Aprender siempre, retroceder nunca, rendirse jamás
Publicado: Viernes, 15 Junio 2018 16:16
Aprender siempre, retroceder nunca, rendirse jamás

Por Facundo Barrionuevo – Foto: La Tinta (APe).- “Aprendemos siempre” decía Paulo Freire, y también “nadie se libera solo”. La historia del movimiento de mujeres y de las diversidades sexuales, la campaña por el Aborto legal, seguro y gratuito nos va dando una lección a todas y todos. Es necesario aprender mucho. Su construcción colectiva, los ríos subterráneos que lo fueron constituyendo, las mujeres y sus luchas, tienen un mensaje para darnos: vale la pena soñar otro mundo posible, debemos crear poder popular, es ganable la lucha cultural y transgeneracional, necesitamos evidenciar los contenidos de clase en la disputa política. Los militantes que nos sentimos parte de diversas causas necesitamos creativamente poder generar modos que lleven a triunfos en cada uno de nuestros reclamos. La causa de la niñez, el movimiento por los derechos de los pibes y las pibas, tiene hoy (en conexión con su historia) el desafío de construir, sobre la base de estos aprendizajes, una etapa que produzca nuevos avances. Si es verdad, como sospechamos, que las relaciones de género tienen un correlato en los abusos intergeneracionales como producto de un mismo sistema patriarcal y adultocéntrico, tenemos el desafío de tejer más victorias. Las disputas simbólicas, el uso del lenguaje, la profundización académica, la creación de una estética, la definición de consignas y adversarios claros, la militancia virtual, la presencia en la calle y la conexión de la causa con la vida diaria son elementos que entraman la urdimbre de nuevas concepciones de vida y se abren paso en territorios insospechados. Las 'pedagogías de la crueldad' no se anulan automáticamente. Que estas luchas se encadenen unas con otras depende de la construcción de la utopía colectiva... en la calle, desde abajo y a la izquierda. "Las 'pedagogías de la crueldad' no se anulan automáticamente. Que estas luchas se encadenen unas con otras depende de la construcción de la utopía colectiva... en la calle, desde abajo y a la izquierda." Edición: 3634  

El veneno en las manos
Publicado: Lunes, 11 Junio 2018 22:48
El veneno en las manos

Por Silvana Melo (APe).- Cuando la maestra vio las manitos de Giselle, le corrió un frío por la espalda. Que  es por donde atacan los enemigos más  arteros. A esas cáscaras rojas no las conocía. La nena, desde sus diez años de ángel bajado brutalmente a la tierra, la miró. Son de trabajar en el campo, le dijo. Como Ezequiel Ferreyra, que cuando apenas tenía cuatro, sintió encenderse el cáncer en su cuerpito después de juntar huevos entre el guano, la sangre y los agroquímicos en un criadero de pollos de  Pilar. A los seis murió. Giselle tiene las manos quemadas por los agrotóxicos. Porque no sólo la explotan sino que la envenenan. Como a Ezequiel. Hijos los dos de familias de extrema fragilidad, traídas desde Bolivia o desde Misiones bajo la trampa de la mejor vida. Suponiendo que no hay vidas peores que las vividas hasta entonces, suelen aceptar. Y terminan prisioneros de un sistema que necesita esclavos, enfermos y quebrados, que se construye con veneno y con muerte. Que se sostiene en el sojuzgamiento de los más débiles, de aquellos a quienes las otras patas del sistema les vedaron los recursos de defensa y de pelea. Giselle es parte de esa telaraña, que acopia niños de entre 5 y 12 años, hijos de familias a las que encarcelan en las quintas para que vivan, cosechen, trabajen 14 horas, duerman donde puedan, se choquen con alambres electrificados para no escapar, apliquen agroquímicos, sufran su deriva, los respiren, les caigan en la piel. Porque no sólo los explotan. También los envenenan. Porque el modelo agropecuario, sostenido del sistema como una borla de navidad, se sustenta en su propia toxicidad. Giselle contó, como muchos otros niños de las zonas rurales (donde antes la vida era sana y bella), con una maestra. Que la vio, como las maestras del campo suelen ver a los chicos y no sumarlos a un listado donde son sólo una línea alfabética. Y son las Ana Zabaloy, las Mariela Leiva, las que terminan viendo, jugándose y salvando a los niños individuales en medio del colectivo sistémico. Giselle vino de Bolivia, arrastrada por el oropel de las promesas. En un transporte trucho, amontonados en el coto de una ilusión mínima, opaca, arrugada. Tan clandestinos como la riqueza de sus explotadores. Tan irregulares como los cimientos de una estructura que sigue en pie, vestida de legalidad y de privilegio, sin retenciones ni aprietes estatales, sin ajuste ni necesidad de vender cuando el dólar anda en alza, esperando como quien especula, es decir, se mira en su espejo. Giselle vino al sur, por la ruralidad de Berazategui, como Ezequiel al norte, por los alrededores de Pilar. De las 40 personas esclavizadas que encontraron, 22 eran niños. Varios de ellos mostraban cáscaras en la piel como las de Giselle. “Vivían hacinados y en condiciones infrahumanas. No tenían agua caliente y se alimentaban mal. Muchas veces los dueños del campo les mentían a los padres de los niños que se enfermaban, les decían que eran llevados al hospital, pero en realidad los curaban ellos mismos de manera muy informal”. El hombre que lideró el operativo relató detalles que desnudan cómo las aspas del capitalismo reducen la condición humana a guano de las gallinas. Ezequiel murió hace ocho años. Apenas alcanzó los seis. Era morenito, de ojos oscuros y mirada inquieta. Giselle tiene nombre gracias a su maestra. El resto de los niños fumigados, explotados y cesanteados de la vida como para siempre, no se ven. Hundidos en su sombría fragilidad. Pero con una rara pertinacia en la esperanza que es una aguja para pelearle a un dragón. Sin embargo, los dragones suelen caerse cuando pisan una aguja. Y en ese milagro hecho a mano se sustenta el futuro. Las imágenes son puramente ilustrativas. Edición: 3632

