¿Quién mata?
Publicado: Viernes, 21 Julio 2017 13:11
¿Quién mata?

Por Silvana Melo (APe).- ¿Quién mata a un hombre que dejó de respirar bajo la helada, mojado y embarrado, mientras dormía en una calle de Santa Fe? ¿Es el mismo policía que dispara en la nuca, de atrás, en defensa propia, a un adolescente de 14 años que no estaba armado, en una calle de San Martín? ¿Quién mata al hombre de 60 años que a pesar del alcohol no soportó los 18 grados a la intemperie patagónica de Las Ovejas? ¿Quién mata al hombre que apareció muerto entre bolsones de arena, en la madrugada más fría de Mar del Plata? ¿Y al que amaneció sin vida en una casilla en Rafaela, cuando la escarcha caía como cuchillos? ¿Y al que murió igual pero en Junín de los Andes? ¿Es el mismo policía que le disparó al Paraguita, de 14, cuando volvía a la villa sin volver de robos ni sangres y ahora no volverá a volver nunca? ¿Quién condena a muerte a la mujer que huyó del parador cerca del mar y se fue otra vez a su esquina, para que el funcionario marplatense dijera que es como un perrito, que vuelve donde está cómoda? ¿Es el mismo que exhibe en la vidriera del escarnio a un chico de once que consume desde los cinco, vive al borde del abismo, fabula que mató y tal vez lo hizo y sólo se encuentra con las instituciones cuando lo ofrecen como expiación a las fieras de la vigilancia y el castigo? ¿Quién mata al que se devora el fuego que encendió para no morirse de frío en La Plata? ¿El mismo que puso monóxido de carbono en los pulmones de un papá y su hija de 10 en San Martín de los Andes, ellos que sólo querían dormir con tibieza? ¿Es el mismo bombero que mató con gatillo ligerísimo a un muchacho de 25 en Barracas después de perseguirlo seis cuadras? ¿Quién cuenta la gente que vive en la calle en la bella y rica Buenos Aires? ¿Son los mismos que no saben contar a los pobres? ¿Los mismos a los que les sobran millones aquí y allá? ¿Son los mismos que cuentan 1.000 y en realidad son casi 4.500? ¿Quién le enseñó a contar a esta gente? ¿El mismo que controla los paradores? ¿El mismo que dispone un teléfono que nadie atiende? ¿El mismo que pretende que la gente que vive en la calle haga tres horas de cola para tener un lugar eventual para dormir esa noche y al otro día a las ocho afuera? ¿El mismo que determina con frialdad burocrática que cuando se termina la última cama el que hizo tres horas de cola y quedó al borde tiene que volver a la calle? ¿Es el mismo que decreta que la gente duerma en lugares con olores de náusea, llenos de cucarachas y ratas, fríos y tantas veces sin agua, total si no les gusta, que vuelvan a su portal o su esquina? ¿El mismo que después dice oficialmente que los indigentes no quieren dormir en los paradores y que son como perritos que vuelven a su árbol? ¿Quién mata? ¿Quién cuenta? ¿Quién decreta y determina? ¿Sabe el que mata y cuenta y determina lo que es amanecer debajo de una autopista? ¿Imagina una mañana común, un lavado de cara, de dientes y un café caliente en la mesa? ¿Se piensa en ese lugar de la calle? ¿Puede sentir una noche de fiebre, una tardecita con gastroenteritis, un mediodía con dolor de muelas? ¿Sabe cómo es mirarse al espejo, seducir, tener intimidad detrás de un cartón en plaza Congreso? ¿Cómo es el broncoespasmo y la bronquiolitis sin cuna ni manta? ¿Alguien imagina cómo es dormir cuando acechan todos los monstruos de la tierra? ¿Cómo es estar en paz si van a venir los que se llevan la frazada o los que expulsan a golpes o los que llegan con los patrulleros a desarmar la casilla? ¿Cómo es soñar con tener un cuarto a los diez o doce o catorce, cuando cualquier niño necesita mirarse para dentro pero la condena es el afuera feroz? ¿Cómo es volver de la escuela si no hay guardapolvos ni escuela ni merienda ni casa? ¿Sabe el que mata y cuenta y determina y también desaloja que los desterrados irán bajo los puentes y que tendrán que echarlos de todos los debajos de todos los puentes porque ellos son los zombies de su sistema? ¿Sabe que los irá corriendo pero le aparecerán multiplicados en todos los rincones de su bella ciudad de jactancia europea y dobladillos de la américa oscura? Debería saberlo el que mata, cuenta, determina, desaloja y condena. Debería saberlo. Edición: 3401    

