Libre comercio, libre represión
Publicado: Miércoles, 13 Diciembre 2017 16:04
Libre comercio, libre represión

Por Claudia Rafael (APe).- El ritmo militarizado de los gendarmes sobre la avenida Corrientes, con esa mecánica elevación de la rodilla plastificada, no son un viaje al pasado. Los camiones hidrantes sobre la puerta de teatros o kioscos céntricos, los tanques de Gendarmería dispuestos a todo, los brutales móviles de Infantería, las armas largas y los bastones, los escudos, la cacería desembozada son una fotografía de presente rabioso. Que no es más que el principio de una historia aún no escrita pero con una previsibilidad incontrastable. Las luminarias del mundo están enteramente depositadas en Puerto Madero, allí donde vivían Boudou y Pedraza (en calles con nombre de mujeres valientes y rupturistas) cuando todavía no estaban presos. Mientras la décimo primera Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio mueve las piezas de un ajedrez criminal, la iglesia acaba de suscribir el nuevo informe de pobreza que deja al desnudo el airado aumento de la indigencia. Como esas viejas máquinas manuales de picar carne, van saliendo más y más cuerpos vulnerados para ser depositados bajo los puentes y las callejuelas que huelen a miseria. Ministros empresarios ratifican la vigorosa vitalidad del capitalismo más rancio. Revalidan la vigencia del sistema extractivista que viene atravesando desde hace décadas a todos los gobiernos pero que ahora adquiere un formato desembozado. Ya no tiene disfraces que oculten sus garras. La ciudad militarizada demuestra quién manda. Deja en claro quién es quién en esta tierra arrasada y muestra cuál es el camino, ése que hoy, en este preciso instante, parece no tener retorno. Mientras monta un show escénico para los países centrales y para ese uno por ciento que se queda con más del 50 por ciento de la riqueza del mundo, cumple a rajatabla con las exigencias: flexibiliza las leyes laborales, avala y produce despidos masivos, destroza con un determinismo darwinianamente neoliberal a 6.480.000 pibes pobres y empuja a los acantilados de una supervivencia imposible a millones de jubilados. Hunde sin miramiento a casi 650.000 niños en la indigencia, que es la nada misma, que es la calle, que es la panza que cruje, que es la mano estirada en la esquina o el semáforo, que es la ausencia de un cuaderno para aprender a garabatear el nombre, que es la noche temprana y el mañana borrado del mapa de los días. El ritmo acompasado de gendarmes sigue resonando sobre el asfalto. Las tanquetas siguen cruzándose unas con otras para frenar el paso. Hay que proteger de las voces insurgentes los oídos de los señores ministros del mundo que están cerrando sus propios negociados porque, después de todo Estado y empresas son y serán, para todos ellos, la misma cosa. La misma clase. El mismo traje. La misma sonrisa socarrona que firma acuerdos que aseguran que no habrá obstáculos para que el uno por ciento más rico y poderoso del mundo siga llevando las fichas de su propio TEG para sus bolsillos. Hay ciertas calles que adquirieron violentamente el tinte verde o el azul de las fuerzas de seguridad. Mientras el Estado argentino entrega su propia dote a los marioneteros del capital: ofrece riquezas naturales, entrega los recursos de la Pachamama, garantiza ilimitada liberalización del mercado, asegura que no habrá obstrucciones a los planificadores de blancos guantes que jamás se manchan sus ropas ni sus cuerpos. La presencia de los representantes de 164 países (aunque los que manejan los hilos son apenas un manojo, el resto asiente y aplaude) llegó a la parte más lujosa de Buenos Aires. Allí donde desde los tiempos de la fundación desembarcaban las mercancías y paradójicamente funcionó hasta finales del siglo XVIII como una ciudad sin puerto. Los finos y honorables integrantes de la OMC irrumpieron en estas partes del mundo para asegurar la libertad. Que no es otro concepto que el de libre comercio. Dos palabras incompatibles con la felicidad de los pueblos, con la libertad de vivir y amar, con el pan compartido para que todos tengan, con la ternura de los niños que vencen a la miseria con un chasquido de dedos, con la mesa dispuesta con mantel y semillas y las manos entrelazadas. Porque el concepto de libertad que concibe ese uno por ciento que está abarrotado con más de la mitad de las riquezas del mundo no es otra cosa que represión y despojo para los millones de caminantes hijos dilectos de la vulneración. Los que saben la dimensión exacta y cierta del olvido.   Edición: 3509

Modos que están de moda
Publicado: Lunes, 11 Diciembre 2017 14:14
Modos que están de moda

 Por Bernardo Penoucos (APe).- No levantan la voz, ni se exasperan. No le hablan a un sujeto colectivo y la categoría pueblo rara vez es incluida en alguno de sus discursos. No se enojan en cámara -sonríen relajados-; se muestran equilibrados, mantienen la compostura. No le hablan a las masas ni a la clase trabajadora, le hablan al ciudadano, al argentino, a vos, promulgando una homogeneización contraria a cualquier interés de clase, a cualquier lucha de intereses. La estrategia comunicacional es, casi, perfecta. El modelo político actual, su idiosincrasia, su ética y sus valores neoconservadores logran ingresar por la puerta de adelante a cualquier casa: a una villa, a una casa de clase media, a un country. No explicitan, como forma, la rabia ante la injusticia, sino más bien que militan por la esperanza y por el reconocido esfuerzo individual. No terminan de decir -cuando dicen- casi nada, porque no necesitan decir “lo que la gente ya sabe”, mientras parte de la gente dice que sí, que ya sabe, sin saber qué sabe y cómo lo supo. Tienen una herramienta cuasi lapidaria, una suerte de epidemia que se mueve como agente multiplicador y es la educación para la desconfianza, un continuo mensaje xenófobo masivo que nos dice que de nada sirve el amontonamiento y la movilización, porque eso “es el pasado y al pasado no volvemos más”. Sacan la historia del análisis de lo actual y de repente parece que todo lo han inventado ellos, inclusive ese estadio superior a la democracia que, algunos, se animan a nombrar meritocracia. Nos quieren pacientes, dice el Indio. Es así, nos quieren pacientes y muchas veces lo lograron y lo siguen logrando. El neoliberalismo no es sólo un plan económico excluyente, un proceso de desindustrialización impulsiva, una clase política dominante dócil y entregadora. No, el neoliberalismo es algo más grave, si es que existe algo peor. Es una fábrica de desconfianzas, un manual que nos enseña la autoculpa, una lima que va desgastando los lazos solidarios, una herramienta que sirve para colarse en la subjetividad y construirnos otros pensares y otros sentires: sujetos sujetados, diría José Pablo Feinmann. El neoliberalismo sabe hacer eso muy bien, porque ya lo ha hecho y ya le resultó. Porque lo hizo en dictaduras pero también lo sabe hacer en democracia lanzando su voz a los 4 vientos, explicando el desguace como si nada, marcando posicionamientos en universidades y en reformas que retrasan décadas. Enjuiciando sin jueces, judicializando lo político, haciéndose acreedores de una reserva moral insustituible. Allí en la sobremesa, en el club, en el asado, en el barrio y en la escuela, el neoliberalismo se sienta, opina, ríe, convence, eructa y se va. Edición: 3506

