El desamor en tiempos del coronavirus
Publicado: Lunes, 06 Abril 2020 14:07
El desamor en tiempos del coronavirus

Por Ignacio Pizzo (*) (APe).- El Virus SARS-CoV2, más conocido como enfermedad COVID -19, parece tener lugar y fecha de nacimiento, las crónicas de una pandemia inesperada dirán que el foco inicial fue la ciudad de Wuhan, ubicada en China donde viven aproximadamente 11 millones de personas. El 30 de diciembre de 2019 Li Wen-liang, médico del Hospital Central de Wuhan, tomó nota de varios pacientes que evaluó, llamó la atención acerca de la existencia de un virus parecido al SARS, aquel que provocó una epidemia en 2003, y que estaba afectando a siete pacientes. Cuarentena mediante en el hospital y realizando un nexo epidemiológico, notó que dichas personas tenían en común que trabajaban en el mercado de pescados y mariscos de Huanan. La advertencia de este médico a sus colegas, despertó el interés de la Oficina de Seguridad Pública que sin dudar obligó a Li Wen-liang a firmar un “acuerdo” con el compromiso de no alterar el orden social al emitir falsos rumores de una nueva enfermedad. Li Wen-liang murió un mes después, infectado por Coronavirus en el hospital donde ejercía su profesión. El 20 de enero, China declaró la emergencia en Wuhan por el brote epidémico. Los acontecimientos que luego se suscitaron tal vez sean conocidos. Mediante un contador de infectados y fallecidos, medios digitales, televisivos, gráficos, radiales, redes sociales y mensajes de WhatsApp, siguen el segundo a segundo. Una melodía de una sola nota se toca al ritmo del nuevo coronavirus. Nadie quiere perder puntos de rating, las cifras son codiciadas como un botín al rojo vivo, en detrimento de información, reflexión y pensamiento crítico. La salud y las estadísticas son las mercancías del momento. El aislamiento social, preventivo, obligatorio y desigual decretado en Argentina, impracticable en los arrabales de la patria, donde las innumerables pandemias que no han sido transmitidas por cadena nacional nunca se detienen, comienza a tener fisuras. Mencionar como ejemplo la fila de ancianidades en los edificios bancarios, como paradoja irónica, sería una de esas obviedades al mejor estilo desagradable del convite televisivo. Las medidas de protección no están desacertadas, en eso coinciden profesionales propios y ajenos. Quizá poner manto de duda sería un pecado mortal so-pena de castigo físico y tormentos en el infierno. La realidad de no saber, es la verdad sobre la mesa. Aislarse, lavarse las manos, toser sobre el pliegue del codo. No más. Las epidemias en Argentina y el mundo traen consigo inmanentes, el miedo, el pánico, el revuelo. Hace poco más de un siglo, en 1871, Buenos Aires fue afectada por la epidemia de Fiebre amarilla, de la que hoy se sabe que es transmitida por un vector, el Aedes aegypti. Una Buenos Aires de aproximadamente 188.000 habitantes, fue devastada por esta peste. El saldo: alrededor de 18.000 muertes. La mirada de los llamados higienistas se dirigió hacia conventillos y casas de inquilinato. La memoria de la epidemia de fiebre amarilla de 1871 fue clave para la conformación de ese imaginario que asocia enfermedad, viviendas populares e inmigración. En noviembre de 1867, Enrique O’ Gorman había asumido la jefatura del Departamento General de Policía, iniciando un proceso de reformas institucionales. Ni bien asumió el nuevo jefe, una epidemia de cólera invadió Buenos Aires, dejando una cifra oficial de 1.580 muertos. Los médicos insistían con las medidas habituales de combate epidémico (control del puerto, cuarentenas, visitas domiciliarias, desinfecciones), pero percibían que los mecanismos públicos para la contención de enfermedades infecciosas estaban desbordados. Lo cierto es que cuando en enero de 1871 la policía detectó en San Telmo los primeros casos de fiebre amarilla, O’ Gorman informó al ministro de gobierno. La Municipalidad y el Consejo de Higiene mandaron a aislar la zona afectada. El presidente de la Municipalidad escribía: “en una reunión celebrada hoy por el Consejo de Higiene a pedido de la comisión municipal, que ha aconsejado insistentemente a ésta que proceda a hacer desalojar por los vecinos respectivos las manzanas infectadas y que se infestasen por la fiebre amarilla. Esos desalojos pueden los vecinos practicarlo voluntariamente, pero es de presumir que muchos de ellos la resistan, por lo que la comisión referida [...] pide se sirva manifestarle con la brevedad que las circunstancias requieren si para hacerlo efectivo en este caso puede emplear la fuerza pública”. El estado de excepción llegó para quedarse en las resistencias urbanas de la ciudad de Buenos Aires o del conurbano. Así como en 1871, las pertenencias de los pobres e inmigrantes alimentaban hogueras para espantar los males, mezcla de teoría miasmática con higienismo, el estado policial hoy se hace nuevamente presente y hasta hubo nostálgicos del estado de sitio. Dicha situación convive con los balcones alquilados o propios que se utilizan para aplaudir con sentimiento malvinero o mundialista. La teoría de estado de excepción bien descripta por Agamben, es inherente a la realidad palpable de cualquier periferia de sobrevivencia. La villa 21 24, por ejemplo, no escapa a esa teoría. Los Centros de Salud y Atención Comunitaria (CESAC), presente en los barrios para atención de cercanía de la población y pertenecientes a las áreas programáticas de los hospitales, también adhieren a la lógica. El desprecio por la vida se revela en la metodología del marketing, donde funcionarios disfrazados de funcionarios y con discursos de funcionarios, harán gala de la belleza de sus jurisdicciones. Sin embargo, si tenemos por caso el CESAC 8, frente a la parroquia Caacupé, centro histórico por su vínculo con la comunidad, veremos que su pequeña conformación edilicia y su provisión de insumos no son aptos y a su vez están muy por debajo de la cantidad requerida para la atención de pacientes. Potencialmente susceptibles de padecer una enfermedad respiratoria febril, son elementos que alejan la posibilidad de asistencia con calidad técnica, científica y acorde a poblaciones condenadas al desamparo y a los márgenes del contrato social. La barbarie del constructo sociopolítico que empuja el excedente demográfico a reductos donde cada tanto emerge algún servicio asistencial mediocre para contener el revuelo de los indeseados, no escatima en descaradas muestras de indiferencia y desprecio por la vida de quienes resisten en esos márgenes. Consultorios inapropiados para atención de personas con enfermedades respiratorias, camisolines que no son los recomendados como elementos de protección personal, pedidos de reutilización de barbijos, esperas de 3 a 5 horas de una ambulancia del SAME para el traslado de un paciente con sospecha de COVID-19, son complejas muestras reales de la inequidad brutal y cruel naturalizada por la masa social anestesiada. Pero con clara responsabilidad de enemigos visibles que ocupan cargos de decisión estatal con sus respectivos cómplices subalternos que firman el retaceo de recursos al pie del inventario, pero que cobran el sueldo a fin de mes. Así pacientes y trabajadores son desprotegidos y silenciados. Se firman notas que nunca llegan, pedidos que vacacionan en cajones de burócratas conversos y cada uno de ellos ejemplifica su aislamiento en la ciénaga de su computadora, mostrando las sonrisas familiares o las tortas de chocolates en hornos eléctricos o a gas en unos de los ambientes de la casa. Mientras para los del otro lado, recomiendan ya no el famoso y canchero “quédate en tu casa” sino “quédate en tu barrio”. El confinamiento y la rigurosa geografía de Buenos Aires o el Conurbano que hemos aceptado y al parecer no nos hemos decidido a cuestionar, no es coyuntura de la epidemia corriente, es previa a la percepción de la existencia del coronavirus. Pero nuestros cuerpos dóciles han desarrollado anticuerpos para evitar la indignación. El filósofo esloveno Slavoj Žižek publicó en Russia Today que “la propagación continua de la epidemia de coronavirus también ha desencadenado grandes epidemias de virus ideológicos que estaban latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías de conspiración paranoicas, explosiones de racismo. La necesidad médica fundamentada de cuarentenas encontró un eco en la presión ideológica para establecer fronteras claras y poner en cuarentena a los enemigos que representan una amenaza para nuestra identidad. Pero quizás otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”. Así al menos es preferible pensarlo y sentirlo, mientras estamos a la espera para albergar caricias de amor adolescente, cuentos de abuelas en camisón, mates compartidos entre fraternales abrazos, que haremos el esfuerzo de no olvidar mientras dure la cuarentena, para no cobijar el desamor de los tiempos del coronavirus sino lo contrario. Pintura: Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, Juan Manuel Blanes. Imagen de un hospital durante la epidemia de fiebre amarilla. (*) Ignacio Pizzo es médico generalista en Casa de los Niños de Avellaneda. Y en Cesac 8 (CABA) Edición: 3974 Fuentes1-Le Monde diplomatique, marzo 2020, edición Cono Sur, Mitos y verdades de la pandemia de coronavirus. Cuando las alarmas no sonaron. Federico Kukso, Periodista científico, miembro de la comisión directiva de la World Federation of Science Journalists.2-Médicos y policías durante la epidemia de fiebre amarilla (Buenos Aires, 1871). Diego Galeano. Licenciado en Sociología. Doctorando en Historia Social, Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil. Investigador del Departamento de Planificación y Políticas Públicas, Universidad Nacional de Lanús, Argentina.3-Sopa de Wuhan Autores: Giorgio Agamben, Slavoj Zizek, Jean Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey, Byung-Chul Han, Raúl Zibechi, María Galindo, Markus Gabriel, Gustavo Yañez González, Patricia Manrique y Paul B. Preciado. Editorial: ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio)

