Por Silvana Melo

(APe).- ¿Y qué se les explicará cuando descubran, por pura experiencia, que el cianuro lixiviado contaminó ríos y napas y arruinó el abastecimiento de agua buena para pueblos enteros? ¿Qué les dirán después los docentes dispuestos a obedecer que se presten al discurso falaz de la megaminería sustentable? ¿Qué argumentarán los adultos cuando ellos descubran que queda la mitad de los pájaros de la cordillera, que los glaciares, reservorios eternos de agua dulce, empiezan a ser perforados por el ácido sulfúrico, que el agua tiene sabor a nafta y enciende como en Loma de la Lata?

Las mineras argentinas, una vez consolidada su victoria financiera con la quita de retenciones concedida por el gobierno, van por más: ahora inician la batalla cultural. La que comenzó en los medios para contrarrestar la lucha quijotesca de los pueblos por la vida.

Porque para ganarse el futuro es necesario pasar por la cabeza de los chicos, instalar el chip y allanarse el camino que Donald Trump empedró ayer, cuando retiró a los Estados Unidos de una lucha global contra el desastre climático. E hipotecó aún más el flaco porvenir del planeta.

Las mineras argentinas consolidaron su poder tentacular en el acuerdo con el gobierno nacional para reformar algunas currículas escolares: Esteban Bullrich y Juan José Aranguren (Educación y Energía y Minería) trabajan con los gerentes y megaempresarios en el nuevo Acuerdo Federal Minero. Uno de cuyos puntos será la modificación de contenidos escolares. De ahí a la reivindicación de la conquista del desierto y el desentierro del descubrimiento de América hay sólo un paso.

En este rincón de acá, por las vías agrestes de la cordillera, cada gramo de oro que se extrae en la mina Pascua Lama implica 389 litros de agua. Los contamina con cianuro –la lixiviación separa el oro de la roca rústica a través del veneno- y la devuelve, en forma de dique de cola, a la biodiversidad y al ecosistema para que nada ya sea como antes.

Porque el agua cianurada se derrama –bien lo saben los chicos que juegan a la orilla del Jáchal- y va a parar a las napas por descuidos empresariales. La Barrick prevé daños colaterales que supone menos perjudiciales para los pueblos aledaños a la mina que los puestos de trabajo golondrina y tan pasajeros como la explotación en sí misma. La bonanza engañosa suele durar hasta el agotamiento del yacimiento de oro. Después queda el veneno. El drenaje ácido, los agujeros lunares en la tierra, los cerros desaparecidos, los pájaros que ya no regresan, los ríos atravesados por metales pesados.

Por cada onza (28,34 gramos) de oro se generan 79 toneladas de desechos. Cuyo destino ignora el hombre y la mujer de a pie e ignorarán los chicos que pasen por las escuelas argentinas, a quienes se buscará disciplinar en concentración económica y devastación de recursos naturales con beneficio para dos. O tres.

Según la OMS los ciudadanos mundiales más privilegiados utilizan unos 80 litros de agua por día. En Veladero la Barrick dilapida 110 litros por segundo. El estudio propio de impacto ambiental para Pascua Lama, blanquea 215 por segundo. Si Agua Rica se pusiera en marcha consumiría 390 litros por segundo. Unos 34 millones por día. Lo que consumen los 15 mil pobladores de Andalgalá en poco menos de un mes.

Por eso las megamineras se instalan a la vera de los ríos y sobre los acuíferos. Consumen desaforadamente la escasa agua dulce que queda en el planeta. Y la devuelven contaminada. En Catamarca, la Alumbrera tiene un permiso de extracción de agua dulce de 1200 litros por segundo, es decir, 100 millones por día. Que bombea del acuífero Campo del Arenal. “Los residuos son almacenados en depósitos que terminan contaminando las aguas superficiales o subterráneas. También el aire, el suelo y la salud humana”.

Habrá que ser hábil para mentirles. Y con una carga venturosa de cinismo. Los chicos vienen con el futuro hasta las rodillas. Se les pondrá en las manos un mundo maltrecho, roto en sus selvas, seco de agua buena, cuarteado en venenos. Serán sobrevivientes. Recordarán a ministros y currículas obedientes cuando se estrellen con la realidad.

Mientras tanto habrá una muchedumbre anónima, sin títulos, ni poderes ni direcciones. Que será pertinaz en la verdad. Y por ahí andará el camino de la esperanza.

 

Fuentes:

--Las guerras del agua I y II – Elsa Bruzzone, Capital Intelectual.
--Los 15 mitos de la Megaminería (Colectivo Voces de Alerta – Maristella Svampa, Marcelo Giraud y Lucrecia Wagner entre otros).

Edición: 3362

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