Dietrich y los trenes
Publicado: Martes, 22 Agosto 2017 13:11
Dietrich y los trenes

Por Carlos Del Frade (APe).- “1960. Guillermo conoce a Juan Manuel Fangio y así comienza un gran camino. 1964. Usados seleccionados gracias a la manía de Guillermo Dietrich de venderlos como si fueran para él. 1979. Dos alemanas se unen. Nos eligen Concesionario Oficial Volkswagen”. Así se lee en la trayectoria del Grupo Dietrich, los representantes locales de dos grandes multinacionales automotrices, Volkswagen y Ford. Hoy, uno de los integrantes de la familia, también Guillermo, es el actual ministro de Transporte de la República Argentina. El decreto 652 del lunes 14 de agosto de 2017, a horas nada más del triunfo en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, le otorga a Guillermo Javier Dietrich la potestad de cerrar ramales y levantar vías, al mismo tiempo que se importan rieles, vías y durmientes de China con destino, especialmente, a renovar los tramos vinculados a la exportación de cereales y minerales, grandes negocios de multinacionales. Las razones que argumenta el decreto son inapelables y muy claras: “…una de las premisas del Gobierno Nacional es lograr la utilización de los recursos públicos con miras a una mejora sustancial en la calidad de vida de los ciudadanos, focalizando su accionar en la concreción de resultados que sean colectivamente compartidos y socialmente valorados”, sostiene entre los fundamentos. “Que en pos de esa premisa se requiere establecer procedimientos administrativos basados en criterios de racionalidad y eficiencia que posibiliten una respuesta más rápida a las demandas de la sociedad. “Que, en ese contexto, a los efectos de agilizar los trámites que se desarrollan en el ámbito del Ministerio de Transporte, en relación a la materia detallada precedentemente, y en orden al efectivo y eficaz cumplimiento de sus funciones, se entiende conveniente delegar en dicho Ministerio la facultad de clausurar ramales ferroviarios en forma definitiva y proceder al levantamiento de las vías y demás instalaciones ferroviarias”, apunta. No hay ninguna alusión a la recuperación de la industria nacional ferroviaria. Es el gobierno nacional que subordina al estado al imperio de una familia vinculada a las multinacionales automotrices, el viejo sueño del plan Larkin que a principios de los años sesenta exigió el cierre de los Ferrocarriles Argentinos y el levantamientos de las vías para que los camiones y los autos sean amos y señores de la geografía del país del sur. Cuando el ex presidente Carlos Menem anunció “ramal que para, ramal que cierra”, la condena afectó a 80 mil trabajadores y produjo la desaparición, literal, de 800 pueblos a lo largo y ancho del enorme mapa. Cuyo pueblo nunca pudo hacer realidad aquel desafío del himno: vivir con gloria gracias a la noble igualdad. Dice el decreto, entonces, “Delégase en el Ministro de Transporte la facultad de clausurar ramales ferroviarios en forma definitiva y proceder al levantamiento de las vías y demás instalaciones ferroviarias”, en su artículo primero. Y remata que “los rieles, durmientes, aparatos de vías y el resto de los bienes muebles que compongan la infraestructura ferroviaria que se encuentra ubicada en el sector que se resuelva remover, quedarán en poder de la Administración de Infraestructuras Ferroviarias Sociedad del Estado, conforme lo establecido por la Ley Nº 26.352 y sus modificatorias”. El tren no es una herramienta del pasado, sino del presente de los países desarrollados. Y en la mayoría de los casos están bajo la órbita del estado. Aquí, en estos arrabales del mundo, donde el conocimiento y la experiencia de la industria nacional ferroviaria sirvió de base para el impulso de los trenes en Estados Unidos, Alemania, China y Ruisa, por ejemplo; aquí, en estas pampas de fantasía y desmesura, el estado se pone al servicio de la familia Dietrich, es decir, al servicio de las multinacionales. Alentado por millones de votos, el gobierno nacional impulsa la última condena a los trenes y la industria nacional ferroviaria, signos, alguna vez, de la dignidad social y la independencia económica que ya no son. Fuentes: Decreto 652 publicado el martes 15 de agosto de 2017 en el Boletín Oficial de la República Argentina; página oficial del grupo Dietrich que puede ser ubicada a través de cualquier buscador por internet. Edición: 3419

Ese famoso desconocido
Publicado: Lunes, 14 Agosto 2017 13:25
Ese famoso desconocido

