De tristezas, derrotas y desangelados
Publicado: Viernes, 22 Junio 2018 14:59
De tristezas, derrotas y desangelados

Por Silvana Melo  (APe).- Derrotas son las de todos los días. La escuela que expulsa a los 14, el trabajo que es legítimo pero ilegal antes de los 16, el transa que paga mucho mejor, la conciencia de que nada alcanza para llegar a las altas llantas que incluyen, al celular que construye pertenencia. Los pibes suburbiales difícilmente pasan la primera ronda. Y no hay Europa a la que volver cuando el potrero fue esquivo. El sistema golea cotidianamente. Por eso tristezas, lo que se dice tristezas, son las de los pibes de las barriadas. Corridos por la policía que no los deja pasar al terreno de los privilegios. Donde una gorra y una ceja afeitada a medias es una amenaza. Condenados a la periferia de la vida, allí donde nadie califica, donde nadie comprende del todo porque creció con plomo en la sangre y sin calcio en los huesos, donde nadie come frutas sino snacks baratos, donde nadie toma agua buena sino gaseosas berretas que matan los dientes y le silban a la diabetes para que venga, donde la felicidad es un revólver ardiente y al futuro mejor avisarle que no venga, como ya advirtió Castelli hace doscientos años. Cuando ya se preveía que las tristezas serían siempre otras que las de un millonario desangelado, que deja el fuego en casa y pasea su depresión por el campo donde había que desplegar la pasión. Como una alfombra roja para las alegrías que finalmente se estrellan como un avión malayo bajo el misil moscovita. Alegrías que hay que construir en el potrero diario, pelándose las rodillas y el alma para quedarse con la pelota, embarrándose las ilusiones para clavarlas en el ángulo. Izquierdo. Porque a esa victoria no la ve nadie por TV. Es la supervivencia de cada día. Es despertarse vivo y es despertarse viva. Una vez más. Sin que la bala ni el veneno ni el hambre ni los leviatanes del estado puedan quebrar el fémur ni la voluntad al menos hasta esta noche. Para angustias, las de los chicos de los arrabales de este mundo. Que difícilmente pasan la primera ronda. Y no tienen zona de confort a la que regresar cuando el temporal amenaza. No hay Europa a la que volver cuando el potrero fue esquivo. Cuando el gendarme arrincona o el prefecto dispara. Aunque es el mismo sistema perverso, mafioso, el que condena al pibe anónimo, que es uno pero es decenas de miles, y al millonario desangelado que se frota los ojos preguntándose qué hago aquí cuando hay que poner la pasión. Que es fuerza y es padecimiento. Que es la vida de la gente ordinaria. Es el mismo sistema que acuña dirigencias horribles, un padrino que delineó negocios y un fútbol amoldado a esos negocios, durante la dictadura y las democracias subsiguientes porque hay cosas que no cambian. Nunca. Es el mismo sistema que creó un presidente a partir de esas dirigencias horribles, porque el presidente es presidente porque primero dirigió el club más importante del país que ahora preside su operador judicial. El mismo sistema que intentó democratizarse con una elección que resultó 38 a 38 cuando los votantes eran 75. Que es socio de los barras aunque se lave públicamente. El mismo que crea periodistas mercenarios, que bajan de héroe a villano según la cotización del día. Es la belleza del fútbol diseccionada para armar un monumental negocio. Que le extrae la pasión y la sangre para largarlo a la cancha gélido y gris. Desangelado. Como el millonario que, además, evade impuestos con cuentas off shore. Como los ministros argentinos. Todos parte del mismo sistema. Por eso para tristezas, lo que se dice tristezas, los pibes de las barriadas. Que los miran de lejos, que les ven las vacaciones en paraísos de mares turquesa. Que les ven el futuro en paraísos fiscales. Que les ven las piernas perfectas y los sueños alcanzados. Ellos, que sueñan con las inferiores de Boca o de River. De Independiente o de Central. Sin un peso, atrapados por la voluntad de los dueños de los clubes. A la mala de dios, prostituidos, abusados, por una carga de SUBE. De quién son las angustias. De quién las tristezas. De quién las derrotas. La vida anda con la sangre en el ojo, tirando rabonas y esquivando fieras. Está en los baldíos de los barrios. Y no en los estadios lujosos del sistema. Está en un campito de Jujuy o en el patio infinito de una escuela rural de Entre Ríos. Y no en los fastos de Volgogrado. O en la suntuosidad del Camp Nou. Ahí la encontrarán los pibes que la peleen, puestos a disputarle la pelota a los peores, a los devastadores, a los propietarios, a los que se la llevan bajo el brazo cuando decretan hasta acá. Y será muy bello el desalojo. Con el último penal. Y el último aliento. Edición: 3638    

El veneno en las manos
Publicado: Lunes, 11 Junio 2018 22:48
El veneno en las manos

