Mordiscón, el pequeño espía del bardo
Publicado: Viernes, 17 Mayo 2019 17:58
Mordiscón, el pequeño espía del bardo

Por Alfredo Grande     (APe).- Edmundo de Amicis escribió en 1886 el libro Corazón. Uno de sus cuentos es “El pequeño vigía lombardo”. Resalta el valor de un muchacho que en la guerra por el rescate de Lombardía se ofrece para brindar información a las tropas italianas subido a un árbol. Muere por una bala enemiga que lo hiere en el pecho. Lo reconocen como soldado y le brindan los honores correspondientes. No eran tiempos de drones, pero el valor en batalla atraviesa los tiempos. Las guerras siempre fueron sucias, pero el valor de un guerrero en el campo de batalla siempre fue reconocido. Freud señala que aún el enemigo herido en combate era tabú y era obligatorio cuidarlo. Obviamente, las guerras, que en la actualidad de la cultura represora se han ensuciado más y más, han devenido masacres. En las masacres es obligatorio el asesinato a granel sin mirar a quién. Hubiera podido resistir, pero no quise hacerlo, a parafrasear el nombre del cuento del libro Corazón. En una parábola del tiempo y el espacio, me encuentro con Enrique Santos Discépolo cuando al crear a Mordisquito, le da entidad al “medio pelo gorila”. En la actualidad, me propongo crear a Mordiscón, porque con la cobertura de anti peronismo, se ha cristalizado la dureza extrema del nazi capitalismo y el fascismo de mercado. Mordiscón, al igual que el pequeño vigía, es pequeño, mas no por su juventud. Lo es por exceso de mediocridad, análoga a la del burgués pequeño, pequeño, al que diera vida Alberto Sordi en una necesaria película. Y Mordiscón, lejos de ser vigía, organiza el sub mundo en el cual no hay guerreros, ni combates, ni batallas, ni honor, ni valor, ni dignidad. Apenas buchones, soplones, denigradores seriales, lame extremos, superficialidad ignorante y grosera. Como es notorio: no me canso de elogiarlo. Por esas cosas del destino, condensadas en mi aforismo “dios no existe pero a veces se asoma”, escuché a Mordiscón escandalizado, horrorizado, casi haciendo pucheritos, porque un niño en una villa ante dos policías fingía dispararles con una rama. Y además, y esto fue insoportable, insufrible, inmundo para Mordiscón, les tiró algunas piedras. “Cuando sea grande –sentenció- “será un asesino de policías”. Y sacó una de sus opacas conclusiones: “cuánto mal le ha hecho el kirchnerismo a este país”. No soy especialista en neurociencias, mas he comenzado a pensar que un mapeo cerebral debería ser un estudio de rutina para Mordiscón. Este pequeño y gran mediocre, ni siquiera advierte que hay muchos niños que también juegan a matar a niños villeros, o negritos, o feítos, o malitos. Son los que al ser más grandes y más peligrosos, ejercerán todas las formas del gatillo fácil. Supongo que Mordiscón, que cuanto más grande se vuelve inexorablemente más sonso”, desconoce la Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil, las causas armadas por la policía y las fiscalías, los asesinatos en comisarías, como ha sucedido en Pergamino. Para Mordiscón, el despliegue cruel de la cultura represora y su masacre permanente, es el único juego tolerable. Quizá podría argumentar que durante la década ganada, también fue sistemático el uso de la violencia estatal para disciplinar a los barrios. Porque ser pobre es peligroso, como nos enseñó la Cantata Santa María de Iquique. Pero más peligroso es ser pobre, tener hambre, una familia desmantelada, niñas y niños con enfermedades que nunca serán curadas. La desnutrición de comida y la desnutrición de amor, sin ir más cerca. No creo que Mordiscón, dude entre amar a Berni o a la Piba (en retiro efectivo) o sea la Patricia “Pato” Bulrich. Que no es la del patio, sino la de los asesinatos en tierra mapuche. Mordiscón, el horrorizado, el indignado, con seguridad decora su hábitat con varios afiches del ejército israelí llevando presos a niños palestinos. Obviamente, si el término “gorila” no fuera sido utilizado por los mismos que lo sufrieron, bien podría decir que Mordiscón es, lisa y llanamente, gorilón. Pero no lo digo porque aún me acuerdo de cuando Hebe de Bonafini le dijo a Osvaldo Bayer que era gorila. Con lo cual demostró en una escala menor, pero de todos modos demostrativa, que las víctimas del holocausto nazi no tienen el beneficio de ninguna impunidad para organizar sus propios holocaustos. Lo que me lleva a pensar no sólo en la impunidad de muchos victimarios, sino también en la impunidad de algunas de las víctimas. Mordiscón, si la tortilla se vuelve, rápidamente buscará victimizarse con frasecitas del tipo “libertad de expresión”, “garantías democráticas” y otras emblemáticas del Kapelusz de la política. Sin embargo, espero que no olvidemos que Mordiscón, el espía chiquitito, botoneó y acusó a un niño que jugaba. Con una sentencia a futuro para determinar su destino de asesino. El pequeño espía del bardo no será indultado, al menos por mí. De lo contrario, que Edmundo de Amicis y Enrique Santos Discèpolo me lo demanden. Edición: 3877  

