Tercer tiempo asesino: sobre crueldades y privilegios
Publicado: Viernes, 24 Enero 2020 13:02
Tercer tiempo asesino: sobre crueldades y privilegios

Por Alfredo Grande (APe).- Las lógicas represoras operan colocando siempre los efectos como si fueran causas. Y niega que los efectos en realidad sean causas que nunca se analizaron en profundidad. Es lo que hemos denominado la “Lógica Cromañón”. La consigna “ni la bengala, ni el rock and roll, a nuestros chicos los mató la corrupción” escuchada nuevamente a los 15 años de la masacre, pone en evidencia esta situación. Entonces vale la pena y a veces vale la alegría, pero siempre vale el pensamiento, que es realmente la corrupción. Asociado siempre a cuestiones económicas y monetarias, me interesa remarcar la dimensión cultural y política de la corrupción. Marca indeleble de la guerra cultural perdida, en múltiples batallas que desde hace siglos los pobres y empobrecidos de la tierra vienen sosteniendo. Botón de muestra: el voto secreto, universal y obligatorio legaliza y por lo tanto, pensamiento de derecha mediante, legitima al saqueo, la estafa, y varios robos del siglo. Por eso la respuesta fue tan débil y el arco opositor siempre dispuesto a hablar y con muy poca disposición a luchar. La corrupción es una degradación no reversible que logró el pasaje del paraíso hippie al infierno rugbier. Y no se trata, obviamente, del deporte rugby. Pero sí se trata, obviamente, de la lógica en la cual ese deporte se sostiene. La cultura represora siempre ha ponderado la condición de amateur. O sea: de no profesional. A pesar de ser un deporte de alta competencia internacional, con un seleccionado idealizado como los Pumas, con íconos de valor, coraje, fuerza comparables al Mío Cid o al invencible Aquiles, la condición de amateur lo colocaba en el sagrado lugar de los deportistas puros. Donde el motivador era el puro amor, la pura pasión, la pura nobleza. Pero el amateurismo no es una causa: es un efecto. Porque la competencia nacional e internacional está subsidiada desde sectores de poder económico y político que pueden “bancar” los enormes gastos. O sea: la élite. Lo que denomino “cotos de privilegio”. En un trabajo escrito para esta agencia, hice un detalle de la declaración universal de los privilegios humanos. Por cada derecho, se organizan mil privilegios. Por lo tanto la distribución de la riqueza, o sea, la vulneración de los privilegios, no será posible. Las “elites” heredan los títulos de nobleza que la asamblea del año XIII había abolido. Lamentablemente, abolieron la abolición y hoy tenemos al mundo dividido en castas. Los pocos ricos muy famosos y los muchos empobrecidos que no tendrán ni fama ni comida, ni techo, ni salud, ni vivienda. Son amateurs de la vida sin financiación alguna. Estos “cotos de privilegio” tienen prebendas de las cuales los mortales carecemos. El rugby es una de las marcas registradas en que se organizan esos privilegios. No es la única. Todas las mal llamadas fuerzas de seguridad, las jerarquías clericales, lo gran familia mafiosa judicial, las castas partidocráticas, las burocracias obreras y empresarias. Lo interesante es que en todos los cotos de privilegio hay una obsesión: condenar la violencia. Y viene a mi mente el concepto de Freud: “cuando el estado se opone a la violencia no es para suprimirla, sino para monopolizarla”. Y no sólo es el Estado. Todos los cotos de privilegio actúan exactamente igual. Simultáneamente, condena la violencia pero organiza la crueldad. Entendida como la planificación sistemática del sufrimiento. El asesinato en Gesell podría ser caratulado como actos de tortura seguida de muerte. Golpear a un indefenso hasta matarlo, no difiere del proceder de otros cotos de privilegio como eran (¿eran?) los denominados grupos de tareas. Pero Milani absuelto y entonces pasa la posta a otros actores sociales. La cultura de castas debe ser mantenida. En estos tiempos, donde no hay captura revolucionaria de la violencia, opera la captura reaccionaria de la violencia, que es la crueldad. El fundante del anatema de la violencia es impedir que los atacados se defiendan. La violencia siempre estuvo al lado de la supervivencia. Desde conseguir alimentos, defenderse de tribus hostiles, sostener el territorio vital, cuidar a las crías, enfrentar a predadores de todo tipo. Las idealizadas guerras de la independencia, las revoluciones, siempre fueron violentas. En esos tiempos, que no son estos, la historia tenía su partera. Lo que en el posmodernismo tardío queda es la crueldad. Real y simbólica. Que no activa la vergüenza de haber sido, pero sí activa el dolor de ya no ser. La lógica fundante de gendarmes persiguiendo y asesinando a Santiago Maldonado es la misma, la misma, la misma, de una manada de rugbiers persiguiendo y asesinando a un joven. Querían asesinar a Santiago, querían asesinar a Fernando. La impunidad se encargará de que el asesinato sea permanente. Todos los cotos de privilegio garantizan la producción de crueldad. Y el extremo límite del sufrimiento que la crueldad implica es el asesinato. Los asesinatos. Que podemos llamar masacres, pero nunca tragedias y menos accidentes. La cultura represora no solamente es incapaz de prevenir la catástrofe. La cultura represora provoca la catástrofe y de esa manera piensa mantener los privilegios de casta. El mayor problema, el gravísimo problema, es no poder actuar nuestra propia violencia para enfrentar la crueldad del enemigo. Por eso, parafraseando una vez a José Martí, diré que “para el cruel que me arranca el corazón con que vivo, cardo y ortiga cultivo, nunca más la rosa blanca”. Pintura: Andrew Salgado Edición: 3926

Cepeda, 200 años (II)
Publicado: Miércoles, 22 Enero 2020 13:20
Cepeda, 200 años (II)

