Por Alfredo Grande

(APe).- Territorio es todo espacio donde se ejerce un poder. Podemos tener tierra y no tener territorio. Porque las penas siguen siendo nuestras y las vaquitas son ajenas. Podemos tener territorio y no tener tierra. Ejercemos poder también en los vínculos La mayoría no tiene ni tierra ni territorio. La minoría tiene tierra y territorio. Gracias a una votación no constitucional, la empresa IRSA ejercerá poder sobre Costanera Sur. El barrio Rodrigo Bueno podrá seguir con su tierra, pero perderá territorio.

La dialéctica tierra - territorio es contexto y texto de las conquistas de todos los desiertos. Paradoja pragmática de la cultura represora. Si fuera desierto no habría que conquistarlo, apenas ocuparlo. Y no es desierto, no es conquista, sino masacre. Lo natural y lo humano pensado como recurso, es un viaje de ida. Que siempre empieza con los estandartes de las profecías heroicas, continúa con la crueldad instalada en la vida cotidiana, y termina con el denominado síndrome de estrés postraumático.

Los despiadados conquistadores sentirán el peso de las generaciones muertas como una pesadilla que oprimirá por siempre el cerebro de los sobrevivientes. Me permito parafrasear a Marx, para señalar que la subjetividad del represor, aunque pretenda inmunidad e impunidad, también es perforada por los recuerdos del presente y del pasado. Las diversas anestesias que la farmacología impone, intentan tapar con frazadas cortas atrocidades largas. En todo lo que vemos, hubo una vida que no vemos. En todo lo que está, acecha lo que alguna vez estuvo.

El mito de la casa embrujada da cuenta que el pasado siempre vuelve. Y cuando es desalojado de la peor manera, regresa buscando la venganza más justa y también más cruel. Algunos pocos consuman la venganza sin perder la ternura jamás. Pero son muy pocos. Los memes, que son los grafitis de la era digital, dan cuenta de la venganza de los carpinchos. Algunos recuerdan la historia de la masacre que comenzó con la conquista de los humedales para construir un barrio privadísimo, carísimo, totalmente distópico, un estado dentro del estado, una biopsia del primer mundo injertado en la indigna miseria de los patios traseros. La masacre y la acumulación originaria debía ser ocultada. Las ramas de la opulencia impedían ver las raíces del horror.

Mi padre siempre decía: “pobres animales”. Me recomendó leer “Miguel perro de circo” del escritor Jack London. Zoológicos, circos, diversas tracciones a sangre, cacerías, zafaris, mega granjas, feedlot.  Torturas de todo tipo que, a lo largo de la historia de la cultura represora, terminó aniquilando millones de años de evolución natural. La especie humana es omni destructora y encontró en la barbarie capitalista la solución final. Pero como actualmente se ha legitimado y legalizado, hay personas no humanas. Por lo tanto, los animales ya no son “cosas” sino también son “sujetos de derecho”.

Los carpinchos en su regreso de donde fueron expulsados y masacrados, están evidenciando que las personas no humanas son también sujetos políticos. Una forzada analogía me obliga, dulcemente obliga, a comparar a los carpinchos con los Chicos del Pueblo. Justamente porque la profecía fundadora del Movimiento Nacional Chicos del Pueblo fue el pasaje del sujeto de derecho al sujeto político.

Hoy es necesario tomar al regreso de los carpinchos como un analizador histórico. Más temprano, más tarde, así como los carpinchos pisaron nuevamente los humedales que ahora están asfaltados, los vencidos serán vencedores y los pueblos amarán a sus chicos, a sus viejos, a sus trabajadores.

Y entonces nos daremos cuenta de que la lucha que muchas y muchos traicionaron, es una lucha sin fin que inventará lo nuevo y volverá a descubrir lo eterno.

Sólo lo saben los que luchan.

Edición: 4374

 

 

 

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