Por Silvana Melo (APe).- Cuando la maestra vio las manitos de Giselle, le corrió un frío por la espalda. Que  es por donde atacan los enemigos más  arteros. A esas cáscaras rojas no las conocía. La nena, desde sus diez años de ángel bajado brutalmente a la tierra, la miró. Son de trabajar en el campo, le dijo. Como Ezequiel Ferreyra, que cuando apenas tenía cuatro, sintió encenderse el cáncer en su cuerpito después de juntar huevos entre el guano, la sangre y los agroquímicos en un criadero de pollos de  Pilar. A los seis murió. Giselle tiene las manos quemadas por los agrotóxicos. Porque no sólo la explotan sino que la envenenan. Como a Ezequiel. Hijos los dos de familias de extrema fragilidad, traídas desde Bolivia o desde Misiones bajo la trampa de la mejor vida. Suponiendo que no hay vidas peores que las vividas hasta entonces, suelen aceptar. Y terminan prisioneros de un sistema que necesita esclavos, enfermos y quebrados, que se construye con veneno y con muerte. Que se sostiene en el sojuzgamiento de los más débiles, de aquellos a quienes las otras patas del sistema les vedaron los recursos de defensa y de pelea. Giselle es parte de esa telaraña, que acopia niños de entre 5 y 12 años, hijos de familias a las que encarcelan en las quintas para que vivan, cosechen, trabajen 14 horas, duerman donde puedan, se choquen con alambres electrificados para no escapar, apliquen agroquímicos, sufran su deriva, los respiren, les caigan en la piel. Porque no sólo los explotan. También los envenenan. Porque el modelo agropecuario, sostenido del sistema como una borla de navidad, se sustenta en su propia toxicidad. Giselle contó, como muchos otros niños de las zonas rurales (donde antes la vida era sana y bella), con una maestra. Que la vio, como las maestras del campo suelen ver a los chicos y no sumarlos a un listado donde son sólo una línea alfabética. Y son las Ana Zabaloy, las Mariela Leiva, las que terminan viendo, jugándose y salvando a los niños individuales en medio del colectivo sistémico. Giselle vino de Bolivia, arrastrada por el oropel de las promesas. En un transporte trucho, amontonados en el coto de una ilusión mínima, opaca, arrugada. Tan clandestinos como la riqueza de sus explotadores. Tan irregulares como los cimientos de una estructura que sigue en pie, vestida de legalidad y de privilegio, sin retenciones ni aprietes estatales, sin ajuste ni necesidad de vender cuando el dólar anda en alza, esperando como quien especula, es decir, se mira en su espejo. Giselle vino al sur, por la ruralidad de Berazategui, como Ezequiel al norte, por los alrededores de Pilar. De las 40 personas esclavizadas que encontraron, 22 eran niños. Varios de ellos mostraban cáscaras en la piel como las de Giselle. “Vivían hacinados y en condiciones infrahumanas. No tenían agua caliente y se alimentaban mal. Muchas veces los dueños del campo les mentían a los padres de los niños que se enfermaban, les decían que eran llevados al hospital, pero en realidad los curaban ellos mismos de manera muy informal”. El hombre que lideró el operativo relató detalles que desnudan cómo las aspas del capitalismo reducen la condición humana a guano de las gallinas. Ezequiel murió hace ocho años. Apenas alcanzó los seis. Era morenito, de ojos oscuros y mirada inquieta. Giselle tiene nombre gracias a su maestra. El resto de los niños fumigados, explotados y cesanteados de la vida como para siempre, no se ven. Hundidos en su sombría fragilidad. Pero con una rara pertinacia en la esperanza que es una aguja para pelearle a un dragón. Sin embargo, los dragones suelen caerse cuando pisan una aguja. Y en ese milagro hecho a mano se sustenta el futuro. Las imágenes son puramente ilustrativas. Edición: 3632

Injusticia alimentaria
Publicado: Martes, 05 Junio 2018 15:52
Injusticia alimentaria