Por Carlos del Frade (APe).- Después de la asamblea de Arequito, Buenos Aires inicia una nueva guerra contra las provincias del Litoral. Las fuerzas directoriales llegaron a la boca del Colastiné, en Santa Fe. Artigas, entonces, ordenó al irlandés Campbell salirle al cruce desde Goya, Corrientes. Allí fue este personaje digno de estudio en las escuelas junto a su tropa de guaycurúes, propinándole una nueva derrota a las fuerzas de Rondeau… El 31 de enero de 1820, la Logia de Buenos Aires designó como director sustituto a Juan Pedro Aguirre que hasta el momento se desempeñaba como alcalde de primer voto del cabildo porteño. Si Rondeau era vencido por las montoneras, Aguirre podría entablar negociaciones con Ramírez y López. “El cielo que sostiene nuestra causa corona nuestros triunfos concediéndonos este día feliz…los escollos que se nos presentaban se han destruido con gloria. La provincia es libre…la felicidad común se afianza doblemente ejerciendo el poder de un magistrado formado de este modo; las pasiones se comprimen al aspecto de un gobierno elevado por el de justicia y los aspiradores ven perecer la intriga, cuyas fatalidades aún sentimos por el vestigio de que han dejado sus crímenes…los enemigos se hallan en su marcha retrógrada, más no hemos fijado bases de concordia y podemos de nuevo se provocados”, escribía Estanislao López que, en esos días, comenzaba a ser tildado de patriarca de la federación… “…La verdad es que el poder que regía los destinos del país desde 1816 ya no tenía defensores ni convocaba fervor a nadie. Sus dirigentes habían declarado la independencia de estas provincias y habían ayudado lealmente la empresa sanmartiniana; pero subestimaron el sentimiento republicano y federal de los pueblos, teorizaron con demasiada rigidez una realidad que era viva y bullente, se mancharon con las negociaciones secretas en Europa y las complicidades con Río de Janeiro y además, colocaron los intereses de Buenos Aires por encima de todo. No serían las últimas equivocaciones de los directoriales, que pronto se llamarían unitarios”, escribió con lucidez, Félix Luna. Buenos Aires fue derrotada el primero de febrero de 1820. En la cañada del arroyo Cepeda, un afluente del Arroyo del Medio, en la geografía del hoy primer estado del país, la provincia de Buenos Aires, las tropas federales, el gauchaje de Estanislao López y Francisco Ramírez le ganaron la batalla a los unitarios, el partido que representaba los intereses de los hacendados y los comerciantes vinculados al imperio de entonces, Gran Bretaña. Casi 350 muchachos perdieron la vida aquel primer día de febrero de 1820, en la cañada de Cepeda. Mucha sangre para tan poco tiempo de combate. Algunos la llaman la batalla de los diez minutos. La consecuencia política fue la disolución del directorio y el congreso nacional. Surgió, entonces, para la historia oficial contada e impuesta desde Buenos Aires, el período de la anarquía. Nacieron trece provincias autónomas. Rondeau formó su ejército en una disposición clásica, con la caballería a los lados y la infantería y la artillería al medio; protegiendo sus espaldas quedaba la larga formación de carretas. Una posición muy difícil de vencer, si el enemigo atacaba de frente. Pero en medio de la llanura, los federales no estaban obligados a hacerlo, justamente porque sus tropas eran puramente de caballería. López era el gobernador de la provincia en que se combatía, pero aparentemente dejó el mando de las operaciones de la batalla a Ramírez. López era experto en acciones de guerrilla, pero Ramírez había demostrado ser muy capaz en las batallas. Junto a los santafesinos y entrerrianos, formaban en el ejército federal 600 abipones y guaicurúes del Chaco y un escuadrón de correntinos y guaraníes, al mando del capitán irlandés Pedro Campbel. Ambas tribus chaqueñas, desde 1816, a cambio de guerreros obtuvieron permiso de fundar una colonia cerca del campamento de Purificación. A las 8:30 horas los jefes federales cruzaron al galope la Cañada de Cepeda, rodearon el dispositivo y se pusieron a sus espaldas. De inmediato atacaron a la caballería, mientras la infantería trataba de asomarse entre los carros y los cañones aún apuntaban para el otro lado. La batalla duró aproximadamente diez minutos, y la huida de la caballería directorial arrastró a Rondeau. Los infantes formaron dos cuadros defensivos y rechazaron varias cargas por tres horas. El resto del ejército (casi mil hombres) debió retirarse hacia San Nicolás de los Arroyos (a orillas de río Paraná, a 60 km de distancia) y embarcarse de regreso a Buenos Aires, dirigido por el general Juan Ramón Balcarce. Edición: 3925  

Morir por hambre
Publicado: Viernes, 17 Enero 2020 13:49
Morir por hambre

Por Claudia Rafael (APe).- Despojada. Anónima. La bebé murió. Con el berreo débil que forja la inequidad. Sin alcanzar a completar el círculo del primer año de su propia historia. Murió sin llegar siquiera al hospital. Murió en un camino amasado en el tiempo. Mucho antes, incluso, de su nacimiento. Entre el frío y el calor extremo, entre las limosnas familiares de las calles de una Santa Fe que acumula riquezas de cientos de miles de millones. Pero que del otro lado de la frontera que divide pertenencias de clase, deja morir, asesina, invisibiliza, oculta. Murió en el contexto del desguace social que engendran, implacables, el capitalismo y sus adoradores. “No se llegó a tiempo en este caso”, concluyó el área de Niñez de la Provincia de Santa Fe. No se recibió ninguna denuncia que alertara sobre lo que pasaba, aseguró Acción Social de la Municipalidad de Santo Tomé. Y el hilo final termina en un argumento penal: un hombre de 40 años y una mujer de 29 fueron detenidos por “abandono de persona seguida de muerte” de su bebé, desnutrida, de once meses. Otros tres hermanitos de 9, 5 y 2 años deambulan por los derroteros institucionales que ahora sí decidieron ocuparse de ellos. La muerte visibiliza aquello que el Estado y la sociedad se empeñan en no ver día tras día aunque esté, como un cartel luminoso, estirando la mano en un semáforo de alguna esquina. La muerte de una bebé de once meses desnutrida funciona como una granada que estalla en los rostros mediáticos, políticos, sociales y que evidencia lo evitable. Hoy la pelea se reduce a quién se hace cargo de las responsabilidades. El castigo penal llegó veloz en sus tiempos: los padres. Quebrados, fisurados, olvidados, pobres de toda pobreza, con el único recurso final de extender las manos en una esquina rodeados de su cría esperando que se derrame algún billete, un par de monedas. Las otras responsabilidades, las del Estado que se pasa la pelota de un municipio a otro, de una provincia que desliga culpas, de instituciones que dicen que nadie “informó” y si quien no dijo es “nadie” ya no hay nada que hacer. Esas, no entran en una celda de 2 x 2. Entonces la historia se seguirá repitiendo hasta el hartazgo. Porque siempre será demasiado tarde. Porque no hay paradoja más feroz que una familia que integra el vasto ejército de los andrajosos en una provincia que se juega otras guerras. En la que un manojo de empresas exportadoras de alta gama facturan 562 mil millones de pesos en un año y están exentas de impuestos, según denunció Carlos del Frade, periodista de esta Agencia. Los engranajes jurídicos, mediáticos, institucionales castigan con celeridad a los portadores de una epidemia que ellos mismos han puesto en funcionamiento. La bebé de once meses ya ha muerto. Los padres presos. Y los niños sobrevivientes deambularán ahora los vericuetos formales de la caridad. Serán la imagen en un espejo que aquellos engranajes estructurales cubrirán con papeles de diario plagados de historias vanas para no ver reflejada la vida. Tutelados en una farsa sin puerta de salida. Arrojados a un laberinto, juntos o separados. Alimentados con los mendrugos de una esperanza que no encuentra su propia primavera. Edición: 3922  

