Madres para el subsidio
Publicado: Viernes, 01 Julio 2016 14:50
Madres para el subsidio

Por Silvana Melo (APe).- Tan pibas se embarazan. Más de ciento quince mil por año son madres y tienen menos de 19. Cada día nacen ocho bebés hijos de niñas menores de 15. Que no saben, que no creen que les vaya a pasar, que no son conscientes, que no querían pero las obligaron a querer, porque son pobres, porque el Estado les niega educación y anticonceptivos, porque se clausuran los programas que los entregan, porque son mujeres, chiquitas y mujeres, porque buscan abatir la soledad histórica y heredada, porque no quieren que él se vaya y él se va lo mismo. Pero para un tal Dindart, es porque les dan una asignación como premio. Un tal Dindart que fue ministro de Salud de Corrientes y dijo lo mismo, cuatro años atrás, cuando le aparecían nenas de diez y once años con embarazos después de violaciones. Y que lo repite ahora, impune, cuando las alianzas políticas lo colocan como presidente de la Comisión de Familia de Diputados (a la que tuvo que renunciar en estos días). En ese espacio estratégico dice que las pibas se embarazan para cobrar la AUH. Y no importa su apellido, que es Dindart. Importa que es una idea, un principio, una tendencia que ahora se llama Dindart pero tiene centenares de nombres y apellidos en el poder, sepultando derechos y abriendo una brecha profunda entre los privilegiados y la otra humanidad, la pequeña y residual. Casi el 16 por ciento de los niños nacidos en el país tiene madres de menos de 19 años. Una cada 5 minutos se vuelve madre. Muchas no terminaron el primario, la mayoría deja la escuela, gran parte encara la maternidad en soledad y la aprenden con la violencia de la vida impuesta sin deseo. Según el Ministerio de Salud Pública en 2011, el 21,18 % de los nacidos anualmente en Corrientes tienen madres adolescentes. Casi 6 puntos por arriba de la media nacional. En 2012, cuando en Entre Ríos y Corrientes niñas de 10 y 11 años fueron sometidas a la maternidad a partir del vejamen primero y de la brutalidad institucional después, la directora del Hospital Vidal de la provincia del tal Dindart, hablaba de “un 30% de embarazos adolescentes”. Mientras Dindart decía “se embarazan porque tienen un recurso económico como premio por haber tenido un hijo”. Ese ministro de Salud, que ahora es diputado y que, como zorro en el gallinero fue elegido presidente de la Comisión de Familia de la Cámara Baja. Una amarga burla sistémica. Una clara definición de un rumbo, personalizado en alguien que fue radical y que ahora es cambiemos pero es un ícono y ni siquiera tiene sentido que sea un nombre. Porque es parte de la cosmovisión capitalista, de la urdimbre de poder, del marco teórico donde se inscriben algunas célebres notas como la de Clarín del 5 de abril de 2009: “La fábrica de hijos: conciben en serie y obtienen una mejor pensión del Estado”. “Es una realidad estadística”, dijo Julián Dindart, que era radical, ahora es cambiemos y dios dirá qué será mañana. Pero no hay un solo número que avale su temeridad. “Buscan tener otro para tener un poco más de dinero. Eso es una realidad técnica. Acá no podemos ser hipócritas". Las chicas suelen tener entre doce y diecisiete años. De una fragilidad tan extrema como la de sus niños. Que son tan niños como ellas. Tan solos como ellas. Y que tratarán de ayudarse a crecer juntos, para que no se los lleve el primer temporal. Esa vida que será suya para siempre la sostendrá cuando ya no haya escuela, cuando no habrá trabajo (porque son chicas, porque tienen un hijo, porque no califican) y no tienen lugar para vivir ni quien les cuide el crío ni quien les haga el aguante en esa soledad de abismo que viven los dos cada noche. Sólo esa cosmovisión sistémica perversa puede imaginarlas premeditando un hijo para cobrar 966 pesos mensuales. Que en realidad son 722 y el resto aparecerá a fin de año si cumplió. Para un tal Dindart y la urdimbre del desprecio, con tres hijos y 2166 pesos mensuales, la madre puede tirar manteca al techo. Si es que tiene la suerte de tenerlo. Según la OMS el riesgo de muerte materna aumenta cuanto más chicas son. Sus niños multiplican las posibilidades de morir antes de cumplir un año. Las provincias del NEA suelen triplicar la media nacional. Entre ellas, Corrientes. Territorio de un tal Dindart. Por ahí nacen, de pibas que se la juegan para dejar alguna pequeña huella en el mundo. Un mundo que les es hostil, enemigo, que se las tiene jurada por origen. Donde se van abriendo la calle a medida que andan. Con las piernas rajadas por la maleza. Mientras el poder lo ejercen los millonarios, como debe ser. Y a ellas les queda la insolencia de la esperanza. Para invadir la zona de los otros con rabia y dientes apretados. Y una chispa de rebelión entre los brazos, que es incondicional y moja el pañal en contundente declaración de principios. Edición: 3187