Movimientos en pandemia
Publicado: Jueves, 02 Abril 2020 22:32
Movimientos en pandemia

Por Raúl Zibechi, especial para APe (APe).- “Hay tiempos de luchar, hay tiempos de paz y de guerra, hay tiempos de epidemias”, explica Dilei en una comunicación por wasap. La militante del Movimiento Sin Tierra (MST) del estado de Paraíba, nordeste de Brasil, explica cómo están enfrentado la situación. En los campamentos y asentamientos decidieron que las personas no salgan ni entren, que no vayan a las ciudades y que se concentren en la salud y en la producción de alimentos. “La población va a necesitar mucha comida en los próximos tiempos”, asegura Dilei, por lo que el MST propondrá a los gobiernos que compren parte de su producción para abastecer hospitales y otras urgencias. En Pernambuco y en Maranhão, el MST reparte alimentos a la población que vive en la calle y en varios estados ofrece sus espacios como hospitales de campaña.Los movimientos de carácter rural, indígenas y campesinos, optaron por bloquear el ingreso de personas, ya que necesitan aislamiento para frenar los contagios. Las organizaciones que forman parte de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) decidieron el cierre de las comunidades y la activación de las guardias indígenas, la suspensión de las ferias y la elaboración de protocolos para enfrentar la pandemia. El autoaislamiento es un derecho de las 14 nacionalidades y 18 pueblos indígenas del Ecuador, como se reconoce en la Constitución y como están haciendo las comunidades. En el sur de Colombia, los cabildos que integran el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), tomaron medidas similares. El 27 de marzo del 2020, el cabildo indígena del pueblo Totoroez emitió una resolución por la que se restringe el paso a la población civil que venga de otros sectores, para “mantener la armonía física, mental y espiritual, previniendo la llegada y propagación de la pandemia covid -19”. En general, los pueblos originarios no necesitan de la policía para mantener el orden, ya que cuentan con sus guardias comunitarias.Se trata de un camino similar al que anunció el EZLN al cerrar los caracoles el 16 de marzo. En un comunicado que declara la “alerta roja”, llama a los cuidados sanitarios colectivos y pide “no perder el contacto humano” sino cambiar sus formas. En la zonas rurales de nuestra América Latina, campesinos y pueblos originarios y negros que tienen control territorial, pueden tomar la opción de cerrar sus espacios, sabiendo que tienen las condiciones para vivir durante cierto tiempo de la producción propia de alimentos, en algunos casos orgánicos, como están haciendo los zapatistas. El gran desafío para los movimientos, es la ciudad, donde se conjugan las diferencias de clase y el Estado está muy presente. No es lo mismo el encierro para las clases medias, en viviendas cómodas y acondicionadas para las cuatro estaciones, que en las casas precarias de los barrios populares, donde las familias viven hacinadas, con frío o calor extremos, sin saneamiento y con pocos alimentos. Las clases medias tienen un computador por persona; entre los más pobres, puede haber uno o ninguno. En Montevideo se han formado decenas de ollas populares en los barrios, entre 70 y cien, con aportes de los sindicatos y los vecinos. Algunos sindicatos llevan bandejas con comida y bolsas a los barrios, mientras otros buscan la instalación de ollas autogestionadas, de las cuales existen un puñado. Pablo Elizalde, del sindicato de judiciales, ensaya una reflexión lúcida, fruto de su vivencia estos días en los barrios más pobres: “Las políticas sociales provocaron la pérdida de los referentes barriales y ahora el único referente es la institución”. Pero la institución es fría, distante, sólo entiende de números, no es capaz de cuidar, no puede fraternizar. Desde la favela Maré, en Rio de Janeiro, Timo explica las dificultades para lavarse las manos en zonas donde no hay agua; donde no hay costumbre de consumir productos agroecológicos, que su pequeño grupo (Roça, que procesa cerveza artesanal y entrega canasta de productos orgánicos) se empeña en repartir a unas cuantas familias. “Las dinámicas de la favela para enfrentar una ocupación militar violenta o un virus, no son tan diferentes”, dice Timo del otro lado del teléfono. Ahora se suspendieron las ferias agroecológicas de los campesinos, con lo que todo se complica. Acordamos que una de las grandes dificultades son los varones, que se creen inmunes. Concluimos que cada varón es un pequeño Bolsonaro, autoritario, violento, que mira al resto desde arriba. En la Paz, la casa de Mujeres de Creando, “Virgen de los Deseos”, decidió abrir su espacio para 12 mujeres, niños y niñas bolivianas varados en la frontera para que hagan su cuarentena, señala la carta de María Galindo. En las ciudades argentinas los comedores (decenas de miles creados desde las parroquias hasta los movimientos populares) están desbordados. Uno siempre se fija en lo autónomo, que suele ser pequeño. En el barrio 12 de Julio, en la periferia de Córdoba, Yaya instaló un comedor “donde comen 33 niños con la colaboración del cura del barrio y los trasumantes (miembros del colectivo de educación popular Universidad Trashumante), para dar dos veces por semana unas 50 porciones”. Se sumaron carreros, que recogen cartón con sus carros, además de los que sacan escombro para revender, y el inmenso mundo del “cirujeo” (hurgadores que viven de los desperdicios). ¿Quién puede decirles que se queden en sus casas ante la pandemia? En las periferias urbanas de América Latina, la palabra “teletrabajo” no existe en su vocabulario. El Estado sólo contempla a los de abajo como un problema de orden público. La solidaridad entre los pobres es lo único. Por eso los “curas villeros” abrieron sus parroquias para convertirles en almacenes de alimentos y en comedores populares. El colectivo Pelota de Trapo, que vive con niños y niñas de la calle, entrega raciones para 200 chicos cada dos días, con recursos propios. Termino esta brevísima recorrida con la Organización Popular Francisco Villa de la Izquierda Independiente, de la Ciudad de México. Son nueve barrios/asentamientos, el mayor en Iztapalapa, La Polvorilla o Comunidad Acapatzingo, con 600 familias, y ocho más en varios distritos de la ciudad, con no menos de 50 familias cada uno. Cerraron los barrios, trabajan por comisiones y brigadas, elaboran cubre-bocas y desinfectantes, utilizan la radio y los periódicos para comunicarse y dar instrucciones sobre sanidad y autocuidados. Lo más importante, es que decidieron “seguir organizados”, sabiendo que sin organización los de abajo no somos nada. Están haciendo acopio de medicamentos y alimentos, montaron comedores comunitarios y atienden sobre todo a las personas más vulnerables. Mantienen sus huertos de cultivos (en plena ciudad), crearon espacios de aislamiento, promocionan comisiones infantiles y se proponen “trabajar nuestras emociones”. Saben que el agua es un problema básico, aunque en Acapatzingo tienen pozo propio y recogen agua de lluvia. Nada de esto lo leí en la web. Es fruto de intercambios y escuchas que seguirán en próximas entregas. Si tuviera que sintetizar, diría: las y los de abajo nos necesitamos para mantener nuestras comunidades en pie, que es el modo de sostener la vida. Comunidad y fraternidad son las caricias de los de abajos. Edición: 3970  

