El día en que asesinaron a Fidel
Publicado: Jueves, 01 Diciembre 2016 15:53
El día en que asesinaron a Fidel

Por Alfredo Grande (APe).- Decir que Fidel Castro murió es una verdad, pero encubridora. Decir que la muerte no puede alcanzarlo es otra verdad, pero rebeladora. Nos rebelamos ante la muerte que llega con la tranquilidad de saber que alguien siempre la espera. Nos rebelamos ante los dolores cínicos de quienes lo odiaron y no pudieron doblegarlo jamás. Nos rebelamos ante la banal presencia de una canciller que representa a un gobierno que no representa, más bien esconde, el sentir de millones de argentinos. Nunca morirá la vida. Y Fidel fue la vida que merece ser vivida. El no dijo que otro mundo era posible. Él lo hizo posible. Corrió el horizonte de lo posible tanto, tanto, que empezamos a soñar despiertos y dormimos sin las pesadillas de tantas generaciones muertas, como advirtiera Marx. Las generaciones vivas vivieron revolución. Vivieron coraje. Vivieron alegría. Fidel no fue el que destruyó la dictadura de un empleado del imperio. No fue el que llegó para seguir tomando vino viejo en odres nuevos. No fue por más. No fue por todo. Fue por algo diferente. Nuevo. No hay revolución sin revolucionarios y no hay revolucionarios si el anhelo de la revolución no está siempre vivo. Pujando para nacer. Luchando para seguir viviendo. Nos rebelamos ante la idea convencional y represora de la muerte que pretende que las personas mueren solamente porque dejan de estar vivas. Para la cultura represora, la mortalidad e inmortalidad es un dato de la biología. Yo digo que es un dato de la historia. Pero no de cualquier historia. Solamente la que escriben los pueblos, que aunque también se equivocan, lo hacen muchos menos que las elites carniceras y sanguinarias. Y esa historia, esas historias, esas crónicas para ser contadas, dignas de un Homero contemporáneo, no dan espacio para que ninguna muerte tenga lugar ni tiempo. Nos rebelamos ante el miserable elogio de las derechas cuando señalan que hubo “dos Fidel”. El Fidel bueno, demócrata, que arrasó con una dictadura, y el Fidel malo, comunista, represor, y también dictador sanguinario. Un Fulgencio Batista de izquierda. Texto sin contexto. Olvidando, es decir, manteniendo la complicidad con las derechas de esos tiempos, que Cuba fue expulsada de la OEA. Y a la Argentina, la presencia del CHE en Punta del Este le costó un golpe de estado. El Imperio pasó de la Alianza para el Progreso al Plan Cóndor. El maquillaje demócrata al verdadero rostro republicano. Algunos pueblos no tienen el gobierno que se merecen, sino que tienen el gobierno por el que luchan. Y las cubanas y los cubanos lucharon por el socialismo. Aunque no supieran qué era el socialismo. Quizá todavía no lo sepamos. Pero no podemos amar al socialismo, sino odiamos al capitalismo. Y la cruel paradoja es que amamos al capitalismo. O sea: amamos los productos con los cuales el capitalismo se blanquea en la vida cotidiana. La batalla cultural está perdida. Serán necesarias nuevas estrategias, porque ahora el bloqueo lo tenemos nosotros. Bloqueados para pensar desde un paradigma excluyente con el paradigma liberal. Cuyo último invento reaccionario, es el concepto de “pos verdad”. “La pos verdad se antoja una definición más ambiciosa en sus resonancias orwellianas y en el reconocimiento de un hueco semántico que discrimina la verdad revelada de la verdad sentida. La prueba está en que la concepción del neologismo, entre otros argumentos, proviene de un editorial publicado en The Economist que ya insinuaba el desenlace de las elecciones americanas a propósito de la emoción. "Donald Trump es el máximo exponente de la política 'pos verdad', (...) una confianza en afirmaciones que se 'sienten verdad' pero no se apoyan en la realidad”. Nada de eso supo nunca el Comandante. Nunca necesitó de la estafa política de la pos verdad. Para Fidel, la palabra no era el camuflaje de la cosa. La palabra y la cosa eran una cosa y la misma cosa. La revolución nunca fue un relato. Fue una materialidad de cosas, de personas, de leyes, de deseos, de anhelos. Alfabetización, reforma agraria, expropiaciones, poder popular. La “pos verdad” es otra de las máscaras de las paradojas de la cultura represora. Lo dicho, dicho no está. A lo hecho, no le pongamos el pecho. No habrá imagen que valga por mil palabras. Por eso nos rebelamos con la afirmación de que Fidel murió. Fue asesinado por los sicarios del imperio, una y mil veces. Cuando asesinaron al CHE, cuando asesinaron al mal llamado socialismo real, al cual anteriormente habían tratado de asesinar las dignas democracias de occidente, levantando al nazismo contra el peligro rojo. Tantas veces lo asesinaron, pero resucitó muchas más veces, y siguió revolucionando nuestras vidas. No somos ingenuos. Los asesinatos del imperio incluyeron como víctima privilegiada a Fidel. Y a todo lo que Fidel presentaba. ¿O al asesinar, masacrar, torturar, degradar, a cientos de miles de trabajadores, estudiantes, militantes políticos y sociales, el imperio no estaba asesinando a Fidel? Nadie que sobrevive a tantos asesinatos puede morir. El cuerpo biológico es apenas el atajo orgánico que la muerte utiliza para no retirarse derrotada. Nos rebelamos porque si Fidel fue asesinado cientos de miles de veces, y siguió luchando, eterna cigarra revolucionaria, no lo matemos nosotros. Que tanto lo amamos y lo seguiremos amando. No lo matemos cuando nos dejamos tentar por las variables y constantes electoralistas del sistema. Por las sobras del banquete democrático y nos resignamos que un salario, que una jubilación, sean considerados “ganancias”. No quiero delirarme con derechos que tengo, pero que al no poder ejercerlos, no los tengo. Ni los tendré. Lo que es malo. Pero que pienso que los tengo, y eso es peor. No tengamos un día de furia. Que todos los días sean días de furia, y que todas las noches sean noches de lucha. Mi amigo y camarada Gustavo Robles finaliza su emocionada poesía: Fidel ejemplo, Fidel compañero Fidel amigo, Fidel camarada Fidel Comandante Fidel Revolución Fidel Gigante Ninguna muerte podrá matarte Hasta la Victoria Siempre. En el área de confort de mi escritura, que también puede ser refugio de sabihondos y suicidas, logro la mezcla milagrosa entre mi anhelo revolucionario, los educadores populares de Pelota de Trapo, los militantes por las prácticas comunitarias en salud, la cooperativa ATICO, y me doy cuenta de que tengo muchos hermanos y que con un poco de esfuerzo, también los puedo contar. Y que Fidel, al que una vez le estreché la mano aunque él nunca supo que le había estrechado la mano a Alfredo Grande, juntos a mis hermanas y hermanos cubanos, Fidel sabe que no hay espacio para muertes ni tristezas, que la alegría es la lucha, y que la dignidad revolucionaria, que no es moral sino ética, es nuestra cigarra.     Edición:3281  