Niños enfermos
Publicado: Martes, 21 Junio 2016 16:20
Niños enfermos

Por Silvana Melo (APe).- El barrio de niños enfermos que Córdoba urdió bajo el nombre Héroes de Malvinas es una fotografía determinante de la segregación moderna. Más de 30 familias almacenadas en un arrabal donde sus chicos se esconden de la mirada de la normalidad social pero a la vez no tienen acceso cercano a un centro de salud. Sus chicos no se ven pero además viven en casas no adaptadas, andan en sus sillas por calles sin rampas y esperan hasta la muerte una ambulancia que tarda tres horas en llegar a un corazón quebrado. La lógica de segregación de aquello que incomoda ha evolucionado en sutileza y tecnología en consonancia con la progresión cultural del hombre. Del manicomio al guetto: del encierro edificado al barrio como aislamiento con perfiles de ciudad. Del panóptico de Bentham al gran hermano de Orwell: de la cárcel convencional con un ojo que todo lo ve a la lógica vigilante en el crudo negocio de las cámaras de Montoto y el control social de Deleuze. El barrio se extiende hasta el límite y casi se cae de la capital cordobesa. Pensado para “relocalizar” a gente de Villa El Tropezón, la mayor parte no aceptó la mudanza. Y las casas quedaron vacías. Entonces se decidió aprovechar esa lejanía estratégica para acopiar padecimientos que disgustan el normal funcionamiento social: Santiago, 11 años, con piel de cristal, Tomás, con marcas en la piel y huérfano de un padre que lo rescató de un incendio que finalmente lo devoró, Briana, en estado vegetativo después de un “error” en el Hospital de Niños, Marianita, que sobrevivió a un accidente ferroviario pero perdió una pierna, Dylan, que cayó de la bicicleta y quedó con cuadriparesia espástica, Sheyla y Yamila, dos mellizas con graves problemas pulmonares, Zaira, de seis años, con un corazón envejecido, José, que recibió un balazo mientras jugaba a la pelota en un potrero. Y veinte más, a los que Ary Garbovetzky visitó profusamente para el excelente informe publicado en el diario Día a Día. Las 30 familias (que coinciden en espacio geográfico también con algunos veteranos de Malvinas y mujeres víctimas de violencia de género) no comparten entre sí más que el martirio de sus niños. Y la fiesta de obstáculos para la sobrevida cotidiana y para la propia subsistencia que los arquitectos de esta suerte de guetto moderno estructuraron. Un hospital a cuatro kilómetros sin pediatras de guardia. No hay unidades de atención primaria ni consultorios ni una posta sanitaria. Las ambulancias se pierden en un barrio tan invisible que “no figura en los GPS ni aparece en Google Maps”. Será que a nadie le interesa asistir al suburbio de los niños en silla. O con la piel de escamas. El psicólogo comunitario Sebastián Bertucelli, citado por Ary Garbovetzky, sostiene una mirada certera: “parece un caso de erradicación de personas con problemas de enfermedades crónicas para ponerlas en un lugar alejado. De nuestra vista, pero también de sus redes familiares o sociales”. La pobreza, la enfermedad cronificada, la vejez y la infancia improductivas, la negritud originaria, norteña, conurbana y periférica, engordan la bolsa social de excedentes. Un container clavado en las ochavas de las sociedades para depositar prolijamente aquello que no encaja. Acaso el barrio Héroes de Malvinas, en la punta de Córdoba, sea un avance en modelos infraestructurales como el sobreviviente leprosario de General Rodríguez, donde siguen viviendo aquellos que ya están curados desde hace más de 40 años. Pero parecen haber asumido esa calidad de desecho social con que les marcaron la piel. En esa lógica se alimentan, tal vez, las tres horas que tardó en llegar la ambulancia que llamó la mamá de Rodrigo. En días de enero en que no había agua ni luz. Silvia vio a su hijo descompensarse y morir despacito en sus brazos, sin que el mundo se alterara. Diez de sus once años vivió con parálisis cerebral. El psicoanalista Gustavo Bertan asegura que “siempre hay resistencia cuando hablamos de las locuras, cuando hablamos de alguien diferente. Occidente siempre ha tratado muy mal lo que es diferente. El diferente puede ser un sicótico (pero también) hoy puede ser un árabe”. O un niño con parálisis cerebral. Tomy Bello fue trasplantado en Estados Unidos, perdió la vista en una de las operaciones y su silla no pasa por las puertas de la casa que le cedió el estado en el barrio Héroes. Carola no puede hacer nada sin la ayuda de su madre. Hace años se pidió para ella una silla de ruedas. Que sólo llegó cuando murió Rodrigo. No es lo que ella necesita, pero no hay otra cosa. Y sólo gracias a la muerte de un par, de un compañero de cárcel a cielo abierto. Nehemías (Naum para su papá) murió en mayo, luego de una infección. Padecía fibrosis quística. Se le contaminó un catéter y murió por la infección. El padre le había construido una cajita de cristal en una casa que era absolutamente hostil para él. Cortó rutas, pidió, exigió. Ahora, ya sin Naum, le dice a Día a Día: “¿Y si fui yo que por llevarlo al control de todos los martes en moto le metí ese bicho en el catéter? ¿Y si fueron ellos que me obligaron a cruzar toda la ciudad, en moto, porque no hay donde atenderlo acá?”. Los que quedan fuera siempre son culpables. Por destino, por origen, por quedar afuera, no más. La impiedad sistémica les cuelga el sambenito para que nadie olvide. Dice Deleuze: “Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro; el control no sólo tendrá que enfrentarse con la disipación de las fronteras, sino también con las explosiones de villas miserias y guetos”. Los niños quebradizos del barrio Héroes de Malvinas son rehenes del control social. De la lógica de un vertedero donde se depositan, día a día, los desechos sistémicos. Allí se liberan los ghettos, los manicomios, las cárceles llenas de jóvenes y pobres, las villas y los asentamientos, las casas con niños que se rompen como cristales. De allí saldrán un día, tal vez, las astillas para hacer lo nuevo. Pero para eso, decía Alberto Morlachetti, se necesita un pueblo milagro: crisálida que abre sus alas en la mariposa de los tiempos para el sueño de la vida. Imágenes: Jonathan Darby Edición: 3180  

Sergio
Publicado: Martes, 21 Junio 2016 14:07
Sergio

Por Gisela Vanesa Mancuso (*) “Otro crimen quedará… Otro crimen quedará sin resolver”.“Crimen”, Gustavo Cerati A todos los familiares y seres queridos de las víctimas de la tragedia de Cromagnon. (APe).- Hoy, vida. Entre las de Alcaraz, Virgilio y Moliere, en la plazoleta Alberto Vaccareza, el fango vivo que dejó la lluvia persistente de los últimos días. Huellas de perros. De zapatos que marcan la matriz de un camino que continúa. Y las sigo: están vivas delante del umbral de una puerta. Hoy, vida. El nido de un hornero sobre la rama alta del palo borracho; una hormiga que acarrea una hoja que la multiplica; el aleteo de un gorrión absuelto de la tormenta; una adolescente con mechones de pelo fucsia que entra a la casa y su perro que ladra, desde adentro y la abraza como las araucarias que se desesperan de verde por abrazarlo a Sergio y a todos los que están con él, tibios, calientes, hirviendo con el sol de este diciembre encendido. Hoy, el cerco férreo bordea su nombre; el aniversario de un cumple veintisiete que no fue; un día y un año con una estrella, un día y un año, el 30 de diciembre de 2004, con una cruz. Hoy también su nombre en un corazón y en un hombro. En un tatuaje. En una espalda. Hoy todavía siempre un tatuaje en todo el cuerpo de los que lo quisieron. Hoy, todavía. Hoy, todavía, después de diez años, una chica le escribe poemas y lo extraña. Hoy, vida. Una familia despliega el almuerzo sobre el tablero de ajedrez de una mesa de cal de la plazoleta. Y otra reparte en el aire el olor a mozzarella que se escapa de la caja acartonada. Y un chico toca la campana en el patio de juegos y una perra se arroja al suelo, se acuesta y una mano la acaricia y ella mueve la cola y una mano se mueve y eso es vida. Hoy en el fango hay huellas de un andar que prosigue después de la tierra. Hoy, cada vez que tose, por ahí muy cerca, otro chico recuerda que respiró hollín durante mucho tiempo y recuerda, recuerda y recuerda que esa noche del 30 de diciembre de 2004, después de la callejeada en Once, se surcarían las manos de él y las de su novia hasta engarzarse dos anillos que los comprometería para toda la vida. Hoy, la cara perfecta de esa joven descansa en paz, en un tatuaje, sobre el pecho izquierdo de ese chico que es hombre y allí late, late ella, late él. Viven. Ya no latía cuando en la oscuridad le soltó la mano y la perdió y la buscó en la oscuridad y se ahogaba y salió y volvió, contra todo impedimento, al salón, a buscarla. Y corrió a buscarla y corrió y tropezó y estaba tendida en el suelo estampada de huellas que habían luchado para salvarse sobre su cuerpo, ahora oscuro, invisible, de muñeca; sobre su vida que, pronto, en un ratito más, era la de una princesa de dieciocho frente a su primer amor, al borde de colmar el vacío en su anular izquierdo. Vida: una rama crece entre las grietas de los adoquines de la plazoleta, hasta una torre y un alfil se disputan un movimiento en la marca sobre el tablero de cerámica. Hasta vive el pasto todavía mojado por las lluvias persistentes que han pasado. Y el sol hoy entibia, calienta, enciende. No se puede hablar de todos los dolores sin llegar al fondo de un asunto inmenso: es desde la particularidad de Sergio, cuyo nombre sobresale y sobreexiste en el bronce que lo homenajea, que se puede hablar de amor y entenderlo todo, entenderlos a todos (los entiendo). Se eriza la piel, no es importante el trabajo pendiente, el próximo examen, la plata que no alcanza. Se te pone oscuro el recuerdo, hay medias sombras, no se ve nada. Está por llegar un año nuevo y solo aflora lo viejo estancado, inmovilizado, empedernido en la foto de un adolescente que hoy sería un hombre si no hubiera sido por el fuego. Si no hubiera sido… Un hombre que hubiera conocido otros fuegos que arden pero no queman, que te inundan de ganas, de proyectos. Y acaso también justo allí, donde hoy está ese ángel bajo el hombro de una mujer que lo sigue extrañando, estarían sus manos entrelazadas, apretándole el cuerpo en un abrazo curativo a esa adolescente a quien salvó de la amargura antes de irse. ¿Qué decir que sea suficiente, qué decir aunque el mundo de uno sea el de las palabras, frente al desasosiego de este instante, una década encendida, una vida tan limitada como un par de zapatillas sin cordones? Hoy, vida. Unos muchachos toman cerveza alrededor del pequeño monumento levantado en homenaje a Sergio. Y él está como ahí. Como en el aire. Como en el viento. Como en la hoja que lleva la hormiga. Como en la hormiga. Como en la huella profunda en el fango. Ya no hay forma ni justicia ni ley ni condena ni caricia ni proyectos ni endilgue de culpas ni abrazos ni gritos ni reclamos ni firmas ni inspecciones ni salidas ni entradas ni bengalas ni estrellitas. No hay. Pronto, un año nuevo y, sin embargo, adentro de una multiplicidad de casas ya no hay una boca para esa copa vacía. (*) Gisela Vanesa Mancuso participó con "Sergio" del Concurso de Crónicas "Alberto Morlachetti". Edición: 3179

