Maradona y las infancias de Senegal
Publicado: Martes, 01 Diciembre 2020 21:11
Maradona y las infancias de Senegal

“´Die-go Ma-ra-do-na´ dice uno de los chicos... El triunfo de Diego, su gran triunfo, es ser inmortal”, escribió la antropóloga Marcela Guerci, hace casi diez años en esta Agencia de Noticias. Recién llegada del Foro Social Mundial de Dakar había recorrido con sus palabras las sensaciones e imágenes guardadas en su memoria sobre su estadía en Senegal en donde la figura de Maradona es intocable. Vale la pena volver a recorrer aquellas pinceladas en las que la figura de Diego aparece entre las sonrisas de los pibes senegaleses. Por Marcela Guerci (*) (APe).- Las almas son eso: círculos, triángulos, azares, mapas de escaso vuelo genético, ámbitos sencillos donde despertar lo más soltero de uno mismo. Como el ángulo más cercano a la existencia singular, sin las interferencias colectivas. Las calles de Dakar ofrecen almas que borran cualquier referencia occidentalizada para mirar a las gentes. Son prueba de que existen otros seres, abiertos a su propio crepúsculo, que entretejen o improvisan el día y la vida según las formas de cristales sueltos. Sobre la tierra de Senegal, como en tantos lugares del mundo, ocurren niñas y niños que entregan en secreto esos mapas. Y lo que una lee son retratos, descifrados bajo las claves de ciertas lentes preparadas para los enigmas pero, a su vez, dudosas. En realidad, las pequeñas criaturas –de aparente voluntad fácil- irrumpen con la intención suficientemente clara de redactar sus señales de identidad. Esto es una provocación casi como al descuido, pero que sin dudas esconde otro final, más allá del simple contacto. El retrato número uno tiene dos cuerpos entrelazados, de espaldas, de niños que caminan por la calle a la vera del cordón. Uno, el más petiso, lleva un recipiente tapado sobre su cabeza, en perfecto equilibrio y envuelto en una tela que se ata por las cuatro puntas arriba. Asumo que es una vianda. Mientras su brazo derecho cuelga, el izquierdo se estira para abarcar el cuello de su compañero, con destino de abrazo. El otro, unos diez centímetros más alto, ha buscado lo mismo pero rodeando por debajo el lacito humano de aquél. Se prende al cuerpo de al lado con todas las velas desplegadas hacia el final de la calle, donde parece esperarlos el receptor del cacharro. Agua con agua, afecto primero y cierto de las amistades de dos tipos que no suman veinte años entre ambos. Regresan al rato por el mismo camino, con el mismo abrazo, al paso de las mismas chuequeadas de sus ojotas, felices y sin la gravedad de deberse un futuro razonable como adultos. El retrato número dos sólo se palpa con la idea de conjunto. Unas cabezas inquietas, con trenzas pegadas y cuentas de colores brillantes, fúlgidas, que desembocan en los extremos con figuras de animalitos y flores, se turnan caprichosamente para ser la vanguardia de un saludo. De esas nenas conviviendo en las veredas llegan las manos tendidas a las mías, diciendo cosas intactas, para cobijar lo más humano de nosotras, a la medida de torres inexpugnables. Le siguen gotas de lluvia oscura, besos en mis mejillas, un milagro que me tiene en vilo porque no creo capaz de merecerlo. “Die-go Ma-ra-do-na” dice uno de los chicos del retrato número tres. El triunfo de Diego, su gran triunfo, es ser inmortal. En mi camino por el Foro Social Mundial en Senegal, el pasado febrero, calculé que una parte de mi horizonte político debía estar prendida a las leyendas de mis remeras: una con la declaración de los derechos humanos en más de diez idiomas, otra en contra de las invasiones de Israel a los territorios palestino y libanés, otra que indica mi profesión y la institución de la que provengo como antropóloga y, finalmente, la del Diego, fondo negro, cara blanca tres cuarto perfil, imagen de su libertad y la dicha que esto le provoca; abajo a la derecha se complementa con un rostro del Che, de menor tamaño, y una frase que hace más visible lo obvio: “El Che fue un rebelde; yo también lo soy”. En medio de una actividad de taller, en el salón de una especie de sociedad de fomento de un barrio bastante alejado del centro de Dakar, por la ventana más próxima aparecen en fila las siluetas de unas chivas desplazándose por el borde de una pared medianera. Me veo tentada a seguir con la vista su arraigo a ese límite tan finito. De pronto se interponen tres chicos, tres pelados de ralo cabello mota, asomando como bustos, cómplices en su atisbo sin permiso. Intento comunicarme con muecas (yo sé una que pocos pueden hacer, torciendo los labios de manera ilógica) y ellos tratan de imitarme, controlándose los resultados unos a otros. Sonríen, ríen, estrenan nuevos desvíos con sus bocas, sus lenguas y sus narices; una alegría fabulosa nos electriza. Luego les señalo el frente de mi remera. Y entonces se repite lo que en Africa es natural: el incuestionable reconocimiento a Maradona. Al Che no hace falta aclararlo; en los puestos de venta callejera de ropa no se encuentra otra cara impresa que no sea la suya. El cuarto también tiene como materia una remera, piel que finge una cultura común para todos, sin rastros del dominio y con anhelos neutros de consumo, esta vez en el cuerpo de una joven. Camino a Saint Louis, ciudad en el límite con Mauritania, el taxi comunitario –un vehículo destartalado que parte de la estación recién cuando se completa con siete pasajeros- culebrea entre baches, algunos animales muertos y otras máquinas de su misma especie que se lanzan temerarias a la ruta. El paso es lento, no logramos abrir todas las ventanillas, los ojos se cierran y el olor de los cuerpos calurosos genera una infatigable sed, que no se sacia con la botellita de agua mineral que acostumbramos a llevar los presuntuosos viajeros-fakires. El trance produce un llamado instintivo; y eso lo saben las vendedoras ambulantes de las rutas. Cuando el taxi aminora la marcha o se detiene, un bulto salido de un espejismo opaca la perspectiva; afuera, brazos y manos disputan el aire, golpean los vidrios cerrados o se cuelan por los agujeros posibles ofreciendo bolsas con naranjas, bananas, agua envasada en plástico a temperatura marciana y maníes. En la enésima ocasión, la rabiosa mancha rosa de una remera me despierta del letargo; con letras plateadas y grandes anuncia: “I ? NY” (“Yo amo a Nueva York”). La vendedora retrocede y se ve su incipiente adolescencia; carne cimbreante, inocencia desnuda. Yo, pasmo y espasmo. En un país donde predominan las vestimentas talares y las mujeres entregan su esbeltez enfundadas en telas coloridas y estampadas, con faldas largas, chaquetas y tocados elaborados, exquisitas alhajas y zapatos restallantes, el mercado globalizador se encarna desde abajo, adulterando ilusiones. En el quinto es imposible soslayar a Amadouba, hombre de edad incierta aunque superando el medio siglo. Uno puede suponer que los cuatro medio-dedos que muestra su mano izquierda, que la falta de su mano derecha, que sus piernas inertes y deformes sobre unos almohadones son mutilaciones de guerras pasadas. Son visiones. En la vereda de la Avenida Pompidou, muy cerca del palacio presidencial, de las casas de cambio de moneda, de las embajadas, de las cabinas telefónicas que logran comunicarme con Argentina y de miradas compasivas, Amadouba despliega una manta con artesanías y espera que le perciban. “Le maladie”, explica desprendidamente cuando le pregunto por sus dedos. “La enfermedad”, artículo determinante subrayado por su entonación. Dice “lepra”, una palabra suelta que designa siglos de tinieblas. En un costado, en otra plena tiniebla, una mamá muy joven desafía la nada de su mundo negro pidiendo limosna. Su hija es una aurora de pies trémulos, de datos todavía confusos, colores y distancias que está aprendiendo a usar porque apenas se ha largado a caminar. Amadouba y yo compartimos algunos tramos de los días que siguen sentados en el mismo almohadón, frente al número veinticinco de la Avenida Pompidou. Tomamos café, hablando de la vida, mientras su único dedo entero, el pulgar de la mano izquierda, intenta con paciencia sostener la manita de la niña, para que no empiece ya a tropezar con sus vuelos. Ella, como una pluma, quiere, anda, encuentra casi al ras del piso la hazaña de erigirse pura. Se cuelga de mi ropa anónima, me pega mansamente sus mocos, gana con precisión mi medida y me abraza. Sospecho que mi estadía en Senegal no ha hecho más que buscar en la hondura de los signos. De otro modo no se comprende el hallazgo de la seña exacta de una huella ciertamente humana. Estos retratos de parcelas de la infancia lo confirman. E instalan el espacio público como el lugar donde se construye lo humano, se comparte, se forma el nosotros entre riesgos y seguridades. Se socializa bogando por universos posibles para todos. (*) Marcela Guerci es antropóloga social, investigadora de la Unicen y en febrero de 2011 participó del Foro Social Mundial en Dakar. A su regreso, escribió esta nota para APe.  

