La ex democracia
Publicado: Viernes, 22 Mayo 2015 15:42
La ex democracia

Por Alfredo Grande      (APe) En una sesión, un paciente dijo en referencia a su divorcio… “mi ex”. Hacía constante referencia a su pasado matrimonial y la única forma que tenía de referirse a la mujer de la que se había divorciado era “mi ex”. Me saturé de esa insistencia y le dije por qué insistía en “mi ex”. Primero el “mi” era posesivo y justamente el divorcio disolvía esa posesión. Segundo: referenciar a una persona como “ex” era miserable. Toda su identidad quedaba reducida, minimizada, en aquel vínculo que ya no existía. Con ojos llorosos, me preguntó: “¿y entonces como le digo?”. La pregunta era obvia. “¿Cómo se llama?”. “Carmen” respondió. “Muy bien: decile Carmen”. Así en la tierra como en el cielo, así en el consultorio como en la política. Referir a una situación como “ex” es una falsedad. Mecanismo habitual en la cultura represora. Se coloca algo en el pasado cuando el problema es que sigue siendo presente. Quizá no un presente material. Pero sin duda un presente institucional. Aunque la Esma se vista de seda, o de museo, Esma se queda. Y es bueno que así sea. Muchas generaciones serán necesarias para reparar los desgarros de la masacre perpetrada por las instituciones del espanto denominadas fuerzas armadas. Muchas generaciones serán necesarias para reparar los desgarros de la masacre perpetrada por las instituciones del saqueo denominadas bancos. Pero empezar mal, siempre es terminar peor. A un adolescente sufriendo su absoluta indigencia podríamos nominarlo como “ex niño de la calle”. Si en la vida hay amores que nunca pueden olvidarse, también hay horrores que nunca pueden ni deben olvidarse. Toda la parafernalia del “ex” huele a los pútridos olores de la reconciliación, el manto de neblina del olvido, el recordar para no recordar. Se han abolido leyes de obediencia debida y punto final, se ha abolido el indulto, engendros jurídicos producto de la democracia amenazada de Alfonsín y de la democracia cómplice de Menem. Se han realizado juicios por crímenes de lesa humanidad. Pero el modo de producción económica y política que produjo la masacre sigue intacto. Martinez de Hoz vive en la Ley de Entidades Financieras que posibilitó el saqueo de las clases trabajadoras. La lucha por la plena vigencia de los derechos humanos se ha fetichizado. O sea: se toman algunas partes por el todo. Y el Todo es el genocidio. Y tapar genocidios con museos o con abrazos es ingenuo, cómplice y perverso. No solamente la Esma no puede vestirse de seda, sino que hoy la Esma, o sea, la lógica de exterminio de la Esma, vive en las cárceles, los institutos de reclusión, los prostíbulos donde mujeres secuestradas son torturadas con total impunidad, vive en las naciones de los pueblos originarios, diezmadas por el hambre, las enfermedades, la crueldad de todas las miserias. Si hay amores que matan, hay abrazos que destruyen. Abrazo de oso, pero con un oso sanguinario y cruel. Nos indignamos cuando escuchamos Ex Esma, lo que a mi criterio está bien. Pero al menos el Poder podría ser coherente y designar a las Fuerzas Armadas, como Ex Terroristas de Estado. No le pido coherencia al Poder. Solamente señalo la brutal incoherencia. El problema mayor es que nos están llevando con bastante prisa y con ninguna pausa, al terreno que el Poder necesita. Presentarse como víctima. Negar su culpabilidad e inyectar culpa en los sobrevivientes. Nuevas historias oficiales se están escribiendo y estoy seguro de que nada tienen que ver con el pensamiento nacional. Y menos popular. La falsedad sigue siendo la falsa moneda, la cuasi moneda con la cual el Poder paga a mujeres y hombres de bien que votan porque hay democracia. En realidad, es democracia porque se vota, o sea, la democracia aparece cada dos años. Lo demás es cadena nacional. Y fútbol para todos. Pronto con estadios vacío,s ya que ni a las mafias bravas se las ha podido combatir. La Esma es y será, sin “ex” que valga, el monumento emblemático a todas las formas de barbarie. El lugar y el tiempo donde la ternura fue desangrada en los altares de la tortura. Pero es el monumento que el Poder no tolera en su verdadero rostro. Lifting y siliconas son necesarios. El Poder necesita la memoria heroica. La estatua. El mausoleo. Los pobres de la tierra cultivan con la tenacidad del labriego los recuerdos y la memoria histórica. Y no hacen diferencia entre combatientes y poetas. El artista es un inventor de belleza. Y no hay mayor belleza que la lucha por la justicia, por la felicidad, por la fraternidad. Si de locos y poetas todos tenemos un poco, ese es el problema a resolver. Con poco no alcanza, porque el Poder siempre tiene muchos locos siniestros y muchos mediocres poetas a grandes sueldos. “Pero la reinscripción vincular será proveedora de identidad si, al mismo tiempo, el chico se reapropia también de su saber, de su hacer y de su poder implícitos en sus estrategias de sobrevivencia en la calle, interrogándose sobre su origen, su devenir, redescubriéndose como niño, joven, pueblo, trabajador, condición de acero y cristal, presencia profética de la calle.” Palabras de Alberto Morlachetti que son poesía y son combate. La presencia profética es lo que el Poder más teme. Más le aterra. Por eso buscará por todos los medios, incluso los legales (parafraseando a Lenin) eliminar a todos los profetas. Y no debemos dudar: pueden conseguirlo. Volverán a escribir el pasado, inventarán el presente, y alucinarán el futuro. Lo único nuestro es este presente. Porque en él decidimos qué pasado tuvimos y qué futuro deseamos. Antes que sea tarde y alguien por cadena nacional nos explique qué es la “Ex Democracia”. Edición: 2921  