Los Rosariazos
Publicado: Miércoles, 15 Mayo 2019 15:22
Los Rosariazos

Por Carlos del Frade (APe).- En el 69 aparecieron los grandes despidos en la ciudad industrial. 300 personas se quedaron en la calle por decisión de los dueños de la Empresa Cid. En Celulosa se tomaba la fábrica y en PASA, el sindicato surgido de la propia empresa, comenzaba a radicalizarse, de la mano de socialistas, trotskistas y peronistas de base. En mayo del 69, el primer cimbronazo del subsuelo rosarino. En Corrientes, el asesinato del estudiante Juan José Cabral, despertó la solidaridad en las facultades. Por las calles y por los claustros se escuchaba "Cabral y Pampillón, los mártires del camino de la liberación". El 17 de mayo, la movilización de estudiantes llegó hasta los edificios del Banco Transatlántico y la Bolsa de Comercio. Allí fueron reprimidos por la policía provincial. En la galería Melipal, las fuerzas policiales asesinan al estudiante de Ciencias Económicas, Adolfo Bello, de 22 años. "Entraron con pistolas y garrotes, parecían enloquecidos. Uno de ellos disparó a quemarropa a la cabeza de Bello", relató uno de los sobrevivientes. El 21 de mayo se hizo la marcha del silencio. El centro de la ciudad quedó en manos de los manifestantes. Bombas molotov, fogatas, piedras, barricadas. Al querer tomar la emisora LT 8, un grupo de policías los desaloja, asesinando al obrero metalúrgico de quince años, Luis Blanco. Rosario es declarada "zona de emergencia bajo control militar". Durante cinco horas marchó el cortejo que llevaba los restos de Blanco hasta el cementerio La Piedad. 100 mil personas estuvieron en las calles aquel 23 de mayo. El niño símbolo “…Desde dentro mismo de una casita de madera –elevada en la misma zona del drama de la inundación- partió lo que sería el cortejo más multitudinario que registra Rosario en su historia. Manos rudas, pero tiernas de trabajadores de todas las esferas del proletariado, conducían el féretro de un niño símbolo...Luis Norberto Blanco… “…sobre el féretro, dos coronas de claveles blancos, síntesis de la pureza…Y tras la caja –que encerraba la quietud del ángel abatido- una legión de coronas…blancas, rojas, de suave amarillo…Y presidiendo el cortejo –que iría a cubrir 87 cuadras- una cruz…llevada a manos cambiantes de cinco niños entre los cuales estaba José Potenza, de 15 años… “A las 11.45 ya con la nave de la iglesia colmada de concurrencia…el rector de la parroquia del Perpetuo Socorro leyó distintos salmos y manifestó la condolencia a los padres, parientes y amigos de este joven que ha perdido la vida en uno de los sucesos más luctuosos, en un momento crucial de Rosario y para el país…Al llegar al portón Nº 1 del Ferrocarril Mitre la columna fue engrosada por una caravana de obreros ferroviarios. En todas las calles se repetían escenas de honda emotividad. “Córdoba –la gran vía- ofreció el espectáculo más impresionante de todo su recorrido. Todo el vecindario se había volcado a la calle. “Vehículos de todas las categorías, bicicletas, motos, motonetas, camiones enracimados de juventud obrera, colegiales, jóvenes obreras, formaban una marcha imponente. “Cada esquina, una pequeña ciudad en el último homenaje al niño inmolado…ofrendas florales en manos de mujeres y niños y una verdadera eclosión obrera…el féretro sobre el cual se encontraba una bandera argentina, gris de tiempo…el clérigo Francisco Parenti dijo una oración fúnebre, que esta sangre vertida, que esta sangre que llegó al cielo no sea en vano…que ella lleve la liberación que todos ansiamos… “Depositado fue el cuerpo y luego el ingreso de la legión del silencio por las calles que vieron el cortejo más impresionante de que tiene memoria Rosario. Mirar hacia atrás, era contemplar algo que nunca pasó en el largo trajín del cronista…87 cuadras, casi cinco horas de marcha”, sostenía la crónica del diario “La Tribuna”, del 23 de mayo de 1969. El título de la nota decía: “Más de 100 mil almas en cortejo”. Fenomenal y profunda postal del primer rosariazo, 45 años atrás. Cien mil personas conmovidas por el asesinato de un chico de quince años. El segundo rosariazo Para Héctor Quagliaro, ex secretario general de la Asociación de Trabajadores del Estado y uno de los principales dirigentes de la resistencia peronista desde la CGT de los Argentinos --"nosotros fuimos la primera delegación del interior que se sumó al conducción de Ongaro"--, "el rosariazo fue un pedazo grande de la historia social. El primero de los rosariazos fue protagonizado por el estudiantado. Hubo lucha popular, teníamos mucha bronca por el asesinato de Bello. Yo vine envuelto en un sobretodo a Rosario, en forma clandestina, junto a Héctor Lescano, el arquitecto Segovia Meyer para la movilización del 21 de mayo. En Maipú y Córdoba hubo una violenta represión". El segundo rosariazo, "en setiembre lo más homogéneo fue el frente sindical. Allí se notaba por qué Rosario era la capital del peronismo", recalcó el colorado. El 8 de setiembre de 1969, se declaró un paro por tiempo indeterminado de los trabajadores afiliados a la Unión Ferroviaria. Los estudiantes, en tanto, se preparaban para el tercer aniversario del asesinato de Pampillón. Hacia el 11 de setiembre, se produjeron actos de sabotaje y descarrilamiento de trenes en la zona de Granadero Baigorria, a menos de quince minutos al norte del centro rosarino, y otro en Pergamino, en la provincia de Buenos Aires. El viernes 12 de setiembre se declara ilegal el paro. La CGT anuncia la huelga general desde el día 16. "A las 9.30 del martes 16 la epidermis urbana de Rosario no presentaba a la vista de cualquier ocasional visitante ninguna alteración, 30 minutos después la imagen quedaba destruida. Veinte focos insurrectos en los accesos periféricos, seis columnas de obreros y estudiantes en el radio céntrico, en total 10 mil personas --según fuentes policiales-- incendiaban en sentido literal y literario la ciudad", describía un cronista de la revista Panorama. A diferencia de los sucesos de mayo, el rosariazo tuvo en los barrios sus principales escenarios. Cuando la policía rosarina fue rebasada, llegaron, desde Corrientes, dos mil efectivos al mando del entonces coronel Leopoldo Galtieri. Los diseñadores del cordón industrial se convertirían, en pocos años, en los desaparecedores y los desocupadores, a partir de la segunda mitad de los años setenta. Un año después, Agustín Feced era nombrado –por primera vez en su vida-, jefe de la Unidad Regional II de la Policía de Santa Fe, con asiento en Rosario. Ya era integrante del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército Argentino. Ya trabajaba para el plan estatal y empresarial que tenía como objetivo aniquilar a las nuevas generaciones de revolucionarios. Ese plan que comenzó a implementarse en 1955 y tuvo en los cursos dictados por los oficiales franceses una de sus primeras manifestaciones. Fontanarrosa y el recuerdo de aquella ciudad A principios del tercer milenio, después de diciembre de 2001, Roberto Fontanarosa, el más rosarino de los argentinos y el más argentino de los rosarinos, nos recibió en su estudio muy cerquita de la Plaza Alberdi. Le hicimos una entrevista para un programa de televisión de Santa Fe y le preguntamos por su inicio como dibujante de la tapa de la emblemática revista política periodística de Rosario, “Boom”, cuando le tocó hacer la portada que anunciaba las crónicas de los Rosariazos. -¿Cómo era para vos aquella ciudad de 1969? – le preguntamos. -Es un poco difícil hoy recordar cómo tomaba yo y cómo tomaba la ciudad esa tapa. Lo concreto es que todo ese periodo de la revista Boom para mí fue muy importante tanto a nivel personal como profesional. Personal porque yo venía de no haber terminado la escuela secundaria, después de haber entrado en publicidades, de hacer un trabajo y hasta te diría una vida muy aislada y muy ajena a lo que ocurría alrededor mío. Entonces, significó encontrarme con un grupo de gente que obviamente tenía mucha información, que estaba muy pendiente de esa información, que tenía otro grado de compromiso… Rodolfo Vinacua, “el negro” Ielpi, Juan Carlos Martínez, Esvend Segovia, “el gordo” Ceballos, Carlitos Saldi, etc… que produjeron en mí un cambio que me llevó a darme cuenta que no se reducía todo a dibujar, a una página de historieta, a la publicidad o al fútbol. Aquello fue para mí un descubrimiento, considerando los sucesos que se producen después, como el Rosariazo que obligaba a que uno se pusiera al tanto de lo que pasaba, al menos para saber por qué te iban a romper la cabeza por la calle. Por eso, para mí “Boom” fue desde todo punto de vista fundamental, incluso desde el aspecto técnico, desde el aspecto profesional. Fue como un descubrimiento de todo un entorno y de una profesión íntegramente en un grupo humano que se armó de casualidad pero que a la vista de los acontecimientos y con el tiempo transcurrido creo que hizo una revista que en definitiva quedó como emblemática de Rosario porque no se ha repetido ese fenómeno. Para mí significó advertir que había una posibilidad de actividad fuera de la publicidad que era un rubro que en principio me había sido ajeno, me gustó y me gusta especialmente en el aspecto creativo porque en la publicidad se trabaja con una enorme cantidad de límites que te los da el producto por la necesidad de mostrarlo, de venderlo… En cambio, todo el aspecto editorial, a pesar de que uno tenía ciertas limitaciones que daba la directiva de la revista, encontré que elevaba mucho el techo de las posibilidades y me descubrí que era eso lo que me gustaba. Yo ya había advertido que podía ganarme la vida con el dibujo publicitario, pero esta parte editorial me atrajo y me gustó más. -¿Qué diferencias encontrás entre aquel dibujante de ayer y esa ciudad del 69, con el presente?. -Con respecto al dibujo, aparecieron muchísimas alternativas de cambio porque de chico quería hacer dibujo de historieta de aventura seria, no de humor, y empiezo a incursionar en el humor en publicidad haciendo tarjetas de Navidad o de Fin de año de tinte humorístico, pero no tenía un estilo propio en lo que significaba el dibujo de humor. Tal vez sí para la historieta, porque provenía de la línea de Hugo Pratt y algunos otros, pero en humor no. Leía “Patoruzú” como leíamos todos, me fijaba en Quino, pero no copié a esos dibujantes… Por eso recuerdo que para los primeros dibujos de la revista “Boom” tuve que