Desesperados y culpables
Publicado: Lunes, 30 Noviembre 2020 12:28
Desesperados y culpables

Por Carlos Del Frade (APe).- Algunos filósofos del norte de Europa llegaron a decir que la desesperación es un salto de fe con el que la razón accede a la experiencia de percibir la existencia de Dios. Más acá en el mapa, suele especularse sobre los malos frutos que otorga el obrar en medio de la desesperación. Situaciones límites que generan momentos especiales en las vidas individuales y colectivas. También las desesperaciones abren oportunidades de negocios, muchos de ellos, ilegales. El caso es que en la última semana del mes de noviembre de 2020, mientras Diego jugaba sus últimas fichas en la tómbola de su vida, en la estación de ómnibus rosarina, llamada “Mariano Moreno”, dos parejas se encontraron para vender y comprar un bebé de solamente diez días de nacido. Las crónicas señalan que la mamá se arrepintió y que los cuarenta mil pesos fijados ya no le decían nada de nada. A pesar de la desesperante situación económica que atraviesa. La cuestión se supo porque ambas parejas discutían a gritos muy cerquita de un puesto policial. Entonces amaneció el caso en los grandes medios de comunicación. -Se está ante un delito de supresión de identidad en grado de tentativa y no ante una venta. Por lo que comentó la mamá del bebé su familia está bajo una pésima situación económica y que tiene otros hijos a su cargo. Dijo que lo que habían acordado era ir con el bebé al Registro Civil y anotarlo a nombre del hombre de la pareja de rosarinos como padre biológico – dijo Sebastián Carranza, portavoz de la Fiscalía Regional Segunda. Ninguna de las cuatro personas tiene antecedentes penales y recuperaron la libertad. Por otro lado, la Secretaría de los Derechos de la Niñez, Adolescencia y Familia informó que el bebé está ahora con un familiar directo de la mamá quien, además, se ofreció para hacerse cargo del chiquito. Lo cierto es que ambas parejas serán acusadas por el delito de supresión de identidad en grado de tentativa. ¿Cuántas veces se repetirán estos casos en las distintas provincias argentinas que jamás llegan a conocerse? ¿Son verdaderamente culpables ambas parejas?. Si la desesperación es un salto que le permite a la razón llegar a la comprensión de Dios es imprescindible convenir que es una divinidad particular y arbitraria. El espantoso negocio de la venta de bebés, sin dudas, debe ser perseguido pero en esta noticia, por lo menos hasta ahora, no emerge una red de secuestros de niñas y niños para su posterior enajenación. Dos parejas desesperadas deberán responder ante la justicia y no está mal que lo hagan. Lo que aquí se pregunta es por los verdaderos responsables del drama. Es imprescindible saber quiénes son los multiplicadores de la desesperación que luego pone en el medio de una danza desgarradora a dos parejas jóvenes que disputan el destino de un bebé de apenas diez días de nacido. Hay gente que debe impulsar la desesperación de los siempre ninguneados, de los que no llegan siquiera a empatarle al fin de semana. Esos desesperadores están lejos de las divagaciones teológicas o filosóficas. Es gente que construye indiferencias, indolencias y cierra puertas para que luego los malos de la película sean siempre los mismos. ¿Cuántas personas desesperadas hay hoy en la provincia de Santa Fe, en la Argentina, en esta cápsula espacial llamada planeta Tierra? No hay censo de personas angustiadas. Lo cierto es que a medida que avanza la deshumanización que propone el sistema que endiosa el dinero, dos parejas jóvenes parecen ser los malvados en un guión en el que, con suerte, apenas son extras. Edición: 4127  

El último vestuario
Publicado: Jueves, 26 Noviembre 2020 00:22
El último vestuario

Por Carlos del Frade (APe).- Estaba en Firmat, una de las tantas veces que cerraba Vassalli. Era de tarde. Cuando llegaba a la terminal de colectivos, había pibes y obreros llorando. La noticia había sido que la FIFA lo expulsó a Diego del Mundial en los Estados Unidos. En aquel Mundial, cuando le hizo el golazo a Grecia, fue corriendo hasta la cámara de televisión y su cara se convirtió en un Carpani viviente, síntesis de broncas acumuladas, un ademán de revanchas en cada músculo del rostro único. Le gritaba el gol a los Defensores del Real Valor de la Hipocresía. No se lo perdonaron. Se lo llevaron de la mano y lo dejaron afuera. El tobillo parecía una pelota de tenis inundada. Pero ahí estaba él. Cruza la mitad de la cancha como puede. Los brasileños no lo pueden parar y cayéndose le da el pase al Cani. Darlo todo, a pesar de los pesares y los dolores. Era el Mundial de Italia. Y ahí está, llorando la final perdida. Besándose la camiseta. Sin ocultar nada. La derrota duele por ese fenomenal amor que Diego sentía por esa camiseta. El amor y el dolor son paridos en el mismo lugar. Las derrotas argentinas con Maradona eran distintas. Había orgullo. No importaba nada si se jugaba horrible. En ese dolor, mucho amor. Y eso queda en las imágenes. No se repiten solamente en la cabeza. Vuelven a pasar por adentro. En la Marcha Federal, cuando llegamos al Congreso, el cartel de la muchachada de ATE Santa Fe era hermoso: la cara de Diego, recién expulsado del mundial hecho en el imperio, y la leyenda "el sueño todavía no terminó". -Tango, Maradona y desaparecidos - así sintetizaba el personaje de Vázquez Montalbán en la novela "Quinteto de Buenos Aires", la identidad de la Argentina. Hoy se siente algo de eso. Supongo que necesitaba estar dentro de una cancha de fútbol y por eso se puso a dirigir Gimnasia. Que no podía estar lejos ni de la pelota, de las tribunas, los vestuarios y el universo dominguero que se prende y muere en noventa minutos. Que se lo veía mal pero que él, como siempre, quería seguir, quería escuchar el Maradó...Maradó... ¿Cuál habrá sido el último sueño? ¿Habrá podido hablar con ese pibito que soñaba con jugar en la selección y ganar un mundial? El tipo no pudo hablar en la comisión de los asuntos de las personas que todos los días le dan cuerda al mundo. Mucha gente querida partió para algún lugar del universo en este año terrible que todavía no termina. El tipo no pudo hablar pero no puede dejar de conmoverse cuando una de sus hijas sube la foto de Diego y Fidel y siente que, en algún lado, todavía, se gritan goles que valen mucho más que un campeonato. Como tantas veces dijo Dolina, uno quería que gane Diego. Porque los límites de la cancha no son los metros que pontifica el reglamento. La cancha del fútbol empieza ahí pero termina en el tumultuoso mundo íntimo de la gente. Quizás por eso hablemos de los temas más importantes en las canchas o viendo un partido confesamos lo inconfesable al mejor amigo que nos dio el cosmos. Chau Diego, quizás te encuentres con Pino y nos regalen la segunda parte de "La Argentina latente". Quizás Diego encontró el mejor vestuario para descansar y volver a la cancha grande de la historia siendo millones, al selecto vestuario del alma popular. Ahí si lo van a cuidar, seguro que lo van a cuidar. Perderé y seré millones -Nos dio muchas alegrías – dicen las voces sinceras que despiden a Maradona en medio de una tristeza popular muy parecida a la sentida cuando murió Perón. No fue posible gambetear el último guadañazo. Ya el físico no tenía la increíble magia de vencer las leyes de la inercia y la gravedad. Claro que es cierto lo de la alegría. Pero quizás el dolor, hermano del amor, tenga que ver con la forma que Diego nos mostró cuando perdía. Llorar a mares, mostrarlo sin vergüenza después de haberlo dejado todo en la cancha chica del fútbol. Y del otro lado, en las tribunas siempre llenas de las mayorías que pueblan la cancha grande de la historia y la realidad, millones y millones pierden todos los días porque el sistema enseña que los ganadores deben ser muy poquitos. Pero ahí están las imágenes de Diego. Lloraba a mares porque había dejado todo para pelear hasta el final. Quizás por eso millones y millones saben que Maradona es una partecita de cada una de esas personas. Porque sabía perder como nadie y, como los nadies de esta tierra, al otro día se levantaba para seguir buscando el gol sobre la hora. Porque el verdadero triunfo está en esa porfiada tozudez de insistir en que la felicidad será alcanzada por las grandes mayorías. Cuando las reglas de juego cambien en la cancha grande de la historia y la realidad. Será entonces que Diego volverá y será, como ahora, millones. Edición: 4124  

