Por Bernardo Penoucos

(APe).- Pablo Ramos, novelista de Avellaneda, dice y cuenta que en la culminación de su infancia está el origen de la tristeza, de su tristeza, esa infancia que se le fue entre los trenes de la distancia cuando se enteró de que su amigo, su hermano, había sido asesinado antes de cumplir los dieciséis.

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Por Mercedes “Meche” Méndez (*)

Fotos: Pablo Piovano

 

(APe).- El fallo del tribunal de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, que sentenció que fumigar escuelas es delito y condenó a empresario fumigador, piloto y productor sojero a 18 meses de prisión, ha sido histórico y una enorme alegría. Pero los efectos del modelo transgénico puesto en marcha en 1996 tiene responsables políticos que en algún momento deberán responder judicialmente por semejante daño. Pero además, las autoridades sanitarias, los trabajadores de la salud y los médicos tenemos la responsabilidad ineludible de no mirar para otro lado ante semejante daño a la salud, de tenderle la mano a los damnificados, de defenderlos, de cobijarlos, de escucharlos, de asistirlos, de prevenirlos, de cuidarlos y sobre todo acompañarlos tamaña agresión.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Una declaración que se pretende universal es funcional a la cultura represora. Primero porque declara. Y al declarar, otorga existencia. Una forma de dar la vida. “Os declaro marido y mujer”. Lo que resulta curioso, ya que no lo declara hombre y esposa. La declaración del matrimonio sacramental otorga estatuto de marido para el hombre y de mujer para la mujer. O sea: empieza a ser mujer cuando está casada y así es declarada. ¿Tiene algo para declarar? al regresar de un viaje a Chile para no perder la adicción al hiperconsumo y superar la abstinencia que generan los precios descuidados. La declaración establece un estado de cosas. Declara una pertenencia, una existencia, una tenencia. El saberse tenedor y poseedor de determinadas virtudes, habilidades, deseos y derechos, nos bautiza con el más letal de los mandatos: obediencia ciega, muda y sorda a quien garantiza esas tenencias y pertenencias.

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Por Silvana Melo

(APe).- Tristeza nao tem fin… felicidade sim, canta Vinicius eternamente. Aun cuando la alegría estalla como una bengala en el cielo de los pueblos. Y dura lo que dura la luz que atraviesa un milímetro del mundo. La luz que fue Lionel Messi, emergiendo de su elite planetaria, del ceamse moral del fútbol argentino, del festival de negocios espurios que es la AFA, para ser el superhéroe que esperaban los pibes de Orán, los de Villa Gobernador Gálvez, los de José León Suárez, los de Fiorito, los de Caleta Olivia. Esos anónimos, atravesados por un futuro artero que los amenaza, arrinconados en los márgenes por un presente gerencial, que no entienden por qué su superhéroe (que en los días planos de la cotidianidad ha sido Benedetto o Scocco) abraza tan calurosamente a Chiqui Tapia y esquiva a Angelici. Pero sí entienden que con tres goles de ese mismo pie Argentina va a Rusia. Y todo lo demás pierde color, se agrisa, deja de importar.

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Por Bernardo Penoucos

(APe).- Javier tiene 35 años, se vino con su madre y sus muchos hermanos cuando gurí, cruzando el charco que separa el Uruguay de nuestra Patria que, según Artigas, es toda la misma. Se vinieron escapando de los golpes de su padre y de los golpes de la pobreza que en el otro país arrastraban, se vinieron para encontrar otro suelo de este lado del río pero ni de este lado les llovió, aunque sea una vez , la buena suerte. Vivieron y sobrevivieron en pensiones de Constitución, en casas prestadas y en hoteles despedazados, hasta que un día llegaron a La Boca.

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