Misiones envenenada
Publicado: Martes, 18 Julio 2017 13:29
Misiones envenenada

Por Sergio Alvez (Ape).- El médico Hugo Gómez Demaio apuntó muy tempranamente a las consecuencias de los agrotóxicos en el crecimiento de los niños: investigaba el tema desde 1987, alarmado por la gran cantidad de nacimientos en Misiones de niños con mielomeningoceles, una falla en el cierre del tubo neural que el médico explicaba de esta forma: “Es una enfermedad que produce parálisis de miembros inferiores, incontinencia urinaria y anal, entre otras complicaciones que requieren rehabilitación y un promedio de entre ocho, 10 o hasta 20 operaciones”. Su investigación permitió comprobar que en la zona estudiada nlos recién nacidos eran hijos de familias dedicadas al cultivo del tabaco, donde se utiliza gran cantidad de agrotóxicos. “Constatamos que todos tenían en su cuerpo hidrocarburos policíclicos aromáticos, a los que eran susceptibles” aseguraba Demaio. “Eso fue la punta del iceberg; que empezamos a estudiar la genotoxicidad, que es la modificación del genoma humano. Fue cuando empezamos a ver que además de mielomeningoceles, se presentaba la genotoxicidad, que es la intoxicación crónica por el uso de estos agrotóxicos” manifestó el médico en una entrevista. En uno de sus textos, Demaio reforzaba la idea: “Un día se nos ocurrió poner en un mapa de la Provincia de Misiones un alfiler señalando en qué lugares habían sido gestados los niños que tenían malformaciones del cierre del tubo neural. Les explico: el tubo neural que es la columna vertebral que rodea a la médula espinal, se cierra antes del día 28 de la gestación. Cuando la madre no sabe todavía que está embarazada, el cierre del tubo neural ya se tiene que haber completado. Por lo tanto, era muy importante saber en qué lugar fue gestado el niño y no en qué lugar nació. ¿Por qué?, porque a los nueve meses de gestado, ya tiene el cierre del tubo neural imcompleto, lo que se llama espina bífida, mielomeningocele, meningoceles, espina bífida oculta, y todo lo demás”. “¿Qué vimos?. Lo primero que vimos es que todos los pacientes habían sido gestados en zonas de uso masivo de agroquímicos: plaguicidas y fertilizantes. Si no hablamos de agrotóxicos directamente que son sólo los plaguicidas. ¿Se entiende esta diferencia?”. Soledades Demaio fue un profesional sumamente crítico de un Estado ausente en materia de apoyo al tipo de investigaciones en las que osaba “meterse” con el uso de agrotóxicos. “Nosotros no tenemos apoyo de nadie, el último apoyo que tuvimos fue en el año 2000, que eran 5000 pesos para un año de investigación, cuando las enzimas que nosotros utilizamos cuestan 300 dólares el paquete y usamos más o menos 10, 50 paquetes por año, se dan cuenta que con eso no es posible investigar en Misiones. “Esto es responsabilidad de varios, esto es responsabilidad del Ministerio de Salud Pública que no invierte en investigación sobre lo que le va a pasar a la población, esto es responsabilidad del Ministerio de Salud de la Nación, del Ministerio de Ecología de la Provincia que tiene la Ley de Agrotóxicos bajo su dominio y que no hace absolutamente nada para que se cumpla esa ley, que es bastante buena y el Ministerio de Agricultura que parece que no se da cuenta de lo que está pasando en Misiones”. Tabacales En Misiones, a 250 kilómetros de Posadas, existe un polo tabacalero que a partir de la obra de Demaio se convirtió en una suerte de espacio paradigmático para la observación periodística y académica de los casos de malformaciones, abortos espontáneos y múltiples enfermedades que afectan a la infancia que vive en contacto con las la actividad tabacalera. Se trata de los paradisíacos rincones que componen Colonia Aurora; más de 50 mil hectáreas distribuidas en 27 parajes junto al río Uruguay. Aquí, entre los cerros verdes y el ambiente colonial, la mayoría de las familias subsisten de plantar tabaco. Dentro de esta cuenca rural habitada por unos 10 mil descendientes de inmigrantes europeos, brasileños y criollos, están enclavadas las colonias Alicia Baja y Alta. En casa del joven colono Roberto “Cheto” Bless, un niño llamado Carlos enseña la palma abierta de su mano. Los deditos extendidos señalan su edad: cinco años. “Tiene el quiste debajo de la mandíbula desde que nació. Es por los agroquímicos nos dicen los médicos. Carlitos y su hermana Cristina estuvieron en las plantaciones de tabaco desde chiquitos” aporta en portuñol “Cheto”, el padre de los niños, de 32 años. Este hombre de rasgos germánicos, está casado con Carmen, una morena nacida en Eldorado. Los chicos se parecen más a ella. “En el tabaco tenemos que trabajar todos. Yo trabajé estando embarazada, cerca todo el tiempo de los agroquímicos. Por eso una de mis hijas tiene ataques epilépticos y otro tiene un quiste en el cuello” reconoce Carmen. La realidad es que ambos niños estuvieron expuestos a los agroquímicos desde el primer día de gestación en el vientre materno. Carmen, la mamá de Carlitos y Cristina, relata que mientras estaba embarazada e incluso antes de enterarse, ella misma se encargaba de aplicar el Round Up en las dos hectáreas de tabaco de su marido. “Me hacía mal pasar la mochila. Me daba náuseas, vómitos, a veces no podía. Pero nunca pensé que iba a enfermar a mis hijos. A Cristina recién le empezaron las convulsiones y la epilepsia a los cuatro años, cuando estaba embarazada de Carlitos y ya había estado en contacto con venenos”: A los pocos meses del primer ataque epiléptico de Cristina, los médicos le aseguraron a Carmen que la enfermedad de Cristina y la protuberancia del recién nacido Carlitos en el cuello tenían relación con su tarea con el tabaco. “Ahora ya no voy más a la plantación. Me quedo con ellos. Pero toda la vida fue así, yo me crié trabajando con el tabaco. Toda la familia trabaja; no hay para pagar y que otro haga el trabajo” dice Carmen. A su esposo Roberto, le espera otra aventura peligrosa: se dedicará desde el año que viene a la plantación de soja, una actividad que comienza a crecer en la zona. Se habla de que ya hay dos mil hectáreas plantadas en las diferentes colonias. “Sé que también voy a tener usar Round Up y otros tóxicos. Pero parece que es mejor y se puede ganar más. Yo ya tengo problemas para respirar y en los ojos. Pero de algo hay que vivir” se despide “Cheto”. Malformaciones Los casos se multiplican de a decenas. No hay poblador que no conozca familias tabacaleras que dieron a luz niños deformes o con enfermedades. En ciertos casos afloran patologías similares, como por ejemplo en los casos de una pequeña del paraje Alta Unión y un niño de la comunidad mbya Tekoa Arandú. Ambos chicos, nacieron con una malformación que les proporcionó a sus rostros un tercer “pseudo oído”. Quien pudo constatar ambos casos, entre otros tantos, es la médica Adriana Lens. Esta profesional se desempeña en los centros de primeros auxilios del paraje El Progreso y de Colonia Aurora. En una recorrida junto a un equipo de agentes sanitarios y en campaña de vacunación contra la fiebre amarilla, desandando los parajes El Anta, El Pacífico, Alta Unión, Colonia Aparecida, El Progreso, Alicia y otros puntos del municipio aurorense, la doctora observó que “se encuentran muchos casos de malformaciones de nacimiento, y todos en familias que se dedican a la plantación de tabaco y están expuestos a los agroquímicos” señaló la doctora Lens. “Además del caso de estos chicos con pseudo oído, encontramos muchos niños a los que les faltan dedos de las manos o los pies y otras deformaciones. En adultos también hay enfermedades que se repiten, y mucha hipertensión”. Ubicado a mitad de camino de varios pueblos, el Caps del paraje El Progreso recepciona pacientes de varias colonias, que en algunos casos caminan varios kilómetros entre el monte para poder ser atendidos. “En época de las fumigaciones con Round Up, cuando preparan el suelo, recibimos cerca de diez casos por día de intoxicados, que llegan con naúseas, con dolor de cabeza y la vista borrosa después de una jornada contacto con el agroquímico” afirma una trabajadora del lugar. Producciones El libro “Tabaco y agrotóxicos. Un estudio sobre productores de Misiones” es el resultado de un proyecto de investigación multidisciplinario que bajo la dirección de Denis Baranger fue realizado por diversos equipos de trabajo de la Universidad Nacional de Misiones, con la colaboración de investigadores de la Estación Experimental del INTA en Cerro Azul . Este estudio, cuya realización se extendió por un plazo de casi tres años, se sitúa en la prolongación de toda una tarea de investigación previa a través de varias investigaciones y acciones llevadas adelante por un equipo conformado por el bioquímico Carlos González y el antropólogo social Francisco Rodríguez. Aquí se explica que “en su gran mayoría, los tabacaleros de Misiones son colonos , productores familiares, propietarios u ocupantes de pequeñas extensiones de tierra. La superficie promedio de las explotaciones tabacaleras censadas era, en el 2001, de 17,3 hectáreas (Resumen General Censo Tabacalero Campaña 2001- 2002). El cultivo de tabaco demanda el empleo de gran parte de la fuerza de trabajo disponible en el grupo familiar, participando, por lo general, la mujer y los hijos del productor inscripto en la compañía, en el desarrollo de varias de las actividades de este cultivo. Al igual que en otras zonas del planeta, el cultivo del tabaco en Misiones se desarrolla actualmente bajo la tutela de grandes compañías , y exige un uso intensivo de agroquímicos”. Generalmente, quien figura como productor inscripto en la compañía tabacalera es el padre de familia; sin embargo, la producción del tabaco exige recurrir a gran parte de la fuerza de trabajo disponible en el seno del grupo familiar, por lo que tanto la mujer, como los hijos de distintas edades, participan en las diversas actividades vinculadas al cultivo (elaboración y cuidado de los almácigos, preparación y cuidado del rozado, transplante de plantines y colocación de abono, eliminación de malezas, aplicación de plaguicidas, cosecha, colgado, clasificación y elaboración de fardos, etc.). “Casi todas las fases del cultivo necesitan de la aplicación de agroquímicos, lo cual se repite año tras año. En los meses de mayo/junio/julio —aproximadamente— comienza la preparación de los almácigos o canteros , donde se aplican insecticidas y fungicidas. Paralelamente se limpia y prepara el rozado. A fines de agosto, comienzos o mediados de septiembre (e incluso en octubre), tiene lugar el transplante de los plantines a campo, volviéndose a aplicar periódicamente abono, fertilizantes, insecticidas, nematicidas y acaricidas. En noviembre se aplica el inhibidor de brotes —matabroto—, cuyo fin es evitar la floración y la proliferación de brotes que “debiliten” la planta. En el mes de diciembre, generalmente, se realiza la cosecha y el tabaco es trasladado a galpones especialmente construidos en madera para su secado y posterior clasificación. Finalmente, entre los meses de marzo y mayo, se realiza la entrega de la producción en los depósitos de la empresa. Los encargados de aplicar los agroquímicos son en general los hombres y/o sus hijos varones mayores. Tal aplicación suele hacerse sin los medios de protección pertinentes, y en ocasiones, en horarios y situaciones climáticas no convenientes” sostiene el libro. En algunos pocos casos, la afección en los hijos, lleva a las familias tabacaleras a decisiones drásticas pero salvadoras. Juan Carlos Soroka (57) y su esposa Anita Nake (38) aseguran que “los dos trabajamos en la producción de tabaco desde niños”. En 2001, en San Vicente, donde llevan décadas afincados, nació Thalía, segunda hija del matrimonio. “Nació con malformación. Tenía una trasposición de los grande vasos, por lo que fue intervenida. Después tuvo un problema neurológico, porque le faltó oxigeno cuando le operaron, fue una operación compleja, de 8 horas, y posteriormente vinieron muchas complicaciones más. Tahlía no caminó hasta los 8 años y gracias a Dios, pudimos darle rehabilitación a cargo de profesionales, y pudo caminar” cuenta Anita, quien reconoce que “estuve trabajando con tabaco, plantando unas mudas, en contacto con agroquímicos, durante todo el embarazo e incluso el día anterior al parto”. Desde hace unos años, la familia decidió abandonar el cultivo de tabaco, librarse de los agrotóxicos y cambiar de vida. Dejaron la chacra y se instalaron en un terreno más cerca del pueblo. Allí empezaron a trabajar en una huerta orgánica y diversa, donde la utilización de agroquímico y fertilizantes pasó a la historia. “Nos dedicamos a producir verduras, con abono orgánico, todo natural, y por suerte pudimos conquistar un mercado, tenemos clientes y podemos vivir tranquilos, pero mucho más tranquilos y más sanos, y sin riesgos, ganamos en calidad de vida” cuentan. Edición: 3398  