La derrota de Belgrano
Publicado: Lunes, 20 Junio 2016 18:35
La derrota de Belgrano

Por Carlos Del Frade (APe).- “Desengañémonos: jamás han podido existir los estados, luego de que la corrupción ha llegado a pisar las leyes y faltar a todos los respetos. Es un principio que en tal situación todo es ruina y desolación, y si eso sucede a las grandes naciones, ¿qué no sucederá a cualquier ramo de los que contribuyen a su existencia?. Si los mismos comerciantes entran en el desorden y se agolpan al contrabando, ¿qué ha de resultar al comercio?; que se me diga, ¿qué es lo que hoy sucede al negociante que procede arreglado a la ley?. Arruinarse, porque no puede entrar en concurrencia en las ventas con aquellos que han sabido burlarse de ella”, escribió Manuel Belgrano, el secretario del primer gobierno revolucionario, el creador de la bandera esperanza y que murió en la pobreza condenado por las banderas de igualdad, revolución de independencia que nunca dejó de enarbolar. Agregó que “la repartición de las riquezas hace la riqueza real y verdadera de un país, de un estado entero, elevándolo al mayor grado de felicidad, mal podría haberla en nuestras provincias, cuando existiendo el contrabando y con él el infernal monopolio, se reducirán las riquezas a unas cuantas manos que arrancan el jugo de la patria y la reducen a la miseria”. 196 años después de su muerte, en el país que ayudó a inventar, la corrupción, el contrabando y el monopolio siguen formando parte de la vida íntima y cotidiana de la política y la economía. En estas horas que deberían servir para recuperar esa existencia revolucionaria, no es casual que se hable de la captura del cerebro del triple crimen de General Rodríguez, Ibar Pérez Corradi, uno de los tantos que crecieron por la trama denunciada por Belgrano y agigantada con el paso del tiempo y el desprecio por las ideas de aquellos que construyeron la Argentina. -El Presidente está contento, es el fin de la impunidad – dijo la ministra de Seguridad de la y Nación, Patricia Bullrich, en relación a la detención de Pérez Corradi. Si realmente el presente argentino frena su loca dinámica en esos momentos rojos del almanaque que marcan los feriados, aquella frase de Belgrano debería servir para pensar que lo del detenido es la expresión visible de aquellos negocios engordados y paridos por la corrupción, el contrabando, el monopolio y, especialmente, por falta de la repartición de las riquezas de las que hablaba desesperadamente aquel general que despreció fortunas individuales en homenaje al futuro de los que poblaran estas tierras de dimensiones bestiales. Pérez Corradi es la síntesis de la derrota de Belgrano. Que la muerte del hacedor de la bandera esperanza coincida con la detención de uno de los tantos que agigantó su patrimonio con el negocio paraestatal del narcotráfico a partir del rubro de la efedrina, parece una confirmación de la distancia que hay entre aquellos sueños colectivos inconclusos y el presente cosido por urgencias varias. Que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, hable del fin de la impunidad por la detención de este hombre es una provocación para la inteligencia de muchos y el dolor de cientos de familias que lloran a sus pibas y pibes estragados por las sustancias que los convierte en consumidores consumidos o en soldaditos inmolados en el altar del dios dinero, como repite esta columna desde hace años. Corrupción política y gubernamental, decía Belgrano, abre las puertas para el contrabando y, por lo tanto, para la economía paralela, moldeando el monopolio o los oligopolios de negocios ilegales como las armas o las llamadas sustancias psicoactivas. Pérez Corradi es la expresión individual de un negocio multinacional que fue impulsado por las decisiones judiciales y políticas de Estados Unidos, Canadá y México que, a partir de 2006, prohibió la importación de este producto. Desde ese momento, Argentina fue elegida para suplir al gobierno azteca y comenzó la llegada masiva de efedrina procedente de la India. Los narcos mexicanos comenzaron a pagarle a tipos como Pérez Corradi. ¿Qué impunidad finaliza con su detención, ministra Bullrich?. Quizás la de una pequeña banda que traficaba efedrina pero no la trama de corrupción, contrabando y monopolio, como denunciaba Belgrano, que sigue viva e intacta de tal manera que el negocio ilegal del narcotráfico ha aumentado casi un 65 por ciento en los últimos años, según consigna el último informe del Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina. En medio de actos que recordaron la muerte de Belgrano en medio de la pobreza, la detención de Ibar Pérez Corradi demuestra la vigencia del pensamiento de la hacedor de la bandera esperanza, aquel que analizaba que la corrupción favorece al contrabando y los monopolios, claves esenciales para entender la fortaleza del negocio paraestatal del narcotráfico. Fuentes: “Los caminos de Belgrano”, del autor de esta nota; diarios “La Nación”, “Clarín” y “Uno de Santa Fe”, versiones digitales, del domingo 19 de junio de 2016. Edición: 3178

Si no hay amor...
Publicado: Miércoles, 15 Junio 2016 15:05
Si no hay amor...