Cepeda, 200 años después
Publicado: Jueves, 16 Enero 2020 13:07
Cepeda, 200 años después

Por Carlos del Frade (APe).- Desde Buenos Aires, mimada por el imperio inglés y por los portugueses en su plan de aniquiliamiento del artiguismo, José Rondeau, en los días finales de diciembre de 1819, doscientos años atrás, recibió la carta de San Martín. Rondeau le pidió que bajara con su ejército para destruir las montoneras de López, Ramírez y Artigas. El general guaraní se niega. Sueña con la Patria Grande y por lo tanto trabaja en su plan de liberación del Perú. Rondeau, entonces, sabe que, por ahora, Buenos Aires no podrá ser la rica capital de un país que todavía no terminó de hacerse pero que se perfila como una colonia de los mandamases del planeta. En diciembre de 1819, doscientos años atrás, la Argentina pudo haber sido al revés… En enero de 1820, en España hay revueltas populares contra Fernando VII. Los coroneles Quiroga, en Alcalá de los Gazules, y el comandante Rafael de Riego que tenía a su cargo 20 mil hombres destinados a destruir la insurrección en las Provincias Unidas de Sudamérica, el prólogo de la Argentina, se rebeló en Cabezas de San Juan y proclamaron la constitución liberal de 1812. Ya no habrá invasión española a estos atribulados arrabales del mundo… El 8 de enero de 1820, Francisco Fernández de la Cruz tiene la orden de llevar adelante lo que San Martín no quiso. De la Cruz tiene que reprimir las montoneras federales. Belgrano también está en contra: “Es urgente concluir con esta desastrosa guerra. Ponerle fin…”, escribe el revolucionario obsesionado por enarbolar en la vida cotidiana la bandera de la igualdad. Cantan los cielitos de entonces: “la guerra es contra el pobre… porque no tiene descanso… tiene que vivir descalzo… porque no merece un cobre… se levantan montoneras… a causa del mal manejo… porque esto no es el espejo… de la patria verdadera… quisiera que diga el orbe… y todos los gobernantes… que la soga más tirante… la han de poner para el pobre… no le han de dar aunque sobre… ni un pedazo de mestizo… viendo de que es tan preciso… para el pobre la piedad… verán gran iniquidad… si abren los ojos con juicio”… El 7 de enero de 1820, el ejército Auxiliar del Norte, a cargo del general De la Cruz, acampa a pocas cuadras de la posta de Arequito. Al filo de la medianoche, los regimientos a cargo del general Paz y del coronel Alejandro Heredia se ponen a caballo, ubicándose a la derecha del campamento. A la izquierda tomarán posiciones dos tercios de los Húsares y en el centro, los Cuerpos segundos, a cargo del brigadier Juan Bautista Bustos y el 10° de Infantería. No reprimirán a las montoneras. No serán títeres macabros de los intereses de Buenos Aires… Arequito, 8 de enero de 1820. Bustos grita la clave de las mayorías populares de aquellos días fundantes de la nueva nación sobre la faz de la tierra, “¡Viva la Federación!” y se convierte en el líder político de la asamblea de Arequito. Ese ejército que sangró con San Martín y las guerrillas de Güemes no matará paisanos montoneros. Es el momento histórico en el que Buenos Aires no maneja los hilos como pretenden sus hacendados, comerciantes ni tampoco el imperio inglés. Las mayorías populares que pelearon por la independencia buscan construir un federalismo de verdad… La sublevación de Arequito “ha sido uno de los episodios de mayor trascendencia en nuestro pasado histórico, aun cuando sea ignorado por gran parte del pueblo argentino”, escribió M. Núñez, en 1975. Tiene razón. El líder de aquella asamblea, Juan Bautista Bustos, diría con claridad: “La voz general de los pueblos mucho tiempo hace que llegó a mis oídos y sus quejas habían penetrado demasiado mi corazón. Me enseñó también la experiencia, el diferente trato y la diversa correspondencia que merecían los hijos de las Provincias interiores por más relevantes que fuesen sus servicios, su aptitud y sus talentos…”, sostuvo quien sería el gobernador de Córdoba. “Las facciones que se han alternado en Buenos Aires desde el 25 de mayo de 1810 arrebatándose el gobierno las unas a las otras, se creyeron todas sucesoras legítimas del trono español respecto de nosotros y con un derecho ilimitado para mandarnos sin escuchar jamás nuestra voluntad…. las armas de la Patria, distraídas del todo de su objeto principal, ya no se empleaban sino en derramar la sangre de sus conciudadanos, de los mismos cuyo sudor y trabajo les aseguraba la subsistencia”, escribió Bustos, el líder popular de Arequito. Buenos Aires estaba muy débil. Doscientos años atrás, esos días podrían haber definido un futuro diferente para lo que después sería la Argentina. Edición: 3920  

El juego a la izquierda
Publicado: Martes, 14 Enero 2020 13:05
El juego a la izquierda