Malvinas, 38 x 38
Publicado: Jueves, 02 Abril 2020 21:44
Malvinas, 38 x 38

Por Carlos del Frade. (APe).- 1. Ciento ochenta y siete años atrás la bandera argentina tremoló en las Malvinas de la mano de trabajadores explotados. “Antonio Florencio Rivero había nacido en Arroyo de la China, provincia de Entre Ríos, el 27 de noviembre de 1808 y fue llevado a las islas para trabajar como peón por el gobernador Luis Vernet alrededor de 1827. 2. En la rebelión que restauró temporalmente nuestra soberanía (iniciada del 26 de agosto de 1833) lo acompañaron otros dos gauchos y cinco indios. Sus nombres eran: Juan Brassido, José María Luna, Manuel González, Luciano Flores, Felipe Zalazar, Manuel Latorre y Manuel Godoy. Pasaron a la historia como "Los ocho de Malvinas" y con justicia pueden ser considerados los primeros combatientes por nuestros derechos soberanos en el Atlántico Sur”, cuenta el periodista y escritor Armando Fernández. 3. “Las voces inglesas los acusan de delincuentes, los señalan como “indios y gauchos asesinos”, poco más que animales. Pero la historia argentina tampoco se ha puesto de acuerdo en cómo tratarlos. La academia ha cerrado la discusión creyendo a pie juntillas los expedientes británicos. Para el revisionismo, en cambio, Rivero fue el primer defensor de la soberanía nacional en las islas Malvinas”, escribe Hernán Brienza. 4. “Su nombre tiene los resabios del gusto a tierra del río Uruguay. Dicen quienes lo recuerdan que nació en ese caserío que ya no se llama Arroyo de la China cuando el año ocho amanecía. Sostienen también que en esos campos irregulares, victimizados por las crecientes inesperadas, se hizo diestro con el puñal: que allí aprendió a lacear, a domar y a bolear animales. Y allí aprendió también a hundir el acero en la carne. 5. No mucho más se sabe de él pero se intuyen su barba oscura, sus ojos indómitos, su coraje –apenas como unas ganas de matar- y las geografías de su destino: las islas del sur, la babilónica Londres y el promontorio de Obligado. Pocos sabían su nombre verdadero, Antonio, se llamaba. Quienes lo conocieron le decían, por su condición de pobre, el Gaucho Rivero. Y fue el hombre que, una mañana de agosto de 1833, les arrebató las islas Malvinas a los ingleses a fuerza de cuchillo e hizo que flameara la bandera azul y blanca en ese sur, que muchos pretendían que fuera de todos y ahora es de otros”, dice con belleza Hernán Brienza en su relato “Un mano de neblinas. Antonio el Gaucho Rivero”, en el libro “Valientes. Crónicas de coraje y patriotismo en la Argentina del siglo XIX”, publicado en el año 2010. 6. El 14 de abril de 1834, luego de más de tres meses de persecuciones y combates, Antonio Florencio Rivero resultó capturado por los británicos. Fue enviado a Londres y allí padeció los horrores de la siniestra prisión de Newgate. Entonces el valiente gaucho se encomendó a Dios. Pero otro sería su destino. 7. Seguramente por razones políticas, a los ingleses no les convenía convertirlo en mártir, llevarlo al cadalso y exacerbar de tal modo al pueblo y gobierno de Buenos Aires. Por consiguiente y en silencio, fue embarcado con destino al Río de la Plata. Según algunos historiadores, Rivero murió combatiendo contra la flota anglofrancesa en la Vuelta de Obligado el 20 de noviembre de 1845. 8. Por lo menos un treinta por ciento del total de soldados que pelearon en Malvinas, eran trabajadores del campo o provenientes de familias liadas al trabajo rural – dice el coronel Esteban Alberto Solís, jefe del departamento de Asuntos Civiles del Teatro de Operaciones Malvinas, en marzo de 1982, recuerda el periodista y escritor Roberto García Lerena en su muy buen trabajo, “Los peones de Malvinas”. 9. Un veinte por ciento de los soldados provenientes de las provincias de la Argentina interior como Corrientes, Chaco y Misiones, provenían de los pueblos originarios que habitaron la Argentina, es decir tenían sangre indígena corriendo por sus venas – apunta Pablo Vicente Córdoba, uno de los responsables de la Federación de Veteranos de Malvinas de Corrientes, señala también García Lerena. 10. Las cifras dicen, casi cuarenta años después, que 649 pibes murieron en aquella guerra, 323 en el hundimiento del crucero Belgrano y el resto en las islas combatiendo contra los ingleses apoyados por la logística de Estados Unidos. Y hubieron otros números: alrededor de 400 decidieron suicidarse porque en el país que aplauden a los veteranos de guerra los días 2 de abril y 20 de junio suelen olvidarse los restantes 363 días del año. Aunque ahora hay mejores pensiones y cobertura social y un reconocimiento pleno para los que combatieron entonces y lo hacen en el presente. 11. Pero el 2 de abril de 1982 comenzó el 12 de octubre de 1976. Malvinas empezó en Rosario. Ese día, el general Leopoldo Fortunato Galtieri reemplazó a Ramón Genaro Díaz Bessone como titular del Segundo Cuerpo de Ejército con jurisdicción sobre las provincias de Santa Fe, Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes y Entre Ríos. 12. Dijo Galtieri cuando asumió la comandancia del segundo cuerpo de Ejército en Rosario: "Soplan nuevos y bravíos huracanes en el mundo que también tocan a nuestra tierra. Otro tipo de lucha, no como la de antes, frente a frente, a la bayoneta o a la carga o al entrevero, otro tipo de lucha, en otro terreno que la Argentina, los argentinos y el ejército de hoy no buscó...A ello sumados el desorden, el caos y la corrupción. Ha cerrado un ciclo de 100 años y abre otro de esperanza de 100 años para la Nación y el pueblo argentinos..." 13. Galtieri, apoyado por los grandes empresarios e industriales de la región, comenzó a proyectar su futuro: ser el presidente militar de la apertura democrática. 14. Su primera idea fue construir un partido de cuadros con oficiales de la Organización Montoneros que venían siendo torturados en distintos centros clandestinos de detención del país. Para ello alquiló una casa quinta en Funes, propiedad de la familia Fedele, en agosto de 1977. 15. Hasta que en enero de 1978, Tulio Valenzuela -uno de los treinta “desaparecidos” que estaban en ese lugar- logró huir de sus captores en México y denunció la maniobra del general que había sido educado en la Escuela de las Américas. Aquel fue el final del primer camino imaginado por Galtieri pero no fue el cierre de su sueño. 16. En el año 1978, en abril, uno de los hombres claves de Galtieri en la provincia de Santa Fe, el coronel Pascual Guerrieri produjo el primer ingreso de un cargamento de cocaína desde Bolivia, según declaró otro integrante del segundo cuerpo, Gustavo Bueno, en la justicia federal brasileña, el 30 de noviembre de 2009: “…Sí, Guerrieri estaba vinculado al tráfico de cocaína. Estaba vinculado a Arce Gómez y García Meza. Había una interna en la época de elección de Galtieri, que desplazó a Viola. Había plata que trajeron de los cocacoleros de Bolivia. Tenía que liberar el norte de Argentina”. 17. Galtieri no solamente tuvo el apoyo de los grandes empresarios del sur de la provincia de Santa Fe sino también del narcoestado construido por las dictaduras de Banzer y García Meza. Quizás por eso Galtieri sostuvo, alguna vez: “En Bolivia yo decido a quién y cuándo poner en el poder y cuándo sacarlo”. Quizás por eso Pascual Guerrieri, el nexo entre ambas dictaduras, en uno de sus alegatos en los juicios de lesa humanidad llevados a cabo en Rosario, ofrecía sus servicios, su larga experiencia y preparación para combatir al narcotráfico. 18. En 1979, cuando asumió la comandancia del primer cuerpo de Ejército con asiento en la provincia de Buenos Aires, el ex jefe de la vida y la muerte en Rosario comenzó a cosechar los favores de las llamadas fuerzas vivas de la ciudad bañada por las aguas marrones del Paraná y de las otras grandes ciudades del litoral argentino. 19. Aquel apoyo fue fundamental para ganar la interna en el Partido Militar y ascender a la presidencia de la Nación reemplazando al general Roberto Eduardo Viola que, hacia 1975, también había estado al frente del Ejército con sede en Rosario. 20. Hacia fines de 1981, Galtieri retomó su proyecto. Para ser presidente de la apertura democrática debía llevar adelante su plan números dos, recuperar Malvinas. 21. El 2 de abril de 1982, la mayor parte de soldados que llegaron al sur provenía de las provincias del litoral, las mismas que había comandado durante su gestión. 22. Correntinos y santafesinos, en ese orden, pusieron sus cuerpos en beneficio de un proyecto corporativo y mafioso que no tenía nada que ver con los ideales sanmartinianos. 23. Los ciento sesenta y nueve desaparecidos que solamente produjo Galtieri en la zona del Gran Rosario entre 1976 y 1979, anticiparon los 649 soldados inmolados en Malvinas. 24. Aquella matanza realizada en la otrora ciudad industrial fue pagada por los grandes empresarios de la zona en el momento justo para que el general llegara a la Rosada. 25. Las bolsas de comercio, las asociaciones empresarias, Acindar, Celulosa, Duperial y los grandes medios de comunicación de las seis provincias del litoral tributaron influencias económicas y políticas apostando al futuro de Galtieri. Aquellos dirigentes, resumen de lo que se denomina “las fuerzas vivas de la sociedad rosarina”, son los mismos que aún hoy, en 2009, marcan el futuro de la región. 26. Malvinas empezó en Rosario. Consecuencia política de la apuesta de las minorías empresariales a lo que expresaba Galtieri: ganancias protegidas por centuriones y una sociedad obediente. 27. A mediados de los años noventa, cuando la mayoría de los muchachos que sobrevivieron a la guerra de Malvinas no encontraba trabajo ni todavía contaban con alguna pensión más o menos digna, un pibe rosarino decidió escribir -a su manera- el epílogo de esta historia en el mayor símbolo de la identidad de la ex ciudad obrera. 28. Sergio “Tachi” Paz era papá de cuatro hijos y no podía ni siquiera empatarle al fin de mes. Eran los tiempos del menemismo rubicundo, días en que la desocupación y la pobreza fueron multiplicadas por tres en la zona sur de la provincia de Santa Fe, cuando “Tachi” comenzó a caminar por la Peatonal Córdoba. 29. Llegó al Monumento a la Bandera, subió hasta el observatorio en la cúspide del denominado altar de la Patria y se tiró al vacío. Aquel que había puesto el cuerpo y el alma para defender una idea y un sentimiento de patria se inmolaba en el altar de la patria. Entre otras cosas, porque la mayoría de los intereses que manejaban aquella patria ni siquiera los reconocía. 30. Galtieri, mientras tanto, seguía gozando de los beneficios de los indultos menemistas y hasta el final de su vida no pasó zozobras económicas gracias a dos cuentas que tenía en Suiza cuyos fondos habían sido acumulados durante sus días de sangre y picana en Rosario. 31. El suicidio de Tachi Paz y la impunidad de Galtieri son las caras de una misma moneda, aquella que es manejada por las mismas fuerzas vivas de una ciudad que jamás debatió por qué tanto fervor y entusiasmo detrás de aquel general borracho y tanta indiferencia y desprecio para los que fueron a pelear al Sur. 32. Malvinas empezó en Rosario. El 2 de abril de 1982 tuvo su partida de nacimiento aquel 12 de octubre de 1976 cuando Galtieri asumió el comando del Segundo Cuerpo de Ejército. No se trata de una historia de individuos, sino de la permanente puja de los intereses de las minorías contra las mayorías. Recuperar Malvinas, entre otras cosas, es recuperar la memoria con nombres y apellidos en cada región de la Argentina. 33. En el año 2008, los medios de comunicación informaron del proyecto Compas, por el cual se presenta una nueva vacuna para prevenir infecciones que causa la bacteria del neumococo, como la otitis media y la neumonía. La vacuna es promovida por el laboratorio inglés GlaxoSmithKline y está en la fase final de prueba en niños sanos de esta provincia. Ya fueron vacunados 1.480 niños santiagueños y el objetivo fijado es llegar a 4.500. En el país, serán en total 17 mil chicos, ya que se contarán también a los de Mendoza y San Juan. Estos chicos son usados como cobayos previa aceptación de parte de sus padres en presencia de un supuesto testigo independiente. 34. "En vez de explicarle bien a los padres los potenciales riesgos que existen, los minimizan, para que la gente firme de una vez. Los conchaban, los presionan para que entren al programa", asegura Leandro Gamba, jefe de terapia intensiva del Hospital Eva Perón de la capital santiagueña. Por cada chico, el médico que convence a los padres recibe 350 dólares que vienen desde Europa, desde donde recibirán las vacunas. Una obscenidad si existiera la ética médica o sobreviviera aquello del juramento hipocrático. Aquí lo que sobra es la hipocresía más que es otra cosa. En total habrá cuatrocientos médicos, radiólogos y asistentes que trabajarán en la selección y captación de nenas y nenes de Santiago del Estero y Cuyo para que sirvan como si fueran animales de laboratorio para las multinacionales de los medicamentos. 35. En el año 2010, el estado nacional a través de la Administración Nacional de Medicamentos y Tecnologías multó a Glaxo por aquellas muertes: 500 mil pesos por casi dos decenas de chiquitos asesinados. Es decir un poco más de 25 mil pesos por la vida de cada nene. Una obscenidad. Pero si además se tiene en cuenta que la multinacional inglesa factura 2,5 millones de pesos diarios, quiere decir que solamente se le cobró la quinta parte de su facturación cada veinticuatro horas. Los ingleses hacen lo que quieren, no solamente en Malvinas, sino en el territorio continental. Habrá que pensar que las Malvinas son argentinas pero también la Argentina. Especialmente cuando repunta la inflación de discursos nacionalistas en cercanías del 2 de abril. 36. En el año 2019, ya sea mediante una participación del 100% como asociadas a terceros, las empresas británicas Shell, BP y Tullow Oil ganaron 7 áreas de las 18 licitadas, esto es, un 39% del total en la cuenca Oeste de las islas Malvinas para explotar sus recursos petrolíferos. Se trata de la mayor concentración de áreas ganadas por empresas privadas originarias de un solo país, en este caso, Reino Unido. El 16 de mayo de 2019, empresas privadas de petróleo de origen británico se alzaron con la mayor cantidad de áreas en esta primera ronda licitatoria en torno a la zona oeste de Malvinas. 37. La presencia inglesa está en la vida cotidiana de las grandes mayorías argentinas. En el continente, acá cerquita, no solamente en las islas. Metro Gas;Shell; British Petroleum; Unilever; Cadbury; Gaseosa Schweppes; jabones Dove.; Banco Patagonia; HSBC Bank Argentina S.A.; Standard Bank; Ditecar S.A.: Volvo, Jaguar, Land Rover; Lucas/Indiel Group (autopartes); Rover Cars Holding Dunlop: Bridgestone; Asociación Argentina de Cultura inglesa (empresa argentina, miembro de la Cámara de Comercio Argentino-británica); AstraZeneca: resultante de la fusión de la compañía sueca Astra AB y de la británica Zeneca Group PLC. AstraZeneca, en Argentina está dedicada fundamentalmente a la comercialización y distribución de especialidades farmacéuticas; GlaxoSmithKline; Baker & McKenzie; Minera La Alumbrera: Minera Alumbrera Limited; Falkland Oil & Gas; Antofagasta PLC y Nobleza Piccardo: miembro de British American Tobacco y de la Cámara de Comercio Argentino-británica. Marcas de cigarrillos: Lucky Strike; Camel; Parisiennes; Kool, Viceroy, Jockey, Derby. Otras marcas de cigarrillos comercializadas: Gitanes, Gold Leaf, 43/70, Winston y Conway. Cigarritos: Richmond. 38 años después de la recuperación de las islas Malvinas por la peor dictadura de la historia argentina es imprescindible reivindicar la memoria de los combatientes y la necesidad de seguir peleando por la construcción de un país donde seamos capaces de tener lo nuestro para desarrollar nuestros propios proyectos, aquellos que le den sentido a tanta sangre derramada por la independencia que todavía no es. Edición: 3971    