Mocovíes
Publicado: Lunes, 17 Julio 2017 13:52
Mocovíes

Por Carlos Del Frade (APe).- -Ese es un indio de porquería, un negro más– escuchaba Ester. Lo decían por su hermano, Antonio, integrante del pueblo mocoví de la localidad de Recreo a muy pocos kilómetros de la ciudad capital del segundo estado de la Argentina, Santa Fe. Una y otra vez escuchaba esa feroz marca de racismo. Entonces el hombre que iba a decidir si le daba unos pocos pesos, le preguntó a ella: -¿Vos no tenés nada que ver con ese indio Antonio?. -No. Solamente tenemos el mismo apellido y nada más, señor… Muchos años después, Ester cuenta que sintió mucha bronca por tantos años de discriminación y necesidades. Que por eso ahora, junto a Antonio, pelean por los derechos de la comunidad Com Caiá. Pero reconoce aquel momento de negación de su propio hermano como una forma de conseguir algo de parte de las autoridades blancas de una de las provincias más ricas del país del sur del mundo. Caminan juntos y llevan en sus memorias muchas historias de dolor y desgarro, consecuencias de un saqueo que continúa aunque ya no tienen la prensa de 1992 cuando se cumplieron los cinco siglos de la conquista. Son cien familias, aproximadamente, las que viven en ese pedacito de Recreo. No hay luz ni agua ni tampoco cloacas. Algunos animales sueltos y varias familias viviendo juntas en una sola casa. -Durante doce años no hablé mi lengua madre, no hablé el mocoví. Sentía vergüenza de serlo. Nos arrancaron todo, incluso la raíz de lo que somos. Pero esa negación te hace un extraño incluso para vos mismo. Hasta que decidí que teníamos que pelear por lo que nos correspondía y nos juntamos para reclamar por una vida mejor – dice Antonio, el hermano de Ester. Otra mujer de la comunidad dice que siempre pisó barro y que ya está cansada. Que por eso hace política. Para dejar de pisar barro todos los días. Una razón elocuente y profunda, mucho más honda que cualquier análisis de circunstancia que pueden formular los funcionarios de las carteras de vivienda, sean municipales, provinciales o nacionales. Una chica muy joven insiste en seguir estudiando pero también pide que alguien, alguna vez, repare en que faltan casas para su pueblo mocoví. -Yo no soy importante, hablo en nombre de mi familia, en nombre de mi pueblo – dice Danisa y no puede dejar de emocionarse. Una emoción que, según imagina este cronista, está hecha de muchos momentos de dolor y también de cariño simple y concreto.Todavía, dicen Ester y Antonio, existe el linaje entre el pueblo mocoví, el respeto por los abuelos y los que tienen el secreto de conocer las ventajas de las plantas y los animales del lugar. Mientras muchas fuerzas políticas y gobiernos se llenan la boca con discursos a favor de la paridad de géneros y la no discriminación, miles de integrantes de pueblos originarios, como Ester y Antonio, sufren el castigo de los explotadores de siempre. No aparecen en televisión ni son motivo de paneles. Sus hijas y sus hijos no terminan la secundaria y solamente reciben atención sanitaria tres veces a la semana. Si alguien se enferma en otra fecha, nadie puede asegurar que la vida seguirá para una mujer o un hombre mocoví en la riquísima geografía santafesina. Ester y Antonio, integrantes de la comunidad mocoví Com Caiá de Recreo, insisten en su pelea por una vida digna. Sufren la discriminación y la explotación de parte de funcionarias y funcionarios que todos los días posan ante diferentes micrófonos condenando las distintas formas de exclusión. Ellos, pisando el eterno barro, siguen caminando en contra de la corriente. Ya no sienten vergüenza de ser quiénes son, de saber cuánto les robaron. Es hora de que a la vergüenza la sintamos nosotros. Fuente: Entrevistas del autor, viernes 14 de julio de 2017, en Recreo, provincia de Santa Fe. Edición: 3396