Injusticia alimentaria
Publicado: Martes, 05 Junio 2018 15:52
Injusticia alimentaria

Por Silvana Melo (APe).- Chupar una naranja o masticar una zanahoria pueden encarnar una fatalidad sistémica: raíz o fruto, los alimentos de la naturaleza llegan envenenados a la mesa de los días. Cambiar en los tentempié de los niños snacks por tomates implica cambiar grasas saturadas por endosulfán. A diez días del Mundial de la Plaza Roja, los niños se calzan la diez de Messi en los potreros. Mueren por comer lo que Messi publicita. Pero jamás tendrían acceso a lo que Messi come: frutas y verduras sin pesticidas, aceite de oliva, semillas, frutos secos. Sí se llenan la panza de papas fritas baratas, gaseosas excedidas en sodio y azúcar, hidratos de carbono sin nutrientes y naranjas plagadas de insecticidas. Cambiar el tentempié de un niño de snacks a tomate sería reemplazar grasas hipersaturadas por endosulfán. Messi puede tener un nutricionista italiano que le marque un norte saludable. Los pibes que sueñan la gloria en los potreros del conurbano, de Santiago del Estero o del gran La Plata se enjugan las rodillas raspadas con algodón con glifosato. Y mastican zanahorias con clorpirifós. No saldrán Messis de los baldíos de Salta o de José León Suárez. Exactamente un mes antes del comienzo oficial del Mundial en Rusia, Lionel Messi abandonó Barcelona para hacer un viaje relámpago a Italia: allí tiene su consultorio el nutricionista que le cambió los hábitos alimentarios y el metabolismo y, de esa manera, acabó con los vómitos en medio de los partidos y las lesiones recurrentes. Uno de los alimentos en capilla es el azúcar, presente aluvionalmente en golosinas y bebidas que consumen los chicos cotidianamente y que Messi ha contribuido a difundir con las publicidades que protagoniza. Dueño de una de las contradicciones propias de la Argentina, se alimenta en forma saludable pero publicita snacks y gaseosas nocivas para la salud de los chicos y que propician la obesidad infantil. De la misma manera que el Gobierno argentino denunció que el país es uno de los mayores consumidores de azúcar del continente pero se echó atrás con el aumento tributario a las bebidas azucaradas por presión de la Coca Cola. El nutricionista Giuliano Poser, sostiene la dieta personalizada de Messi desde 2014. "Eliminó la comida procesada y la reemplazó por comidas ricas en vitaminas, cereales, verduras, pescado y aceite de oliva", explicó Poser, que también destacó que “dejó de tomar gaseosas (sólo agua) y redujo el consumo de azúcar y carnes rojas”. Sin embargo, desde masivas publicidades Lionel sigue recomendando las papas Lays y energizándose con la latita de Pepsi, endulzada con el equivalente a 13 cucharaditas de azúcar. Políticas La Pepsi, uno de sus espónsores principales, generó hace pocos años el adjetivo “inmessionante” como parte de la estrategia publicitaria. Vocablo incluido por el diccionario de la RAE en 2013. Hasta esas alturas llega el poder de las empresas productoras de alimentos ultraprocesados que generan sabor y necesidad de consumir ese sabor ilimitadamente. Sin embargo, los chicos y las chicas de sectores populares generalmente no acceden a alimentos naturales y saludables (son muy caros) y ni siquiera a las Lays ni a la Pepsi: a veces están a mano sólo los snacks de tercera calidad, llenos de grasas, colorantes, saborizantes químicos y venenos varios. Y/o la Manaos u otra variante de bebida cola de similar deterioro cualitativo. La alimentación –cuantitativa y cualitativa- es una decisión de la salud pública. La soberanía alimentaria es profundamente política. El médico italiano delineó la base de la alimentación del Diez: “agua, un buen aceite de oliva, cereales integrales y frutas y verduras frescas biológicas, o sea no contaminadas con pesticidas, herbicidas y demás, porque eso hace mucho daño al organismo. También son muy buenos los frutos secos y las semillas". Por eso los chicos de los sectores populares, cuyos padres nunca podrían pagar un nutricionista como el de Messi ni la obra social –si es que forman parte de la elite que todavía disfruta de una- le cubriría la visita, tampoco pueden comer como él. Porque lo saludable, lo natural, lo orgánico, es costoso. Las frutas y verduras sin agrotóxicos casi no existen en el país. Si se consiguen, es a precio de oro. El aceite de oliva, las almendras, las nueces, son artículos suntuarios en la mesa popular. Entonces el 31 por ciento de los chicos (cifras de Unicef) es gordo o corre riesgos de serlo, es