Matar artesanos
Publicado: Jueves, 07 Diciembre 2017 13:58
Matar artesanos

Por Francisco Bosch (*) (APe).- Hace más de dos mil años un artesano de la construcción, albañil-carpintero, era torturado durante horas y asesinado públicamente. Manso disciplinamiento de los rebeldes. Parece que ‘El Flaco’ no reconocía la divinidad del César ni la legitimación religiosa de los ladrones del templo. Parece que algunas mujeres lo lloraron pero que la gente de la capital dijo: lo mataron por revoltoso, andaba haciendo relajo en el templo, tenía un grupo de hombres y mujeres pobres que no respetan las leyes y las sanas costumbres. Parece que murió un viernes y que tres días después algunas mujeres se atrevieron a levantar el rostro y el puño en su nombre. El 1 de agosto del 2017 otro artesano fue asesinado. Santiago Maldonado muere en medio de un operativo de Gendarmería que entra ilegalmente al territorio mapuche del que tiene un ‘título de propiedad´ una multinacional italiana. Un artesano menos, una rabia más. Después de casi tres meses desaparecido es encontrado en el río. Su hermano custodia el cuerpo que finalmente es velado el 25 de noviembre. Terrible día donde otro artesano del sur de Argentina es asesinado. Otra vez velar el cuerpo. De otro carpintero joven, artesano también de la construcción (parece que soldaba muy bien): Rafael, el peñi Nahuel, de 22 años. Un pibe pobre de las barriadas marginadas de Bariloche. Nació pobre y murió pobre, entre estos dos momentos hay una cantidad enorme de búsquedas para salir de esa condena social que cargan los de abajo. No sirvieron los campamentos con los salesianos, ni los talleres de oficios, ni la coope ‘Al Margen’. No sirvió re-conocerse mapuche. No sirvió para un Estado etnocéntrico y etnocida. No sirvió para explicarles a los agentes de prefectura. No sirvió para parar una bala 9 mm. No sirvió para cambiar su destino y no morir joven y pobre. La muerte tiene palabra de ultimidad perversa cuando se la legitima y justifica. En esta tarea los medios de desinformación masiva y el gobierno de Macri-Bullrich-Garavano son el matrimonio perfecto. La vida de Jesús-Santiago-Rafael son ofrendas que exige el ídolo del dinero y la propiedad privada. Sólo los ídolos exigen sacrificios, los dioses cuidan la Ñuke Mapu, cuidan la vida. La muerte es una palabra con fuerza de ultimidad salvadora cuando nos encuentra luchando. Las semillas mueren para multiplicarse. Frente al cajón donde está el cuerpo herido de Rafael, un puñado de queridos escuchan las palabras del Obispo de Bariloche, compañero en la construcción del único canal de diálogo creado después de la ‘cacería racista’ que inició el jueves 23 en las cercanías del lago Mascardi. El gobierno exigía ‘no negociar con los violentos’ y la organización de los que caminan con los de abajo ha logrado presionar al juez para que la comunidad pueda permanecer en el territorio y desde allí comenzar un diálogo: los Cayetanos son un sujeto histórico de esperanza, los descartados que van pariendo techo, tierra y trabajo. Por ellos vienen… Con el artesano de Palestina tardaron ‘tres’ días en levantar su nombre y su ejemplo. En territorio mapuche están ajustando calendarios y geografías para ganarle al tiempo de los que mandan: ni por un segundo enterramos a Rafael sin levantar su nombre, su rostro, su historia y sus luchas. Ni un día para levantar las luchas por la vida contra las mentiras de los que gobiernan en tv. Que la muerte nos encuentre caminando entre Cayetanos, en esta Argentina sin pan ni trabajo. Maldita muerte absurda que llega dentro del plomo, por la espalda y en plena juventud. Maldita muerte que nos deja a todos una herida. Maldito cualquier argumento que tranquiliza a los que matan y que alienta a los que aplauden. Malditos sordos los que toman por verdades las voces de los que disparan con uniformes. Bendita la grieta que permite encontrarnos, aunque estemos irremediablemente agrietados. Cuando el orden sí altera el producto En tiempos donde una cacería se presenta como un enfrentamiento es fundamental recordar que las matemáticas no son buenas compañías para entender el fenómeno de la violencia. No basta hoy con condenar todos los tipos de violencia, ni con reivindicar todos los tipos de lucha. Es necesario reconocer primordialmente un orden en las violencias (lectura que le debemos a los jesuitas y a Monseñor Romero): la violencia estructural canalizada a través de las instituciones son las generadoras de otras violencias como reacción. Señalar sistemáticamente la violencia como patrimonio de los de abajo y ‘defensa propia’ la violencia del poder es uno de los relatos más cínicos que se ha impuesto en la Argentina hoy. (*) Educador y teólogo, Mar del Plata. Pintura: Adolfo Pérez Esquivel Edición: 3504  