Por Alfredo Grande(APe).- La cultura de las derechas ha ganado la batalla cultural. Mejor dicho: las batallas culturales de una guerra cultural y política de siglos. Hoy la solidaridad es una ley o un dólar. Y confundimos solidaridad con justicia social y justicia social con enfrentar y aniquilar todas las formas de saqueos. Si el acto de gobernar es una asociación ilícita en una escala global, la política pasa de ser el arte de gobernar al arte de robar y asesinar. Cambiemos fue la expresión más alta de esta metamorfosis, ya que el hambre rigurosamente planificado es otro de los campos de exterminio de la cultura represora. Recordemos que aquello que para la izquierda es un problema, para la derecha es una solución. Pero hablar mal del asesino no impide el asesinato, hablar mal del violador no previene la violación, hablar más del ladrón no impide el robo, hablar mal del golpeador no impedirá el femicidio. Las políticas activas para neutralizar los delitos del gobierno gerenciador del Estado terrorista de Cambiemos, han estado ausentes. O incluso presentes para consolidar aquello que luego se critica o reprocha. No hubo un paro general decretado por la CGT. Se toleró a pesar de las paso/plebiscito que el mandato constitucional se cumpliera, más allá y más acá de los daños irreparables que se seguían cometiendo. Y desde ya, no era tarea sólo del peronismo ponerle tarjeta roja al demonio del apocalipsis. Pero era más acentuada la responsabilidad de los partidos mayoritarios y populares de frenar lo antes posible la matanza. Se optó por la coartada y el taparrabos de los plazos constitucionales. La constitución dice otras cosas y garantiza cosas mucho más importantes que los malditos plazos constitucionales. La protección integral de niños y niñas, sin ir más cerca. El presidente electo abrazó y acarició al presidente eyecto. No puso otra vez la foto de Videla, pero tampoco repudió a la bestia. Por eso para que haya un Frente coherente, consistente y creíble, nunca puede ser de todos. Porque en los todos están los muchos que acompañaron, que amplificaron, que potabilizaron a las aguas contaminadas que bajaban de la casa rosada. El mismísimo Alberto no votó a Scioli en el balotaje, a pesar de que un servidor, no sí que tan humilde, escribió un trabajo para fundamentar el “voto en negro”. Creo que para muches votar a Scioli o a Macri no era lo mismo, pero ambas opciones eran insoportables. Como canta Nati Mistral “Yo lo comprendo”. Pero el mayor juego a la derecha que se hizo en estos últimos años fue el apoyo descubierto y encubierto a las políticas del neoliberalismo por parte de sectores partidarios, empresarios, sindicales. Pensemos en las elecciones del 2017. Para enfrentar al tsunami arrasador, cuando la línea de pobreza e indigencia ya alcanzaba a los asalariados, sin mencionar a los parias en situación de abandono en la calle, cuando el hambre se convertía en el verdugo más letal y más cobarde, empezó a construirse el post macrismo. Que no es lo mismo que el anti macrismo, ya que eso conlleva un ataque a la matriz concentrada y oligopólica de la tierra, la energía, los alimentos, y no estamos ni queremos estar para esas aventuras. A pesar de salarios y jubilaciones descuidadas, reaparecen los precios cuidados. En realidad: cuidado con los precios. Y el mandato de consumir sin diferenciar consumo de consumismo. Hay una deuda externa no pagable pero hay deudas internas no pagables justamente por el consumismo. Algunos llaman a esto monto mínimo de la tarjeta. Yo prohibiría las tarjetas de crédito. Tiembla el Comafi. Porque en realidad es una forma de legalizar la usura más brutal. Algún gurú que haga un manual de autoayuda para dejar de tarjetear. La cultura de la tarjeta es otra de las herencias malditas de Domingo Delirio Cavallo, que bancarizó la vida. Lo bueno del neoliberalismo es que te da las oportunidades para cambiar el fundamento monetarista de la vida. Lo malo de la socialdemocracia es que las desperdicia. Este es el momento más propicio para volver a pensar todo. Desde el preámbulo de la constitución hasta el desafío de vivir con lo nuestro. Mientras siga siendo nuestro, lo que parece poco probable. Hacerle el juego a la derecha es sostener alianzas de un oportunismo putrefacto, donde la masa de ayer es la plastilina de hoy. Tomando la forma del molde que la contiene. Hacerle el juego a la derecha es fechar el comienzo de la catástrofe desde el calendario electoral partidario. Nos recuperamos de la dictadura cívico militar y los organismos de derechos humanos y los combatientes por todas las formas de lo revolucionaria son evidencias suficientes. Pero no hay recuperación total del menemismo, primer ensayo del liberalismo privatizador. Ese primer mundo de juguete que nos vendió el mismo que hizo explotar una ciudad para ocultar tráfico ilegal de armas. Que supo hacerle el juego a la derecha como un gran maestro del ajedrez. Se ocupó de los niños ricos que tenían tristeza pero no de los niños pobres que tenían y tienen hambre. En vez de averiguar y macartear con quien le hace el juego a la derecha, hagamos entre todes los rebeldes y revolucionarios el juego a la izquierda. La que supo tener el peronismo, el radicalismo, los socialismos, comunismos y trosquismos. En la lucha contra las dictaduras no se pedía carnet de afiliación. Y hoy enfrentamos a Estados terroristas que asesinan con drones o con tarifazos. Que no es lo mismo, pero es igual. Ser izquierda es intentar perforar en forma colectiva todas las formas de la cultura represora. Incluido el capitalismo, aunque no solamente. Una lista que vale la pena construir. Por eso propongo seguir jugando- luchando en nuestro bosque clasista, especialmente mientras los lobos estén. Pintura: “El infierno de los pájaros” de Max Beckmann Edición: 3918  

Velas en el viento
Publicado: Martes, 21 Enero 2020 15:18
Velas en el viento

Por Silvana Melo (APe).- El crimen de Fernando es un crimen de poder. Matar a un chico paraguayo, amigo de quien derramó el vino sobre el poderoso es reafirmar el poder. Tanto como revalidar la propiedad de una mujer definitivamente con la muerte. Es demostrar la mayor extensión fálica en una escena pública. Es decir yo soy capaz, matarlo y limpiarse la sangre en el jean camino a casa. Es una ratificación de clase. Soy más hombre, más fuerte y te someto. El pie sobre la cabeza es sojuzgar pero también inmolar. Eran once de 20 y él era uno. De 19. No fue pelea. Fue masacre. Pero estaba ella. Virginia. De 17. Que los vio estragarlo e irse. Dejarlo hecho un trapito sanguinolento con la gente –sí, ese genérico impersonal- que miraba sin ver ni hacer. Hasta que vino la ambulancia le practicó RCP. Lo había aprendido en la escuela. Quiso soplarle la vida que se le iba. Atraparla en el aire y ponérsela en el cuerpo otra vez. Y lo logró durante 35 minutos. Hasta que él se fue en la caja de la ambulancia, hacia la muerte hospitalaria. Pero también estaba ella. Tatiana. De 17. Escondida detrás de una puerta. Paralizada por el horror. Community manager del boliche. De ese mundo adulto en el que nadie se hizo cargo de la violencia ni de la muerte. Ese mundo del que ella reniega ahora. Ella que vio. Matalo que vos podés. Escuchó. Vio cuando le pegaban la útima patada en la cabeza y ya estaba inerte. Vio cómo nadie lo evitaba. Los vio irse babeándose como lobos. Limpiándose la sangre en las camisas. Los vio y contó. Ellos estaban saciados. Feroces y hombres. Superiores. Iniciados. Con el prestigio de los nudillos lastimados. Ellas tienen 17. Ellas son la desesperación por detener la vida que se va, atraparla en el aire y traerla hacia un cuerpo roto. Ellas son la verdad rescatada del campo de batalla. De la calle maldita que se devora a los más débiles. Ellas son las únicas esquirlas de la esperanza. Velas en el viento. Edición: 3924  