improvisar un estilo y le saqué un poco a Garaicoechea, le saqué un poco a Bataglia que dibujaba a “Don Pascual” en “Patoruzú” y armé una especie de perfil, que parecía un perfil de alambre, al punto que no lo firmaba Fontanarrosa porque era tan largo el apellido que gráficamente tenía más peso que el dibujo. Firmaba con mis iniciales R.A.F., después empecé a variar y a incorporar más elementos del dibujo para hacerlo un poco más complejo y de más peso, pero fue toda una época de cambios muy rápidos porque fue una investigación ya que no tenía práctica al respecto. Empecé a hacer la práctica sobre la publicación. En lo que refiere a aquella ciudad, uno tenía una relación en la infancia más barrial, a pesar de haber vivido en el centro toda mi infancia y adolescencia, en el edificio Dominicis, de Catamarca y Corrientes, pero aún así no había tantas medidas de seguridad que tomar… se dejaban las puertas abiertas, no se suponía que era una ciudad peligrosa… Después, la cosa se revierte a puntos de tragedia con la dictadura militar, pero la ciudad y el país eran como más pequeños. No estaba la llegada masiva de los medios que nos conectan con todo el mundo, las noticias inmediatas de los sucesos fuera del país. Era todo más acotado o quizás yo vivía dentro de un mundo más acotado que se circunscribía al fútbol, al trabajo, a comprar revistas de historietas, ir cines cercanos a mi casa como el Imperial, Empire, Urquiza y todos los que estaban por ahí. La sensación era de una ciudad más pequeña y de un país más pequeño – recordaba el inolvidable Fontanarrosa. Rosario, esa ciudad Así se llamaba el libro publicado por la Editorial de la Biblioteca Vigil, el 30 de noviembre de 1970, con textos de Carlos Garramuño, Rafael Ielpi, Juan Carlos Martini, Jorge Riestra y Rodolfo Vinacua y que incluía cien fotografías, en blanco y negro, de Antonio Carrillo, Edgardo Galante, Franciso Gray, Héctor Martinelli, Carlos Milanesi, Juan Naranjo, Rodolfo Quinteros, Carlos Saldi, José María Saldi, Rosa Traversaro, y Daniel Ureta; con la diagramación del inolvidable quijote rosarino, Rubén Naranjo. -Rosario, esa ciudad insólita, como lo es en alguna medida toda tarea de los hombres, no puede ser apresada en cien fotografías. Es posible, por eso, que la frecuentación de estas páginas deje al lector el regusto de la aventura. Tal vez muchos rosarinos no reconozcan aquí a su ciudad; es posible que otros la redescubran con alegría, sólo porque la sientan de la misma manera que sus circunstanciales compiladores, y que otros, por fin, se decidan a conocerla, realmente, más allá de una esquina, una plaza y una calle, más allá del ámbito de voces, sonidos, olores, trajín o calma, prefigurados en la rutina de los días sin nombre…-escribía Vinacua en la presentación de ese libro maravilloso. -Rosario puede ser dura, altiva, fracasada, tierna, comprensiva, acogedora; por eso, tal vez, puede asistir, a veces, a la negación y el exilio de sus propios hijos, como si supiera –progenitora orgullosa y segura- que permanece en ellos, que perdura, irremisiblemente, parte entrañable de sus mejores sueños. Por eso, tal vez, estas imágenes que siguen no sean algunas de las formas de amarla – terminaba aquel prólogo. Seguían imágenes del puerto, bolsas apiladas, pescadores en sus botes, puente sobre los arroyos y pequeños barcos estacionados mientras que en el cielo se recortaban las chimeneas de una fábrica que quizás ya no esté. “Seguramente, si se le pregunta a un rosarino qué es el río para él –qué es ese enorme, interminable, monótono cordón ocre que suele convertirse, a veces, en un insaciable devorador del hombre- no sabría bien qué responder. Hablamos poco, sabemos poco de las cosas que nos pertenecen. Dejamos de verlas, somos prescindentes de ellos”, comenzaba su artículo el Negro Ielpi. “Todo, siempre igual. Todo, detenido para la contemplación de una ciudad que no se defiende ni ataca: continúa. Eso mismo explicará acaso la unión –un maridaje perfecto- entre ella y el río, persistente camino oscuro que no reconoce nadie como suyo, desde un nacimiento caluroso y selvático, pero al que todos quieren, desde la solemnidad de la prescindencia, atrapar para sí, hacerlo suyo, poner el pie sobre el lomo marrón”, concluía el escritor. Las fotos continuaban mostrando observadores del río desde un lugar de la costanera. Se multiplicaban los registros de los camiones, el puerto, los estibadores y las aguas del Paraná. Y el cambio de turno a las puertas de un frigorífico donde los trabajadores cabalgaban en decenas y decenas de bicicletas, tal como recuerdan los vecinos de Ovidio Lagos al 5000 y más allá al sur. Un tren recorriendo el centro de la ciudad, el puente Celedonio Escalada y las pibas y los pibes con delantales blancos en uno de los momentos de la vida colectiva y cotidiana de aquella ciudad que ya no es. “…con sus largas, implacables calles trazadas en damero y sus parques, sus plazas, sus altos eucaliptos -¿magia pura?- trizando por fortuna la geometría brutal de las fachadas grises; y trabajando, trabajando siempre, fiel a la tradición que nació con ella, activa, laboriosa desde el alba; pero alternando tráfago con quietud –horas pico y veredas con calma, rápidas avenidas que atraviesan barrios cuya fisonomía permanece inalterada- y bullicio con murmullo –y después el más hondo, concentrado remanso de la noche-; creciendo, absorbiendo, englobando, mas todavía sometida a la tutela de un “centro” monopolizador, antiguo, casi pueblerina en ese aspecto; pero abriéndose, abriéndose inevitablemente, transformándose; viviendo cada día más a fondo aquello que quizás alguien, alguna vez, haya llamado porvenir, ya gran coleóptero de alas extendidas y trompa sumida en las barrosas aguas de su río; sacudiéndose con el estallido de las convulsiones sociales, triunfando y fracasado, volviendo a luchar, rehaciéndose; imitando, reclamando, dependiendo, menospreciándose y negándolo a la vez, indignándose; así de contradictoria pero viva; fervorosa, negligente, revolucionaria, temerosa, pujante, rutinaria, creadora, indiferente, luminosa, gris; un enigma; y huyendo, buscándose: como descuajada de su historia pero intentando parirla, menos aristocrática que nunca. Lo que será se esconde en el corazón de los días.”, narró de manera única, simple y profunda el notable Jorge Riestra. Imágenes de nieblas en el Parque Urquiza, chicas cruzando por una casi desconocida Plaza 25 de Mayo, las palmeras del bulevar, las escaleras cercanas a la vieja Aduana, la visión desde un colectivo, un chiquito de pantalones cortos sobre una casa humilde que se alquila y ofrendas florales ante la imagen garabateada de Evita. Kioskos de revistas en distintos barrios, ofertas varias en almacenes y pintadas en paredes que gritaban el final de la dictadura de Onganía, Lanusse y Levingston. Tres pibes amurados en un viejo banco, con sonrisas desdentadas y ropas casi ausentes. Un perro vagabundo en aguas servidas y ropa tendida mientras purretes miran esperando algo al mismo tiempo que se cuidan entre ellos. El cruce Alberdi, mucho antes de Telecom, un carro de verdulero, la noche, los pasillos y el interior de la Biblioteca Argentina. El monumental edificio de la Vigil coronado por el observatorio astronómico que luego fuera saqueado en 1977 y algunos grandes edificios… -Pero la gente de la ciudad es tozuda. Ejercita el manual de la convivencia y traza el interminable conflicto de la relación otra vez: muchos juraron hoy destrozar el libreto que vivieron hasta ayer, porque también es una vital urgencia la del cambio. Pero el peso es tan grande y la necesidad de convivir tan biológico que el nuevo día torna a amanecer a través de la esperanza. El afán de esta gente también resume el bíblico anatema del trabajo y su imperio engendra la relación de dependencia. De este vínculo emana la pasión, encrucijada entre el amor y el odio que los uncirá al yugo por toda la vida. Pero la gente no tiene otro callejón que el del amor y que por eso cada uno –individualmente- termina desgastándose por el otro…-escribió con inocultable pasión por los laburantes, Carlos Garramuño. El mozo que se asoma mientras apura el pucho y los obreros ríen, el ciruja que avanza hacia algún misterioso destino, una procesión de empleados que caminan sobre un puente, el mercado de productores, jubilados que hablan y miran desde un banco de plaza, la cola de algún sitio y dos mujeres que entre sus compras inventan la ocasión para el diálogo. Y el carrito de la pizza “la popular” debajo de la tribuna, las chicas de minifalda que exhiben la belleza eterna de las rosarinas y el colosal cuerpo colectivo de una hinchada mientras un barrilete quiere escapar del hilo que lo apresa. “Los barrios son testigos de algunos partidos de fútbol improvisados, del fervor masivo con que se colman las canchas de Rosario Central y Newell´s Old Boys, de pizzerías con mesas en las veredas durante el verano donde se consumen interminables porrones de cerveza, de cines con tres películas, patotas en las esquinas, bares donde el truco y la generala han concentrado su reinado ya tambaleante. El lenguaje cosmopolita se practica, sin inconvenientes, en otros lugares. Las familias y parejas convencionales consumen su tiempo libre en grandes restaurantes en cines y teatros céntricos. Un par de confiterías bailables y cabarets albergan a los aventureros de la noche y dos o tres discotecas sofisticadas seducen a los amantes del whisky y de la música beat. Acabado el día y medio que proporciona a los rosarinos una discreta ocasión de actuar en libertad, la ciudad se reincorpora sin embargo –lentamente, con un aliento marchito, somnoliento- y lanza otra vez su vasto cuerpo hacia el futuro, en apariencia inevitable”, apuntó Juan Carlos Martini. Las fotografías muestran la partida de truco en un bar, los botes en el laguito del Parque y las colas en el cine que esperan por la película de Costa Gavras, “Z”; mesas de billares y la vuelta gigante del Parque Diversiones que ya no es. El picado en la calle de un barrio que muestra a fornidos obreros ataviados con gorras que no tienen nada que ver con las actuales, una carrera de ciclistas, un tobogán atiborrado de chicos y gente que pasea camino al futuro de aquella Rosario de 1970. ¿Qué queda de aquella ciudad, de “Rosario, esa ciudad”, tal como era el título del maravilloso libro de la Editorial de la Biblioteca Vigil?. Edición: 3875