Por Silvana Melo (APe).- Chupar una naranja o masticar una zanahoria pueden encarnar una fatalidad sistémica: raíz o fruto, los alimentos de la naturaleza llegan envenenados a la mesa de los días. Cambiar en los tentempié de los niños snacks por tomates implica cambiar grasas saturadas por endosulfán. A diez días del Mundial de la Plaza Roja, los niños se calzan la diez de Messi en los potreros. Mueren por comer lo que Messi publicita. Pero jamás tendrían acceso a lo que Messi come: frutas y verduras sin pesticidas, aceite de oliva, semillas, frutos secos. Sí se llenan la panza de papas fritas baratas, gaseosas excedidas en sodio y azúcar, hidratos de carbono sin nutrientes y naranjas plagadas de insecticidas. Cambiar el tentempié de un niño de snacks a tomate sería reemplazar grasas hipersaturadas por endosulfán. Messi puede tener un nutricionista italiano que le marque un norte saludable. Los pibes que sueñan la gloria en los potreros del conurbano, de Santiago del Estero o del gran La Plata se enjugan las rodillas raspadas con algodón con glifosato. Y mastican zanahorias con clorpirifós. No saldrán Messis de los baldíos de Salta o de José León Suárez. Exactamente un mes antes del comienzo oficial del Mundial en Rusia, Lionel Messi abandonó Barcelona para hacer un viaje relámpago a Italia: allí tiene su consultorio el nutricionista que le cambió los hábitos alimentarios y el metabolismo y, de esa manera, acabó con los vómitos en medio de los partidos y las lesiones recurrentes. Uno de los alimentos en capilla es el azúcar, presente aluvionalmente en golosinas y bebidas que consumen los chicos cotidianamente y que Messi ha contribuido a difundir con las publicidades que protagoniza. Dueño de una de las contradicciones propias de la Argentina, se alimenta en forma saludable pero publicita snacks y gaseosas nocivas para la salud de los chicos y que propician la obesidad infantil. De la misma manera que el Gobierno argentino denunció que el país es uno de los mayores consumidores de azúcar del continente pero se echó atrás con el aumento tributario a las bebidas azucaradas por presión de la Coca Cola. El nutricionista Giuliano Poser, sostiene la dieta personalizada de Messi desde 2014. "Eliminó la comida procesada y la reemplazó por comidas ricas en vitaminas, cereales, verduras, pescado y aceite de oliva", explicó Poser, que también destacó que “dejó de tomar gaseosas (sólo agua) y redujo el consumo de azúcar y carnes rojas”. Sin embargo, desde masivas publicidades Lionel sigue recomendando las papas Lays y energizándose con la latita de Pepsi, endulzada con el equivalente a 13 cucharaditas de azúcar. Políticas La Pepsi, uno de sus espónsores principales, generó hace pocos años el adjetivo “inmessionante” como parte de la estrategia publicitaria. Vocablo incluido por el diccionario de la RAE en 2013. Hasta esas alturas llega el poder de las empresas productoras de alimentos ultraprocesados que generan sabor y necesidad de consumir ese sabor ilimitadamente. Sin embargo, los chicos y las chicas de sectores populares generalmente no acceden a alimentos naturales y saludables (son muy caros) y ni siquiera a las Lays ni a la Pepsi: a veces están a mano sólo los snacks de tercera calidad, llenos de grasas, colorantes, saborizantes químicos y venenos varios. Y/o la Manaos u otra variante de bebida cola de similar deterioro cualitativo. La alimentación –cuantitativa y cualitativa- es una decisión de la salud pública. La soberanía alimentaria es profundamente política. El médico italiano delineó la base de la alimentación del Diez: “agua, un buen aceite de oliva, cereales integrales y frutas y verduras frescas biológicas, o sea no contaminadas con pesticidas, herbicidas y demás, porque eso hace mucho daño al organismo. También son muy buenos los frutos secos y las semillas". Por eso los chicos de los sectores populares, cuyos padres nunca podrían pagar un nutricionista como el de Messi ni la obra social –si es que forman parte de la elite que todavía disfruta de una- le cubriría la visita, tampoco pueden comer como él. Porque lo saludable, lo natural, lo orgánico, es costoso. Las frutas y verduras sin agrotóxicos casi no existen en el país. Si se consiguen, es a precio de oro. El aceite de oliva, las almendras, las nueces, son artículos suntuarios en la mesa popular. Entonces el 31 por ciento de los chicos (cifras de Unicef) es gordo o corre riesgos de serlo, es diabético o lo será, tiene el colesterol malo alto o se le subirá cualquier día. Patricio Eleisegui publica en IProfesional (*) que el 39 por ciento de las frutas y verduras analizados tiene “un nivel de residuos tan elevado que vuelve a cada variedad un alimento inadecuado para el consumo”. Entre otros agrotóxicos, se detectó clorpirifós, “uno de los plaguicidas organofosforados más utilizados en la agricultura de la Argentina: Dow, su desarrolladora, fue multada en 1995 y 2003 por ocultar casi 250 casos de intoxicación con ese agroquímico sólo en los Estados Unidos y continuar publicitando al insecticida como producto seguro” (Sic Eleisegui). Otro veneno aparecido es el endosulfán. Prohibido desde 2013 (después de la muerte de Nicolás Arévalo, cuatro años, en los tomatales de Lavalle) pero impunemente utilizado hasta hoy. La alimentación no adecuada le produjo a Messi once lesiones musculares entre 2006 y 2013 y vomitaba antes de cada partido, replicado por millones de pantallas en todo el mundo. La alimentación deficiente –que él mismo, contradictoriamente, sugiere a sus fans- genera obesidad infantil, diabetes, alteraciones metabólicas y un crecimiento con altibajos. A Messi el nutricionista italiano le restringió al máximo el azúcar. Principal componente de gaseosas y jugos que, “según el tamaño del vaso, (pueden incorporar) entre 500 y mil calorías. Por eso son señalados hace ya varios años como los mayores responsables de la obesidad que carga al planeta”. Con estrategias que cargan las bebidas de sodio para generar sed y le triplican el azúcar para ocultar la sal, las transnacionales dominan el mercado alimentario. Es decir, dominan el mundo. Por eso la soberanía alimentaria es una cuestión profundamente política. Y la dieta de Messi, un tema de salud pública. Azúcar soberana El 1 de marzo de este año Mauricio Macri abrió las sesiones ordinarias del Congreso y, en su discurso, se mostró preocupado porque “somos el país con mayor obesidad infantil de América Latina y uno de los cuatro países que más azúcar consumen en el mundo. Uno de cada tres chicos tiene obesidad infantil. Estamos trabajando para que tengan alimentos más saludables”. Entre otras medidas, le quitó las retenciones a la exportación de alimentos orgánicos. Por lo tanto, cuestan oro en la Argentina pero se exportan con fluidez. Es decir, se vende hacia afuera lo sano, se consume en el mercado interno lo tóxico. El informe platense –dice Eleisegui- muestra claremente “que los productos que se comercializan hacia otros mercados ostentan parámetros de residuos hasta 7 veces menores a los hallados en la producción que hoy se ofrece en verdulerías”. El Gobierno además dio marcha atrás con el aumento en los impuestos a las bebidas azucaradas, que era un aporte directo a la salud. Con sólo bajar un 10% el consumo –lo que se hubiera logrado con la suba impositiva- podrían prevenirse unos 13.385 casos de diabetes y cerca de 4.000 eventos cardíacos y cerebrovasculares. Lo dice un estudio del Cedes, unidad asociada al Conicet. La Fundación Interamericana del Corazón (FIC Argentina) realizó una investigación sobre 184 bebidas azucaradas con el objetivo de conocer el contenido de azúcar: una botella de medio litro aporta un promedio de 65 gramos de azúcar, unas trece cucharaditas. La OMS sugiere que un ser humano no debe consumir más de 10 cucharaditas diarias de azúcar agregada. Una lata de Pepsi publicitada por Messi supera ampliamente la porción de todo un día. Sin embargo, en diciembre pasado la urgencia por aprobar la reforma previsional llevó al Gobierno a una de las tantas contradicciones que asuelan a la política: necesitado de la voluntad de los gobernadores, cedió y dio marcha atrás con el tributo a las bebidas azucaradas, por pedido del gobernador de Tucumán Juan Manzur. El mismo que fue ministro de Salud de CFK (ministro de Salud, sí). El meollo está en la producción de limón que Tucumán le vende a la Coca Cola, que la Coca Cola amenazó con dejar de comprar si avanzaba la presión tributaria y por la que Manzur amenazó con no votar la reforma si perdía la venta limonera. Los negocios no tienen ideología ni mirada humana ni ministerios saludables que se le planten. Por eso la soberanía alimentaria es profundamente política.   (*) El trabajo estuvo a cargo de científicos del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIM) -dependiente de la Universidad de La Plata-, el Espacio Multidisciplinario de Interacción Socioambiental (EMISA), y el CONICET. Edición: 3628  

San Martín y el ejército
Publicado: Lunes, 04 Junio 2018 13:36
San Martín y el ejército