Sangre, pólvora y dinero
Publicado: Lunes, 20 Enero 2020 12:51
Sangre, pólvora y dinero

Por Carlos Del Frade (APe).- 18 homicidios en 18 días en Rosario. 14 personas menores de 35 años, es decir el 77,7 por ciento de los casos. 14 asesinatos con armas de fuego, también el 77,7 por ciento de los casos. Una persona muerta por día. La mayoría, gente joven. La mayoría de los asesinatos producida por armas de fuego. El 18 de diciembre de 2019, el doctor Marcelo Saín, ministro de seguridad de la provincia de Santa Fe, el quinto territorio con más casos de delitos vinculados al narcotráfico según la última estadística subida a la página oficial del gobierno nacional, decidió desplazar a 30 oficiales de La Santafesina SA e intervenir la Unidad Regional XVII, con asiento en el departamento San Lorenzo, allí donde alguna vez peleara José de San Martín para iniciar su sueño de Patria Grande. Un mes después de aquella purga policial, 18 asesinatos, uno por día en lo que va del año en la geografía de la ex ciudad obrera, industrial y ferroviaria, devenida en mapa de servicios colaterales al mayor flujo de dinero de la Argentina, consecuencia del ochenta por ciento de las exportaciones cerealeras que salen, justamente, de los muelles rosarinos y sanlorencinos, allí donde sangró el hombre que será retirado del billete de cinco pesos. La sucesión de los hechos en la línea de tiempo no da margen para muchas interpretaciones: sacar del juego a oficiales con mando de tropa desbarató un conjunto de cajas negras. Una persona muerta por día es resultado del contragolpe político mafioso de las bandas narcopoliciales que, como sucede en cada una de las cinco grandes provincias argentinas, son responsables de los negocios ilegales que se dan en las calles de las ciudades de esos estados. -Sangre, dinero y pólvora … - eran las palabras más repetidas por el desesperado general Belgrano cuando quería enarbolar la bandera de la igualdad en el trono de la vida cotidiana de estas pampas y ríos sin límites. Doscientos años después de su muerte en la pobreza, consecuencia de su obstinación revolucionaria, “sangre, dinero y pólvora” parecen ser las palabras que identifican dos de los grandes negocios del capitalismo argentino y mundial, narcotráfico y contrabando de armas, máscaras, en definitiva, del movimiento del dinero, verdadero corazón del perverso sistema. Las cifras del Ministerio de Seguridad de la Nación no dejan margen para otras muchas lecturas. El último año cargado de información es el de 2018. 61.688 hechos delictivos vinculados al narcotráfico. 359, solamente, los hechos delictivos contra el orden económico y financiero. En la Argentina del presente, los negocios de la pólvora y la sangre tienen cuentas pendientes, pero el negocio del dinero es apenas molestado. No es casual que la ley de entidades financieras siga siendo la de la dictadura de las desapariciones, la de 1977. La sangre de las dieciocho personas asesinadas en Rosario en los primeros dieciocho días de 2020 es consecuencia de la impunidad del flujo de dinero que siempre debe circular. Las bandas narcopoliciales afectadas por la decisión del doctor Marcelo Saín, las que multiplican la pólvora y la sangre, pretenden las soluciones funcionales a su continuidad: mano dura de cualquier fuerza de seguridad, nacionales o provinciales. El domingo 12 de enero, gente vinculada a la banda de Los Monos, pedía el regreso de la policía que sabía torturar sin dejar marcas ni huellas en los cuerpos mutilados. La mano dura es el atajo de la cultura de derecha que es patrimonio de la mayoría de los partidos que gestionan las andanzas del sistema del dinero impune. Ahora La Santafesina SA está más tranquila, no solamente por la llegada de fuerzas federales, tan o más corruptas que la policía provincial, sino porque el gobierno del contador Omar Perotti, dispuso el regreso de las municiones de guerra para las cartucheras de los uniformados. La purga democrática y a fondo que inició Saín aquel miércoles 18 de diciembre empieza a ser cercada por las voces que piden pactar o regresar a la misma mano dura que pretenden las bandas narcos. Mientras tanto, más allá de los asqueantes relatos que se hacen desde algunos grandes medios de comunicación de Capital Federal, las grandes mayorías rosarinas, tozudamente, insisten en su vida cotidiana, lejos del miedo que quieren inocular las berretas usinas de rumores que pululan alrededor de las bandas narcopoliciales. El dinero, la pólvora y la sangre, en definitiva, a dos siglos de la muerte de Belgrano, son tres ingredientes del impune negocio del sistema en la geografía rosarina. Es hora de saber que estas 18 vidas que piantaron muy antes de tiempo a la pampa de arriba forman parte de un momento en que la antinomia vuelve a ser mafias o democracia verdadera. Las mayorías rosarinas, en su porfiada insistencia, merecen el intento de construir algo diferente al miedo que intentan imponer las minorías con poder económico y de fuego. Edición: 3923  

El siniestro inquilino
Publicado: Viernes, 17 Enero 2020 13:28
El siniestro inquilino