7.600.000
Publicado: Miércoles, 12 Julio 2017 13:08
7.600.000

Por Silvana Melo (APe).- Dos millones de chicos de diferencia. Que son treinta y tres canchas de River repletas. Esa es la brecha entre los ábacos de Unicef y de la UCA. Entre los dedos con los que cuentan infancia pobre. Con los que cuentan a los chicos que aparecen entre las paredes de cartón debajo de las autopistas, los que duermen en las terminales de Posadas, de Comodoro, de Retiro, los que hacen malabares en los semáforos de Córdoba, de Mar del Plata, de Rosario, los que se apilan de a diez en casitas para dos, los que comen de a diez de ollas para dos, los que pasan la noche tirados en las villas para conseguir algo que sostenga aunque mate, los que respiran plomo a la vera del Riachuelo, los que se envenenan a la orilla de los sojales, los hijos de los qom y de los mapuches y de los mbya, los que vieron desde la orilla cómo se casaba Messi, los que oyeron de pasada que Tévez se iba a China escapando de la inseguridad. Dice la Universidad Católica Argentina hoy, 12 de julio, que 7.600.000 chicos sufren carencias estructurales. Están atrapados por la pobreza. Ese núcleo duro no tiene variaciones desde los 80, dice la Universidad de la iglesia en una admisión determinante: la pobreza estructural es sistémica. Es inherente, creada y sostenida por el capitalismo, como herramienta de subsistencia, como mano de hierro y clientela para que la claridad del poder no deje espacio a confusiones. Entre un conteo y el otro, Lionel Messi se casó en Rosario y bajó a las estrellas planetarias a la cercanía del derrumbe.A su regreso de Antigua y Barbuda firmó la renovación del contrato con el Barcelona. Su paritaria fue bastante más exitosa que la de los trabajadores argentinos en blanco, apenas la mitad de los que trabajan: logró un aumento del 72%. Y cobrará 39,4 millones de euros por año. Unicef, cuando en estos días calculó medio millón de adolescentes en la extrema pobreza, recordó que "el ingreso promedio del 20% más pobre de la población es de $ 7800” y en esa franja se domicilia el 96 % de los niños con carencias inhumanas. Un mes antes de los 7.600.000 de la UCA, Unicef había contado 5.600.000 chicos pobres de punta a punta del país. Casi un millón y medio con hambre. Dos millones de chicos de diferencia. Que no pueden escaparse –como Tévez- de su propia inseguridad genética. Mientras tanto, el pibe que tuvo que irse a España para crecer facturó 27 millones de dólares por publicidad el año pasado.La desigualdad es un océano atroz que se devora balsas y pateras atestadas de millones en descarte. Y por el que navegan mansamente los propietarios del mundo. Cinco o siete millones de chicos en el filo de la indigencia -según la changa del día, según aumente o no la AUH, según el precio del pan con IVA incluido- son tan brutales como las respuestas de clase de los gobernantes. Que suelen no ver pobres si no es en youtube o detrás de una custodia tan intensa que impide que se cuele el olor de la piel ahumada por los braseros. Messi y Antonela abandonaron la Rosario donde los pibes de la periferia miran el brillo desde afuera del mundo. Y donaron lo que sobró. Como suelen hacer los grandes. Con la caridad del remanente. “El gesto solidario de Messi y Antonela”, tituló la prensa complaciente. La desigualdad es obscena y construye rabia por adentro. No la rabia que revoluciona y transforma. Sino la rabia que destruye. La que va minando la esperanza. Y mientras Lionel se compra un hotel de 30 millones de dólares, un cachorro se roba un spinner de un kiosco. O recibe palos de la policía salteña en un Mc Donalds. O lo encierran a los catorce. Cinco o siete millones de chicos pobres. Apenas una cifra cruda. La verdad está en la calle. Edición: 3394