Y siguen apareciendo
Publicado: Martes, 05 Diciembre 2017 14:32
Y siguen apareciendo

Por Silvana Melo (APe).- Y ellas y ellos siguen apareciendo. En el país fundante del desaparecido, ellos aparecen. Salen, como soles esporádicos, pero por el norte. Por donde se marcan los rumbos. Aparecen, como noticias, como diarios, como flores. Brotan como de semillas sembradas en la historia. Retoñan en los ceamse de los tiempos, entre los desperdicios y el veneno. Salen, asoman, germinan de los contenedores y de las esquinas. Aparecen. Ellos y ellas siguen apareciendo. Aunque les tabiquen el pasado para que no lo reconozcan. Se ven, se escuchan, se espejan, se miran y se sienten no ser lo que creían ser. Algunos cierran los ojos y rompen el espejo. Otros se buscan y entran, como Alicia. Aparecen y se aparecen. Cuando en los años de esta historia se sigue desapareciendo, ellos porfían y aparecen. Se obstinan y aparecen. Cuarenta años después siguen apareciendo. Siempre niños pero veteranos de esta vida. Nacidos en la cama metálica de la tortura. En el infierno desmedido de los hombres (ni el demonio se atrevería a tanto). En la cuna negra de los pozos. Como de la nada, aparecen. Desde el fondo mismo de la memoria. Que jamás se apaga, aunque la hostiguen con el agua de los mares. 126. Y siguen apareciendo. Se escriba como se escriba la historia oficial. Escriba quien la escriba. Ellos. Ellas. Como florcitas silvestres de esta primavera que viene y viene pertinaz. Seguirán apareciendo porque traen la verdad al hombro en este trajín. Por eso las esperamos. Por eso los esperamos. Para que sigan apareciendo. Edición: 3503

Pueblo mapuche
Publicado: Martes, 05 Diciembre 2017 13:38
Pueblo mapuche

Por Raúl Zibechi (APe).- A pesar de la violencia y la búsqueda de disciplinamiento contra el pueblo mapuche –común a los sectores populares- los pueblos originarios tienen un horizonte de siglos. Dos muertos por represión policial/militar en el sur de Argentina. Cientos de heridos y detenidos. Todo un pueblo perseguido y una amplia región militarizada. Tres meses después de la desaparición de Santiago Maldonado, el 1 de agosto, y mientras se realizaba el velatorio de su cuerpo que, según las autoridades, fue encontrado sumergido en un río, sobrevino el asesinato de Rafael Nahuel por una bala 9 milímetros disparada por la espalda. Más de 300 policías, helicópteros y drones, contra un puñado de mapuche “violentos” que, sin embargo, no portan armas. La policía entró disparando fuego real en una comunidad que había recuperado tierras meses atrás. Los varones escaparon cerro arriba. Los uniformados se llevaron mujeres y niños, los golpearon y mantuvieron aislados durante horas. La criminalización de las comunidades mapuche tiene una sola y única explicación: están recuperando tierras. El pueblo mapuche controlaba sus territorios hasta fines del siglo XIX, apenas cien años atrás. Desde que fueron despojados (Pacificación de la Araucanía en Chile y Campaña del Desierto en Argentina), la vida de las familias mapuche se trasmutó en marginalidad, pobreza, desempleo y discriminación. Rafael Nahuel vivía en los “altos” de Bariloche, donde llegó su familia desde el campo unos años atrás. Pero en las tres últimas décadas la vida cotidiana mapuche comenzó a cambiar. Nacieron organizaciones formadas por jóvenes, se re-crearon comunidades, se recuperaron tierras. En los últimos quince años, luego de agotar la instancia administrativa y judicial, el pueblo mapuche recuperó 250 mil hectáreas que estaban en manos de grandes terratenientes. Una sola empresa, Benetton, concentra un millón de hectáreas en la Patagonia. No ha sido un proceso sencillo. “Las comunidades mapuche que fueron más violentamente reprimidas en los últimos meses en Chubut y Río Negro son parte de las mismas familias que históricamente mueren por balas de los policías, de los dealers o de otras bandas barriales en la periferia urbana”, escribe la antropóloga Ana Ramos en la revista Anfibia. El trasfondo y el contexto que explica la militarización de los territorios mapuche y la criminalización de la recuperación de tierras, se llama extractivismo: en una década y media se pasó de 40 proyectos mineros a 800 proyectos; de 12 millones de hectáreas con soja transgénica se pasó a 22 millones, según el periodista Darío Aranda. No se trata de un modelo productivo, sino de un tipo de sociedad que excluye a la mitad de la población, le expropia las tierras y los recursos naturales a las poblaciones indígenas y a los campesinos. Un proyecto de acumulación de capital que se redondea con especulación inmobiliaria urbana que expulsa a los más pobres hacia las periferias de las ciudades, donde no tienen estrategias