Por Alfredo Grande (APe).- Gobernar es alquilar un poco. Rara mezcla de administrador, locador, recaudador, encubridor de conflicto de intereses y tráfico de influencias, maquillador de todos los robos para la corona y otros delitos para otras coronas, chirolita del imperialismo ventrílocuo, siempre a dios rogando y con el gatillo fácil dando, fabricante de auto préstamos con dinero ajeno para acumular patrimonio propio. Y otras cosas que a estas horas y a estos años me olvido. Olvido que no es neutral porque los recuerdos me hacen mal. Murió el poeta combatiente que nunca encontró a su nieta hace 6 años. Y creo que cuando muere un combatiente, algo del combate muere con él. Y no siempre son posibles las ceremonias de resucitación que en su antropología teatral poética propone Vicente Zito Lema. Si la yerba mala nunca muere, la yerba buena no siempre nace. Parafraseando a Marx, escribí que el peso de las generaciones vivas también oprime nuestros cerebros. Generaciones de víctimas y generaciones de victimarios. Pero estos tiempos del posmodernismo tardío no son funcionales a las escenas de fascismo explícito. Por eso nos sacuden tanto los genocidios en Chile, Bolivia, Haití. Cuánto tiempo nos conmueven es otro cantar. La saturación de la imagen y la palabra inocula el veneno de la parálisis y la anestesia.- No hay antídoto. Otra grieta es y seguirá siendo entre autistas y zombis. Confío en ampliar estas ideas próximamente, antes que el veneno me alcance. Ya que, “humano soy y nada de lo humano me es ajeno”. Pero en el crisol de razas, en el granero del mundo, en la tierra prometida, en la Europa de Latinoamérica, o sea, en la Argentina, hemos inventado el dulce de leche, la birome, el colectivo, no estoy seguro si el mate con bombilla, descubrimos que Gardel cada día canta mejor y que estamos condenados al éxito, aunque pareciera ser que la condena está en suspenso. Nuestro último invento es el inquilino siniestro. Alquila ofreciendo un horizonte prometedor a los verdaderos propietarios, que ya están inoculados con el veneno de que todo intento autogestionario es imposible y además, ridículo. Y es sabido que se vuelve de todo, incluso de alguna alianza partidaria extravagante, pero no se vuelve del ridículo. Y entonces cuando el voto consagra la alquimia de la representatividad, el inquilino tiene un brote delirante y se cree que es propietario. Con derecho, incluso con el deber de hacer lo que literalmente se le antoja. Con el agregado que lo que se le antoja es arrasar con lo bueno, enarbolar lo malo e idealizar lo pésimo. Tendrá que convencernos que agua podrida es agua bendita. Y lo terrible es que tendrá éxito. También dicen que la pedofilia es un acto de amor. Ese inquilino tendrá un plazo mínimo de 4 años para llevarse desde los azulejos del baño, las cañerías, todos los artefactos domésticos, incluyendo perro y marido, ahorros, y muy especialmente, tomará deudas a nombre de los propietarios, que tendrán que pagarles. Al lado de este inquilino, el Guasón es Piñón Fijo. Lo aterrador es que durante esos cuatro años habrá un coro más o menos permanente de detractores, reprochadores, críticos, acusadores, del inquilino voraz. Pero nadie, y digo nadie, osará en nombre de la sagrada institucionalidad, dar por concluido el contrato de inquilinato. Prefieren que se les devuelva un departamento devastado, a que funcione una clausula gatillo de interrupción anticipada de la función locativa por atentar contra la supervivencia de los verdaderos y anestesiados propietarios. Cuando finalmente el inquilino se va, incluso puede ser abrazado, acariciado, alabado, aplaudido. No por las mayorías, pero al menos por primeras minorías poco silenciosas. Obviamente, la absoluta imposibilidad de habitar ese departamento destrozado, será reiteradamente adjudicado al inquilino saliente. Callando la inoperancia total en forzar su lanzamiento anticipado. En fin: subordinación que es sometimiento al orden constitucional, sin el valor de subvertir la letra para defender la vida. Antes de encontrarme con mis pesadillas nocturnas, solo diré que hay una parábola de la doble M. Menem Macri. Hasta no entenderla, habrá más penas, más olvidos, más tristezas, más dolores. Y volveremos a leer al gordo Soriano y lo único que frenará nuestro llanto será la bronca y el odio ante tanto inquilino siniestro. Único antídoto contra la parálisis y la anestesia. Espero tener una buena noche. Aunque no lo creo.   Edición: 3921  

