Ana Libertad
Publicado: Viernes, 29 Agosto 2014 12:54
Ana Libertad

Por Laura Taffetani       (APe).- “Apareció la nieta de Licha” decía el mensaje que iba circulando de celular en celular irrumpiendo sorpresivamente en la tarde del viernes de la semana pasada, desatando la alegría que nos desbordaba a corazón abierto a medida que íbamos confirmando la noticia. Y era así nomás, se trataba de la mismísima Ana Libertad Baratti De la Cuadra, cuya identidad parece que andaba perdida por lejanas tierras del viejo continente. Vaya uno a saber cuándo comenzó a buscarse, a buscarla, a buscarnos. Y finalmente nos encontró. Si bien cada una de estas historias siempre nos conmueve y nos deja el sabor de sentir que le arrancamos un pequeño triunfo al dolor y al despojo, la historia de Ana, como la de Guido, de alguna forma adquiere un impacto mayor y trasciende de otra manera. Y es que Ana Libertad es la nieta de Licha De La Cuadra, la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Una de esas mujeres que es posible que no figure en los manuales de historia, ni muchos conozcan su rostro, pero que porta el privilegio de ser una figura cuya presencia deja huellas profundas en la memoria de uno de los períodos más cruentos de los vividos en Argentina. Porque la historia de Ana es también la de su madre Elena quien, al igual que muchas de las detenidas-desaparecidas embarazadas, luchó hasta el último suspiro por conservar la vida de esa niña que crecía en su vientre en condiciones inimaginables, quizás sintiéndose portadora de una esperanza que por su inocencia pensaba que no le iban a poder arrebatar. Es la historia de los compañeros y compañeras que compartieron el encierro de Elena entregando los retazos de sobrevida que les quedaba para ayudarla a dar a luz y comenzar así un nuevo ciclo de la vida.    Historia de compañeros y compañeras que arriesgaron sus vidas para hacerle llegar a Licha papelitos, visitas, llamadas y mensajes: “nació el 16 de junio de 1977”, “le pusieron Ana Libertad” “pesó 3 kilos 750 gramos”, “búsquenla”. Y es la historia de su padre Héctor, que peleó con tanta furia para que no lograran apropiársela, que salió del mar donde lo arrojaron en los llamados vuelos de la muerte para poder dejar a su hija su ADN y completar el 99,99% de certeza en el análisis que le hicieran a Ana. La historia de Ana también es la de su abuela Licha que cuando cayó la patota a su casa y se la llevaban detenida vio a su hijo Roberto contra la pared y lo negó para salvarle la vida, no pudiendo evitar que otros de la patota lo reconocieran y se lo llevaran delante suyo. Licha, la que sabiendo que su hija estaba detenida en la comisaría 5ta de La Plata, en el día de su cumpleaños, llevó varias tortas -como las que le gustaban a Elena- a los policías pensando que su hija quizás pudiera verlas y supiera así que ella estaba cerca. La que tuvo el coraje, junto con otras abuelas, de pensar en colectivo, de abrazar en su lucha a todos los niños y niñas desaparecidos y cuyo testimonio de vida sería imposible de relatar en una sola nota, aunque ella siempre andaba huyendo de bronces y reconocimientos. La historia de Ana también es la de Estelita, su tía materna, que desde que volvió del exilio no dejó de acompañar a Licha en su lucha. Sobreviviente de una familia diezmada pero, sobretodo, sobreviviente de esa generación que pagó con dolor y sangre la osadía de haber pretendido ser portadora de utopías. Pocas personas dejan huella en la vida de cada uno de nosotros. Para mí, Estela fue una de ellas. Ella me enseñó a mirar más allá del horror acaecido, me señaló las consecuencias: ese sueño trunco de un proyecto de país diferente, de un proyecto que muy lejos estaba del centenar de muertes que el narcotráfico se lleva en barrios de miseria en Rosario, o de las permanentes vejaciones que viven los pueblos originarios en el norte del país o de las familias desalojadas y dejadas a la intemperie bajo el granizo en Villa Lugano para resguardar un negocio inmobiliario. La historia de Ana es también la historia de todos los que tuvimos el privilegio de conocer gente como Licha o Estelita, que tratamos de seguir soñando que otra vida es posible, que no dijimos “pobres habrá siempre” y que seguimos apostando a que vuelva a germinar en los corazones las ganas de pelear una sociedad donde los chicos no anden con su alma caminando descalza por los pasillos de una villa. Porque lo que realmente uno ha aprendido a lo largo de la vida, es que el verdadero triunfo de la dictadura militar es habernos hecho creer que nada se puede cambiar, que no nos queda otro remedio que transitar este capitalismo en serio acomodándonos del modo que nos conviene a cada uno. Bienvenida Ana Libertad, yo creo que la memoria del paraíso es tan antigua como el corazón de los hombres. Ahora te toca a vos inscribir en tu vida esta historia que no conocías; sabrás entonces que queda mucho por hacer. La pintura es de Chempes Saurio, nieto de Licha de la Cuadra. Edición: 2765  