de sobrevivencia y dependen sólo de tres recursos posibles: ayudas estatales, vínculos con el narcotráfico, otras actividades ilegales como el robo en pequeña escala (en gran escala la hacen las multinacionales mineras y sojeras). Los mapuche son uno de los sectores sociales más afectados por este modelo de acumulación/despojo, aunque no los únicos. En los últimos años, en algunas regiones falta agua porque se sobre-utiliza en la minería y los monocultivos, lo que agrava la situación de las comunidades. Los grandes medios hacen su labor que cierra el cerco policial/militar. En Argentina acusan a los mapuche de violentos. Los vinculan sin pruebas a las FARC de Colombia, a los grupos kurdos y también a ETA, como hizo el diario Clarín el 22 de enero de este año. El mismo periódico se permitió relacionar a los mapuche con el ISIS y desde el gobierno no dejan de asegurar que se trata de “terroristas”, aunque es evidente que no emplean armas. Ser mapuche es sinónimo de subversivo para el Estado y para buena parte de la sociedad. Creo que hay tres cuestiones que debemos profundizar para comprender dónde está el conflicto entre el pueblo mapuche y los estados argentino y chileno, y escudriñar los posibles derroteros en el mediano plazo. La primera es que luego de la derrota de fines del siglo XIX, el pueblo mapuche está de pie, toma la ofensiva en la recuperación de tierras, consiguió involucrar a los jóvenes, diversificar redes de solidaridad en la sociedad blanca y a escala internacional. El pueblo mapuche ha cambiado en las últimas décadas. Buena parte de sus integrantes adquirieron conocimientos propios del mundo blanco, con los que han creado medios de comunicación, esbozan análisis de su historia y de la realidad mucho más sofisticados que los que pudieron hacer en el pasado. Lo anterior nos indica que la actual ofensiva mapuche por la tierra, la reconstrucción de sus territorios, de la memoria y de sus comunidades, no es coyuntural sino estratégica, durará décadas y está en condiciones de sortear los obstáculos represivos. La actitud del obispo de Bariloche, Juan José Chaparro, que muestra una activa solidaridad con las comunidades mapuche reprimidas y comprende sus estrategias, es revelador de ambos hechos. Consultado por los medios, explicó que algún grupo pudo haber impulsado la toma de un territorio, como ocurre con predios del Gran Buenos Aires, “pero de ahí a que se trate de un ejército organizado con armas de grueso calibre, hay una distancia muy grande” (Página 12, 29 de noviembre de 2017). La segunda cuestión es que el sistema anclado en el extractivismo se comporta como una “guerra contra los pueblos”, como señalan los zapatistas. Las grandes empresas mandan y deciden en la Patagonia (Argentina) y en la Araucanía (Chile), tienen sus propias guardias armadas e imponen su propia ley, que no es más que la fuerza para lubricar ganancias. En la regiones donde impera el extractivismo (minería, hidrocarburos y monocultivos), no existe la legalidad, ni los derechos civiles y humanos. Estamos ante un nuevo colonialismo. Las empresas compran jueces y gobernadores, y al que no se deja, lo apartan. En diciembre de 2016, el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, pidió juicio político para el juez Guido Otranto (enemigo también de los mapuche) por no haber condenado al lonko Facundo Jones Huala, hoy en prisión. “No queremos jueces federales que actúen en connivencia con delincuentes”, dijo Das Neves y llamó a que la población desobedezca al juez (Lavaca, 29 de noviembre de 2017). La tercera cuestión es que los dispositivos de militarización que se aplican contra los indígenas, son los mismos que afectan a los sectores populares urbanos y, muy en particular, a los jóvenes y las mujeres. Quienes resisten en las ciudades la violencia policial desbocada (denominada gatillo fácil) y los feminicidios, tienen mucho en común con los indígenas ya que sufren las mismas represiones por los mismos motivos. A pesar de toda la violencia desatada contra un pueblo, las multinacionales y los estados tienen enormes dificultades para disciplinar a los mapuche, porque comparten destino –objetiva y subjetivamente- con todos los sectores populares. La impresión dominante es que los estados pueden ralentizar el proceso de recuperación de tierras, pero no pueden frenarlo ni hacerlo retroceder. Los inevitables cambios de gobierno juegan a su favor, ya que se abren grietas por las que seguir adelante. Una ventaja estratégica mapuche que hace la diferencia: mientras la sociedad hegemónica piensa en plazos de cuatro o cinco años (electorales) los mapuche, como los demás pueblos originarios, tienen horizontes de siglos. Edición: 3502