Por Bernardo Penoucos, desde Azul (*) (APe).- El infierno está encantador, silbaba pícaro Matías, antes del pasamontaña, el beso al Gauchito y el pumba inicial.Cuando la celda vomitaba noches sin grillos y la luna era sólo un dibujo de hacía muchísimo, la música- o los sonidos dispersos que solidariamente habían quedado alojados en su memoria-, nunca lo abandonaron, como no lo abandonaron tampoco los últimos rostros entrados en pánico, la resaca del poxy primero, y la resaca del poxy mezclados con los puntapiés en sus riñones después. -"Vos pendejo piraste, vos estás jugado.¿me entendés guacho?¿me entendés mierda? Vos no tenés cura, ni el gauchito ni los cagones de tus amigos te salvan, ¿entendés? quedaste tirado, te dejaron tirado. ¿Abogado? che, escuchálo al pendejo, dice que quiere un abogado, jajá, miralo vos...acá te quedás, en el buzón, por mierdita que sos, acá te quedas solo." El Indio, ese pelado inquieto que cantaba raro y escribía rarísimo, se transformó para Matías en una estrella, en esa estrella y su lujo. A cada canción le encontraba la vuelta de rosca, todas estaban - según alardeaba- escritas para él. Cuando Matías era un embrión ya sabía sobre el crujir de las celdas sin aceite. Su vieja -Mónica- lo gestó en la "visita higiénica" y desde aquel entonces -hasta sus cuatro o cinco años- se hamacaba muy serio entre los pabellones, comía los caramelos que la requisa de vez en cuando le regalaba, corría de alambrado en alambrado y desafinaba sus oídos con los gritos de adentro hacia afuera y de afuera hacia dentro: "Dale Mirta!! Acordate de avisarle al Jorge que me traiga lo que ya sabe!!, no te olvides, decile que lo amo al turro ese, y que no me cague con nadie porque acá adentro se sabe todo, ¿sabes? Dale, dale, yo también te extraño guacho! portate bien afuera, que acá es un engome". El primer cielo de Matías fue hasta ahí nomás, un cuadradito chiquito que cuando su mamá lo alzaba en la visita se hacía más grande, pero no del todo grande, no del todo cielo. Así se fue criando Matías, con el olor a humedad cotidiano y con las despedidas como dolores dulces, igual que cantaba el Indio, se fue desandando camino con la oscuridad adentro y el sol afuera, con mucha gente haciendo todo a la vez, con mucho grito de día y con más grito de noche. Después, cuando la Ley obliga a separar el hijo de la madre para que no crezca en un ambiente perjudicial para su desarrollo físico, intelectual y etcétera, comenzó a girar su infancia como miles de los suyos: familias "adoptivas" que a la primer travesura se aburrían, hogares sin calores, servicios locales de infancia, escapadas, hogares, escapadas, y por fin la calle. Allí- en la calle- comenzó, según cuenta, a ser él: "En la calle empecé a ser yo , ahí de una que era yo, porque cuando me tiraban a alguna familia y caía ahí de repente, era un re garrón, estaba la vieja, un viejo y los hijos y yo caía ahí como un sapo de otro rancho. Me miraban raro y la ropa que los otros dejaban me la daban a mí como de lástima y cuando agarraba un poco de confianza ya me miraban peor, y como que yo sobraba, ¿me entendés?, como viviendo una historia que nada que ver, viviendo de prestado, no sé, colgadísimo, re raro. Entonces le agarré la mano, y a cada lugar al que me mandaban, bardeaba y metía quilombo. Corte que así me empezaron a echar de todos lados y tuve más barrios que nadie; yo, al principio quería volver con mi vieja, yo que sé, mal o bien, la loca siempre me dio algo y yo la conocía. Más vale que la iba a conocer, si era mi vieja; como no la iba a conocer, pero cada vez que preguntaba por ella me re chamuyaban y cuando yo empecé a entender todo, a eso de los 10, 11 años, me decían que estaba enferma, que ya me iban a llevar a verla, que tenía que esperar y no sé que otros berretines. Después me enteré que la vieja andaba re loca, re empastillada y que la habían arruinado en un motín, allá, en Olmos, me enteré que la loca se puso re chapa cuando a mí me sacaron de al lado de ella, y entró a bardear y a bardear, y que los canas la arruinaron a palos y que después las pastillas, y bueno… Viste cómo es, dicen que se cagó colgando en una celda, pero no sé, para mí que la mataron. Igual ya fue, ni me acuerdo de ella; pero quién te dice, por ahí algún día me pinta, me animo y la voy a acompañar, porque por ahí, en el fondo, la loca me quería posta". Hacía 2 años que Matías dormía, vivía y enloquecía en el Instituto, su causa era grave, había entrado a un restorán muy drogado gritando y desorbitado, sin saber dónde estaba ni para qué. Cuando empezó a razonar un poco que tenía un arma en la mano y estaba apuntando a una señora se asustó y salió corriendo. Pero ya fue tarde, afuera, frente al restorán y escondidos tras las patrullas estaba toda la policía, él empezó a tirar para cualquier lado y en cada disparo el cuerpo le temblaba, en el cuarto o quinto gatillar la bala fue a dar a una chica que salía corriendo de un quiosco, la hirió en el pulmón y la chica falleció a las dos horas. Lo último que Matías recuerda es la cara de la señora dentro del restorán, una cara de suplicio pero de entendimiento, recuerda que la señora lo miraba a los ojos y los tenía nublados, como llorando del miedo, ahí es cuando él se asusta y corre hacia la puerta. Después, no recuerda más nada, salvo el ruido ensordecedor y finito de las balas rebotando en cualquier lado, salvo los primeros síntomas post-resaca y post-golpes dentro del calabozo, salvo, la cara de su mamá levantándolo en el patio cuando había visitas y diciéndole: "¿Ves el cielo, viste que es grande y azul?, bueno, es mucho más grande y mucho más azul del otro lado, afuera, donde está la gente buena y es todo para vos Matías ese cielo, vos te tenés que portar bien, así de acá nos vamos juntos los dos y nunca más volvemos a estar tristes". (*) Bernardo Penoucos recibió mención especial en el Concurso de Crónicas "Alberto Morlachetti". Edición:3176

Ni el penal del final te va a salir
Publicado: Jueves, 30 Junio 2016 15:17
Ni el penal del final te va a salir