Los niños soldados
Publicado: Lunes, 13 Mayo 2019 13:27
Los niños soldados

Por Carlos Del Frade (APe).- Cuenta la leyenda que una chica africana tenía mucha sed y que, por lo tanto, se acercó a un río para beber. Alguien la vio y por una extraña y perversa razón la mató de un golpe en la nuca. En ese momento, el cuerpo de la adolescente adquirió otra forma. Se volvió un instrumento musical, el birimbau. Su cuerpo se transformó en la madera, mientras que sus piernas y brazos comenzaron a verse como la cuerda, por otro lado se encontró su cabeza que pasó a ser solamente la caja de resonancia y por último su alma fue la melodía de sentimiento que se puede lograr tocando el birimbau. El relato termina con una esperanza simple: cada vez que tocan el birimbau, el alma de la joven puede nuevamente sentirse viva a través de sus melodías que se hacen con puro sentimiento de personas que aman la música de su ser. El pasado 10 de mayo de 2019, una noticia venida de Africa, continente de enormes riquezas naturales y, por lo tanto, de dolores y guerras interminables que sufren sus habitantes, decía que liberaron a casi 900 niños soldados en Nigeria. ¿Cómo habrá sido la corta vida de esos niños soldados?. ¿Cuántas formas de muerte tendrán esos cuerpos y esas almas de chicas y chicos esclavizados para combatir por intereses muy lejanos a sus existencias?. ¿Será lícito preguntar estas mismas dudas en torno a los soldaditos que pueblan los arrabales del negocio del narcotráfico en las grandes ciudades de la Argentina?. Quizás por eso el rebote íntimo de la información lleve a la necesidad de contar esta realidad y pensar en el presente y el futuro de chicas y chicos soldados, no solamente en África, sino en cercanías latinoamericanas y argentinas. Lo cierto es que la UNICEF dijo que “un total de 894 niños soldado, que formaban parte de una milicia oficialista que combate a la organización yihadista Boko Haram en el noreste de Nigeria, fueron liberados. Los menores, entre los que se incluyen 106 niñas, integraban las filas de las Fuerzas Conjuntas Civiles (CJTF, por sus siglas en inglés), un grupo armado local de civiles que apoya al Ejército nigeriano en su lucha contra los insurgentes, en Maiduguri (noreste)”, sostenía la información. "Los niños del noreste de Nigeria han sido los más afectados por este conflicto… Han sido utilizados por grupos armados en roles de combatientes y no combatientes y han sido testigos de muertes, asesinatos y violencia", afirmó el representante de Unicef en Nigeria, Mohamed Fall, en un comunicado. La milicia CJTF, creada en 2013 para proteger a las comunidades de ataques, contaba entre sus miembros con cientos de niños, hasta que en 2017 se comprometió a no reclutar a más menores y a liberar a los restantes. Desde entonces, el número de niños liberados asciende a 1.727, según Unicef, después de que en octubre de 2018 las CJTF pusieran en libertad a otros 833. Los menores liberados serán inscritos en un programa de reintegración con educación y capacitación para ayudarles a regresar a la vida civil. En el conflicto en curso en el noreste de Nigeria, más de 3.500 niños han sido reclutados y utilizados por grupos armados no estatales entre 2013 y 2017. Boko Haram, que desde 2009 lucha por imponer un Estado de corte islámico en el país, ha causado la muerte de al menos 20.000 personas desde entonces en Nigeria, un país con una población enorme de casi 180 millones de habitantes, el séptimo más numeroso de esta enloquecida cápsula espacial llamada planeta Tierra. Ojalá que la vida de esas niñas y esos niños soldados pueda encontrar el presente que augura la leyenda del birimbau, que sus almas asomen a la belleza de la música que todavía existe en este mundo a pesar de sus dueños y perversiones varias. Fuentes: “Mitologías y leyendas africanas”, de Frances Cardona, Editorial Olimpo, 1998; diario “La Razón” y agencia “Telam”, 10 de mayo de 2019. Edición: 3873  