Por Carlos Del Frade (APe).- Desde los últimos billetes de cinco mangos, San Martín, ese famoso desconocido habitante en cientos de estatuas y nombres de avenidas y plazas, vuelve a morir todos los 17 de agosto como consecuencia de una falsificación histórica que llega hasta el presente.En estos días de cinismo y profunda dependencia, entonces, viene bien pensar en algunos de sus hechos. “La mayoría de los próceres de 1810 eran hacendados, comerciantes o barranqueros asociados con alguna casa de comercio británica, “los intereses particulares” que Castlereagh quería formentar. A los tres días de instalada, la Primera Junta levantó la prohibición al comercio con extranjeros; a los quince días redujo los impuestos a la exportación de cueros y sebo, del 50 al 7,5 por ciento; a los 45 días autorizó la exportación de metálico; a los sesenta días suprimió el impuesto especial del 54 por ciento que gravaba a los artículos de algodón del comercio inglés”, indicaron los colaboradores de Rodolfo Walsh y el propio periodista desaparecido en un estudio sobre San Martín publicado por el Centro de Estudios Argentinos “Arturo Jauretche”, en febrero de 1978. Alberdi escribió que para Buenos Aires, “mayo significa independencia de España y predominio sobre las provincias; la asunción por su cuenta del vasallaje que ejercía sobre el virreinato en nombre de España. Para las provincias, Mayo significa separación de España y sometimiento a Buenos Aires, reforma del coloniaje, no su abolición”. El primer triunvirato, constituido por Juan José Paso, Manuel de Sarratea y Chiclana, resolvió crear un impuesto que gravaba con un 20 por ciento el consumo interno de carne. En forma paralela eliminó distintas tasas que regulaban la exportación. Semejante decisión de política económica generó la primera aparición pública de San Martín y sus granaderos. Ocuparon la Plaza de la Victoria, la de Mayo, y recién se retiraron cuando fueron designadas nuevas autoridades políticas. El 3 de abril de 1815 el ejército que el director Carlos Alvear había enviado para reprimir a los artiguistas se sublevó contra la autoridad porteña. En Mendoza, en tanto, San Martín reunió a una Junta Militar que llamó tirano a Alvear y un cabildo abierto declaró rotos los vínculos con Buenos Aires. San Martín dejó de ser comisionado de la ciudad puerto y fue designado gobernador “electo por el pueblo”. Setiembre de 1816. A los pies de la cordillera de Los Andes, San Martín sabe que no encontrará aliados entre los porteños o los representantes de la burguesía, por ello encara la alianza con los indios del sur mendocino. “Los he convocado para hacerles saber que los españoles van a pasar del Chile con su ejército para matar a todos los indios, y robarles sus mujeres e hijos. En vista de ello y como yo también soy indio voy a acabar con los godos que les han robado a ustedes las tierras de sus antepasados, y para ello pasaré Los Andes con mi ejército y con esos cañones...Debo pasar por Los Andes por el sud, pero necesito para ello licencia de ustedes que son los dueños del país”, les dijo San Martín. El 27 de julio de 1819, San Martín afirmó: “... andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios: seamos libres y lo demás no importa nada”. El 27 de agosto de 1821, ya en el gobierno de Perú, decretaría la abolición del tributo por vasallaje que debían pagar los indios a los españoles, la eliminación de la mita, la encomienda y el yanaconazgo y los declararía “peruanos” para intentar zanjar las diferencias del propio lenguaje. De tal forma seguía los mandatos que en su momento, ante la Puerta del Sol en Tiahuanaco, dispuso Juan José Castelli al frente del Ejército Expedicionario del Alto Perú cuando declaró ciudadanos e iguales a todos los indios. En 1819, San Martín volvió a desobedecer al gobierno de Buenos Aires, representante político de los comerciantes porteños aliados a Gran Bretaña y a los propietarios de saladeros del Litoral que le ordenaba marchar contra el interior rebelado. Buenos Aires quería que reprima a las montoneras de López, Ramírez y Bustos. San Martín repitió su negativa. Ya en Chile, en 1820, San Martín comunicó la necesidad de elegir un nuevo jefe ya que el gobierno de Buenos Aires había cesado. Sin embargo, aquel 2 de abril, los soldados de aquel primer Ejército Popular Latinoamericano en Armas, el de Los Andes, suscribieron un acta en la ciudad de Rancagua. “Queda sentado como base y principio que la autoridad que recibió el General de Los Andes para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado ni puede caducar, pues que su origen, que es la salud del pueblo, es inmudable”. “Para defender la causa de la independencia no se necesita otra cosa que orgullo nacional, pero para defender la libertad y sus derechos, se necesitan ciudadanos...a pesar de todas las combinaciones del despotismo, el evangelio de los derechos del hombre se propaga en medio de las contradicciones”, sostuvo San Martín en distintas ocasiones. Era su plataforma política: liberación nacional y continental, derechos políticos que garanticen la dimensión de ciudadano y respeto por los derechos humanos. “La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia y hace felices a los pueblos”, reglamentó cada vez que se hizo cargo de gobiernos estatales, regionales o nacionales, en Cuyo y Perú respectivamente. Para el equipo de investigación de Walsh, “revolucionario en 1812 y 1815 contra gobiernos impuestos por Buenos Aires contra la voluntad de los pueblos; gobernador elegido por el pueblo cuyano; general en jefe reconocido por sus oficiales por un mandato originado en la salud del pueblo, pero sumiso al legítimo Congreso peruano; nunca creyó que la obediencia militar fuera un valor más alto que la soberanía popular. Este es el verdadero San Martín que desde hace un siglo es ocultado al pueblo soberano y a los militares que deben servirlo”. Pinturas: David Alfaro Siqueiros Edición: 3416  

En el grito de miles
Publicado: Viernes, 11 Agosto 2017 22:36
En el grito de miles

Por Claudia Rafael (APe).- El rostro de Santiago Maldonado se multiplicaba en imágenes A4, fotocopias en blanco y negro repetidas en alto, banderas que replicaban el nombre y la imagen barbada del artesano desaparecido desde el 1 de agosto durante la represión de los gendarmes al pueblo mapuche. Miles y miles con la fotografía a mano alzada. Entre la llovizna pertinaz y la humedad penetrante. Con vida lo llevaron, con vida lo queremos, gritaban las Madres de la plaza y replicaba entre las decenas de miles. Que respondían como un eco. La misma frase, el mismo Estado y, en este caso, la misma gendarmería obediente. Otros rostros sobre el escenario dejaban al desnudo que los nombres varían al frente del poder pero hay historias sistémicas. “Todos los gobiernos constitucionales torturan, matan y desaparecen en democracia”, decía la bandera que sostenía Vanesa Orieta, la hermana de Luciano Arruga, desaparecido, torturado y asesinado por la policía en 2009. Se trata, en cada tiempo, de un derecho que se suspende, que se deja entre paréntesis, que se viola y se hunde en el olvido para –decía Agambén- preservar al mismo estado. En una práctica que todo gobierno ejerce abierta o solapadamente. La historia entera se podía dibujar sobre el escenario. En el centro, Sergio Maldonado y su esposa Andrea, hermano y cuñada de Santiago. A sus flancos, la eterna y luminosa Nora Cortiñas, Madre entre las Madres y, con la boina negra de siempre, Adolfo Pérez Esquivel. Más allá, Nilda Eloy, con sus cabellos canos, que convoca con su sola presencia una y otra vez la figura ausente de Jorge Julio López. Vanesa, imparable, con su juventud a cuestas y una sabiduría impuesta a fuerza de tragedia y dolor. Taty Almeyda, que ofrece –a través de la figura de su hijo- la certeza del corrimiento del estado de derecho en el peronismo del 75. Algunas imágenes, pocas, congregaban en una unidad de memoria a Santiago, López y Luciano. López, el Viejo, el que desapareció dos veces. Y una tercera vez, cuando es raleado de los discursos y de las crónicas. Santiago, de quien se perdió todo rastro cuando la gendarmería asoló tierras patagónicas. En las que los pueblos del origen, preexistentes a la invasión atroz de los conquistadores, resisten –como pueden- desde hace más de 500 años. Y Luciano, que simboliza a los pibes de los márgenes que pugnan por sobrevivir a las miserias. Con la dignidad en alto, cuando se plantó ante la Bonaerense y se negó a robar para la corona. Algunos rostros indios asomaban, entre medio de los miles y miles, en la que alguna vez fue la Plaza de la Victoria y que la marca de 1810 transformó más tarde en Plaza de Mayo. Con la bandera whipala ondeando al viento, la vincha sobre la frente y los surcos en el rostro oscuro con cabellos renegridos. En los costados de la plaza los puestos de hamburguesas, choripanes y bondiolas humeaban con troncos en llamas que entibiaban la tarde húmeda. Alguno que otro puesto ostentaba también la imagen de Santiago, con el pañuelo en la cabeza y los ojos que observan e indagan a quien se atreva a sostenerle la mirada. Algunas Madres leyeron un documento unificado. Que cuestionaba al estado macrista y olvidaba a otros. Que perdía de vista el hilo conductor de las historias institucionales que repiten prácticas de un modelo al que el mismo Santiago, a su manera, se oponía y se enfrentaba. Como reflejó su hermano Sergio cuando leyó un texto del joven artesano desaparecido en el que desplegaba su rechazo al sistema capitalista. “Santiago te quiero ver, estoy orgulloso de vos”, le gritó con la garganta anudada y el llanto naciente como si su hermano lo pudiera estar escuchando desde algún sitio oculto mientras le aseguraba que le iría la vida, de ser necesario, en su búsqueda. El escenario estaba partido. Mientras las locutoras convocaban a retirarse con calma y en paz, Nora Cortiñas se impuso con su diminuto metro y medio para rodearse de otros luchadores y gritar el nombre de Jorge Julio López, reclamar por los desaparecidos en democracia y por los 30.000 que son ausencia eterna. Ahora y siempre. Los alrededores de la plaza mostraban otros dolores. Hombres recostados con sus cartones y algunos trapos contra las paredes de algún edificio público. Sobre una vereda de baldosones rotos, una niña de 4 ó 5 años, cubría su espalda con la tela de un paraguas, mientras daba saltitos entre charcos. Como si se tratase de la capa de una princesa egipcia, sostenía la estructura metálica como una espada con la que derrotar a los monstruos. Mientras su mamá, joven y desolada, estiraba la mano para rogar alguna que otra moneda. Desaparecidos sociales a los que pocos ven. Hijos de otras maquinarias que nacen del mismo huevo de la misma serpiente. Santiago no está. Es pura ausencia. Aunque Patricia Bullrich diga que es una mera construcción. Pero Santiago no está. Y su nombre fue grito ahogado. Fue reclamo de a miles. Fue, aunque muchos no lo quieran, el compañero de López, de Luciano, de 30.000. De mapuches olvidados. De Qom hundidos en la desmemoria. Apenas 38 horas después del acto se abren las elecciones. Decían que había veda política. En verdad, había y habrá, veda de justicia. Edición: 3415  

