Por Silvana Melo
(APe).- Es un puñado de pibes desparramado por los campos de Baradero. Vecinos de cursos de agua subsidiarios del Paraná. Que pueden soñarse dueños del horizonte y de los amaneceres libres, como se han vendido las vidas rurales hasta que la agroindustria las convirtió en nubarrones espasmódicos de venenos que ensucian el cielo de los pájaros, los pulmones de los niños y el alimento de todos. En nombre de la rentabilidad extrema, los commodities de exportación y los combustibles agrarios. Cuando Paula, su maestra, los fue a ver –se extrañaban después de cien días- los encontró con puertas y ventanas cerradas en su paraíso natural de verde y sol. Y el olor de las derivas dejó en claro que las cuarentenas incluyen como esenciales a los envenenadores. Y cómo explicárselos a ellos.

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Por Claudia Rafael

(APe).- Los 18 años de Lucas Verón llegaron con el final de su vida. Fue la víctima número 21 de una lista de 20 varones y una mujer. De los 20, 12 tenían menos de 25 años. Y 12 también vivían en la provincia de Buenos Aires y fueron ejecutados por balas del Estado. Tres en Córdoba; dos, tanto en San Luis como en Tucumán y uno en CABA igual que en Jujuy. Lucas Verón estaba estrenando sus 18 en el conurbano profundo –en poblados cuyas calles también pisaba Luciano Arruga- y ya era madrugada de viernes cuando uno o dos de los policías que decidieron perseguirlo cuando iba a comprar gaseosas, lo atropellaron, le dispararon, lo asesinaron, intentaron dibujar la causa y se escaparon. El plomo sobre su cuerpo fue un plomo estatal.

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Por Carlos Del Frade

    (APe).- Miles y miles de personas, durante años, inician el peregrinaje por las oficinas del Banco Nación en cualquier ciudad de la enorme geografía argentina. Buscan un crédito para tener su casa o para otras urgencias que hacen a lo básico de la vida. No es un viaje sencillo ni rápido. Demora años.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Uno de los mejores amigos que tengo y, por esas cosas del destino tengo muchos, me dijo: “¡por favor, terminala con el ultrismo!”. Reflexionando el pedido, llegué a la conclusión preliminar de que estaba siendo clasificado como “ultra”. Y que el “ultrismo” es el padecer esperable de los “ultras”.

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Por Claudia Rafael

(APe).- Entre las bocas de fuego de la imagen hubo una mujer. Un ser humano. Y fue la vida misma apagándose entre las llamas en lo que fue su casa: tenía la escritura provisoria (hasta que los desalojadores compulsivos dijeran lo contrario) de un trozo de vereda con la autopista como techo. Alguien o algunos –la verdad nunca hace luz sobre los márgenes- la roció seguramente con algún líquido y la hizo arder. No hay identidad, no hay nombre y cuando lo hay nadie tiene la certeza de su verosimilitud. Después de todo, cuenta a APe Barby Alegre, de la organización Sopa de Letras, “hay quienes olvidan sus nombres después de hacerse de llamar de otra manera durante años. Y también hay quienes prefieren elegir el propio".

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