa de televisión “Animales Sueltos”. Además dijo que está cansado de los políticos que quieren sacarse una foto con él y que los millones que ganó jugando al fútbol están ahí pero que sigue viviendo con pocas cosas, como fue toda su durísima infancia en Fuerte Apache. Alguna vez, Marcelo Bielsa, cuando era el director técnico de la Selección Nacional que estaba disputando un campeonato en Bolivia se emocionó hasta las lágrimas al contar como las hijas y los hijos del pueblo sencillo se identificaban con Tévez. La historia dice que cuando tenía cinco años, su papá biológico fue fusilado con 23 balazos y que su mamá, Fabiana Martínez, que le había dado el apellido, lo abandonó a los seis meses. A los diez meses una catarata de agua hirviendo se le cayó encima y después de dos meses y medio de estar internado pudo gambetear la muerte pero los guadañazos de las quemaduras quedaron en parte de su cara y cuello. Fueron sus tíos, Adriana Martínez y Segundo Tévez, los que se hicieron cargo del pibe que se empecinaba en seguir para adelante. Se enamoró de la pelota en el club Santa Clara, de Fuerte Apache, y en el verano de 1989 llegó a Floresta, a All Boys. No tenía ni para zapatillas. Alguna vez sostuvo que era ciento por ciento villero y que si no fuera por los goles, “hubiera terminado muerto o en la cárcel”. Boca se lo llevó por solamente diez mil dólares. El club, en aquel tiempo conducido por Mauricio Macri, lo vendió a Europa, a los pocos años, en más de veinte millones de euros. En el año 2001, cuando debutó en la primera del equipo de la Ribera, el propio Macri lo definió como "el sucesor de Martín Palermo". "De no ser futbolista me veo cartonero. Otra cosa no. Yo sigo enamorado de Fuerte Apache. Mi infancia fue inolvidable. Me gustaría vivirla de nuevo. No me importa lo que digan. No me voy a olvidar de mis raíces. Los pibes me dicen: ''cuando estés arriba no te olvides de los pobres''. El Fuerte es el lugar más hermoso del mundo. Ahí se ve la pobreza de verdad", dijo Tévez catorce años atrás. Hoy, mientras el fútbol muestra su cara más feroz y perversa, cuando todo se reduce a respuestas vacías de contenido, Carlitos es capaz de reparar en la obscenidad de un hotel casino en Formosa y que del otro lado los pibes se “cagan de hambre”. Tévez, a su manera, juega en la cancha grande de la realidad y encara de frente ante tanta defensa hipócrita de la injusticia social consagrada en distintos puntos de la geografía argentina.El muchacho de Fuerte Apache tira centros para que alguien cabecee, necesita dar vuelta un resultado que hace rato viene mal para los que forman parte del equipo de las grandes mayorías.-…en qué mundo estamos. No se puede vivir así. Nos tenemos que dar cuenta de estas cosas. Porque los pibes no merecen estas cosas…-dijo Carlos Tévez, el número nueve que dejó millones de euros para volver a Boca, el que nunca tiene lugar en la Selección, el que habla de una manera que ninguno de los tres principales candidatos a presidentes de la Nación lo hace. Quizás sea hora de empezar a cambiar las reglas de juego en la cancha grande de la historia para ganar, justamente, ese partido al que convoca el pibe de Fuerte Apache. Edición: 2986