Tres sacrificios
Publicado: Miércoles, 01 Abril 2020 21:43
Tres sacrificios

Por Silvana Melo (APe).- A veces la vida es un laberinto con diez salidas donde siempre espera el Minotauro. Siempre una boca de lobo al final del camino, siempre dientes afilados sin alternativas. A veces la vida se disfraza de virus y se lleva a las niñas estragadas por sus propios padres o semipadres, inmoladas en castigo de sus madres, sacrificadas en el altar de los patriarcas de la cuarentena. Perros rabiosos de frustración, violentos contra el mundo descargados en los cuerpos de la cercanía, las mujeres que lotearon una vez y determinaron suyas. Y sus niñas, pertenencias vinculadas, laterales, pendientes.

Alen, sangre y luto
Publicado: Lunes, 30 Marzo 2020 13:28
Alen, sangre y luto

Por Carlos Del Frade     (APe).- Lo que es adentro, es afuera. Los días lunes 23 y martes 24 de marzo de 2020, cinco personas murieron en medio de levantamientos de presos en los penales de Coronda y Las Flores, en la provincia de Santa Fe. En medio de la pandemia del coronavirus, los presos, hacinados y mal alimentados, no tienen acceso al agua y están lejos de poder cumplir con el aislamiento obligatorio, preventivo y social. La mayoría de la población carcelaria, en Santa Fe y la Argentina en general, proviene de los sectores históricamente saqueados.Desde esos lugares en los mapas donde es difícil conseguir agua. Por algo hay un millón doscientos mil personas que no tienen acceso al agua en sus casas. Una de las cinco personas asesinadas era Alen Matías Miguel Montenegro, de solamente veintitrés años, barrabrava de Colón. Lo mataron de un tiro. Alguien le apuntó porque así le dijeron que lo hiciera. Ser de Colón es formar parte de una identidad colectiva que no hace mucho conmovió a todo el país futbolero con una movilización de cuarenta mil personas hasta el Paraguay para disputar la final de la Copa Sudamericana.Ser de Colón es tener conciencia de un pueblo sufrido, sabalero y que vibra al ritmo de “Los Palmeras”, cuando cantan “aé, aé, yo soy sabalero”. Alen, entonces, llegó a ser, con solamente veintitrés años, uno de los posibles líderes de la barra brava de ese sentimiento colectivo.Decían que Alen sería el sucesor del jefe de la barra, Juan Abel “Quique” Leiva, condenado a 30 años por el asesinato de Walter Montaner.Porque detrás del sentimiento hay enormes negocios que continúan en cualquier lugar. Lo que es adentro es afuera. El reclamo de los presos era claro: salud, cuidados, comida y mejor trato. Cuando les dijeron que había destinado dos pabellones para atender a los que pudieran ser infectados por el coronavirus, muchos sintieron que se convertirían en depósitos de muertos. Las visitas se habían cortado y tampoco ingresaban las drogas que consumen desde hace años. Días después de los cinco muertos, la Dirección de Sanidad del Servicio Penitenciario de la provincia de Santa Fe admitió que “la merma del ingreso de drogas a las cárceles alimenta la violencia interna”. Hay mil personas más en los penales santafesinos, dicen las voces oficiales. El hacinamiento es tan palpable como la falta de cuidados mínimos. El caso de Alen, en medio de esa protesta por mejores condiciones de detención, sin embargo, muestra otra arista de la vida de miles de pibas y pibes en la provincia de Santa Fe y la Argentina. La pelea por los territorios y el poder sobre los mismos, se da en las calles santafesinas y también sus cárceles. Una de las ideas que fluyeron en forma paralela a videos de terror es que detrás del legítimo reclamo por atención sanitaria, comida y excarcelaciones, existió un plan para dejar de lado a los opositores a la conducción histórica de la barra sabalera. Y una línea aún más rebuscada pero que llegó a muchas personas es que también hubo un grupo de personas que intentaron llegar al pabellón de los presos de mayor peligrosidad donde están los líderes de la banda de Los Monos, entre otros.Alen, en todo caso, vivió y murió muy rápido. Su pasión por los colores rojinegros lo llevó a acercarse al seductor show de la tribuna donde “Los de siempre”, como se autodenomina la barra. Después apareció el segundo plano. La vida cotidiana de los que conforman esas barras. La necesidad de vivir seis días cuando no hay fútbol. Ahí, en la cancha grande de la realidad santafesina, Alen encontró otros valores, otros códigos y la vida se le piantó muy antes de tiempo, como tantas pibas, como tantos pibes. Porque después del fuego y las cinco muertes, tanto en Coronda como en Las Flores, queda claro que lo pasa adentro, pasa afuera. Edición: 3967  

Sonríe, la cuarentena te ama
Publicado: Viernes, 03 Abril 2020 17:03
Sonríe, la cuarentena te ama

