Por Alfredo Grande

(APe).- En un programa de televisión periodístico, de esos a los que jamás me invitarán, se escucha a una elegante diputada del espacio político de Sergio Amasa decir, palabras más, mohínes menos: “este gobierno ya se acabó: ahora hay que pensar para después del 10 de diciembre”. Faltó el “¿viste?”. Como tengo control remoto fácil, rápidamente cambié de canal.

Escuché a Ricardo Alfonsín, ante la pregunta sobre a quién votaría en un balotaje entre Kristina y Maurizio, responder: “el voto es secreto”. Manoteé el control y logré apagar al maldito smart. La saturación de opiniones, de análisis, de proyecciones, de profecías, de lamentos, de maldiciones, de yo no fui, de bueno fui pero no lo voy a hacer más, y varias formas de captura de la acción por el discurso.

El tema es que hablamos con palabras y pensamos con conceptos. Pensar es conceptualizar. No es difícil llegar al concepto. Tampoco es automático. Las escuelas de formación de cuadros eran dispositivos para poder pensar / conceptualizar a la sociedad, la economía, la historia, la política. Nadie respondía en esos tiempos: “yo en esa época no había nacido”.

En la actualidad de la cultura represora, sólo se habla de lo que se vivió o se vive. Es la profecía de la derecha hecha realidad. La función (represora) empieza cuando usted llega. En realidad, la función ya había comenzado muchos antes, siglos antes, y como las nuevas generaciones se empeñan en entender todo desde el presente, lamento decir que no entienden nada. O poco.

Por ejemplo: ¿Cuántos estudiantes conocen, leyeron, estudiaron, el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria? Hace 100 años y un poco que los estudiantes de la Casa de Trejo se rebelaron contra los mismos que hoy gerencian a los pañuelos celestes.

Conceptualizar la parábola que va desde la Reforma Universitaria de 1918 al Ni Una Menos es necesario. De lo contrario, la fragmentación del recuerdo de todas las luchas libertarias, implica la fragmentación de las prácticas necesarias.

La pornografía del macrismo, que no es lo mismo que decir la pornografía de Macri, descubre lo que el erotismo de la socialdemocracia encubre. Escuché hoy, lamentablemente tenía el control remoto lejos, a un mini empresario de una mini pyme alabar la unión de la protesta obrera con la empresaria. En ámbito.com de 2011 leemos: “El secretario general del gremio de empleados judiciales, Julio Piumato, reiteró el pedido de la CGT de debatir el proyecto de ley que establece el reparto de ganancias empresarias entre los trabajadores y acusó a los empresarios de no querer "cumplir" con la Carta Magna. A través de su cuenta oficial en Twitter, el diputado nacional recordó el artículo de la Constitución que consagra el reparto de utilidades y lanzó un llamado a sus compañeros parlamentarios para que se "garantice" ese derecho. "Artículo 14 bis de la Constitución Nacional: 'El trabajo...gozará de la protección de las leyes las que aseguraran al trabajador...participación en las ganancias de las empresas...”

Y es Julio Piumato, no René Salamanca o el gringo Tosco. Pero la lucha contra la pornografía liberal une aquello que siempre está separado: capital y trabajo. Macri llegó porque la matrix del consenso de clases sigue siendo el cuento de hadas del país burgués. Ni el Cambiemos, ni el Frente para la Victoria, fue pensado desde el fundante clasista de la sociedad. Hasta la ex presidenta señaló que las empresas se llevaban la plata en pala. Y los trabajadores en cucharita o en planes sociales.

Macri, no el macrismo, caerá por derecha. Aunque esa derecha ahora parezca izquierda. La privatización de las empresas del estado, las joyas de la abuela, nunca fue rescatada para las abuelas. Menos para sus nietos. Durante la década ganada la ley general de entidades financieras tuve leve maquillaje, pero leve. “La Ley de Entidades Financieras, puesta en vigencia por la dictadura militar en 1977 determina todavía el funcionamiento de los bancos y es uno de los ejes sobre los que se estructura el otorgamiento de créditos en la Argentina. La norma fue considerada por el economista Jorge Schvarzer como “el cambio estructural más importante” producido por la gestión del ex ministro de Economía José Martínez de Hoz. Su colega Eduardo Basualdo evaluó que la Reforma Financiera de la dictadura “fue la primera expresión institucional de un cambio radical en el enfoque de la política económica: la subordinación que tenía el sistema financiero respecto de la expansión de la economía real”. (Buenos Aires Económico).

Por supuesto que caído el maquillaje del estado de bienestar, el verdadero rostro del nazi capitalismo es insoportable. Las próximas elecciones serán un torneo de maquilladores. De fabricantes de máscaras. Una competencia de los mejores efectos especiales. Incluyendo el fraude electrónico y el manejo de la big data. Por eso, mal que le pese a la diputada del Frente Renovador No Innovador, nadie en su juicio sano puede recomendar esperar al 10 de diciembre de 2019.

No enfrentamos al hambre con una fecha de entrega de “pedidosya”. Niños y niñas hambreados y empobrecidos. Creo que ni siquiera tanto se perdió en la guerra. Más se perdió en la paz.

Antes de ayer, mientras almorzaba, un niño se acercó a mi mesa. El me miraba y yo miraba al mozo que quería echarlo. Todo lo que hice fue poco, muy poco. Ni siquiera mi aforismo de que la diferencia entre poco y nada es mucho sirvió para algo. Quizá el esbozo de una sonrisa mirando unos pesos y medio sándwich. Porque la necesidad no siempre tiene cara de hereje. En todo caso, los herejes somos nosotros.

Un Felipe Solá de candidato, aunque sea pre, apoyado por algunos movimientos sociales, es otra de las máscaras de la impunidad que el rito electoral permite. Los cobardes asesinatos de Darío y Maxi fueron una política de Estado. Nacional y Provincial. No negociamos esa sangre. Y denunciamos la sangre de quien pretende ser candidato, aunque sea pre. Desde ahora hasta las elecciones, tenemos que denunciar a todes los que buscan la impunidad electoral.

La Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil ya comenzó. Te lo aseguro, Felipe. No tendrás el voto fácil.

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