¿Son irrecuperables?
Publicado: Miercoles, 20 Mayo 2015 12:47
¿Son irrecuperables?

Por Alberto Morlachetti y Liliana Guido    (APe).- A un mes de la ausencia de Alberto creemos imprescindible compartir nuevamente un texto medular en su pensamiento y en nuestro camino cotidiano con la infancia: "¿Son irrecuperables?". La expresión, muy frecuente cuando se habla de niños en la calle, es rebatida profundamente en este texto, que forma parte de la herencia transformadora que Alberto dejó en su obra: con ternura venceremos.

En su nombre
Publicado: Domingo, 17 Mayo 2015 19:03
En su nombre

Por Alfredo Grande    (APe).-  Una de las constantes de la cultura represora es lo que se ha denominado el “culto a la personalidad”. La idealización es lo opuesto al ideal, aunque se presenta con sus mismas ropas y su mismo maquillaje. En la idealización, o sea, en el culto, no hay espacio para ningún cuestionamiento, ninguna fisura del Gran Relato, ninguna opción para la sospecha, y mucho menos para una interpelación fundante. Uno de los padres de la Iglesia, de cuyo nombre hoy no puedo acordarme, dijo: “Creo, porque es absurdo”. Lo absurdo, lo inverosímil, lo increíble, lo inaceptable, debía ocupar todo el terreno y desalojar todo pensamiento crítico. Todo se reducía al estrecho espacio de una “cuestión de fe”. La misma que mueve montañas pero que, y no deja de ser otra paradoja represora, se sostiene en montañas de prejuicios. Invocan la fe en vano. Si en una cultura no represora la fe es otro de los nombres del deseo, en una cultura represora la fe es otro de los nombres del delirio. Y entonces se abre el abismo entre de los dos mundos posibles: el mundo de los mandatos que pueden ser religiosos, militares, deportivos, laicos, democráticos, tiránicos. Su principio rector es “subordinación y valor”. Es decir: el valor solo destinado a subordinarse, o sea, a someterse. El valor del no valor. El otro mundo que se abre es el de los deseos. No hay subordinación sino una permanente insubordinación en la búsqueda de la subversión permanente de todos los falsos valores de la cultura represora. Este otro mundo también necesita fe, pero pensado y sentida como otro de los nombres del deseo. Y este deseo así nombrado es la fe inquebrantable que solamente en colectivos solidarios y libertarios podremos encontrar el placer, que es la rampa que quizá nos permita encontrar la felicidad. Porque de eso se trata. De ser felices. Para la cultura represora, la felicidad tiene un recetario inapelable. El consumismo voraz, consumir consumo on line. Los 30 segundos de fama o ganar el pozo del quini, o que un banco líder te dé un paquete de tarjetas de crédito, débito, créditos pre aprobados, o poder figurar en la lista de algún candidato que no sabemos ni lo que piensa pero al menos pensamos que no sabe, o llegar al 1,5% de los votos en las PASO que son la forma más elegante de proscribir que se ha inventado. Y por supuesto el turismo de alta gama, los autos de  alta gama, los perfumes de alta gama, las mujeres y hombres de alta gama, las mansiones de alta gama. Y la mayor felicidad de todas para la cultura represora que todo ese recetario del privilegio ni siquiera es cuestionado, combatido, enfrentado. Todos quieren pertenecer porque saben que tendrán sus privilegios. Y en esta cultura de la pura tenencia, los derechos se han clonado en privilegios. Porque la lucha por los derechos humanos siempre ha sido la lucha por la vigencia de los derechos humanos frente a su ataque por parte de los Estados. La Razón de Estado siempre ha sido una razón represora. Las masacres en la guerra y en la paz fueron lo peor para imponer lo mejor. Los tribunales Rusell que luego empezaron a denominarse tribunales éticos, fueron necesarios porque el derecho formal que nada tiene que ver con la Justicia, se conformaba con castigos en dosis homeopáticas limitada a los jerarcas mas notorios. La inmensa capa de copartícipes necesarios, de complicidades compartidas, de oportunistas de pésima calaña, siempre han sido impunes y siempre han sobrevivido en lo nuevo perpetuando lo viejo. Son la mano de obra que siempre encuentra ocupación. Son los privilegiados de la historia porque siempre encuentran regímenes, partidos políticos, empresas, clubes deportivos, sindicatos, universidades desde donde seguir “operando” y gestionando su poder y su fama por mucho más de 30 segundos. Por eso ningún Estado garantiza los derechos humanos. En el mejor de los casos, se abstiene de vulnerarlos. La mejor garantía para la vigencia de los derechos humanos son los colectivos que luchan por defenderlos, contra todos los vientos y contra todas las mareas. Por eso el culto a la personalidad es represor. Porque pone en primer plano a la persona exaltada a personalidad. Son los bronces que ni siquiera sonríen, parafraseando el título de una obra de Vicente Zito Lema. Las jerarquías, todas las jerarquías, son  adictas al culto de la personalidad. Cuanto más jerárquica, peor. Por supuesto, para que una persona sea personalidad, y para que esa personalidad sea de culto, esa  persona tiene que tener méritos especiales. Algunos llaman a esto carisma. El tema no es ese, porque nadie dudará de que Pasteur o Galileo o Spinoza tienen esos méritos y no hay culto alguno que los venere. El culto es de los seguidores, los oportunistas, los beneficiarios del plan adorar, los que comen las entradas y los postres de todos los banquetes. El culto es una estrategia de la cultura represora para perpetuar los mandatos. Los que luchan para construir cultura no represora tendrían que abandonar toda tentación, incluso afectiva, de construir todo tipo de culto. Y solamente sostener el recuerdo de la obra que esa persona ha realizado.jor garantía para la vigencia de los derechos humanos son los colectivos que luchan por defenderlos, contra todos los vientos y contra todas las mareas. Por eso el culto a la personalidad es represor. Porque pone en primer plano a la persona exaltada a personalidad. Son los bronces que ni siquiera sonríen, parafraseando el título de una obra de Vicente Zito Lema. Defender la obra del maestro, del hermano, del compañero, mientras lo extrañamos como maestro, como hermano, como compañero. No hacemos culto, pero cultivamos sus enseñanzas, sus ejemplos, sus luchas, sus logros. Intentamos sostenerlas, prolongarlas, mejorarlas. Sabemos desde nuestras vísceras que ese es su deseo fundante . No importa la personalidad, importa la obra. La cultura represora rinde culto a muchas personalidades mientras arrasa con sus obras y sus luchas. En el nombre del maestro, del hermano, del compañero, seguiremos sus obras, sin rendir culto, solamente sosteniendo el recuerdo. Que así sea.  Edición: 2916