Regreso sin niño
Publicado: Martes, 18 Agosto 2015 12:37
Regreso sin niño

Por Silvana Melo Fotos: Carlos Brigo (APe).- Es domingo, apareció el sol –medio confundido, después de tanta ausencia-, las aguas empezaron a replegarse, es día del niño para muchos y para tantos otros, la vuelta a casa. Un regreso raro porque es de a cientos, de a miles, en las cercanías de los ríos, en lo que sobra del espacio que ocupan los barrios privados, hacia lo que queda de una casa, sobre lo que queda de un patio, dentro de lo que queda de una habitación de niño sin niño, sin aquel tren a cuerda, sin el skate que se llevó la correntada, sin la netbook ni la pelota que tan fácilmente se va con cualquiera, dentro de un pasillo que ya no tiene ni escondite para llorar. Es domingo y hay fiesta donde puede haber fiesta, pasaron los candidatos, las Paso, el agua enloquecida, brava, sin mínima piedad, pasó la corriente llevándose cocina, heladera, la mesa de roble heredada y con marcas de tanta vida, la ropa, los marcos con fotos, los sueños, la memoria. Es el regreso a casa y en el día que dicen del niño hay un niño que falta en una casa asolada en Pilar. Se lo llevó el agua enfurecida del río. Dicen que el boom inmobiliario desquició la marcha calma de tanta agua. Dicen que los capitales construyen barrios cerrados sobre los humedales. Dicen que el poder político legisla para ellos. O que les permite la ilegalidad. Dicen que los humedales son las esponjas naturales para que escurran los ríos en épocas de la lluvia. Y que los countries sobre los humedales cotizan más porque suman lagos a un paisaje seguro y paradisíaco. Pero a la gente ordinaria, la gente sola y en abandono, apenas le queda un pedazo de territorio para habitar, entre el río sin esponja y los countries amurallados. Dicen que hoy la mitad del territorio continental de Tigre está en manos de barrios cerrados. Donde vive menos del 5% de la población. Al niño de Pilar no se lo llevó el agua enfurecida del río. Se lo llevó el boom, el capitalismo, el lujo de los elegidos. Y los que dejan hacer y los que cierran los ojos y los que comparten intereses y los que gobiernan para quién y los oficialistas y los opositores y todos los que permitieron que se fuera  la pelota que tan fácilmente se va con cualquiera y todos los que permitieron que se fuera el niño de once años que se llevó el agua enfurecida del río. Dice la investigadora Patricia Pintos que "al asociar una urbanización cerrada, como los barrios privados, a un ambiente frágil como un humedal, les permite a ellos producir un formato de urbanización distinta, como la que se da en Nordelta, donde se asocian lagunas con las viviendas". La belleza es privativa de los privados, es elegida para los elegidos. Y se vuelve monstruosa para los pequeños. Para los de afuera. Para los otros.  Cuando se rellenan los humedales, dice la investigadora, "lo que se hace es cambiar el patrón de escurrimiento del río, porque lo que se llaman valles mayores o planicies de inundación se ven alteradas y estos son los espacios por donde el río puede drenar el excedente hídrico en épocas de lluvia". Hay una casa sin regreso y sin dueño en Quilmes. No quiso irse y a él y a las paredes los destruyó el agua. Y otra casa sin sol y sin retorno en Campana. Se resistió a dejarla y a él y a sus mínimos registros de propiedad privada los sepultó el agua. Cada año en la época de las lluvias las noticias son las mismas. Las mismas esperanzas evacuadas. La misma angustia ante el abandono de lo propio. El mismo desconsuelo ante el regreso. Todos los años es la peor inundación en los treinta anteriores. Todos los años se pierde todo cuando se es gente ordinaria, anónima, al margen del boom inmobiliario y del boom sojero y del boom de otros, tan otros y ajenos. En silencio se habla de los canales de riego clandestinos que desagotan su agua para engordar el río. En silencio de los desmontes cuantiosos para extender la frontera agraria, para ampliar las hectáreas de cultivo en 9 millones más, de las que 4 millones serán de soja, según el Plan Estratégico Agro Alimentario Industrial para el 2020. En silencio se habla de los humedales ocupados por barrios cerrados, enormes espacios vedados para la tanta gente que vive por fuera y que se inunda y el agua le lleva los retazos de vida que fue juntando en años. En tantos años. El año pasado, ahí no más fue. Cuando ni la virgen pudo ayudar a desagotar el agua del río y el templo se le inundó hasta el manto. Decían que los humedales que ya no eran esponjas se habían vuelto tapones para que se irguieran los 229 proyectos inmobiliarios de la zona del Delta. Que es el segundo humedal más grande del continente. Un año atrás, ahí no más, el Gobernador que puede ser Presidente detuvo la obra en un country por estas cosas. Un ratito la detuvo. Después, cuando bajó el agua, todo el mundo se olvidó. De la obra y del ministro de Desarrollo Social que había saludado la justicia divina porque había entrado agua en un barrio cerrado. Mientras circulaban las listas de funcionarios del Gobernador que vivían en barrios donde entró la punta de un dedo índice de la justicia (divina). Es domingo, volvió el sol y es día de niños para algunos. Para otros es tiempo de regreso. De aguas que se van y que volverán, seguramente, el próximo año. Visitas de agosto. De setiembre. Que llegan y descargan su furia en inocentes. Pero esto siempre pasa. Es la historia de la humanidad. No habrá regreso para el que se fue a caballo, a vadear el río para llegar a la ciudad. Tenía 24 años y no volvieron a verlo. Buscaba una farmacia para los medicamentos de su madre. El boom inmobiliario se lo llevó a los tirones. La ampliación de la frontera agrícola se lo llevó. La codicia de los elegidos. La avidez de los poderosos. La miopía de los que avalan se lo llevó. Se vuelve con sol, en las ruinas que deja el agua, en el día de algunos niños. Sin tren a cuerda ni netbook ni skate. A colgar la desazón en la entrada y empezar a reconstruir. Que eso es la vida en estas coordenadas. Morir un rato y reconstruirse para que algún día todo cambie, de la cabeza a los pies.  Y ese día se verá qué cosas empieza a llevarse el agua. Qué otras cosas se llevará.  Edición: 2982