diabético o lo será, tiene el colesterol malo alto o se le subirá cualquier día. Patricio Eleisegui publica en IProfesional (*) que el 39 por ciento de las frutas y verduras analizados tiene “un nivel de residuos tan elevado que vuelve a cada variedad un alimento inadecuado para el consumo”. Entre otros agrotóxicos, se detectó clorpirifós, “uno de los plaguicidas organofosforados más utilizados en la agricultura de la Argentina: Dow, su desarrolladora, fue multada en 1995 y 2003 por ocultar casi 250 casos de intoxicación con ese agroquímico sólo en los Estados Unidos y continuar publicitando al insecticida como producto seguro” (Sic Eleisegui). Otro veneno aparecido es el endosulfán. Prohibido desde 2013 (después de la muerte de Nicolás Arévalo, cuatro años, en los tomatales de Lavalle) pero impunemente utilizado hasta hoy. La alimentación no adecuada le produjo a Messi once lesiones musculares entre 2006 y 2013 y vomitaba antes de cada partido, replicado por millones de pantallas en todo el mundo. La alimentación deficiente –que él mismo, contradictoriamente, sugiere a sus fans- genera obesidad infantil, diabetes, alteraciones metabólicas y un crecimiento con altibajos. A Messi el nutricionista italiano le restringió al máximo el azúcar. Principal componente de gaseosas y jugos que, “según el tamaño del vaso, (pueden incorporar) entre 500 y mil calorías. Por eso son señalados hace ya varios años como los mayores responsables de la obesidad que carga al planeta”. Con estrategias que cargan las bebidas de sodio para generar sed y le triplican el azúcar para ocultar la sal, las transnacionales dominan el mercado alimentario. Es decir, dominan el mundo. Por eso la soberanía alimentaria es una cuestión profundamente política. Y la dieta de Messi, un tema de salud pública. Azúcar soberana El 1 de marzo de este año Mauricio Macri abrió las sesiones ordinarias del Congreso y, en su discurso, se mostró preocupado porque “somos el país con mayor obesidad infantil de América Latina y uno de los cuatro países que más azúcar consumen en el mundo. Uno de cada tres chicos tiene obesidad infantil. Estamos trabajando para que tengan alimentos más saludables”. Entre otras medidas, le quitó las retenciones a la exportación de alimentos orgánicos. Por lo tanto, cuestan oro en la Argentina pero se exportan con fluidez. Es decir, se vende hacia afuera lo sano, se consume en el mercado interno lo tóxico. El informe platense –dice Eleisegui- muestra claremente “que los productos que se comercializan hacia otros mercados ostentan parámetros de residuos hasta 7 veces menores a los hallados en la producción que hoy se ofrece en verdulerías”. El Gobierno además dio marcha atrás con el aumento en los impuestos a las bebidas azucaradas, que era un aporte directo a la salud. Con sólo bajar un 10% el consumo –lo que se hubiera logrado con la suba impositiva- podrían prevenirse unos 13.385 casos de diabetes y cerca de 4.000 eventos cardíacos y cerebrovasculares. Lo dice un estudio del Cedes, unidad asociada al Conicet. La Fundación Interamericana del Corazón (FIC Argentina) realizó una investigación sobre 184 bebidas azucaradas con el objetivo de conocer el contenido de azúcar: una botella de medio litro aporta un promedio de 65 gramos de azúcar, unas trece cucharaditas. La OMS sugiere que un ser humano no debe consumir más de 10 cucharaditas diarias de azúcar agregada. Una lata de Pepsi publicitada por Messi supera ampliamente la porción de todo un día. Sin embargo, en diciembre pasado la urgencia por aprobar la reforma previsional llevó al Gobierno a una de las tantas contradicciones que asuelan a la política: necesitado de la voluntad de los gobernadores, cedió y dio marcha atrás con el tributo a las bebidas azucaradas, por pedido del gobernador de Tucumán Juan Manzur. El mismo que fue ministro de Salud de CFK (ministro de Salud, sí). El meollo está en la producción de limón que Tucumán le vende a la Coca Cola, que la Coca Cola amenazó con dejar de comprar si avanzaba la presión tributaria y por la que Manzur amenazó con no votar la reforma si perdía la venta limonera. Los negocios no tienen ideología ni mirada humana ni ministerios saludables que se le planten. Por eso la soberanía alimentaria es profundamente política.   (*) El trabajo estuvo a cargo de científicos del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIM) -dependiente de la Universidad de La Plata-, el Espacio Multidisciplinario de Interacción Socioambiental (EMISA), y el CONICET. Edición: 3628  