Patovicas del sistema
Publicado: Miercoles, 13 Mayo 2015 13:40
Patovicas del sistema

Silvana Melo    (APe).- En la mañana del 12 de mayo comenzaba a notarse la ausencia de Aylín. Tiene 14 años, salió para encontrarse con sus compañeros e ir a la escuela en San Telmo. Pero se esfumó en el aire. Como una pompa de jabón. En la mañana del 11 de mayo Lucas sintió como si un punzón se le hundiera en la base de la cabeza. Del lado de atrás. Se dio vuelta y vio a su vecino con un arma humeante. Y supo que en la nuca tenía una bala. A los 13 años tocar timbre, salir corriendo y revolear una bolsa de basura al medio de la calle es provocar a los hados. Hacer del juego sagrado una mueca a los dioses. Pero el mundo tiene patovicas sistémicos. Que disparan a los niños que juegan. En la madrugada del 10 de mayo el cuerpo de Chiara, que tenía 14 años, fue enterrado en el patio de la casa de su novio de 16. Dicen que cuando todavía estaba con vida. Ella era una nena. Y tenía en su vientre una vida chiquitita. El chico recién está despabilándose de la niñez. A los 16 supo que sería padre y se cargó la vida de Chiara y la del pequeño bebé. Hasta ahora, parece ser que fue su propia familia la que lo ayudó a enterrarlos. A Chiara y al bebé. Chiara murió a golpes. Y dicen que el chico no pudo haberlo hecho solo. Las mañanas son peligrosas para los niños en estas tierras. El amanecer no les pertenece. Y las alboradas parecen ser los gendarmes del sistema. El capitalismo no es apenas un sistema económico. Es un orden cultural, político, social. Las sociedades se forman y deforman a su ritmo. La maquinaria crea seres humanos en serie que se miran el ombligo y recelan del otro. Lo persiguen, lo encierran, lo confinan. Y a veces hasta lo matan. De vez en cuando, se rompe la tapa de cartón corrugado que sostiene la locura. Y aparece un monstruo. Que hasta hace diez minutos era tranquilo almacenero, albañil, ingeniero mecánico, vendedor de cosméticos. El monstruo mata, ayuda a matar, hace desaparecer, dispara en la nunca a un niño, saliva profusamente cuando alguien se queda pegado al alambre eléctrico de su muro. Después se lava las manos y se limpia la sangre de la camisa. Y vuelve a ser el mismo buen vecino. Aylín no aparece. Lucas tiene un disparo en la nuca y lucha y se aferra a este lado del mundo. A la tierra donde aparecen los monstruos pero que es su escenario de vida. Eran un grupo y jugaban al ring raje. Un juego del Neolítico, si hubiera existido el timbre. Que el vecino del arma debe haber jugado en su prehistoria. Pero el capitalismo es, además, una herramienta de abolición de la memoria. El disparo lo alcanzó a Lucas. De atrás. Y la bala se le incrustó en la nuca. Pudo decirle a su madre “Oscar me pegó un tiro”. Y después se hundió en un limbo del que se espera su regreso. Chiara murió a golpes. Dicen que pagó con su vida la vida que su novio de 16 le había inoculado en el vientre. Que toda la familia se lo hizo pagar. Monstruos que hasta hace 10 minutos eran buenos vecinos. Gente de la cuadra que mata de pronto. Patovicas del sistema. Edición: 2913