Por Alfredo Grande (APe).- La Argentina post Macri, que no era un virus, pero que generó una catástrofe de dimensiones mucho mayor que la actual, duró cuatro años. A pesar de todas las denuncias realizadas en su momento, no hubo cuarentena ni aislamiento político obligatorio, ni nadie fue a votar con barbijo. Sería interesante hacer la lista de los portadores sanos, los enfermos y los muertos que originó, al menos desde los 90, el virus neoliberal. Cada situación que no se pudo o, mejor dicho, no se quiso resolver, se la llamó “estructural”. También “núcleo duro”. La indigencia/pobreza de un 25 % antes de Macri, terminó en el 40 % al final de su mandato: haga patria, mate un pobre. Sin embargo, la clase política, sindical, empresarial, optó por el cumplimiento total de los 4 años. Obviamente, para que ese mandato de muerte fuera enfrentado era necesario que el pueblo pisara las calles nuevamente. Pero ya había un anticipo del aislamiento político obligatorio. Nunca más un 2001. Por eso pienso que el covid 19 es la continuación del macrismo por otros medios. Los comités de expertos piensan, aconsejan y el presidente decide. El pueblo aunque quiera saber de qué se trata, de la casa a la casa. Aunque no la tenga. Tardíamente aparece la idea del aislamiento barrial y comunitario. No deja de ser una trágica paradoja que aquellos y aquellas que se desayunan con pueblo, terminen cenando con liderazgos políticos y económicos. Algunos llaman a esto G 20. La epidemia/pandemia es una formidable lupa que en principio, pone en superficie los siniestros entramados del poder burgués. La cuarentena/ aislamiento es necesario. Pero también la grieta la atraviesa. Que poco y nada tiene que ver con la guerra de las vedettes ni los trolls de Marquitos el Terrible. La grieta es un eufemismo geográfico, para bautizar en lengua posmo chic, los abismos de clases. Ojalá fuera una grieta. Es un precipicio que no podés saltar porque caés inexorablemente. Algunos llaman a esto indigencia. Por lo tanto hay un aislamiento preventivo obligatorio para las clases medias para arriba, y para las clases medias para abajo hay un estado de sitio encubierto. En Mendoza un joven es reprimido, encarcelado por no cumplir el DNU 297. No sabía que para el hambre no hay un permiso que habilite la circulación. Su personalidad anti social y potencialmente subversiva, era vender verduras. Paolo Rocca apenas tiene que ganar menos. Pero siguen insistiendo en hablarles con el corazón. La clase empresarial no tiene corazón. La única víscera sensible, como decía el General, es el bolsillo. Obviamente, contestó con despidos. La misma situación de la plegaria y el rezo a la clase parasitaria de los capitalistas, se observa con las denominadas empresas de medicina prepaga. Esto es una identidad autopercibida porque apenas son seguros de salud. Yo era médico en el Hospital de Clínicas y vi el crecimiento neoplásico de Medicus. Tanto que empecé a referirme al Hospital universitario, como “Hospital de Clinicus”. Tendrían que haber tenido el mismo destino que las AFJP. Pero la historia la escriben los que vencen y los que vencen son los que pagan. O mejor dicho: los que cobran. Y porque cobran, tienen capacidad de lobby. O sea: de coima. Aldo Neri también participó en la elaboración del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) ideado por Domingo Liotta, secretario de Salud del tercer Gobierno de Juan Domingo Perón. El sistema fue aprobado por ley, pero sólo fue ejecutado en cuatro provincias, y sólo en Chaco y San Luis duró hasta el final del gobierno peronista. Y al igual que la constitución nacional de 1949, ningún gobierno de la democracia lo retomó. Por eso llegamos a lo que llegamos. Un asesor presidencial especializado en cuestiones cerebrales remata (sic) su spot publicitario diciendo: “no es por vos, es por todos”. Como siempre recomiendo cuando deseamos perforar la cultura represora, usemos la técnica de Jack. Destripemos el discurso. “No es por vos”. Caramba, debería serlo. Porque sin mí, el todos es abstracto. La expresión adecuada es: “es por vos y es por todos”. Y todes. Pero a confesión de parte, igual no hagamos relevo de prueba. La epidemia pone en superficie, amplifica, las infamias, los crímenes contra la humanidad de más de 40 años de dominación del pequeño, mediano y gran capital. Algunos llaman a esto democracia representativa. Es obvio que habrá cambios revolucionarios, que no es lo mismo que “la revolución”. Pero es un comienzo. Hoy tenemos viejos y viejas (adultos mayores me parece un eufemismo encubridor) que están haciendo filas de muchas cuadras. Cobrarán la limosna que los príncipes decidan. No pueden hacer cuarentena. No se pueden quedar en su casa. No pueden mantener el metro y medio de distancia. Y de facto han quebrado la cuarentena. Para intentar sostener su vida. Hace frío. Seguramente no están vacunados. Estoy convencido de que cooperativas de fleteros podrían hacer el reparto casa por casa. Habría problemas operativos, dirá un bicho canasto burocrático. Si bien la crisis es peligro y oportunidad, cada vez son más los peligros y menos las oportunidades. Vuelve a aflorar el fascismo de consorcio que describí en tres artículos en mi libro “Cultura represora: de la queja al combate” (ediciones APe). Discriminan a médicos, enfermeros, farmacéuticos en los edificios donde viven. Un efecto colateral del aislamiento obligatorio. Presentado como vacuna cuando apenas es un campo de refugiados versión propiedad horizontal. Sigo pensando que sólo el pueblo salvará al pueblo. Pero no cualquier pueblo, pero no cualquier salvación. Alberto Morlachetti proponía la pedagogía de los abrazos, de la ternura, de la niñez feliz, única garantía de adultos responsables. Hoy después de la multiplicidad de grietas consolidadas en democracia, la niñez no es feliz y los adultos sostienen las pedagogías de la crueldad. El aislamiento obligatorio logra el triunfo del aforismo represor: “ojos que no ven, corazón que no siente”. El aislamiento consagra el triunfo de los espacios cerrados, alambrados, vallados, atrincherados. Lo colectivo en retiro afectivo. Y efectivo. Pero mal que les pesen a los gerenciadores que transforman la vida en muerte, los colectivos autogestionarios renacerán. Serán la única garantía de que los días después de la pandemia no sean comprados por los jeques de las finanzas. Hoy son los únicos que siguen sosteniendo la dignidad de la vida. Lo colectivo de este lado de la grieta es una necesidad, pero ya ha engendrado el deseo. La fe es otro de los nombres del deseo. Construiremos “respiradores vinculares” porque sabemos que la culpa no la tiene el virus sino los que le dan de comer/contagiar. Culpables, copartícipes y cómplices de la destrucción de la vida no serán invitados a la lucha por otro mundo cada vez más posible, cada vez más necesario. Los poderosos sonríen porque la cuarentena los ama. Han inmovilizado la potencia transformadora de las masas. Nosotros sabemos que el amor de los demás, como enseñara Rosa Luxemburgo, prolonga el mío hasta el infinito. El virus pasará. Nosotros, los que tenemos la fe de mover la montaña de todos los capitalismos y de las diferentes formas de la cultura represora, nos quedaremos. Como nos enseñan nuestros hermanos de la tierra originaria. Nos quedamos. Y venceremos. Ahora y siempre. Edición: 3973

El abuso policial
Publicado: Jueves, 02 Abril 2020 22:30
El abuso policial

Por UTT (Unión de Trabajadores de la Tierra) (APe).- Los pequeños productores y productoras de alimento nos encontramos ante una situación de angustia, no sólo por la pandemia con la cual tenemos la enorme responsabilidad de continuar produciendo alimentos, sino también porque tenemos que sortear los acosos y abusos de las fuerzas de seguridad. Somos quienes alimentamos al pueblo frente a la cuarentena, y mientras la mayoría de la población debe permanecer en sus casas para frenar el virus, nuestra principal preocupación es cómo llegar a las quintas donde producimos, cómo compramos los insumos necesarios para seguir sembrando, cómo nos trasladamos a los almacenes de la UTT, cómo sí o sí salimos de madrugada a atender los animales o cómo compramos lo básico para nuestras familias sin tener que vivir toda clase de abusos, intimidaciones y hasta detenciones arbitrarias de las fuerzas de seguridad. Estas situaciones hoy ya son cotidianas en el cinturón hortícola de La Plata, en las cercanías de los mercados concentradores del Gran Bs. As., pero también en diferentes provincias. Ayer detuvieron por varias horas a un productor de la UTT en Pedro Luro, sur de Bs. As., por motivos absurdos. La discrecionalidad con la que uniformados y autoridades municipales interpretan, a su antojo y con todo tipo de variantes, las disposiciones del DNU 297/2020 son inadmisibles, como lo son también los Intendentes que aplican de manera unilateral el “toque de queda” de forma totalmente ilegal. Aportamos organizadamente para salir de esta pandemia, cada uno en esta sociedad juega un rol clave. La mayoría tiene que quedarse en casa y colaborar desde ese lugar para que esto pase lo más rápido posible, a nosotros nos toca la tarea esencial de producir los alimentos para la población. La emergencia sanitaria implica salir a trabajar con enormes cuidados, incluso enfrentando la posibilidad del contagio. La pandemia se está convirtiendo en una excusa más para el abuso de poder del aparato represivo del Estado sobre las personas más vulnerables y laburantes, mientras que al empresario que salió a pasear en lancha lo escoltan hasta la casa. Edición: 3972