Genocidio wichí
Publicado: Miércoles, 15 Enero 2020 20:06
Genocidio wichí

Por Silvana Melo (APe).- “Están fuera del estado y fuera de la sociedad”. El doctor Medardo Avila Vázquez conoce el etnocidio wichí del chaco salteño y la muerte de tres niños que ni siquiera llegaron a pararse en la pacha ni a correr una mariposa le anudó el estómago con el alma. Por eso él y un grupo de médicos de la Córdoba castigada por el agronegocio, el mismo que dejó desguarecida de su paraíso a la etnia wichí, están tramitando que Médicos Sin Fronteras se instale por las comunidades de Santa Victoria Este, los parajes más pobres de la linda Salta. Donde el Estado no se hace cargo. Y los gobiernos pasan de culpabilizar a “la cultura” originaria a llevarles tarjetas alimentarias a comunidades que no tienen ni documentos para acceder a un plan social. Y un posnet para leer una tarjeta es un milagro desconocido de la tecnología. Los tres niños que murieron no llegaban a los tres años. No soportaron el agua ni la falta de alimentos. En Misión La Chirola, por Embarcación, otro chiquito está grave. Sus padres son niños también, sólo que más grandes. Pero no llegan a la adultez. Ninguno come lo suficiente. “La civilización sigue considerándolos atrasados, se tienen que adaptar a lo que hay”, dice Medardo Avila en entrevista con esta Agencia. Médico de Pueblos Fumigados. Legendario impulsor de la justicia por el barrio Ituzaingó Anexo de Córdoba, donde los niños se morían de cáncer porque se los fumigaba con la indiscriminación de la impunidad. “Lo que pasa es que los wichís, a diferencia de los mapuches, de los qom mismos, han aparecido masivamente a consecuencia de la expansión de la frontera agropecuaria en la zona de Salta y Formosa”, describe el médico y pinta una imagen escalofriante: “donde se han desmontado miles y miles de hectáreas y de repente, en estos bosques del Chaco salteño, donde había miles y miles de árboles, aparecen montones de gentes, de personas que vivían ahí, muy bien, que tenían de todo. Y les dejan una parcelita de monte espantosa y cuando llega el Estado les trae para que haga una huertita”. Dice Medardo que los sacan del bosque, donde vivían en modos ubicados temporalmente “30 mil años antes de Cristo y los colocan en 5 minutos diez mil años atrás, en el tiempo de la agricultura…” Mientras tanto, “nosotros a los wichís los descubrimos ahora, no están documentados y cuando desmontan, aparecen así…” Modesto Rojas, cacique de la comunidad wichí Fwolit: “Dentro de las comunidades originarias no hay agua, no hay comida, no hay trabajo. Nos sentimos muy abandonados por el Estado. Como originario me siento muy mal porque veo como los chicos se mueren por desnutrición. Hay comunidades enteras sin agua potable, están a 60 kilómetros de la ciudad de Tartagal y hay otras que toman agua de las represas o de las cañadas que están contaminadas con bidones de veneno que tiran los empresarios que fumigan los campos de soja y porotos. En vez de quemar ese veneno lo tiran en las cañadas de corredero de agua, eso pasa en las comunidades wichÍ de Guamache y Retiro”. “Hay mucha gente indocumentada. Yo como dirigente sé que hay más de 700 personas que no tienen DNI. A veces vienen a las comunidades autoridades de Provincia y Nación diciendo que van hacer los documentos pero en realidad nos entregan una constancia que dice que está en trámite. Hay gente que tiene esa constancia desde 2009 y hoy todavía están esperando su documento. Mi preocupación más grande es qué va a pasar con toda esa gente que no tiene DNI y jamás van a recibir una ayuda social. Ayer vino el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, pero no quiso entrevistarse conmigo. Dijo que estaba trabajando dentro de la municipalidad pero no entró a las comunidades”. (Revista Cítrica). Cambian de signo los gobiernos pero el genocidio no se detiene. Es entonces cuando Medardo Avila y el grupo de médicos que impulsa la llegada de Médicos Sin Fronteras decide hacerlo con fuerza institucional. En un territorio sin olor a patria. Donde ellos, que son parte del monte, son confinados por los colonizadores del tercer milenio. “Cuando desmontan las tierras fiscales, que no son de nadie y se las empiezan a asignar entre ellos los apellidos de siempre, se apropian de 80 mil hectáreas y las desmontan con las topadoras; es increíble verlas, las topadoras atadas con cadenas de cincuenta metros una a la otra avanzan destruyendo todo el bosque”. Dirigentes y médicos de naciones originarias elevaron una carta abierta al ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo, el día en que el funcionario voló desde Buenos Aires a llevar tarjetas alimentarias a los wichí. Y le aclararon que no sólo se mueren los niños a partir de “un sistema de producción que abarca lo cultural y la salud, que nos oprime y mata a los más débiles”. También se mueren “niñas wichís en embarazos con hipertensión, como variable de mortandad además de lo reprochable penal y socialmente de los embarazos infantiles que son índices de abuso sexual agravados por la edad”. Esas niñas, desalojadas por los desmontes “de su soberanía alimentaria, al alimentarse en el enclave urbano, el cambio de costumbres y modelos en la comunicación hacen que tengan embarazos con hipertensión y muerte”. Y no sólo es un tema de salud pública, dicen: “la mayoría de estas muertes de niñas con embarazos con hipertensión provienen de Los Blancos, Estación Murillo y Tartagal, zonas donde ha habido desalojos masivos de comunidades indígenas por desmontes en los últimos 40 años”. “Yo he estado mucho ahí, en las misiones, a través de una organización de Córdoba que se llama Deuda Interna. Y ahora estamos tratando de que Médicos sin Fronteras tenga una misión ahí, porque es un problema humanitario terrible, que no es considerado por la Argentina como un genocidio, el estado los ignora, se mueren los niños y se mueren también los mujeres, los hombres, nadie se imagina las cosas que suceden ahí”, relata Medardo Avila a APe. El médico los conoce y los describe. “Los wichís son mansos, son culturalmente muy atrasados, están acostumbrados a su paraíso”. Entonces “viene el estado y le da su bolsa de comida para un mes. Y en dos días no tienen más. Porque no tienen práctica de acumulación. Ellos se iban moviendo por el bosque y siempre encontraban lo que necesitaban. Tenían un circuito que conocían los grupos de familias. Eran cazadores recolectores. No necesitaban guardar. Ahora les dan cinco bolsas de arroz y se le terminan enseguida”. “Tuvieron su primera crisis –relata Avila- cuando empezó la explotación petrolera. Hubo una guerra a principios del siglo XX, que fue la campaña del norte, como la campaña del desierto. Hubo varias matanzas de originarios para apropiarse de los territorios. Las empresas inglesas habían traído a los religiosos protestantes y ellos en las misiones empezaron a refugiar a los aborígenes sobrevivientes. Por eso las comunidades se llaman misiones”. El agronegocio genera, 500 años después, el descubrimiento de una etnia entera. “Son 60 mil, según la antropóloga Norma Naharro. Y son divinos. No sabés los chicos lo felices que son”, dice Avila. Y coincide con Rodolfo Franco, el médico que vive en Misión Chaqueña: los chicos son felices hasta que crecen y comienzan a vislumbrar la oscuridad del futuro. Entonces aparecen el alcohol, las drogas, las anestesias del sistema y en tantos casos, la muerte. “Los agarran con las tarjetas y los planes y ahora les traen una tarjeta alimentaria como si hubiera posnet… y si hay alguno vaya a saber lo que les cobran el kilo de arroz”, lamenta el médico. Mientras tanto, el agua. El enorme problema del agua. La sequía que arrasa la piel y la lengua en la mayor parte del año. “Dependen de que les caven los pozos; ellos en sus montes sabían dónde encontrar el agua, se movían constantemente detrás de las aguadas, estaban los ríos; ahora los tienen instalados, encerrados, detrás de los alambrados, diez mil en 400 hectáreas de monte. No tienen posibilidades de nada”. Entonces terminan tomando agua de cualquier caño, de cualquier charco, de los bidones de glifosato que les alcanzan, de los canales, terminan enfermos, deshidratados, con diarrea. Víctimas de aquello que los desnudó, del coloniaje envenenado, del agronegocio que los desaloja, del genocidio del sistema que los abduce para moldearlos y que decide desterrarles el mundo que tuvieron desde su origen en el que seguirían viviendo con sus dioses y paraísos, sus frutas y sus chamanes. Y sus muertes pequeñas al final de la vida. Ahora lo que queda es “parar los desmontes y hacer una reserva wichí. Para que puedan ser ellos, no lo que somos nosotros, no lo que queremos nosotros que sean”. Para que dejen de morirse bebés, niños, de hambre, de sed, de enfermedades del hambre y de la sed. Para que dejen de morirse mujeres, hombres, viejos, viejas, en abandono atroz. En ese camino están Medardo Avila Vázquez y un grupo de médicos que buscan que una misión humanitaria se instale en las comunidades. “Porque los gobiernos, porque el estado, no son capaces de resolver el problema”. Por eso van por Médicos Sin Fronteras, para que haga visible su genocidio desde su confín al mundo cada día. Buscando monte, mariposa, espíritus y vida. Agua y yerbabuena. Para vivir.   Edición: 3919