San Martín y el ejército
Publicado: Lunes, 04 Junio 2018 13:36
San Martín y el ejército

Por Carlos del Frade (APe).- La pibada, en cualquier barrio de cualquiera de las grandes ciudades argentinas que alguna fueron obreras, no encuentra trabajo con facilidad. En las facultades, cuando se pide que levanten las manos los que tienen trabajo en blanco, menos de la mitad de la muchachada lo hace. En aquellas geografías estragadas de los conurbanos, entonces, el capitalismo se las ingenia para que lleguen sus arterias principales, armas y drogas. El dominio por el territorio, entonces, es la nueva forma de competencia laboral. Los que antes compartían el comedor comunitario y la canchita de fútbol se miran feo y saben que tienen horas donde las policías provinciales no los molestarán mientras desatan la fiereza contra ellos mismos. A veces salen en los medios, pueblan las noticias policiales y poco más. Queda el dolor. La silla vacía en la escuela que ya no está y el recuerdo de las maestras y los maestros que siempre creyeron en ellos. Viene el estudiado verso oficial. Largamente planificado y perfeccionado en los últimos treinta años. Para que haya seguridad, hace falta la presencia de fuerzas de seguridad nacionales. Los que mal cuidan las fronteras, dicen y hacen creer que cuidarán bien los barrios de las grandes ciudades. Gendarmes en todos lados. El 29 de mayo, a cuarenta y nueve años del Cordobazo, doscientos gendarmes llegaron por quinta vez a Rosario en cuatro años. Esto quiere decir que ya fracasaron cuatro veces. Pero el discurso oficial no lo dice, no lo acepta, juega el peligroso fulbito para la tribuna, aplica la demagogia punitiva y celebra la intervención. Pero ese mismo día, ni la policía provincial ni la gendarmería pueden evitar que el juez Ismael Manfrin, que mandó preso a Los Monos, la principal banda narcocriminal de la ex ciudad obrera, ferroviaria y portuaria, sea baleado en sus dos domicilios anteriores, uno de ellos frente a la comisaría quinta, en pleno corazón del Parque Independencia. El gobierno provincial sale a decir que fueron “Los Monos”, cuando desde hace dos años predica que ya no existen. Pero ahora sí. Los necesitan activos para marcar a alguien cuando explota esa realidad que las pibadas sufren en ex barrios obreros. Pero ese mismo día, el presidente de la Nación, el ingeniero Mauricio Macri, hace el anuncio preciso. Dicen los diarios nacionales que Macri dijo que es necesario que las Fuerzas Armadas "dediquen mayores esfuerzos en la colaboración con otras áreas del Estado, por ejemplo brindando apoyo logístico a las fuerzas de seguridad para cuidar a los argentinos frente a las amenazas y los desafíos actuales, y también contribuyendo con la política exterior". La ministra de Seguridad traduce: "El Presidente en su discurso habló de apoyo logístico a las fuerzas de seguridad. Para nosotros es bienvenida toda colaboración para cuidar a los argentinos", dijo Patricia Bullrich. Como en Colombia, Brasil y México. El ejército contra el narcotráfico y por la seguridad. Es el verso aprendido y corregido. El peligroso fulbito para la tribuna, el punto máximo de la demagogia punitiva. San Martín persiguiendo pibes que fuman un porro. Si la policía provincial y la gendarmería quedan desbordadas, como demostró el atentado contra el juez Manfrin en la ciudad de Rosario, es necesaria la participación de las fuerzas armadas. No dicen las voces de los distintos oficialismos que esas intervenciones militares ya llevan miles de desaparecidos en democracia y que los negocios que dijeron combatir se multiplicaron. La pibada, en tanto, sabe que vienen por ellos. Que no hay seguridad, sino control social. Que San Martín, siglo veintiuno, vendrá por ellos. Víctimas desesperadas que colapsarán las cárceles y que generarán, entonces, el negocio de hacer nuevas cárceles como también, en estos días, dijo el presidente. Tiempos duros para las pibadas de los barrios de las ex ciudades obreras. Tiempos duros para las democracias latinoamericanas. Edición: 3626

El derecho de decir
Publicado: Viernes, 01 Junio 2018 13:37
El derecho de decir

Por Bernardo Penoucos (APe).- Las sierras bajas y el viento frío y húmedo cortan el paisaje que parece prometedor. Allí, en una orilla del mundo, en el sur frío de la provincia de Buenos Aires se puede descubrir, campo adentro, la Unidad Penitenciaria n° 37, en Villa Cacique, partido de Benito Juárez. Los altos alambrados y las rejas parecen petrificadas por el invierno de las 6 de la tarde. Lentitud, aquietados movimientos de los carceleros, tristeza pesada de las familias que salen de visita y se disponen, ya con los bolsos vacíos, a enfilar hacia la ruta y a esperar que algún auto o camión se apiade y las acerque a sus hogares. La cárcel es triste porque está, en su origen, el fin último de detener el tiempo y administrarlo con el castigo y la vigilancia. La distancia que se genera entre el adentro y el afuera parece inamovible, inmodificable: imposible. El silbido tenue del viento húmedo y helado se corta en la segunda puerta de ingreso al penal. El SUM de visita está cerca y las muchas músicas combaten las distancias y el aislamiento. A pocos metros del salón de visitas, justo frente a éste, 14 personas privadas de su libertad están, ahora, formando un círculo en uno de los salones que la Escuela dispone. En ese círculo hay 14 cuerpos latiendo, miradas profundas y mate dulce, bien dulce y caliente. No hay, esta vez, nada para engañar al estómago, más allá del azúcar y las palabras que brotan y se mueven y se ríen. La mayoría de los presentes tiene lejos a los suyos. Las familias están en el gran Buenos Aires y, en los tiempos que corren, las visitas son cada vez menos frecuentes y más costosas. No todos pueden darse el lujo de abrazar al hijo o a la madre. En esta ocasión leeremos a Galeano, a Juan Gelman y a Paco Urondo. Los libros pasan de mano en mano, se abren, se chusmean, se interpelan. Hay, en este momento, 14 personas que, privadas de su libertad, se le animan a la poesía y a la belleza en un suelo de negaciones y de violencia. Lee uno de los pibes y el resto escucha. No hay un libro para cada uno, entonces, hay que afinar el oído y escuchar cómo el sonido de las palabras va diciendo y va nombrando. El pibe lee a Galeano, termina. Otro inicia con Gelman, termina. Y un tercero se impulsa con el poema que Paco Urondo escribiera detenido en la cárcel de Villa Devoto en 1973 y que nombrara a la reja como la única irreal. Las palabras conmueven. Ninguno de los presentes conocía a los autores. Todos los presentes amaron a los autores porque “escriben fácil, lindo y para nosotros también” o porque “hablan de historias como las nuestras, que son historias de seres humanos también”. El taller avanza y de repente suena ese timbre que corta la situación que habíamos ido ganando minuto a minuto. El sistema avisa que ha terminado, al menos por hoy, la hermosura de la canción. Hay que volver al pabellón, conseguir algo para comer. Un paquete de fideos por allá, salvar alguna cebolla que viene casi molida, picar algún ajo. Engañar al hambre, ganarle a la muerte. Soy el último en irse. Son las 7 de la tarde pero la noche apurada del invierno ya cubre la cárcel como una lona entumecida. Soy el último, creo, en irse del salón. Pero cuando cierro la puerta, cuando la voy entornando, escucho bancos que se mueven y se acomodan en otro círculo, pero más pequeño. Escucho voces, susurros, risas. Son ellos tres. Galeano, Paco y Juan siguen leyendo inclusive con la luz apagada, puedo ver la luz de los tabacos, las volutas de humo abrazándose a las rejas. Quieren seguir diciendo y quieren seguir molestando al terror y a las soledades, al silencio obligatorio y a las condenas del mundo. Ahí se quedan, los tres, esperando la próxima hora, reivindicando el derecho de decir, arremangándose a la vida, jugando a cambiar la historia y abrazándose como niños. Ahí se quedan, los tres, anunciando la belleza inmediata vaya a saber desde qué otros mundos posibles. Edición: 3625  