Paula, siempre presente
Publicado: Martes, 24 Noviembre 2020 12:52
Paula, siempre presente

Por Carlos del Frade (APe).- En la tierra de las y los 30 mil desaparecidos, las desapariciones permanecen. Tango, Maradona y desaparecidos, decía Manuel Montalbán, cuando su personaje sintetizaba la Argentina. Hace 37 años que el terrorismo de estado terminó, que la dictadura de las desapariciones, como le gustaba decir al querido maestro Osvaldo Bayer, llegó a su fin. Sin embargo, los 18 de septiembre nos recuerdan dos desapariciones en democracia: Jorge Julio López en 2006 y Paula Perassi, en 2011, en la geografía más atravesada por el dinero, sur de la provincia de Santa Fe, departamento San Lorenzo, donde San Martín iniciara su sueño de la Patria Grande. En la semana que culminó en el recuadro en la que las efemérides dicen que es el día de la soberanía, hubo una revisión de condenas para dos de las personas imputadas por la muerte y desaparición de Paula. Allí estaban, como siempre, Alicia y Alberto, la mamá y el papá. Las dos personas que hace más de nueve años vienen reclamando por un par de huesitos de ella, de su hija, para hacer el duelo, para contarle algo a sus nietos que no paran de crecer y no saben tampoco de respuestas sobre el destino de su mamá, de Paula, siempre Paula. En estas horas, mientras afuera la pandemia cambia y continúa con su cosecha letal. -Doctores, hace nueve años y dos meses un día me levanto y me encuentro con esto. Con que mi hija había desaparecido. Yo tenía un amigo que me decía que yo era el padre de él, ese amigo se llamaba Gabriel Strumia… Te pregunto, ya que hiciste eso con Paula por qué no la tiraste al río, que en cinco días flotaba y hoy la situación nuestra sería distinta…Usaste el amor de Paula y después tuviste el coraje de hacerla desaparecer…Tengan la seguridad, señores jueces, que aquí adentro están las dos personas que hicieron desaparecer a Paula, ellos con la banda capaz de hacer desaparecer una persona en democracia sin dejar rastros, porque estamos a nueve años y acá no se sabe que hicieron y dónde está Paula…Yo peleé 9 años no para que alguien vaya preso, quiero los huesos de mi hija, quiero hacer el duelo, estas personas no me lo dejaron hacer, tengo los dos hijos de Paula que todos los días preguntan por su madre, y que les prometí poderles decir algún día qué pasó, y no lo puedo lograr porque no sé qué pasó. Yo bien decía que acá había una billetera política con dólares, pero estaba equivocado: acá había un barco lleno de dólares…Decí lo que hiciste con Paula, decilo, danos la posibilidad de hacer el duelo, de que en un cementerio esté Paula y que haya una lápida que diga Paula Perassi para que podamos ir yo que soy el padre, ella que es la madre, sus hijos y toda la sociedad que quiere saber qué pasó con Paula. No seas cagón, decilo, decilo si tenés lo que tenés como hombre, lo que usaste como hombre para disfrutar con Paula. Ponelo arriba la mesa y decilo…- le dijo Alberto Perassi a Strumia.Nadie contuvo el llanto en la sala de periodistas. Tampoco pudieron hacerlo las juezas. Alberto Perassi, el papá de Paula, como hace nueve años y dos meses, pedía por los huesitos de su hija. Su hija, una desaparecida más en el país de las desapariciones, en la geografía más rica del país de las desapariciones. Los que saben la verdad del destino de los huesos están en alguna parte no muy lejos de estos contradictorios parajes cósmicos. No los conmueven las palabras y la desesperación de Alicia y Alberto, la mamá y el papá de Paula. Sin embargo deberían saber que cientos y cientos de pibas y pibes ya tomaron debida nota que aún en democracia hay mafias capaces de producir desapariciones en el país de las desapariciones. Pero ese conocimiento, duro y pesado, no las despoja de la esperanza y la admiración para una mujer simple como Alicia, para un hombre simple, como Alberto, la mamá y el papá de Paula Perassi, presente, siempre presente, a pesar de los códigos mafiosos de silencio por ahora invictos. Edición: 4122