Por Alfredo Grande (APe).- Como digo en mi Stand Up psicoanalítico, a mí me parece que la cultura represora prohíbe la alegría pero ordena la manía. O sea: la alegría por mandato. No importa si el mandato es religioso, político, deportivo, artístico, afectivo. El mandato no se discute, entre otras cosas, porque hay un mandato superior que sentencia que discutir un mandato es traición. Y el que avisa, también traiciona cuando decide enfrentar los mandatos que a granel, tipo trabuco naranjero, la cultura represora dispara a troche y moche. Todos los mandatos están sumados, multiplicados, apelmazados, en lo que llamamos moral. Podríamos agregar moral y buenas costumbres. La más buena de todas las costumbres es sacramentar el mandato de obedecer sin chistar a los mandatos. La más mala de todas las costumbres es subvertir los mandatos. Incluso interpelarlos. Incluso criticarlos. El llamado “pensamiento único” no es pensamiento. Es el mandato de pensar de una sola y única forma. Le pertenezco. Le obedezco. Le pienso. El “le” es la pleitesía al poder. La carta abierta 21 es una muestra de este mandato. Escrita con talento, fluctúa entre una implicación gaseosa y un pragmatismo permisivo. “El vergonzoso caso de José López podría hacernos vacilar. Era un funcionario de alto nivel, encargado de las obras públicas, conocido por todos, y sobre todo por los que en toda la extensión del país trataron con él por la gran cantidad de construcciones que se realizaron. Capturado por las Huestes de la Verdad, luego condecoradas. La fuerte evidencia visual obligó al kirchnerismo a escribir cartas de repudio y a preguntarse sobre los alcances de la pegajosa palabra en juego: corrupción. A cuántos involucraba, si afectaba a todo el ciclo transcurrido, si un hecho brutalmente escandaloso relativizaba o anulaba convicciones efectos políticos, genuinas militancias. En suma, si un hecho inmoral, específico o ramificado, invalidaba un compromiso colectivo que protagonizó políticas de significativa ampliación de derechos y distribución de la renta. El relato es contundente. Podría hacerlos vacilar. Pero no vacilan. El fin justifica los medios. Los medios santifican los fines. Banaliza a la Justicia como las Huestes de la Verdad, siendo ellos, los abiertos que mandan cartas, garantía del pensamiento nacional. Pero como en todo relato encubridor, se asoma un retoño de la verdad reprimida. Fuerte evidencia visual. La imagen, siempre contundente como la foto de Fanchiotti fusilando a Darío y Maxi. La imagen no puede ser bloqueada por mil palabras, por más rebuscadas que sean. El kirchnerismo se obligó, se auto ordenó, escribir cartas de repudio. ¿Qué repudiaba el kirchnerismo? El más alto poder fue copartícipe necesario de los arrebatos, robos, estafas, y otros delitos, de los funcionarios denunciados. Pero la ampliación significativa de derechos que los abiertos que mandan cartas enuncian, no incluyó los derechos a realizar una crítica sostenida. Criticar era traicionar. O sea: sometimiento o traición. Lo plantean en un plano moral, cuando en realidad lo que había reverdecido durante el kirchnerismo era la política. La moral es el último recurso de los escribas de los mandatos del Príncipe. No se trata de invalidar compromisos colectivos ni crucificar a la militancia coherente, consistente y creíble. Pero sí se trata de interpelar, de hacer tronar el escarmiento para todas y todos los que usaron al kirchnerismo como un inmenso caballo de Troya del cual salieron Alí Babá y muchos más que 40 ladrones. Pero los abiertos que escriben cartas no pueden hacerlo. El mandato es que el techo sea lo más bajo posible. Por qué si subimos el techo, a lo mejor nos encontramos con un Néstor Kirchner aceptando 600 millones de dólares del Turco Privatizador por los votos necesarios para que el Congreso legalizara robarnos YPF. Respeto a algunos integrantes de Carta Abierta. Pero repudio que todo ese talento juegue para formas sofisticadas y retorcidas de impunidad. Pero así son los mandatos. Si al decir de Quevedo y Villegas, poderoso caballero es don dinero. Y el mandato es otro poderoso caballero. Cuando los mandatos organizan la subjetividad, es caldo de cultivo de todas formas de oportunismos. La ocasión hace el ladrón. Y si la ocasión es el control absoluto del poder del Estado, los ladrones se multiplican. No voy a decir que la democracia termina siendo el auténtico blanqueo. De capitales y de ladrones. No lo voy a decir pero ya lo dije. ¿Hay corrupción en democracia o la democracia es para legitimar la corrupción? No roban pero hacen. Hacen para poder robar. Y la obra pública se transforma en un formidable negociado privado. Ahora hemos cambiado. Los negocios privados se hacen desde el aparato del Estado. El ministro de Energía es un caso emblemático. Accionista de una petrolera y ministro. De una década no ganada a otra década infame. No tenemos paz. Ni la merecemos. Nos hemos tragado sapos, culebras, y demasiadas víboras. Hemos criado oportunistas y nos sacarán mucho más que los ojos. Pero hemos desperdiciado nuestra oportunidad histórica. La última: diciembre del 2001. Dejamos de pelear para que se vayan todos y nos olvidamos de profundizar la batalla política y cultural para que los piquetes y la cacerola mantengan que la lucha es una sola. Creímos que la polaridad es: “democracia o dictadura”. Hay formas de dictadura al abrigo de la democracia. Por supuesto: el retroprogresismo la llama “barones del conurbano”. O sea: los títulos de nobleza no han sido arrasados. Fueros para los diputados. Privilegios para los jueces. Jubilaciones de privilegio de 150.000 pesos en adelante para ex presidentes, ex vice presidentes. Para los ex docentes, como yo, jubilaciones precarizadas. Hemos retrocedido hasta antes de la asamblea del año 1813. Gobernadores Feudalizados. E insistimos en la abstracción reaccionaria de la independencia. Mandato imposible de cumplir. Todos los gobiernos, desde el nacional hasta el de cada municipalidad, harán buches y gárgaras con los 200 años de la declaración de la independencia. Subrayo: la declaración. Podemos declarar nuestro amor, y sin embargo no amar. Podemos declarar nuestra independencia, y sin embargo estar sometidos. La cultura represora logra estos milagros inesperados. La oportunidad histórica, no de la independencia, que es una ficción, sino de la autonomía, que es un devenir concreto de la lucha de clases, la hemos rifado reiteradamente. La cultura represora condena la dependencia, solamente para encubrir el sometimiento. Por eso la política represora busca enamorar. El enamorado no piensa. Está sometido a una idealización represora y en manos del buen dios, en el peor de los casos. La idealización arrasa con el ideal. Para todas estas aberraciones nunca habrá arrepentimiento. Por eso no hay perdón. Porque la corrupción es el delito con mayor tasa de reincidencia. Es el delito transgeneracional y transversal a todos los partidos políticos que engalanaron al poder político. Por eso creo que no hemos sido derrotados. Hemos fracasado. Nos hemos derrotado a nosotros mismos. Seguimos copiando la agenda de la derecha, incluso la agenda de los nazis. La represión a los cuerpos sigue vigente, y no solamente en las cárceles. “El pasado 26 de mayo la Secretaría de Salud Mental y Adicciones del Ministerio de Salud, a cargo del Lic. José Manzur, aprobó la Resolución N° 000001-SSMyA en la que disponen la implementación de la Terapia Electroconvulsiva (TEC) en la Provincia de Jujuy”, según informó el portal Jujuy al Momento. La Ley de Salud Mental choca ante su propia limitación: nadie tiene derechos. Los derechos humanos se ejercen, y eso es una contingencia política. No es una declaratoria: es un combate. Las oportunidades históricas desperdiciadas son los penales que hemos pateado afuera. Y no son pocos. En tenis es el error no forzado. O sea: no forzado por el rival. Forzado por el que saca. Forzado por el que patea. Forzado por el que lucha. Damos la vida y los votos a nuestros victimarios. La revolución cultural y política es necesaria, aunque todavía amplios sectores populares no la desean. Mientras la cultura represora en toda su amplitud nos siga modelando la subjetividad, ni el tiro del penal nos va a salir.  Edición: 3186