Balas que se pierden
Publicado: Miercoles, 27 Agosto 2014 14:48
Balas que se pierden

Por Claudia Rafael (APe).- Los quince años de Sabrina se quedaron arrumbados en el cemento del patio de la escuela. Un trozo de plomo 9 milímetros le estragó el cuerpo hasta estallar. Como suelen decir fríamente los informes de autopsia “por una hemorragia masiva de la aorta y el pulmón”. Son misteriosos los informes. Exilian la vida y los deseos con la misma dureza que las balas que la recorrieron hasta desangrar. Los expedientes judiciales hablan de una persecución. De un patrullero que se quedó a mitad de camino. De un auto robado a treinta cuadras de distancia. De un tiroteo que los jefes policiales se cuidan muy bien de ubicar a 200 metros del colegio al que iba Sabrina Olmos en Morón. “En la Justicia deslizan que parte del enfrentamiento se dio delante del colegio, no a 200 metros” (Página12). De balas que viajan. Que recorren distancias y atraviesan paredes, puertas, pieles, cuerpos. Los peritos destierran la risa de Sabrina Olmos en el tipeo apurado. Y cuando en el papeleo escriben que en el Fiat Palio perseguido por patrullas policiales había dos armas: una calibre 22 y otra, 45, no asumen –porque los expedientes suelen obviarlo- que a Sabrina, cuando sonreía, se le formaban un par de rayitas a los lados de la boca. Las balas –machacarán los policías de la Bonaerense- suelen tener comportamientos extraños. Y a veces asesinan la vida, la destruyen, la riegan de crueldad, como si estuvieran pobladas de voluntad y de intencionalidad humana. Las balas son expertas en perderse. Tanto, que hay interminables listados con nombres de chicos atrapados por sus garras cuando emergen con la violencia del odio del breve caño de un revólver. Micaela Ruiz tenía 13 y vivía en Villa Fiorito. Y las balas 9 milímetros impactaron en su pecho. Eran soldaditos de la droga pugnando por sus territorios. Amparados por señores de uniforme que suelen ofrecer auto, armas y zonas liberadas. Micaela simplemente había ido a hacer un mandado tres años atrás. O Julián, un nene de apenas 3, que jugaba en la pileta del jardín en enero de 2008 hasta que una bala le destrozó la cabeza. Ahí, en Quilmes, en el patio de su casa que tiene un muro de más de dos metros de alto que la rodea. Enzo Ledesma vivió, como Micaela, tan solo 13 años. Y lo atravesaron las balas de banditas narcos que en José León Suárez también –como en Fiorito- cuentan con oficiales protecciones. El país está poblado de crónicas de vida escueta como la de Sabrina. En ocasiones, el brazo armado del Estado. Y tantas otras, sus dilectos protegidos lanzados a la violencia superviviente de las calles. Siete años vivió Serena Martínez en Santa Fe. Porque esas balas que insisten tercamente en perderse para derrumbar perversamente los días, le perforaron los sueños y la vaciaron de savia. Carlos del Frade, periodista de APe, escribía entonces que “en el lugar de donde partieron los balazos se encontraron cinco vainas calibre 22 y otras 17, calibre 9 milímetros. La jueza de menores de turno, Susana de Bilich, detuvo a dos menores que tendrían relación con la injusta muerte de Serena. ¿Quiénes hicieron posible que revólveres o pistolas 22 y 9 milímetros estuvieran tan al alcance de las manos de pibes menores de dieciocho años?.¿Por qué esos pibes no tenían otras cosas entre sus manos que no fueran pistolas?”. Un manojo de meses atrás, en la mendocina Bermejo, los cuatro años de Agustín quedaron vencidos sobre los baldosones de la vereda. Nuevamente banditas en pugna. Que pusieron freno a la historia simple de un chico que sólo quería jugar. Como Kevin Molina, cuya vida entera duró nueve años. Y escuchó silbar las balas tan potentes en el corazón de la precariedad de su casilla, en Villa Zavaleta. Que lo buscaron hasta atraparlo. A él, resguardado bajo una mesada. Sabrina, Enzo, Julián, Micaela, Serena, Agustín, Kevin … sus muertes son hijas de las balas. Que los atraparon hasta exponerlos a la más cruda soledad. Desamparados en ese instante final en que la humanidad escribe una vez más su naufragio. Porque no hay fracaso más enorme que aquel en que se asesinan las simientes. Edición: 2763