S. Solidaridad Obligatorio
Publicado: Viernes, 20 Noviembre 2020 13:47
S. Solidaridad Obligatorio

Por Alfredo Grande  (APe).- El servicio militar obligatorio fue un instrumento con el que la cultura represora logró formatear la subjetividad de los adolescentes durante más de 90 años. En 1901, el ministro de Guerra, teniente general Pablo Riccheri, presentó el proyecto según el cual se reclutaba a los varones argentinos de veinte años en las Fuerzas Armadas para cumplir servicio durante dos años. El objetivo del proyecto era difundir la idea de ciudadanía y de igualdad ante la ley y alfabetizar e integrar a los hijos de inmigrantes, además de aumentar el patriotismo en varones provenientes de diversas clases sociales y rincones del país. El proyecto seguía ideales del entonces presidente Julio Argentino Roca, también militar, comandante de la conquista del Desierto. Los “colimbas” eran asimilados a las fuerzas armadas. Cuando se empezó a sortear quienes tenían que incorporarse, el inconsciente político social afloró con la expresión “me salvé”. Salvarse era sacar número bajo. Todas las trampas se realizaron con tal de no hacer el maldito servicio. Eduardo Pimentel, uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, perforó en fundante represor de esa obligatoriedad de Estado al prohibir a su hijo Ignacio presentarse para la revisación médica previa a la incorporación. Una de las pocas veces que la patria potestad fue utilizada para defender al hijo. Inició la gesta del Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio. Y uno de mis orgullos más preciados fue haber estado con él. Siempre recordaré las palabras de una de sus hijas: “vos sos psiquiatra pero se te entiende”. Fue el inicio de mi batalla contra todas las formas de la cultura represora. Más abarcativa que la militancia partidaria. Fue un agravio que fuera Menem quien suspendió los efectos de la ley, sin que el Congreso la derogara. Similar al agravio que Macri presentara la ley por el aborto legal. Las leyes represoras se trampean, pero pocos las enfrentan. Más de 90 años permitiendo que las fuerzas armadas construyeran subjetividad de adolescentes “para que se hagan hombres”. La canalla nunca discutía que clase de hombres se hacían. Sería justo que la lucha anti patriarcal reconociera en Eduardo Pimentel a uno de sus más contundentes combatientes. Hoy transitamos una triple rendición: al patriarcado, a la cultura represora y al capitalismo. Una moneda de tres caras. Milagros del diseño digital. Lo que debe ser un impuesto se llama aporte. Lo que deviene obligatorio, se lo bautiza como solidario. Y lo que tendría que ser permanente, se lo edulcora con “por única vez”. Delincuentes de guantes blancos y piel blanca pero bronceada, cuya identidad auto percibida es de “empresarios que dan trabajo”, gozan de todas las disculpas del caso para hacernos creer que tienen algún tipo de humanidad residual. Si la miseria era tener dos empanadas para tres, pero era una miseria digna, como decía Antonio Musicardi, el personaje de Esperando la Carroza que inmortalizó Luis Brandoni, hoy la miseria indigna es negar un 2% de las riquezas de más o menos 9000 contribuyentes. Como nadie hace la plata trabajando, según la certeza de otro Luis, Barrionuevo, ni siquiera seria impuesto o aporte. Apenas una expropiación en dosis homeopáticas de acumulaciones mal habidas. "Es por única vez porque se pretende alcanzar a aquellas personas que son titulares de grandes fortunas", explicó el autor del proyecto y titular de la comisión de Presupuesto, Carlos Heller, en su rol de miembro informante. También descartó que la iniciativa "estuviese pensada contra determinadas personas". "No es una confrontación entre los que más tienen y los que menos tienen", señaló. A su vez, Itai Hagman, uno de los diputados que más impulsó este aporte en Diputados, argumentó: "Mientras discutimos si los 10 mil millonarios más ricos de la Argentina tienen que hacer un aporte extraordinario tenemos 5 millones de niños y niñas bajo la línea de pobreza. ¿Cuál es el nivel de desigualdad que estamos dispuestos a tolerar?". Conocí a Itai en los tiempos de La Mella. Después pasaron cosas. Pero su pregunta tiene respuesta. Para las convicciones del Movimiento Nacional Chicos del Pueblo, y especialmente de uno de sus referentes, Alberto Morlachetti, la respuesta es: tolerancia cero. Más de 40 años luchando contra el crimen del hambre en la Argentina es evidencia suficiente. Si responden los libres del mundo empresarial es: todo lo que sea necesario para seguir dando trabajo esclavo. O sea: dos empanadas para tres personas. Este aporte solidario por única vez inaugura otra estrategia encubridora, mistificadora y mentirosa de la cultura represora. La solidaridad no es por ley del Congreso. La solidaridad no es por única vez. Solidario no se nace, escribió Mónica Sorín hace más de 40 años. Y solidario no se debate en leyes. Si es aporte o impuesto me importa nada. Pero si quiero afirmar, que de ningún modo es solidario. En el mejor de los casos, es egoísmo de clase contrariado. Tampoco demasiado. Como dicen los que lo proponen: apenas es un 2%. Les contesto: el problema del dinero es poco; el tema político es todo. A la derecha si algo le funciona bien son los reflejos de clase. Lamento que ciertos discursos y prácticas de resistencia estén navegando en la doctrina de “un poquito”. Un poquito de justicia social, un poquito de reforma agraria, un poquito de aumento, un poquito de soberanía política. De ésta muy pero muy poquito. Mientras tanto el repudio a los eructos oratorios de Soledad Acuña encubre que su jefe político es “el amigo Horacio”. O sea: el colesterol bueno. El colesterol malo tiene sabor a ingeniero. El “bueno” fue apoyado en múltiples desatinos por la bancada opositora en ciudad. Sin embargo, más allá de los aportes solidarios y los transportes de capitales, que algunos llaman fuga cuando en realidad es turismo financiero, la inflación se sigue llevando los laureles que supimos adquirir. Claudio Lozano, dirigente de Unidad Popular y Director del Banco Nación se refirió a la fórmula de movilidad jubilatoria y sostuvo que “resulta insólito que, en una economía inflacionaria como la argentina, no se incluya en una fórmula de movilidad la cuestión central: el aumento de los precios. Es el caso de la propuesta de movilidad jubilatoria que está en debate en el Congreso”. Obviamente, el pago de la estafa externa tiene una movilidad mucho mayor. Los precios de la soja tienen más movilidad aún con lo cual asistimos a la esperanza reaccionaria y feudal de “salvarnos con una cosecha”. El servicio solidaridad obligatorio será una de las tantas marcas de la infamia del capitalismo con el rostro humano de un salvaje caníbal. La mayoría trabajadora que por lo tanto nunca hará dinero, sabe de solidaridad sin leyes. Y de aportes por todas las veces que sea necesario. Esa es a mi criterio la grieta fundante. Que sigan bien separadas. No unamos en el cielo del relato represor lo que mujeres y hombres han separado para siempre en la tierra. Seguiremos luchando sin acatar leyes reaccionarias y obviamente, nunca será por única vez. Edición: 4121  

“La piba”, mujeres y sistema penal juvenil
Publicado: Martes, 01 Diciembre 2020 13:53
“La piba”, mujeres y sistema penal juvenil