Tejada Gómez
Publicado: Viernes, 03 Enero 2020 13:54
Tejada Gómez

Por Alfredo Grande (APe).- El armisticio, la tregua acordada, eso que algunos llaman elecciones, otros que dicen “volvimos”, otros esperan saber para qué volvieron, otros siguen tratando de entender cómo es que se fueron, muy pocos intentar descifrar la trama de intereses que permitió que llegara, el único hilo conductor que aparece es “crecer para pagar”. Por supuesto, sería mucho más fácil crecer si solamente se pagara aquello que se prestó en forma legítima y se utilizó en forma legal. Quedarían algunos centavos extraviados. Pero desde que comienza la neo democracia, o sea, ayer nomás, los representantes que no son nuestros pero que actúan como si lo fueran por la alquimia feroz de los “domingo de urnas” (como alguna vez bautizara Horacio Verbitsky a las elecciones), están obcecados en pagar, pagar y pagar. Y en su versión más nacional y popular, desendeudar. Lo que siempre ha quedado firme es que hay deuda, y hay que honrar la deuda. Que ni siquiera implica deshonrar a quienes la contrajeron, incluso embargando sus bienes por varias generaciones. Evidentemente, el que las hace no las paga. Más allá de los sortilegios de la macroeconomía, la microeconomía, los defaults, los paga dios, o los “anda a cantarle a Gardel”, la realidad es que hemos, han, permitido ser gerenciados durante cuatro años por un equipo de pesadillas. Hoy impune, esperemos que por tiempos muy breves. La culpa la tiene el chancho, y obviamente quien le da de comer. No haber decretado un solo paro general en 4 años se parece bastante a dar de comer al chancho. Por eso, y justamente porque apenas son 20 días de mandato, es necesario colocar una estaca que divida aguas, tierras y aire. De un lado los que siguen haciendo culto del conde de Lampedusa, el Gatopardo, con su célebre catecismo: “cambiar algo para no cambiar nada”- Del otro lado de la estaca, poner como estandarte la maldición de Tejada Gómez: “el que no cambia todo, no cambia nada”. No hay grises, porque en el nivel fundante del sujeto político y el sujeto deseando, es o no es, es muerte o es vida. Cuando llega Hernán Cortés a nuestras tierras, lejano antecesor de Cambiemos, quedó sellada la maldición de la Malinche. “Para lograr su objetivo Cortés contó con la valiosa ayuda de otros grupos indígenas que habían sido sometidos por los mexicas y también por Malineli Tenepatl, más conocida como Malinche o doña Marina (su nombre castellano). Esta mujer cumplió múltiples roles: traductora, informante, amante y madre de hijos mestizos. Así, al servir al enemigo, su figura quedó asociada con la traición a su pueblo y ese estereotipo de la Malinche está presente en la actualidad”. Del malinchismo actual, evidencia sobra, pero conviene siempre rastrear los orígenes. Hay un malinchismo cultural, político, económico. Aquellos que lo señalan son rápidamente neutralizados: trosquitos, gorilas, le hacen el juego a la derecha, etc. Hace muchos años, en la revista Humor Registrado, plena época alfonsinista, el inolvidable “gordo” Soriano escribió un artículo crítico sobre algunos aspectos de la política alfonsinista. Un periodista, que si la memoria no me traiciona (lo que hace habitualmente) era Enrique Vázquez, escribió una respuesta a la que tituló: “La impaciencia desestabilizadora”. Más que una respuesta, fue una total descalificación del autor de “No habrá más penas ni olvido” Esa táctica sigue vigente. Por suerte el pueblo mendocino no se preocupó nada de estas cuestiones, y reavivó el alma de las puebladas redentoras. Tomaremos nota de la advertencia de Claudia Rafael: “Habrá que dormir semidespiertos. A sabiendas de que el monstruo de mil tentáculos siempre estará allí. A la espera de distracciones. Pero la victoria fue posible. Sólo porque la calle tuvo la potencia de los que resisten. Colectivamente. Y de pie.”   Curiosamente, un movimiento histórico y social como el peronismo, que nace con la pueblada del 17 de octubre de 1945, tiene dirigentes que mandaron a las gentes a sus casas, a no hacer ola, y ver el sereno paso del bastón de mando y de entrega y traición a la patria, que para eso sirvió el bastón, con abrazos y caricias incluidas. Si un fascista es un liberal asustado, un albertista es un kirchnerista calculador. Pero la estaca sigue clavada. Habrá que elegir entre las dos maldiciones: la de Malinche y la de Tejada Gómez. Y digo maldiciones porque son malditas para los intereses de una clase dominante o son malditas para los intereses de una clase dominada. No hay pactos, acuerdos, componendas político sociales económicas que puedan quedar afuera de los territorios que la estaca delimita. Las vacilaciones de Alfonsín entronizaron al Menem del salariazo y la revolución productiva. Gatopardismo mediante, ya no se promete salariazo y menos revolución, ni siquiera productiva. Como siempre supimos: “solo el pueblo salvará al pueblo” Y como he propuesto varias veces: “que el pueblo delibere y gobierne a pesar de sus representantes”. De mínima, plebiscitos vinculantes y revocación de mandatos. No soy peronista, y a mi edad no creo que pueda serlo. Pero hay que volver a la constitución de 1949, nunca derogada, nunca aplicada. Pero siempre del lado izquierdo de la estaca: ¡Hay que dar vuelta el viento como la taba, el que no cambia todo, no cambia nada! Edición: 3917

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Galería fotográfica

 

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Hechos en imágenes

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Arsénico

Es un semimetal considerado tóxico. Su concentración es muy alta en el agua que consumen en Chaco, Formosa y Santiago del Estero. 


NN

 5.329 personas fueron enterradas como NN desde el regreso de la democracia. 301 fueron identificadas. Quedan aún 160 sin pistas.


En la calle

 Más de ocho mil personas duermen en la calle en Buenos Aires. Se viven los picos de bajas temperaturas.


Precarizados

Casi el 50% de los trabajadores argentinos están fuera del circuito formal y están precarizados.


Campera

Tiene 22 años, estaba muerto de frío y robó una campera en la capital correntina. Lo llevaron a la comisaría.


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