Por Carlos del Frade (APe).- La pibada, en cualquier barrio de cualquiera de las grandes ciudades argentinas que alguna fueron obreras, no encuentra trabajo con facilidad. En las facultades, cuando se pide que levanten las manos los que tienen trabajo en blanco, menos de la mitad de la muchachada lo hace. En aquellas geografías estragadas de los conurbanos, entonces, el capitalismo se las ingenia para que lleguen sus arterias principales, armas y drogas. El dominio por el territorio, entonces, es la nueva forma de competencia laboral. Los que antes compartían el comedor comunitario y la canchita de fútbol se miran feo y saben que tienen horas donde las policías provinciales no los molestarán mientras desatan la fiereza contra ellos mismos. A veces salen en los medios, pueblan las noticias policiales y poco más. Queda el dolor. La silla vacía en la escuela que ya no está y el recuerdo de las maestras y los maestros que siempre creyeron en ellos. Viene el estudiado verso oficial. Largamente planificado y perfeccionado en los últimos treinta años. Para que haya seguridad, hace falta la presencia de fuerzas de seguridad nacionales. Los que mal cuidan las fronteras, dicen y hacen creer que cuidarán bien los barrios de las grandes ciudades. Gendarmes en todos lados. El 29 de mayo, a cuarenta y nueve años del Cordobazo, doscientos gendarmes llegaron por quinta vez a Rosario en cuatro años. Esto quiere decir que ya fracasaron cuatro veces. Pero el discurso oficial no lo dice, no lo acepta, juega el peligroso fulbito para la tribuna, aplica la demagogia punitiva y celebra la intervención. Pero ese mismo día, ni la policía provincial ni la gendarmería pueden evitar que el juez Ismael Manfrin, que mandó preso a Los Monos, la principal banda narcocriminal de la ex ciudad obrera, ferroviaria y portuaria, sea baleado en sus dos domicilios anteriores, uno de ellos frente a la comisaría quinta, en pleno corazón del Parque Independencia. El gobierno provincial sale a decir que fueron “Los Monos”, cuando desde hace dos años predica que ya no existen. Pero ahora sí. Los necesitan activos para marcar a alguien cuando explota esa realidad que las pibadas sufren en ex barrios obreros. Pero ese mismo día, el presidente de la Nación, el ingeniero Mauricio Macri, hace el anuncio preciso. Dicen los diarios nacionales que Macri dijo que es necesario que las Fuerzas Armadas "dediquen mayores esfuerzos en la colaboración con otras áreas del Estado, por ejemplo brindando apoyo logístico a las fuerzas de seguridad para cuidar a los argentinos frente a las amenazas y los desafíos actuales, y también contribuyendo con la política exterior". La ministra de Seguridad traduce: "El Presidente en su discurso habló de apoyo logístico a las fuerzas de seguridad. Para nosotros es bienvenida toda colaboración para cuidar a los argentinos", dijo Patricia Bullrich. Como en Colombia, Brasil y México. El ejército contra el narcotráfico y por la seguridad. Es el verso aprendido y corregido. El peligroso fulbito para la tribuna, el punto máximo de la demagogia punitiva. San Martín persiguiendo pibes que fuman un porro. Si la policía provincial y la gendarmería quedan desbordadas, como demostró el atentado contra el juez Manfrin en la ciudad de Rosario, es necesaria la participación de las fuerzas armadas. No dicen las voces de los distintos oficialismos que esas intervenciones militares ya llevan miles de desaparecidos en democracia y que los negocios que dijeron combatir se multiplicaron. La pibada, en tanto, sabe que vienen por ellos. Que no hay seguridad, sino control social. Que San Martín, siglo veintiuno, vendrá por ellos. Víctimas desesperadas que colapsarán las cárceles y que generarán, entonces, el negocio de hacer nuevas cárceles como también, en estos días, dijo el presidente. Tiempos duros para las pibadas de los barrios de las ex ciudades obreras. Tiempos duros para las democracias latinoamericanas. Edición: 3626

El derecho de decir
Publicado: Viernes, 01 Junio 2018 13:37
El derecho de decir

Por Bernardo Penoucos (APe).- Las sierras bajas y el viento frío y húmedo cortan el paisaje que parece prometedor. Allí, en una orilla del mundo, en el sur frío de la provincia de Buenos Aires se puede descubrir, campo adentro, la Unidad Penitenciaria n° 37, en Villa Cacique, partido de Benito Juárez. Los altos alambrados y las rejas parecen petrificadas por el invierno de las 6 de la tarde. Lentitud, aquietados movimientos de los carceleros, tristeza pesada de las familias que salen de visita y se disponen, ya con los bolsos vacíos, a enfilar hacia la ruta y a esperar que algún auto o camión se apiade y las acerque a sus hogares. La cárcel es triste porque está, en su origen, el fin último de detener el tiempo y administrarlo con el castigo y la vigilancia. La distancia que se genera entre el adentro y el afuera parece inamovible, inmodificable: imposible. El silbido tenue del viento húmedo y helado se corta en la segunda puerta de ingreso al penal. El SUM de visita está cerca y las muchas músicas combaten las distancias y el aislamiento. A pocos metros del salón de visitas, justo frente a éste, 14 personas privadas de su libertad están, ahora, formando un círculo en uno de los salones que la Escuela dispone. En ese círculo hay 14 cuerpos latiendo, miradas profundas y mate dulce, bien dulce y caliente. No hay, esta vez, nada para engañar al estómago, más allá del azúcar y las palabras que brotan y se mueven y se ríen. La mayoría de los presentes tiene lejos a los suyos. Las familias están en el gran Buenos Aires y, en los tiempos que corren, las visitas son cada vez menos frecuentes y más costosas. No todos pueden darse el lujo de abrazar al hijo o a la madre. En esta ocasión leeremos a Galeano, a Juan Gelman y a Paco Urondo. Los libros pasan de mano en mano, se abren, se chusmean, se interpelan. Hay, en este momento, 14 personas que, privadas de su libertad, se le animan a la poesía y a la belleza en un suelo de negaciones y de violencia. Lee uno de los pibes y el resto escucha. No hay un libro para cada uno, entonces, hay que afinar el oído y escuchar cómo el sonido de las palabras va diciendo y va nombrando. El pibe lee a Galeano, termina. Otro inicia con Gelman, termina. Y un tercero se impulsa con el poema que Paco Urondo escribiera detenido en la cárcel de Villa Devoto en 1973 y que nombrara a la reja como la única irreal. Las palabras conmueven. Ninguno de los presentes conocía a los autores. Todos los presentes amaron a los autores porque “escriben fácil, lindo y para nosotros también” o porque “hablan de historias como las nuestras, que son historias de seres humanos también”. El taller avanza y de repente suena ese timbre que corta la situación que habíamos ido ganando minuto a minuto. El sistema avisa que ha terminado, al menos por hoy, la hermosura de la canción. Hay que volver al pabellón, conseguir algo para comer. Un paquete de fideos por allá, salvar alguna cebolla que viene casi molida, picar algún ajo. Engañar al hambre, ganarle a la muerte. Soy el último en irse. Son las 7 de la tarde pero la noche apurada del invierno ya cubre la cárcel como una lona entumecida. Soy el último, creo, en irse del salón. Pero cuando cierro la puerta, cuando la voy entornando, escucho bancos que se mueven y se acomodan en otro círculo, pero más pequeño. Escucho voces, susurros, risas. Son ellos tres. Galeano, Paco y Juan siguen leyendo inclusive con la luz apagada, puedo ver la luz de los tabacos, las volutas de humo abrazándose a las rejas. Quieren seguir diciendo y quieren seguir molestando al terror y a las soledades, al silencio obligatorio y a las condenas del mundo. Ahí se quedan, los tres, esperando la próxima hora, reivindicando el derecho de decir, arremangándose a la vida, jugando a cambiar la historia y abrazándose como niños. Ahí se quedan, los tres, anunciando la belleza inmediata vaya a saber desde qué otros mundos posibles. Edición: 3625  