Emma y Cinthia
Publicado: Martes, 11 Julio 2017 14:19
Emma y Cinthia

Por Claudia Rafael (APe).- Emma no marchó por Cinthia. No alzó una pancarta con su nombre. Es que simplemente la historia de Cinthia fue hundida en el ostracismo mediático por largo tiempo. Emma no supo de su historia. De su nombre. De su edad. De sus deseos. El nombre de Cinthia llegó a la gran prensa capitalina recién 17 días después del hallazgo de su cuerpo flotando en un zanjón formoseño y 23 días después de su desaparición, cuando salió de su casa para ir a comer unas pizzas con una amiga. Y apareció flotando en un zanjón de la ruta 86, la misma ruta en la que sistemáticamente han atropellado y asesinado qom, como a la pequeña Lila, de diez meses, a sus abuelos y a tantos otros. Emma tenía una historia diferente a la de Cinthia. Y su historia fue tergiversada y transformada por las hienas periodísticas a poco de sucedida. Emma tenía 26, vivía en La Plata, estudiaba medicina, tenía amigos, soñaba vida, se reía. Cenaba con su amiga cuando el horror las atravesó y las hundió en las oscuridades más temibles. Cinthia tenía siete menos que Emma. Vivía en Clorinda, esa oscura ciudad formoseña que roza los 100.000 habitantes, que está a escasos cuatro kilómetros de Paraguay, que tiene una de las cárceles más resonantes en materia de motines, que tiene calles de tierra y casas bajas.Ambas fueron estragadas. Hundidas en el horror. Despreciadas por la condición humana representada por uno, dos, seis crueles que se saben encaramados en la cima del poder. Por un rato. Por varias horas. Por una noche. Ellas dos y sus victimarios están unidos por el hilo de los años. Jóvenes. Todos demasiado jóvenes. Dispuestos ellos, a los crímenes del poder de los que habla Rita Segato. Poseedores de esa singularidad tan humana que es la de la crueldad infinita. ¿Cómo se construye y se cristaliza en una persona la capacidad para la perversidad más honda? ¿Cómo se inocula de ese atributo que hace gozar con el sufrimiento de alguien que se va deshaciendo entre las manos, como un fino papel de arroz que se diluye hasta la nada? ¿Cuándo alguien es concebido como digno de ser una víctima a la que transformar en objeto con el que se podrá hacer todo, hasta lo indecible, hasta lo impronunciable? Todos ellos podrían ser parte de un colectivo digno de caminar hacia un horizonte de utopías y equidades. Pero el concepto de muerte que guía a un modelo que idolatra la crueldad y promueve las jerarquías de la destrucción, mutan a un joven hasta volverlo capaz de pisotear la vida, de dominar hasta destruir, de destrozar como mandato. Fueron formateados por una sociedad que es capaz de crear a las piezas de su sistema en una cadena de moralización. Son piezas comunes y corrientes. Que saludan en la calle. Que conversan con el vecino. Que acarician la cabeza de un bebé. Que escuchan música. Que juegan a la pelota y gritan un gol. Que invitan a una pizza. O dejan a su mujer y a bebé durmiendo por un rato y sin hacer ruido. Y en un momento cualquiera se quitan la máscara. Se sacan los ropajes. Se ríen fuerte. Sacian el hambre de crueldad. Y ejercen el poder hasta matar, hasta romper, hasta dañar, hasta devastar. Y luego vuelven a su casa. Se quitan la ropa. Se acuestan con su mujer y su bebé. O se van juntos a tomar una birra y pactar el silencio que a veces se rompe y otras, queda oculto hasta estallar. Cinthia tenía 19 y fue aniquilada por seis jóvenes entre 18 y 24. Sus pares. Emma tenía 26 y fue arrasada por otro joven de 23. El paradigma de la explotación, dice Segato, depende de la disminución de la empatía entre las personas que es el principio de la crueldad. Queda en el resto, en una sociedad adormecida y desmembrada, acostumbrarse o no, a ese espectáculo perverso de la atrocidad. Edición: 3393  

 Macrillaje
Publicado: Jueves, 20 Julio 2017 13:09
Macrillaje

Por Alfredo Grande (APe).- Estoy intentando descifrar un nuevo enigma, apto para cualquier Esfinge. ¿Cómo podemos tolerar la crueldad? No digo el acto cruel, la respuesta cruel, el insulto cruel, la conducta cruel. Digo la crueldad. O sea: la crueldad como modo permanente, planificado, y consumado de generar sufrimiento. No pienso que primero haya que saber sufrir, como canta el polaco Goyeneche en “Naranjo en Flor”. Si lo primero que sabemos es sufrir, entonces el sufrimiento deja de ser contingente, o sea, ocasional, para ser permanente. Es más: no sufrir es apenas el anticipo de nuevos sufrimiento. Siempre que salió el sol, llovió. Y el sufrimiento que siempre es integral, o sea, corporal, mental y social, deviene estructural. Quiero decir: estructura se opone a historia. Estructura se opone a devenir. Estructura se opone a creación. Y el sufrimiento estructural queda, y no puede ser de otra manera, naturalizado. “El que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen”. Así será, nomás. ¿Cómo fajar al sufrimiento si justamente te fajan para sufrir?”. Los que sufren sólo pretender dejar de sufrir. Al menos, sufrir menos. No sufrir entonces es el único placer permitido. Las huellas del placer, del erotismo, de la alegría, están ausentes. O apenas dibujados en el inestable piso de la sufrida vida cotidiana. El sufrimiento estructural legitima la crueldad. Es resultado de la crueldad y por lo tanto, no puede pensarla por fuera de un destino trágico, pero necesario. El “por algo será” llegó para quedarse. La marca con el hierro candente no se borra nunca más. Las caricias pasan, las cicatrices quedan. A los maestros del dolor les pagan. A los maestros del placer los encarcelan. Esta crueldad legitimada, convierte a la cultura represora no en un mal necesario, sino en un bien inevitable. O sea: no se lo puede evitar, impedir, detener. La cultura represora es cultivo puro de sufrimiento y crueldad. Como todo efecto, el sufrimiento y la crueldad se convierten en causas de nuevos sufrimientos y nuevas crueldades. Esa es la foto que la cultura represora le importa destacar. En un envío de la Red contra la Violencia Institucional leo: “La utilización mediática de un niño infractor a la ley penal con 11 años es penosa. Vive en zona sur del conurbano bonaerense (Lanús Oeste). Madre recicladora de basura e integra cooperativa (…) El niño no está escolarizado aunque la educación es obligatoria. No concurre a la escuela desde segundo grado. No realiza controles periódicos de salud. Consume desde los 7 años (marihuana y paco). Consume en Zavaleta (CABA). Es violento. El órgano de protección integral de la Pcia. de Buenos Aires interviene desde que tiene 5 años. Quizá 20 años no es nada, pero a esa edad 6 años es mucho. Las huellas del hierro candente del sufrimiento y la crueldad día y noche, noche y día, no podrán curarse jamás. Pero aún la cultura represora, organizada como Estado Terrorista, necesita alguna piel de cordero. O varias. Y la piel de cordero que todos los lobos sanguinarios han usado, es la democracia representativa. No siempre los lobos y lobas están igualmente hambrientos y desesperados. Pero con pala siempre se llevan la plata. Se preguntan los cínicos y los cómplices si la pobreza genera delito. Nunca preguntan de cuántos delitos es producto la riqueza. A pesar de la afirmación de Bertold Brecht de que el delito mayor era fundar un banco, no robarlo. Recuerdo la afirmación de Sir Winston Churchill: “la democracia es un mal sistema, pero es el mejor que tenemos”. Ahora mal: ¿el mejor para qué? Décadas después de la temeraria afirmación, ensayo una respuesta. Es el mejor sistema para maquillar, encubrir, disimular, tapar, el verdadero rostro sanguinario de la cultura represora. Pero el mejor maquillaje puede tener zonas de precaria cobertura. Laura Taffetani escribe: “Pero también pareciera que nos quedaríamos cortos si le quitáramos fuerza a lo que el Polaquito dice orgulloso frente a las cámaras y nos proponemos maquillar la realidad que viven nuestros pibes reclamando el respeto de una inocencia que ya les había sido arrebatada mucho antes de nacer, ya desde el flaco vientre de sus madres. El Polaquito en su diálogo con el periodista, está denunciando, nos está denunciando y nosotros seguimos negándolo”. El Polaquito no sabrá que el Polaco Goyeneche cantaba que primero hay que saber sufrir. El polaquito lo sabe, porque primero y último, lo único que sabe es sufrir. Que la inocencia no les valga, aúllan los lobos mediáticos, los lobos funcionarios, los lobos policiales, los lobos empresarios, los lobos representantes. Y ese aullido bestial, de alto rating, será el coro demoníaco que acompañará la sobrevida y la supervivencia de todos los polaquitos y todas las polaquitas. Hoy gracias a la piedra filosofal y la alquimia letal que nos impuso cambiemos, el macrillaje parece un rostro humano. Pero no lo es. A 100 años de la revolución socialista de octubre 1917, hay razones para pensar que otro gallo rojo volverá a cantar. Entonces, podremos decir que el macrillaje tampoco les valga. Edición: 3400  