Recuerdos de la muerte
Publicado: Martes, 11 Agosto 2015 02:21
Recuerdos de la muerte

La masacre de Quilmes ante la Justicia        Texto y fotos: Claudia Rafael        (APe).- “Han castigado conductas heroicas”, dijo Alejandra Vilma Rojo. “Arriesgaron su propia vida e impidieron que no hubiera más muertos ni intoxicados”, agregó la abogada que junto a su par, Daniel Ceballos, parecía llevar una de las voces más protagónicas y provocadoras en la defensa de algunos de los policías imputados en el juicio por la Masacre de Quilmes. Diez años y diez meses después de aquel 20 de octubre de 2004, en que murieron estragados entre el fuego y la brutalidad de los tormentos cuatro adolescentes: Diego Maldonado, de 16 años; Elías Giménez, de 15; Miguel Aranda y Manuel Figueroa, los dos de 17. Una decena de policías escudados por sus defensores tuvieron la delicadeza imperceptible para los ojos ajenos de ubicarse en estricto orden de importancia según su jerarquía dentro de la fuerza de seguridad que los cobijó por años y que, en algunos casos, aún hoy los sigue cobijando. Apenas 24 horas después de las PASO, con una lluvia pertinaz que humedecía los huesos y profundizaba el dolor, el juicio contra los policías Juan Pedro Soria (comisario); Basilio Vujovich (subcomisario), inspector Fernando Pedreira; Juan Guzmán; Hugo D`Elía, Franco Góngora, Gustavo Altamirano; Gustavo Avila, Jorge Gómez y Fernanda Grosso arrancaba entre escasísimas presencias. Uno tras otro fueron pasando al estrado a responder una serie de preguntas formales del presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 3 de Quilmes, Alejandro Portunato: Nombre, apodo, fecha y lugar de nacimiento, ocupación. Desocupado, estudiante de Derecho, jubilado, policía en actividad, se escuchaba.  “Por mi mamá y por mi abuela” El rostro demacrado de Tomasa Núñez, mamá de Miguel Aranda, denota en su expresión las mismas y exactas palabras que minutos antes había remarcado ante APe: “sólo pienso en la injusticia. No creo que vayamos a tener justicia, los tapan mucho. Yo no tengo esperanza. La policía les tapa todo”. Su muchacho era papá de un niño de dos años en aquel 2004 de muerte y tragedia. Tenía apenas 14 cuando supo que Mauro iba a nacer, que ya casi iguala esa edad. A su lado, la mirada de Elbia González parece desmoronarse en el vacío. Ella era la mamá de Diego Maldonado. Escucha atónita esas palabras difíciles y crueles que suelen flotar en el aire de los juzgados. Tan ajenas a la vida misma. Como rociadas de una perversidad que se derrama con la conciencia de que se sigue echando ácido sobre esas heridas abiertas para toda la vida. Minutos antes de las 10 de la mañana, sus ojos –al hablar de su Diego con esta agencia- se teñían, en cambio, de humedad y de tristeza. “Nosotros pensamos todos los días que va a venir nuestro hijo. Sentimos que siguen jugando con nosotros. Van a hacer once años que pedimos justicia. Y en este largo tiempo movimos cielo y tierra, quisieron cajonear esto y nosotros seguimos luchando. Ahora esperamos justicia. Que es esperar, nada más”. Elbia siente y se repite a sí misma una y otra vez aquella imagen de su muchacho hablando ante una jueza. “Diego estuvo en la comisaría por orden de la jueza porque él le pidió que lo internaran para dejar el paco. Siempre pienso en eso. Si esa jueza que lo dejó ahí adentro me hubiese dicho que mi hijo no podía estar en una comisaría por ahí… estaría con nosotros. Pienso en eso todos los días. Y como siempre dice Isabel, nos entregaron a nuestros hijos en cajones. Diego había ido a dejar el paco. Le había dicho a