 Propiedad de vientres
Publicado: Miércoles, 09 Agosto 2017 14:18
Propiedad de vientres

Por Ignacio Pizzo (APe).- La clase, el género y la condición de ser piba son inseparables a la hora de padecer y resistir los pisoteos de un entramado sólido, impiadoso. El ente llamado sistema, se hace carne al ver publicistas de alma fría, donde farándula y política son confluyentes y dan condena firme a la adolescencia devenida en niña madre. Los dichos de la integrante mujer del dúo pimpinela que hizo de la discusión marital un culto, no son diferentes al pensamiento y al accionar hegemónico que incesantemente mantiene y propugna el “esa gente” en contradicción a la “gente como uno”. Al igual que el diputado radical de Cambiemos y ex ministro de salud de Corrientes Julián Dindart, quien en 2016 renunció a la presidencia de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, después de haber defendido su teoría -declarada en 2012-de que la AUH, es un incentivo estatal al embarazo porque –dice que es obvio– las mujeres de bajos recursos quieren tener hijos para cobrarla. Ni Lucía Galán ni el ex ministro encontrarán jamás la combinatoria para llegar a “esa gente”, para establecer un vínculo, un sueño, una utopía, un nosotros. Porque el amor es cosa de canciones y discusiones con Joaquín en una especie de parodia incestuosa del matrimonio. La convicción de que una mujer se embaraza para cobrar 1.246 pesos, no responde únicamente a un mero dicho mediático. Encierra el poder, y la más descarnada expresión del aniquilamiento del otro, en lo económico, en la dominancia de género. Y desde luego en lo elemental y cultural, por miedo a perder el plato bajo sus pies. No obstante, la hipocresía toma carácter de doble moral clasista, al observar en el revistero cómo las figuras del ensueño televisivo, son tapa y “ejemplos de vida, lucha y coraje”, como es el caso de Luciana Salazar o Marley. Haciendo alarde de sus deseos, a juzgar por ellos más valiosos que los de cualquiera, creen tener la sapiencia por medio de tumultuosas cuentas bancarias para poder ungirse con el título de madres o padres y alquilar vientres en países del exterior. Así como eligen dónde habitar y qué comer y qué vestir y qué vehículo manejar, eligen dónde, cuándo, de qué manera y hasta qué color de piel tendrá la futura crianza con la que adornarán las marquesinas. Mientras, en el otro extremo de la línea de la desigualdad donde, entre el segundo y el tercer trimestre de 2016, el 10% más rico aumentó de 23 a 25,6 la diferencia de ingresos con el 10% más pobre- deterioro iniciado en 2014-, la niña madre de algún arrabal de nuestra patria con “p” de patriarcal, tendrá que tirar quizá su única moneda y sortear su cuerpo y alma a la suerte de un aborto clandestino y tal vez sumarse a las 55 mujeres fallecidas por la interrupción de un embarazo de un total de 298 que perdieron la vida. O esperar las 9 lunas para presentar las planillas en ANSES y recibir la limosna estatal, que Pimpinela , Dindart, Marley o Luciana Salazar, apenas subalternos de la escala millonaria, usarán como propina de estacionamiento. La subjetividad hecha objeto del pecado capitalista, otorga títulos de nobleza a los elegidos del sistema y, tributando sumas de dinero que van desde 35.000 a 150.000 dólares estadounidenses, se puede ser madre o padre usando de envase a otra mujer, ya sea en Ucrania o en Miami, o bien se puede elegir en dónde interrumpir un embarazo de manera clandestina pero segura. Por otro lado - o por el mismo- los tocados con la varita mágica y los funcionarios magos, amparados en la constitución adoptante del culto Católico, Apostólico y Romano, rechazan la interrupción legal del embarazo. Siendo un hecho la principal causa directa de mortalidad materna, la clandestinidad del aborto (18 por ciento de las muertes maternas). Como ejemplo, el imitador de pastores evangélicos Esteban Bulrrich, defensor del ni una menos intraútero y de la educación religiosa en las escuelas laicas, a la par que desarticuló en CABA el plan de educación sexual como parte de la currícula, expresa de qué modo se extrae la subjetividad. Coincidiendo sin grieta con su contrincante electoral CFK en mantener la penalización para quienes interrumpan un embarazo. Las pibas , entonces irán sorteando la negación a la información y se encontrarán en las antípodas de la planificación familiar, no abortando o abortando en las mazmorras del olvido y en el mejor de los casos lograrán esquivar la muerte, o se convertirán en madres siendo aún niñas y tramitarán dádivas que se irán luego en impuestos al valor agregado, serán actrices involuntarias de la historia, personajes imitadores del sujeto de derecho, de ese “como si” . Así sobreviven pibas y pibes, lúcidos/as y rebosantes de realidad, para los cuales la religión católica no es más que la cruz de sus días, los apóstoles son compañeras y compañeros de birra y Roma les parece muy lejos. Por más que el Estado se apropie de los vientres, y los ricos con tristeza alquilen úteros offshore, enhorabuena: no hay sufragio universal ni obligatorio que reemplace a las hacedoras de sueños, ni que alcance a la alfombra mágica que trae velozmente a miles de niñas y niños con novedades. Edición: 3413