Fidel
Publicado: Sábado, 26 Noviembre 2016 21:26
Fidel

(APe).- El era quien llevaba la barba del liderazgo en aquella banda de jóvenes que entró a la mayor de las Antillas para cambiar la vida 57 años atrás. Fueron los niños los que alzaron los ojos para mirarlos, desde los cordones de las veredas y desde la altura de los tacos de sus botas. Eran 600 mil niños sin escuela. 600 mil con el hambre de toda la historia. Analfabetos por la prepotencia del poder. Enfermos sin cama ni vacuna ni vaquitas de San Antonio que les caminaran todos los dedos hasta inventarles un mañana con pan y auroras. Pasaron 57 años y esos niños se vistieron de la revolución y se la cargaron al hombro. Algunos murieron. Otros tienen los ojos enrojecidos por la ausencia que hoy apareció como un monstruo que brota del mar. Sólo otros niños podrán seguir escribiendo la historia. Sin que la historia caiga a balazos en la espalda o la trunque un filo de navaja. Sólo los niños, los nuevos, los nacidos en la naturalidad de la revolución podrán ser chispas de las nuevas rebeldías, gérmenes de otra revolución, que contenga la vieja, la arme como a un barrilete y le ponga luces e infancia, luchas y brotes de hoy. Así Fidel seguirá llegando, cada uno de enero, a cambiarlo todo. Como los niños hacen estallar lo viejo para nacerlo de nuevo. Por ahí andará entonces la revolución. Edición: 3278

Alberto
Publicado: Jueves, 24 Noviembre 2016 14:39
Alberto

(APe).- Es uno de esos incomprendidos de la tierra. Cómo entender, se habrá preguntado el mundo, a quien es capaz de volar como una mariposa, de aletear como barrilete que salta por todos los cielos y toca la luna con dedos truncos mientras abraza a los desalojados de la historia. Él, que hizo que la vida –a pesar de las marginaciones y los rompecabezas de infancia destrozada por la muerte- fuese poesía necesaria como el pan de cada día, como escribiría Celaya. Aún en medio del fango más atroz la utopía se vistió de su cuerpo cansado porque sabía que era capaz de salpicar de ternura a cuanto niño se cruzase con su historia. Con él se vació gran parte del rompecabezas humano. Su memoria intacta hace todavía hoy a la vida digna de ser vivida y empuja a sacudir las conciencias para que, de una vez por todas, la felicidad despierte y la algarabía descienda a los villorrios. Para que tanta perversidad diseminada caiga jirón tras jirón ante sus ojos nublados. Hoy cumple setenta y cuatro. Y sigue aleteando. Rozando con sus alas las ciénagas y el odio. Dibujando con el lápiz de su propia y enorme humanidad los caminos para socavar tercamente los túneles de la inequidad. Para asomar en un tiempo donde la vida sólo sabrá de aroma a ternura y abrazo. Edición: 3276

Policía y desarmadero
Publicado: Miércoles, 16 Noviembre 2016 12:53
Policía y desarmadero