Legalizar y legitimar las libertades sexuales
Publicado: Miércoles, 13 Junio 2018 15:20
Legalizar y legitimar las libertades sexuales

Por Alfredo Grande (APe).- El debate por la legalización del aborto es una batalla cultural fundante. Los autodenominados grupos PROVIDA que, manteniendo las paradojas constantes de la cultura represora, amenazan con la muerte, sostienen que la mujer asesina a su bebé. El pionero del delirio fue el Gran Turco cuando impuso el “día internacional del niño por nacer”. Algo así como imponer el día internacional del trabajador que está por conseguir trabajo. O el día internacional del amor que está por llegar. O sea: futuros alucinatorios para encubrir presentes siniestros. El tema de fondo ni siquiera es el aborto. No les importa nada, porque es una realidad fáctica que existe y existirá. Lo que la cultura represora no puede tolerar es que la legalidad facilite pensar en la legitimidad del aborto. Lo que está en debate, además de condenar a las mujeres a condiciones de total vulnerabilidad psicofísica en abortos clandestinos, es que mantener a rajatabla que la sexualidad tiene sus riesgos. Y sus castigos. Que si tuvo el ardiente deseo para perforar el pecado, al menos sienta en carne propia el castigo por tamaña ofensa. Los grupos Provida, y todas y todos que se oponer a legalizar y legitimar el aborto, quieren que la sexualidad siga siendo apenas el corralito sacramental de los deseos rigurosamente vigilados. Son los mismos que atacaron, torturaron, asesinaron a homosexuales. Y en la actualidad a travestis y transexuales y toda forma de disidencia sexual. Para decirlo de otra y de la misma manera. La cultura represora odia el placer. Por lo tanto debe martirizar a los cuerpos que se empeñan en lograr primero, y multiplicar después, no solamente panes y peces, sino también placeres. Esta batalla cultural por la legalización del aborto es una batalla cultural por las libertades sexuales. De las cuales sólo se habla en casos de abuso sexual, violación, mujeres esclavizadas en esa industria infame que es la trata. Se habla, tampoco demasiado, y se actúa, tampoco demasiado, en las manifestaciones más aberrantes de lo que denomino sexualidad represora. Pero no hay debate sobre la sexualidad como patrimonio cultural de la humanidad, si me toleran la desmesura, que no es tanta. Todos los sistemas jerárquicos, represores, exterminadores, clericales o seculares, han hecho del aniquilamiento de la sexualidad una de sus armas más letales. Porque implica clonar un placer que es accesible, hasta me atrevo a decir que es natural, ya que el soporte material es el cuerpo con el cual nacemos, en formas artificiales, dañinas, destructivas, de otros placeres. Lucro que garantiza el placer de los explotadores, implica necesariamente el sufrimiento, el dolor, el escarnio de los cuerpos de los explotados y martirizados. Mientras el cuerpo aguante. Para la cultura represora, la única opción que el cuerpo tiene es aguantar. La grieta, eufemismo que pretende ocultar que el abismo es la lucha de clases, es también la grieta de los que disponen de todos los placeres y de quienes sólo disponen de todos los sufrimientos. Las penas son de nosotros, los placeres son ajenos. Y cuando algunas y algunos y algunes tienen el coraje de subvertir ese mandato brutal que establece que parirás y vivirás con dolor, el castigo es engendrar vida sin deseo. O sea: la vida por mandato. Por eso la batalla por la legalización del aborto es también la batalla por la legitimidad de la vida por deseo. Provida defiende la vida embrionaria. Una vida donde no hay deseo, no hay conciencia de clase, no hay libertad sino total sometimiento, una forma de vida restringida a un devenir celular. Sin corteza cerebral que permita pensar, reflexionar, cuestionar, escribir. Sin registros sensoriales. Para los “provida” el sujeto es apenas, un embrión grandote. El credo: le pertenezco. Y ésa es la batalla de la guerra que nos han declarado hace siglos. No le pertenecemos más que a los que deseamos pertenecer. Pensamiento y deseo son hermanos en la vida. Los cuerpos, los sentidos, los pensares, sólo se expresan en su más amplia dimensión cuando los placeres acompañan. No solamente lloverán mujeres, que también. Lloverán todas las formas posibles de pensarnos como sujetos deseantes. Y habrá inundaciones donde quizá ya no importe saber quién es quien, cómo es cuál, y dónde las disidencias, las migraciones, los nomadismos de género, los cuerpos abiertos a otros cuerpos formando cuerpos de cuerpos, serán el encuentro necesario y fundante para seguir construyendo vínculos, y luego grupos, y luego colectivos, que arrasarán con las bestias del dolor y las desgracias. Legalizar para legitimar. Legitimar para propiciar. Y propiciar que el placer sea punto de partida y punto de llegada. Y entonces la culpa y el castigo ya no tendrán más lugar. Y ese lugar será ocupado por la única vida que merece ser vivida: la vida por deseo. Edición: 3633