Licencia con goce de sueños
Publicado: Jueves, 21 Junio 2018 14:31
Licencia con goce de sueños

Por Alfredo Grande Dedicado a José Graiño, integrante del Colectivo “Teatro x Psicoanalistas” (APe).- Tener licencia es tener permiso. En el marco de la cultura represora, toda licencia implica un copyright, un franchaising, una concesión, etc. O sea: licencias pagas, o licencias para matar, como el recordado agente 007, James Bond, o nuestra versión plebeya, Chocobar. Hay licencias para el bien y hay licencias para el mal. La patente de corso que otorgaba su graciosa (sic) majestad, implicaba legalizar el robo y saqueo. Robaban para la corona, en forma literal. Horacio Verbistky lo utilizó como título de uno de sus necesarios libros. Lo que conduce a otra paradoja de la cultura represora: si la corono autoriza ¿sigue siendo robo? El derecho de pernada, o sea, la relación sexual de la joven doncella perpetrada por el señor feudal, antes que el marido pudiera consumar el sexo ¿era violación? Es importante que los delitos más aberrantes, más atroces, incluyendo los delitos de lesa humanidad y el genocidio, gozan de especial licencia por las coronas de turno. Incluyendo las autodenominadas democráticas, de origen electoral, y destino dictatorial. El eufemismo “zona liberada” es una forma de aludir a las licencias otorgadas a las brutales fuerzas de atrocidad, para tener un marco legal que permitiera que nunca trone ningún escarmiento. Las causas armadas, las víctimas del llamado “gatillo fácil” (otra licencia para matar), los damnificados por sequías e inundaciones, son efectos de multiplicidad de licencias que las coronas de turno encubren en decretos, leyes, reglamentos, presupuestos, “papers” y cartas de intención (en general de muy malas intenciones). En algún momento, previo a la genuflexión laboral, era bastante popular la llamada “licencia sin goce de sueldo”. Lo que suponía que el sueldo en si suponía un goce, y que además sin ese goce los eventuales goces auxiliares podían conservarse. Un artificio para conservar determinado tiempo el puesto de trabajo, porque la licencia con goce (de sueldo) era habitualmente de poco tiempo. Embarazos, partos, enfermedades varias, todo aquello poco grato a las fauces explotadoras de cualquier patronal, incluyendo la mini patronales. Para llegar al carozo de la cuestión, en el marco de la cultura represora las licencias son siempre excepciones para el mal de los muchos y el bien de los pocos. La formidable batalla cultural por la legalización de la interrupción deseante y voluntaria del embarazo por mandato (biológico y/o cultural), es nada menos que la lucha por otras formas de licencias. Por otras formas de permiso. Por supuesto, aquellas y aquellos que poco y nada se interesan en la vida de los recién nacidos, en los destinos de sus madres, en las formas dignas de alimentarse, educarse, ser saludable e intentar ser feliz, han declarado una guerra santa contra esa licencia para decidir. Y sin ningún tipo de perturbación, la denominan “licencia para matar”. Se autodenominan “pro vida”. Los mismos que aplauden el asesinato sistemático, por acción u omisión, de los pobres, los humildes, los originarios, los combatientes, los valientes, los luchadores, se santiguan ante la interrupción de la embrionaria vida. La vida embrionaria los conmueve, los convoca, los amontona. Y como el himno franquista, van de cara al sol. “El viernes 22 y 23 de Junio del 2018 se realizara en el FORUM de la provincia de Santiago del Estero el “2º Congreso Internacional de Educación en el Amor” con puntaje docente organizado por la Red Federal de Familias, delegación Santiago del Estero. Activistas feministas y LGTBI+, organizaciones e instituciones de esa ciudad denuncian que la mencionada actividad violenta numerosos derechos humanos por realizar apología al odio hacia las mujeres y por motivos de orientación sexual e identidad de género. Se realizara una denuncia frente al INADI, pero también es responsabilidad del Ministerio de Educación controlar los contenidos de las charlas a las que asisten los estudiantes de nivel primario, secundario, terciario, universitarios y docentes”. Como dije varias veces, el amor no existe. Lo único que existe es el vínculo amoroso. Con su fundamento sexual y deseante. Sexualidad que como definiera Freud, es el placer ligado al cuerpo. Paro estas asociaciones contra cultura no represora, los cuerpos son meros soportes de la culpa, el castigo, la amenaza y el mandato. Cuerpos momificados, tiesos, rígidos, temblorosos, doloridos, torturados, mancillados, despellejados. Cuerpos que sangran, que se infectan, que supuran, que se pudren. Ninguna licencia para cuidar esos cuerpos. Picana, látigo, empalamiento, trituración. Son las licencias con deber de sufrimiento. Con deber de crueldad. La educación en el Amor. Con mayúscula y en singular. Marca patentada de todo significante represor. Una red federal de familias: red de redes. La reina araña que teje y teje para aplastar a su presa. Aunque se sancione la ley, la guerra de la cultura represora contra todas las formas de la alegría y los placeres, seguirá, quizá más vigorosa aún. Cristo Vence. Aunque es el cristo del madero y no el cristo que anduvo en la mar. Ante el cual nadie pudo arrojar la primera piedra- Quizá no se trate de estar libre de pecado. Quizá la libertad sea darnos cuenta de que no hay pecado en los cuerpos. Y que el pecado fundante hay que buscarlo en los sistemas de explotación y dominación. Por eso propongo, y sostengo mi propuesta en haber encontrado los 70 años, en el recuerdo activo y actual del “Morla”, que luchemos para que todas y todos tengamos por siempre jamás, una licencia con goce de sueños. Sueños de libertad, de alegría, de ternura, de placer, de generosidad, de humildad, de compañerismo, de tolerancia, de vínculos amorosos. Tenemos que aprender a otorgarnos esas licencias. Como cantara Silvio Rodríguez, “nos va la vida en ello”. Edición: 3637        