La pasión de Vanesa
Publicado: Lunes, 11 Mayo 2015 15:05
La pasión de Vanesa

Por Claudia Rafael (APe).- Dolor. Gemido. Belleza. Es la angustia clavada en el exacto punto medio en que la garganta se derrumba para hacerse grito. 2417 días de sabiduría arremolinada en el cuerpo de una muchacha. Que vivió todas las vidas. Y las sigue viviendo. Hecha rabia. Hecha ternura. Es el rostro mismo del alarido. Es la imagen perfecta que denuncia la no justicia, la no punición, la no vida. Todo eso que le robaron a su hermano en un cuadrilátero de mugre y perversidad. Ella es la cara de los pueblos torturados. La fotografía que deja al desnudo el relato de la crueldad que volcaron una, diez, mil veces sobre el cuerpo estragado de Luciano. Hecho trizas con picanas asesinas aprendidas en danzas milenarias por los hombres del poder más impecablemente siniestro. Vanesa cae victoriosamente sobre los señores de traje agudo y solemne para decirles sin reales academias de la nada misma que verduguear es “que a Luciano le pusieran un arma en la espalda, que le digan negro o villero, que ostenten su poder que demoren las respuestas que merecemos, que tengan mala predisposición para explicar la situación legal y penal de una persona, que lo acusen de 'chorro' ajusticiándolo sin intervención de un juez, que nos manden a sacar fotocopias teniendo una fotocopiadora en el lugar, que utilicen tono violento o imperativo, que amenacen con que si no dejamos de exigir va a ser peor”. La fotografía de la pasión de Vanesa. De su padecer. De su sufrimiento. De sus labios niñamente apretados conteniendo el llanto que salta por la frente y por los ojos que se entrecierran mientras la mano se curva en ese gesto tan suyo. De dedos delgados. Que sueltan sus propias lágrimas por las uñas, por los poros, por las venas marcadas. Su boca y su mentón se comprimen. La fotografía revela las huellas de una crónica de vida y de muerte. Y esa boca y ese mentón toman la fuerza necesaria para construir la verdad hecha palabra. Que es rugido. Que es galope de todos los vientos en un país que se acostumbró a callar y Vanesa no es silencio. Esa foto es la síntesis acabada de la utopía desplegada frente a los amos de la muerte. Los que picanean sueños y zamarrean esperanzas. Los que se empeñan en mellar utopías azotando los respiros de la vida que crece desde cada una de las raíces de este suelo. Es la imagen de la condición humana hecha tragedia. Devenida bramido eterno.   Foto: Red Nacional de Medios Alternativos Edición: 2911

La condena es para el niño
Publicado: Jueves, 21 Mayo 2015 13:26
La condena es para el niño