Fumigados
Publicado: Viernes, 04 Agosto 2017 14:01
Fumigados

Por Silvana Melo (APe).- Rociados de veneno, señales vivas para que el mosquito no se aparte del rumbo, muertos por jugar en un charco de desagote o aspirar la deriva del campo vecino, con la piel cristalina, atraídos por un avioncito que vuela tan bajo o por un pájaro que se puede acariciar porque el mareo le quitó la libertad, en la escuela, en el patio de casa. Los niños del modelo extractivo argentino no tienen cara y sus historias se pierden en las fichas clínicas de los hospitales. Son los niños rehenes de un modelo económico y cultural que necesita arrancar de la tierra los recursos vitales, quitarle el alimento de su panza y la vida de sus insumos esenciales. La Justicia suele ser, en estos casos, una diva mirando hacia su marquesina, sin venda ni balanza, pendiente de su ombligo de clase. Le piden cuentas, a la Justicia, los alumnos de Mariela Leiva, los pibes que en Santa Anita se quedaron tiesos ese día de diciembre de 2014 cuando vieron un avión que volaba tan pero tan bajito que casi se podía tocar. Le pidió cuentas el cuerpito de Nico Arévalo, a los cuatro años plagado de endosulfán. Insiste en pedirle cuentas José Killy Rivero, también de cuatro, que vio morir los perros y los pollos antes de que se lo llevaran al hospital. Le pidieron cuentas las madres del barrio Ituzaingó de Córdoba. Y tantos otros que no se plantan en los tribunales porque el veneno no es sólo una lluvia que cae desde el avión o que brota de los tanques. El veneno es un instrumento de dominación sistémica. Es el darwinismo de campo: lo que sirve subsiste y el resto queda en el camino. Entonces la Justicia suele condenar –si es que condena- al piloto del avión que fumigó. O al dueño de 50 hectáreas a cien metros del barrio. O a ambos. Pero el sistema está en pie, fuerte y sólido. Rápido para echar al fuego sus prendas de sacrificio y salir indemne. Mariela Leiva ya no es directora de la Escuela 44 de Colonia Santa Anita (departamento Uruguay, Entre Ríos). Pero su destino hoy es otra escuela rural de personal único, donde hay que ser directora, maestra, preceptora, cocinera y lo que pinte. Aquel diciembre de 2014, a la una de la tarde, la bandera ya estaba tocando el cielo cuando apareció el avión. Su puñadito de alumnos, extasiado por el pájaro fatal, quedó bajo una llovizna rara en una tarde de sol intenso. Ella los llevó rápidamente dentro de la escuela. Les cerró puertas y ventanas. Los dejó a oscuras y en encierro ante los peligros del aire libre, del campo infinito que es el patio común de los pibes desurbanos, de ruralidad en la piel y en la inocencia. Cuando ellos estuvieron a resguardo, filmó con su celular la propia deriva en sus brazos, el avión, la lluvia pulverizada que le enrojeció los ojos, le redujo la visión y le enllagó la boca cíclicamente hasta hoy. A los chicos, aun con un encierro a tiempo, aun con el protocolo difundido por Paren de fumigar las escuelas les habían atacado vómitos y mareos, ojos rojos y angustia. Las fotos, los videos y el testimonio de Mariela Leiva son medulares para el inicio del juicio a tres imputados por contaminación ambiental culposa y lesiones leves culposas. Sin dolo en los aplicadores ni en el propietario del campo, sin acercamiento mínimo a las responsabilidades políticas por la puesta en marcha de un modelo que mata, parece inminente el inicio de un juicio. Pero nunca se sabe. Mariela sabe que la condena a un piloto, un empresario de fumigaciones y un chacarero no evitará más muertes ni malformaciones ni enfermedades graves como secuela. Cita el artículo 8° de la Ley de Plaguicidas (6.599): “toda persona que se decida aplicar plaguicidas por aspersión aérea o terrestre, deberá tomar las precauciones del caso para evitar ocasionar daños a terceros”. Pero la impunidad ha sido la arena de triunfo del poder sistémico. La autopsia que exhibía en el cuerpito de Nico Arévalo un depósito de endosulfán no evitó los sobreseimientos. Ni las derivaciones en la piel, los pulmones y los nervios de su prima Celeste. La causa por la muerte de Killy Rivero no avanza y nadie con fuerza impulsa que arranque. Y el resto de las muertes y de las tragedias, las que no golpearon la puerta de la Justicia, las que no son reconocidas como tragedias del sistema, quedarán para siempre como fotografías de niña sonriente sobre un mueble. Mientras tanto, Mariela Leiva arrastra sus ojos con menos luz y las llagas recurrentes en su boca para relatar su caso. El campo (un arrozal, como en San Salvador) está pegadito al patio de la escuela. “Cuando el avión daba vuelta, para aquí y para allá, pasaba sobre la escuela. Con un viento que soplaba del norte, toda la deriva caía sobre nosotros”, relata a APe. Las imágenes que la persiguen son sus niños descompuestos, las señales que un policía hacía con un trapo para que detuvieran la fumigación y la indiferencia del piloto, que seguía escupiendo veneno sobre todos. Y ella filmaba. Solamente en el departamento Uruguay hay 14 escuelas como la 44. Todas a merced de las lluvias ácidas para matar la maleza que se interpone al modelo. Incluidos niños y maestras. Es el mismo país, la misma tierra, pero apenas cruzando el Paraná, donde se usó a niños como banderas para determinar los límites del campo fumigado. Niños como espantajos con una vida efímera, dañada, infectada, marcando los vértices donde se acaban los sueños y empieza el dolor. Sus muertes, todas las muertes, todas las pieles cristalizadas y los organosforados en la sangre, todos los cuerpitos incompletos y los cánceres tienen culpables. Es la avaricia humana, es un modelo invulnerable por concentrado y violento. Y es la complicidad de aquellos que, con la justicia, prefieren juntarse a tomar mate en la cocina de la tragedia mientras el poder envenena la casa.   Edición: 3410