Devaluaciones
Publicado: Martes, 19 Junio 2018 16:23
Devaluaciones

Por Silvana Melo   (APe).- Desde enero hasta este junio helado, el dólar aumentó un 50% en este largo país. Que tiene cabeza por Salta y Jujuy y pies en la Tierra del Fuego. (Pero ombligo central en Buenos Aires, donde la vida y la muerte son estrellas prime time). Es decir, el peso se devaluó en un 50%. Es decir, la moneda que suelta el automovilista en la 9 de Julio o el turista en Misiones ya no vale un peso sino 50 centavos. Es más pobre la moneda. Y el que la recibe es una sombra que pierde opacidad. Y se diluye. ¿Quién ha visto un dólar en las calles populosa de Temperley, en los pasillos villeros de la Rodrigo Bueno, en los montes de Santiago, en las periferias de Orán, entre los misioneros invisibles de Montecarlo, entre los fumigados de Basavilbaso, entre los soldaditos del Gran Rosario, en el Alto de Bariloche, en la oscuridad suburbial de Comodoro? Los chicos apenas compran en los kioscos un alfajor barato con un marrón que ahora vale como un verdecito de los que tienen la cara de San Martín. Los que siempre caminan sobre una cuerda delgadísima, perdieron el empleo y no pudieron pagar el hotel, los que duermen de día y hacen vigilia sobre su patrimonio en las noches -cuando todos los monstruos salen de caza-, los que dan con sus huesos y los de sus familias debajo de los puentes hasta que el estado los vuelve a expulsar, no son propietarios ni del centímetro cuadrado donde caen muertos un día de éstos. Y no vieron jamás un dólar, aunque tiren su colchón ocasional en la puerta del Banco Francés. Los que tienen techo pero el frío se les cuela y el alimento no nutre ni alcanza, los que perdieron el trabajo y la dignidad les tiembla de miedo, los que tuvieron sueños y creyeron que con eso alcanzaba, los que salieron todos los días a esta guerra y la perdieron. Ellos y sus hijos no saben qué es el Fondo Monetario pero pagan la factura. No vieron jamás un dólar pero la moneda se les partió en dos. No conocen la oficina del Fondo Monetario pero vivirán cien años pagando deudas de otros. Pagándolas con una vida saqueada, con un castigo aluvional que les ha destinado la historia. No vieron jamás un dólar y tampoco saben de paraísos fiscales donde guardar a escondidas el anillo de oro y los ahorros de mil años que de pronto valen la mitad, serruchados por decisiones que jamás los van a incluir. El superministro de las economías, Nicolás Dujovne, declaró vivir en un descampado, así como los invisibles son la vecindad de los perros de la calle y de los contenedores donde vive la basura de los que pueden generarla. Es extraño, porque a la vez es uno de los más ricos en el gabinete de ricos que decide los rumbos del país. Hace unos pocos años, el ex vicepresidente y ex ministro de Economía Amado Boudou tenía domicilio en un médano del Partido de la Costa. Qué declaración pueden truchar las víctimas de la obscena concentración de la riqueza, si no han escriturado ni siquiera el solcito de las tres de la tarde que es lo único amigable de estos días. Se devaluó el peso, se devaluaron los bienes declarados de los funcionarios, se devaluaron las retenciones que pagan los que producen y se enriquecen a costa del castigo brutal a la tierra y de la producción próspera de esclavos. En 2014 el estado recaudó por retenciones 10.358 millones de dólares. En 2017, 3.992 millones. No es muy complicado deducir quiénes pagan esa diferencia. El nuevo presidente del Banco Central se fue del Congreso sin explicar por qué tiene cuentas en lugares del mundo donde no se pagan impuestos. Recibió el premio de un nuevo cargo. Su vicepresidente llega desde los grupos económicos más sonantes, más dueños de todas las cosas. Y del FMI, aquel con el que se está firmando la muerte de la soberanía y la agonía de los ex soberanos. Será víctima y victimario, como tantos otros protagonistas del estado. Pero más lo segundo que lo primero. Siempre más lo segundo que lo primero. Así se devalúa en este país largo. Con cabeza en Salta y Jujuy y pies en la Tierra del Fuego. Pero con estudios centrales en Buenos Aires. Así se devalúa la alegría. Si el mismísimo Messi se deja caer y es el capitán. Si el saqueo incluye gambetas y rabonas y pasión y fuego. Qué queda para el invisible que bajo los puentes no es el capitán de nada. Así se devalúa la esperanza. Habrá que salir a militarla por las calles, para que no se nos vaya por las alcantarillas. Habrá que salir a pescarla. A convocarla como a las mariposas. A acariciarla y a clavarla en el ángulo para que una vez, aunque sea una sola, ganen los que pierden. Edición: 3636    