Por Claudia Rafael     (APe).- Es el mismo Estado. El que victimiza a la infancia. El que determina con una ferocidad temible la abolición del mañana para los niños de los arrabales. El que envenena sus destinos. El que día a día niega a los niños el derecho de ser niños, como diría Eduardo Galeano. Ese Estado que recurrentemente reclama bajar la edad de imputabilidad, buscándolos culpables detrás de los árboles y bajo los pedregullos. Aquel que paga irregularmente cifras irrisorias para que las organizaciones sociales se hagan cargo de un rol que ese estado no cumple. Aquel que hoy fustiga a un par de camaristas que redujeron la condena a un hombre que abusó de un nene de seis años. Aquel que se rasga las vestiduras y reclama su juicio político. Es exactamente el mismo brazo estatal. Que mide con la vara herrumbrada de sus conveniencias. De sus deseos y urgencias de resguardar sus propios cotos de poder. Hay un niño que hoy tiene 11 años o seguramente los cumplirá dentro de poco. Su historia es estigma en boca de jueces, periodistas, abogados, funcionarios, ministros. Que “no es gay”, como declara su tía en los medios. O que sí lo es porque su “elección sexual malgrado la corta edad, a la luz de los nutridos testimonios de sus próximos, ya habría sido hecha”, como escribieron los camaristas Piombo y Sal Llargués en su fallo “conforme a las referencias a la recurrencia en la oferta venal y al travestismo”. Desde hace cinco años una y otra vez la historia vuelve sobre él. Lo deja desnudo. Lo acorrala. Lo victimiza. Lo marca. Lo atenaza. Lo arrincona. Lo lastima. Lo atormenta. Una y otra vez como un martillazo sobre su conciencia. Sobre su propio llanto. Todos olvidan que es un niño. Hace cinco años sólo quería ir al club a jugar. A los seis, jugar es la vida entera. Una pelota de fútbol puede ser el pasaporte al arcoiris. Y correr, una estampida de sueños que se despliegan sobre la canchita de pastos desparejos del barrio. Pero un hombre al que llamaban “el entrenador” abusaba de él y por eso lo condenaron por “abuso sexual gravemente ultrajante” con un año de cárcel por cada año de vida del niño. Cinco años más tarde todos hablan otra vez de él. Y los jueces, vanas señorías que gritan sus iniciales al mundo, firman asumiendo con grandilocuencia que será justicia y escriben que “efectivamente el imputado ha tenido para con este infortunado niño comportamientos lascivos” pero que “transitaba una precoz elección de esa sexualidad”. Entonces redujeron la condena al abusador a la mitad de años. Porque si se es homosexual, la violación no cuenta, según Piombo y Sal Llargués. Y porque un nene de seis años que fue previamente abusado, ya no sufre tanto como quien lo padece por primera vez, piensan. Y él, que ya tiene 11 años, escucha, mira, oye, siente, que el precio de su dolor fue tasado en la mitad. Y sabe que una cohorte de bienpensantes sale a defenderlo y la desnudez aflora una, tres, diez veces. Y seguramente no entiende. Entonces, los mismos señores gobernantes que saltan a la yugular de la infancia vulnerada para bajar la edad de imputabilidad ante cada delito más o menos resonante, más o menos impactante a ojos ciudadanos, más o menos aportador de votos y aplausos, ahora cuestionan que los camaristas “le dan voluntad probada a un menor de 12 años” a pesar de que “ninguna acción de un menor de 12 años tiene validez” (Ricardo Casal, en Radio del Plata). El fallo –dijo el ministro de Justicia- es “una omisión deliberada de nuestro Código Penal y Civil, donde se protege a los menores de 12 años, considerándolos incapaces absolutos, es decir, sin autonomía de decisión”. El mismo Ejecutivo que tras el crimen del ingeniero Barrenechea, en 2008, defendió que “llegó el momento de debatir una baja en la imputabilidad de los menores”. O que, tres años después, planteó que urgía hacerlo porque “los menores de hoy no tienen el mismo grado de madurez y concepto que hace un siglo”. Y esperan pacientemente al próximo delito que se multiplique en los diarios para volver sobre la idea. El contrato que regula la vida social por aquel viejo pacto de propietarios apuntaba teóricamente –ni más ni menos- al control y a la regulación de las violencias. Y es justamente el Estado a través de cada uno de sus brazos y el derecho, como hacedor ambivalente de destinos y vidas, el que asume la violencia en sus modos más perversos y la reproduce en continuidad. La que ejerce impiadosamente una selectividad que suele dejar a la infancia, con ideológica terquedad, arrinconada a las peores formas de violencia. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños, escribía Galeano. El tiene 11 años. Alguna vez tuvo seis y sólo quería jugar a la pelota.  Edición: 2920