Por Claudia Rafael (APe).- Todos los caminos conducen a Márquez 402, en José León Suárez. Cinco policías detenidos; entre ellos, el comisario: gestionaban dentro de la misma comisaría un desarmadero. Desmontaban los autos y vendían las partes. Una pyme perfecta amparada entre los brazos del poder en el corazón mismo de una barriada caliente del conurbano. No es una comisaría cualquiera. Tiene prontuario propio. Y ofrece la radiografía más cruda y perfecta del sistema policíaco, brazo armado del modelo. Los nombres de los cinco policías son los de cinco piezas al azar, fácilmente reubicables y reemplazables. Porque el show necesariamente debe continuar. En los últimos estertores de octubre de 2013, los vecinos de la zona irrumpieron violentamente sobre esa comisaría a fuerza de fuego y grafitis. “Arruina guachos”, “la gorra arregla”, se leía sobre las paredes de la calle Márquez. Un par de bandas transas con la conveniente protección policíaca se acababan de enfrentar en puja territorial y sus balas se llevaron puesta la vida de Enzo Ledesma, de 13 años. El historial cobija perversidades. Es la misma comisaría cuarta que, en febrero de 2011, reprimió con balas de plomo y asesinó a Mauricio Ramos y Franco Almirón, el Pela y el Gordo. A Joaquín Romero, el Joaco, “diosito”, como le dijo la Toti –su mamá- “es la tercera oportunidad que te da. Ponete las pilas”. Y Joaco zafó. Los tres habían ido a cirujear al basural de la Ceamse y cuando descarriló un tren de la Nueva Compañía Argentina con autopartes y alimentos de Arcor y Bagley “los señores del orden” irrumpieron con gases y escopetazos en la zona de las vías. Ellos miraban a un costado. Tenían 16 y 17 años. Fueron fusilados por la policía. La bronca del barrio se enfocó también entonces en la comisaría de la calle Márquez. Los pibes, en aquel caluroso febrero de 2011, arrojaban piedras al edificio policial y a lo que entonces llamaron cementerio de autos. Ese que ahora saltó a los medios por el hallazgo del negocio policial de autopartes. En aquel tiempo, al frente de la comisaría cuarta estaba Víctor “Patito” Uhalde, que –como corresponde a la fuerza de seguridad más poblada del país- seguía ascendiendo impunemente a pesar de que en 1993 fue condenado por torturas. En 2003 pasó a subcomisario; en 2004, a comisario y tras varios destinos en la zona sur pasó a la casona de la calle Márquez. Después del crimen de Enzo, sus padres –que recibieron amenazas de muerte- presentaron ante la Fiscalía General de San Martín un documento que decía que “venimos a denunciar formalmente la existencia de organizaciones en todo el cordón urbano lindero con el camino del Buen Ayre, que tienen por finalidad la comisión de delitos y que producto de su accionar han dejado como saldo niños, niñas y jóvenes asesinados durante estos últimos meses”. E hicieron ante el fiscal general Marcelo Lapargo una denuncia penal por asociación ilícita entre policías de la provincia y grupos narcos. El mismo Lapargo que por estos días ordenó a los fiscales bajo su órbita no cumplir con el protocolo contra la violencia de género. En aquel “saldo” del que hablaban los padres de Enzo estaba Brian Nahuel Palma, de 16 años, que fue asesinado de dos balazos cuando intentaba intervenir en una pelea. Su mamá, denunció que el asesino de su hijo fue ayudado a escapar por sus contactos en la comisaría de calle Márquez. Y, en marzo de 2013, dentro de la villa Carcova, Rubén Navarro –también de 16- murió de ocho disparos de ametralladora. Su familia denunció a transas del barrio en la comisaría cuarta. “Pero como están arreglados no hacen nada”, denunció una familiar de Rubén. No se trata de una fatalidad, de un destino imposible de sortear. La serpiente se apropia de todo sitio que le depare las condiciones dignas para anidar, fortalecerse y atacar. Para armar la red necesaria para controlar cada negocio merecedor de su atención: desarmaderos, prostíbulos, narcotráfico, basura. Como cuando las montañas de residuos se devoraron perversamente a Diego Duarte, de apenas 15 años, allá por 2004, en un negociado gestionado también por policías. Entre ellos, un ex jefe de calle de la Cuarta de la calle Márquez. El sociólogo Javier Auyero dice: “Que la policía de la provincia de Buenos Aires funciona como una organización cuasi mafiosa y extorsiva no es novedad para nadie y esto se observa en cómo funcionan el robo de autos y el tráfico de drogas. No es que el Estado sólo ha estado mirando para otro lado: el Estado ha estado reproduciendo esta violencia, y parte de esa causalidad es lo que están haciendo los distintos niveles del Estado”. El pibe, en el barrio, mira a su alrededor y espera. Sabe que más tarde o más temprano habrá un manojo de penas que lo circunden. Generaciones enteras dieron cuenta de los basurales hecho crimen casi perfecto. Desde los fusilamientos del 56 a las fáciles gatilladas contra el Pela, el Gordo o Enzo. Porque, como decía Celaya, “a penas si nos dejan decir que somos quien somos” y tal vez por eso mismo es que “nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo”. Es hora de parir un grito que sea cielo y esperanza. Para que el destino de todos los caminos deje de ser, de una vez por todas, el que lleva a los túneles oscuros de la historia hecha trizas. Y en donde el pibe, como Gelman, se pregunte: “Tanto dolor, ¿dará belleza algún día después?”. Edición: 3271

Olivia y el veneno de maíz
Publicado: Miércoles, 09 Noviembre 2016 15:23
Olivia y el veneno de maíz