Por Julián Axat (*) Fotos: Adriana Lestido   (APe).- “La piba”, le decían. Pero se llamaba Tatiana Ailén. Tenía 17 años y estaba embarazada de seis meses. Día y noche la encontraban en la parada de taxis del cine San Martín, de calle 7 y 50. Abría y cerraba la puerta de los taxis. En realidad se adelantaba a la manija, cada vez que llegaba un pasajero, y recibía unas monedas a cambio. Tenía un acuerdo de no molestar a los choferes de taxis, que la dejaban hacer porque les daba lástima, siempre y cuando no armara peleas o se pusiera borracha. Fue así como una tarde de 2009, la trajeron detenida y esposada a mi oficina. En una discusión acalorada con un taxista, le había clavado un cuchillo en plena calle, y el hombre estaba internado con neumotórax a punto de morir. Le imputaban tentativa de homicidio y temblaba como una hoja. Recuerdo que le pedí que se calme. Venía agitada de discutir con la policía y eso no le hacía nada bien a ella ni al bebé. Tragó aire y agua, y como si se desinflara de a poco fue largando su historia, hasta encontrar la confianza; un hablar más pausado, por momentos le entraba la angustia y lloraba. Se había criado en un barrio de las afueras de Ensenada, su mamá la había abandonado con los abuelos, y ella se la pasaba prácticamente en la calle. En algún momento sus abuelos se cansaron de buscarla, tuvo varias parejas, vivió con ellos. El último (a quien le atribuía ser el padre del bebé) la golpeaba mucho, así que decidió venirse a La Plata sin contarle nada a nadie. Primero a la estación de trenes, más tarde se fue acercando por la diagonal 80, al centro. Dormía en donde pintaba, a veces en un parador, otras en la plaza donde solía haber más pibes. Desde que se ganaba unas monedas en la parada de taxis la policía se la llevaba a la comisaría primera varias veces a la semana, le pedía que se volviera a Ensenada. La chicaneaban, insultaban, la trataban todo el tiempo de puta y chorra. Después la largaban. Decía que un policía todo el tiempo se le acercaba y le murmuraba piropos y se la quería levantar, que le ofrecía ser el padre de su hijo, pero después le decía malas palabras también, por momentos insultos y por otros le ofrecía cosas; según el día y según los policías que estuvieran allí al lado. Que la discusión con el taxista comenzó porque ella le dijo a un pasajero que le diera algo, y esta le dijo que era un “ortiva” porque no le daba nada. Con ese taxista la cosa venía mal desde hace rato, confiesa. Ya eran varias discusiones, entonces el tipo se bajó del auto y la empujó a los gritos diciéndole que se fuera, y ella tendió a sacar el tramontina que a veces lleva en el bolsillo y se lo clavó en el costado del cuerpo. Estaba desesperada, y todo el mundo se puso a gritar en ese momento. Los taxistas la rodearon y la querían linchar: “Piba hija de puta, te vamos a matar”, pero una mujer justo se interpuso y varias personas la agarraron fuerte protegiéndola hasta que vino la policía y se la llevó presa. Siempre en una comisaría. Esta era la primera vez que la llevaban al Palacio de Justicia. ***** El sistema penal para niños y adolescentes menores de 18 años está prácticamente hecho para los varones de los barrios pobres. Pocas veces son mujeres las que quedan judicializadas e ingresan-atraviesan los Centros e Institutos de encierro. Así, según un Informe de UNICEF (2015), de un total de 5701 jóvenes presos en todo el país, solo 329 eran mujeres. Es decir, un 5,8%. Estos valores se repiten año a año, y se reflejan en la estadística de la provincia de Buenos Aires: actualmente existe un total de 498 personas menores de edad institucionalizadas por motivos penales, de las cuales sólo 5 son mujeres. Esos casos son correspondientes a delitos muy graves (dato obtenido de la Agencia de Minoridad de la Provincia). Ahora bien, esos datos no representan necesariamente idéntica incidencia de los varones en la participación de los conflictos penales. O dicho de otro modo, no significan que las mujeres menores de edad tengan nula fricción con el sistema penal. El sistema policial capta y tensiona todo el tiempo sobre población femenina en los territorios, y lo hace conforme a la reproducción de todo tipo de violencia (verbal y física) basada en estereotipos machistas y patriarcales. La captura o detención se convierten en un resultado muy posterior (si es que ocurre un delito grave, flagrante o situación que lo amerite), donde previamente hay todo un hostigamiento que se transforma en cadenas violentas de circulación machistas, extorsiones y acosos, que preparan esos cuerpos para un posterior accionar judicial. Las pibas reciben, como los pibes, la violencia machista en forma de hostigamiento policial permanente. Que luego ello se traduzca en encarcelamiento efectivo, es saco de otro costal. El sistema policial es, sistemática y cuantitativamente, mucho más hostil con las mujeres que el sistema judicial, que es cualitativamente igual de hostil, pero sopesa con mayor rigor el tipo (cantidad) de hostilidad a la luz de las pruebas en el expediente.Para el sistema policial, mejor dejar las cosas a nivel comisaría (verdugueo, averiguación de identidad, falta contravencional, etc.). Llevar las cosas al palacio de justicia exigirá otros rigores. Porque pondrá a prueba su olfato. ***** La detención judicial de una mujer menor de edad, siempre dependerá de factores tales como: cantidad de prueba, la gravedad del hecho, el impacto público del hecho en juego, del tipo de víctima, del estado de vulnerabilidad de la mujer imputada, etc. De allí que sea posible conjeturar que el género sea una variable relevante para jueces o fiscales en el momento de decidir una prisión. Por lo que la proporción mucho más alta de encierro de los varones que las mujeres, es también un mecanismo de construcción y mantenimiento del estereotipo del cliente habitual del sistema penal juvenil patriarcal: varón, joven morocho de las periferias, mal vestido, mal hablado, rudo, rústico en los modos. Me refiero a las características de toda población juvenil presa en nuestras cárceles. Aunque de vez en cuando ocurra la detención de una piba y –de repente– el estereotipo patriarcal masculino se readecue a toda velocidad exportando todos sus adjetivos negativos al otro género: mujer, morocha, villera, chorra, mala, de las periferias (se le agrega: “puta”): mujer, menor, piba delincuente presa. Y cuando eso ocurre, claro que no se la pasa nada bien. Como no la pasó nada bien Tatiana Ailén, “la piba”, que estuvo encerrada varios meses y lloraba todo el día con su bebé en la panza. “A las chicas malas, siempre les pasa algo…” – ¡Adelante, que pase la joven!