Por Carlos del Frade


(APe).- En abril de 2013, Santa Fe, ciudad capital del segundo estado argentino, recordará los diez años del ingreso de las aguas del río Salado que se comieron la tercera parte de su geografía como consecuencia de varias desidias acumuladas, de distintas formas de corrupción.

 

Desde entonces, los sobrevivientes siguen pidiendo justicia, que los responsables políticos pasen por tribunales y expliquen los por qué de tanto desprecio, en especial, contra los habitantes de la castigada zona oeste.

La Carpa Negra de los inundados, la Marcha de las Antorchas y la asociación civil Inundaciones Nunca Más, son tres referencias de la lucha colectiva contra los diferentes modos que adquiere la impunidad.

Vecinas y vecinos marcados por el dolor de muchas ausencias, más por dentro que por fuera y que, sin embargo, son capaces de mostrar sensibilidad sobre los hechos que parece repetir la matriz de aquella inundación.

No es casualidad, entonces, que los insistentes buscadores de la justicia sobre los hacedores de la invasión de las aguas del Salado sean los que gritan por la suerte de los pibes en esos arrabales del mundo.

Dicen los voceros de INUMA que “hace pocos días en barrio Cabal, un barrio más del Oeste santafesino, dos niños, Luís Antonio Villalba de 11 años y Kevin Duarte de 7 años cuando se dirigían al comedor escolar en medio de la lluvia que castigaba la ciudad, pisaron un cable cortado del tendido eléctrico el cual había ya sufrido varias averías recientes y lejanas. Esta última también fue advertida por los vecinos como las anteriores. Desde las 9 de la mañana se hacían infructuosos llamados a la EPE para que procedieran a subsanar el peligro que corrían todos los vecinos que transitaban por el lugar dado que es la entrada asfaltada al barrio. Cualquiera que sale o entra en un día de tormenta transita por ella.Los dos niños cerca del mediodía pisaron el cable. El más grande de los hermanos murió y el más pequeño sigue hasta hoy luchando por su vida en el hospital Alassia”, apuntaron los resistentes.

Luis Antonio Villalba “es una víctima más de la pobreza en todos sus términos, como a su vez de la ineficiencia pública representada en una desidia invisible que recorre todos los servicios estatales cada vez que se producen tormentas de mayor o menor intensidad. Aquí ya no importa el carácter político del gobierno”, sostienen los integrantes de INUMA.

Esto se ha transformado en “una acción cotidiana e instalada como “normal” cuando en realidad su falta de respuesta es un delito como ocurre ante la muerte de Luís Antonio Villalba de solo 11 años murió yendo a comer a la escuela obligado por su pobreza. Murió porque el tendido eléctrico en su barrio se arregla con remiendos. Murió porque no respondieron a los llamados de auxilio. Murió en definitiva porque su mayor imprudencia fue ir a comer un día de lluvia, cuando arreciaba el agua, no sabiendo que el Estado solo atiende a los pobres después de que pasa el peligro. Primero los vigila, por eso la primera en llegar y auxiliar fue la policía. Mucho más tarde la ambulancia, y muchísimo más tarde, la EPE a remendar al matador: el cable cortado dado que el asesino, la ineficiencia estatal no puede ser hallada. Se presume que se mimetiza y se disfraza en un comunicado donde se decía que estaba todo solucionado. Lo único que no se soluciona es la vida condenada de antemano ante la muerte inútil. Murió otro niño en el oeste de esta capital”, termina diciendo el comunicado de prensa, verdadero testimonio de la continuidad de la pelea contra la naturalización de las injusticias que siempre llevan adelante los sobrevivientes de la inundación de 2003 y otras organizaciones sociales.

Porque la vida y la muerte de chiquitos como Luis Villalba demuestran, en definitiva, que la inundación parece ser permanente contra los sectores populares.


Fuente de datos:
Documento firmado por MEDH, MOI, CCC. ALDE, MST, Andamio, INNUMA, IEMA, ANUSATE Santa Fe.

 

 

 

 

Recién editado

Libros de APE