Por los derechos
Publicado: Miércoles, 29 Junio 2016 14:21
Por los derechos

Por Laura Taffetani (APe).- El sistema capitalista históricamente ha necesitado de intelectuales ambiguos para forjar una cultura con derechos del niño que tienen fecha de vencimiento antes de su nacimiento, frente al sagrado altar del dios mercado y a una sociedad edificada sobre la desigualdad. En ese contexto, el Decanato de la Facultad de Trabajo Social de La Plata acaba de dictar una resolución en la que prohíbe el ingreso de niños, niñas y adolescentes menores de edad sin el acompañamiento de un adulto responsable “hasta tanto puedan garantizarse condiciones que aseguren el desarrollo de interacciones que no pongan en riesgo la integridad psicofísica de ellos mismos, así como la de los adultos que allí trabajan, estudian y/o transitan cotidianamente, y/o hasta tanto se considere otra medida referida a este tema en el marco del cogobierno”. La verdad es que no sorprendería tanto una resolución de estas características en una época tan amarga como ésta para nuestros niños, si no fuera que se origina en la decisión de las autoridades de una carrera que dice llamarse de Trabajo Social. La normativa fundamenta la medida en “el incremento de interacciones violentas que involucran a personas que no forman parte de esta comunidad educativa, las cuales en las últimas semanas afectaron a trabajadores y estudiantes de la Unidad Académica, exponiendo a riesgos y perjuicios de diverso orden a todos los involucrados" y “que en el desarrollo de la mayoría de los hechos referidos tuvieron participación niños y/o adolescentes en evidente situación de vulneración de derechos”. La resolución también detalla que la unidad académica ha recurrido en varias ocasiones a la intervención de organismos estatales obteniendo respuestas insuficientes o inadecuadas. Si bien reconoce que la institución es parte del Sistema de Promoción y Protección, evalúa no tener las condiciones para garantizar acciones de promoción y restitución de derechos en la unidad académica aunque estaría participando de dispositivos y estrategias en “diálogo” con instituciones y organizaciones sociales vinculadas en distintos puntos del territorio. Demasiadas palabras camufladas en derechos que jamás abrigarán los cuerpos inermes de estas vidas desposeídas que vagan como espectros en el ambiente erudito, demasiado eufemismo para esconder que una vez más nuestras unidades académicas lejos están de capturar la realidad en sus aulas para poner el conocimiento al servicio de la transformación, esa aventura humana maravillosa que es ser protagonista de su propia historia y colocar la ciencia a su servicio. La pregunta que surge irremediablemente frente a esta disposición es: ¿Y si la desobedecen qué? ¿Llamarán a la policía cuando sus voces irrumpan en la sacrosanta unidad académica, ajenos a resoluciones y leyes que borren sus presencias indeseables? ¿O se refugiarán haciéndose pasar por extras en la filmación de alguna ficción surrealista de las aulas de la Carrera de Cine que comparten el mismo predio? Se entiende que resulta difícil tener adecuadas intervenciones cuando los chicos y las chicas que transitan delante de las miradas esquivas de una comunidad educativa se rebelan y se niegan a ser parte del paisaje natural de los pasillos con miradas esquivas de estudiantes. Claro que sí, así fue para las manos que día a día en las organizaciones sociales abrazan a tanto desamparo sin otra herramienta que su cuerpo y su porfía de que el ser humano no merece vivir de ese modo en esta tierra. Paradojas del destino Ocho años atrás nació en la misma ciudad la Asamblea Permanente por los Derechos de la Niñez como experiencia de resistencia frente a la feroz represión que sufrió un grupo de niños y jóvenes que se encontraban viviendo en la calle –bautizados por los medios de comunicación como la banda de la frazada- quienes fueron desalojados a golpes y amenazas de la Plaza San Martín, frente al Palacio de la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires por una patota de indudable relación con las fuerzas seguridad. Estudiantes, docentes y militantes sociales de organizaciones populares se reunieron no sólo para denunciar la brutal represión vivida por los niños sino en la búsqueda de salidas que pudieran dar respuesta a la situación que ellos vivían. De la asamblea también nacieron organizaciones como la Olla de Plaza San Martín y el Programa de “Niñez, Derechos Humanos y Políticas Públicas de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La Plata. La Olla de Plaza San Martín fue, como suele suceder con las organizaciones sociales que asumen el desafío de cuidar de los colectivos humanos que el sistema descarta, construyendo un camino junto con esos niños y jóvenes, “callejeando”, compartiendo fríos y desamparos, pero también su soledad, la peor de todas ellas, la de las miradas indiferentes que invisibilizan para no incomodar ese bienestar de los pocos a costa de los muchos no incluidos. El otro recorrido que surge de los mismos hechos fue el Programa de Niñez, Derechos Humanos y Políticas Públicas de la Facultad de Ciencias Sociales quienes presentaron junto con la Asociación Miguel Bru un amparo por estos niños y jóvenes que se encontraban en la calle. Dos respuestas Dos respuestas distintas para el mismo problema, dos respuestas para los mismos chicos y chicas que siguen deambulando por los pasillos de la Facultad de Trabajo Social que evidentemente en algún momento les dio el cobijo que hoy les niega. Y cuando decimos los mismos chicos en realidad estamos hablando de aquellos que sobrevivieron a las muertes tempranas y las cárceles que diezmó al grupo original. El amparo que encabezó la Asociación Miguel Bru junto con otras organizaciones e instituciones entre las que se encontraban algunas de las cátedras de la Facultad de Trabajo Social tuvo sentencia favorable en mayo del 2012 y le exigió al Estado Provincial y Municipal la implementación de las medidas que permitan a estos niños acceder a sus derechos más esenciales. La sentencia fue apelada y luego el expediente dormitó el sueño de los justos que parece ser el lugar que la justicia reserva a aquellas causas que incomodan al poder político hasta mejor proveer y entonces, como parece que ahora ha llegado la hora, el mes pasado el expediente ha vuelto a salir a la luz y la Suprema Corte de Justicia ha llamado a las partes en audiencia para mañana para ver si la situación continúa como la dejó. Pierre Rosanvallón llama la Paradoja de Bossuet a la situación por la que los hombres deploran en general aquello que consienten en particular, una paradoja que trajo como efecto no pensado la Suprema Corte de Justicia cuando mañana en la audiencia le recuerde a la Facultad de Trabajo Social -que alguna vez fue denunciante-, que algunos de sus docentes y de sus alumnos decidieron no aceptar el orden establecido y volvieron a pensar en forma dialéctica entre los hechos y las palabras. Edición: 3185