No me fui y soy millones
Publicado: Jueves, 09 Mayo 2019 16:29
No me fui y soy millones

Por Alfredo Grande   (APe).- A pesar que la luz estaba prendida, la habitación estaba en penumbras. Una vieja bombita de 60 w apenas alumbraba el ambiente. La suciedad de la lámpara colaboraba para la mortecina luminosidad del lugar. Una enfermera ordenaba un armario de medicamentos. No le resultaba difícil, ya que eras pocos y el armario demasiado grande. Siempre imaginó que había tenido otros usos, quizá demasiados, antes de estacionar en la agrietada pared de la habitación 54 del único hospital psiquiátrico de la Provincia. Dos tarugos intentaban hacer honor a su función de sostén, pero era obvio que a la brevedad cederían a la impetuosa gravedad de los cuerpos. Vagamente la enfermera recordaba que un tal Newton pudo concebir una ley que daba cuenta de la gravitación universal. Sonrió con amargura al recordar sus años de estudios universitarios, donde supo graduarse con mérito. Por algo parecido a una decisión, pero que nunca fue exactamente lo mismo, solicitó el traslado al hospital de enfermos mentales. La excusa fue estar cerca de una tía abuela que la había criado, y que por razones que nadie supo jamás, tuvo una crisis de excitación psicomotriz, alucinatoria y delirante. Ideas sobre la revolución mundial, el hundimiento del capitalismo y el degüello en plaza pública de todos los capitalistas y amanuenses, bastó para que la insania fuera decretada para siempre. Cuando la tía abuela murió, Lucrecia quedó moribunda. Y decidió quedarse desde esa curiosa forma de pensar que la salud es posible cuando estamos cerca de personas más enfermas que nosotros. La paciente que había traído desde la guardia, interrumpió su descanso. Que no era plácido, a pesar de los sedantes que un psiquiatra joven, todavía no demasiado contaminado por la toxicidad de la institución, le había recetado. Lucrecia recordaba que también le insinuó que cuando uno duerme solo, es difícil encontrar placidez. Si fue un elegante intento de levante, en eso quedó. En un elegante intento. Le resultó extraño que desde la guardia pidieran habitación individual por unos días. En realidad, nunca había habitaciones, y menos individuales. Pero el Jefe de Psiquiatría estaba alertado por algunas expresiones de los pacientes, que le resultaban inquietantes. La posibilidad de un electroshock quedó rápidamente descartada, no por las firmes convicciones teóricas del Jefe, sino porque hace tiempo el hospital no disponía del aparato destructor de cerebros. Lucrecia la observó por primera vez. Antes la había mirado, pero ahora la observaba. Si le hubieran preguntado si era linda, aunque en el hospital hacia décadas que nadie preguntaba nada, hubiera respondido que no, pero que era bella. Lucrecia no recordaba quién le explicó la diferencia entre lo bello y lo lindo. Pero en ese momento lo entendió. Sin poder entender claramente lo que hacía, comenzó a acariciar su pelo. Intuía una hermosa cabellera, castigada por vaya uno a saber qué sufrimientos. Tuvo un leve temblor cuando la paciente comenzó a despertar. –¿Qué es este lugar? Lucrecia le sonrió con ternura, cosa poco habitual en ella en los últimos años. –No es fácil decirlo... Para algunos es un hospital… Pero todos saben que es apenas una cárcel a cerebro abierto. Lucrecia sonrió por su propia sutileza. –Creo entender… Una vez me tomaron por loca –dijo serenamente la paciente. –Me tranquiliza. Me han dicho cosas peores y me han pasado cosas peores que estar acostada en esta cama acompañada por vos. Cuando la paciente le tomó la mano, Lucrecia pudo conmoverse. -¿Cuál es su nombre, señora? -preguntó con genuina curiosidad. –No me digas señora. Me llamo Evita. Nadie sino el pueblo me llama Evita. Solamente aprendieron a llamarme así los descamisados. Los hombres de gobierno, los dirigentes políticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales, intelectuales, etc., que me visitan suelen llamarme señora; y algunos incluso me dicen públicamente Excelentísima o Dignísima Señora y aun a veces, Señora Presidenta. Cuando un pibe me nombra Evita me siento madre de todos los pibes y de todos los débiles y humildes de mi tierra. Lucrecia empezó a entender por qué la habían enviado a una habitación individual. –Pero señora, digo Evita, la verdadera Evita falleció hace mucho. No recuerdo la fecha exacta –Lucrecia titubeó ante su ignorancia- pero creo que fue antes del 55. La paciente asintió. La acarició a Lucrecia con ternura. Vio en su rostro reflejado miles de rostros de sus queridos grasitas, sus descamisados, los trabajadores que tanto la amaron. –Yo le dije a Juan. El me escuchaba, pero nada más. Quizá debiera decir nada menos. ¡Que te escuchara Perón no es poca cosa!- Evita sonrió. Siempre sus palabras eran espadas de doble filo. –Mire señora… Evita… -Lucrecia se corrigió en el camino – no sé porque está acá… La verdad es que me importa, pero no puedo averiguarlo. –No importa, los que me encerraron haciéndome pasar por loca lo saben… Y pronto vos te enterarás.- Lucrecia se sobresaltó. Comenzó a escuchar muchas voces, algunos gritos. Una sinfonía que en ese cementerio de almas hacía muchos años no se escuchaba. Abrió las ventanas. Una creciente multitud de internados se acercaba a la habitación. Nadie supo decir cómo se enteraron que una paciente de nombre Evita estaba allí. -¿Qué está pasando, Lucrecia?- Muy agitada, casi entusiasmada, contestó – Evita, están acercándose muchos internos, digo pacientes… ¡son trabajadores! - Lucrecia se sorprendió de sus palabras. –Evita se sentó. Firme. Decidida.- Los descamisados saben, aunque no siempre saben que saben. Pero mi pueblo nunca se equivoca…Otros pueblos no sé… Lucrecia se paró en la cama, abrió las ventanas. El sol hirió de muerte a la lamparita de 60 w. La luz invadió sin permiso toda la habitación. Lucrecia comenzó a saludar a los que por decenas, por cientos, se acercaban. “Evita querida, tu patria es socialista”. Ya los gritos eran atronadores. Lejanas sirenas de patrulleros, ambulancias, camiones hidrantes, bomberos se acercaban. Por algún extraño motivo que nadie supo explicar, no ingresaron al predio del hospital. Quizá algún recuerdo de masacres recientes. Lucrecia la miró a Evita que, ya decidida, se levantaba de la cama. – ¿Qué es la patria socialista? La pregunta de Lucrecia esbozó la mejor sonrisa. Ahora Evita no sólo era bella, sino que nuevamente era linda. –La patria socialista es la felicidad del pueblo. Se puede decir más complicado, pero no es mi estilo- Evita, radiante, comenzó lentamente a acercarse a la ventana. La multitud era una fiera que había salido de su jaula y acumulaba fuerzas para el zarpazo final. Cuando Evita apareció los gritos y aullidos de varias generaciones atronaron cada uno de los espacios del hospital. Llegaban ahora de todas partes, del barrio, de las casas vecinas, de los negocios, de las plazas. Evita, con un temblor que no quiso que se notara, les habló a sus “descamisades”, mostrando una actualización en su lenguaje que sorprendió a Lucrecia. – Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso jamás me deslumbró la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas. Ahora conozco todas las verdades y mentiras del mundo. Tengo que decirlas al pueblo de donde vine. A los trabajadores, a las mujeres, a los humildes descamisados de mi patria y a todos los descamisados de la tierra y a la infinita raza de los pueblos como un mensaje de mi corazón. (**) Lucrecia se dio cuenta que lloraba recién cuando el sucio guardapolvo empezó a mojarse. Evita continúa, a punto de quebrarse su voz.– Ustedes me pidieron en el año 1951 que aceptara ser vicepresidenta de Perón. No les contesté en ese momento. En un mensaje radial contesté que renunciaba a los honores pero no a la lucha. Ustedes no merecían esa respuesta- Un murmullo de cierto desconcierto recorrió como electricidad a la gran masa del pueblo. –Por eso – continuó Evita con la voz ya definitivamente entonada – no renunciaré a la lucha, pero ¡tampoco renunciaré a los honores!- Evita querida, la patria socialista… Un eco interminable, infinito, que abrazó a varias generaciones de militantes, combatientes, guerrilleros, trabajadores, atronó el tiempo y el espacio. –Evita querida, la Patria Socialista. Repetido infinitas veces. Y por primera vez en su vida, Lucrecia entendió el placer de llorar de alegría.   Basado en “Detrás de la santa puta” de  Sergio Wischñevsky. Página 12 del 9 de mayo 2019 (**) Eva Perón. Mi mensaje. Editorial Centauro. Edición: 3872