La semilla de lo humano
Publicado: Lunes, 11 Junio 2018 13:00
La semilla de lo humano

Por Carlos Del Frade (APe).- Mientras los grandes medios de comunicación hablan de la liberación del ex jefe de la Policía de la Provincia de Santa Fe, Hugo Tognoli y la reedición de una disputa entre el kirchnerismo y el socialismo durante aquellos afiebrados meses de fines de 2012, en los barrios rosarinos, la militancia que todavía existe y goza de buena salud, da cuenta de la fuerza que tiene el narcotráfico para arrasar con la vida de las pibas y los pibes. En estos tiempos de mezquindades y compra y venta de voluntades, hay que decir que la militancia social y política que no pide dinero a cambio de su fenomenal voluntad de transformación, está presente, crece e insiste. Es un dato revelador de una esperanza que nadie quiere ver. O que nadie de los grandes espacios parece interesado en difundir. Pero así como la ola del feminismo y la ecología sumó a miles de pibas y pibes menores de veinte años a las causas sociales y la larga pelea por la igualdad, la participación de sectores medios y populares en la vida cotidiana de los barrios estragados por el saqueo, es un hecho concreto, sólido y cargado de presente y futuro mejores. Desde 2007 en adelante, las barriadas de las ex ciudades obreras empezaron a ser manejadas por pandillas vinculadas al narcotráfico, siempre con el aval de las fuerzas de seguridad. Hasta la toma de casas y viviendas humildes empezó ser una práctica habitual en esas geografías que luego se extendió a comunidades más pequeñas de las principales cinco provincias argentinas como Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Tucumán y Mendoza. Fueron y son los militantes de movimientos sociales y organizaciones políticas, de diversos orígenes y procedencias, los primero en alertar de la trama narcopolicial, por un lado y, por otro, de las usurpaciones. En el medio, como siempre, la disputa por la pibada, por las chicas y los chicos del barrio. Una pelea desigual. Pero allí está esa militancia. Cuenta una joven profesional metida en la vida cotidiana del noroeste rosarino que la necesidad de empatarle al fin de mes es cada vez más difícil de saciar. Que allí están los empleados de la construcción, los cartoneros, vendedores ambulantes y los que atienden kioskos y almacenes. -En estos vaivenes de la economía popular, a veces los pibes y las pibas son consumidores, vendedores, vigiladores o mercancía. La diferencia con otros almacenes radica en que estos emprendimientos, tarde o temprano, siempre se dedican a la producción en serie de cadáveres que sirven al poder de los mercados más grandes y a estados paralelos. Cuando el estado legitimo decidió mirar a otro lado y dejé que guardaran bajo la alfombra barrosa de la villa los polvos que deja el capitalismo, es ahí donde estos pequeños kioscos crecieron y los barrios cambiaron – sostiene Any, sensible, lúcida y comprometida. Fue allí, en ese punto del mapa rosarino, que después de pelear y organizarse durante más de dieciocho años, lograron la expropiación de doce hectáreas para construir sus propios sueños, sus propias viviendas. Detectaron, entre tanto mate compartido y caminar entre los senderos y caminitos del barrio, a los “intrusos”, a los que usan “a los pibes y las pibas como consumidores, vendedores, vigiladores y mercancía. Todos los días de la semana trabajamos con jóvenes separándolos totalmente de estos valores que el neoliberalismo nos enseña a priorizar. Ser un buen trabajador, buen vendedor, excelente mercancía o vigilante curioso. Trabajamos por políticas para la vida. Con valores muchas veces olvidados. Construimos espacios nuevos, abrimos talleres, comedores, capacitamos a pibes y pibas y somos capacitados por ellxs. Por eso festejamos la decisión tomada por la provincia y la Municipalidad, luego de llevar muchos meses insistiendo, de destruir un centro de venta de droga en el medio de Empalme”, escribe la militante. Por eso, desde abajo, allí donde las pibas y los pibes terminan siendo consumidores consumidos, soldaditos inmolados en el altar del dios dinero, único objetivo y única razón de ser del narcotráfico, la trata de personas y el contrabando de armas; la militancia sigue existiendo, denunciando y enfrentando, como pueden, a estos negocios parastatales. Porque más allá de las decisiones judiciales y peleas políticas superestructurales, en ese compromiso por la transformación anida, una vez más, la semilla de lo humano. Fuente: Testimonio y entrevistas del autor de esta nota. Edición: 3631