– dijo la señora jueza vestida con un tailleur color beige a la última moda, con un reciente corte de pelo, rodete perfecto y la tintura rubia que le había tapado unas pequeñas canas que vi asomarse en la última audiencia. – ¿Dígame su nombre, por favor? –y el rostro de “la piba” cambió de pronto, venía arrastrando las piernas por el pasillo, dolorido después del forcejeo con la policía. – Me llamo Tatiana Ailén Ochoa, y tengo 17 años, vivo en la calle…–apenas dijo como en un susurro... Pero la señora jueza lo dio por pronunciado, mientras la escrutaba científicamente; entonces pude advertir, por su mirada y por el clima imperante en la sala, algo muy distinto a la sororidad. – ¿Qué tiempo tiene de embarazo, señorita? –Y entonces, ante esta pregunta, “la piba” algo intuyó, y se agarró la panza como para protegerla de lo que podía venir. Durante la audiencia, Tatiana Ailén contó su historia a la jueza. Explicó cómo habían sucedido las cosas, que ella en ningún momento había querido matar a nadie, que sólo se defendió del ataque del taxista, que creyó que iba a golpear su panza y ella se defendió con ese cuchillo que llevaba “solo para defender a mi bebé”. Hablaron las asistentes sociales y la psicóloga del Cuerpo Técnico que expresaron su preocupación por el bebé en gestación. Por mi parte, solicité el cambio de carátula a lesiones graves y la excarcelación, pero me fue denegado por prematuro, en el entendimiento que el estado del taxista era delicado, y el caso podía pasar a homicidio de la noche a la mañana. La ausencia de su familia, la situación de calle, vulnerabilidad social, el estado del embarazo, y el grave estado de salud en el que se encontraba la víctima, fueron todos elementos determinantes a la hora de dictar la prisión preventiva de “La piba” Tatiana Ailén, quien fue inmediatamente trasladada por orden de la jueza de garantías del joven, a un Centro Cerrado, en el que ya había alojadas cuatro mujeres, con historias muy similares. ¿Buenas madres de familia? El lugar de la mujer en el sistema penal juvenil, es también el de las llamadas “buenas madres de familia”. Las llamadas damas de hierro, que por bondad de casta, esposas ejemplares y benefactoras (damas de la caridad), les ha sido otorgado el cargo de juezas, y componen históricamente el funcionariado de la justicia de menores de nuestro país. Las juezas de familia y de menores, cumplieron desde el Patronato de la Infancia en el siglo XIX un rol fundamental en la estructuración cultural del sistema basado en la piedad y en la beneficencia. Por lo que en su génesis, los modelos de violencia de la justicia de menores es, como en muchos países, el instalado por un perfil de juzgador reproductor de valores patriarcales: la mujer instituida en rol de hombre, que reproduce –a su vez– valores machistas de los hombres. Una mujer masculinizada que por el hecho de ser madre y juez, velando por la normalidad de la situación de los menores pobres, a quienes los padres –por esa condición de pobreza– no están en condición de criar. Y a los que hay que darles cauce a través de la Institucionalización; o bien, la entrega a otras familias –en guarda o adopción- familias que sí estarían en condiciones morales y materiales de hacerse cargo del niño. Juezas mujeres, buenas madres de familia que depositan a los niños y niñas, menores objeto de protección cuasi maternal, y sustituyen el desvío de las madres verdaderas que no están en condiciones de criar a sus hijos. La institucionalización de la infancia pobre como otra forma de la violencia patriarcal. Si bien hoy hay muchos hombres jueces, fiscales y defensores, como operadores del sistema judicial (los buenos padres de familia); eso no implica que la reproducción de este tipo de violencia patriarcal antes manipulado principalmente por mujeres, se siga reproduciendo. Desde la creación del sistema penal juvenil en 2009, el hecho de dejar atrás el Patronato e ingresar a un sistema procesal acusatorio de tipo moderno, o un sistema de derecho civil y de familia moderno, no impidió que ese resabio tutelar del patronato siga siendo un imaginario enquistado en sus prácticas. Muy a pesar de la Convención de los Derechos del Niño. Presas con ellos Padecientes, obstinadas, incondicionales, llenas de amor. Las mujeres verdaderas víctimas del sistema penal juvenil, son las madres de los pibes. Mujeres también presas. La maternidad de los pibes presos o muertos por la policía, es también el sistema violento machista y patriarcal que las condena, como mujeres y madres, a sufrir un calvario por el destino trágico de sus hijos. Como Antígonas, las “madres de los pibes” están, en cierta forma (así se sienten, lo he escuchado), presas con ellos. A pesar de todo, los siguen llevando en sus brazos. Y eso no se mide, esa cifra es invisible. Tampoco se ve. Traté con esas madres todo el tiempo. De sus tristezas infinitas, de su dolor cotidiano, de esa abnegación, aprendí muchísimo. Más que en cualquier facultad de derecho. Querer tener copia del expediente, leerlo, entenderlo, ser asesorada, cómo va la causa, cuando llega o falta para la condicional. Nunca las vi cansarse. Al pie del cañón. “Usted sabe doctor, mi hijo tarde o temprano va a salir, y yo voy a estar ahí”. En esa abnegación de madre, pienso en todas las madres de todos los pibes a los que defendí. Pienso en mis abuelas, las Madres de la Plaza. Pienso en la incansable Rosa Brú, en Raquel Wittis, en Sandra Cigarán, en Fernanda Nicora y en muchas otras a las que les han quitado el aliento y desgarrado el alma al arrancarles a sus hijos. Pero, a pesar de todo, siguen luchando. En el caso de Tatiana Ailén, su mamá no estaba allí. Nunca estuvo. No había nadie más que ella. Ella, en realidad, su propia madre. ***** Durante la detención tuvo a Franco, su bebé. Me dijo que le ponía así porque su abuelo se llamaba Franco. El parto fue normal, y por suerte todos estuvieron pendientes de ella, sin hacerla sentir más amenazada. Tatiana Ailén recuperó su libertad seis meses después de su detención, y lo hizo junto a Franco. Cuando el taxista se recuperó de la lesión, el cambio de carátula de tentativa de homicidio a lesiones graves, le permitió encontrar la salida, pero también dar con un lugar para su bebé. Siempre hay gente perdida dentro del sistema que, comprometida, colaboró con su situación. Lo hizo el municipio de Ensenada ingresándola al programa “Ellas Hacen” que le permitió acceder a un trabajo, y encontrar una solución habitacional. Hoy Tatiana Ailén, “la piba”, debe rondar los 28 años. Franco debe tener 11. Hace poco me enteré que tuvo dos hijos más, que trabaja en una cooperativa y que vive con su actual pareja en un barrio de Berisso. Si el taxista no se hubiera recuperado a tiempo, quizás la hubieran separado de Franco, o todavía estaría presa junto a su hijo, como muchas mujeres presas en cárceles de este país. (*) Julián Axat es escritor y abogado. Fue Defensor del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil. Nota publicada originalmente en El País Digital. Edición: 4128  