la jueza: ` conseguime un lugar piola porque quiero dejar de fumar por mi mamá y por mi abuela`. Pero no está más. No está con nosotras”. Palabra vacía Ni Miriam Campos ni Isabel Figueroa pueden ingresar a la sala. Las dos mamás deberán testificar en estos días y hasta entonces no pueden participar de las audiencias. Isabel era la mamá de Manuel y se mueve nerviosa e inquieta. “No sabemos lo que nos espera. Nos aseguran que hay dos o tres que están muy comprometidos pero son diez”, cuenta a APe, único medio periodístico presente. Y luego, sentada en un frío banco tribunalicio, de esos fielmente preparados para incomodar a los habituales sufrientes de la justicia penal, desgrana que “lo nuestro fue tanto caminar, andar, pedir justicia, exigir. Que nadie nos escuche. Se tardó tanto para llegar a esta instancia. Mi hijo tenía 17 años. Los cumplió ahí adentro. Hacía 27 días que estaba detenido ahí. Y once años después acá estamos, no enteras pero luchando. Porque en este camino aprendí a no callarme la boca ni a bajar la cabeza, aprendí a no creer en nadie porque ellos me dijeron que lo iban a cuidar a mi hijo y me lo mataron. Entonces aprendí a no creer más en ellos. Tampoco en la justicia que espero que haya pero no tengo tampoco mucha esperanza. Porque para nosotras justicia es una palabra vacía”.   Las marcas de la masacre   Tobías Corró Molas es un salesiano que lucha desde siempre junto a las madres de la masacre. Que las apuntala y acompaña. Que se empeña en visibilizar esa tragedia que tuvo nombres y apellidos determinados, para disgusto de aquel primer fiscal, Andrés Nievas Woodgate, cuyo dictamen hacia 2006 hablaba de una sucesión de hechos ocurridos sin responsables. Casi como el efecto mágico del azar. En su lugar, durante la primera audiencia del juicio, el fiscal Claudio Pelayo habló, en las antípodas, de apremios ilegales, de golpizas, de tormentos, de estrago culposo seguido de muerte… La querella en manos de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre agregó luego que las vejaciones y torturas eran prácticas sistemáticas. Y que la demora en abrir las celdas fue lo que motivó las lesiones y constituyó responsabilidad de los imputados. Una clara responsabilidad en las muertes de Diego y Manuel, a los que habían arrojado a una celda de seccional para aguardar allí a que se hiciera una vacante en una comunidad terapéutica; en la muerte de Elías, al que habían llevado por la clásica “averiguación de antecedentes” y a quien le imputaban un grave delito supuestamente ocurrido unos cinco años antes (es decir, cuando tenía 9 ó 10 años); y en la de Miguel, al que –entre tantas otras historias que no atravesó- le impidieron ser papá. Walter, Edgardo y David son sobrevivientes. Como pueden. Con las marcas que dejó en cada uno de ellos la masacre. Ana Aliendo, mamá de Walter, dijo a APe que “yo estoy aquí acompañándolas a ellas. Porque me podría haber tocado a mí también. Siempre voy a estar porque yo tengo a mi hijo conmigo pero… él… él se encierra. La masacre le dejó muchas cosas que sólo él sabe, porque se encierra, porque tuvo muchos intentos de suicidio, porque a veces mejora pero después vuelve a agarrar el paco para olvidar. Recuerda a los compañeros, porque él era muy amigo de Diego en ese mundo que tenían. Y ahora doy gracias a Dios de que ya no intenta lo que intentaba antes en que se cortaba, está lleno de cicatrices en el cuerpo…”. La degradación Miriam Campos roza los 51 años y hoy tiene un hijo que, igual que Elías en 2004, tiene 15 años. Y siente miedo por él. Y por eso “lo tengo entre algodones. Lo protejo