Pena de vida
Publicado: Viernes, 18 Agosto 2017 13:22
Pena de vida

Por Alfredo Grande (APe).- Cuando Eduardo Pimentel funda el Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio, no era por las numerosas situaciones en las que se convertía en un campo obligatorio de exterminio. Por esas situaciones también, pero lo importante era interpelar al fundante represor de ese instituto que el coronel diputado, o diputado coronel, que no es lo mismo pero es igual, había propiciado al presentar su macabro proyecto de ley al Congreso. En esos tiempos, alboreando la década de los 80, escribí mucho en relación al servicio militar no en sus extravíos degradantes, sino cuestionando su vero escencia: el martirio y exterminio de la adolescencia. Pero el coraje de Eduardo fue interpelar a la cultura represora con las mismas herramientas que la cultura represora había creado. Como padre de Ignacio, y en pleno uso de la patria potestad, prohibió a su hijo presentarse a la convocatoria militar. Un complejo entramado jurídico y político se desplegó. Que tuvo en la cínica decisión de Menem, el condenado electo, a suspender los efectos de la ley. No a derogarla por otra ley del Congreso. Por ahí anda Ishi pregonando su retorno. Eduardo Pimentel sostuvo la lucha por lo fundante. La lucha que siempre debe darse, porque, aunque seamos derrotados, nunca fracasaremos. Si tuviera algún porcentaje del talento, el coraje y la decisión de Eduardo, crearía un Frente Opositor al Servicio Electoral Obligatorio. Ya la sigla es medio ñoña. FOSEO. Pero al menos permite fundamentar que toda obligatoriedad es represora. Y cuando esa obligatoriedad es sostenida desde el Estado, es además exterminadora. Incluso del deseo de votar. Ya no se vota por el amor, sino apenas por el espanto. De que a la otra o al otro lo voten tanto. Por eso podemos discutir, fundamentar, repudiar, los desvaríos fraudulentos de la asignación de votos por distrito. Las trampas mediáticas y los circos sin panes. Pero a pesar de toda esa discusión, la cuestión de fondo, la escencia de lo electoral, el fundante de la representatividad, no se discute. A esta altura de este horrible partido, es, a mi criterio, hora de aceptar que lo electoral es una industria. Y que como toda industria necesita imponer primeras y segundas marcas, dejar un pequeño espacio para las terceras marcas, y marginales porcentajes para la venta a granel. Recuerdo cuando Frondizi permitió, a pesar de la proscripción del partido peronista, que la fórmula Framini- Anglada se presentara en la provincia de Buenos Aires. 18 de marzo de 1962, atravesando la proscripción con el partido Unión Popular. Casi 1.200.000 votos consagraban el triunfo de los candidatos peronistas. Crónica de un golpe de estado anunciado, Frondizi fue obligado, dulcemente obligado, a renunciar. Ya había concedido el plan Conintes, pero sabemos que para el Minotauro represor, no hay sacrificio que lo conforme. Ahora bien, o mejor dicho, ahora mal. En el caso de que lo electoral sea al mismo tiempo subversivo del orden represor, alguna modalidad del golpe de estado se hará presente. Domingo Cavallo durante el gobierno de Alfonsin, haciendo lobby en Estados Unidos para desatar la hiperinflación. Luego ministro de economía y el héroe de la convertibilidad. No fue el primer trabajador, pero si el primer destituyente. Si alguna historia lo condenó, no fue por la traidora y miserable gestión que le dio a Menem la suma del poder público e impunidad para hacer explotar una ciudad. Menem, el condenado, a pesar de eso o quizá por eso, nuevamente candidato más votado. Los 90 no se rinden. El FOSEO pretende poner en tela de juicio, y si es posible en tela de condena, todas las trampas, estafas, subterfugios, parasitismos, oportunismos, degradaciones varias, pactos perversos, alianzas canallescas, que con el marco de oro de lo republicano democrático, siguen vulnerando derechos y sosteniendo privilegios. Vulnerando la lucha de clases y bajo la piel de cordero del consenso, consagrando la supremacía de una casta. Parásitos de cinco estrellas que se apropian bajo el eufemismo de “impuestos”, del trabajo, el dolor, la tristeza, la miseria de los trabajadores. Organizados como clase, o en desbande porque en busca de la idealizada unidad, han perdido la oportunidad de la unión. El pueblo no está unido y además, ha sido convencido por el relato represor de todos sus enemigos. Ha comprado el credo capitalista. La primera tragedia es que no pudo llegar a odiar al capitalismo. La segunda es que no ha podido amar al socialismo. Entonces, la muerte siempre tiene un lugar en la mesa de los vivos. Un lugar de importancia. Decisivo. Permanente. Claudia Rafael lo escribe: “La pena de muerte de hecho es un destino cierto para una enorme franja de la juventud. Hay una sanción punitiva desde el mundo adulto y desde las instituciones forjadas y sostenidas por ese mundo adulto hacia los gérmenes de rebelión”. Destino cierto. Permanente. Mientras todos votan, no pocos y pocas mueren. Y las y los que no mueren, tienen también su condena. Pena de vida. Vivir apenas como una estrategia de supervivencia. Vivir apenas como moratoria y postergación de la muerte. Vivir sin alegría, sin placer, sin ternura, sin abrazo, sin sonrisa, sin calor cuando hace frío, sin frío cuando hace calor, sin miradas que sean espejo de ternura. Así debe ser la pena de vida. Condenados a morir y condenados a vivir. Pero siempre condenados. La más cínica y cruel de las condenas: agonizar y nunca protagonizar. Mi agonía es pensar si escribir sobre el horror no es una forma de conjurarlo. O sea: otra de las máscaras de la impunidad. Aunque me importa la respuesta, me interesa sostener la pregunta. En todo caso, no es la peor de las penas. Pintura: Gustav Klimt  Edición: 3418

