Por Carlos del Frade

(APE).- Los explotadores de los recursos mineros de la América mestiza atraviesan la historia del continente.

Desde el cerro de Potosí cuyo oro y plata hasta sirvieron para bordear las calles de la ciudad boliviana y que garantizaban el exterminio del pueblo inca, hasta los socavones del profundo sur argentino, cinco siglos de dominio y saqueo están grabados en la crónica de la minería.

 

Por eso los grandes procesos de liberación, aquellas luchas que fueron los luminosos inicios de los sueños colectivos inconclusos también aparecieron a través de las mujeres y los hombres que eran esclavizados en las minas de todo el continente.

Fueron mineros los que siguieron a Túpac Amaru en sus primeros intentos de independencia y también venían de las entrañas de la tierra los que se levantaron en Chile y desde el cerro de Famatina contra las burguesías criollas en relaciones carnales con los empresarios del imperio británico.

América del Sur está plagada de conflictos por la intimidad de su tierra, por los secretos de sus cerros y montañas.

Cobre, salitre, oro, plata, carbón, no solamente son los nombres de los elementos que suelen encontrarse en las vísceras de la pacha mama sino también el nombre del objeto del deseo de los intereses minoritarios a lo largo de esos mismos cinco siglos.

Por eso no resulta extraño que los renovados intereses de los que explotan los recursos mineros del sur del mundo se arroguen el curioso derecho de prohibir el paso de todos aquellos que viven sobre las tierras del saqueo permanente.

Eduardo Aroca y Rubén Lasa, catamarqueños los dos, presentaron una denuncia ante la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación contra la empresa FMC Minera del Altiplano porque colocó un vallado metálico que aisló a toda una población y la separó de la escuela regional y la ruta provincial 43.

La empresa se dedica a explotar el litio en el llamado Salar del Hombre Muerto y decidió levantar su propio muro para que nadie moleste sus intereses. Por supuesto que nunca se le pasó por la cabeza las necesidades e intereses de los habitantes del lugar.

-...Grande fue nuestra sorpresa cuando delante nuestro se levanta un gran y alto cerco metálico con un portón de acceso, todo lo cual impedía nuestro paso. No teníamos alternativa alguna para pasar ni continuar hacia la ruta Nº 43 y luego hacia la Villa. (...) Luego de una larga espera nos atendió una voz inquiriéndonos sobre nuestros datos, sólo después de que los dimos el portón se abrió e ingresamos al predio con las identificaciones de FMC Minera del Altiplano. Hacia la izquierda, hay una pista de aterrizaje señalizada y a la derecha distintas instalaciones de la empresa -dice el texto de la denuncia.

El problema más grande es que, según los mapas oficiales, esas tierras no son de la empresa minera, sino del estado provincial.

La noticia sostiene que “el vallado iría a impedir el libre tránsito de los niños que concurren a la escuela del Salar, ubicada al oeste del establecimiento cercado que deben esperar a que les abran con temperaturas bajo cero aún en verano; también perjudicaría a los pobladores de la zona, quienes van a realizar sus tareas de campo cotidianamente; y también a personas de Catamarca, Salta, del país y del extranjero que llegan como turistas ‘y que deben pulsar un timbre y esperar pacientemente la autorización para pasar’”.

Como sucede desde hace siglos, las empresas mineras, gracias a la decidida voluntad de traición que exhiben los funcionarios locales, no solamente se quedan con las riquezas del pueblo, sino también con parte de sus vidas cotidianas.


Fuente de datos: Diario El Ancasti - Catamarca 05-12-05

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