Por Carlos del Frade

(APE).- Cada día mueren 35 mil chicos por causas evitables, dice el informe sobre el estado mundial de la infancia presentado por la Unicef.

El parte de la guerra contra los chicos no merece mayores comentarios.

El organismo muestra las consecuencias del deliberado Apocalipsis desatado contra los chicos: en el mundo mil millones de niños sobreviven bajo el umbral de la pobreza.

Después la noticia agrega un pedido formal, muy formal de la UNICEF.

 

Le recuerda a la comunidad internacional el compromiso de lograr los objetivos del milenio para el año 2015.

Esas metas son la reducción de la tasa de mortalidad infantil, asegurar la educación primaria y recortar a la mitad el porcentaje de personas que pasan hambre.

La UNICEF se ha convertido en un trabajador de prensa que no puede ir contra los intereses de sus dueños. Apenas puede denunciar las consecuencias y semblantear las causas.

Pero el 2015 está lejos. Muy lejos para los pibes del mundo en guerra contra ellos.

Es necesario, entonces, preguntarse por el mientras tanto.

¿Por qué solamente hay que soportar la descripción anual del campo global de batalla contra los pibes y nada más?

¿Qué habrá detrás de semejante guerra contra los chicos?

No se trata de la pobreza, sino de la riqueza.

No se trata de la muerte, sino de la vida.

¿Por qué se mata a los pibes?

Otros organismos internacionales también producen sus informes. Dicen las revistas económicas que nunca hubo tanta riqueza en el planeta concentrada en tan pocas manos.

Ellos son los que financian la guerra contra los pibes.

Los que también auspician a los organismos humanitarios internacionales para que, justamente, el sistema aparente venir de algo humano.

Ellos, los que convirtieron a la naturaleza y la vida en un simple medio para conquistar sus paraísos, necesitan perpetuar el presente.

Le resulta esencial para seguir de la misma manera.

De allí que matar a los pibes, entonces, es un imperativo del sistema que necesita avanzar sin reparos morales. O así parece.

La UNICEF informa la catástrofe anual.

El paso siguiente a la publicación es naturalizar los números del parte de guerra anual contra los chicos. De esa forma, las minorías eliminan la posibilidad de un futuro distinto.

Porque matar a los chicos es reducir el futuro. Manejarlo como se maneja el presente.

Y cuanto más natural resulten las cifras que dan cuenta de la masacre, más impune será el sistema.

Los partes de guerra mundial contra los chicos generan impotencia y esa es una de las trampas del sistema.

Será necesario otro sentimiento. Bronca, indignación, rebeldía, ganas de juntarse para detener la guerra o por lo menos ver bien quién es el enemigo de los chicos y hacer algo más que lamentarse.


Fuente de datos: Diario La Voz del Interior - Córdoba 15-12-05

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