Por Carlos Del Frade

   (APe).- La guerra de la triple infamia. Las burguesías argentina, brasileña y uruguaya contra el pueblo guaraní. El objetivo no fue elegido en el sur del mundo, sino en el centro del poder, en Gran Bretaña. La geografía de los confines debía ser lo que quisiera el norte. Nada de industrias ni mucho menos de autonomía política o económica. Paraguay, a su manera, había logrado educación pública sin analfabetos e incipiente industria. Una grosería para el imperio. Había que eliminarla. De allí vino la decisión. Destruir Paraguay. Entonces fue la guerra de la triple alianza, como dice la historia oficial de estos sitios cada vez más saqueados.

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Por Alfredo Grande
     (APe).- Viajar en subte es una experiencia religiosa. Si los designios de Dios son inescrutables, los designios de los metrodelegados y de la empresa metrovías no lo son menos. Es preferible perder el pasaporte que la Sube. No se venden boletos para un viaje, y menos para varios. Sube o No Viaja. No sé si será por la artritis que causaba cargar la Sube, como dijeron algunas veces los dueños de los viajes de los trabajadores, donde se juega la maldición del presentismo, ante la plaga de cualquier paro sorpresivo.

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Por Claudia Rafael
     (Ape).- Benjamín tenía cuatro años. Su muerte es la radiografía acabada de la crueldad. El punto exacto en el que la condición humana se desviste de su piel de cordero para asumir la del lobo que devorará a sus presas. Benjamín era apenas un niño. Un tucumanito que jugaba en la libertad que le concedía su entera vida, resumida en cuatro veces un año. En experiencias que no lo hicieron pisar la escuela. Ni correr una carrera en bicicleta ni enamorarse rabiosamente de la vida. Lo encontraron colgado bajo un puente. Mínimo. Pequeñísimo. Inexplicable su muerte minúscula y enorme. En la Tucumán pobre y diversa. Donde todos dicen todo. Que hubo detrás alguien del poder. Que fueron los narcos. Que era conocido. Que Ulises Benjamín Ayala, de apenas cuatro años, se fue con el asesino que lo invitaba a jugar debajo de ese puente. Un puente tucumano con nombre de hijo de dios. Y lo puso en la bandeja de la muerte amarrado a un cable que le despedazó los sentidos. Mientras una cola de más de veinte cuadras intentaba llegar a un empleo en un supermercado por ahí no más, en Yerba Buena.

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Por Carlos del Frade

(APe).- Hay que prestar atención a las palabras y los nombres. Hay que valorar el peso de cada uno de los vocablos. Amor en los nombres, muerte desbocada y poder económico siempre protegido. Amor, muerte y poder, la síntesis de la humanidad, como dicen los grandes escritores.

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Por Silvana Melo

(APe).- Los pibes saben quién es el enemigo. Lo sienten en la calle. En la espalda. En la panza. Las infancias saben quién las persigue. Y para qué. Saben quién les manda la gendarmería cuando murguean en la villa. Saben quién las saca del medio porque ensucian la esquina, afean el centro, manchan de hambre las luces de la fortuna. Saben quién les manda la policía y el paco. Quién los rodea con una eficaz estrategia de eliminación. Saben quién decide que la Argentina es un país libre y el que quiere andar armado que ande armado y que haya licencia para matar total los que mueren son siempre los mismos.

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