Inequidad bajo cero
Publicado: Jueves, 07 Junio 2018 14:47
Inequidad bajo cero

Por Claudia Rafael (APe).- “Murieron de hipotermia”, dicen los escribas del poder. No de pobreza extrema. Ni de calle olvidada. Menos aún de inequidad vieja. Murieron “de frío” Valentín Fernández y aquel otro hombre que dormía en la calle Perú frente a la plaza Mariano Moreno de la ciudad de San Salvador de Jujuy. Con nombre o sin nombre son la caballería desesperada del ejército de los nadies. Sujeto a palos en cruz, un hombre, quieto, sobre dos palos en cruz, con sogas entre los huesos. Y abajo el viento, escribía el poeta paraguayo Elvio Romero. Y encima el viento. Y enfrente el viento… Habrá, pues, que sentar al frío y a la calle en un banquillo judicial donde uno o tres jueces apunten los dardos de todos los códigos escritos y por escribir para sentenciarlos de muerte o de eterna prisión. Habrá que darse a la ardua tarea de conseguir testigos que cuenten que el frío es capaz de pergeñar los métodos más atroces para calar los huesos mientras la calle tortura de humedad y olvido. O bien conformar un jurado popular que concluya que el frío y la calle constituyen una asociación ilícita que habrá que condenar porque juntos destruyen a la condición humana. No es la inequidad ni menos aún los portavoces ocasionales de un Estado que va determinando con paciente crueldad que habrá ejércitos de nadies que poblarán las calles y habitarán los puentes. Que formarán sus hogares efímeramente transitorios en la entrada de un banco, allí donde los que todavía están del otro lado de la frontera que divide incluidos/excluidos, suelen entrar para extraer algún billete de los cajeros. Allí donde aún no haya irrumpido la arquitectura disuasoria. Ese moderno invento social que eleva barreras de cemento o de hierro para impedir que los que nacen, viven y mueren en “situación” de calle no puedan sentarse ni acostarse. Barreras que ahuyentan y espantan a los que hieden a indigentes para que no descansen ni se adormezcan ni siquiera por un rato porque la pobreza contagia o asusta. Y habrá que llenar de pinches de metal los rellanos de las vidrieras o partir al medio con divisiones absurdas los bancos de las plazas o los asientos de las paradas de colectivo para que nadie pueda recostarse y, quién sabe, armarse una cama provisoria para que las piernas no duelan tanto. Y a lo mejor soñar algún sueño de paraísos por algunos minutos. Es el frío. Es la hipotermia la exquisita y pérfida culpable de ir matando de a poco. De elaborar el plan más perfecto para ir asesinando sin conmiseración. Enfermando los pulmones. Y perforando la piel y la conciencia. Entonces los gobiernos de turno elaborarán megaoperativos contra el frío repartiendo como benefactores de este tiempo un plato de sopa y una frazada a quienes están –como gustan definir los estados y las sociedades- en “situación de calle”. Un eufemismo elegante para evitar lo que creen evitable. Que es definir las cosas por su nombre. Porque ni Valentín Fernández en Viedma ni el jujeño al que le arrebataron hasta la identidad murieron por una pasajera y efímera situación. Murieron amarrados al lado más tenebroso de la vida. Ese en el que van cayendo como piezas descartables de un rompecabezas todos los que son atrapados por las garras de una estructura sistémica que premedita la muerte y decreta quiénes serán los nadies que terminarán sus respiros en el desamparo, entre las sobras de la caridad, la persecución de una u otra fuerza de seguridad y el desprecio cotidiano de los paseantes. Bajo la estera oculta donde me afano y doblo, en la triste carlanca donde enfundo mi sangre, en mi agujero amargo, escribía Romero en Esos días extraños. Y abajo el viento. Y encima el viento. Y enfrente el viento. Edición: 3630  