El mundo del Polaquito
Publicado: Miércoles, 19 Julio 2017 13:56
El mundo del Polaquito

Padre, dejad de llorar que nos han declarado la guerra.Joan Manuel Serrat Por Laura Taffetani (APe).- Millones de niños y niñas en nuestro país han ido naciendo a través de cuatro generaciones de seres humanos expulsados del paraíso capitalista que el neoliberalismo ha edificado sólidamente, conformando una de las catástrofes éticas y políticas más profundas de la historia de nuestro país. En los pasillos de los asentamientos o villas, donde cobra cuerpo el verdadero infierno por donde deambulan y sobreviven nuestros pibes, han debido buscar muy tempranamente el modo de transitar su primera infancia sin un vínculo que pueda seducirlos para la vida. Desde ese contexto de infamias se puede empezar a hablar del Polaquito. Como los adultos que pierden el conocimiento frente a un acontecimiento traumático o se tapan la cara cuando viene la escena de terror, arman el vacío en sus propias vidas para no sufrir. Aprenden a gobernar sus dolores, blindando cualquier afecto que los vuelva vulnerables, naturalizando el horror, para poder afrontar la cotidianidad y administrar las emociones que se desbordan en sus cuerpos frágiles que han de hacerse fuertes si quieren sobrevivir. Y por esos pasillos siniestros de la exclusión afectiva no hay muchas recetas a las que echar mano. Sin duda, una de las más comunes suele ser la de lookearse la imagen que le permita cobrar presencia frente a la mirada del otro de modo de ser admirado y respetado, siendo parte de epopeyas que lejos están de los héroes que contemplan otros niños y niñas en sus pantallas de smart tv mientras se adormecen con el control remoto del confort en sus manos. Sus héroes tienen encarnadura real y vívida, los han visto circular a su alrededor y su fin poco tiene que ver con liberar al planeta de los enemigos que quieren destruirlo, sus héroes lo odian y están dispuestos a destruirlo y además si pueden tratarán de hacerse de ese mundo al que jamás accederán de forma “adecuada”. ¿Cómo podrían de otro modo construir un mito que les permita resguardarse de la intemperie con el encogimiento de hombros que destruye su esperanza o las miradas de desdén que reflejan las pupilas de los buenos y honestos ciudadanos que los observan? La desigualdad puede reflejarse en los fríos números que en forma esporádica y según las conveniencias suelen hacer su aparición pública. Pero cuando esa desigualdad se muestra en la vida cotidiana, en cada gesto y mirada, en el desprecio, no hay defensa alguna que pueda hacer frente a los valores que solemos exigirles a los pibes desde el lugar de almas bellas superiores en un mundo del que secretamente participamos. Entonces, una buena manera de comenzar este análisis, es centrarse en lo que no podemos sino denominar la «economía política de los excluidos», para desarrollar la conciencia clara de qué y quién está causando verdaderamente el problema y si, como es evidente, no está en nuestro horizonte pensar en solucionarlo, comenzar a asumir y ser conscientes de que nos acercamos a una nueva era de apartheid y con territorios sometidos a una verdadera guerra prolongada. En ese sentido, el micrófono que se le acerca al Polaquito y que da rienda suelta a su voz, es la fiel expresión del modo que han sufrido y sobreviven cientos de miles de nuestros pibes. Que no han tenido un solo lucero del alba que los abrace en las madrugadas en esas cárceles abiertas que rodean la periferia de nuestras grandes ciudades. Allí donde gobiernan los sistemas clientelares de turno y donde los pibes son sometidos por las bandas de delincuentes y narcotraficantes, las más de las veces en alianza con las fuerzas de seguridad y la complicidad del poder judicial. Es cierto, a veces las caras se convierten en símbolos: no en símbolos de la poderosa individualidad de sus portadores, sino de las fuerzas anónimas que hay detrás de ellas. En ese sentido Jorge Lanata, es una fiel expresión de la forma en que los medios de comunicación refuerzan el sistema de dominación impuesto, señalando el enemigo donde no está, mostrando como causas las que son efectos de los problemas para encubrir las verdaderas y de ese modo, legitimar la violencia que genera el propio sistema. No hay duda de que cada vez que arman este tipo de “informes periodísticos” los montajes, la edición de cada imagen o diálogo está “orientado” a ese fin. Sería sumamente ingenuo hablar a estas alturas de un periodismo independiente de parte de los grandes medios de comunicación, así como ignorar el contexto donde se desarrolla esta nota mientras se discute en el congreso la el proyecto de ley de baja de imputabilidad y la seguridad cotiza fuertemente los primeros lugares de la agenda electoral. Pero también pareciera que nos quedaríamos cortos si le quitáramos fuerza a lo que el Polaquito dice orgulloso frente a las cámaras y nos proponemos maquillar la realidad que viven nuestros pibes reclamando el respeto de una inocencia que ya les había sido arrebatada mucho antes de nacer, ya desde el flaco vientre de sus madres. El Polaquito en su diálogo con el periodista, está denunciando, nos está denunciando y nosotros seguimos negándolo. El Polaco sabe bien que poco podrá esperar de la letra muerta de derechos que hace tiempo que sólo cobran vida en mesas debate de expertos bien pagos o adornan sentencias impotentes y vacías frente al orden cruel e injusto en el que le ha tocado crecer, por eso se inventa su propia justicia donde él puede tener, aunque sea en forma breve y con algo de fantasía, un protagonismo que jamás tuvo ni tendrá de otro modo. Los nosotros y nosotras, hombres y mujeres a los que esa imagen verdaderamente nos interpela y nos duele, deberíamos hacer verdadero lugar a su voz y asumir no sólo su denuncia sino también, nuestra incapacidad de no poderlo convocar, como décadas atrás lo hizo Oesterheld en el “Eternauta”, a soñar ser parte del héroe colectivo que invita a rediseñar el mundo que merece. Quizás sea el momento de comenzar a hacerlo. Edición: 3399  