¿Cómo hacer cosas con palabras?
Publicado: Martes, 12 Diciembre 2017 13:45
¿Cómo hacer cosas con palabras?

Por Facundo Barrionuevo (APe).- Hay un “nicho” cada vez más popular que año a año se va extendiendo en las culturas juveniles contemporáneas que es imposible de ignorar. El freestyle del rap es una de las más apasionantes y creativas artes que despliegan nuestros pibes y pibas en cualquier lugar de sus pueblos y ciudades. No hay ya rincón de una escuela, de una plaza, de un instituto cerrado, de un centro barrial, el paseo de cualquier costanera o un skatepark que no haya sido testigo de una batalla de freestyle. Llama la atención a cualquier distraído la juntada en movimiento a mano levantada y gritos donde se enfrentan los pibes a pura palabra y rima. Una base pegadiza que puede salir de un gran equipo de audio, un parlante, un celular o directamente de la garganta poderosa de alguno que ofrezca un rato de beat box. El desconocedor que mira de afuera, puede creer que todo eso termina a las piñas por el nivel de provocación o difamaciones personales que se lanzan según la ocasión. Pero no, un choque de manos y puños, un pecho con pecho de respeto y reconocimiento al oponente y los aplausos que cierran el desafío. Y siguen otros... Es una hermandad, una familia, o como se dice en el ambiente: la crew. Los pibes viajan, se encuentran, practican, se desafían y compiten en certamenes de cabotaje o internacionales donde desde ya hace muchos años algunas grandes empresas (las de energizantes por ejemplo) ponen el ojo a la publicidad y los negocios. Es que incluso con lo que surge en los márgenes, el capitalismo busca la manera de hacer dinero. Sin embargo, los pibes no dejan su escencia y los temas del rap siguen siendo la crítica al sistema, el desprecio a las apariencias del poder, historias cotidianas de dolor, la denuncia de las injusticias vividas por los jovenes y los sectores empobrecidos. No voy a hacer lo que quieran que cante, jamás./ Tengo cosas que hablar más importantes que el rap / que suba al escenario a hacerme millonario?/ soy todo lo contrario, me tendrán que esperar./ El rap de este lado te hace llegar / cosas que en las noticias no te vas a enterar (Sony)A principio de septiembre, en la primer audiencia pública que iniciaba el proceso de elección del Defensor del Niño, cargo adeduado desde la sanción de la ley de protección integral de derechos niños, niñas y adolescentes (26.061), los exponentes máximos del género en Argentina presentaron el tema “No mires a otro lado”. “No es oro pero brilla / La sangre derramada de lo pibes de la villa / Con un estado que defiende al que gatilla / Y nadie se pone en los pies del que no tiene zapatilla”. Esta actividad con la música, al pibe o piba que rapea (porque también la cultura del freestyle viene laburando la cuestión de género), lo nutre con una capacidad para sobreponerse a situaciones adversas, vencer la vergüenza, resolver situaciones complejas, profundizar en el sentido del lenguaje, decir su pensamiento, expresar lo cotidiano, desarrollar poesía. Son los herederos de los payadores de nuestra pampa que también cantaban penas y amores. De algún modo, guardan la tradición del trovador y del juglar medieval que venía cargado de historias para contarlas con belleza y picardía. Ya no es raro escucharlos improvisar o cantar canciones en un acto de escuela, en una reunión familiar, una movilización o un bondi. Estos maestros de la lírica urbana esculpen la realidad con palabras y rimas consonantes jugando con los ritmos y los compases de 6x8 y 3x4. Los pulsos de las bases rítmicas ponen a todo el mundo a cabecear a coro, en un autismo colectivo que sólo se interrumpe por el grito que festeja alguna genialidad en una rima con buen sentido que cierra una estrofa. *** En los últimos dos años las competencias en plazas en Capital Federal y Gran Buenos Aires vieron un fenómeno de explosión. El Quinto Escalón, la gran competencia del Parque Rivadavia que se realiza domingo por medio, llegó a tener hasta 300 inscriptos y más de 3 mil espectadores. El 3 de diciembre de este año en la más famosa batalla internacional de habla hispana que se realizó en México, fue subcampeón el argentino Valentín Oliva, conocido en el under como WOS. Valentín se hizo camino con 19 años, en medio de una generación de raperos ya consagrados, y se plantea instalar nuevas lógicas en el discurso de ese medio. En varias entrevistas dadas para portales nacionales y alternativos hizo mención a la necesidad de correrse de la lógica de humillación del oponente y el machismo imperante en el freestyle para dar paso con más vigor todavía a la participación de las chicas y el desafío de crear métricas de nuevo tipo. La nota la dio cuando el 29 de agosto en la final nacional en el Luna Park, transmitida en vivo por la web, con la increíble cifra de 2 millones de visualizaciones, se despidió pidiendo por Santiago Maldonado y reclamando por los despidos de trabajadores bajo el gobierno de Macri: “A mi hermano lo echaron del trabajo este año; a otros parientes también les pasó. El rap nació de la protesta social y siento que es necesario que se hable, que no nos callemos cosas como lo de Santiago Maldonado, porque la única forma de que no pasen más es no olvidarnos ni callarnos. Y si yo, que soy un pibe joven y que tengo un gran alcance (sobre todo en ese momento), no hablo de estas cosas, no sé quién lo va a hacer”, declaró WOS para la Rollingstone. *** En el idioma hebreo, el “dabar” es la palabra o verbo que aparte de nombrar algo también ejecuta una realidad. Existe en la cultura semita un lugar sagrado dado a la palabra. La palabra es acción; 'la palabra se hizo carne', dice el Evangelio de San Juan. En 1962, John Austin, publica “Cómo hacer cosas con palabras”, un clásico de la moderna teoría de los actos de habla. En ella postula el carácter performativo de los enunciados, es decir, la capacidad de realización del acto discursivo, su poder transformador de la realidad. Desde la psicología, es conocido el lugar que da Lacan al discurso. La palabra también constituye y transforma al que la pronuncia. Los berretines de la cárcel y la villa también van al hip-hop como lunfardo de resistencia y diferenciación social de las subculturas juveniles que miran el mundo con sentido crítico y extrañados de las maneras de vinculación y existencia hegemónicas. Las rondas de freestyle tienen la potencia de conformar nuevos foros de participación, ágoras de nuevas ciudadanías que no están exentas de repetir las lógicas de la dominación. Son reflejos de los habitares juveniles que ensayan, en el medio de las contradicciones, nuevos modos de existencia. Edición: 3508

Corazón del capitalismo
Publicado: Martes, 12 Diciembre 2017 12:58
Corazón del capitalismo