Banderas
Publicado: Lunes, 18 Junio 2018 13:40
Banderas

Por Carlos Del Frade (APe).- En Ledesma, después de cuatro muchachos muertos porque querían tener un pedacito de tierra para levantar su casa o algo parecido, los ocupantes del barrio El Triángulo han colocado una bandera al final del lote. Está sobre la barranca de un riacho que llega hasta esa zona del ingenio de los Blaquier. Hay que ver esa bandera. Está raída y se agita con furia con el viento y el sol implacable de ese punto de la geografía jujeña. El paño está sujeto a una caña de azúcar y continúa mostrándose por encima de las cabecitas de las chicas y chicos que apenas tienen una canilla comunitaria para tomar algo de agua y lavarse de vez en cuando. Muy cerca de allí, en la urbanización que trazó el Ingenio, hay dos fenomenales banderas cuyas dimensiones deben abarcar a por lo menos tres de esos lotes ganados a pura lucha, a pura muerte. La bandera parece ser la misma. Cualquier distraído podría decir: “Pero si se trata de la bandera argentina, la misma en los dos lados”. Es cierto. Pero es cierto en parte. Los sueños colectivos inconclusos del país que todavía no es pero que pelea frenéticamente por ser, está en la banderita modesta de los ocupantes de El Triángulo. La otra es la de los propietarios de casi todo. La otra bandera parece grande pero, en realidad, es chica, amarreta, mezquina, porque su soberbia es directamente proporcional a los intereses privilegiados que representa. Belgrano está en el barrio El Triángulo. No en la mesa de los Blaquier. -Me duelen los ojos, Carli… Eso fue lo último que me dijo mi mamá, la Pochi, antes de partir hacia algún lugar del Universo. Ella era la hermana del medio de tres mujeres, hijas de doña Rosa y don Alfredo, sirvienta y estibador portuario, respectivamente. No tenían mucho. Por eso todas las noches cenaban mate cocido con galletas. Ya estaban en la ciudad de Rosario, allí donde Belgrano enarbolara la bandera por primera vez. Se fueron a vivir a una casita por calle San Luis, cerca del ferrocarril que por entonces pasaba cargado de familias que intentaban una mejor suerte en Buenos Aires. Terminó la primaria como pudo, la Pochi. Pedía prestado los libros porque no tenía dinero para comprarlos. Y por sobre todos los próceres de la historia oficial, fue Belgrano el que le llegó al corazón. Creía en un dios que repararía todo lo malo después del último viaje. Por eso aguantaba el sufrimiento. Supongo que a veces fue feliz. Pudo disfrutar muy poco de sus nietas. Muchas veces pensé en aquella, su última frase. Quizás le dolían los ojos de tantas cosas que vio y contra las cuales no pudo rebelarse. En una de sus herencias, una caja de zapatos llena de cartas, fotos y carnés viejos, encontré una libreta de delegado portuario. Era de mi abuelo. Ella nunca me lo había contado. Una vez me dijo que tuvo un tío que acusaban de anarquista pero que no podía hablar de esa historia porque los pobres tienen prohibidos ciertos recuerdos. Cuando encontré la verdadera identidad del delegado, cuando supe que en realidad era el papá de mi mamá, sentí bronca y tristeza. La habían convencido que era una vergüenza tener un padre luchador y que, por lo tanto, no podía contarlo. Es probable que Belgrano haya sentido que mi mamá merecía estar en su ejército de desesperados en Ayohuma. Allí cuando todo parecía perdido y, sin embargo, siguió e insistió. Hay una revolución inconclusa. Que nos disculpen los estudiosos y los políticamente correctos: es necesario establecer los puentes entre aquella guerra popular por la independencia y el presente de los que son más. Porque cada uno de nosotros somos las palabras en las que creemos. Somos los sueños que tenemos. Y somos lo que seamos capaces de transformar para hacer realidad esos proyectos. Por eso Belgrano sigue vivo en las necesidades de las mayorías. Por eso recorrer los caminos de Belgrano, a casi doscientos años de su muerte, es descubrir la urgencia de las otras banderas que enarbolaba en su interior y en miles de aquellos que lo siguieron: igualdad, libertad, independencia, pueblo, democratización de la tierra, respeto por los pueblos y educación. Recorrer los caminos de Belgrano es darnos cuenta que debemos ser protagonistas de la historia y no meros espectadores. Nuestras hijas, nuestros hijos esperan que más allá de la torta de cumpleaños, seamos capaces de regalarles algo más cuando le deseamos felicidad. Porque esa felicidad es la que todavía no está vigente en la realidad existencial de millones de argentinas y argentinos. La felicidad colectiva será fruto de la continuidad de esos caminos de Belgrano. Doscientos años después será preciso enarbolar esas banderas e izarlas en cada lugar donde se verifique la pelea de siempre, la del amor contra la muerte y el poder. Fuente: “Los caminos de Belgrano”, del autor de esta nota, Rosario, 2012. Edición: 3635  

Aprender siempre
Publicado: Viernes, 15 Junio 2018 16:16
Aprender siempre

Por Facundo Barrionuevo – Foto: La Tinta (APe).- “Aprendemos siempre” decía Paulo Freire, y también “nadie se libera solo”. La historia del movimiento de mujeres y de las diversidades sexuales, la campaña por el Aborto legal, seguro y gratuito nos va dando una lección a todas y todos. Es necesario aprender mucho. Su construcción colectiva, los ríos subterráneos que lo fueron constituyendo, las mujeres y sus luchas, tienen un mensaje para darnos: vale la pena soñar otro mundo posible, debemos crear poder popular, es ganable la lucha cultural y transgeneracional, necesitamos evidenciar los contenidos de clase en la disputa política. Los militantes que nos sentimos parte de diversas causas necesitamos creativamente poder generar modos que lleven a triunfos en cada uno de nuestros reclamos. La causa de la niñez, el movimiento por los derechos de los pibes y las pibas, tiene hoy (en conexión con su historia) el desafío de construir, sobre la base de estos aprendizajes, una etapa que produzca nuevos avances. Si es verdad, como sospechamos, que las relaciones de género tienen un correlato en los abusos intergeneracionales como producto de un mismo sistema patriarcal y adultocéntrico, tenemos el desafío de tejer más victorias. Las disputas simbólicas, el uso del lenguaje, la profundización académica, la creación de una estética, la definición de consignas y adversarios claros, la militancia virtual, la presencia en la calle y la conexión de la causa con la vida diaria son elementos que entraman la urdimbre de nuevas concepciones de vida y se abren paso en territorios insospechados. Las 'pedagogías de la crueldad' no se anulan automáticamente. Que estas luchas se encadenen unas con otras depende de la construcción de la utopía colectiva... en la calle, desde abajo y a la izquierda. "Las 'pedagogías de la crueldad' no se anulan automáticamente. Que estas luchas se encadenen unas con otras depende de la construcción de la utopía colectiva... en la calle, desde abajo y a la izquierda." Edición: 3634  