El ADN securitario
Publicado: Martes, 31 Marzo 2020 18:17
El ADN securitario

Por Claudia Rafael (APe).- Los policías de Avellaneda Lucas González y Carlos Sosa utilizaron el poder de la fuerza para golpear y maltratar a un nene y una nena de 12 años, a escasos metros del Hospital Fiorito. Profesaron ambos la licencia para humillar ante la infancia más vulnerable y vulnerada. Y ejercieron la disciplina implacable para corrección de “los descarriados”. En este caso, un nene y una nena que pedían ayuda alimentaria en una avenida céntrica de la ciudad del conurbano. Es apenas una fotografía en el contexto de la necesaria cuarentena para evitar la propagación del Covid 19. Y que obliga a poner palabras y ubicar convenientemente sobre la mesa las piezas indispensables de una crisis sociosanitaria inédita que lleva a utilizar a fuerzas habituadas a ejercer un poderío que demasiadas veces hace anclaje en la crueldad para aplicar (en los viejos términos de Cabandié) correctivos sociales. Hay quienes caminan por cuerdas delgadísimas desde las que se pueden producir caídas estrepitosas y mortales. Tiene apenas algunas horas de parido el decreto 141/2020 que, con las firmas de Sergio Berni y Axel Kiciloff, unifica bajo un único mando policial (ya no civil) a las fuerzas distritales, comunales, locales, comando de patrulla y policía científica. Un Berni que en el contexto pre-cuarentena arengó a la fuerza policial desde los viejos preceptos de orden, subordinación y valor. Bajo la convicción de que en tiempos de excepción (de características inéditas para una vida bajo gobiernos elegidos) sólo una férrea práctica manodurista permitirá vencer a lo que –con términos belicistas- llaman un enemigo invisible. Las mismas fuerzas securitarias que hasta ayer nomás, eran observadas como los brazos armados para el control social y eran tantas veces denunciadas por prácticas de violencia estatal (no es necesario hacer un listado de ejemplos que ocuparían vastamente las páginas de un libro) hoy se transforman –por una necesidad imperiosa para frenar una pandemia- en la policía “del cuidado”. Claramente –y valgan sus nombres como paradigma- Lucas González y Carlos Sosa (hoy desafectados) no cuidaron al nene y a la nena urgidos de alimento en Avellaneda. Los despreciaron, los maltrataron, los humillaron. Muchos integrantes del múltiple abanico securitario, hoy referenciados en la Gendarmería, la Federal, la Prefectura o las policías provinciales, dejan al desnudo prácticas ancestrales. Aunque no hayan sido formateados dentro de sistemas políticos autoritarios. Pero esas prácticas persisten. Valga un ejemplo no humano: un perro crecido dentro de una casa, que jamás debió sobrevivir en contextos salvajes, sostiene la milenaria costumbre de enterrar un hueso en el patio. Hay una transmisión vía ADN que aparece en los momentos menos esperados y de las maneras más sorpresivas. ¿Es policía (puede ser reemplazado por gendarme o prefecto) de cuidado aquel que ejerce el milenario mecanismo de la humillación para quien no cumple la cuarentena (desde el pibe que trabaja en cualquiera de las aplicaciones para mandados a la trabajadora gastronómica chubutense o el nene y la nena de Avellaneda)? ¿Es policía de cuidado aquel que en Orán, Salta, detuvo a 14 vecinos y los obligó a hacer lagartijas y flexiones de brazos y los que no lo hacían correctamente eran golpeados con un garrote en la espalda? ¿Lo es acaso el policía pampeano que baleó a un joven que había ido a comprar el pan? Una vez más: ¿son policías, gendarmes o prefectos de cuidado quienes en el partido de San Martín (Gran Buenos Aires) obligaron a jóvenes demorados a “bailar” (estilo antiguo colimba) mientras les hacían cantar el himno nacional? ¿Lo es acaso aquel grupo de policías que demoró a una trabajadora gastronómica en Puerto Madryn “la hacen pasar a un baño, le indican que se coloque contra la pared para palparla, luego de manera prepotente le indican que se saque toda la ropa, quedando completamente desnuda, y que realice sentadillas”? ¿Entran en la categoría de fuerzas de seguridad de cuidado los gendarmes que en las calles de La Matanza (el distrito del conurbano donde la policía desapareció y asesinó a Luciano Arruga en 2009 por negarse a robar para ella) armaron una puesta en escena aterradora? Vale la pena la descripción de ese episodio: Desde un patrullero hacían sonar un audio en el que una voz de mujer decía “¡Esto no es una prueba! Este es un sistema de transmisiones de emergencia anunciando el inicio de la depuración anual, sancionada por el gobierno”. Después se escuchaba desde el megáfono: “Al sonar la sirena todos los delitos, incluido el asesinato, serán legales durante 12 horas continuas. Los servicios policiales, de bomberos y médicos de emergencia no estarán disponibles hasta mañana a las siete de la mañana, al concluir la depuración”. Y como cierre (todo extraído del audio de una película llamada “La purga” que un vecino reconoció e hizo una denuncia) la voz –previa sirena final- decía: “¡Benditos sean los nuevos padres de la Patria y nuestro país, una nación renacida! Que Dios esté con ustedes”. Lo que algunos llamarán excesos y que históricamente los familiares de sus víctimas llamarán parte del adn securitario tiene una marca de clase que se observa en el modo en que los portadores del poder de control se dirigen hacia los propietarios de la nada misma. Como decíamos en esta Agencia exactamente 3 años atrás “no es el mismo allanamiento en la torre Le Parc y en la Rodrigo Bueno. No es el mismo cacheo en Plaza Alsina que en Villa Tranquila. No es el mismo megaoperativo en la Villa 20 que en Puerto Madero”. Y también hay una cuestión de clase en la reacción de megaempresarios que violaron la cuarentena y que respondieron a policías y a empleados de seguridad con un clásico “negro de mierda, no sos quién para decirme qué hacer y qué no”. Pero hay otro adn securitario que excede a las fuerzas de seguridad. Y que imbuye de lleno a muchos buenos y buenas vecinas que se nutren de un espíritu vigilante que no se puede tomar como sinónimo de cuidado social colectivo. Las secuelas que acarreará esta pandemia en tiempos pos cuarentenales no serán menores. Y para minimizarlas habrá que abonar las redes sociales (no se lea esto como redes virtuales) que resultan imprescindibles para el cuidado común. Común en el sentido de comunidad. Porque tal como se veía con desnuda claridad en la película I como Icaro la condición humana puede llegar a extremos de una peligrosidad imbatible. El film (Henri Verneuil, 1979, protagonizada por Ives Montand) pone a prueba el concepto de obediencia debida y lleva al límite de lo ético para exponer hasta dónde es capaz de llegar el ser humano en el ejercicio de la crueldad. La humanidad hoy está en peligro. Pero ese peligro no deviene exclusivamente de la propagación de un virus de alto grado de contagio. Sino de algunos de sus efectos más feroces. Como plantea el periodista e investigador científico David Quammen, el mismo que en 2012 predijo esta pandemia (en una nota publicada originalmente en el diario italiano Il Manifesto y traducida en Argentina por la revista Mu) “tenemos que tener mucho cuidado de que el distanciamiento social no conduzca al distanciamiento emocional y que comencemos a mirar a la otra persona como una amenaza o un enemigo. Manténgase saludable, haga el distanciamiento social y lo superaremos. Pero me parece que el miedo a la otra persona es algo de lo que tenemos que tener mucho cuidado o enfermará nuestra cultura y nuestras sociedades tanto como este virus”. Es imprescindible recuperar el sentido de lo social y de lo colectivo aún a pesar de la cuarentena. No dejar de dimensionar que más allá de los muros de cada casa, de cada casilla, de cada pasillo, de cada avenida, de cada edificio hay otros y otras que también temen no necesariamente al otro o la otra sino a la incapacidad colectiva de seguir apostando contra viento, pandemia y marea a la vida en comunidad. Edición: 3968