Por Carlos del Frade (APe).- La tercera semana del juicio a Los Monos tuvo uno de sus ejes en las armas. Siempre hay que recordar las cinco arterias que alimentan el corazón del capitalismo: petróleo, armas, medicamentos, narcotráfico y trata de personas. De allí que quizás haya que pensar diferente. Pensar, por ejemplo, que el negocio de las armas necesita usuarios como Los Monos. El jueves 7 de diciembre de 2017, el experto perito Gustavo Colombo, describió las armas que, en su momento, les fueron requisadas a los integrantes de la banda. “Más de veinte piezas secuestradas desde fines de mayo de 2013, cuando se concretó el grueso de las detenciones y allanamientos en la causa, fueron reconocidas por el perito balístico Gustavo Daniel Colombo, quien acreditó que todas tenían aptitud para el disparo. Sobresalieron una ametralladora FMK3 que perteneció a la policía cordobesa y el cargador de un fusil FAL de gran poder ofensivo”, sintetizaron los medios de comunicación regionales. Colombo revisó siete informes realizados en el año 2013 sobre 22 armas, un cargador y un silenciador secuestrados en el marco de la causa. El domingo 16 de febrero de 2014, el entonces ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe, Raúl Lamberto, sostenía que Registro Nacional de Armas “tiene registradas dos millones de armas a nivel nacional, a la provincia de Santa Fe le corresponde un 10 por ciento (150 mil) y se estima que por cada arma legal hay una ilegal”, sostuvo el ministro de Seguridad de la provincia, Raúl Lamberto. Con lo cual habría 300 mil armas en manos de civiles en toda la provincia”, era el cálculo. La arteria del corazón del capitalismo, el negocio de las armas, funciona muy bien en la provincia de Santa Fe. Los resultados son contundentes: *900 heridos de bala ingresaron al Hospital de Emergencias “Clemente Alvarez” de la ciudad de Rosario durante 2013. *La mitad de las 264 personas asesinadas en 2013 ya habían sido baleadas antes. *El 80 por ciento de las personas que fueron víctimas de un homicidio murieron por lesiones con armas de fuego. *El 40 por ciento eran jóvenes entre 15 y 24 años, en su mayoría sin estudios secundarios. *”Durante la última década en Rosario hubo un incremento de 45 por ciento de la participación de armas de fuego en el total de homicidios”, sostuvo la propia intendenta de la ciudad, Mónica Fein. Entre septiembre de 2016 y fines de 2017, los principales responsables de las fuerzas federales enviadas a la provincia de Santa Fe, sostuvieron que les había impactado la cantidad de armas de guerra presentes en los hechos delictivos menores en la zona del Gran Rosario. A fines de 2012, Los Monos aparecían nombrados en un informe nacional que parecía, en realidad, un fragmento de una obra de ficción. “A principios de 2009, Máximo Ariel Cantero conoce a ciertos personajes paraguayos, proveedores de marihuana, que lo contactan con vendedores de armas en la Triple Frontera, los que comienzan aprovisionándolo de armamento tal como pistolas ametralladoras Capoeira, de origen brasileño, pistolas y revólveres Taurus y escopetas CBC calibre 12.70 a trombón, los que son traídas a nuestro medio a mediados de 2009. Cantero padre, en tanto, concurre por algunos meses a una favela de Río de Janeiro, donde toma contacto con personas ligadas al narcotráfico integrantes del grupo conocido como Comando Vermelho, incorporando a sus conocimientos delictivos los métodos que comienzan a emplearse ese año, cuando expanden sus negocios de comercialización de drogas a diferentes puntos de la ciudad y zona de influencia, asociándose con el conocido narcotraficante y barrabrava de Ñuls, Daniel Vázquez”, dice uno de esos documentos que llegaron a la justicia federal, tanto rosarino como porteña. La ametralladora de la policía cordobesa que fue exhibida en la tercera semana del juicio a Los Monos es, en realidad, la expresión de un fantástico negocio que tiene dos mercados, el legal y el ilegal. Y ambos gozan de muy buena salud, no solamente en la provincia de Santa Fe, sino también en Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y Mendoza. Lo que no apareció en el juicio ni tampoco se conoció en otros juzgados del país, es la geografía de los “nidos”, de los lugares que concentran la mayor cantidad de armas. La ametralladora de Los Monos, en síntesis, no es más que la expresión de la impunidad con que se manejan los principales cinco negocios del capitalismo, las arterias que nutren de vitalidad su perverso corazón. Fuentes: “Rosario/12”, domingo 16 de febrero de 2014; Secretaría de Salud Pública de la Municipalidad de Rosario, marzo de 2014); “Ciudad blanca, crónica negra”, Rosario, 2015, obra del autor de la nota; diarios “El Ciudadano”, “La Capital” y “Rosario/12”, del viernes 8 de diciembre de 2017; entrevistas realizadas por el autor de esta nota. Edición: 3507  

Los Monos (VI)
Publicado: Lunes, 11 Diciembre 2017 12:43
Los Monos (VI)

Por Carlos del Frade (APe).- El 8 de septiembre de 2012, Martín “el Fantasma” Paz, fue asesinado en pleno macrocentro rosarino, en Entre Ríos y bulevar 27 de Febrero, prólogo de la zona sur de la ex ciudad obrera. A partir de esa sangre derramada, comenzó una seguidilla de asesinatos que tuvo su punto máximo en el homicidio de Claudio “el Pájaro” Cantero, el 26 de mayo de 2013. Durante ese año, la Cuna de la Bandera fue conmovida por 264 asesinatos, cuadruplicando la tasa nacional de homicidios. -De los 200 homicidios que hay por año en Rosario, la mitad los cometieron los Cantero…-dijo el martes 5 de diciembre de 2017, Luis Paz, el papá del “Fantasma”. Lo hizo en el marco del juicio a la banda de Los Monos, donde muchos testigos decidieron no presentarse. Los Paz y los Cantero se conocían desde hace años y compartían amores y negocios, dineros y violencia. Pero es demasiado simplista pensar que la violencia en la geografía rodeada por las aguas marrones del Paraná se sintetice en Los Monos. El diálogo en los tribunales parece ser el guión de una novela latinoamericana que, por ahora, no termina de presentar a todos y cada uno de sus actores centrales o los más poderosos. Amor, muerte y poder son las fuerzas que sintetizan lo humano, dicen los grandes escritores, desde Cervantes y Shakespeare hasta Gorodischer y Fontanarrosa. Esas fuerzas comenzaron a aparecer en el juicio que se lleva adelante en el nuevo edificio de la justicia penal rosarina. La hija de Paz, novia del Pájaro Cantero; el “Fantasma” Paz, en su momento, novio de alguna chica de la familia Cantero. Amor, muerte y poder casi en clave familiar. Escenografía del sur del mundo. Sin embargo, por ahora, hay ausencias poderosas. Lo que se escucha en el juicio van presentando la novela. Las frases van articulando dramas particulares en un contexto de impunidad y extraña distancia de lo político institucional. -Lo que hacía mi hijo, yo no sé si es lícito o ilícito. Él prestaba dinero… La muerte de mi hijo fue un complot…Cuando lo mataron les convenía a todos, porque todos le debían plata…También vendía autos. Medio Rosario le debía plata… Los Canteros no pueden comprar un caramelo por derecha – agregó Luis Paz, un hombre relacionado con barras bravas, el negocio del boxeo y conexiones con gente vinculada al narcotráfico, no solamente en Rosario, si no también en Santa Fe. El automóvil en el que circulaba su hijo al momento del asesinato, aquel 8 de septiembre de 2012, terminó formando parte del patrimonio del ahora preso por narcotraficante, “El Zurdo” Villarreal, de la ciudad de Santa Fe, amo y señor del barrio Alto Verde, propietario de un cable y un club, con buenas relaciones con la barra del club Colón de la capital del segundo estado de la Argentina. Pablo Cejas, policía asesinado durante 2017, informó que Paz vivía en un country de Santa Fe y que tenía, por lo menos, cuatro automóviles. Paz, por otro lado, siempre fue acusado por ser un amigo del juez que hizo toda la investigación de la banda de Los Monos, el doctor Juan Carlos Vienna. Para Paz, los Cantero están detrás del asesinato de su hijo. -Fue una traición…De los 200 homicidios que hay en Rosario por año, la mitad los cometió esta gente – remarcó. Un rato después, Ramón Machuca, más conocido como el Monchi Cantero, le respondió. -Quiero que se sepa la verdad…El (por Paz) dice que yo maté a su hijo, pero yo era amigo del hijo. Yo quiero que se llegue hasta el final de todo esto y que se sepa la verdad…Le diría al señor Paz que no se deje llevar por comentarios de calle como hicieron con esta investigación - sostuvo Monchi. En la jornada del martes 5 de diciembre de 2017, el cruce entre Luis Paz y Monchi Cantero parece formar parte de un drama familiar, barrial. Sin embargo, detrás de cada palabra, en el contexto de los barrios y el dinero que fue y vino durante años, también se mueven los hilos, por ahora invisible, de poderes que no están sentados ni entre los acusados del juicio ni tampoco entre los que lloran a los muertos por esas balas en el silencio de las viviendas humildes de los barrios de la ex ciudad industrial. Edición: 3505