Simultaneidades
Publicado: Miércoles, 16 Agosto 2017 13:08
Simultaneidades

Por Bernardo Penoucos (APe).- Un grupo de niños juntan sus casacas futboleras en algún instituto de menores y se las intercambian por clonazepam y alcohol etílico a su celador. Una madre denuncia a los narcos de su barrio en la Comisaría más cercana, como se suele aconsejar, sin saber que cuando regrese al barrio su casa estará incendiada porque mágicamente algún dato se filtró de la comisaria al barrio, mas allá de que le prometieron y le juraron total reserva y confidencialidad. Un candidato luego de limpiarse el bigote de blanca estimulación sonríe excitado a la cámara prometiendo educación, trabajo y vivienda para el futuro de la patria que, según su lucha, son los niños de la patria. Otro niño es violado sistemáticamente en algún otro instituto, mientras las autoridades distraídas juegan a las cartas en la esquina del pabellón. Una niña es levantada por un auto en alguna calle de Liniers, de Constitución o de cualquier calle de esta Nación libre y soberana, para ingresar en algún albergue transitorio e ir perdiendo triste y desesperadamente sus juguetes y sus niñeces. Otro niño acomoda el cuerpo en la geografía de un roído cartón frente al obelisco, se toca las llagas que deja la base y trata de recordar la dirección de su casa y la dirección de su entierro. La mano de otra niña despeinada y piojosa en posición de limosna se torna invisible ante el vidrio polarizado del auto y del conductor y de los miles de autos y conductores. Otro niño esta arrodillándose en arroz en alguna comisaria, anticipando los hematomas y el terror, esperando a una Madre que no llega y que ni sabe y a un Estado que no llama y que sí sabe. Alguien, en este momento, estará escribiendo letras, palabras y desesperaciones, rendido a veces ante la organización cuasi perfecta del crimen organizado, sintiéndose gota minusválida en el mar, respiración tímida en el huracán, abrazo aislado en la tortura, palabra suelta en la hegemónica gramática. Herido de todo, herido de hambre, herido de frio, herido de olvido. Pero no de muerte. Edición: 3418

Pena de muerte
Publicado: Martes, 15 Agosto 2017 13:28
Pena de muerte

Por Claudia Rafael (APe).- La pena de muerte de hecho es un destino cierto para una enorme franja de la juventud. Hay una sanción punitiva desde el mundo adulto y desde las instituciones forjadas y sostenidas por ese mundo adulto hacia los gérmenes de rebelión. Para los pibes que asoman desde el barro más profundo, desde las prisiones sin techo ni reja palpable, e irrumpen en las calles de los incluidos. Para las pibas devoradas por los escuadrones sociales de la perversidad. Son Nadia, Luna, Matías, Rodrigo, Anahí, Luciano, Lara, Juana, Rosalía… Hacia ellos hay una cruel prodigalidad de martirios que demasiadas veces termina en la muerte. La desesperación y la desesperanza se hermanan en el cuerpo niño sin horizontes. Y van formateando figuras que saborean desde la infancia más frágil el gusto amargo de la hiel. Los estados dibujan los cercos. Marcan el límite que no pueden sobrepasar. Y los constriñen a territorios hacinados y precarios. Donde la esquina es la patria y desde allí se envalentonarán para romper los círculos del suplicio. Porque el futuro es una quimera inexistente. Un país a cuyo banquete no fueron invitados. Y ni siquiera pueden preguntarse, como Víctor Hugo en Los cantos del crepúsculo, ¿de qué estará hecho el mañana? porque el mañana no es un tiempo asequible. Los pibes caen en las garras de los robocops que practican tiro al blanco con sus cuerpos. En una producción en serie de cadáveres. O los visten de soldados parias que sirven al poder de estados paralelos. Dejan olvidada la vida en un zanjón mientras aspiran los polvos con que los riega el capitalismo. O en una balacera en la que pujan contra sus propios pares por un pedazo más de territorio. Las pibas caen en las garras de los sicarios sociales. Que lanzan, de una en una, una moralización de los cuerpos. Aleccionan sexualidades. Formatean libertades. Hostigan a quien rompe, a su manera, con las pesadas cadenas del conservadorismo patriarcal. Acechan a quien se atreve a gritar, como Prevert, soy como soy, así estoy hecha… Es Lara, de 15 años, que se disparó con un arma calibre 38 en el salón de clases en La Plata. Y lanzó al mundo su propia muerte como una feroz cachetada que salpicó las conciencias. Es Anahí, de 16, que hace apenas un manojo de tiempo marchaba con la pancarta del puño en alto acusando al mundo en su propia cara de que las balas que vos tiraste van a volver ante la irrupción de policías en su escuela, en Banfield. Y a quien la crueldad de la condición humana transformó en muerte baldía. Y hoy las instituciones del estado se lanzan a la cacería de un responsable sea como sea sin importar cómo ni porqué mientras buscan culpabilizarla por caminar en una calle oscura. Es Rosalía Jara, de 18, de un pueblo donde los olvidos acucian y la pobreza entrampa, en el Santa Fe profundo. Que es la nada misma en los medios periodísticos nacionales como lo fue Juana Gómez, por morocha y por pobre, aborigen chaqueña de apenas 15. Son Matías, de Quilmes, o Rodrigo, de San Martín, asesinados de bala policial a los 14. Es Luna, de 19, que salió a buscar trabajo en Benavídez y no regresó. Todos en una larga hilera que empuja, uno tras otro a los abismos de los acantilados. Es Nadia, con sus 14, desaparecida dos veces. Devorada por los traficantes de vidas. Es Luciano, que hace ocho años y medio se plantó para decir no y lo desaparecieron, torturaron y asesinaron. Anahí, Lara, Luna, Matías, Rosalía, Rodrigo, Luciano, Nadia, Juana son nombres adolescentes, que se reiteran en las páginas rojas de la crónica periodística. Que provocan espasmos de reacción hasta que asoma algún otro y alguien más es devorado por los cofres de la amnesia colectiva. En una naturalización vil. Que se vale del hábito perverso de transformar las miradas en meros números. Día tras día un nuevo nombre. Y tantas nuevas muertes hasta sin nombre. Una ausencia. Una desaparición que huele a pasado. Que sabe a círculo que se repite una y otra y otra vez más. Cada tiempo va pariendo las esquirlas de su propio espejo. Y la anestesia social gira y gira sin más reacción que la del espanto repetido. Cuando Agamben habla del estado de excepción, enfoca ese tiempo en que el derecho se suspende para garantizar la existencia misma del pacto social. Y reanuda conceptualmente el pensamiento de Walter Benjamin cuando escribe que “la tradición de los oprimidos nos enseña que el ´estado de excepción´en el cual vivimos es la regla”. Que es, en definitiva, la deconstrucción del mañana al destruir las semillas, parcelas de vida, que reaseguran que la condición humana siga existiendo. Edición: 3417  

Del canibalismo serio...
Publicado: Jueves, 10 Agosto 2017 13:05
Del canibalismo serio...