Algodón de azúcar
Publicado: Martes, 28 Junio 2016 13:19
Algodón de azúcar

Por Roberto Lizárraga Díaz, desde San Miguel de Tucumán (*) (APe).- A la hora en que el sol acuchilla verticalmente a la tierra, Ramiro vende algodones de azúcar en la feria de villa Alem. Ramiro camina mucho, y camina chueco, por culpa de ese agujero en la planta de la zapatilla que amenaza con expandirse. Será acaso lo único que sienta que se expande en su vida: usualmente la ropa le queda más chica, las moneditas no le alcanzan y el estomago se contrae. Ramiro  mira a los changuitos de su edad jugar a la pelota y mira el palo que sujeta con la mano derecha, en el que se expanden como nubes rosadas los algodones de azúcar. De pronto recordó que una vez una nena le dijo “¿me vendes un pedacito de cielo?” y él sonrió. Ramiro mira la pelota con picardía. Ramiro mira los algodones con melancolía y vuelve a la chuequeada. Ramiro tiene 8 años y ganas de jugar a la pelota pero se consuela pensando que vende pedacitos de cielo a otros chicos. Ramiro, mira como los cielos se le van de las manos.   (*) Participó del Concurso de Crónicas “Alberto Morlachetti”. Edición: 3184

Illia y Oñativia
Publicado: Lunes, 27 Junio 2016 14:03
Illia y Oñativia

Por Carlos Del Frade (APe).- El 28 de junio de 2016 se cumple cincuenta años del golpe de estado que terminó con el gobierno del doctor Arturo Illia, militante de la Unión Cívica Radical, el primer movimiento popular del siglo veinte, dirían los viejos historiadores. ¿Qué es hoy el radicalismo?, es una pregunta necesaria a medio siglo de aquella nueva interrupción de la democracia que llevó al poder la añeja alianza de la espada y la cruz, con el general Juan Carlos Onganía y el hombre del Opus Dei, Antonio Caggiano, ex arzobispo rosarino. Quizás una de las claves para entender el golpe hay que buscarla en la ley de medicamentos. “Arturo Illia: un sueño breve”, se llama el excelente libro de los investigadores César Tcach y Celso Rodríguez en el que relatan “el rol del peronismo y de los Estados Unidos en el golpe militar de 1966” que terminó con la presidencia del radical cordobés. En 1964 “la vocación médica de Illia reforzó su interés en mejorar la calidad de la salud pública. El 15 de enero ingresó al Congreso el proyecto de Ley de Medicamentos. Este proyecto de ley había sido elaborado merced al estudio de dos comisiones. Una, formada por médicos, bioquímicos y especialistas en farmacología, era presidida por un profesor de la Universidad de Buenos Aires. Otra, formada por contadores y economistas, se centró en el estudio de los costos de los medicamentos. “La comisión integrada por especialistas en ciencias de la salud, trabajó sobre una muestra de más de veinte mil medicamentos: descubrió que muchos de ellos –una parte relevante- carecían de las drogas e ingredientes que decían contener, o bien no las tenían en las proporciones explicitadas en sus prospectos. La comisión de contadores pudo constatar que los grandes laboratorios poseían un doble juego de libros de contabilidad que les facilitaba exagerar los costos para maximizar sus ganancias. A tenor de estas circunstancias, la ley impulsada por el ministro Oñativia congeló el precio de los remedios, a los que definía como “bienes sociales”. Ante el clamor de los laboratorios –la mayor parte europeos, sobre todos suizos- quienes sostuvieron que sólo ellos poseían expertos con la pericia necesaria para realizar esos estudios, el gobierno les dio seis meses para presentar una declaración jurada relativa al costo y la calidad de los medicamentos, al tiempo que mantuvo la congelación de los precios. Ninguno de ellos presentó la declaración jurada”, cuentan Tcach y Rodríguez. Agregan que “la ira de los grandes laboratorios no tardó en hacerse sentir, y al inicial desagrado norteamericano por el tema petrolero se sumó el enojo de Suiza que al año siguiente puso obstáculos al refinanciamiento de la deuda externa argentina desde el Club de París”. La Unión Industrial Argentina, como casi siempre, calificó la medida como “intervencionismo estatal”. Según María Elena Storani, médica endocrinóloga del Hospital Central de San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, Oñativia “complementó su tarea de erradicar el cretinismo bocioso a través de la promulgación de la ley 17259 de "Obligatoriedad del uso de la sal enriquecida con yodo como profilaxis del bocio endémico". Con esta ley, se reglamentó el enriquecimiento de la sal con yodo para uso alimentario humano y animal. Esta ley se fundamentó en estudios realizados en diferentes provincias, como Catamarca, Chaco, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Neuquén, San Juan, San Luis, Salta, Tucumán y Tierra del Fuego, en las que el índice de bocio oscilaba entre el 12 y el 50 por ciento. También se consideró el uso de sal enriquecida para la alimentación animal, ya que al tener la carne un muy alto consumo en nuestro país, era bueno que la sal enriquecida llegar al ser humano a través de esa vía. Además, se detectó que en el ganado lanar, vacuno y porcino, la carencia de yodo alteraba su reproducción y su pelaje, acarreando consecuencias adversas incluso desde el punto de vista económico”. El médico salteño impulsó toda una serie de iniciativas fundamentales como la ley de Reforma del Sistema Hospitalario Nacional y de Hospitales de la Comunidad, amén de la creación del Servicio Nacional de Agua Potable, que garantizaba la provisión de la misma a las comunidades rurales. Asimismo, fue de importancia estratégica la ley de Medicamentos -la 16.462 y 16.463-conocida como ley Oñativia que le daba al medicamento un carácter de "bien Social" al servicio de la Salud Pública y de la Sociedad. “Esta ley, promulgada en 1966, reglamentaba un estricto control técnico de las drogas sujetas a la experimentación humana, además del control de precios, según la demanda de las mismas. Ahora bien, si se tiene en cuenta que los medicamentos insumen el 50 por ciento del costo total de Salud de la población, y que el 95 por ciento de ese costo está determinado por el valor de insumos, drogas y tecnología de la industria internacional de los medicamentos, entonces se comprende de qué manera esta ley tocó intereses económicos de espectacular magnitud. Algunos historiadores consideran que esta ley fue uno de los ingredientes que llevó al golpe de Estado de 1966. Esta fisura en el orden Institucional hizo que la visión de Oñativia de "poner los medicamentos al servicio de la Sociedad", quedara truncada, ya que esa ley fue derogada inmediatamente tras la caída del gobierno de Illia”, concluyó la doctora Storani. Medio siglo después, los laboratorios de medicamentos hacen lo que quieren con la población argentina y los fantasmas de Illia y Oñativia apenas son conocidos por los actuales dirigentes radicales cada vez más cercanos a los intereses que dieron el golpe del 28 de junio de 1966. Pero la historia está abierta y es probable que algunas de aquellas viejas banderas del radicalismo, heredero del partido federal, renazcan entre las necesidades de los que son más. Fuentes: “Arturo Illia, un sueño breve”, de Celso Rodríguez y César Tcatch – “Salud, valores y esperanzas”, del autor de esta nota. Edición: 3183  