Un crimen de poder
Publicado: Lunes, 17 Julio 2017 15:46
Un crimen de poder

Por Claudia Rafael (APe).- Es el poder concentrado. El del hombre frente a la nena. El del policía porteño, robocop estatal con una nueve milímetros como extensión de su cuerpo. El del macho bravío ante la niña. El del hábil manipulador que contacta a una chiquilla por una red social y le hace sentir lo que él cree que ella desea sentir. El del escolta firme y armado en la Escuela de Suboficiales de la Policía Federal “Enrique O´Gorman” que posa en las fotos de la misma red que utilizó para seducir con los brazos extendidos y el arma con que el Estado lo va formateando para matar. El de Orlando Adrián Sánchez sobre Elizabeth Giuliana Anabella Solís Álvarez, de apenas 13 años. Del Barrio Santa Catalina de la chaqueña resistencia. Zona de casas simples, donde el barro anida cuando la lluvia se despliega. Donde pocos resisten a pesar del nombre prometedor de la capital provincial. El resto serán detalles de una crónica anunciada. Escribas anónimos victimizarán una y otra vez a la niña. Indagarán en sus días. Perseguirán sus pasos hasta llegar a ese motel céntrico en el que ella fue asesinada y él se suicidó. Dibujarán con falsa sensibilidad sus sueños ocultos. Pero no volcarán su mirada sobre la relación asimétrica entre dominador y víctima. Que es la clave de un funcionamiento sistémico del que se sale únicamente rompiendo el círculo que cierra una y otra vez para asfixiar la vida que fluye. La nena de 13 fue eso. Una nena de 13. Que fue rebajada a la categoría de cosa, de objeto, de nada por un policía. Que no es otra cosa que el brazo armado de un Estado, al que se educa pacientemente para dominar. El de Elizabeth fue un proceso de sumisión que se asemeja, con distintos condimentos, a todos los procesos de sumisión. En donde se somete a la subjetividad hasta anularla. Hasta arrasarla. Hasta hacer creer que el sometimiento –más o menos desembozado- es un fatalismo inexorable. Y del que, por lo tanto, no hay modo de escapar. Tal vez la clave esté en la ruptura del círculo. Para nacer otros. Para desmontar los entramados de una sociedad que ahoga. Para salirse de la lógica del capitalismo que busca que el sujeto hunda su utopía en los sótanos de la oscuridad. La crueldad usa uñas buenas. Los agujeros del país las pintan con esmalte rojo y las instituciones felicitan de pie, escribía Gelman. Habrá que llover para arriba para desandar tanta muerte. Edición: 3397

Pepsico: sabor de rabia
Publicado: Jueves, 13 Julio 2017 15:27
Pepsico: sabor de rabia

Por Silvana Melo (APe).- Ante el packaging vistoso de las Twistos hay que recordarlo. Ese sabor crocante está atravesado por el dolor y la injusticia. Cuando tienten los chips de chocolate de las Toddys, no hay que olvidar: están contaminados por violencia y gas pimienta. Por golpes y represión, palabra que parece vedada en los grandes medios. Prohibida. Reemplazada por “choques” o “incidentes”. De manera que se institucionalice una nueva teoría binaria, bidemoníaca: un trabajador despedido, con poca comida, en crisis, dentro de la fábrica que lo exilió es igual de peligroso que 600 gendarmes y policías bonaerenses con cascos, escudos, palos, balas de goma y gas pimienta. Seiscientos trabajadores se encontraron el 20 de junio con un cartel que les comunicaba su despido. Era el comienzo de una jornada más de una planta estable con un 70% de mujeres. Muchas de ellas solas con sus hijos, con la columna estragada y la esperanza en receso. Una jornada que nunca empezó. Porque Pepsico cerró sin avisarle a nadie. En un típico gesto de displicencia del propietario del mundo ante el descarte. Dicen que las snacks que producen “hacen la vida más feliz”. Que nadie les crea. Hoy un juez ordenó el desalojo. Tenía en sus manos una denuncia penal por “invasión a la propiedad privada”. Privada de los propietarios que tienen escriturado el hoy y el mañana de las personas. 600 en este caso. Que no poseen nada. Que no son propietarios más que de su propio destierro. Pepsico facturó 830 millones de dólares en 2016 (el 8% de su ganancia mundial). La propiedad es el poder. Que es propio y no de la otredad. Que es el otro de quien se aleja y se protege el propietario. Para que la otredad no le dispute la propiedad. Entonces aparece la policía. Como brazo represivo sistémico para proteger propietarios. Y derogar destituidos. En celdas dos por dos o por la espalda. (APe – febrero 2017). Hoy trabajadoras y trabajadores fueron reprimidos con una ferocidad difícil de encontrar en los grandes medios. Porque el establishment, ese anglicismo fatal de lo establecido, es un combo estatal-empresario-gerencial-mediático complicado de perforar. Hoy centenares de pibes habrán visto por televisión cómo sus madres y sus padres eran golpeados por querer trabajar. Una sencillez conceptual terminante. Ellos difícilmente vuelvan a masticar Lays. Ni Pringles, aunque sean deliciosas y se las regalen. Saben que tienen el olor del gas pimienta. Y el color de la rabia.   Edición: 3395