Paula Perassi
Publicado: Lunes, 06 Mayo 2019 13:04
Paula Perassi

Por Carlos del Frade (APe).- Paula Perassi fue desaparecida el 18 de septiembre de 2011. Iba a ser mamá. Le indujeron un aborto ilegal que no quería. La mataron. Nadie supo, nunca más, qué hicieron con su cuerpo. Una trama mafiosa trabajó a la perfección. Estaba constituida por policías corruptos, jueces que siempre tuvieron miedo y fueron receptivos de los teléfonos políticos y empresariales. Eso es San Lorenzo. El inicio del sueño sanmartiniano de la patria grande y el punto de mayor concentración de dinero procedente de las exportaciones argentinas, en la actualidad. Una geografía contradictoria donde es común encontrar huellas del narcotráfico, lavado de dinero, cereal en negro, contaminación ambiental, accidentes laborales mortales, prostitución infantil, por un lado; y cientos de mujeres y hombres que luchan por un presente de mayor dignidad. Paula Perassi fue tragada por las pesadas sombras de esa realidad contradictoria e impune. El jueves dos de mayo de 2019, en el edificio del Centro de Justicia Penal rosarina, el fallo de un tribunal integrado por la jueza Griselda Strólogo, Alvaro Campos y Mariel Minetti, absolvió a los nueve desaparecedores de Paula. -Escuchamos la versión de los acusadores de lo que supuestamente habría sucedido con Paula, versión de los hechos que no surgió de investigaciones estatales, sino de una serie de datos y comentarios recolectados desde el dolor por su ausencia, armados por el imaginario popular que se fue alimentado con el tiempo y clamor social - leyó la jueza provincial de Santa Fe, Griselda Strólogo. Agregó que “se necesitaba de esfuerzos mucho mayores de los investigadores para su esclarecimiento y no simples promesas de funcionarios, ya que se partía de la enorme dificultad de no tener escena del crimen, ni el cuerpo, ni restos de la víctima”. No hay cuerpo, no hay delito. Como en la dictadura de las desapariciones. Los desaparecidos no están, como dijera Jorge Videla. “La enorme dificultad de no tener escena del crimen, ni el cuerpo, ni estos de la víctima”, fue la frase que recicló el concepto de entonces. Después vendría la segunda máscara. Argumentar la ausencia de pruebas objetivas. La macabra síntesis para justificar la cobardía judicial, la corrupción policial y el silencio cómplice de ciertos nichos de la política. Para la jueza, “no existen delitos perfectos ni imposibles de probar, sino deficiencias investigativas que no logran acreditarlos con certeza. Se acusó a personas y se pidieron penas perpetuas, pero para lograr que los jueces podamos imponerlas, no es suficiente sólo un relato. Quien lo solicita debe probarlo y no debe tener fisuras en su postura, deben lograr dar contundencia y no dejar dudas que las cosas sucedieron tal como se las afirma…Una condena no depende de lo que se cuenta, sino de lo que efectivamente se prueba”, añadió. El tribunal dejó de lado el imperativo del nuevo sistema penal santafesino basado en los testimonios, por eso la centralidad de la oralidad por encima de los expedientes, aquella vieja usanza que venía desde los tiempos de la dominación española. Porque los jueces no investigan, como bien dijo la doctora Strólogo, sino que deben fallar de acuerdo a su profunda convicción. No se habló de convicciones, se habló de pruebas objetivas que faltaron. Un escondite para no poner el cuerpo. La resolución fue impactante. Alicia, la mamá de Paula, no pudo con la angustia y debió ser internada. Alberto, el papá, apenas ironizó que menos mal que no lo metieron preso a él. Ahora los desaparecedores estarán en libertad. Pero nada será igual en San Lorenzo. Paula Perassi divide el presente en un antes y un después de la sentencia. Por la tarde del jueves, cientos y cientos de personas abrazaron a la familia y condenaron la decisión del triunvirato judicial. Lo cierto es que la desaparición de personas, tal como sucedía con los jueces federales durante el terrorismo de estado cuando rechazaban los hábeas corpus presentados por las familias de las y los secuestrados, sigue teniendo personas que reciclan su lógica a la hora de construir impunidad. Los policías absueltos eran, justamente, los que debieron investigar y destruyeron cualquier evidencia. Los que ya venían trabajando para construir otras impunidades en ese paraíso de dinero legal e ilegal que es el departamento San Lorenzo. La democracia no ingresó de forma completa en los servicios públicos de justicia en las provincias argentinas. La segunda desaparición de Paula Perassi demuestra, una vez más, la fenomenal impunidad de las mafias. Queda como esperanza la respuesta popular, la indignación y la necesidad de insistir hasta que el presente se parezca más a los sueños que a las pesadillas impuestas por los que son pocos. Edición: 3870    

Rafa Nahuel: fue “homicidio agravado”
Publicado: Miércoles, 15 Mayo 2019 15:30
Rafa Nahuel: fue “homicidio agravado”