La tragedia de Lugano
Publicado: Lunes, 25 Agosto 2014 14:58
La tragedia de Lugano

Por Silvana Melo Fotos: Carlos Brigo (APe).- A las ocho de la mañana entraron a Cruz y Pola. Era sábado y Carmen se disponía a un sueño liviano, después de la guardia nocturna de las tres y media a las siete y media de la mañana. “Hacíamos las guardias para cuidar nuestras cosas, porque nosotros también somos víctimas de robos”. Pero no llegó a cerrar los ojos cuando oyó el tumulto. Y sus niños empezaron a llorar cuando la casilla tembló por los golpes.

Socialismo o alzheimer
Publicado: Jueves, 21 Agosto 2014 13:08
Socialismo o alzheimer

Liberación o Dependencia Por Alfredo Grande   (APe.-) Pienso que en la ciencia, y también en la política hay un círculo virtuoso. Cuando decimos lo mismo con diferentes palabras. El pensamiento se amplifica, posibilita nuevos sentidos no excluyentes, los conceptos se hacen más consistentes y más útiles. Los conceptos son herramientas para poder conocer primero y transformar después a nuestra realidad. Cuando somos hábiles, esas herramientas serán instrumentos, y como tales podrán tener precisión y criterio para sacar lo que sobra y poner lo que falta.

Crimen
Publicado: Viernes, 15 Agosto 2014 13:35
Crimen

Por Asociación Civil Crecer Juntos (*) (APe).- La escena del crimen está custodiada. “Por algo se ahorcó” dice Manuel con su rápida descripción del hecho que a fuerza de abrazos va buscando desnaturalizar; “hay que ser macho para decidirse” dice otro ayudando a buscar las hipótesis claras, “le pasaba algo groso… seguro” insisten hasta que alguno dispara su certeza… “O no le pasaba nada” siguen llegando las voces del barrio y con ellas rumores de ranchadas que desde todos lados van haciendo sentir en el silencio de sus miradas la fuerza del changuito, Rodrigo su nombre, que acaba de dejar su último alarido pidiendo vida, en el rincón del barrio.

El pueblo no quiere saber de qué se trata
Publicado: Jueves, 28 Agosto 2014 13:47
El pueblo no quiere saber de qué se trata

Por Alfredo Grande (APe).- Hay mitos fundacionales de la Patria. "¡El pueblo quiere saber de qué se trata!" es una frase anónima que surgió durante una manifestación en la Revolución de Mayo en la actual Nación Argentina, y que en adelante se utiliza en forma icónica para representar los contextos en que la población reclama transparencia a los actos de gobierno. La manifestación mencionada tuvo lugar el 25 de mayo de 1810. Se reclamaba la anulación de la formación de una junta de gobierno presidida por el entonces virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, que había dispuesto el Cabildo el día anterior, contrariando los resultados del Cabildo Abierto del 22 de mayo. Dicha manifestación era fogoneada por Domingo French y Antonio Berutti”. Wikipedia resume lo que hace 200 años era el fundante de la revolución de mayo. Era un saber y era un poder. No traicionar las resoluciones libertarias del 22 de mayo.

Entre deseo y realidad
Publicado: Martes, 26 Agosto 2014 13:26
Entre deseo y realidad

Por Carlos Del Frade (APe).- -En Rosario todo el año es el día del niño– dicen los carteles que instaló la Municipalidad en distintas calles de la ex ciudad obrera, portuaria y ferroviaria. Es un hermoso deseo. Y el esfuerzo cotidiano de miles. Pero no es la realidad de muchas pibas y muchos pibes.