La otra excepción
Publicado: Miércoles, 06 Junio 2018 15:38
La otra excepción

Por Alfredo Grande   (APe).- Hace varios años descubrí que el teclado de mi computadora no podía escribir: “democracia”. Aparecía una leyenda en rojo que decía: “no reconocemos esa palabra”. Al insistir, otra leyenda aclaraba: “no insista porque será desactivado”. Traté de incluirla en el diccionario pero fracasé. Obviamente supuse que el antivirus de mi computadora estaba programado para detectar todos los subterfugios de la cultura represora. No puedo asegurarlo. Por eso inventé al menos dos sustitutos: democratismo de estado y dictadura de la burguesía. O sea: las formas jurídicas y culturales, donde la legalidad hace un pacto perverso con el sentido común, que han construido un occidental, ecuménico y planetario caballo de Troya para ocupar y saquear nuestras tierras, aguas y aires. Por supuesto que ese inmenso caballo ha sido combatido con la pluma, con la espada y la metralla. Pero como el ave Félix (o era Fénix) ha sido restaurado y mejorado y perfeccionado hasta los niveles que en la saga de Terminator, película de política ficción, queda demasiado claro. Los caballos de Troya cambian, porque todo cambia. Pero cambiar es una cosa y subvertir es otra. El astuto Ulises, en realidad un psicópata importante, llenó de asesinos al caballo. Como todo psicópata, dirigió la muerte afuera. Y es lo que estamos padeciendo. Los palestinos, los sirios, los africanos, tienen marcas más visibles, más desgarradoras, más crueles. Pero como siempre hay que hablar de la soga en la casa del ahorcado, los barrios periféricos a las ciudades, no son demasiado diferentes. Causas armadas, gatillo fácil, torturas sistemáticas, asesinatos en comisarías y cárceles, la solución final de los tarifazos, la desocupación sin retorno, la ocupación que no sirve ni alcanza, los horizontes aplanados de un futuro que se aplasta en un insoportable presente continuo. Y el Gran Caballo de Troya, el rutilante corcel, tiene el nombre de Estado. Y yo les digo que es otro de los nombres de la Bestia, con la marca de la legión de demonios que lo sostiene. El Estado es el endemoniado de Gerasa, que a Jesús responde: soy legión. Pero, privilegio de poderosos, elige un nombre que no hubiera rechazado ningún caballo de Troya: Estado Benefactor. Árbitro imparcial del conflicto entre capital y trabajo. O sea: árbitro comprado por el capitalismo para que los desterrados y desamparados, sientan y pienses que el estados somos todos. Las deudas son de nosotros, las lebacs son ajenas. Por eso es importante seguir las ideas de Agamben en su concepto del Estado de Excepción. Cito en forma parcial: “su tesis consiste en que el estado de excepción constituye "[una] tierra de nadie entre el derecho público y el hecho político, y entre el orden jurídico y la vida". De aquí la aporía que observa en las actuales teorías, y que aparece como argumento central de la obra. Esta aporía se resume como sigue: "si los procedimientos excepcionales son fruto de los períodos de crisis política y, como tales, han de ser comprendidos no en el terreno jurídico sino en el político-constitucional , acaban por encontrarse en la situación paradójica de procedimientos jurídicos que no pueden comprenderse en el ámbito del derecho mientras que el estado de excepción se presenta como la forma legal de lo que no puede tener forma legal". Ahora mal: la forma del Estado de Excepción no es excepcional. Pienso es que la habitual, ya que toda legalidad es legalidad represora. Si la fuerza es el derecho de las bestias, la Ley es el derecho de las legiones de bestias que han devastado el planeta. Como bien señala Agamben, el acto legislativo válido tiene "fuerza de ley". O sea: tiene fuerza y tiene más fuerza aún porque se valida como ley. Los romanos, que la tenían clara, acuñaron: “dura lex, sed lex”. El tema es para quién es dura la ley. Seguro que no para todos, todas y todes. “Para las enemigos la justicia, para los amigos el poder”. No recuerdo quién lo dijo, pero seguro alguien que habitó algún caballo de Troya. El Estado de Excepción, la confesión de parte de que todo Estado, aun el más benefactor, estético, bello y armonioso, depende de las cloacas hediondas que sostiene su poder. Algunos llaman a esto “servicios de inteligencia”. Si no quieren leer a Agamben, al menos Netflix les permite deleitarse con The House of Cards. Estamos cerca del hueso. De la misma manera que ya ningún estado declara una guerra, y entonces arma el engendro de un Acta Patriótica o proteccionismos comerciales para destrozar a productores periféricos, tampoco se declara un Estado de Sitio. ¿Te acordás Frondizi del Plan Conintes? Al menos, tenía alguna épica, alguna maldita y negra poesía. Un Plan. De exterminio, pero plan. O el Estado de Sitio que intentó declarar De la Rúa. En la Alianza Anticomunista Argentina, la macabra triple A, el gobierno peronista de los 70 tuvo su propio Estado de Excepción. Pero la excepción al estado de excepción es el estado de sitio. Yo pienso que es lo que estamos transitando. Más de 5000 asesinados desde 2003 a la fecha. Qué fácil es el gatillo fácil. Pero cuando son demasiados los gatillos, y además se gobierna por la espalda, lo que bauticé como “chocobarismo”, tendríamos que hablar de “gatillos fáciles, facilitados, con verdugos facilitadores”. Chocobarismo al palo. Necesitamos inventar nuestra propia batalla de excepción. De lucha clasista y popular. O al menos recordar y actualizar esa gran batalla de excepción, que es el Cordobazo. No fue: sigue siendo. Y cuando salgamos de la alucinación de la democr… (bueno, ya dije, el teclado no responde) entonces pondremos a los Estados Caballos de Troya en su verdadero sitio político e histórico. Un museo del horror para las generaciones más nuevas. Y una marcha nacional contra el gatillo fácil será la marcha de las herederas del coraje. Las batallas continúan…y toda victoria no tiene final. Edición: 3629  

Semilla para siempre
Publicado: Martes, 05 Junio 2018 14:02
Semilla para siempre

(APe).- El sábado decidió ser semilla para siempre. Y sembrarse para que en la historia germinen más luchadores como él, de ésos que son infantería en los derrumbes, de ésos que atajan los escombros para que no lastimen a los frágiles. Luis Farinello fue cura pero mucho más que cura. Fue de ésos que colocan a Dios en su lugar. De ésos que recorren con Jesús las venas de las villas, de ésos que entran en la herida para cauterizarla desde el adentro. Y le prestan los bancos de la iglesia al que expulsa a sillazos a los mercaderes del templo. Tenía 81 años y estaba estragado por un ACV que le había recortado potencialidades allá por 2012. En su casa de Quilmes –el barrio como casa, su parroquia, el dolor de su gente como casa- amó como sólo aman los cristianos que se construyen desde el pobrerío. No los de iglesia de elite, que condenan más que ternurar, que se tapan la nariz para pisar la calle de los pobres, que mandan al infierno a los vulnerables. Luis se paraba en las puertas del infierno para arrebatarle condenados. Esa era la diferencia. Por eso acompañó las luchas del Movimiento Nacional Chicos del Pueblo con Alberto Morlachetti. Por eso dio misas populares con Carlos Cajade. Por eso bendijo los panes, para que se multiplicaran más que los hambrientos. Ahora se lo va a extrañar. Pero todos saben que estará parado en las puertas de lo bueno, para que entren los que sufren. Edición: 3627  

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Galería fotográfica

 

Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla sobre pobreza con Reynaldo Sietecase. Era 2009

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De tronco en tronco

Alumnos de una escuela de San Vicente, Misiones, caminan 8 km para ir a la escuela y atraviesan el río a través de troncos de orilla a orilla.


Gendarmes

Gerdarmes ingresaron por la fuerza a un jardín de infantes de Moreno. Hicieron tirar al piso a todos los niños con la excusa de estar persiguiendo sospechosos de un delito.


Cárceles

En los últimos 15 años se duplicó el número de detenidos en las cárceles.


Crueldad

Un bebé de un año y tres meses murió en Córdoba. Tenía hematomas en distintas partes de su cuerpo y gravísimas heridas en la cabeza. Su mamá y su padrastro están detenidos.


Salarios

Los intendentes Arroyo, de Mar del Plata y Granados, de Ezeiza, son los intendentes mejor pagos con más de 250.000 $ por mes.


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Hechos en imágenes

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