Por Claudia Rafael (APe).- “Homicidio agravado”, dijeron los camaristas y ordenaron detener a Francisco Pintos. Prefecto. El que por la espalda y con un fusil determinó el final de la vida de Rafael Nahuel, el pibe mapuche de 22 años. Mil excusas para decidir quién vive y quién no. Francisco Pintos, en nombre del estado, ése que se viste de lobo para salir a cazar, ahora deberá ser juzgado por homicidio agravado y no ya por exceso de legítima defensa como habían venido esquivando hasta ahora y desde hace un año y medio. Francisco Pintos, mano de obra, brazo armado de un pacto social creado para criminalizar a los que asoman la cabeza y se rebelan al orden establecido. “Homicidio agravado” y no ya el prefecto que se defiende disparando por la espalda. Con fuego que es real, contundente, asesino. Que estalla ante los que recuperan sus tierras, ante los que toman las calles, ante los que se asumen transformadores de la desmemoria y la usurpación. Hasta que los camaristas de General Roca estamparon su firma en el cambio de calificación legal, nadie había asesinado a Rafita. Tal vez, precisamente porque Rafa Nahuel era un nadie a los ojos del Estado. Como tantos nadies que deambulan por los márgenes de la historia y que, a la vez, hacen la Historia desde abajo. Nadies que son fusilados como dulces pájaros en vuelo por una civilización que devasta. Que escupe muerte. Que derrama terror. Y que establece desde los discursos del poder y desde la práctica cotidiana que hay quienes serán los dueños de la vida y portadores de los instrumentos de la crueldad, porque tienen permiso oficializado para matar. Homicidio agravado, dicen hoy los camaristas un año y medio después. Un prefecto. Un solo prefecto, ante la decisión entera de un Estado. Edición: 3876    

El fantasma del gas
Publicado: Martes, 14 Mayo 2019 14:44
El fantasma del gas

Por Silvana Melo (APe).- Hay olores que atraviesan la espalda cuando se sienten en un aula de Moreno. Hay olores asociados al miedo, a ausencias que son símbolos, que son imágenes en la pared. Hay olores que el piberío reconoce. El gas tiene un olor disfrazado, un olor prestado. El que le pusieron para que se reconozca, para que se sepa que ese olor no es normal, no forma parte de la vida cotidiana sino de las alertas de muerte. Ese olor se sintió otra vez en la Escuela 38 de Moreno. A nueve meses de que explotara la 49 y se llevara, como esquirlas, a Rubén Rodríguez y Sandra Calamano. Y por apenas minutos, perdonó a los chicos. Que estaban a quince de entrar. Después de las muertes, de varios meses sin clases en toda la ciudad, de mezquindades y falacias, de las miradas de reojo desde el estado, de obras y desobras, de conexiones y desconexiones, de acusaciones partidarias. Después de que la verdad más tajante fueran los cuerpos de Rubén y Sandra. Después de aquel agosto, se sintió olor a gas en la Escuela 38. Los inspectores de Gas Natural Fenosa llegaron, certificaron que había una pérdida, cortaron el suministro y dejaron todo en manos de quienes hicieron la instalación. El gas había sido habilitado apenas una semana atrás. El acta de la compañía es clara: “escape de gas interno. La instalación interna de gas no cumple con las normas aplicables en materia de seguridad”. Los niños estaban en clase. Rondaban, bostezaban y se reían por ahí. Mientras el gas escapaba, subrepticiamente. 250 chicos puestos en el patio. Para que no olieran. Como olían en agosto del año pasado, igualito que en la 49. Aunque ésta no explotó. En la 38 de Moreno también se olía gas en agosto de 2018. Por eso decidieron la instalación nueva. Que se terminó nueve meses después. Y se habilitó hace una semana. Para que el viernes se oliera otra vez. Y todos volvieran a estar en peligro. 250 niñas y niños y sus maestras y sus preceptores y sus cocineros, rehenes de ese olor que estalla en las manos. En el patio, atravesados por el miedo de aquel agosto. Aunque reglamentariamente exista la facultad de interrumpir las clases y mandarlos a casa. Hay un protocolo. Un articulado de seguridad para evitar lo que todos saben que puede pasar. Lo que todos tienen explotando en el corazón cada vez que huelen. No es sólo la 38 donde el gas vuelve a escapar. En una ciudad en la que hubo siete meses para reparar todas las conexiones. Ni la provincia ni el municipio asumieron las responsabilidades plenas, envueltos en riñas mezquinas y preelectorales. Hay miles de niños que van a comer a los mediodías de esas cocinas, de hornalla imprescindible. Y empieza a hacer frío y la piel se eriza y la panza vacante se anuda justo en la ventanita que escucha, que comprende, que aprehende. Ni la 38 ni tantas escuelas de Moreno ni tantas otras del conurbano, tienen salidas de emergencia que respeten las normas. Ni capacitaciones y ejercitaciones para eventuales evacuaciones. En Moreno, donde las clases terminaron en agosto en tantas aulas. En Moreno, donde hay una vicedirectora y un auxiliar muertos el día que explotó una escuela. Porque en la provincia se escapa el gas, como un prisionero con rejas de papel. Y huele impunemente y nadie lo ataja. Y las escuelas pueden explotar. Sandra y Rubén lo recuerdan desde una pared. Foto: Guadalupe García /Anccom Edición: 3874  

El engranaje de la AUH
Publicado: Martes, 07 Mayo 2019 14:01
El engranaje de la AUH

Por Silvana Melo     (APe).- Poco menos de cuatro millones de niños reciben la AUH. Son ocho millones los que el sistema de confinamiento social encerró en la pobreza. La asignación es por hijo pero no es universal. Son 2652 pesos por niño. Gracias a la extrema generosidad preelectoral de un gobierno que azota a las clases populares y, hasta octubre, les raciona el paracetamol. Una vez relegitimado en esas urnas donde no caben los sueños, desaparecerán los calmantes y se ensancharán las heridas. Dice Ismael Bermúdez en Clarín que más de la mitad de las madres y padres que cobran la AUH tiene un solo hijo. El 28%, dos. El 13 %, tres. El 5%, 4. Y sólo el 2% intenta darles de comer a cinco.

No es petiso ni orejudo
Publicado: Viernes, 03 Mayo 2019 13:34
No es petiso ni orejudo