Maradona, Oesterheld...
Publicado: Viernes, 27 Noviembre 2020 15:28
Maradona, Oesterheld...

Por Alfredo Grande   (APe).- Singularidad en sistemas dinámicos y sociales, da cuenta de un contexto en el que un pequeño cambio puede causar un gran efecto. Maradona es una singularidad. Cambios pequeños en la dimensión de un genio, modifican el fundante de lo real y el horizonte de lo posible. Es un antes y un después. Esos grandes efectos se amplifican en la desorganización del acontecimiento. “Gambetear para ahuyentar la muerte y nacer nuevamente” según el credo Bersuit. La cultura represora trabaja sin prisa, sin pausa y con letal eficacia para esterilizar, para amputar, para mutilar la potencia revolucionaria del acontecimiento. El cristianismo del amor capturado por la cristiandad de la crueldad. La niñez doblegada por el garrote vil del hambre. La tradición reaccionaria, la familia patriarcal y la propiedad privada son los tres mosqueteros que custodian el santo grial que habilitan el ser para la muerte, el parir con dolor y el vivir sin placer. Maradona fue el que mejor gambeteó a la cultura represora. Atravesando su determinación de clase para llegar a esos cielos donde sólo las águilas se atreven. Tocó el cielo con los pies. Pero no solamente. Bajó el cielo a la tierra y entonces esa tierra tuvo la mejor alfombra donde podíamos caminar con un paso diferente. Alguna vez se hablará del “efecto Maradona” como la magia de la creación. El envés de la lógica cromañón, como organizadora de la destrucción. Siempre dije que el humor era una gambeta al represor. Las frases del Diego eran eso. El represor queda desnudo y haciendo todo tipo de ridículos. Hasta los humillados lo festejaban. Es penoso darse cuenta que formamos parte de aquello que rechazamos. De aquello que suponemos combatir. Y que aun venciendo, fracasamos porque usamos las mismas armas que nuestros enemigos. Es como ir al Casino para hacer saltar la banca. El casino siempre tiene revancha. Y la cultura represora capturó a Pelusa para intentar fabricar otra leyenda de un jinete sin cabeza. Pero el genio siguió gambeteando. Con los pobres de la tierra quiso su fútbol entregar. Y el sur de Italia tuvo su revancha napolitana. Y los magnates del foot ball tuvieron pesadillas donde sus privilegios de casta podían ser vulnerados por el guerrillero gambeteador de Fiorito. Un jugador definió a un importante club de la argentina como un cabaret. A nivel mundial, el foot ball está organizado como un mega prostíbulo. Y apareció entonces el poderoso caballero don dinero para poner las cosas en el lugar de la lujuria económica y financiera. La gambeta – negocio empezó a parasitar a la gambeta – creativa. No la eliminó. La potenció a una escala impensable y terminó siendo otro equivalente general del dinero. El beso de la mujer araña de la copa de oro Jules Rimet. Pareció el Diego de todos y todas. Pero ya era marca registrada de varias industrias. Incluso de algunas legales. El séquito de aduladores, parásitos, amicómplices, fueron legión. Defenestrados algunos, fueron rápida y mal reemplazados. Si para ocultar un elefante lo mejor es rodearlo de decenas de elefantes, para ocultar los errores, excesos, fallidos de un héroe gambeteador, el pasaje del ideal a la idealización es garantía asegurada. Humillar a los piratas ingleses con un acto de piratería fue ensalzado. No fue la mano de dios, sino las garras del diablo las que lograron que el genio gambeteador festejara un ilícito. Tanto es así que luego las piernas de dios gambetearon a 6 ingleses que, ahora sí, fueron humillados. La complicidad siniestra con la maquinaria genocida de la dictadura en los mundiales de 1978 y 1979 comenzó a olvidarse definitivamente. Como campeón mundial juvenil tuvo el premio al juego limpio y el balón de oro. Fiorito y Japón, un solo corazón. Luego pasaron cosas. La cultura represora contratacaba. Ningún imperio se rinde. Y la Federación Internacional, o sea la Corpo del Fútbol Mundial, clonó al Maradona de barro en Maradona de oro. Con la ayuda de aquellos y aquellas, pero más aquellos, que picoteaban desde algún lugar con el enorme negocio. Picoteo que terminó siendo enormes mordiscones. Para eso fue necesario que el operativo idealización funcionara a pleno. Cuando se da vuelta la taba, la idealización da paso a la absoluta denigración. Del oro puro a la chatarra. Pero como cigarra gambeteadora, lo mataron tan mal que siguió jugando. Y la leyenda pasó a ser crónica cotidiana. Como ateo que se persigna cuando pasa por una iglesia, el alucinatorio político y deportivo se construyó para quedarse. El núcleo de verdad siempre fue el guerrillero gambeteador. Pero ese núcleo de verdad fue arrasado, incluso traicionado. Por mucho más que treinta denarios. Fiorito, otro de los nombres que siguen señalando que las villas miseria siguen siendo américa, tuvo un nuevo bautismo. Dejó de ser una zona de penuria, de tristeza, de miseria, de hambre. El alucinatorio político social lo transformó en pesebre. Origen de un nuevo dios, que, en su poder absoluto, hasta podía mostrar su parte humana sin pudor alguno. Un semidiós era hijo de un dios y una humana. Un dios, como lo construyeron al Diego, evidencia lo que se denomina auto engendramiento. Es la absoluta singularidad. El origen se rinde ante el destino. El origen es una formalidad, ni siquiera necesaria. El destino es todo. Y el todo, que siempre es más que la suma de las partes, fue un todo que compactaba todas las partes. Fiorito y Dubái. Una biblia y un calefón. El endiosamiento - idealización de la humanidad gambeteadora, fue la bala de plata. Un culto desenfrenado al individualismo absoluto, donde el contexto quedó atrapado por el texto sagrado. Un nuevo manto sagrado quedó consagrado en la camiseta N° 10. Murió Dios. O sea: la paradoja final. Ningún dios muere. Al menos, al decir del poeta Horacio, nunca muere del todo. Un remanente de inmortalidad hay en toda humanidad. Pero ese remanente es otro absoluto en el caso de cualquier divinidad. “No puede ser que esté Diego en ese cajón”. El gambeteador de todas las tristezas, de todas las frustraciones, de todas las miserias, el creador de todas las alegrías, fue llorado. Tuvo una vida para ser festejada. Incluso en su remanente de humanidad desgarrada. Lo anticipó Bertold Brecht: “no es desgraciada la tierra que no tiene héroes, sino que es desgraciada porque los necesita”. La tierra necesita héroes. Para la cultura represora, en todas sus formas, desde las más salvajes a las más almibaradas, el paradigma del héroe es el individual. Un gran escritor, un revolucionario, Germán Oesterheld, enseñó en El Eternauta, la dimensión del héroe colectivo. La versión más políticamente cargada fue en 1969, con dibujos de Solano López, como en la obra original. El derrotero político y el trágico final de Oesterheld, secuestrado y asesinado como casi toda su familia por la dictadura genocida, la misma del mundial de todos de 1978, reforzaron una lectura de El Eternauta que interpretaba su contenido más allá del relato de ciencia ficción. Juan Salvo encarnaba, como su mismo creador lo sugirió más de una vez, al héroe colectivo que, lejos de la salida individual, buscaba mancomunar los esfuerzos de las personas para construir un frente común contra la amenaza externa. Si le damos a Maradona la categoría de héroe, no le amputemos la dimensión colectiva, política y social. Sería cortarle las piernas otra vez. No fue ni es ni será un dios. Endiosarlo es el seguidismo de la meritocracia impuesta por la cultura represora. Y desde cierta cultura de izquierdas, esta forma de pensar, sentir y presentar a Maradona está demasiado instalada. Héroe colectivo, colectivo de héroes -como alguna vez en una actividad en Mar del Plata me animé a plantear- o meritocracia divina. La idealización, la idolatría, siempre es la marca de la cultura represora. Y como tal, reaccionaria. Estoy seguro de que a esa cristalización obscena el Diego le hará una de sus maravillosas gambetas. Edición: 4126  

Anda una mariposa
Publicado: Jueves, 26 Noviembre 2020 15:44
Anda una mariposa

Por Silvana Melo   (APe).- Ayer andaba una mariposa negra con vivos amarillos en las alas. A metros del Riachuelo, en convivencia desquiciada con la impureza. Eran las dos de la tarde y se había muerto dios. No era un delirio de Nietzche. Era dios con el corazón explotado, cansado de resucitar. Era el dios antihéroe, no el todopoderoso. Como una suele imaginarse a dios cuando ve las pateras con 200 migrantes ahogándose en el mar, cuando los niños agonizan de hambre, balas, veneno y paco en un país hecho de pan. La mariposa negra con vivos amarillos cruzó estos pasos en una calle agobiada del conurbano. Muy cerca de Fiorito, donde nació cuando era un jesucito medio desnutrido, de canillas flacas y madre que no dormía de noche porque no sabía qué leche habría a la mañana siguiente. Con rodillas peladas y barro hasta la nuca porque en Fiorito cuando llueve no llueve, cae barro hasta la nuca. No sé si lo quise tanto por dios o por antihéroe. Por ser ese dios al que le salen mal las cosas. Que paga caro boconearle al poder y más caro todavía salir del pesebre villero para convertirse en el rico más rico y en el célebre más célebre, más aun que el dios torturado al que le competía en la cancha. Cuando las rabonas y los sombreritos y la magia extraordinaria –sin trucos, la real, la que no se desarma como el pañuelo con nudo- eran la infancia arrasadora de un pibe moreno y bello que no pudo aguantar tanto. Y buscó muletas por todas partes, anestesias para esa angustia por todos los nortes, sostenes para ese corazón tambaleante por todos los wines. De cinco años fue su reinado deslumbrante entre arcos. No más que eso. Pequeñísimo ante la extensa alfombra roja que el establishment le estiró a Messi. Una figura resbalada del marketing europeo, sin alma, sin pasión, sin el estallido rebelde que ayer explotó en el corazón de dios. Suelo estar blasfema con dios cuando me desarma el quicio. Lo he estado con él, el dios que murió ayer, en los últimos tiempos, cuando no le perdoné un par de cosas. Pero cuando la voz en la radio dijo falleció lloré como un río, como un desencaje del alma, como una catarata de suertes adversas que se juntan en la garganta. Ese jesucito de Fiorito fue más famoso que Jesús, le reclamó a Juan Pablo II el oro del vaticano, se le plantó a la mafia de la FIFA que ya tenía el componente argentino que parecía inmortal, se fue a curar a Cuba y enamoró a Fidel, se tatuó el Che en la pierna y en la lengua airada, cantó el alcarajo con Chávez, Kirchner, Lula y Evo mientras Bush planeaba invasiones a cien metros, tuvo una inteligencia desbordante que la cocaína y el alcohol le fueron recortando sin talarle la locura. Y fue siempre un niño. Hambriento de pan en Fiorito, de amigos en Nápoles –la camorra supo llenarle vacíos-, enfermo de soledad la mayor parte de sus días, famélico de mano honesta en su caída, triste, solitario y final cuando el corazón ejerció una piedad que nadie antes. Y le abrió las puertas para irse. Ese día de julio de 1994 lloré como ayer. Sin mariposa negra de vivos amarillos. El país era una ola de oscuridad, desempleo, destrucción y desesperanza. La utopía ya había pasado, como el tren que no regresaría. Ni siquiera se podía ir a buscarla. El sueño de 1986 era el sueño de la democracia, cuando creíamos en esa justicia que caía como de un tobogán para llenarnos de flores. En 1990 se había marchitado como esas flores en julio. Y dios lloraba porque la FIFA era uno de los detonadores de ese sueño. Además del FMI, el neoliberalismo y el mundo horriblemente globalizado. Ese día de julio de 1994 era una revancha. Para él y para todos. Se podía volver a ser feliz de su mano. Vencer a los monstruos y provocar, de un tirón, la salida del sol. Pero le cortaron las piernas. A él y a nosotros. Y ese día supe que la esperanza, así como la habíamos conocido, macerada entre todas las manos para hacerla fértil, subrepticia y fantástica, ya no volvería a ser. Y aquí estamos. Esperando que pase la mariposa, porque sabemos quién es. Porque dios, el antihéroe, aquel a quien le salen mal las cosas, no se va nunca. Simplemente porque estuvo acá, porque lo vimos nacer jesucito en el barro de la villa. Y lo vamos a esperar mariposa negra con vivos amarillos cada vez que se nos abisme la mañana. Edición: 4125    