Por Silvana Melo (APe).- La que protege la paz. Eso dice el nombre. Olivia anduvo poquitos días por el mundo. Frágil como ramita de olivo frente a un misil. El día que murió se volvió bandera. Minúscula pero bandera. Había nacido en el barrio San Antonio, al sur de Córdoba, a 50 metros de la fábrica de bioetanol Porta Hnos. Desde la panza respiró tolueno, junto a su madre. Es –fue- uno de los cinco niños con malformaciones en 700 habitantes. Cuando la media es de dos cada mil.Olivia vuela y se lleva la ramita de olivo. Porque empieza otra batalla. Esa lucha que nace de la muerte de los niños encontró justicia en el barrio Ituzaingó anexo y en la expulsión de Monsanto de Malvinas Argentinas. Destinada, la última, a producir maíz transgénico para fabricar bioetanol. Para Porta y etcétera. Un círculo perfecto de alimentación al modelo agroindustrial. Una frutilla en el postre sistémico, ése que derrama sobras para las Olivias que resistan. Los Porta están instalados en el barrio San Antonio de Córdoba Sur desde los 90, para la producción de vinagre, aceto y bebidas alcohólicas. Sin audiencia pública ni estudio de impacto ambiental. Hace cuatro años se diversificó en el camino de los florecientes agronegocios: produce bioetanol, un alcohol etílico a base de maíz transgénico molido. Tres meses apenas vivió Olivia. El tolueno, el metanol y el etanol pueblan el aire de San Antonio. El que su madre respiró. El que le llegó a sus mínimos pulmones mientras se formaban. El que le dibujó una atmósfera hostil para la llegada a un mundo que la rechazó de plano. Darío Avila es abogado y carga con los pergaminos de una lucha que se extiende. Estuvo detrás de las condenas por el envenenamiento del barrio Ituzaingó Anexo. De la exclusión de Monsanto de Malvinas Argentinas. Y ahora busca que esa chispita frágil que fue Olivia se vuelva una primera condena por homicidio en el marco de la Ley de Residuos Peligrosos. Esa piel y esos huesitos, que soportaron apenas tres meses una vida de extrema toxicidad, pueden ser emblema. Como fue Abigail, de seis años, una de las 200 muertes vecinas de Atanor. Como fue Nicolás Arévalo, de cuatro años, fumigado en los tomatales de Corrientes. Pero la muerte de Olivia buscará reparo en la Ley de Residuos Peligrosos. “Ante un hecho de contaminación ambiental, cuando se produce la muerte de una persona el delito se agrava y contempla penas de entre 10 a 25 años”, explica Darío Avila a APe. Y ésa es una llaga que se abre en la epidermis del sistema. En su propia esencia. El viernes a mediodía se concretó la denuncia. Contra la empresa y contra los funcionarios que le allanaron el camino: los Porta han sido parte de los gobiernos de Angeloz y Mestre. Y todo termina en la batidora del sistema. “Podemos sostener con un cierto grado de probabilidad que la muerte de Olivia puede estar vinculada a la fábrica de bioetanol”, dice Darío Avila a APe. Repasa los cinco chicos (en 700) de la zona sur con malformaciones. La media, según fuentes ministeriales, es dos de cada mil. Es el propio Medardo Avila Vázquez (1)el que hace el relevamiento. “En el caso de Olivia, la madre se embarazó en octubre del año pasado. En esos primeros meses, entre octubre y diciembre, ya estaba respirando lo que había en el barrio. A 50 metros de la planta. Es probable que esos químicos que estaba respirando hayan generado el meningocele”, explicó el médico. Para que la defensa de la fábrica no busque prontuario sanitario en una víctima, Medardo Avila deja en claro que “la mamá es joven, sana, no tiene antecedentes de aborto, ni trastornos reproductivos, su otro hijo es absolutamente sano, el padre es también sano y no toman medicamentos. En la zona, no hay antenas de celulares en la manzana, ni hay torres ni cableados de alta tensión. La única fuente de contaminación que encontramos es la fábrica y está a 50 metros”. Lo dice  con  contundencia en la crónica que firma Leandro Ross en ECOS Córdoba. En el barrio hay más enfermedades además de las malformaciones y el meningocele de Olivia: problemas respiratorios, ardor de ojos, asma, tres casos de cáncer de páncreas, enumeró Darío Avila. Que va tejiendo una red en círculos donde todo cierra: “uno de los objetivos de la planta de Monsanto en Malvinas Argentinas era proveer maíz transgénico a las empresas cordobesas como Porta hermanos, para producir bioetanol”. La fábrica enclavada en el corazón del barrio San Antonio es, a la vez, “una flagrante violación a la ley de Ambiente”, anota Avila. Que obliga a que estos emprendimientos funcionen en descampados. Pero “se los autoriza en las ciudades porque necesitan de los servicios públicos: Porta gasta cien mil litros de agua potable por segundo”. Olivia se vuelve, en medio de la lucha anónima y silenciosa, un nombre fluorescente, una muerte brutal. Tres meses apenas de una vida que tuvo sentido. De una muerte que se le paró delante al poder. Que se le enfrentó como ella, tan chiquita, tan como un quijote diminuto ante las monumentales aspas de la injusticia sistémica. Andará Olivia, por estos días, sobrevolando mejores tierras, respirando mejores aires que los venenos del barrio donde nació. Andará con la ramita de olivo en los labios pero consciente de que hay una batalla donde ella va al frente. Ahora que está todo en juego. Y nadie más puede lastimarla. (1) Medardo Avila Vázquez es referente de la organización Médicos de Pueblos Fumigados. Edición: 3268