Cuarentena wichí
Publicado: Jueves, 26 Marzo 2020 22:21
Cuarentena wichí

Por Silvana MeloFotos: Ronaldo Schemidt - AFP      (APe).- Nosotros vivimos en una bolsa de sufrimiento, dice Rosa Rodríguez, docente bilingüe wichí. Y mira con los niños de Carboncito a la gente vestida de astronauta en los hospitales de Europa, que asoma de las pantallas de los celulares. Ellos, que viven al aire libre, como ella lo define. En una intemperie armada por el agronegocio que les pasó la tala por los montes y los dejó desnudos para el hambre y las pestes del mundo. Les hablan de pandemia y de aislamiento. Ellos se mueren con la constancia de la gota que cae de la canilla. En Santa Victoria Este murió hace dos días el niño número quince, según cuenta a APe el doctor Rodolfo Franco, desde Misión Chaqueña. En las puertas de las comunidades ellos se acantonan para que no entre el virus. Es que tampoco hay árboles que lo atajen. Quieren cerrar los caminos. Pero entonces tampoco entrará el alimento. Y no hay dónde huir, como hacían los antepasados –recuerda Rosa- cuando vino la fiebre amarilla. “Escapaban de la enfermedad en el monte”. Y no los encontraba.  “Nosotros hablamos en la familia, con amigos, en la comunidad… para nosotros la palabra epidemia la tenemos instalada hace mucho tiempo, a nosotros nos mata el hambre, la falta de agua, de recursos económicos”, dice Rosa a esta agencia y su voz mantiene el sosiego provinciano. “Las personas tienen una enfermedad incurable y no tienen medicamentos, tienen cáncer y se mueren por eso; es la pobreza y la vulnerabilidad ante tantas situaciones, dentro o fuera de la comunidad”. “Acá tenemos muchos otros peligros primero. Tenemos el peligro de la desnutrición, la anemia, la tuberculosis, que son más urgentes que el coronavirus. Más de todos los días. Al coronavirus lo vemos como algo lejano que puede ocurrir en Embarcación, a 50 km, que aún no se ha dado y esperemos no se dé. Porque en Embarcación también vive mucha población originaria, muchos wichís, muchos tobas y guaraníes y ojalá no llegue” y mira al cielo por las dudas el doctor Rodolfo Franco desde Misión Chaqueña. Pero tiene bien claro que “haría desastres si apareciera” en las comunidades. “Eso del aislamiento que manda el gobierno para nosotros es sufrir más todavía –dice Rosa- pero la gente en su mayoría es consciente de que no tiene que salir porque ven en la tele que en otros países se están muriendo por esa enfermedad que es el coronavirus”. Entonces “el otro tema que se habla en Carboncito es que hay gente que viene de Orán a traer mercadería y allí se escuchó que hay casos ya”. Orán queda a 70 kilómetros de la comunidad. “Y hay gente que viene a vender. El temor es ése. Hay gente que está pensando en ir y cortar el acceso de vehículos a la comunidad. Y si el virus entra colado en ese vehículo y lo traen para acá…” Entonces “los que se van a morir son los más pobres” y Rosa recuerda a su abuelo relatándole las tragedias de la fiebre amarilla: “cuando había una epidemia la gente dejaba al que le agarraba y huía al monte para escapar de la enfermedad”. Pero ahora “ya no tenemos ni monte. Ya no tenemos refugio. Estamos expuestos al aire libre, no hay nada que nos proteja, no tenemos vivienda. Cuando está fresco el coronavirus viene con el viento y uno piensa se colgó de un árbol y se quedó ahí, pero ahora que no hay árboles, entonces se viene. Estamos asustados, sí, pero acá estamos. Nosotros estamos desarmados, inermes, es como en las películas, vienen con un arma y te apuntan y ahí estás, para recibir eso”. Rodolfo Franco abona la figura de la intemperie con otros aderezos. “Vivimos al aire libre, en contacto con la naturaleza. Entonces resulta natural moverse en el pueblo. El aislamiento nuestro es no ir a la ciudad que tenemos a 50 km. Acá la gente vive aislada una de otra. La idea es no ir a los centros poblados más grandes”. “Acá vivimos en casas en las que hay dos o tres piezas y hay dos o tres familias, amontonadas. Cómo se hace para que una persona ocupe una sola pieza si tienen que dormir todos los demás”, se pregunta el médico. Y describe Rosa: “No tenemos viviendas, no tenemos nada. No tenemos puerta, tenemos plásticos nada más”. Los agujeros “se tapan con chapas, quedan aberturas por donde entra el viento”. Y define: “Nosotros somos un punto blanco que se nota de lejos”. Las comunidades están informadas. “Ven la tele, los noticieros, tienen celulares y están al tanto de todo lo que pasa”, dice Franco. “Los niños ven los videos de lo que está pasando en otros países y preguntan ¿eso es lo que va a venir acá?”, cuenta Rosa. “No hay miedo aunque son respetuosos de la enfermedad. No van a pensar en ir a Embarcación si no es necesario o en salir de noche –relata el médico-. El grueso de la gente está en su casa. Había varias iglesias que hacían cultos de noche y dejaron de hacerlo cuando les dijeron que estaba prohibido”. “Hay gente que viaja porque sus hijos necesitan el alimento, que les traigan algo para la fiebre, yo les digo que no salgan, les digo que yo aunque tuviera que tomar té 15 días no saldría porque estamos exponiendo la vida y la de nuestra familia. Porque se escuchó que en Orán había un caso y la gente viaja lo mismo. Y entran a las comunidades a vender y pueden traer el virus”. A Rosa le queda en claro que si no traen alimento no traen el virus pero les queda el hambre feroz instalado. “Tienen que traernos alimentos de la Municipalidad”, dice. “Por lo menos para dos semanas”. “Estamos pasando por momentos redifíciles. Hay gente que quiere cerrar los accesos, que no salga la gente a la ciudad y no entren tampoco. Nosotros estamos en una bolsa de sufrimiento”. El doctor Franco coloca el número quince al chiquito de un año y seis meses que murió el martes en Santa Victoria Este. “Están muriendo en el norte por desnutrición y tuberculosis. Y el gobierno no se está fijando en eso. Todos ahora están con el coronavirus. Lo del hospital de Embarcación es patético. No atienden casi nada. Prácticamente está clausurado y están esperando que venga el primer caso de coronavirus que por ahí no viene. Ojalá que no venga”. El médico lamenta que “han paralizado todo el sistema de salud para esperar los hipotéticos casos de coronavirus y no hay turno ni para el neurólogo, ni para el ginecólogo ni para el traumatólogo… atienden sólo al que se quebró o al que hay que operar y nada más”. “Y mirá si esto se alarga… -dice Rosa desde Carboncito- la gente qué va a comer… sabemos que se viene el sufrimiento para los chicos, para los más ancianos. La única forma es ésa, no salir. Ojalá que haya personas de buen corazón que nos acerquen algo para que la gente pueda comer por lo menos una semana”. Para ellos, que son el aire libre, donde no quedó un monte donde huir del mal. Que son la intemperie, donde no hay un árbol que detenga al virus. Para ellos, que son un punto blanco que se nota desde lejos. Para ellos, que siguen resistiendo al hambre, al agua mala, a las pestes y a todas las caras de la muerte. Edición: 3965

Aislamiento de los frágiles
Publicado: Lunes, 23 Marzo 2020 23:08
Aislamiento de los frágiles