El grito culpable
Publicado: Martes, 19 Mayo 2015 14:33
El grito culpable

       Por Mariano González        Fotos: Ana Laura Beroiz         (APe).- Dicen las abuelas que nada nuevo pasó esa noche, sólo un nacimiento: los muertos de siempre naciendo otra vez. Dicen, también, que esta vez no nació llorando al mundo, sino padeciéndolo. Habrá sentido, tras el abrazo inaugural de su madre, rodar por todo el cielo del paladar el sabor amargo del veneno de la injusticia calándole la piel pegada al hueso. La vida le abrió los pulmones y le mostró tras sus primeras luces que no será fácil ser niña, ser mujer, india y pobre; supo rápidamente que sería difícil, tan sólo, seguir siendo. Un nuevo caso de desnutrición emerge desde las sombras cotidianas de los arrabales profundos y se instala en las ágoras modernas por unos días. En la localidad de Miraflores, Chaco, una beba wichí de dos meses de vida fue internada por desnutrición extrema luego de haber sido dada de alta en dos ocasiones previas. Luego de que el hospital Güemes le diera el alta (prematuramente según informó el Centro de Estudios Nelson Mandela – CENM -) debió haber recibido un seguimiento que nunca se concretó, de parte del puesto sanitario de Miraflores. El CENM denunció mala praxis de parte del hospital y exigió atención inmediata. También se informó que la documentación asentada en el hospital omitía, como suele hacerse en estos casos, el grado real de desnutrición que padecía la beba, que exigía la continuidad de la internación y los cuidados. El gobernador Jorge Capitanich intentó empujar el hecho a los márgenes donde se amontonan unos muchos casos que el poder intenta aislar, desligándolos de una pobreza estructural. Hace no mucho tiempo ensayó la misma maniobra de esconder tras la frialdad de los números la desigualdad social y la desidia de un sistema de salud obsoleto y xenófobo. Era enero de este año cuando el niño qom Néstor Femenía, de siete años, conoció prematuramente el abrazo de la tierra, mucho antes de terminar de conocer los calores de la palabra. También en aquel entonces, la Diputada Nacional por el FPV Diana Conti se destacó en el extraño arte de condenar a la víctima. En aquella oportunidad intentó diluir las culpas del Estado por entre los resquicios de abstracciones culturales y familiares haciendo gala de un racismo que envidiaría la propia generación del 80. Nada nuevo, la culpa siempre en el muerto por no saber vivir; en los pobres, por no saber trabajar; en el desnutrido por no saber comer; en cualquiera de las víctimas de los femicidios, por no comprender los complejos matices del amor del hombre; en las miles de mujeres violadas, por usar la pollera demasiado corta o demasiado larga. Las culpas siempre se lavan en otros arroyos. En Argentina las penas y la muerte siguen siendo de nosotros; mientras que no sólo las vaquitas son ajenas, poco a poco la propia vida se nos hace ajena a fuerza de un hambre que mata o sale a matar. Argentina sigue produciendo alimentos como para alimentar al 50% de la totalidad de los habitantes de Latinoamérica, sin embargo sólo un 11% se consume en el país. Mientras, los silos siguen engordando a costa de la gula especulativa que digiere divisas. Tras el umbral del progreso hoy monopolizado por la soja que diezma a las poblaciones indígenas y campesinas en tanto sujeto organizado, encontramos también que aquellos paraísos del granero del mundo sólo fueron la antesala del infierno de hoy. Traemos impregnada la marca de ese infierno en la frente. El chaco del hambre, el desmonte y los pueblos fumigados fue, ayer nomás, el de las espaldas y bolsillos rotos del algodón, el de las reducciones aborígenes y las masacres, el del pago en vales que apenas alcanzaba a los golondrinas para empatarle al hambre. Fue también el de la Forestal y los cuchillos clavados en la nuca de los trabajadores en lucha. Como símbolo y herencia no sólo nos queda el pasivo ambiental, la muerte y la pobreza estructural sino también una imborrable herencia simbólica que nos grita desde los escudos de los municipios de la Provincia que aún seguimos en la tierra de la desforestación, de las hachas huérfanas de hacheros y el quebracho tumbado. Que nos dicen que no somos dueños de lo que producimos ni de aquello con lo que trabajamos. Nos anuncian desde esa inmortalidad de los símbolos la preeminencia de la herramienta sobre quien la empuña. Para que no se nos olvide que estamos en la tierra de los patrones, de aquellos que viven a costa del hambre hecho grito y muerte, de ese grito siempre tan niño y siempre tan culpable. Siempre tan otro. Edición: 2918  

Oro negro y esperanza
Publicado: Domingo, 17 Mayo 2015 23:42
Oro negro y esperanza