Un puente
Publicado: Miércoles, 30 Noviembre 2016 13:45
Un puente

Por Sergio Alvez (APe).- Cuando a finales de octubre APe publicaba “Una ardua travesía a nado para ir a la escuela”, la utopía era tender puentes entre los olvidados y la mirada sesgada de las instituciones. En tiempos en que los lazos se van quebrando como los puentes, los niños y niñas de la Comunidad Chafariz (El Soberbio, Misiones), cruzaban a nado un arroyo para poder llegar a la escuela. La publicación en APe y la visibilización de ese olvido obligaron al gobierno misionero a construir un puente. Y los niños pueden llegar secos a la escuela. El cruce del arroyo es apenas una fotografía de la adversidad cotidiana que viven los niños originarios en Misiones. Casi un mes después de la publicación, a principios de esta semana, recibimos un mensaje: “Muchas gracias. Ya tenemos puente”. Era Melly Paniagua, la valiente maestra de la Escuela Intercultural Bilingüe 905, quien cansada de promesas, tuvo el coraje necesario para salir a denunciar la situación, que pronto se nacionalizó, derivando en la inmediata orden de construcción del puente. De este modo, gracias a la visibilidad pública del caso, la comunidad educativa encontró una solución a una problemática de vieja data, que durante años sólo supo despertar la indiferencia de las autoridades del sistema educativo, para quienes resultaba natural que un grupo de niños debiera cruzar un arroyo para poder ejercer su derecho a recibir educación formal. El episodio muestra una vez más, cómo la exposición mediática muchas veces logra activar voluntades políticas que debieran ser motivadas por la dignidad y no por la vergüenza. El caso de la infancia que acude a la Escuela 905, en la localidad fronteriza de El Soberbio, más allá de la peripecia expuesta, propone una necesaria mirada hacia el trasfondo: la vulneración de derechos contra los Pueblos Originarios y la perversión de un sistema educativo excluyente. La niñez originaria en Misiones La imagen de la niñez perteneciente a una comunidad mbya guaraní de la provincia de Misiones, padeciendo una situación social adversa, no es novedosa para los ojos de la llamada prensa nacional, pero en todos los casos, por lo general la repercusión se detuvo en hechos puntuales y no en el contexto general que posibilita estas coyunturas. Haciendo un repaso de los hechos que en los últimos años salieron a la luz mediática, es posible divisar, previo al episodio de la niñez yendo a la escuela a nado en El Soberbio, la irrupción del caso conocido como “El abanderado descalzo”. Se trató de la imagen -viralizada- de Lorenzo, un adolescente mbya que durante el acto del Día de la Bandera en la Escuela Bilingüe 948 (ubicada en el valle del Cuñá Pirú), sostiene descalzo la bandera de ceremonia. Vale para este episodio, la reflexión que hiciera – ante el bombardeo mediático- el El Aty Ñeychyro, organización tradicional de la Nación Guaraní en Misiones: “Tratar de hacer creer que el problema indígena es el de la pobreza es pretender tapar el monte, el que aún nos dejaron, con un dedo. La demarcación de territorios, una educación bilingüe donde seamos partícipes de su contenido – como establece la Constitución Nacional y las leyes internacionales que la Argentina ha firmado- que se respete nuestra espiritualidad, estos son nuestros intereses y por los que queremos ser tapa de diarios y noticias en radio y televisión”. Otro tema que motiva la recurrente aparición del Pueblo Guaraní que habita en Misiones -más de 6 mil personas según últimos registros- es el de la desnutrición infantil. Hace dos años, un documento oficial firmado por el director del Hospital de San Ignacio (localidad donde existen 13 comunidades mbya guaraní) reveló que 113 niños mbya padecían desnutrición. En aquella ocasión, los recortes mediáticos de alcance nacional, focalizaban en “la corrupción”, “la pobreza” y otros conceptos genéricos que enunciados de cierta forma hasta parecieran abstracciones. El trasfondo, que se mantiene, muestra que la falta de acceso a los servicios básicos, a la titularización de tierras, el incumplimiento de las leyes que garantizan derechos y amparo a los Pueblos Originarios, sumado a programas sanitarios insuficientes o inexistentes contra el flagelo de la desnutrición infantil, obturan la posibilidad de un combate real al problema. El presente La construcción del puente sobre el arroyo Chafariz representa un triunfo en un año que culmina de manera conflictiva en muchas comunidades guaraníes de la provincia. Una de las situaciones más graves se da por estos días en el norte provincial. Allí, las comunidades Mbya Guaraní Aguai Poty e Ysyry enfrentan el avasallamiento y vulneración de sus derechos consuetudinarios de propiedad, perpetrados por empresas privadas instaladas en el municipio de Colonia Delicia. También son discriminadas y estigmatizadas por el Ejecutivo Municipal a través de la emisora radial manejada por la comuna. Desde ATE Misiones alertan que es necesaria “la urgente intervención del gobierno nacional y provincial para garantizar la integridad de todos los ciudadanos que habitan la localidad de Colonia Delicia”, al tiempo que informan: “En esta localidad, autoridades Municipales están fomentando la discriminación hacia los pueblos originarios , atemorizando a la población urbana y rural a través de la radio municipal, acusando a través de este medio de comunicación a los mbya de “intrusar” propiedades de colonos y pequeños productores , provocando así el enfrentamiento entre las comunidades mbya con los pequeños productores de la localidad que viven, producen y trabajan allí. Con este accionar desconocen la aplicación de la ley nacional 26160 de emergencia territorial, por la cual se delimitaron los territorios de las comunidades entre los años 2011 y 2013”. Democratizar el sistema educativo Sin duda que el extremo de tener que nadar para poder estudiar, es una de las consecuencias de un sistema educativo con múltiples falencias que terminan pagando las niñas y niños de los núcleos educativos situados en las profundidades rurales de la provincia, allí donde las cámaras tardan más en llegar. Escuelas ranchos, maestros mal pagos, corrupción en el sistema de designación de docentes y otros males, mantienen al sistema educativo en lo que el Frente de Unidad de los Trabajadores de la Educación (FUTE, conformado por gremios docentes combativos de la provincia) clasifica como “en terapia intensiva”. Leandro Sánchez, maestro de frontera y militante del FUTE, sentencia: “al sistema educativo misionero le falta ser democratizado. Porque no es un sistema democrático, sino que es autoritario y genera inequidad, los recursos se dilapidan y los chicos terminan sufriendo para estudiar, cuando deberían contar con todo lo necesario. No debería haber más escuelas rancho y sin embargo las hay en toda la provincia”. En palabras de la maestra Paniagua: “me brinda felicidad saber que después de tantos años reclamando, los niños van a venir a la escuela secos, que cuando llueva van a poder venir igual, que van a poder tener una educación mejor. Pero soy consciente de que falta mucho, que en cada rincón de la provincia todavía hay muchos niños que si bien no tienen que nadar, deben caminar kilómetros para llegar a escuelas de madera, sin agua, que se caen a pedazos. Todavía nos falta construir muchos puentes para nuestros niños”. Edición:3280

Los pibes y la calle
Publicado: Martes, 29 Noviembre 2016 12:04
Los pibes y la calle

Por Carlos del Frade (APe).- -No es fácil que la calle te acepte – dice uno de los muchachos que desde hace años viene trabajando como acompañante personalizado en la ciudad de Rosario. Durante seis horas, de lunes a viernes, tiene que estar con pibas o pibes deambulando por las calles de la ex geografía obrera para que no mueran consecuencia de los negocios mafiosos que necesitan tragarse la vida de los estragados. Chicas y chicos en situación de calle, institucionalizados, sujetos de derechos pero protagonistas de saqueos cotidianos. Dignidades demolidas por varios motivos. Muchos de ellos surgen de estos diálogos entre trabajadores comprometidos y algunos, poquitos, funcionarios sensibles. Dicen los acompañantes personalizados que a estos chicos los pasean por los llamados “dispositivos” pero tanto los pibes como los empleados precarizados de la dirección provincial de niñas, niños y adolescentes, están cansados del circuito y tampoco hay dinero para la movilidad. El problema se hace mayor cuando cae la noche y el estado, entonces, decide alquilar hoteles privados, en algunos de los cuales se ejerce la prostitución y las sustancias supuestamente prohibidas se venden con absoluta libertad. Y esas chicas, esos chicos que están acompañados necesitan un proyecto de vida que vaya por otro lado. No solamente no hay presupuesto adecuado sino tampoco organización interna para atender las necesidades de casi ciento cincuenta chicas y chicos que vagan todos los días junto a los acompañantes personalizados. Los salarios de los acompañantes, comprometidos con la suerte de esas chicas, de esos chicos, varían de 900 a 7 mil pesos, oscilaciones que marcan el peso de la precarización laboral desde el mismo gobierno que alienta, desde los discursos, la integración y protección integral de las niñas, los niños y adolescentes. El otro problema serio es la relación con los nichos brutales y corruptos de La Santafesina SA porque ellos también reconocen a las pibas y los pibes y los provocan: “Una puñalada al lado del río y se terminó. Se arregla fácil todo esto”, suelen decir los uniformados, los custodios de la seguridad del pueblo de la provincia. Nadie sabe bien quiénes evalúan al personal, ya sea policías o acompañantes, qué criterios para qué perfiles. Son niñas, niños y adolescentes, materia sensible si las hay. Pero no parece importar demasiado. Una funcionaria sensible que escucha las confesiones de los acompañantes retruca el nivel de perversión naturalizada: “Una chica llegó a vender su hijo por una rueda de motos”, dice. Las miradas cambian, la razón se conmueve con el relato y por un instante hay más rebeldía y bronca que resignación. Hay un psicólogo para intentar contener a los 197 acompañantes personalizados que lidian contra esta ferocidad también conformada por la desidia y la indiferencia de estos nichos insensibles del estado. -La calle te tiene que admitir – repite el acompañante. No cualquiera puede ser acompañante, no cualquier acompaña a estos pibes que parecen estar condenados de antemano. Y cuando las chicas y los chicos institucionalizados pueden volver a sus familias suelen encontrarse con las bandas que, alguna vez, los amenazaron de muerte. Es indispensable un lugar protegido por algún buen nicho del estado y los gobiernos. Mientras las funcionarias y los directores van sucediéndose en los pliegues de la Dirección Provincial de Niñas, Niños y Adolescentes; mientras las carpas, los paros y los documentos de los trabajadores denuncian los límites que impone el presupuesto; las chicas y los chicos a los que hace rato les robaron la infancia y adolescencia pelean por un presente con dignidad, un punto en la geografía existencial donde también haya, aunque sea, un cachito de felicidad para ellos. Fuente: Entrevistas realizadas por el autor de esta nota. Edición: 3279    