Por Alfredo Grande  (APe).- Cuando era mucho más joven que ahora, las dudas que surgían cuando hacíamos caníbales partidos de Scrabel se dirimían con el Petit Larousse Ilustrado. Lo que no estaba en el Larousse, no existía. Ahora la Wikipedia cumple funciones más amplias, pero la esencia se mantiene. El “mataburros” electrónico permite hacer mucho más ajustadas ciertas definiciones. “Cayetano Santos Godino (Buenos Aires; 31 de octubre de 1896 – penal de Ushuaia; 15 de noviembre de 1944), más conocido por su apodo El Petiso Orejudo, fue un joven asesino en serie, uno de los mayores sociópatas de la historia argentina, ya que a principios del siglo XX fue responsable de la muerte de cuatro niños, siete intentos de asesinato y el incendio de siete edificios”. Me temo que lo de mayor sociópata es una desmesura inaceptable. Mueren mucho más que 4 niños por los agrotóxicos, la contaminación con metales pesados, el frío, la deshidratación, la mal nutrición crónica, el bajo peso al nacer, la falta de agua potable, de viviendas que protejan de la intemperie. Los intentos de asesinato hace décadas que son algo más que intentos, y reciben el más adecuado nombre de masacres: desde Budge a Pergamino, pasando por Cromañón y Ezeiza. Mucho más de siete edificios fueron destruidos cuando la ciudad de Rio Tercero estalló para ocultar el contrabando de armas de un gobierno. Creo que la repulsa tiene más que ver con la condición de orejudo y petiso, que con sus atroces crímenes, que han sido ampliamente superados por el Estado Terrorista. Aun en décadas de democracias del sufragio, que terminan siendo democracias del naufragio. La pregunta que sigue martillando mi cerebro es: “¿Qué hicimos para llegar a esto?”. Me refugio en la dudosa comodidad de un aforismo implicado: “no llegó porque lo votaron, sino que lo votaron porque llegó”. Y no solamente llegó, cuando le facilitaron el triunfo en la ciudad de Buenos Aires, sino que llegó porque el otro rival en la pole position para la presidencia, que fuera elegido, designado, ungido por la poderosa señora, y simultáneamente denigrado, insultado, humillado, por sectores radicalizados, perdió por penales. El presidente actual sólo pudo llegar porque hubo sectores que estaban en la vereda de enfrente pero la calle era tan angosta que las veredas se rozaban. Estoy convencido de que hubo una conspiración siniestra para que el neo liberalismo tan odiado, tuviera una nueva oportunidad en nuestra triste historia. Aunque no tenga pruebas, de todos modos a ellas me remito. El “padre de la democracia”, primer presidente post dictadura, fue echado con un traicionero golpe de mercado. El sucesor, que confesó haber mentido para que lo votaran, inició la más atroz operación rescate de la derecha económica. Bunge y Born, luego los Alsogaray. Fue reelecto y luego entregó un cartucho de dinamita con mecha corta que se llamó convertibilidad. Más allá o más acá del blindaje, cuando explotó el Gran Iniciado de la Venta de las Joyas de la Abuela, ya estaba indultado políticamente y con los años, también jurídicamente. La amnesia histórica hace naufragar esos recuerdos. El Nunca Más es al Terrorismo de Estado. Pero no hay Nunca Más a las diferentes formas de Estado Terrorista. Y una de las pruebas de esa conspiración es la pesada, pesadísima, casi infame decisión de que se termine el mandato presidencial en los tiempos institucionales correctos. Un ex vicepresidente de la Nación dijo que lo que mantiene cierta paz social o, al menos, previene de insurgencias tumultuosas, es la esperanza en el cambio de gobierno y en la plena realización del “volveremos”. Legitiman el “costo social de los plazos electorales”. Pienso que la única forma de prevenir estallidos sociales, es justamente, adelantando las elecciones. Porque no hay forma que la nueva oferta de gobierno, pueda mitigar la demanda económica, social, incluso anímica, que esta etapa está marcando. La cicatriz del hierro candente no se va con una semana de cicatul. Pienso que “lo votaron porque llegó” y ahora que llegó la casta política, incluso la opositora, quieren que se vaya a la hora y fecha señalada. A ver si el pueblo se acostumbra a determinar los plazos de fin de mandato. Los familiares de la masacre de Cromañón siguen pagando la blasfemia de haber destituido al Jefe de Gobierno Progre. Quizá por eso el devastado local de Cromañón, que debiera ser santuario de memoria y homenaje, ha sido entregado a una empresa “off shore” del que fuera uno de los responsables directos de la masacre. El daño es tan profundo, que un jurado popular libera a un asesino. Desde ya, con muchos atenuantes en su accionar. Menos el de defensa propia. Es un caso de lo que denomino “injusticia por mano propia”, de absoluta afinidad con la doctrina Chocobar. Una democracia que tolera que gobernar sea el arte de asesinar, no tiene forma de encubrir que el Estado Terrorista tiene demasiados cómplices. Oficialistas y opositores. NO son lo mismo. Pero lo importante es decir en qué se diferencian. La alianza anticomunista argentina (la triple A) fue organizada en plena vigencia de la democracia. La sangre derramada empezó a ser negociada. Cuando uno de los máximos responsables de la masacre del puente Pueyrredón es gerenciador de la oposición, algo huele a podrido en la Argentina. Tengo la certeza de que nadie podrá socorrernos, pero también la convicción que de las entrañas del dolor, de la tristeza, de la desesperación, se pueden parir nuevos deseos. Parir sueños posibles, que nos permitan recuperar los que se han perdido e inventar los que no han llegado. Y aprender a cuidarnos de los petisos y orejudos, que el alucinatorio político social transforma en altos, rubios, elegantes, ricos, famosos, ganadores, emprendedores, meritócratas y electoralmente necesarios. La conspiración gatopardista está en plena fase de lanzamiento. Algo, poco, mucho cambiará, pero a menos que decidamos que la lucha es cosa nuestra, siempre será para que poco y nada cambie. La trampa de esperar cuatro años es otra de las canalladas del poder burgués. Al decir de Mario Benedetti, “nuestros muertos quieren que cantemos”. Me permito agregar que también quieren que luchemos. Edición: 3869  

Desde el alma
Publicado: Jueves, 02 Mayo 2019 11:30
Desde el alma

Por Alberto Morlachetti, en el cumpleaños 69 de Carlos Cajade (*)   (APe).- Si alguien -como escribe Gelman- nos hizo ver a Dios como un sueño clandestino de los desamparados o una belleza que se parece a cualquier hombre o mujer fue Carlitos Cajade, que supo -como pocos- que el amor es una cuestión de semejantes. Profundamente humano, sabía que si se dividen los que creen en el Cielo y los que no, perdemos la tierra. Esa tierra donde creyó con alegría que se podía construir el paraíso.   Dos días antes de partir, estuvimos hablando -en la madrugada de una terapia intensiva- con la voz que le quedaba -un sonido pequeño y acurrucado- con la ternura y la dignidad invicta de quien ha cumplido el propósito de vivir y está pagando el precio de amar una esperanza, tan propia y tan nuestra, en los “países hermosos” que crecían en su alma.   Carlitos se domiciliaba entre sus pibes, en los trabajadores, en los hambrientos y en los perseguidos -su mayor legado- manteniendo activo el diminuto carbón que alimentaba su pasión condenando al capitalismo desde su más íntimo latido.   La vida, que tiene la indomable libertad de irse cuando quiere, le resta a la condición humana un militante incomparable que luchó y amó para que no haya niños que nazcan inútilmente ni adultos que no colmen sus años, como manifestaba lejanamente su querido Isaías.   Nos duele el alma alojar este dolor, esa precaria y efímera señal de un hombre germinal que no quiso dejar el corazón de a pie.   (*) Escrito en 2005, en días de la muerte de Carlos Cajade   Edición: 3868

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Galería fotográfica

 

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Hechos en imágenes

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Vaca Muerta

Cristian Baeza (34) y Maximiliano Zappia (24) son dos operarios muertos en una pileta de Vaca Muerta. En 15 meses son 8 las víctimas fatales.


Táser

Fue aprobada la utilización de las táser, a las que definen como “armas electrónicas no letales”, por parte de las fuerzas policiales y de seguridad federales.


Bebé

Un cartonero encontró el cuerpo sin vida de un bebé en un basural en Rosario.


Nino Largueri

Cuatro policías son juzgados por la muerte de Sebastián “Nino” Largueri de 23 años, desaparecido en 2015 en Monte Caseros.


Gualeguaychú

Juzgan a un policía detenido en Gualeguaychú acusado de violar a sus hijas


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Libros de APE

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