Por Carlos Del Frade (APe).- “Gold Black”, se llama uno de los tantos casinos que abrieron en los últimos años en la provincia de Neuquén, el nuevo lejano oeste del siglo veintiuno después del anuncio del descubrimiento de grandes yacimientos de gas y petróleo no convencional en la zona de Vaca Muerte, a ochenta kilómetros de la capital. Las luces están siempre encendidas y los balances dan muy bien pero poca gente entra en “Gold Black”. El dinero fluye de todas las formas en estos arrabales patagónicos, en estos lugares donde la dignidad de Cutral Có quedó grabada para siempre en la memoria popular de las luchas sociales argentinas. En esas calles donde el maestro Carlos Fuentealba ayudaba a parir amaneceres enseñando a leer y escribir, a sumar y restar a los albañiles siempre explotados. -Hoy un muchacho de 22 años gana 40 mil pesos como petrolero. Diez mil paga de alquiler, diez mil para comer, diez mil para prostitutas y diez mil para cocaína – cuenta uno de los hombres más conocedores de esta tierra que promete fortuna pero multiplica infortunios porque la riqueza, una vez más, está concentrada en unos pocos. “En los últimos meses comenzaron a reducir personal en muchas de las empresas que están alrededor de Vaca Muerta. Los puestos laborales que se prometían por miles ahora se redujeron a la cuarta parte”, dice una joven que trabaja como personal de seguridad. En estos lugares recorridos por Don Jaime De Nevares hasta su viaje final, el capitalismo muestra sus principales cinco vías de acumulación desde hace más de medio siglo: petróleo, armas, medicamentos, drogas y trata de personas. El gatillo fácil y los femicidios suelen repetirse en las noticias regionales, no solamente en Neuquén, sino también en Cipoletti, en la muy vecina provincia de Rìo Negro. -El clan de Los Montesinos sigue manejando el negocio de la droga desde la cárcel y desde allí, cuando fueron apresados, dijeron que 100 kilogramos de cocaína metían a la provincia…a nadie le pareció importante semejante declaración. Y hay mamás que ya tuvieron que sepultar a sus hijos por culpa de tanta impunidad y complicidad – dice el militante social y universitario, Juan Ramírez, autor de un documental titulado “Neuquén: barro, droga, pobreza y capitalismo en el oeste neuquino”. No hay hospital en la zona de Vaca Muerta pero sí florecen los prostíbulos y los casinos, sostienen desde alfabetizadores a maestras, bancarios y obreros, albañiles y estudiantes de la Universidad del Comahue. Hay dirigentes gremiales del sindicato petrolero capaces de movilizar cientos de trabajadores pero, al mismo tiempo, son dueños de empresas petroleras. Patrón y gremialista al mismo tiempo. Y el consumo de cocaína que se mete entre las multinacionales que están sedientas de ese oro negro que da sentido a los nombres y las marcas de casinos y otros negocios. -Hace algunos años hablábamos de lo que sucedìa en el Bronx, después de lo que pasaba en La Matanza y en los últimos tiempos hacemos referencia a lo que sucede en Rosario y en el barrio oeste, en la zona de las bardas, donde casi cincuenta mil personas viven como pueden y definen la suerte de las elecciones. Allì hemos visto que la edad en el inicio del consumo ha bajado. Ya tenemos caso de consumo en chicas y chicos de doce años – agrega Ramírez. La realidad que no es mostrada por los grandes medios de comunicación televisivos aparece en las letras del rap callejero y en la llamada cumbia social. Una alfabetizadora sostiene que hacen de todo para enganchar a los pibes sin ningún tipo de apoyo estatal pero que todos los días insisten porque saben que la respuesta viene de abajo a partir de esta militancia permanente. Entre la promesa del oro negro y la realidad del crecimiento del narcotráfico y la prostitución, hay una Neuquén joven y sensible que resiste. Que sabe que la esperanza está en esa porfiada manera de remar contra corriente y denunciar que lo humano, más temprano que tarde, le ganará al perverso dios dinero y sus falsos profetas. Fuentes: Entrevistas realizadas por el autor en la Universidad del Comahue, el sábado 9 de mayo de 2015, en ocasión de presentar su libro “Ciudad blanca, crónica negra”.  Fotos: 8300.com.ar Edición: 2917

Un gajo de victoria
Publicado: Viernes, 15 Mayo 2015 19:36
Un gajo de victoria

Por Silvana Melo (APe).- Los diez años de prisión para el policía Diego Torales son apenas un intento de reparación de origen. Tardía, como suelen ser las precarias reparaciones en las historias de los pibes pobres. A los que se les quiebra la vida como cristal tras el piedrazo. Tardía, la reparación, tanto que si en el 2008 alguna de las tantas herramientas institucionales -que suelen usarse para abandonar y castigar a los chicos de los barrios y las esquinas- hubiera funcionado correctamente, el grupo que torturó a Luciano Arruga debió haber sido exonerado y encarcelado. Es decir, rota su impunidad, quebrada su omnipotencia, desmantelada la puerta legalmente abierta para el secuestro, la desaparición y la muerte. Pero no fue así. Porque las torturas a Luciano fueron la antesala de su muerte, pocos meses después. Un crimen que para el ministro de Justicia de la Provincia fue apenas “un problema hospitalario” y no la desnudez extrema de la maquinaria represiva de un estado que conserva mosaicos de tenebrosa textura dictatorial. Porque, además, Torales es el único condenado porque es el único apellido que pudo conocer Vanesa Orieta, a partir de su decisión de ir al frente, sola, pequeña, frágil e indomable, ante la hostilidad de las instituciones. Pero está claro que los torturadores de Luciano fueron más que Torales. Y Torales aparece como un símbolo. Y –por obra y gracia de la construcción colectiva que supo encabezar Vanesa- como la posibilidad cierta de que una lucha que pudo penetrar en la férrea epidermis de los medios masivos se puede llevar puesto a un torturador. Puede lograr su juicio. Su condena. Y su cárcel. Nada será igual a partir de Luciano Arruga. Nada será igual a partir de su martirio. De su sacrificio. De su muerte absurda cruzando la General Paz descalzo, a las tres de la mañana, por la calle y no por el puente peatonal. Aterradoramente solo. Perseguido. Devastado. El mismo día de su desaparición. Tirado en un hospital. Enterrado NN. Mientras su familia lo buscó siete años. Sola. Perseguida. Devastada. Con las instituciones en retirada. Sólo presentes a la hora de abandonar. O de calificar su muerte como un tema hospitalario. La condena de Torales a diez años es un gajo de victoria. Es el comienzo de un camino que puede conducir a perforar el núcleo más perverso de la bonaerense. Que puede ayudar a entrar en esos cuartos siniestros donde se golpea, se tortura y se mata a pibes como Luciano. Por soportar las consecuencias de su dignidad. Por decir no a la corrupción que se sirve del descarte social. Que tiene que robar para ellos o morir. O robar para ellos y, de todos modos, morir. Luciano tenía 16 años y llevaba 20 pesos cuando lo levantaron para llevarlo al destacamento de Lomas del Mirador el 22 de setiembre de 2008. Lo acusaban de haberse robado un MP3. Cuando Vanesa pudo llevárselo de ahí, después de oír el desgarro de sus gritos bajo la tortura, él ya no tenía los 20 pesos que llevaba. Había sido robado por la policía que lo acusaba de robar. Cuatro meses después, el 31 de enero de 2009 Luciano salió a las nueve de la noche. Y no volvió nunca más. Se lo tragó la boca monstruosa de la impunidad. De la justicia selectiva, de la policía artera, de la política cómplice. Los diez años para Torales son una porción de victoria para celebrar. Pero todavía hay un arduo camino por recorrer de la mano del martirio de Luciano. Para que esta muerte pueda ser la vida de tantos morenos anónimos desterrados. Una certeza nueva. Un gajo de victoria. Fotos: gentileza Facundo Nívolo,  para Infojus Noticias. Edición: 2915   