Por Claudia Rafael y Silvana Melo(APe).- Entre sus pasillos, sus cumbias y reggetones, sus parrillas callejeras y sus prefectos en danza, las barriadas populares de capital y conurbano quitan el sueño de los gobernantes. Centenares de miles de personas hacinadas puestas a aislarse obligatoriamente para repeler un enemigo que no ven pero que acecha globalmente estragando la Europa soberbia y lejana. Ellos, centenares de miles de vecinos, ciudadanos, mujeres, hombres y niños ninguneados históricamente, pierden la escuela, la changa, el cartón, la basura del super y les viene el hambre como otro virus, pero ése bien palpable. Ellos son los más frágiles de este tiempo. Son los anónimos, los que toman del agua insegura, los que muchas veces no tienen para lavarse las manos, los que perderán el trabajo ocasional, la limpieza por hora, los que no tendrán para darles de comer a las crías. Y el peligro es que ardan. Aunque la frontera de su hambre no los deje ver que lo que puede venir sin ese aislamiento será una catástrofe que atacará de lleno en esa fragilidad. “Hay el doble de gente en el barrio”, dice a APe La Poderosa. “Ahora están los que normalmente van a la escuela, los que normalmente están ganándose el mango pero ahora en su casa y sin el mango. Entonces los comedores están completamente desbordados”. La Zavaleta se infla de población en el fin de semana largo que seguirá oliendo a fin de semana y largo por bastante tiempo. Mientras tanto, el Estado está volcando recursos y esfuerzo para que el alimento llegue directamente a las viandas y a los bolsones. Y las organizaciones sociales refuerzan su trabajo territorial para evitar un incendio en el que siempre pierden los más frágiles. En la 21-24 el padre Toto está en la parroquia de Caacupé como todos sus santos días. Es feriado y muchos servicios de comedores y centros de salud están cerrados. La parroquia es el espacio donde todo confluye. “A la 1 todos los días damos almuerzo y nuestros colegios parroquiales tienen su sistema de entrega de vianda a partir del comedor. Estamos acompañando al barrio. Hay mucha necesidad de alimentos y también de acompañamiento y de orientación en distintas situaciones”, dice Toto y aclara que “todo se agrega a lo que ya pasa en el barrio” porque el coronavirus todavía es un fantasma que anda rondando pero no pateó aún las puertas de la villa. Sin embargo “acá hay familias que tienen gente que se muere por otros problemas, muchos típicos de la exclusión. En el hogar de Cristo salimos a repartir comida a los chicos que están en la calle y en consumo”. Ahora “son momentos de estar en casa y en aquellos casos en que se necesita, poder acudir a la parroquia”. Toto, que mantiene en su estado de whatsapp el deseo “ojalá que en el cielo haya fútbol”, apuesta a que “no hay que perder la calma y la paz”. Villa Itatí Las calles de Villa Itatí están atravesadas por el intenso calor y un sol que parte en dos el mediodía quilmeño. La larga fila de habitantes de la barriada espera la llegada del camión del ejército que arrastra la cocina de campaña. Desde hace un rato los pobladores se encolumnan, uno tras otro en una cola que se extiende más allá de los ojos y a riguroso metro y medio o dos de distancia, sobre la vereda. La camioneta de Defensa Civil precede al camión escoltado por la policía. Es extraño en este país. Todos aplauden la llegada del vehículo verde oliva y al rato se van con el tupper lleno y embolsado. O con una bolsa con pan. Cada camión del ejército cargaba en esos "termocontenedores" de 250 a 300 raciones de comida. A Quilmes llegaron 1000 raciones. Está asentada en una de las llamadas zonas calientes. Allí donde el estado deberá poner todas las herramientas porque el hacinamiento y la desprotección son un combo de riesgo que funcionaría de abono para cualquier estallido sanitario y social. Ya hay enfermedades evitables como sustrato casi permanente. El dengue y la tuberculosis hace rato que irrumpieron para quedarse y están al alcance de la mano. No es sólo el riesgo de vivir sin techo ahí donde el calor y el frío se sienten el doble o el triple en la piel y en las tripas. Es también saber que una casa preparada para sostener a los muchos integrantes de una misma familia tiene hoy por hoy, por responsabilidad y obligación sanitaria, a todos conviviendo todo el tiempo. En familias en las que quien no sale a rebuscárselas un día, no cobra. La Carcova En la otra punta del mapa del conurbano bonaerense se erige Villa La Carcova, en el partido de San Martín. A las espaldas de la villa se eleva la montaña de basura de la Ceamse, el relleno sanitario creado hacia 1977, que acumula los desechos de los porteños y de los habitantes de gran parte del conurbano. De esa montaña viven los recicladores urbanos, individualmente u organizados en cooperativas.Samir Palaia está en los últimos tramos de su carrera universitaria en Trabajo Social. Desde hace unos once años que llegó desde Chaco y varios desde que trabaja codo a codo con el sacerdote Pepe Di Paola en La Carcova. “Una primera foto de estos días es la de los pibes jugando en la calle, a pesar de que hoy hay menos gente que el viernes dando vueltas. La mayoría de las personas acá trabaja en cooperativas de reciclado y cobran un precio por tonelada o van a la montaña cuando entran los camiones. Pero todo esto se cortó desde hace una semana. Se cortaron las clases. Las y los compañeros que van a cartonear a capital ya no encuentran esa base sustancial en la economía de nuestro barrio. Y hoy, que fue el primer día en que entregamos viandas a las familias de nuestros pibes, todo se terminó en diez minutos. Sabemos que va a crecer”, describe a esta agencia. La historia misma de la villa La Carcova, larga en el tiempo, está anclada en violencias y abandonos, en precariedades y destinos inciertos, en hacinamiento y tímidas esperanzas que hay que buscar como a diamantes en la montaña del relleno para que vean la luz. “Estamos al costado de un arroyo, hace mucho calor, mucho frío y las condiciones de vida acarrean enfermedades ya de por sí”. Samir siente que hay que pensar estrategias de cuidado y contención real y viable, más allá del aula virtual o el canal de tv. Para hacerle frente a la vida de chicos que transcurren en los márgenes. “Los pibes son el pararrayos de las decisiones, angustias y violencias del mundo adulto herido que transitan sus padres. Adultos que no pueden generar estrategias de producción económica, estrategias de circulación, de ocio, deportivas, lúdicas. Es muy complicado no imaginar un escenario de violencias porque los pibes están quedando en mucha soledad”. Suma de carencias La mayor parte de los pibes viven con sus abuelas, relata Carla Carreño desde Villa Club, en Hurlingham. Y tal vez por eso “nuestra gente tomó mucha conciencia”. En esas barriadas del olvido, el grueso sobrevive a fuerza de changas o de ferias y “se hace muy difícil el acceso a la comida y a remedios extras. El hacinamiento en el que viven hace que la plaza o la calle sean el patio. Y las escuelas y las organizaciones sociales trabajamos mucho en la prevención así que los pibes la tienen bastante clara”. Hay un piso de servicios deficiente y desde ahí se parte. “Muchas veces los vecinos no tienen luz o no tienen agua. O no tienen ninguno de los dos. Así que los vecinos que tienen, ayudan a cargar tanques con agua y otros llaman a bomberos. Por eso sentimos que la situación es desesperante no tanto por la cuarentena, sino por la suma de todas las carencias”. Desde el Sur profundo, Bondi Sur –una organización social que trabaja con personas que viven en la calle- recorre las arterias de Lanús, Banfield y Lomas de Zamora. “Hay lugares donde sólo permiten ir a tres voluntarios pero acompañados por gente de defensa civil y se reparten viandas”, cuenta Jonathan Zaín. “Muchos de los que van a buscar comida ya ni van. Y no sabemos qué hacen”, agrega.Las calles son duras siempre. Nadie elige ese territorio inhóspito para dormir y para vivir. Pero la calle se torna aún más despiadada cuando ya no hay dónde pedir, ni qué cartonear, ni nadie con quien hablar. La 21-24 Delia fatiga varias organizaciones. “En el barrio es complicado hacer cuarentena porque la gente tiene que ir a los comedores a buscar comida”, dice. Tal vez por eso los ve, “por los pasillos y por la calle grande, yendo y viniendo”. La villa no tiene casi trato con la bonaerense. Es la prefectura la que reina en el territorio. “Andan por las calles diciéndole a la gente que no salga, pero se hace difícil”.“En los comedores comunitarios ya preparan doble ración –dice Delia-. En la parroquia desde el viernes empezaron a hacer viandas para que gente retire con tupper. Antes iban sólo los chicos a comer. Ahora es para toda la familia”. Pero a la hora de la enfermedad, el terror es al mosquito. Porque lo ven. Y hay familias enteras enfermas. “Hay muchas manzanas con dengue. El fin de semana se llamó a la ambulancia por una familia con varios que tenían fiebre y la ambulancia nunca vino. Y como es la villa, cuando alguien tiene fiebre, no entran. Es maltrato, es discriminación y nosotros somos gente laburadora. Por uno o dos pagamos todos. Y no pueden andar los remises. Por miedo a que les saquen los vehículos, no andan. Y no tenemos nada. Nadie nos va a querer llevar”. Es el futuro inmediato que vislumbra Delia para cuando asome el coronavirus. Por eso el aislamiento. Complejo, difícil. Pero imprescindible. “Somos cuatro y la casa es chiquita. Afuera, la mayoría está en la calle –relata Estela-. Veo que mucha gente se sigue sentando en grupos, tomando mate o cerveza en botella compartida. Tal vez no creen que aquí va a llegar el virus. Porque se escucha que es por culpa de los que tienen plata y viajaron”. Delia insiste en que “acá la mayor desesperación es por el dengue; en los comedores, hay alcohol en gel. En la salita también. Pero no hay en las casas. Jabón tienen pero hay problemas de agua. Hay que tener el tacho tapado, cuidado con que en el agua limpia también nacen los bichitos del dengue y está complicado”. Para colmo, “este fin de semana se cortó tres veces la luz a la noche. Y es un problema”. Mientras tanto, dicen, “en el barrio hay gente nueva todos los días. Los alquileres no alcanzan, mucha gente se vuelve de la provincia y se viene a capital. En los comedores hay lista de espera porque no llegan a tener comida para todos en el barrio; en una casa viven 4 ó 5 familias juntas, con chicos. Y mucha gente que viene de afuera, que tenía familia en el barrio y se vinieron. Hay cada vez más población y menos insumos”. A diferencia de la tuberculosis, el Chagas o los males del hambre multiplicada, el coronavirus llegó de la mano de las clases sociales más poderosas. Pero son los desarrapados y los olvidados de la tierra los que pagarán las peores consecuencias si el virus se expande. Si traspasa las fronteras de las villas y barriadas populares hará estragos. Esta vez, para defender la vida no habrá que salir a las calles. Ya llegará ese tiempo nuevamente.   Fotos de  la 21-24: José Luis Morales Edición: 3963  

Por Carlos del Frade

(APe).- -Con la democracia se come, con la democracia se cura, con la democracia se educa…-decía el doctor Raúl Ricardo Alfonsín treinta y cinco años atrás. El 30 de octubre, después de la noche carnívora del terrorismo de estado, 7.724.559 argentinas y argentinos lo convirtieron en presidente de los libres del sur, como todavía se canta en los versos del himno nacional.

-Vamos a asegurar desde hoy la democracia y el respeto por la dignidad del hombre en la tierra argentina. Vienen tiempos duros y difíciles, pero no tengan ni una sola duda; vamos a arrancar, vamos a salir adelante, vamos a tener el país que nos merecemos, y no porque nos gobiernen unos iluminados, sino por esto, por esta unidad del pueblo – afirmaba aquel brillante orador.

Cuatro días antes del 30 de octubre de 1983, Alfonsín sostuvo: "Se acaba la dictadura militar. Se acaba la inmoralidad y la prepotencia. Se acaba el miedo y la represión. Se acaba el hambre obrero. Se acaban las fábricas muertas. Se acaba el imperio del dinero sobre el esfuerzo de la producción. Se terminó, basta de ser extranjeros en nuestra propia tierra. Argentinos, vamos todos a volver a ser dueños del país. La Argentina será de su pueblo. Nace la democracia y renacen los argentinos. Decidimos el país que queremos, estamos enfrentando el momento más decisivo del último siglo. Y ya no va a haber ningún iluminado que venga a explicarnos cómo se construye la República”.

Treinta y cinco años después, el necesario ejercicio de poner conceptos en el debe y haber de este proceso histórico, exige definir si a nivel individual y colectivo fuimos testigos o protagonistas.

Si la democracia de baja intensidad se convirtió en otra cosa o continúa siendo, como se decía en los años setenta, una democracia burguesa.

En estas frases de Alfonsín hay conceptos que crujen en el presente.

“…se acaba el hambre obrero. Se acaban las fábricas muertas. Se acaba el imperio del dinero sobre el esfuerzo de la producción…”.

Esos conceptos cuestionan los días del presente.

El reciente presupuesto nacional votado por la cámara de diputados de la Nación para el año 36 de la democracia argentina, tiene recortes inimaginales en esos días atravesados de esperanzas de finales de octubre de 1983.

• La deuda pública a fin de año representará el 87% del PBI, con un stock de 315.698 millones de dólares.
Aquella deuda externa de 1983 ascendía a 43 mil millones de dólares.
35 años después es casi ocho veces más grande.                                                   
Pero el problema grande está en la reducción de partidas claves para aquel sueño de la democracia que alumbraba con la elección de Alfonsín.

• En términos reales, la reducción del gasto será del 6% en servicios sociales; del 23% en educación y cultura; del 48% en vivienda y urbanismo; del 20% en promoción y asistencia social; del 8% en salud; del 17% en ciencia y técnica; y del 20% en agua potable y alcantarillado.

De esa forma, a partir de estos números, la democracia no da de comer, ni tampoco educa ni construirá salud.

También en el presupuesto de 2019 el llamado Programa de Atención a la Madre y el Niño disminuirá un 80 por ciento en términos reales con respecto al de 2018. Por otro lado, la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes, vacante desde su creación en 2005, tendrá una reducción del 25,56 por ciento en términos reales.

En forma paralela se votaron recortes en el Programa de Políticas Alimentarias que entrega tarjetas alimentarias y provee asistencia a comedores escolares y el gasto destinado a infraestructura y equipamiento escolar.

En medicamentos destinados a chicas y chicos, el proyecto reduce la cantidad de los mismos, de 1.678.960 a 878.136 y la cantidad de centros de salud a los que se proveerá equipamiento pasará de 473 a 100.

Un fenomenal retroceso en materias básicas y claves para la mentada democracia.

A 35 años de aquel triunfo de Alfonsín, democratizar la democracia es indispensable para que las grandes mayorías vuelvan a tener una oportunidad en estos saqueados arrabales del mundo.

 

Edición: 3738

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