Messi conducción
Publicado: Viernes, 25 Noviembre 2016 13:05
Messi conducción

Por Alfredo Grande   (APe).- La democracia no vinculante consiste en que muy pocos afortunados, bendecidos por diversas formas de la fortuna, deciden sobre los ingresos de los cientos de miles de desafortunados. Con ingresos de cinco ceros y varios ceos, discuten como si supieras sobre el bono de fin de año. O sea: el abono para que la miseria se note menos, porque ya es imposible que no se note. Lo que no se nota es la riqueza, que escondida en los pliegues delictivos de las diferentes rutas del dinero, los off shore, los on shore, la obra pública y el afano privado, reina y ahora también gobierna. Alguna vez con el “Morla”(*) soñamos construir el FRENACRI: frente nacional contra la riqueza. Porque la más digna opción por los pobres debe ser efecto de una decidida no opción por los ricos. La pornografía ha dejado de ser sexual, a partir de que la internet la ha vulgarizado. Lo que más se baja de la web es porno, por lo tanto ha perdido ese aroma de clandestinidad que tanto enciende a las mentes y cuerpos frágiles. Pero como todo no está perdido, entonces vienen por más, por todo, porque después de la nada, Marte, el planeta rojo, nos espera. Aclaro por las dudas algún nostalgioso se entusiasme, que es rojo no por comunista, sino apenas por el color de su suelo. Pero uno nunca sabe. Un soviet de astronautas puede ser un horizonte para próximas luchas. El planeta Tierra será el patio trasero de la galaxia, y no volverán las obscuras golondrinas, ni cientos de miles de especies que desaparecen diariamente. Apocalipsis Now con varios imitadores del sargento Kurtz. La pornografía es económica financiera, y el sol nunca se pone en los casinos del mundo. La publicidad, la prostituta mejor paga en la historia de la humanidad, intenta hacer potable, o al menos, apta para el consumo humano, toda la basura reciclada. Incluyendo funcionarios. Especialmente funcionarios. La publicidad siempre está en cadena nacional, aunque no popular. Es la activa militante por el desclasamiento de los humildes. De los pobres. De los excluidos. Que solo aspiran a ser clase media, al menos por tener un iphone en sus manos. La clase media, entonces, es un viaje de ida. La anestesia total de lo que alguna vez se llamó “conciencia de clase en sí y para sí”, ha sido suplantado por apoyar la ñata contra el vidrio, creyendo que estamos adentro del bar. Nos distraen con “¿a quién querés más? ¿a Hilary o a Trump? Y la gran democracia del Norte, que asesinó 4 presidentes, tiene su gran circo en las elecciones que siempre consagran al menos malo, al menos bueno, pero nunca al más bueno. No lo encuentran porque es difícil que de la pestilencia imperial, pueda surgir la pureza y la dignidad. Hoy la discusión del “para todos” se reduce al fútbol. La pasión de multitudes convertidas por la alquimia financiera en una industria de industrias. Desde los narcos que lavan dinero comprando y vendiendo a los esclavos de los clubes para mutarlos en aristócratas del balompié, hasta los trapitos y barras bravas que son el rostro feo, sucio y malo del negocio. La escala industrial modifica todo. No se produce porque se consume sino que se consume porque se produce. Y entonces la producción necesita el pacto perverso con la publicidad, que será la pedagoga del mercado. Lo inútil, perjudicial, nocivo, caro, absurdo, tendrá que ser maquillado para que parezca absolutamente necesario. Hoy entrar en el transporte público es parecido que a una sala de terapia intensiva. Casi todos conectados con cables que los conectan con vidas lejanas. A las cercanas, ni una mirada. Aunque ocupen asientos para ancianos, embarazadas, discapacitados, entran en coma fonoaudiológico y hasta parece que durmieran. Y seguirán durmiendo despiertos, incapaces de salir de la pesadilla en que se ha convertido su vida. Por eso hay que cuidar, acompañar, estimular, los pocos que todavía sienten orgullo por luchar. La marcha del orgullo gay es un analizador relevante. Orgullo que se opone a la vergüenza, como bien nos aclaró Cesar Cigliutti, Presidente de la Comunidad Homosexual Argentina. Orgullo por luchar para salir de la pesadilla de la discriminación, la persecución, la ignominia, el desprecio. Orgullo por ser educadores populares, como nos enseña la Fundación Pelota de Trapo. Orgullo por intentar prácticas comunitarias en salud, como el 6º encuentro que se realizará en Villa Carlos Paz sigue demostrando. Orgullo por la marcha de las mujeres que luchan. Pero marchar siempre es marchar en diversidad. La uniformidad no es una marcha, es un desfile. Las marchas son diversidades que combaten, no uniformidades que se quejan. Los sub comandantes saben que el único comandante es el pueblo. Pero no cualquier pueblo. El pueblo que a veces se equivoca, pero que no dejará de luchar para hacer de la derrota victoria. Para los que se amortiguan con la anestesia de la publicidad, les queda el premio de los cómodos, de los cínicos, de los cobardes. Les regalo su slogan triunfador: Messi conducción. (*) Alberto Morlachetti, fundador y soñador de Pelota de Trapo Edición: 3277

