Por Alfredo Grande

(APe).- Como psicoanalista tengo la deformación profesional de escuchar. Muchas veces repito textualmente y contextualmente lo que un paciente me dice, y su reacción es asombrosa. “Bueno, no es tan así”. Mi respuesta, en la supuesta que esté en mi juicio más sano es, palabras menos, palabras más: “No sé cómo es, pero sé cómo lo dijiste”. Cuando entre la palabra y la cosa no hay una grieta, si se me perdona el lugar común, la palabra nos lleva de la mano y de la lengua a la cosa. Pero esa “cosa”, esa escencia, ese fundante, debe ser rápidamente sepultado. Los muertos que vos matáis no siempre gozan de buena salud.

La ex presidente, Cristina Fernández, funda el espacio político y cultural del “cristinismo”. No del cristianismo, que ya está fundado hace miles de años. El cristinismo debuta (es un decir…) con una frase notable: “No vengo de un repollo”. Nadie en verdad, excepto el repollo. Pero un sujeto humano viene siempre de otros humanos. Sean humanos totales, padre, madre, o humanos parciales. O sea: inseminación artificial. Pero como dijo Pasteur: de la nada, nada viene.

La humanidad es resultado de linajes muy antiguos, iniciados al parecer por una mujer negra en algún lugar del África. Los que saben dicen que las pruebas están en el ARN mitocondrial. Bien: no venimos de un repollo. Eso queda claro. Lo que falta aclarar, y es importante hacerlo, es de dónde venimos. O sea: recuperar lo que el análisis institucional denomina la génesis social. Y agrego: la génesis política.

Si de cerca nadie es normal, si nadie resiste el archivo, si con un carpetazo podemos torcer voluntades y decisiones…entonces preferimos el cómodo escondite del repollo. Es mucho más fácil decir de dónde no, qué decir de dónde sí. Se me ocurre uno de los lugares de los que viene la fundadora del “cristinismo”. De la década maldita de los 90. Del seguidismo a Menem, ahora condenado por tráfico de armas. El mismo que con Cavallo anunciaron el “costo social del ajuste”. El mismo que con Dromi anunciaron que la “argentina estaba de rodillas”. El Menen que hizo explotar una ciudad, fue acompañada por muchos y muchas, a pesar de haber dicho que “si decía lo que iba a hacer no me votaban”. Y entre esas muchas y muchos, Néstor y Cristina Kirchner.

Ningún repollo, por cierto. De la inmundicia del liberalismo que sacó pecho al hundir a la Unión Soviética. Y escupió su pestífera hiel, plagio al himno nacional, al decir que habíamos llegado al fin de la historia. De ahí viene la ex presidenta. Y la verdad… es que me indigna. Porque negar el origen, hundir el pasado, es una coartada que no merecemos. Se espantan porque lo votaron a Macri, pero lo votaron a Menem dos veces. Antes de traicionar y después también. Y tienen la impunidad de criticar a la Alianza Anti Menem cuando ahora se hacen alianzas que apenas son pactos perversos y oportunistas.

El sábado estreno una obra de teatro. Yo no vengo de un repollo. Sí de un padre médico y dramaturgo y de una madre que tenía pensamiento crítico. Aunque nunca lo supo. Enrique y Monona. No sé bien adónde voy. Pero si me preguntan, no contestaré que no vengo de un repollo.

Y me siguieron pariendo las luchas, las protestas, los combates y no pocas quejas. No creo que me hayan matado muchas veces, quizá por no tener coraje de cigarra. Pero sobreviví a todas. Y seguiré escribiendo, atendiendo, actuando… y viviendo.

Pero eso sí: aleja de mí el repollo.

Edición: 3380

 

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