Diez años después
Publicado: Miercoles, 20 Agosto 2014 15:30
Diez años después

Por Claudia Rafael    (APe).- Diez largos años. Ese es el tiempo de la justicia para los olvidados de la tierra. Una década después, cuando ya la memoria es patrimonio casi exclusivo de quienes los quisieron se fijó la fecha para que, dentro de un año, los culpables de la masacre de Quilmes respondan por tanta muerte. El 10 de agosto de 2015 los policías Juan Pedro Soria (comisario), Basilio Vujovich (subcomisario), Pedreira, Juan Guzmán, Hugo Daniel D´Elia, Franco Gongora, y Gustavo Altamirano se sentarán en el banquillo de los acusados. Diego, Elías, Miguel y Manuel serían hombres adultos para entonces. No los dejaron. Con esa sistematicidad que suele sostener la violencia institucional, les arrebataron los días y les quemaron la vida en apenas un instante feroz. Diego Maldonado tenía 16, como Elías Jiménez. Miguel Aranda y Manuel Figueroa habían nacido un año antes. Eran siete chicos en el calabozo uno. Otros diez, en el dos. Uno de los adolescentes pedía a los gritos ir al baño. Reclamo vano, como suele ser el de los despojados. Cuentan que rompió el candado y que se desencadenó la violencia policial. Golpes. Palos. Gritos. Baldazos de agua. Desnudez. Más gritos. Puñetazos. Perversidad. Más gritos. Una chispa. Fuego. Colchones en llamas. “Los policías los empujaban encima de los quemados para que cayeran arriba”; un policía apodado Spray, “se subió sobre su espalda y le caminaba encima (...) caminaron sobre dos o tres de los pibes que estaban quemados (...) los pibes les gritaban que los llevaran al hospital”; “a todos los que estaban quemados les pegaban con las gomas y les preguntaban quién había prendido el fuego”; “le pidieron al policía si se podían mojar, que en el piso había agua. Entonces se arrodillaban y se mojaban el pecho contra el piso”; a algunos les “caía la piel a pedazos” a golpes de palo, cuentan los expedientes. Ya después no fueron diecisiete sino trece. La policía se interpuso en ese camino sinuoso y oscuro que suele devorar a fuerza de paco y destrucción a los pibes de los arrabales. El Estado policial les otorgó la pena de muerte aquella noche de octubre de 2004 como parte de ese proceso de suplicio/castigo/disciplina de lo que Foucault llamó los medios del buen encauzamiento. Fueron cuatro menos para el encierro. Cuatro pibes menos para el descarte. Cuatro adultos menos para un futuro selectivo que los lanza al mar, como a polizones del sistema. Intrusos de un territorio para pocos. Postergados por la justicia que los visibiliza diez años después. Diez años perdidos para la vida. Con cuatro chicos muertos. Sin culpables diez años después.   Edición: 2758

La guerra contra los pibes
Publicado: Martes, 19 Agosto 2014 14:00
La guerra contra los pibes

Por Carlos Del Frade (APe).- -Hubo un instante en que las miles de personas congregadas en lo alto del Cerro de la Gloria enmudecieron con un nudo en la garganta. Ocurrió en la mañana del viernes 15 de agosto, cuando varias mujeres, vestidas como las residentas, madres de la Guerra del 70, se arrojaron al suelo, sobre los cuerpos yertos de sus niños soldados, mientras una de ellas, deambulando como un fantasma haraposo entre el humo y los cadáveres, empezó a entonar a viva voz: “Aquí en mi tierra, bordeando el monte, se extiende el campo de Acosta Ñu...” – cuenta el periodista paraguayo, Andrés Colmán Gutiérrez, del sitio “Última Hora”. Agrega la crónica que “fue el momento más emotivo de la dramatización que un grupo de niños y jóvenes ofrecieron durante el acto central del homenaje, en el mismo lugar en que más de 3.000 niños soldados fueron masacrados en la épica batalla del 16 de agosto de 1869, durante la Guerra de la Triple Alianza, gesta por la cual se conmemora el Día del Niño en el Paraguay”.

Muerte en Fiorito
Publicado: Jueves, 14 Agosto 2014 14:53
Muerte en Fiorito

Por Silvana Melo (APe).- Agustín murió en Villa Fiorito el domingo pasado. Tenía cinco años y su muerte alteró todas las reglas de la naturaleza. La muerte tiene permiso consuetudinario para llevarse a los que agotaron los centímetros de vida concedidos. Pero no a los niños. No a alguien que apenas vivió cinco años. A la muerte se le concede arrebatar a quienes son presa de una enfermedad incurable. Pero no a un niño al que se dejó solo, sin documentos, sin acceso a la salud, sin abrigo, sin asignación por hijo. Y que muere el domingo, en plenos festejos del Día del Niño, en una casilla de Fiorito. No tiene concedido la muerte llevarse a alguien de cinco años que recién empezaba a tejer los primeros puntos de la vida. Esa muerte era evitable. Debería enumerarse entre los homicidios del sistema. Nadie sabe de qué murió. En realidad, el acta de defunción debería decir “paro cardiorrespiratorio por abandono”

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