Familias argentinas
Publicado: Jueves, 24 Noviembre 2016 14:20
Familias argentinas

Por MIguel Angel Semán (APe).- Nuestro Código Civil no preveía la figura de la adopción. Para Vélez Sarsfield la idea de implantar un extraño ahí donde la naturaleza no lo había hecho era poco menos que aberrante. Esta concepción moral y sanitaria de la familia argentina salvó de ser adoptados a muchos pibes pobres del siglo XIX, pero no los libró de la caridad de las Damas de Beneficencia ni del Patronato de Menores. Como tampoco alcanzó para arrebatar de la esclavitud doméstica a los “indiecitos y chinitas” que el general Roca, después de exterminar a sus padres, repartió entre las familias porteñas. Recién 80 años más tarde, en 1948, con Evita en llamas y Perón en el gobierno, se sanciona la primera ley de adopción del país. El detonante fueron los huérfanos del terremoto de San Juan, pero los lineamientos no se apartaron de las políticas tutelares clásicas. La diferencia la marcó el nuevo estatuto de la niñez en la Argentina, con el apotegma hecho realidad de que los únicos privilegiados eran los niños, los pobres de entonces empezaron a andar un poco más seguros y felices. Pese a ello hay que señalar también ese momento como el punto de partida de una de las más persistentes ficciones nacionales. El mito de un derecho que nunca existió, pero que la conciencia social y la política culposa se han empeñado en proclamar y proteger a rajatabla: el derecho a la adopción, entendido como la aspiración de los adultos por hacerse de un niño. Toda la legislación, nacional y provincial sobre la materia, como muchos de los proyectos en estudio, guarda coherencia con este principio que no es más que el descendiente actualizado de aquel viejo terror del siglo XIX. Ya no se trata de no meter a un extraño en la familia sino de que una familia extraña no se meta en nuestra casa. A eso tienden los resguardos procesales, la pregonada celeridad, la economía del trámite, la abreviación de los plazos por un lado, y el desmantelamiento de las políticas integrales de protección a las familias pobres por el otro. Hoy, como ayer y casi siempre, la pobreza se erige en la más poderosa presunción de incapacidad, tanto para criar como para amar a un hijo. Sobre semejante premisa, condimentada con la peligrosidad y apuntalada en prejuicios jurídicos, notificaciones fictas y plazos que corren como ráfagas, el juicio de adopción sigue de largo y deja atrás a una madre y un hijo que nunca más volverán a ser los mismos. Para llegar a ese punto, que hoy algunos llaman situación de “adoptabilidad” la miseria tuvo que haber erosionado resistencias que a nadie le importan. Generaciones de excluidos son sentenciadas al peor desarraigo si no obedecen a las citaciones judiciales, si no constituyen domicilio donde se les ordena, si no ejercen un derecho de defensa que el hambre les arrebató y la ley les muestra y esconde para volverlo en su contra. Como ejemplo, basta la ley 14.528 de la provincia de Buenos Aires que considera sujetos del proceso en el juicio de adopción a los pretensos adoptantes, al pretenso adoptado, al Ministerio Público y a la autoridad administrativa que haya declarado la situación de “adoptabilidad”. La familia de origen, considerada como un vínculo puramente genético o biológico, su historia y sus afectos arrasados quedan muy lejos de los códigos. La adopción concebida como política pública y general y no como una figura de excepción para situaciones verdaderamente terminales, lleva a una aberración mucho más temible que la que imaginó el legislador de hace ciento cincuenta años. El traspaso de infancias marginales hacia las clases medias y altas de la sociedad. Un movimiento que aunque tienda a satisfacer las necesidades de los adoptantes, la conciencia social culposa considera un acto casi heroico. Altruista. La batalla por los niños perdidos de la tierra. Por desgracia, o suerte para ellos, la cantera parece inagotable. Madre a madre y niño por niño, el mundo no se cansa de fabricar miseria. En cada vientre pobre que se tensa late una amenaza. A los 45 días de parir, según la ley de Buenos Aires, y según otras, apenas sepa que un niño triste la mira desde el fondo, la mujer podrá ir a golpear la puerta de alguna autoridad y decirle: Señores, acá vengo a dejarles esta alma y la mía. Les firmará al pie y se volverá sobre sus pasos que ya nunca volverán a ser los mismos. Edición: 3275  

Ojos que interpelan
Publicado: Martes, 22 Noviembre 2016 15:58
Ojos que interpelan