Razones para huir
Publicado: Jueves, 23 Junio 2016 15:41
Razones para huir

Por Alfredo Grande “dedicado a la seccional Cinco Saltos de UNTER” (APe).- Desde mi lejana juventud he sido docente. Educador. En una de mis primeras clases en la Cátedra de Psicología Médica le dije a mis alumnos: “Enseño porque aprendo”. Algo de la educación popular, mucho de la pedagogía de la ternura, latió siempre fuerte en mí. “Dime a quienes te acercas, y te diré que deseas ser”. Yo deseaba ser algo diferente a un médico endiosado con juramentos y prebendas. Fui expulsado del paraíso de la medicina, el Hospital de Clínicas, por un colérico Zeus–Fustinoni. Abrevé al este del paraíso, en el Hospital Álvarez, conducido por la genialidad sencilla del profesor Chiovino. En las vueltas de la vida, me acerqué a movimientos sociales, autogestionarios, de fuerte impronta libertaria. Milité en el laicismo, reformismo, y en diferentes expresiones de la izquierda. Supongo que más por cobardía que por convicción, no participé de la lucha armada. Siempre insistí y traté de resistir al represor sin resistir mi deseo. Acá estamos. Bueno, acá estoy. Fuertemente implicado en colectivos de profesionales, trabajadores, artistas. Tratando de entender conceptualmente aquello que vengo haciendo hace 40 años. Porque la teoría, cuando no es una abstracción encubridora, es política pensante. Y deseante. Hablamos con palabras pero pensamos con conceptos. Y cada uno usa los conceptos que se merece. “Lucha de clases”, “gobernabilidad”, “honrar la deuda”, “poder popular”. Hemos abandonado algunas certezas. El pueblo algunas veces se equivoca. La patria de nuestros hermanos no exige la muerte, porque siempre propicia la vida. No hay que honrar a nuestros padres. A menos que se lo merezcan y muchas veces no se lo merecen. La certeza es patrimonio de la derecha. Y plantea oposiciones bizarras. Estado Obeso Mórbido o Estado Desnutrido Raquítico. ¿A quién querés más: a tu papá o a tu mamá? Lo que denomino la alucinación de alternativas. La tragedia es que la derecha sostiene sus certezas e inventa otras nuevas y la izquierda va perdiendo convicciones. Por eso los que son y serán siempre más de lo mismo dicen “cambiemos” y los que deberían sostener “más, pero no de lo mismo”, no cambian en sus prácticas sectarias, iluministas y destructivas. Por eso es importante sostener que no es necesario, incluso es letal, conservarse en el lugar donde empezó nuestra existencia. No hablo de un nomadismo naif, una forma volátil y mentirosa de ser ciudadano del mundo para no comprometerse con nada, y tampoco ser de aquí y ser de allá. De lo que intento hablar es de lo necesario, de lo vital que deviene pensar si estamos donde estamos porque deseamos estarlo o porque nos hemos auto encadenado a ilusiones, deseos, aspiraciones, que ya no están. Puedo luchar por la libertad y no ser libre. Puedo luchar por el amor y no amar. Puedo luchar por la justicia, y ser injusto. Construcción contradictoria e incompatible de nuestra subjetividad. Freud lo llamó escisión. Vidas paralelas pero dentro nuestro. Nuestra subjetividad tiene senderos que nunca se bifurcan, pero que tampoco se unen. Tenemos dentro de nuestra mente al torturador bueno y al torturador malo. Y también al deseador, siempre bueno, pero al que ocultamos. Quizá para protegerlo, pero lo condenamos a vivir en una eterna clandestinidad. Creo que la soledad y el temor son pésimos consejeros. Vivir encerrados en nosotros mismos, convertir nuestra mente en una celda de aislamiento, decretarnos pena de reclusión perpetua y accesoria para nuestros deseos y anhelos, es el peor de los suicidios. Creemos que estamos vivos, pero no lo estamos. En una entrevista radial que junto a Irene Antinori le hicimos a la periodista Liliana Lopez Foresi, ella nos habló de una psicoanalista cuyo nombre prometo acordarme, que en una lectura de Freud se dio cuenta de una mala traducción. Donde debía decir “empuje” se tradujo por “anhelo”. La psicoanalista en cuestión ponía en cuestión el tema del “empuje” de libertad. La libertad, y toda libertad es deseante, nos empuja. Nos obliga. Nos convoca. Y ese es el empuje que la cultura represora anestesia. Congela. Arrasa. Entonces el empuje queda clonado en empecinamiento. Ser “cabeza dura” como virtud. No ser genio, pero intentar ser figura, hasta la sepultura. La mayoría no pasa de ser caricatura, pero no importa. Murió con las botas puestas. Nunca se animó a vivir en las sandalias del pescador. Las experiencias instituyentes de la escuela de educadores populares de Pelota de Trapo, el Encuentro de Docentes y Educadores, la capacitación a docentes de la UNTER , los 30 años de ATICO, la militancia a distancia pero implicada en ENRED, y tantos otras huellas, son territorios a los que he llegado huyendo de otros. Me parece importante hacer una cartografía de la huída. No como valor, pero sí como estrategia. El éxodo como dispositivo libertario. Por eso tenemos que pensar en las razones para huir. Porque si nos quedamos atornillados en los lugares donde nada hoy, en las tierras arrasadas, en los ríos contaminados, brillaremos por nuestra ausencia en las próximas batallas. Donde ayer hubo combate, hoy hay tregua. Pero nuevos combates nos esperan, por eso hay que huir de aquellos lugares donde ya no se combate más. Aunque digan y digan y digan que sí. El cielo no es el límite. El límite es nuestro deseo. Y a él me entrego. Edición: 3182

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Talleres clandestinos

La Justicia porteña sentenció a 13 años de prisión efectiva a los dos capataces del taller textil clandestino incendiado en 2006 en Caballito, donde murieron seis personas de nacionalidad boliviana, cinco de ellas menores de edad.


Raves

Cinco jóvenes murieron en una fiesta electrónica por consumo de drogas de diseño. Otra de las crueles caras del capitalismo


Tucumán

Un policía de civil detuvo al ladrón de una moto y lo entregó a los vecinos, que le dieron una golpiza.


Maduración

La Justicia mantiene detenido a un joven de 26 años. Fue condenado a 12 años por un asalto aunque por su enfermedad, Trisomía 9, tiene maduración de un niño de 7 años. El tribunal de San Martín no aceptó la prisión domiciliaria.En el caso hay policías involucrados.


Agua potable

Tres de cada diez chicos porteños no tienen acceso al agua potable, según un informe de la UCA.


Rosario

En cuatro días, cuatro nenes rosarinos resultaron baleados en situaciones de violencia por ajustes entre bandas.


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Alberto en la voz de Jorge Fernández Díaz

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Hechos en imágenes

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