Por Alfredo Grande

(APe).- En el piso del Palacio, se dibujan las líneas y cuadrados del juego. Cada dos años el diseño se repite. Cambian los nombres, aunque no todos. Algunos nombres son absolutamente desconocidos y otros son absolutamente conocidos. Las casillas superan ampliamente las 10. También, son frecuentes, casillas mezcladas en forma arbitraria, confusa, incluso totalmente contradictoria. Se denominan “casillas frentes electorales”. En los últimos tiempos, son la mayoría.

Las casillas que en un tiempo fueron totalmente hegemónicas, y que eran la de los denominados partidos políticos, hoy en retiro efectivo, si brillan, es solamente por su ausencia. Los saltos por las casillas y por las rayas que las separan, han sido reemplazadas por encuestas de opinión, saltos zigzagueantes de una casilla a otra. El orden numérico se hace confuso; la llegada frecuentemente es un nuevo punto de partida, y los que ganan no saben que ganan. Y los que pierden tampoco tienen idea de si realmente perdieron o si es un juego dentro del juego para que todos los jugadores pierdan.

En la última casilla la rayuela electoral evidencia su esencia. Los autodenominados representantes son replicantes. El triunfo de la profecía de Blade Runner en una escala nunca imaginada.

Algunos han imaginado una revisión del preámbulo de la Constitución Nacional. La redacción definitiva tendría el siguiente esbozo: “el pueblo no gobierna, no gobierna, no gobierna, ni delibera, ni delibera, ni delibera, sino a través de sus replicantes”. Entre el representante y el replicante no hay diferencia de forma. De apariencia. El “packaging” es similar. No hay forma de diferenciar entre el humano y el humanoide. Lo cual implica una nueva segmentación: el humano - humano y el humano- humanoide.

En muchos países los robots son considerados personas no humanas con personería jurídica. Y considerados sujetos de derechos. En poco tiempo los robots, los humanoides, ciborg, la inteligencia artificial en procesos de creación propia, podrán ejercer más y mejores derechos que la humanidad residual. Los experimentos actuales son prometedores.

Estas elecciones han sido el despliegue de una tecnología sofisticada, absolutamente al servicio de discursos y propuestas bizarras. Los que irán el domingo a jugar a la rayuela electoral suponen que eligen humanos. Desde ya, humanos quedan. En forma más o menos organizada, enfrentan a legiones de humanoides. Programados en dos sistemas operativos principales: el Frente de Todos para Nosotros y Juntos para el No cambio.

Niñas y niños que son los únicos que no solamente han perdido todos sus privilegios, sino que no consiguen ejercer ninguno de sus derechos, seguirán jugando. Para ellos, los humanoides, súper héroes, son más de lo mismo. Sabemos que, si el voto fuera por deseo, las mayorías mentirosas desaparecerían. Por eso la obligatoriedad es una estrategia de la cultura represora para darle carácter de representante a lo que apenas es un replicante.

No viven en una burbuja. Son burbujas cuidadosamente diseñadas en laboratorios de planificación de un mundo artificial. Lo que se denomina el soporte digital de la vida. No es virtualidad. Es una realidad alternativa y paralela donde reinan las plataformas digitales y los buscadores de información rigurosamente vigilada.

El alucinatorio político social que he descripto hace años pero que ahora tiene una dimensión imperial. Una de las tantas herencias malditas de la pandemia. Niñas y niños jugando a la rayuela. Lo verdadero sostenido desde los deseos, las ternuras, las alegrías. La verdad tramposa y perversa de la Rayuela Electoral nos vacía de poder al mismo tiempo que nos dice que lo estamos ejerciendo.

En la rayuela electoral, la última casilla es una construcción replicante que no solamente necesitamos entender, sino que, con la misma seriedad con que los niños juegan, deberemos destruir.

Edición: 4386

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