Por Alfredo Grande (APe).- En una histórica definición, el General Perón, aún despojado de sus honores militares, dijo: “soy un león herbívoro”. Paradoja que es la marca registrada de la cultura represora. León, o sea, el rey de varias selvas. Herbívoro, o sea: dieta a predomino de perejiles. Una generación tuvo en la masacre de Ezeiza la marca indeleble de la más cruel y humillante de las traiciones. Luche y vuelve se transformó en “volvió y asesinó”. Obviamente, desde el poder del Estado. Lo cual simplemente ratifica que cuando el Estado sale a matar se hace llamar Patria. En los 70, fue la Patria Peronista. Fue el hecho maldito de lo que John William Cooke había definido como el hecho maldito del país burgués. Esperando a mis 70 y añorando las luchas de los 60 y 70, creo que no hubo catástrofe política y cultural análoga. Hubo otras masacres. Y no pocas. Pero todas perpetradas por los enemigos de la clase obrera. En el nombre de revoluciones libertadoras, restauraciones conservadoras, revoluciones argentinas, procesos de reorganización nacional. Los fraudes de todo tipo, incluso los patrióticos. Porque para la derecha y el fascismo la idea de patria siempre ha sido funcional y necesaria. Nación, institucionalidad, gobernabilidad, también tienen su cuota parte en la cobertura mediática de las minorías saqueadoras, asesinas y ladronas. Pero la idea de Patria es el top ten, la “primum inter pares”. La suprema. El fusil y la bandera. La cruz y la espada. Nada de asambleas constituyentes. Nada de constituyentes sociales. La Patria es el otro. ¿Cualquier Otro? La patria soy yo. La patria es la tradición, la familia y la propiedad. Privada, se entiende. La propiedad social es una herejía de los rojos. Haga Patria. Mate un judío. Un negro. Un comunista. Un trosko. Un peroncho. Una puta. Un mapuche. Un wichi. Un villero. Una trava. Algún puto. Pero haga Patria. Entonces para que la Patria se vista de seda, las urnas son necesarias. Obligatoriamente necesarias. Santiago Maldonado no podrá votar. Ninguna votación es perfecta. Las mujeres secuestradas por la industria mixta privada-estatal que algunos denominan “la trata”, tampoco podrán votar. Ni podrán enterarse en sus mazmorras que afuera de sus cadenas hay democracia. Las elecciones son la fiesta de todos. Las desPASITO quizá no convoquen a la pasión de las multitudes, pero es mejor un piquito que nada. Para despuntar el vicio. Las gargantas profundas se van preparando para el gran tazón de 2019. Por ahora, una picadita para entretener al estómago institucional. Y para seguir con entretenimiento: “La convicción de que una mujer se embaraza para cobrar 1.246 pesos, no responde únicamente a un mero dicho mediático. Encierra el poder, y la más descarnada expresión del aniquilamiento del otro, en lo económico, en la dominancia de género. Y desde luego en lo elemental y cultural, por miedo a perder el plato bajo sus pies”. Certera reflexión de Ignacio Pizzo en su artículo Propiedad Privada y Estatal de Vientres. Pero en todo caso, si así fuera: ¿a quien acusa esa conducta? ¿A la que se embaraza o a un Estado Terrorista que explota a los pobres para extraer plusvalía de sus cuerpos sufrientes? El hambre sigue siendo un crimen en nuestra Patria Exportadora. El asesinato más cobarde, más cínico, más impune, más repugnante. Asesinar por hambre. Miserables caballeros los que organizan ese genocidio. Pero el voto es sagrado. Obligatorio. El César se lava las manos y de paso los pies, porque permite que la ciudadanía se exprese libremente. Siempre que sea individualmente, anónimamente, reglamentariamente, civilmente. De casa a la urna y de la urna a casa. No importa a que casa. Puede ser una amueblada, un piso en una torre del Puerto Madero o una casilla alquilada en una villa. La elección es un viaje de ida y vuelta. Las urnas no dan mensajes: apenas emiten débiles quejidos. Ningún escarmiento tronará desde las urnas. Por eso fue necesaria la Alianza Anticomunista Argentina, que pasara a la historia de las masacres como la Triple A. Las urnas habían plebiscitado a la Patria Socialista. Décadas de resistencia peronista, radical, socialista, comunista, juntos o separados, pero nunca enfrentados, fueron la forja de la más alta conciencia política que se viera al menos desde 1945. “¡Se van, se van y nunca volverán!” cantaban los jóvenes maravillosos de la juventud maravillosa a los carniceros de la revolución argentina: Onganía, Levingston, Lanusse. Pero volvieron. Y arrasaron a los mejores. Y a las mejores. El asesinato del padre Carlos Mugica quizá sea el emblema de la bestialidad del peronismo de derecha encaramado en el poder del Estado. En la Red contra la Violencia Institucional leemos: “Hoy acompañé en Tribunales de Lomas de Zamora a Claudio Castro, quien al igual que su hermano Danilo Castro y Matías Cerón fueron víctimas de una causa armada por la policía bonaerense. Escuchar a quienes eran los principales testigos daba cuenta de lo grosero del armado y del sufrimiento innecesario al que han estado expuestos vilmente los acusados y por ende sus respectivos seres queridos”. La inseguridad tiene gorra. Las causas armadas son la actualidad de ese rostro sanguinario de usar a las fuerzas de seguridad como ejército de ocupación, exterminio, saqueo, tortura y muerte. La democracia no está tutelada. No está vigilada. No está corrompida. La democracia ha vendido su alma popular a todos los diablos. Peor. La ha regalado. Ha dejado cuerpos sin alma, sin deseos, sin espíritu. Zombis que necesitan de twitter, facebook, instagram, para creer que aún siguen vivos. La democracia es un caníbal que nos promete los beneficios de las dietas vegetarianas. Pero en los momentos en que cierta lucidez me habita, pienso que enfrentar a esta democracia requiere pensarla como una “dictadura de la burguesía”. Más dicta blanda o más dicta dura con tortura. Y si de votar se trata, que solamente sea una táctica, sin beneficio de inventario. Apenas una luz cegadora en un día soleado. La estrategia es volver a inventar lo inventado. Volver a pensar lo pensado. Volver a luchar lo luchado. Volver pero sin la frente marchita. Volver como estrategia revolucionaria. No como jingle para que aquellos y aquellas que les abrieron las tranqueras a estas bestias, disfruten de impunidad política. Que haya peores no le da a nadie patente de bueno. Y nadie tendrá que perdonarnos, porque siempre sabremos lo que hacemos.   Pintura: Roberto MattaEdición: 3414