Risas que subvierten
Publicado: Lunes, 04 Diciembre 2017 15:47
Risas que subvierten

Por Bernardo Penoucos (APe).- Están sonriendo. En la mayoría de las fotos están sonriendo. Puede ser una foto casual, puede ser una foto grupal. Pero sonríen. También están pensando; deduzco que en muchísimas de las fotos están pensando o leyendo o mirando con la mirada que habita el mundo. Recuerdo una foto de Darío Santillán con una remera rokera sonriendo en una manifestación. Recuerdo otra foto, también de él, leyendo en una cama y con un poster del Che en el respaldo. Veo las imágenes de Santiago Maldonado y su mirada es de disfrute, de ojos calmos que miran con mucha gente, mirada de tatuajes y alegrías y sonrisas. Lo veo ahora a Rafael Nahuel también sonriendo, lo veo con gente en un campamento, con pibes de su misma edad, hablando de cosas de pibes y hablando de cosas del mundo. Siempre hay gente en las fotos e imágenes de los que fueron arrancados, hay gente en ronda, hay gente hablando, hay gente en una asamblea, hay gente participando y decidiendo. Y sonriendo. Debe ser que Mario tenía razón y tiene razón cuando manifestó que la alegría es trinchera y que es cosa seria también andar sonriendo en una tierra marcada por la tristeza y el horror. Y que es jugar y jugarse sonreír junto a los otros en un mundo de serios trajeados y hablando difícil en todas las cámaras de televisión. Porque se sabe -y sabemos- que en esas sonrisas también se anuncia ese otro disfrute de un mundo distinto, ese otro vínculo con el otro, esa construcción tan vociferada desde tantas plataformas electorales pero, a fin de cuentas, sólo llevada adelante por estos que se nos van. Y nos los arrancan en un abrir y cerrar de ojos. Molesta la sonrisa del pobre, molesta su alegría, molestan sus palabras como molesta su color de piel y su ropa. Y molestan también sus bailes y sus atrevimientos de andar sonriendo en un mapa de dolores, planificadas injusticias y plomos al por mayor. Ahora, que desde los atriles mediáticos de la judicialización, se vuelve a nombrar al otro como subversivo; ahora que viejas categorías dictatoriales empujan por actualizarse, ahora que un niño mapuche, un pibe de la villa o una mamá referente de un barrio puede volver a ingresar en el concepto de subversivo; ahora que los miedos vuelven a filtrarse impunes en el cotidiano y que las fuerzas de seguridad usan pasamontañas y balas de plomo; ahora que las listas negras se desempolvan, ahora también es hora de cantar como Silvio y decirles y explicarles que sabemos de sobra cuánto de subversivo vive en una sonrisa. Que sabemos que la alegría de imaginar mundos distintos ha costado tanta sangre y tanto olvido, que lo sabemos y que vemos con los ojos del terror cómo se siguen matando sueños y raíces, cuerpos jóvenes y canciones, comunidades ancestrales y memorias. Pero que también sabemos que hay la sonrisa y que hay la alegría por sobre todo el dolor. Y que es cosa seria seguir sonriendo. Y que forma parte de un posicionamiento crítico invalorable la alegría colectiva. Y que sí, que hay mucho de subversivo en una sonrisa, porque la tierra sigue patas para arriba hace rato y si no la damos vuelta, si no la pensamos desde otra perspectiva, si no la reconstruimos desde otras categorías y prácticas posibles, si no hay posibilidad de subvertirla, se nos seguirán -nos seguiremos- cayendo en las fosas comunes que el sistema de la desidia nos tiene reservadas para todos nosotros. Edición: 3501

La densidad rosarina (IV)
Publicado: Miércoles, 29 Noviembre 2017 13:24
La densidad rosarina (IV)