Llamas y desesperanza
Publicado: Jueves, 14 Mayo 2015 14:34
Llamas y desesperanza

(APe).- Ian tiene dos años y la cara sucia. Corre detrás de una pelota ajena, medio desinflada y tan tiznada como sus cachetes. Hoy a la mañana alguien tiró un trapo encendido dentro de la casilla que los papás de Ian se armaron entre un paredón y la vía. Ella, a los 22, ya tiene extensa trayectoria en eso de sobrevivir como se pueda. Se domicilia en el dolor, como tantos que no pueden escriturar otra cosa que una esperancita chica, módica, humilde. Suelen dormir en un parador de capital. Pero si además quieren cenar, la distancia entre el comedor y el parador los obliga, tantas veces, a elegir. O comer o dormir. Por eso tenían la casilla en ese rincón de Piñeyro, Avellaneda. “Los de la fábrica habían tirado una tele que ya no querían más. Y como nosotros no podemos comprarnos una tele, la trajimos para acá”, dice Leila señalando el cuadrado negro y todavía humeante donde se destacan los restos de una sillita azul. Pero cuando se fueron a cartonear, se la desarmaron. “Para sacar los cables y el cobre”, dice. El papá de Ian dejó de cartonear en estos días porque consiguió empleo en un carrito de la Costanera. Hasta hace poco era frecuente verlos arrastrar los carros con Ian sobre las cajas de cartón, un rey sin corona arriba de la carroza. Que siempre se transforma en calabaza y no sólo a las 12. “De acá también nos robaron dos carros”, suma Leila, que ni siquiera tiene fuerzas para llorar. Se quedó sin nada, es decir, sin todo. Su colchón, su ropa, su pequeña historia que suele llevar en la espalda como un caracol. Pide un teléfono para avisarle a su marido mientras Ian intenta jugar a la pelota con un compañero que tiene la mitad de su edad. Hace un par de meses llegaron a ese páramo entre el paredón y la vía. Venían huyendo de otros fuegos, cerca del puente de Gerli. Donde también les incendiaron todo su capital que cabe en un carrito de supermercado. Perdieron ya varios colchones debajo de los incendios. Que nunca son casuales ni accidentales. Ian y sus papás otra vez tienen nada. Que ha sido su propiedad más estable. No entienden por qué les prenden fuego las casillas. “Nosotros no molestamos a nadie”, dicen. Pero la gente del barrio suele desprenderse de aquello que duele. Deposita en ellos todos los símbolos del mal. Los culpa de sus frustraciones y de sus miedos. Los convierte en sus demonios. Los incendia y los expulsa. Y ellos seguirán rodando cuidándose como pueden. Y salvando de todos los fuegos la pequeña esperancita. Que es lo único que nunca se quema. Edición: 2914

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Chagas

78 mil personas están infectadas con el mal de Chagas en Salta. Es el 6,5% de la población. Es una endemia con escaso diagnóstico.


Desnutrición

Una chiquita wichi de tres meses está en grave estado por desnutrición. Su familia, en extrema vulnerabilidad, vive en Miraflores, Chaco.


Somos

Somos todos los niños que mueren por desnutrición en el país hecho de pan, leche y carne. Somos los chicos muertos por bala fácil, envenenados por agrotóxicos e intoxicados por el plomo. Somos todos los niños olvidados Eso somos.


Embarazo

Una nena de diez años, que mide 1,39 está embarazada de 21 semanas. Sucede en Paraguay y el bebé puede ser de su padrastro.    


Luciano

Comenzó el juicio contra los policías imputados por torturar a Luciano Arruga dentro de una comisaría cuatro meses antes de su desaparición.


¿Suicidio?

Encontraron muerto a un chico de 16 años en el Complejo Esperanza, un correccional de Córdoba. La versión oficial siempre habla de suicidio.


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Alberto en la voz de Jorge Fernández Díaz

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