Por Silvana Melo (APe).- El flequillo  rubión  casi le toca  los ojos. Que  son  grandes y negros. La chomba celeste con cuello blanco que Gladys le puso esa tarde y el fondo venenoso de los tomatales están en las pancartas de  este día. Los ojos  grandes y oscuros de Nicolás  Arévalo miran esta mañana a la Justicia. La miran y la interpelan. Su imagen, eternamente congelada en sus cuatro años, es también un informe forense. Es una autopsia que dice que el endosulfán le corroyó el hígado y los pulmones. Que le  tocó ser el sacrificio infantil que exige el modelo,  minotauro que espera las ofrendas con las fauces abiertas y babeantes. Nico estaba condenado a un anonimato inexorable. Campesino, en medio de la soledad rural de Lavalle, vecino inmediato de las tomateras, crecería a los tumbos esquivando  el veneno y sería, acaso, peón del  productor o del  fumigador. Son  escasas las  alternativas  de la vida en esas coordenadas remotas de Corrientes. Pero haber pisado con sus  pies descalzos un charco de desagote de tóxicos en el Paraná le derogó cualquier posibilidad de futuro. Su prima, Celeste  Estévez, respiró el veneno pero no le penetró por la piel. Por eso está viva hoy. Con todas sus secuelas. Pero a Nicolás, una oleada rabiosa del capitalismo más artero lo transformó en la primera muerte  de los agrotóxicos, en abril de 2011. Al segundo suplicio de los tomatales lo sufriría  José Rivero, un año después. También tenía cuatro años. Desde hoy el tribunal ventilará públicamente que la aplicación de venenos para matar bichos  y malezas se lleva, como daño colateral, la vida de los niños. Y a los que perdona les lega un futuro acotado, de pulmones insuficientes, de sangre a la que le cuesta circular, de piernas  frías como Celeste. Nicolás y Celeste vivían sitiados por  el Paraná y los tomatales. La casita rural, puesta sobre el campo con pocas vecindades, un  buen día vio  crecer los sembradíos  alrededor. Y un día peor los  tomatales rodearon la casita, se metieron  en  el patio y las derivas de las fumigaciones entraban en casa sin pedir permiso, bañaban las cabezas de los niños e intoxicaban el  barro con el que se construyen castillos con puentes levadizos donde ningún  guerrero logra entrar. Pero la muerte sí. Nicolás y Celeste jugaban en el patio tomado, que no tenía  frontera. Y él se metió en el barro del  charco de desagote. Porque hay pocas cosas más maravillosas que meter los pies desnudos en el barro a los cuatro años. O a los seis de Celeste. Pero ella miró desde afuera. Ambos  aspiraron el veneno. Nicolás  lo incorporó a través de la piel. Como José Rivero, que un año después vio  morir a los perros y a los cerdos mientras amasaba la tierra húmeda en el patio. Pocos días después, los pájaros mareados lo vieron morir a él, en mayo  de 2012. El endosulfán fue prohibido  después de la muerte de Nicolás. Siempre se espera un martirio para mellar las armas del asesino. Julián Segovia es  el abogado de la familia. Pertenece a Infancia Robada, la organización de Martha Peloni. Recuerda para APe que "Celeste estuvo en lista de espera para un transplante hepático”. Pero pudo llegar al Garrahan donde le practicaron una hemofiltración. Y le salvaron la vida. “Tiene secuelas como  dolores, mala circulación  y enfriamiento de las piernas.” Por eso la justicia que se pide es por la muerte de Nicolás y por las lesiones sufridas por Celeste. Que son  permanentes. El endosulfán, si se inhala, se traga o se absorbe  a través de la piel, afecta directamente el sistema nervioso central. Nada les ha sido sencillo a los padres de Nicolás. Tuvieron que “recorrer 2 kilómetros hasta la salita de primeros auxilios, 10 kilómetros hasta Santa Lucía y, luego 17 kilómetros hasta Goya, más los 300 hasta la capital correntina, para buscar en 5 centros de salud un diagnóstico” (Mu, noviembre  de 2012) que sólo sinceró la  autopsia. Perdieron tiempo con evaluaciones falsas y hasta acusaciones de descuido.  Cinco años después la Justicia abre apenas su casa para que entre Nicolás, flequillo rubión que casi le tapa los ojos y chomba celeste de cuello blanco, congelado en su pancarta de cuatro años. Nicolás, en una interpelación sistémica brutal, desafía a la justicia, pequeño  y tan frágil. El acusado es Ricardo Nicolás Prieto, horticultor. Un nombre. Que se diluye y se vuelve multitud en los  expedientes de Monte Maíz, Bovril, San Salvador; de las zonas sojeras de Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos.  En los niños con malformaciones, con  cáncer, con  piel  de cristal, con pulmones  de  catarro eterno. Un nombre que si hay condena será una pequeña victoria. Pero excarcelable. El primer juicio  por la aplicación de agrotóxicos condenó al agricultor Francisco Parra y al aeroaplicador Edgardo Pancello, por las fumigaciones ilegales en el barrio Ituzaingó anexo, Córdoba. La condena estuvo fundada en la Ley Nacional de Residuos Peligrosos N° 24.051. La muerte  de una  chiquita vecina de una fábrica de bioetanol en Córdoba también está encuadrada en la misma norma legal. Mucho más dura, dicen los especialistas, que el propio Código Penal. Prieto, su nombre y su desdén por la vida al regar con químicos tóxicos el aire, la infancia, los pájaros, la  tierra y el río,  puede convertirse en la primera condena por homicidio con el arma de los venenos  sistémicos. Pero la responsabilidad  de los  desmontes  para el monocultivo,  de la transgénesis como  política, de las  fumigaciones  indiscriminadas, de  las malformaciones, del cáncer, de la piel de cristal, de los pulmones con  catarro eterno, de  las muertes de Nicolás y José y de tantos otros niños cuya intoxicación nadie avaló, de  los  emblemas vivientes como Fabián Tomasi, de la languidez  de  los bosques  y del suelo, de los  pájaros y la tierra, es mucho  más amplia,  más  arriba, más estructural.  Los Prietos y los Parra pagarán con un  disgusto menor tanta muerte y tanto dolor. Pero los que mueven  la maquinaria sistémica están de pie. Fuertes  y entonados. Sin  embargo Abigail, Leila, Joan, Nicolás, José, Celeste, los hermanitos Portillo, Olivia y decenas más no nacieron alrededor  del  veneno  por  nada. Estuvieron allí, sufrieron, sufren, murieron, están, para poner nombre y cara y pancarta y desafío a quienes se sientan siempre a la diestra de los poderosos. Para dejarles en claro que son multitud. Ternura. Bandera. Emblema de  algo que vendrá y será distinto. Y será. Edición: 3274  

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Planes por balas

Esteban Bullrich dijo que a los pibes pobres "le podes dar un plan social, pero esa plata la va a usar para comprar balas". 


Fuego y muerte

En un mes tres chiquitos murieron en Salta en el incendio de sus casillas. Y tres familias se quedaron sin nada luego de prenderse fuego sus casillas en un asentamiento.


Urtubey

Juan Manuel Urtubey utilizó a un joven con síndrome de down para probar el sistema del voto electrónico que fogonea tratando de demostrar la falta de dificultades del mecanismo.


Lanata

Bajo el título de "Argentina, país generoso", Jorge Lanata destiló xenofobia en su programa televisivo.


Lucía

Una chica de 16 años fue abusada y asesinada en Mar del Plata. Destrozaron una pieza del rompecabezas de la condición humana.


Pobreza

El Indec dio a conocer una estadística que reconoce más de un 32 % de pobres en el país.


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Alberto en la voz de Jorge Fernández Díaz

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Hechos en imágenes

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