mucho. Quizás demasiado”, relata a esta agencia. “Tengo mucho dolor, mucha impotencia. Pasaron tantos años y no es lo mismo para ellos que para una mamá. Yo creo que las únicas que me pueden entender son las mamás. Una trata de ser fuerte pero no se puede. Al ver tanta injusticia, tanta impotencia por no poder hacer nada, a pesar de que ganemos el juicio y todo, a mi hijo no me lo devuelven más. Y ése es un dolor que va a quedar por siempre”. Una frase suya se ubica en el territorio filosófico de Hannah Arendt cuando se indigna diciendo que “no podés creer todo lo que pueden llegar a hacer personas que inclusive tienen hijos como nosotras”. No son monstruos. Son seres humanos atravesados por la perversidad. Que pueden acariciar a un hijo y en horario de trabajo hundir a otro ser humano en un submarino seco, en un bastonazo, en un golpe de puño. Miriam revuelve en su propia historia y cuenta que “son muchos recuerdos, muchas cosas, uno tiene un proyecto de vida con un hijo, uno lo cría con un motivo, con el anhelo de que llegue a ser algo. Y que lo corten es como cortar el brote de una plantita a la que no dejaron crecer. Entonces no puedo salir del dolor y de la impotencia. Elías, como cualquier mamá diría, era un amor, era alguien alegre, divertido, que estaba siempre dispuesto a ayudar a los demás, que trabajaba en un comedor sirviendo la leche y que también trabajaba conmigo en la iglesia, en la escuelita. Tenía muchísimos amigos, le gustaban los animales, era Elías, simplemente Elías. Era mi hijo, de 15 años”. Y fue a Elías al que, sin saber absolutamente nada de lo que había ocurrido, llegó a visitar a la comisaría. El policía que la atendió “no me dijo nada. Simplemente me pasó un papel que decía `vaya a tal hospital. Tiene el 50 por ciento del cuerpo quemado`”. Fue el 20 de octubre de 2004. Hace casi once años. En donde se entremezclaron la atrocidad de un grupo de policías, avalados por un sistema judicial que coronó la historia con impunidad. Con actas elaboradas por los mismos hombres de uniforme, que indagaron a los sobrevivientes después de interrogar a los golpes. Alguna vez, Primo Levi, tal vez el mejor narrador (en primera persona) del Holocausto escribió que “antes de morir, la víctima debe ser degradada a fin de que el asesino sienta menos el peso de su falta”. Diego Maldonado, Elías Giménez, Miguel Aranda y Manuel Figueroa siguen faltando.   Leer también: La masacre de los niños de Quilmes Edición: 2976

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Jenifer

Tres hombres armados subieron a un colectivo en Merlo. Un pasajero armado los enfrentó. En el tiroteo murió Jenifer, una chica de apenas 17 años.


Pobres

En su discurso ante la FAO, Cristina Fernández ubicó la pobreza argentina en el 5 %. Y Aníbal Fernández analizó que hay más pobres en Alemania que en nuestro país.


Cinco años

Un hombre mató a golpes al pequeño hijo de su pareja, de cinco años. El testimonio fundamental lo dio su hermanita de 8, en Cámara Gesell.


Narcos

Un niño de 11 años fue herido en el abdomen por una bala perdida después de un enfrentamiento entre narcos en Santa Fe.


Judicialización

Judicializaron a 35 personas en La Rioja por impedir el avance de una minera. Entre ellos una adolescente, el cura y el intendente de Famatina.


Volcadero

Un niño de 13 años se subió a un camión recolector de basura en el volcadero de Paraná y su pierna quedó atrapada por la compactadora.


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Alberto en la voz de Jorge Fernández Díaz

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