Santiago y la preexistencia
Publicado: Martes, 08 Agosto 2017 12:44
Santiago y la preexistencia

Por Silvana Melo (APe).- El 1 de agosto la Pachamama no alcanzó a arder el primer trago de ruda y caña cuando en la Patagonia de tobillos mapuches la Ñuke Mapu volvió a beber sangre de los suyos y suela milica. Ese día cien gendarmes toparon el territorio de la comunidad Lof en Resistencia Cushamen, en Chubut. Tenían armas negras y obesas, golpearon a niños y mujeres, quemaron las rucas. Santiago Maldonado compartía el acampe que mantenían los mapuches desde la detención del lonko Facundo Jones Huala. Cosía sus pulseras de hilo y piedra cuando la Gendarmería irrumpió sin papeles ni órdenes judiciales, que así es como llegan las instituciones a los pueblos empujados al borde del mundo. Mientras algunos curzaban el río para escapar, Santiago corrió por donde pudo pero, dicen, se vio a los gendarmes cargarlo en una camioneta con rueda y motor del estado argentino. Hace siete días que Santiago está desaparecido en un país donde desaparecer no es esfumarse bajo el arte de la magia. En un país donde el estado, con rueda, motor y sangre, desapareció para siempre decenas de miles de cuerpos, de historias, de futuros. Es un símbolo Santiago Maldonado porque es un desaparecido en nombre de la criminalización de los pueblos preexistentes. Es decir, los pueblos que preexisten a los que gobiernan, a los que legislan, a los que pontifican en los medios, a las empresas que llegan a extraer, al poder político cómplice, a la Justicia sectorial, a los ricos que llegan a quedarse con la Pacha, la Mapu, la tierra o como se le quiera llamar desde la cabeza qom hasta las rodillas mapuches. Desde Salta a Chubut, desde Formosa a Neuquén, donde los preexistentes, los que están aquí desde el mismísimo origen, mueren por desnutrición, por falta de agua pura, por tierras yermas que les dejaron como migajas donde no crecen las semillas ni la esperanza, donde los espíritus no se quedan entre los árboles porque el desmonte los dejó desnudos en medio de la nada. El contexto de la desaparición de Santiago es la cárcel de Facundo Jones Huala, líder del Lof Cushamen. Dice Darío Aranda: “su comunidad cometió el pecado en 2015 de recuperar tierras en la estancia Leleque, propiedad de la multinacional Benetton, el mayor terrateniente de Argentina con un millón de hectáreas”. A esa insolencia de los preexistentes que vienen resistiendo cinco siglos y mil vidas “sobrevinieron denuncias, juicios, represiones hasta que en 2016 Jones Huala fue enjuiciado por un antiguo pedido de extradición a Chile. El juez confirmó la existencia de tortura a testigos, liberó a Huala y la causa tramitaba en la Corte Suprema. El 27 de junio, luego de una reunión entre los presidentes Mauricio Macri y Michelle Bachelet, el lonko mapuche fue detenido en un retén de Gendarmería por el mismo pedido de extradición, y trasladado a Esquel”. Ese contexto implica los desalojos sistemáticos en cada embestida de los capitales internacionales que compran las tierras de la Patagonia como inversión futura. O en cada irrupción petrolera. A pesar de que en esas tierras hay preexistencia. Hay gente que vive, que sueña, que atesora historias, que espeja amaneceres, que cría ovejas, que acumula veranadas, que teje mantas para el invierno, que techa sus rucas con manojos de junquillo y paja brava. Son los Bennetton, los Turner, los Joe Lewis, hasta los intocables como Emanuel Ginobili. El ídolo dorado que compró veinte hectáreas en Villa la Angostura sin interés en la preexistencia que un día acampó en las tierras para recuperarlas. Y el hombre que en 2016 ganó 14 millones de dólares en la NBA les inició un juicio de desalojo. Los gobiernos no avistan a los pueblos preexistentes desde sus miradores de privilegio. No los ven hasta que deben mandar la Gendarmería al desalojo. Y la justicia y las policías provinciales para arrinconarlos en tierras inservibles. Cuando resisten los llaman terroristas. Los acusan de violentos mientras les aplican la violencia del estado. Bullrich y Nocetti como escudos del macrismo hablan de Maldonado para limpiar a la Gendarmería mientras les aplican a los mapuches la ley antiterrorista que impulsó y votó el kirchnerismo. ¿Tiene la ausencia de Santiago Maldonado la fuerza de lo simbólico? Tal vez esa figura urbana bonaerense, de flamante vecindad en El Bolsón, que dejó sus artesanías para plantarse junto a la comunidad Lof en Resistencia Cushamen, sea un cable frágil en la conexión nodal de la cultura. En esa huella marcada de siglos en la infinita Patagonia. Que no tiene apellidos terrantenientes ni ambición petrolera. Y que está desaparecido. Como van desapareciendo a los originarios y preexistentes. Para bajar la persiana de la vena más bella de la historia. Edición: 3412  

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Santiago Maldonado

Aparición con vida ya. 


Impunidad

Crece el número de familiares que todos los viernes marchan en Salta contra la impunidad. Después de 6 años, llegan a más de 200 casos.


Dos años

Detuvieron a una pareja, en Moreno (Buenos Aires), por matar a una nena de dos años, hija de la mujer.


Bariloche

Bariloche se moviliza contra la instalación de una central nuclear en la Patagonia.


Sofía

A 9 años de la desaparición de Sofía Herrera, sin rastros de la pequeña, sus padres deben soportar presiones y acosos.


Causas armadas

Absolvieron a Claudio Castro, su hermano y un amigo en una causa armada. El tribunal ordenó investigar a la fiscalía y a la policía.


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Hechos en imágenes

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