Por Carlos del Frade (APe).- El 28 de noviembre de 1972 era secuestrado Àngel “Tacuarita” Brandaza, militante del Peronismo de Base y se convertía en el primer desaparecido de los años setenta. Fue en Rosario y el grupo de tareas que lo chupó estaba comandado por Agustín Feced e integrantes de la policía provincial y del lumpenaje de aquellos tiempos, cuando la ciudad todavía era obrera, portuaria, ferroviaria e industrial. Policías, militares, civiles regenteados por sindicatos y delincuentes de diversas dimensiones, compartían la densidad de las calles y crecerían vendiendo su violencia organizada. Densidad rosarina y fuerzas de tareas donde todos sus integrantes estaban mezclados… Cuarenta y cinco años después, en el lugar con igual nombre pero con otra geografía, fruto del saqueo de los espacios laborales, sin trenes ni talleres, con un puerto que le da trabajo a casi la décima parte en comparación con aquellos días del secuestro de Tacuarita; el juicio a la banda de Los Monos vuelve a mostrar esas organizaciones en las que policías y civiles violentos hacen negocio, ahora, a través de la democratizada actividad del narcotráfico. Este martes 28 de noviembre de 2017, el ya retirado comisario mayor Raúl Sacone, con treinta años de experiencia policial y abogado desde hace siete años, testigo en la causa en que se juzga a la banda como asociación ilícita, expuso la precariedad científica de la fuerza de seguridad de la provincia al manifestar un profundo desconocimiento sobre lo que hacían sus subordinados en la llamada División de Judiciales, la que llevó adelante la mayor parte de la investigación de los negocios de la familia Cantero. Florecieron en el desarrollo de la audiencia las figuras de los “dateros”, “informantes” y hasta se habló de “la fuga de datos de personal policial” a cargo de otros policías. La Santafesina SA, aquella forjada en los tiempos del “comandante” Feced, empieza a ubicarse como parte del problema y no supuesto auxiliar de la justicia. Y una vez más son las palabras que se dicen las que revelan ciertas políticas. Sacone dijo que el asesinato de Martín “el Fantasma” Paz, en septiembre de 2012, fue “impactante” y por lo tanto le dieron prioridad. Ese adjetivo marca un principio de explicación: hay crímenes comunes y otros “impactantes”, es decir que pueden alterar el humor social. No hace mucho, el prestigioso criminólogo y actual asesor de seguridad del gobierno de Santa Fe en materia de seguridad, Marcelo Saín, explicaba que todas las administraciones necesitan una tasa de homicidios tranquila. Que no haya homicidios impactantes y que produzcan convulsiones, movilizaciones, reclamos, cuestionamientos. Esa tasa de homicidios tranquila se logra con la menor cantidad de asesinatos impactantes. La “División” o “Brigada de Judiciales” comenzó a actuar porque la percepción política que el crimen del “Fantasma” Paz podía alterar la tasa de homicidios tranquila. Durante más de dos horas, el ex comisario Sacone repitió varias veces que no sabía ni recordaba lo que hacían sus subordinados ni tampoco pudo describir cómo, quiénes y qué hacían los dateros o informantes. Las preguntas de los fiscales y los abogados de la Banda pusieron en evidencia esa densidad donde policías, violentos y narcos parecen convivir sin mayores problemas. Hasta parecía necesario investigar a los investigadores. El viejo juego de policía y ladrón dejaba de tener sentido en el cúmulo de palabras dichas y escuchadas. Los límites nunca fueron claros ni precisos. Los métodos policiales no fueron claros ni precisos. “No tienen pruebas”, fue la frase repetida entre los defensores de Los Monos. Y sobre esa idea cabalgarán durante los meses que durará el juicio. -Se llevaron una tabla de planchar – gritó en dos momentos, Lorena Verdún, ex pareja y mamá de tres chicos del “Pájaro” Cantero, asesinado el 26 de mayo de 2013. La tuvieron que desalojar de la sala donde se desarrolla el juicio. Antes de irse, Lorena le dijo al juez que el testigo “era una vergüenza” y que “debía estar preso”. -La realidad supera la ficción…hay que buscar debajo de la olla – sostuvo el ex comisario. El problema no es lo que se cocina en la olla, sino el fuego que la calienta. Extraña pero interesante definición de lo que se investiga en este juicio. ¿Qué es lo que calienta el guiso que se cocina en la gran olla rosarina?. Curiosa y atrapante imagen. Y una vez más, la manera de recolectar información de parte de la División de Judiciales fue otro punto oscuro. No fue aclarada ni mucho menos. La sempiterna mención a la “información de calle” tampoco tuvo descripción. “Los subordinados deben saber”, dijo el ex comisario. En otro punto del relato, aparecieron menciones a negocios en forma conjunta entre el “Monchi” Cantero, el policía “Chavo” Maciel y parte del Comando Radioeléctrico, al mismo tiempo que se repetía cómo se fugaban datos personales de la mismísima policía hacia los integrantes de la banda. Todo mezclado. Una ciénaga. Pura densidad rosarina de la ciudad que dejó de ser obrera, portuaria y ferroviaria, como en aquellos tiempos de la desaparición de Brandaza, pero que supo mantener, cuarenta y cinco años después, las distintas “fuerzas de tareas” siempre vigente. El negocio de la sangre, el negocio de la violencia y el flujo de dinero, ahora, en la nueva geografía, a través del narcotráfico. Sangre y dinero, la vieja lógica del viejo sistema capitalista.   Fuentes: Audiencia pública de la mañana del 28 de noviembre de 2017 en el nuevo edificio de la Justicia Penal rosarina. “Desaparecidos, desocupados” y “Ciudad blanca, crónica negra”, del autor de esta nota. Edición: 3497  

────────────────────

Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

In order to view RSCoolMp3Player you need Flash Player 9+ support!

Get Adobe Flash player

────────────────

Galería fotográfica

 

────────────────────

────────────────────

────────────────────

Santiago Maldonado

Aparición con vida ya. 


Impunidad

Crece el número de familiares que todos los viernes marchan en Salta contra la impunidad. Después de 6 años, llegan a más de 200 casos.


Dos años

Detuvieron a una pareja, en Moreno (Buenos Aires), por matar a una nena de dos años, hija de la mujer.


Bariloche

Bariloche se moviliza contra la instalación de una central nuclear en la Patagonia.


Sofía

A 9 años de la desaparición de Sofía Herrera, sin rastros de la pequeña, sus padres deben soportar presiones y acosos.


Causas armadas

Absolvieron a Claudio Castro, su hermano y un amigo en una causa armada. El tribunal ordenó investigar a la fiscalía y a la policía.


────────────────────

────────────────────

Hechos en imágenes

────────────────────

Libros de APE

Revistas de APE