Extractivismo social
Publicado: Miércoles, 25 Noviembre 2020 14:56
Extractivismo social

Por Claudia Rafael (APe).- La foto de los mellizos africanos depositados como objetos fallados en una comisaría bahiense es el espejo de las prácticas extractivas de la infancia olvidada desde los días de la conquista en adelante. En un movimiento de traspaso -en la figura de la adopción- de la niñez más pobre a las clases media y alta de la sociedad. En la historia que copó las noticias periodísticas y conmocionó a la sociedad, los mellizos tienen 6 años. La negritud de sus contextos era el escenario cotidiano de sus vidas hasta agosto pasado. Hablaban, en su Guinea Bissau natal, criollo portugués o alguna de las infinitas lenguas nativas de esa zona de Africa occidental. Las canciones de cuna sanaban desde otras armonías. Jugarían a juegos paridos milenariamente en sus tierras. De allí fueron arrancados y no hay, al menos por ahora, modo de saber cómo eran sus vidas previas. A un año y tres meses de aquellos días, fueron depositados como objetos fallados dispuestos para la devolución, en una comisaría de Bahía Blanca. De la caritativa concepción de arrancar la raíz del mal ideológico o del mal de la pobreza vaciando de hijos a determinadas familias, para entregarlos a otras “elegidas”, a esta suerte de turismo social por países olvidados de la tierra para regalarse souvenires humanos, hay apenas un par de centímetros de diferencia. La inequidad social está en la base de estas prácticas. Con mecánicas que varían para ese trasvasamiento de la infancia de los márgenes. Pero unas y otras suelen anular, casi por decreto, la historia y la mochila cultural de esa niñez. En una condena a borrar las memorias que sólo se pugnará por recuperar (demasiadas veces en una empresa imposible) en la más estricta soledad. Filosóficamente, las bases de la Argentina se asentaron sobre la apropiación histórica. Desde los días de Roca con la esclavización de niñas y niños de pueblos originarios para dotar de sirvientes a familias porteñas de clase alta a la extracción de hijas e hijos de inmigrantes anarquistas en las primeras décadas del siglo XX. Y, la incautación de los bebés o chicos de los desaparecidos durante la última dictadura, para expropiarles la historia, la militancia y la educación de sus vidas y ofrecerlos en un experimento ideológico a familias militares o conniventes con el régimen. La figura de la adopción suele ser la medida estándar y no una medida excepcional allí donde no hay otras alternativas. La primera ley de adopción en Argentina nació al compás del terremoto de San Juan pero los años la transformaron en una política de estado. Y esa política de estado derivó en prácticas sostenidas en el tiempo: en la actualidad –según lo declarado desde el mismo Estado por la Asesora General Tutelar, Yael Bendel,- “la mitad de los niños mayores de 8 años que fueron adoptados son devueltos". Y más allá de esa franja etaria, aseguró que son devueltos en total dos de cada diez. En un reconocimiento atroz de que son políticas falladas desde el origen pero que el Estado, en cada uno de sus estamentos, se empeña en sostener. Son niñas y niños forjados al fuego lento de las prácticas abandónicas. Tatuados por esa crueldad en una piel que se va haciendo más y más gruesa para esconder de un modo sostenido y definitivo la soledad. Que late con otro ritmo. Propio de la oscuridad que crece por dentro, que nubla las miradas y puebla de miedos las noches y los días. Edición: 4123    

¿Qué no se perdona?
Publicado: Jueves, 19 Noviembre 2020 23:09
¿Qué no se perdona?

Por Silvana Melo  (APe).- ¿Qué tumor sistémico se expande por las arterias sociales como la sangre aluvional? ¿Qué dentadura feroz se alimenta de niñas y a los 13 las considera enteras como para hacerlas víctimas de la apropiación de su cuerpo con cuatro puñaladas en la espalda? ¿Qué no se perdona a las mujeres chiquitas para ir a matarlas cuando son chiquitas y recién asoman a un mundo que las espera como boca de lobo, con los colmillos a su yugular? ¿Qué construcción social determina que una nena de 13 debe asumir la obediencia a un patriarca de 16 que asegura haberle escriturado ese presente que le disputa? ¿Qué esquinas no se habrán visto, qué recodos no se descubrieron, qué ochavas están tan oscuras como para no advertir, nadie vecino, nadie estado, nadie del mundo lindante, que una nena de 13 iba a sangrar para siempre aunque esté entubada tratando de parar la sangre apenas en su espalda? ¿Qué no percibieron de un chico de 16, fruto fresco del genoma social, que pudo estar desesperado por la pérdida de su objeto esa tarde de San Martín y Leyría en Azul? ¿Qué nadie vio? Para que esa tarde del martes 17 de noviembre de 2020 un adolescente de 16 quisiera sacrificar a quien consideraba su pertenencia. Que se había tomado la libertad de no querer estar con él. Como una osadía que los objetos no asumen. Ella intenta sobrevivir en el Hospital Materno Infantil Argentina Diego. El cayó en el infierno del Instituto de Menores Leopoldo Lugones. Los dos son una ampolla afiebrada en la piel de la sociedad. El futuro en la hoguera. Edición: 4120  

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Genocidio wichí

El médico Rodolfo Franco, de Misión Chaqueña (Salta) vuelve a denunciar la muerte de otro niño wichí, por deshidratación y desnutrición.


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A 9 años de la desaparición y aunque se logró llevar a juicio a los siete policías rionegrinos culpables del asesinato, tras lograr condena unánime a perpetua, a dos años del fallo, los asesinos están libres


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En el medio del juicio al policía Luis Chocobar por el crimen de Pablo Kukok, diputados de Juntos por el Cambio presentan la ley que lleva su nombre para legalizar el gatillo fácil.


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Se cumplen en este octubre de pandemia los 43 años de existencia de Abuelas de Plaza de Mayo. Una historia entera para buscar a las niñas y niños, ya mujeres y hombres, hijos de sus hijas e hijos desaparecidos.


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