Izquierdas
Publicado: Viernes, 07 Julio 2017 13:18
Izquierdas

Por Alfredo Grande (APe).- De la misma manera que la cultura represora construye el mandato de las fiestas obligatorias, la democracia sacramental construye sus propias fiestas obligatorias: las elecciones. Como todo camuflaje, la permanencia en el tiempo hace que sea imposible diferenciarlo del vero ícono. Del verdadero rostro. La democracia tiene mil caras, algunas atractivas. La bautizaron como estado de bienestar. La mayoría, muy desagradable. La bautizaron como estado de bienestar, con el aderezo de “para pocos y pocas”. O sea: el ajuste tan temido. Con la sinceridad que sólo otorga el poder, y no siempre, el vocero oficial de los mercados financieros, mencionó “el costo social del ajuste”. Muy paquete. Muy chic. Muy cínico. Costo social no es otra cosa que una masacre de mediana intensidad, aunque no tan mediana. Cuando lo básico no está garantizado, entonces la vida está en peligro. Y justamente la diferencia entre la paz y la guerra, era que en la guerra peligraba nuestra vida. Ahora mal: ¿Qué hacemos cuando en la paz también peligra nuestra vida? Pues seguimos pensando más de lo mismo. O sea: que los males de la democracia, que yo he bautizado como el crimen de la paz, se arreglan con más democracia. O sea: si te fracturan una pierna, no hay nada mejor que fracturarse las dos. La cultura represora pudo organizar el mandato del mandato divino del rey. O sea: el Poder venía de los cielos y los elegidos no podían ser cuestionados. El cielo tenía más poder que la tierra. La Revolución Francesa invirtió la lógica de ese poder y entonces, la tierra pudo más que el cielo. Pero en lo nuevo siempre está lo viejo, y diversas restauraciones conservadoras, reaccionarias y aristocráticas inventaron otros cielos. Hoy mirando para arriba, o sea, como poder supra subjetivo, está el Mercado. El Mercado es una entelequia que oculta con cierto éxito, la bestial concentración de la riqueza en no más de 10 personas. Pero nadie puede contar todas las estrellas de un claro cielo nocturno, tampoco podemos contar ni pensar la dimensión económica y financiera de los poderes que nos hacen pagar el costo social en tasas usurarias.Lo cotidiano laboral, educacional, familiar, nos bloquea la capacidad de pensar, de inventar, de crear. Si bien es necesaria una ley de educación sexual, la sexualidad nada sabe de leyes. La educación sexual es necesaria porque antes los Poderes reprimieron, disolvieron, atacaron y deformaron la escencia de la sexualidad. Que no es otra cosa que el placer. Con las intensidades que cada uno se permita. No voy a discutir que debe trabajar el hombre para ganarse su pan. Pero otros trabajan de explotar el trabajo de las inmensas mayorías. Y eso no ganan su pan, sino que roban masas, lemon pie, scons, y todas las delicias del arte culinario. Del sándwich de mortadela al canapé de caviar. O sea: llamar democracia a un sistema que organiza y planifica la más brutal desigualdad, las nuevas formas de la esclavitud y propone un mundo de rivales, es un éxito de la cultura represora. Su modo actual, el capitalismo financiero y trasnacional, es posible que tenga en algún momento un colapso. De hecho, lo ha tenido varias veces. Sin embargo, muy pocas veces ese colapso permitió abolir la racionalidad represora del capitalismo. En diciembre 2001 nos asomamos a esa posibilidad. Fracasó. En los 60 y 70 otros cielos parecía que podíamos tocar con otras manos. Pero entonces la traición del falso profeta hizo lo suyo. Y hubo fracasos. Y hubo derrotas. Penas y olvidos. Y los camuflajes se vendieron al por mayor. Se siguen vendiendo. Las izquierdas siembre han intentado, y muchas veces conseguido, arrasar con la lacra explotadora del capitalismo. Cooperativas, fábricas recuperadas, emprendimientos auto gestionados, experiencias comunitarias, han mostrado y demostrado que se puede vivir sin Estado y sin patrones. Y que no se puede vivir con Estado y con patrones. El Estado y la Patronal a veces coinciden. A veces no, pero son asociados perfectos. Son los nuevos cielos que nos mojan con su lluvia ácida. No hay paraguas que aguanten. Es justamente la cultura represora la que ha construido el más formidable paraguas para alucinar la protección de las inclemencias de los tiempos democráticos. Ese paraguas son las elecciones. Para elegir entre pocos, siempre los mismos, otra vez sopa, etc. La perversidad es legitimada porque es votada. El voto popular consagra, indulta, idealiza a justos y verdugos. Total, el mandato no es revocable. La única opción para barrer, arrasar, perforar el camuflaje del gran capital esclavizador, es construir una fuerza bruta que les quite a todos los lobos su piel de cordero. Parece que no es posible. Las izquierdas han entrado en la industria de los paraguas. Y con la misma lógica de sus enemigos de clase, se ofrecen como productos para que el ciudadano los elija. La trampa es que mas allá de elegir candidatos más atractivos o menos sinceros, lo que las izquierdas logran es que se siga eligiendo un sistema depredador con todo su maquillaje a cuestas. Por supuesto que muchos no entran en el robo calificado agravado por el vínculo que algunos llaman dietas parlamentarias. Pero el problema es que esa conducta se agota en una frase que podría ser: “estoy trabajando con ladrones, pero sepan que yo no robo”. Necesario, pero totalmente insuficiente. La guerra cultural será crear condiciones para desterrar la resignación de que hay una minoría de puros en una masa informe de delincuentes. Se trata de empezar a construir pensamiento crítico de masas sobre la democracia como una industria ilegal, ilegítima y con vocación de masacrar. Un paciente mío me dijo: “el kirchnerismo es la máxima izquierda que este país puede tolerar”. Tiene razón. Entonces se tratará de avanzar en los límites de esa tolerancia, no en resignarse a ella. Y eso es política, y eso es guerra cultural. Yo no espero nada de las derechas, más que sangre, sudor, muerte y lágrimas. Pero sigo esperando todo de las izquierdas. Y ojalá no tenga nunca que aceptar que son justamente esas izquierdas las que nos separan. Edición: 3391    

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Pobreza

Según el Indec, el balance de un año de gestión de Macri dejó 13 millones de pobres.


Pobreza I

La ciudades más pobres del país son Santiago del Estero (44 %) y Concordia (43,6%) (Cifras Indec).


Docentes

Santiago del Estero exhibe los salarios más bajos del país. Le sigue Formosa.


Omar Cigarán

El juicio contra el policía Diego Walter Flores por el crimen de Omar Cigarán llega a la etapa de alegatos.


Florencia

Detuvieron al padrastro de la nena de 12 años abusada y asesinada en San Luis.


Megaminería

Hubo otro derrame en la mina Veladero, de San Juan y la megaminería sigue envenenando la tierra y el agua.


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