Legalizar y legitimar
Publicado: Miércoles, 13 Junio 2018 15:20
Legalizar y legitimar

Por Alfredo Grande (APe).- El debate por la legalización del aborto es una batalla cultural fundante. Los autodenominados grupos PROVIDA que, manteniendo las paradojas constantes de la cultura represora, amenazan con la muerte, sostienen que la mujer asesina a su bebé. El pionero del delirio fue el Gran Turco cuando impuso el “día internacional del niño por nacer”. Algo así como imponer el día internacional del trabajador que está por conseguir trabajo. O el día internacional del amor que está por llegar. O sea: futuros alucinatorios para encubrir presentes siniestros. El tema de fondo ni siquiera es el aborto. No les importa nada, porque es una realidad fáctica que existe y existirá. Lo que la cultura represora no puede tolerar es que la legalidad facilite pensar en la legitimidad del aborto. Lo que está en debate, además de condenar a las mujeres a condiciones de total vulnerabilidad psicofísica en abortos clandestinos, es que mantener a rajatabla que la sexualidad tiene sus riesgos. Y sus castigos. Que si tuvo el ardiente deseo para perforar el pecado, al menos sienta en carne propia el castigo por tamaña ofensa. Los grupos Provida, y todas y todos que se oponer a legalizar y legitimar el aborto, quieren que la sexualidad siga siendo apenas el corralito sacramental de los deseos rigurosamente vigilados. Son los mismos que atacaron, torturaron, asesinaron a homosexuales. Y en la actualidad a travestis y transexuales y toda forma de disidencia sexual. Para decirlo de otra y de la misma manera. La cultura represora odia el placer. Por lo tanto debe martirizar a los cuerpos que se empeñan en lograr primero, y multiplicar después, no solamente panes y peces, sino también placeres. Esta batalla cultural por la legalización del aborto es una batalla cultural por las libertades sexuales. De las cuales sólo se habla en casos de abuso sexual, violación, mujeres esclavizadas en esa industria infame que es la trata. Se habla, tampoco demasiado, y se actúa, tampoco demasiado, en las manifestaciones más aberrantes de lo que denomino sexualidad represora. Pero no hay debate sobre la sexualidad como patrimonio cultural de la humanidad, si me toleran la desmesura, que no es tanta. Todos los sistemas jerárquicos, represores, exterminadores, clericales o seculares, han hecho del aniquilamiento de la sexualidad una de sus armas más letales. Porque implica clonar un placer que es accesible, hasta me atrevo a decir que es natural, ya que el soporte material es el cuerpo con el cual nacemos, en formas artificiales, dañinas, destructivas, de otros placeres. Lucro que garantiza el placer de los explotadores, implica necesariamente el sufrimiento, el dolor, el escarnio de los cuerpos de los explotados y martirizados. Mientras el cuerpo aguante. Para la cultura represora, la única opción que el cuerpo tiene es aguantar. La grieta, eufemismo que pretende ocultar que el abismo es la lucha de clases, es también la grieta de los que disponen de todos los placeres y de quienes sólo disponen de todos los sufrimientos. Las penas son de nosotros, los placeres son ajenos. Y cuando algunas y algunos y algunes tienen el coraje de subvertir ese mandato brutal que establece que parirás y vivirás con dolor, el castigo es engendrar vida sin deseo. O sea: la vida por mandato. Por eso la batalla por la legalización del aborto es también la batalla por la legitimidad de la vida por deseo. Provida defiende la vida embrionaria. Una vida donde no hay deseo, no hay conciencia de clase, no hay libertad sino total sometimiento, una forma de vida restringida a un devenir celular. Sin corteza cerebral que permita pensar, reflexionar, cuestionar, escribir. Sin registros sensoriales. Para los “provida” el sujeto es apenas, un embrión grandote. El credo: le pertenezco. Y ésa es la batalla de la guerra que nos han declarado hace siglos. No le pertenecemos más que a los que deseamos pertenecer. Pensamiento y deseo son hermanos en la vida. Los cuerpos, los sentidos, los pensares, sólo se expresan en su más amplia dimensión cuando los placeres acompañan. No solamente lloverán mujeres, que también. Lloverán todas las formas posibles de pensarnos como sujetos deseantes. Y habrá inundaciones donde quizá ya no importe saber quién es quien, cómo es cuál, y dónde las disidencias, las migraciones, los nomadismos de género, los cuerpos abiertos a otros cuerpos formando cuerpos de cuerpos, serán el encuentro necesario y fundante para seguir construyendo vínculos, y luego grupos, y luego colectivos, que arrasarán con las bestias del dolor y las desgracias. Legalizar para legitimar. Legitimar para propiciar. Y propiciar que el placer sea punto de partida y punto de llegada. Y entonces la culpa y el castigo ya no tendrán más lugar. Y ese lugar será ocupado por la única vida que merece ser vivida: la vida por deseo. Edición: 3633

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Galería fotográfica

 

Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla sobre pobreza con Reynaldo Sietecase. Era 2009

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De tronco en tronco

Alumnos de una escuela de San Vicente, Misiones, caminan 8 km para ir a la escuela y atraviesan el río a través de troncos de orilla a orilla.


Gendarmes

Gerdarmes ingresaron por la fuerza a un jardín de infantes de Moreno. Hicieron tirar al piso a todos los niños con la excusa de estar persiguiendo sospechosos de un delito.


Cárceles

En los últimos 15 años se duplicó el número de detenidos en las cárceles.


Crueldad

Un bebé de un año y tres meses murió en Córdoba. Tenía hematomas en distintas partes de su cuerpo y gravísimas heridas en la cabeza. Su mamá y su padrastro están detenidos.


Salarios

Los intendentes Arroyo, de Mar del Plata y Granados, de Ezeiza, son los intendentes mejor pagos con más de 250.000 $ por mes.


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Hechos en imágenes

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